Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K.R.


Sé que dije que actualizaría Conociendo el futuro, Leyendo Percy Jackson y los Dioses del Olimpo y El Campamento Mestizo lee todo junto. Pero cómo conseguí La Corona de Ptolomeo haré lo siguiente. Subiré junto Conociendo el futuro y El Campamento Mestizo lee, y Leyendo Percy Jackson y Griegos, romanos y egipcios en otra tanda. Eso solamente será hasta que La Corona de Ptolomeo esté subida, así que tomadle dos o tres capítulos.


Sirius observó en silencio mientras todos se dirigían al comedor, deseando estar con ellos. Sentía la mirada de Sally clavándose detrás de él y eso en verdad le incomodaba. Llevaba muchos años sin verla, pero él aún era capaz de saber muchas veces lo que ella estaba pensando. Y por supuesto esa no era una excepción.

Sabía que Sally estaba molesta por su irrupción salvaje en Hogwarts esa noche de Halloween. Y él también lo estaba. Su desesperación por atrapar a esa rata de Peter casi le había costado la vuelta a Azkaban.

—¿Eres idiota o te lo haces? —preguntó Sally en ese momento con cierta molestia en su voz.

—Sé que fue una gilipollez intentar entrar de esa forma en la sala común de Gryffindor —dijo Sirius—. Pero tranquila. No me pillaron. No hay nada de que preocuparse.

—¿Cómo que no hay nada de que preocuparse? —repitió Sally, como Sirius fuese tonto. Y en cierta forma así se sentía él en ese momento—. ¿Es que no lo entiendes? El Ministerio ya te persigue de forma exhaustiva creyendo que vas tras Harry. ¿Y tú vas e intentas entrar por la fuerza en la sala común? ¿Es que no te das cuenta de que eso solo les hará mejorar su protección y tener más sospechas que vas tras Harry?

Sirius hizo una mueca. La verdad es que no había pensado mucho en eso. Estaba tan seguro que su plan saldría bien, que no pensó en la parte negativa. Además ahora se daba cuenta de que, si hubiese conseguido entrar allí, eso habría sido una perdida de tiempo. Sobre todo si Peter estaba siempre con Ron en forma de rata.

Sally se acercó a Sirius y le paso los brazos por la cintura, besándolo brevemente.

—Debes de tener más cuidado —le pidió Sally—. Sobre todo ahora. Y no solamente por ti, si no también por Will y Emily. Les conozco y sé que siempre han necesitado a un padre en sus vidas. Y tú eres su padre.

Sirius no dijo nada. Años atrás seguramente habría intentado desentenderse de sus hijos y hacer ver que aquello no tenía anda que ver con él. Pero ahora le resultaría imposible hacer eso. Sus años en Azkaban le habían cambiado. Y mucho.

Así que simplemente acercó más su cuerpo a Sally.


La derrota —leyó la profesora de Transformaciones, haciendo una mueca al recordar aquel partido. Harry se removió incómodo en su sitio.

—No me gusta como suena eso —murmuró James.

El profesor Dumbledore mandó que los estudiantes de Gryffindor volvieran al Gran Comedor; donde se les unieron, diez minutos después, los de Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin. Todos parecían confusos.

—Normal que lo estuviesen. Les sacan de repente de sus salas comunes —dijo Percy.

—Los demás profesores y yo tenemos que llevar a cabo un rastreo por todo el castillo

Es inútil pensó Sirius. A esas horas yo ya me había largado hacia la zona profunda del bosque.

—explicó el profesor Dumbledore, mientras McGonagall y Flitwick cerraban todas las puertas del Gran Comedor—. Me temo que, por vuestra propia seguridad, tendréis que pasar aquí la noche.

—Si no fuese por la situación, podría sonar muy divertido —comentó Holly.

—Pensaré en hacer eso todos los años, señorita Potter —dijo Dumbledore, meditando sobre las posibilidades.

Quiero que los prefectos monten guardia en las puertas del Gran Comedor y dejo de encargados a los dos Premios Anuales. Comunicadme cualquier novedad —añadió, dirigiéndose a Percy, que se sentía inmensamente orgulloso

Percy se sonrojo levemente ante las miradas burlonas de sus hermanos gemelos.

—. Avisadme por medio de algún fantasma. —El profesor Dumbledore se detuvo antes de salir del Gran Comedor y añadió—: Bueno, necesitareis...

Con un movimiento de la varita, envió volando las largas mesas hacia las paredes del Gran Comedor. Con otro movimiento, el suelo quedó cubierto con cientos de mullidos sacos de dormir rojos.

