Bueno este capitulo tiene varias partes y es mas un Cibby que cualquier otra cosa :) espero les guste...
Mentiras en el viento
¿Cambiará todo?
Seis meses habían pasado desde la partida de los chicos y yo me sentía renovada, vivir con Gibby no era la cosa del otro mundo; bueno, eso puede pensar una persona común y corriente, no yo que estoy extremadamente feliz a su lado. Todos los días con él es algo diferente, lo mejor es que ya no me deprimía y podía hablar de Freddie en cualquier momento sin deprimirme, es algo supongo.
-Buenos días Clara, el doctor Gibson vendrá a almorzar, ¿cierto? –Pregunté mientras picaba un poco de pimentón, había salido temprano del trabajo y me dio chance de cocinar.
"-Hola, Carls. Sí, él debe estar llegando en este preciso momento" –no pude evitar sonreír ante sus palabras.
-Perfecto, que pases una feliz tarde –en el exacto momento que colgué la llamada, él estaba entrando a la cocina.
Cuando Sam llegó a California, toda su autoestima estaba por el suelo. Sus sueños destruidos y con poca fortaleza. El momento en que ella había decidido irse de Seattle, no se había puesto a pensar en lo mal que se iba a sentir de haber huido de esa forma. Por las noches lloraba a escondidas y durante el día mantenía una falsa sonrisa para su hermana, pero Melanie no era estúpida y tampoco había nacido ayer, enfrentándola logró sacarle toda la verdad.
Ahora la rubia no era la misma, parecía haber madurado y supero infinidades de miedos. Por ello había decidido volver a Seattle esa semana, no sin antes dar un cambio radical. Necesitaba mirarse en el espejo y no verse como aquella chiquilla estúpida que le hizo daño al amor de su vida, necesitaba ser diferente y mostrarse como una mujer madura, porque así se sentía. Su hermana Melanie la acompañó hasta el centro comercial donde la vio deshacerse de su larga cabellera rubia.
-Esto es un sacrilegio hermana –murmuraba su hermana que trataba de no gritar,
-No digas eso Mel, necesito mostrarme como de verdad me siento –decía Sam con la mirada perdida en el espejo. –Soy una persona completamente nueva, alguien que ha sobrevivido y sobrellevado centenares de errores, y pretende algún día pararse al frente de la persona a quien daño para pedirles disculpas… sin esperar algo a cambio.
Su voz era serena logrando sorprender a Melanie.
-Estoy segura que…
-Él nunca me perdonará, no como yo quiero –dijo acariciando un brazalete desgastado que aun conservaba como su mayor tesoro. –Pero seré feliz cuando lo vea completamente feliz…
Gibby había llegado tan cansado y solo había pasado medio día, todos en el hospital estaban como locos por un accidente en el acueducto y a falta de doctores él se vio en la necesidad de suplir a la gran mayoría. Él abrió la puerta de su casa cuando escuchó a su amiga hablando por teléfono.
-Perfecto, que pases una excelente tarde –dijo animadamente antes de colgar la llamada, ella se giró y le regaló la más hermosas de las sonrisas. –Estás aquí, eso es bueno porque estoy preparando el almuerzo… -su rostro se lleno de preocupación. -¿Pasa algo?
-No, solo estoy cansado –respondió el castaño con voz ronca a causa del cansancio. –Ya verás cuando coma se me quita… -dijo más animado tomando asiento en el mesón de la cocina. -¿Necesitas ayuda?
-No, solo quédate a hacerme compañía –aseguró mientras picaba una lechuga en trozos medianamente grandes.
Gibby sacó su laptop y comenzó a realizar los últimos retoques de su tesis mientras ella cocinaba y de vez en cuando intercambiaban palabras, no las suficientes para hacer una conversación, pero si como para hacerse notar. De vez en cuando él la observaba fijamente, era como estar hipnotizado y sin tener escapatoria alguna. La primera vez que él había notado la belleza de su amiga aun estaban en la escuela y él enamorado de Tasha. Luego fue opacada por la relación con Freddie, él jamás se fijaría en las mujeres de sus amigos, era una regla primordial en su vida así como esperaba que ninguno de ellos la irrespetara.
Él no pudo evitar sonreír ante el recuerdo, había pensado que Freddie había roto esa regla sonsacando a su Tasha, pero resultó ser toda una confusión. Es difícil darse a respetar cuando las personas creen que no se merece a alguien en su vida ya que él no era "normal"; pero, ¿Qué es normalidad? Vivir bajo unas reglas estúpidas, un código sin sentido que planteó una persona para comportase en sociedad, algo que Gibby nunca haría. En definitiva, él era una persona diferente y estaba orgulloso de marcar una diferencia, pero al mismo tiempo las personas lo subestimaban.
"Carly fue una de esas personas" pensaba Gibby con una sonrisa en el rostro. Ella siempre lo veía como el gordito extraño de su clase, a decir verdad, los primeros años lo fue. Tenía que admitir que eran una pantalla porque les tenía miedo a muchas personas y ese fue, en definitiva, su salvavidas. Ser el chico extraño e incomprendido de la escuela le daba muchas ventajas y desventajas al mismo tiempo, ese comportamiento lo alejó de muchas personas, pero le hizo ver que si había personas que lo querían tal cual como era en ese momento.