—¿Por qué tenían que ser rojos? —preguntó Daphne, rodando los ojos—. Habían miembros de otras casas allí. Creo que hubiese sido mejor si también hubiesen habido sacos de distinto color.

—Pensaré en ello también, señorita Greengrass —le aseguró el anciano director.

—Felices sueños —dijo el profesor Dumbledore, cerrando la puerta.

El Gran Comedor empezó a bullir de excitación. Los de Gryffindor contaban al resto del colegio lo que acababa de suceder.

—Lo cuál fue bueno. Estábamos todos perdidos —dijo Astoria.

—¡Todos a los sacos! —gritó Percy—. ¡Ahora mismo, se acabó la charla! ¡Apagaré las luces dentro de diez minutos!

—Aburrido —gruñeron James, Sirius, Will y los gemelos.

—Vamos —dijo Ron a Hermione y a Harry. Cogieron tres sacos de dormir y se los llevaron a un rincón.

—¿Creéis que Black sigue en el castillo? —susurró Hermione con preocupación.

—No —dijo Sirius.

—Evidentemente, Dumbledore piensa que es posible —dijo Ron.

—Pues no acertó —dijo Sirius, sonriendo más ampliamente.

—Es una suerte que haya elegido esta noche, ¿os dais cuenta? —dijo Hermione, mientras se metían vestidos en los sacos de dormir y se apoyaban en el codo para hablar—. La única noche que no estábamos en la torre...

—Justo por eso escogí esa noche. Porque no había nadie en la torre —aclaró Sirius.

—Eso... tiene lógica —murmuró Hermione. Si Sirius buscaba a Scabbers, lo más normal es que fuese cuando no había nadie.

—Supongo que con la huida no sabrá en qué día vive —dijo Ron—. No se ha dado cuenta de que es Halloween. De lo contrario, habría entrado aquí a saco.

—Es idiota, pero no tanto —Remus se quedó mirando a Sirius, que en ese momento estaba tratando de tocarse la punta de la nariz con la lengua—. Retiro lo dicho.

Sally le dio una colleja a Sirius.

Hermione se estremeció.

A su alrededor todos se hacían la misma pregunta:

—¿Cómo ha podido entrar?

—A lo mejor sabe cómo aparecerse —dijo un alumno de Ravenclaw

—¿Y eso lo ha dicho un Ravenclaw? —soltó Tonks, incrédula.

que estaba cerca de ellos—. Cómo salir de la nada.

—A lo mejor se ha disfrazado —dijo uno de Hufflepuff, de quinto curso.

Eli rodó los ojos ante la tontería de su compañero de casa. Aunque técnicamente ése no era su compañero.

—Creo que se trataba de Rolf —murmuró Luna, que en ese momento ella se encontraba cerca de él.

—¿Rolf? —preguntó Neville con el ceño fruncido.

—Rolf Scamander —respondió Luna sin reparar en el ceño del chico. Algo que si se habían dado cuenta el resto, que estaban un poco divertidos ante los evidentes celos del chico Longbottom—. Mi padre y su abuelo son viejos conocidos. Así que él y yo nos conocemos un poco.

—¿Scamander? ¿Tiene algo que ver con Newt Scamander? —preguntó Hermione, recordando al autor de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos.

—Rolf es su nieto —explicó Luna.

—Podría haber entrado volando—sugirió Dean Thomas.

—Hay que ver; ¿es que soy la única persona que ha leído Historia de Hogwarts? —preguntó Hermione a Harry y a Ron, perdiendo la paciencia.

—Sí —respondieron algunos, por no decir la gran mayoría.

—No —respondieron Hermione, Dumbledore, McGonagall, Lily, Remus, Holly, Jake y Percy.

—Casi seguro —dijo Ron—. ¿Por qué lo dices?

—Porque el castillo no está protegido sólo por muros —indicó Hermione—, sino también por todo tipo de encantamientos para evitar que nadie entre furtivamente.

—Correcto —dijo Alastor.

No es tan fácil aparecerse aquí. Y quisiera ver el disfraz capaz de engañar a los dementores. Vigilan cada una de las entradas a los terrenos del colegio. Si hubiera entrado volando, también lo habrían visto. Filch conoce todos los pasadizos secretos y estarán vigilados.

—No es el único que los conoce —dijeron los gemelos Weasley, los Merodeadores y, para sorpresa de la gran mayoría, los cuatro visitantes de la otra dimensión.

—¿Por qué vosotros conocéis los pasadizos secretos? —preguntó Lily, de forma un poco amenazadora al cuarteto.

—Culpa de ellos —acusaron Eli y Jake, señalando a Holly y a Regulus.

—No puedes esperar que nosotros, siendo hijos de dos de los Merodeadores originales y hermanos de los Nuevos Merodeadores, no nos sepamos los pasadizos secretos, mamá —se excusó Holly.

—Aunque podríamos haber tardado más si no hubiese sido por la memoria fotográfica de Jake —añadió Regulus.

—¡Voy a apagar las luces ya! —gritó Percy—. Quiero que todo el mundo esté metido en el saco y callado.

Todas las velas se apagaron a la vez. La única luz venía de los fantasmas de color de plata, que se movían por todas partes, hablando con gravedad con los prefectos, y del techo encantado, tan cuajado de estrellas como el mismo cielo exterior.

A Reg le hubiese encantado estar en esa situación. Sobre todo porque amaba ver las estrellas en el cielo nocturno. Y por la expresión de Sirius y de sus hijos, a ellos también le hubiesen gustado estar ahí.

Suponía que tenía que ver con la sangre Black.

Entre aquello y el cuchicheo ininterrumpido de sus compañeros, Harry se sintió como durmiendo a la intemperie, arrullado por la brisa.

Cada hora aparecía por el salón un profesor para comprobar que todo se hallaba en orden. Hacia las tres de la mañana, cuando por fin se habían quedado dormidos muchos alumnos, entró el profesor Dumbledore. Harry vio que iba buscando a Percy, que rondaba por entre los sacos de dormir amonestando a los que hablaban.

—Aburrido —murmuraron Fred y George. Percy les había amonestado varias veces aquella noche por estar hablando con Lee Jordan.

Percy estaba a corta distancia de Harry, Ron y Hermione, que fingieron estar dormidos cuando se acercaron los pasos de Dumbledore.

—Cómo no, estaban despiertos —gimió Molly.

—¿Han encontrado algún rastro de él, profesor? —le preguntó Percy en un susurro.

—No. ¿Por aquí todo bien?

—Todo bajo control, señor.

—Bien. No vale la pena moverlos a todos ahora.

—Mejor que descansen —asintió Bill.

He encontrado a un guarda provisional para el agujero del retrato de Gryffindor.

Los Gryffindor se quejaron, recordando al guarda provisional que había sido colocado allí.

Mañana podrás llevarlos a todos.

—¿Y la señora gorda, señor?

—Se había escondido en un mapa de Argyllshire del segundo piso. Parece que se negó a dejar entrar a Black sin la contraseña, y por eso la atacó.

—Y eso que cuando eramos jóvenes, y no nos dejaba pasar, Sirius empleaba su encanto para que nos dejase pasar a la sala común —comentó James.

Sirius se sonrojo. Puede que se hubiese alterado un poquito de nada. Pero tenía excusa.

Sigue muy consternada, pero en cuanto se tranquilice le diré al señor Filch que restaure el lienzo.

Harry oyó crujir la puerta del salón cuando volvió a abrirse, y más pasos.

—¿Señor director? —Era Snape.

Jake bajó la cabeza. Había escuchado lo suficiente de su padre en ese universo para saber que su vida era una completa amargura.

Harry se quedó completamente inmóvil, aguzando el oído—. Hemos registrado todo el primer piso. No estaba allí. Y Filch ha examinado las mazmorras. Tampoco ha encontrado rastro de él.

—¿Por qué me iba a esconder dentro de la escuela? —preguntó Sirius a la nada—. ¡Eso no tiene lógica!

—Justamente por eso te podrías ocultar en la escuela —respondió Reg—. Si se siguiese la lógica, sería acertado salir a buscarte fuera del castillo, lo que eso dejaría el interior del castillo sin nadie que vigilase. El lugar perfecto para esconderte.

—¿Y la torre de astronomía? ¿Y el aula de la profesora Trelawney? ¿Y la pajarera de las lechuzas?

—Lo hemos registrado todo...

—Muy bien, Severus. La verdad es que no creía que Black prolongara su estancia aquí.

—Espere —interrumpió Sally, mirando al director—. ¿Usted sospechaba que Sirius ya estaba fuera del castillo?

Dumbledore no respondió. Solamente le dio una ligera sonrisa a la mujer, quién bufó audiblemente.

A decir verdad Dumbledore ya sabía, o había sospechado, que Sirius ya no se encontraba en la escuela. Si había ordenado que buscasen por la escuela en vez de fuera, era simplemente por qué tenía curiosidad de saber que planeaba Sirius. No creía que fuese a por Harry. ¿Por qué después de tanto tiempo iría tras su ahijado? ¿Por qué no antes, cuando Harry era más vulnerable?