Tal caso fue el de los chicos, Freddie lo trataba como una persona normal, a veces lo hacía perder la paciencia, pero nunca le dejo de hablar. Por otro lado, Sam lo golpeaba… ella siempre había sido así con todos menos con Carly y ella, bueno al principio lo trataba por lastima hasta que sintió una verdadera empatía de su parte cuando volvió a tratarla; ya no era lastima, era algo más.
-¿Qué tanto piensas? –No se había dado cuenta que ella estaba sentada a su lado y tomaba su mano con fuerza. –Bueno… si quieres decirme.
-En mi vida –susurró el ojiverde sin dejar de lado los recuerdos.
-A veces te envidio –dijo ella con una sonrisa triste en los labios. –Tuviste una fabulosa familia y una niñez excelente. Envidio eso de ti, que sin importar las burlas y lo que la gente decía de ti siempre estuviste con la cabeza en alto. No recuerdo ningún día donde se te viera triste…
-Oh, eso. Sabes que mi papá murió en un accidente el año que nos conocimos –murmuró con una sonrisa. –De cierta forma si estaba triste, pero lo sobrelleve con mi mamá y Guppy, tenía que ser fuerte por ellos.
-¿Ves? A eso me refiero, yo aun me lamento por no tener una madre y aunque tengo papá nunca lo veo –dijo mientras apagaba las hornillas y buscaba los platos para servir la comida. –Yo toda mi vida viví con Spencer y veía a mi papá cada dos años, entonces me encerré y desde allí no he vuelto a salir. ¿Entiendes a lo que me refiero?
-Si te soy sincero, no –Gibby respondió con sinceridad.
-A lo que me refiero es a esa incansable búsqueda de la felicidad que tengo desde adolescente –murmuró sirviendo un poco de pasta en el primer plato. –Remplazando el cariño que necesitaba de mis padres y hasta de Spencer, es algo distante aunque no lo creas, pero siempre me equivoco y nunca elijo al indicado porque…
Gibby la giró para abrazarla.
-No sigas, ya no eres la misma de hace seis años –Carly se dejaba acoger por ese sentimiento reconfortante que su amigo le ofrecía. –Ahora vamos a comer antes que yo te coma a ti, por el hambre que tengo.
El almuerzo estuvo lleno de risas y algunos recuerdos sobre bromas pasadas. Carly debía admitir que ese hombre que tenía al frente no era ni la sombra del Gibby de tiempos de antaño, era en definitiva otra persona. Pero como él le dijo una vez, tal vez siempre fue así pero le daba miedo exteriorizarlo. Después de una hora completa de charla sin sentido, ahora estaban lavando los platos y riendo por cualquier tontería que se les venía a la mente.
-Oh por Dios, nunca había sido tan infantil en toda mi vida –le decía Carly entre risas mientras caminaban hacia el mueble.
-¿Qué dices? Entonces eres una aburrida Carls –aseguraba bajo el mismo tono. –Mi papá me dijo que lo último que podemos perder en esta vida es nuestro niño interno, yo nunca lo perdería –ella notó como se movía incomodo en su asiento.
-¿Te sientes bien?
-Debe ser una broma… estoy adolorido, no he atendido a tantas personas en toda mi vida como lo hice hoy –dijo antes de resoplar. –No siento mi cuello y te juro… -Gibby giró los ojos antes de dejar escapar un gemido. – ¡Diablos mujer! Tienes unas manos…
Carly soltó una risita complacida sin abandonar su trabajo. Cuando era más chica tenía que masajear a su hermano cada vez que llegaba con un golpe o mal movimiento a causa de sus esculturas; Spencer también tenía una extraña afinidad con el peligro, todo lo que hacía terminaba con un mal golpe o quemadas de primer y segundo grado. ¿Cómo no ser buena en eso?
Ella hacía su mayor esfuerzo en los lugares donde más tensión sentía. Le quitó su camisa para hacer su trabajo más cómodo. Carly no pudo evitar sorprenderse de lo suave que era su piel y de como sus dedos se marcaban al mínimo atisbo de presión. Sin embargo, ella casi gritó al ver como se separaba de ella y sin decir palabra alguna se encerraba en su habitación.
-¿Qué hice? –Se preguntó con angustia.
Se levantó y lentamente caminó hacia la habitación de su amigo.
-Gibby, disculpa si hice algo malo… -su corazón comenzó a latir rápidamente cuando se dio cuenta que no le respondería, se había molestado con ella y no lo peor es que no sabía porque.
Al otro lado de la puerta, Gibby tenía la cabeza apoyada en la puerta y todos sus músculos estaban tensos. Le había tomado todo su control no girarse y hacerla suya allí mismo, ninguna había encontrado su punto débil como ella. Siempre lo había tratado de evitar y ahora viene ella de la nada a tocarlo inocentemente allí y…
-Bravo Gibby, la vas a asustar si sigues así –gruñó con molestia mientras se quitaba toda su ropa, necesitaba una larga ducha fría, muy fría.