—¿Tiene alguna idea de cómo pudo entrar; profesor? —preguntó Snape.

Harry alzó la cabeza ligeramente, para desobstruirse el otro oído.

—Muchas, Severus, pero todas igual de improbables.

Sirius bufó. Filch no conocía todos los pasadizos ocultos del castillo a la perfección, como el conserje se creía.

Harry abrió un poco los ojos y miró hacia donde se encontraban ellos. Dumbledore estaba de espaldas a él, pero pudo ver el rostro de Percy, muy atento, y el perfil de Snape, que parecía enfadado.

—¿Se acuerda, señor director; de la conversación que tuvimos poco antes de... comenzar el curso? —preguntó Snape, abriendo apenas los labios, como para que Percy no se enterara.

Remus rodó los ojos. Sabía a que conversación se refería Snape.

—Me acuerdo, Severus —dijo Dumbledore. En su voz había como un dejo de reconvención.

—Parece... casi imposible... que Black haya podido entrar en el colegio sin ayuda del interior. Expresé mi preocupación cuando usted señaló...

James gruñó.

—¿Está acusando a Lunático de ayudar a Canuto?

—No creo que nadie de este castillo ayudara a Black a entrar —dijo Dumbledore

—Eso no es del todo cierto —murmuró Ron, recordando al gato naranja de su amiga.

en un tono que dejaba bien claro que daba el asunto por zanjado. Snape no contestó—. Tengo que bajar a ver a los dementores. Les dije que les informaría cuando hubiéramos terminado el registro.

—¿No quisieron ayudarnos, señor? —preguntó Percy.

—Seguro que sí —murmuró Astoria. No creía que los dementores se perdiesen la oportunidad de poder alimentarse de los recuerdos de los estudiantes.

—Sí, desde luego —respondió Dumbledore fríamente—. Pero me temo que mientras yo sea director; ningún dementor cruzará el umbral de este castillo.

Percy se quedó un poco avergonzado.

Igual que el Percy de la sala. Dumbledore simplemente no le dio importancia.

Dumbledore salió del salón con rapidez y silenciosamente. Snape aguardó allí un momento, mirando al director con una expresión de profundo resentimiento. Luego también él se marchó.

Harry miró a ambos lados, a Ron y a Hermione. Tanto uno como otro tenían los ojos abiertos, reflejando el techo estrellado.

—¿De qué hablaban? —preguntó Ron.

—Eso me gustaría saber —dijo Neville.

Durante los días que siguieron, en el colegio no se habló de otra cosa que de Sirius Black.

—Sigo siendo popular —dijo Sirius con cierta arrogancia.

Las especulaciones acerca de cómo había logrado penetrar en el castillo fueron cada vez más fantásticas; Hannah Abbott, de Hufflepuff, se pasó la mayor parte de la clase de Herbología contando que Black podía transformarse en un arbusto florido.

—¡Solo fue una vez! —gritó Sirius, mientras Remus y James se reían con fuerza.

—No sé si quiero saber lo que ocurrió —dijo Emily.

Habían quitado de la pared el lienzo rasgado de la señora gorda y lo habían reemplazado con el retrato de sir Cadogan y su pequeño y robusto caballo gris. Esto no le hacía a nadie mucha gracia.

—Pero si sir Cadogan es muy divertido —se quejó James.

Sir Cadogan se pasaba la mitad del tiempo retando a duelo a todo el mundo, y la otra mitad inventando contraseñas ridículamente complicadas que cambiaba al menos dos veces al día.

—Ahora entiendo porque no os hace gracia —murmuró James.

—Está loco de remate —le dijo Seamus Finnigan a Percy, enfadado—. ¿No hay otro disponible?

—Ninguno de los demás retratos quería el trabajo —dijo Percy—. Estaban asustados por lo que le ha ocurrido a la señora gorda. Sir Cadogan fue el único lo bastante valiente para ofrecerse voluntario.

—Valiente y loco —murmuró Tonks, sacudiendo la cabeza.

Lo que menos preocupaba a Harry era sir Cadogan.

—Eres muy valiente —dijo Fred, seriamente.

Lo vigilaban muy de cerca. Los profesores buscaban disculpas para acompañarlo por los corredores,

McGonagall se sonrojo. Había confiado que el chico no se percatase.

y Percy Weasley (obrando, según sospechaba Harry, por instigación de su madre) le seguía los pasos por todas partes, como un perro guardián extremadamente pomposo.

Algunos rieron por lo bajo mientras Percy y su madre se sonrojaban por haber sido pillados.

Para colmo, la profesora McGonagall lo llamó a su despacho y lo recibió con una expresión tan sombría que Harry pensó que se había muerto alguien.

—No hay razón para que te lo ocultemos por más tiempo, Potter —dijo muy seriamente—. Sé que esto te va a afectar; pero Sirius Black...

—Es tu verdadero padre —soltó George de golpe.

—¿Qué? —exclamó James—. ¡Canuto! ¿Cómo pudiste hacerme algo así?

—¡Es cierto! ¡Lo hice, James! ¡Te drogue y te dejé embarazado! —exclamó Sirius—. ¡Perdóname, Cornamenta!

—Vaya par de idiotas. ¿Verdad, Sally? —murmuró Lily a Sally. Ésta no respondió. Miraba a los dos hombres con una mirada extraña en la cara. Lily le dio una colleja—. Deja de imaginártelos enrollándose.

—Creo que ya sé de dónde has sacado tus aficiones yaoistas —le susurró Will a su hermana.

—Ya sé que va detrás de mí —dijo Harry,

—¡Ah! Era eso —dijo James. Lily le golpeó en el hombro.

un poco cansado—. Oí al padre de Ron cuando se lo contaba a su mujer. El señor Weasley trabaja para el Ministerio de Magia.

La profesora McGonagall se sorprendió mucho.

—Pues sí, profesora. Nuestro padre trabaja en el Ministerio de Magia —dijo Bill seriamente.

—Señor Weasley, le tenía por alguien serio. No lo estropeé —le pidió la profesora de Transformaciones.

Miró a Harry durante un instante y dijo:

—Ya veo. Bien, en ese caso comprenderás por qué creo que no debes ir por las tardes a los entrenamientos de quidditch.

—¡Qué! —exclamó James, completamente horrorizado—. ¡No puedes hacer eso, Minnie! ¡Hazle pasar todo los fines de semana con Quejicus...! Espera eso no. Prefiero que no juegue quidditch.

Es muy arriesgado estar ahí fuera, en el campo, sin más compañía que los miembros del equipo...

—¡El sábado tenemos nuestro primer partido! —dijo Harry, indignado—. ¡Tengo que entrenar; profesora!

James y Holly sonrieron orgullosos a Harry. Lily rodó los ojos.

—¿Por qué mi familia es una obsesiva al quidditch? —se lamentó la pelirroja.

La profesora McGonagall meditó un instante. Harry sabía que ella deseaba que ganara el equipo de Gryffindor; al fin y al cabo, había sido ella la primera que había propuesto a Harry como buscador.

—Siendo así encontrará una manera —dijo Charlie.

Harry aguardó conteniendo el aliento.

—Mm... —la profesora McGonagall se puso en pie y observó desde la ventana el campo de quidditch, muy poco visible entre la lluvia—. Bien, te aseguro que me gustaría que por fin ganáramos la copa... De todas formas, Potter; estaría más tranquila si un profesor estuviera presente. Pediré a la señora Hooch que supervise tus sesiones de entrenamiento.

James suspiró aliviado.

—No está nada mal —dijo Jake.

El tiempo empeoró conforme se acercaba el primer partido de quidditch. Impertérrito, el equipo de Gryffindor entrenaba cada vez más, bajo la mirada de la señora Hooch.

Luego, en la sesión final de entrenamiento que precedió al partido del sábado, Oliver Wood comunicó a su equipo una noticia no muy buena:

—¡No vamos a jugar contra Slytherin! —les dijo muy enfadado—. Flint acaba de venir a verme. Vamos a jugar contra Hufflepuff.

—¿Qué?

—¡Sí!

Todos miraron a Tonks, que se sonrojo al sentir todas las miradas sobre su persona.

—¿Por qué? —preguntaron todos.

—La excusa de Flint es que su buscador aún tiene el brazo lesionado —dijo Wood, rechinando con furia los dientes

—Por supuesto —murmuró Ron, rodando los ojos.

—. Pero está claro el verdadero motivo: no quieren jugar con este tiempo, porque piensan que tendrán menos posibilidades...

—Hay que reconocer que el clima era terrible esos días —dijo Hermione.

Durante todo el día había soplado un ventarrón y caído un aguacero, y mientras hablaba Wood se oía retumbar a los truenos.

—¡No le pasa nada al brazo de Malfoy! —dijo Harry furioso—. Está fingiendo.

—Es lo más seguro —dijo Tonks.