El ojiverde estaba acostado en el sofá, era sábado y no había visto a Carly desde el jueves; ella había viajado hasta Nueva York para presentar su proyecto y esperaba de todo corazón que todo saliera como ella esperaba. Mientras había quedado con Sam que lo había llamado para avisarle de su llegada a Seattle, siete meses en total habían pasado.
"Estoy llegando, nos vemos en Bon's en 40 min. No tardes, tenemos muchas cosas que hablar"
Gibby leía un mensaje de texto de Sam, mirando su reloj dedujo que solo tenía tiempo para una ducha rápida para luego salir. Se levantó con una mueca de fastidio en su rostro para luego quitarse la camisa en medio de la sala. Se sobresaltó al escuchar un resoplido exhalación de aire llena de sorpresa antes de girarse.
-Carly… -ella tenía los ojos abiertos desmesuradamente.
-Acabo de llegar y… ¿vas a salir? –Preguntaba con la mirada fija en su abdomen. –Cierto que nos veremos con Sam… yo voy por una ducha –ella salió corriendo hacia su habitación donde cerró la puerta de golpe.
-Dios, esto es imposible –gimió Gibby tomando sus cabellos con fuerza. -¿Soy una mala persona? -Volvió a gemir antes de entrar a su cuarto.
Veinte minutos más tarde estaban en camino hacía Bon's donde su amiga de seguro los esperaba molesta por la tardanza. En todo el camino ninguno de los dos medio palabra, ella se estaba tan tensa como lo esta él, pero por razones diferentes; Gibby piensa que había arruinado la amistad y que ya las cosas no serían como antes.
-Carls… -la vio tensarse más y suspiró negando con la cabeza. –Puedo entender que retrocedimos, pero me puedes decir el por qué, creo que merezco saberlo –dijo Gibby alzando la voz, ya no podía seguir ocultando su miedo ni su descontento.
-¡Gibby! ¿Cómo puedes creer que retrocedimos? Yo solo… -la vio morderse el labio antes de girarse para encararlo. –Yo solo estoy confundida…
-¿Confundida de qué? –Preguntó él de forma brusca.
Ella se sentía entre la espada y la pared, lo tomó rápidamente de su camisa para luego besarlo. Gibby dejó escapar un sonido de asombro antes de alejarlo. El beso no había durado ni quince segundos cuando ya la morena se moría de vergüenza. "¿Qué rayos he hecho?" decía una y otra vez en su mente. Cuando aparcaron en Bon's, ella fue la primera en bajar para huir de los reclamos de su amigo o eso pensaba ella.
*Carly*
Caminaba lentamente por el restaurant mientras buscaba a Sam, cuando la encontré no podía evitar sorprenderme de ver el cambio tan radical que había dado. Su cabello, que antes llegaba a la cintura, ahora caía en sus hombros, estaba un poco más delgada, pero de cierta forma se le veía más tranquila, como si fuera una persona diferente.
-Carly, llegas tarde –me dijo abrazándome con fuerza. -¿Cómo estás?
-Mejor que tu por lo que veo. ¿Qué rayos paso con tu cabello? –Ella se encogió de hombros ante mi pregunta para luego sonreír.
-Me siento bien así –aseguró con la misma sonrisa. -¡Gibby! –Gritó para luego abrazarlo con todas sus fuerzas. –Tenemos mucho que hablar, Melanie te envía saludos y… ¿Sucede algo?
-Algo es corto para lo que me sucede… -gruñía aun envuelto en el abrazo, lo vi susurrarle algo a ella y a juzgar por su rostro debió sorprenderle.
-No puede ser –murmuró con una sonrisa en los labios. -¿Me estás jodiendo verdad? –Ella siempre con sus expresiones. –Entonces ve por ello… -le dio un beso en la frente antes de sentarse, eso era demasiado afecto para mi gusto.
Pase la mayor parte del almuerzo callada, para ellos dos parecía estar invisible, pero aceptémoslo… yo apenas me estaba reconciliando con ella. De vez en cuando me preguntaba algo sobre Freddie y la universidad. Hablando de la universidad, me graduaré con honores el próximo verano, estaba tan emocionada que fue casi imposible ocultarlo hasta que había llegado a la casa. Verlo sin camisa me dejo sin palabras, ¿Dónde había sacado ese cuerpo? Luego volvimos a la casa sin mediar palabras, ahora si estoy segura que había arruinado todo.
-¿Podemos hablar? –Mi cuerpo se había puesto frio ante esas palabras. –Sígueme…
-Está bien –dejé escapar como pude, pero mi voz salió chillona.
-¿Qué es lo que te tiene tan confundida? –Sentí mis mejillas incendiarse ante esa pregunta.
-No lo sé… -murmuré y era verdad, no lo sabía.
-Eres tan difícil –decía mientras dibujaba una sonrisa. –Espero no arrepentirme de esto…
Iba a decirle algo cuando sentí sus labios sobre los míos… y todo quedaba en el olvido.
¿Cambiará?