—Lo sé, pero no lo podemos demostrar —dijo Wood con acritud—. Y hemos practicado todos estos movimientos suponiendo que íbamos a jugar contra Slytherin, y en su lugar tenemos a Hufflepuff, y su estilo de juego es muy diferente. Tienen un nuevo capitán buscador; Cedric Diggory...

—¿Diggory es el capitán del equipo? —preguntó Tonks, sorprendida.

—¿Le conoces? —preguntó Harry, algo sorprendido.

—Sí. Cuando yo iba a séptimo trató de entrar en el equipo como buscador, pero falló —explicó Tonks.

—Consiguió entrar en tercero en el equipo —dijo Fred.

—Un año después —añadió George.

—Yo no recuerdo haber jugado con él en primero —dijo Harry, con el ceño fruncido.

—Creo que esos días estuvo malo y otro lo tuvo que sustituir —dijo Fred, tras pensarlo un par de minutos.

De repente, Angelina, Alicia y Katie soltaron una carcajada.

—¿Qué? —preguntó Wood, frunciendo la frente anta aquella actitud.

—Es ese chico alto y guapo, ¿verdad? —preguntó Angelina.

—¡Y tan fuerte y callado! —añadió Katie, y volvieron a reírse.

—Suena como alguien interesante para "conocer" —dijo Emily, poniendo énfasis en conocer.

Fred dio una especie de ruido estrangulado, mientras miraba a Emily.

—Es callado porque no es lo bastante inteligente para juntar dos palabras —dijo Fred—. No sé qué te preocupa, Oliver. Los de Hufflepuff son pan comido.

Tonks y Eli bufaron.

La última vez que jugamos con ellos, Harry cogió la snitch al cabo de unos cinco minutos, ¿no os acordáis?

—No podéis fiaros —dijo James seriamente, algo extraño en él—. Jugasteis contra ellos dos años antes. Habrán caminado su forma de jugar.

James frunció el ceño, recordando el título del libro.

—¡Jugábamos en condiciones muy distintas! —gritó Wood, con los ojos muy abiertos—. Diggory ha mejorado mucho el equipo. ¡Es un buscador excelente!

—¿Y cómo es que Wood lo sabe? —preguntó Eli frunciendo el ceño.

—Espionaje —dijeron todos los amantes del quidditch.

¡Ya sospechaba que os lo tomaríais así! ¡No debemos confiarnos! ¡Hay que tener bien claro el objetivo! ¡Slytherin intenta pillarnos desprevenidos! ¡Hay que ganar!

—Tranquilízate, Oliver —dijo Fred alarmado

—Es que le faltaba poco para abalanzarse encima nuestro gritando "¡Hay que ganar!".

—Yo esa noche soñé que Wood me perseguía montado en su escoba y con la copa de quidditch en la mano, gritando que teníamos que ganar y arrojando bludgers.

—. Nos tomamos muy en serio a Hufflepuff. Muy en serio.

El día anterior al partido, el viento se convirtió en un huracán y la lluvia cayó con más fuerza que nunca.

—En este tipo de circunstancias climatologícas tendrían que cancelar los partidos de quidditch —dijo Sally.

—Lo intentamos en una ocasión —dijo Dumbledore—. Nunca había visto a las cuatro casas tan unidas como en ese tiempo.

Estaba tan oscuro dentro de los corredores y las aulas que se encendieron más antorchas y faroles. El equipo de Slytherin se daba aires, especialmente Malfoy

—¡Ah, si mi brazo estuviera mejor! —suspiraba mientras el viento golpeaba las ventanas.

—Si tu brazo estuviese mejor, estarías buscando otra excusa para no jugar —gruñó Ron.

Harry no tenía sitio en la cabeza para preocuparse por otra cosa que el partido del día siguiente. Entre clase y clase, Oliver Wood se le acercaba a toda prisa para darle consejos. La tercera vez que sucedió, Wood habló tanto que Harry se dio cuenta de pronto de que llegaba diez minutos tarde a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras,

—No hay de que preocuparse —dijo James tranquilo—. Remus seguramente lo entenderá.

Pero Remus hizo una mueca. Él no recordaba haber visto que Harry llegase tarde a ninguna de sus clases, así que seguramente habría llegado tarde cuando estaba Snape...

Eso no le haría gracia. Ni a James ni a Sirius.

y echó a correr mientras Wood le gritaba:

—¡Diggory tiene un regate muy rápido, Harry! Tendrás que hacerle una vaselina...

—Ojala le hubiese puesto a los estudios la misma pasión que al quidditch —dijo Percy sacudiendo la cabeza.

Harry frenó al llegar a la puerta del aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, la abrió y entró apresuradamente.

—Lamento llegar tarde, profesor Lupin. Yo...

Pero no era Lupin quien lo miraba desde la mesa del profesor; era Snape.

—¿Qué hace ése ahí? —exclamó Sirius, irritado.

—La clase ha comenzado hace diez minutos, Potter. Así que creo que descontaremos a Gryffindor diez puntos. Siéntate.

—Idiota —gruñó James.

—En realidad está en su derecho de quitarle puntos —dijo Reg—. Ha fin de cuenta ha llegado tarde a clase.

Pero Harry no se movió.

—¿Dónde está el profesor Lupin? —preguntó.

—Eso queremos saber —dijo Arthur, un poco confuso.

—No se encuentra bien para dar clase hoy —dijo Snape con una sonrisa contrahecha

James y Sirius se miraron.

Luna llena pensaron ambos a la vez.

—. Creo que te he dicho que te sientes.

Pero Harry permaneció donde estaba.

—¿Qué le ocurre?

A Snape le brillaron sus ojos negros.

—Nada que ponga en peligro su vida —dijo como si deseara lo contrario

Jake sacudió la cabeza mientras Sirius y James gruñían.

—. Cinco puntos menos para Gryffindor y si te tengo que volver a decir que te sientes serán cincuenta.

—No puede quitarle puntos a la casa solamente porque pregunté como se encuentra de salud un profesor —dijo McGonagall irritada.

—Es Snape —dijeron todos los leones de la sala.

Harry se fue despacio hacia su sitio y se sentó. Snape miró a la clase.

—Como decía antes de que nos interrumpiera Potter, el profesor Lupin no ha dejado ninguna información acerca de los temas que habéis estudiado hasta ahora...

Remus rodó los ojos.

—Al parecer Snape no miró las notas que le dejé.

—Hemos estudiado los boggarts, los gorros rojos, los kappas y los grindylows —informó Hermione rápidamente

—Siempre Hermione —comentó Ginny con diversión.

—, y estábamos a punto de comenzar...

—Cállate —dijo Snape fríamente—. No te he preguntado.

—Simplemente te ha dicho lo que han ido haciendo, imbécil —espetó Tonks.

Sólo comentaba la falta de organización del profesor Lupin.

—Es el mejor profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras que hemos tenido —dijo Dean Thomas con atrevimiento,

Remus se sonrojo, aunque sonrió un poco.

y la clase expresó su conformidad con murmullos. Snape puso el gesto más amenazador que le habían visto.

—Sois fáciles de complacer. Lupin apenas os exige esfuerzo... Yo daría por hecho que los de primer curso son ya capaces de manejarse con los gorros rojos y los grindylows.

—Técnicamente podrían con algunos hechizos. Pero les sería mucho más difícil escapar si alguno de ellos les atrapa por sorpresa —señaló Luna.

Hoy veremos...

Harry lo vio hojear el libro de texto hasta llegar al último capítulo, que debía de imaginarse que no habían visto.

—... los hombres lobo —concluyó Snape.

—¿Por qué los hombres lobo? —preguntó Charlie, sin reparar en la repentina expresión de odio que había aparecido en los rostros de James y de Sirius.

—Pero profesor —dijo Hermione, que parecía incapaz de contenerse—, todavía no podemos llegar a los hombres lobo. Está previsto comenzar con los hinkypunks...

—Señorita Granger —dijo Snape con voz calmada—, creía que era yo y no tú quien daba la clase.

—El libro está escrito de esa forma para que se siga el orden, ya que cada criatura es un poco más peligrosa que la anterior —bufó Bill.

Ahora, abrid todos el libro por la página 394.—Miró a la clase—: Todos. Ya.

Con miradas de soslayo y un murmullo de descontento, abrieron los libros.

—¿Quién de vosotros puede decirme cómo podemos distinguir entre el hombre lobo y el lobo auténtico?

Todos se quedaron en completo silencio.

—Menos Hermione —murmuró Will, que ya veía la mano de la chica levantada.

Todos excepto Hermione, cuya mano, como de costumbre, estaba levantada.

—Como no —dijeron sus amigos divertidos, sonrojando a la chica.

—¿Nadie? —preguntó Snape, sin prestar atención a Hermione.

Lily negó con la cabeza.

La sonrisa contrahecha había vuelto a su rostro—. ¿Es que el profesor Lupin no os ha enseñado ni siquiera la distinción básica entre...?

—Ya se lo hemos dicho —dijo de repente Parvati—. No hemos llegado a los hombres lobo. Estamos todavía por...

—¡Silencio! —gruñó Snape—.

—¿Por qué, sin ofender Jake —Jake le sonrió a Regulus—, es tan idiota?

Bueno, bueno, bueno... Nunca creí que encontraría una clase de tercero que ni siquiera fuera capaz de reconocer a un hombre lobo. Me encargaré de informar al profesor Dumbledore de lo atrasados que estáis todos...

Dumbledore negó con la cabeza. Recordaba aquella conversación con Severus y, al igual que ahora, le había parecido muy graciosa e idiota.

—Por favor, profesor —dijo Hermione, que seguía con la mano levantada—. El hombre lobo difiere del verdadero lobo en varios detalles: el hocico del hombre lobo...

—Es la segunda vez que hablas sin que te corresponda, señorita Granger —dijo Snape con frialdad

—¡Sino la dejabas hablar! —exclamó Sally.

—. Cinco puntos menos para Gryffindor por ser una sabelotodo insufrible.

—Esto no puede seguir así, Albus —dijo McGonagall, girándose hacia el anciano director—. Desde el primer libro lleva abusando de su posición de profesor. Más te vale hacer algo al respecto cuando esto acabe.

Dumbledore asintió, aunque más que nada lo hizo por miedo.

Hermione se puso muy colorada, bajó la mano y miró al suelo, con los ojos llenos de lágrimas. Un indicio de hasta qué punto odiaban todos a Snape era que lo estaban fulminando con la mirada. Todos, en alguna ocasión, habían llamado sabelotodo a Hermione, y Ron, que lo hacia por lo menos dos veces a la semana,

—Y eso quedándose corto —dijo Hermione. Ron la miró mal.

dijo en voz alta:

—Usted nos ha hecho una pregunta y ella le ha respondido. ¿Por qué pregunta si no quiere que se le responda?

—Muy buen punto —dijo Eli con una sonrisa.

Sus compañeros comprendieron al instante que había ido demasiado lejos.

—Te quedarás castigado, Weasley

—Idiota —murmuraron los Weasley.

—dijo Snape con voz suave y acercando el rostro al de Ron—. Y si vuelvo a oírte criticar mi manera de dar clase, te arrepentirás.

Nadie se movió durante el resto de la clase.

—No somos locos —dijo Neville.

Siguió cada uno en su sitio, tomando notas sobre los hombres lobo del libro de texto, mientras Snape rondaba entré las filas de pupitres examinando el trabajo que habían estado haciendo con el profesor Lupin.

—Muy pobremente explicado... Esto es incorrecto... El kappa se encuentra sobre todo en Mongolia... ¿El profesor Lupin te puso un ocho? Yo no te habría puesto más de un tres.

Remus bufó.

—Estaba bien expresado. Le hubiese puesto más nota sino hubiese sido por algunas faltas de ortografía y por el error en Mongolia.

Neville se sonrojo, dándose cuenta de que ese era su trabajo.

—En realidad tampoco está tan mal —dijo Luna—. Es cierto que el kappa se encuentra sobre todo en Japón. Pero también han habido avistamientos en lugares como Mongolia o China.

—Por eso el ocho. Sino hubiese puesto el sobre todo le podía haber puesto algo más.

—¿Por qué no seguimos con la lectura? —pidió Neville, sonrojado. Entonces todos entendieron de quién era el trabajo.

Cuando el timbre sonó por fin, Snape los retuvo:

—Escribiréis una redacción de dos pergaminos sobre las maneras de reconocer y matar a un hombre lobo.

—Ese tío no es más imbécil porque no entrena —gruñó Sirius.

Para el lunes por la mañana. Ya es hora de que alguien meta en cintura a esta clase. Weasley, quédate, tenemos que hablar sobre tu castigo.

Harry y Hermione abandonaron el aula con los demás alumnos, que esperaron a encontrarse fuera del alcance de los oídos de Snape para estallar en críticas contra él.

—Snape nunca ha actuado así con ninguno de los otros profesores de Defensa Contra las Artes Oscuras, aunque quisiera el puesto —comentó Harry a Hermione—. ¿Por qué la tiene tomada con Lupin? ¿Será por lo del boggart?

—Es por otra cosa —murmuró Remus con la mirada perdida.

James y Sirius se miraron. Aquella había sido la única vez que ambos se habían peleado en serio.

—No sé—dijo Hermione pensativamente—. Pero espero que el profesor Lupin se recupere pronto.

—Nah... lo hago sin problemas.

Ron los alcanzó cinco minutos más tarde, muy enfadado.

—¿Sabéis lo que ese... (llamó a Snape algo que escandalizó a Hermione)

—¿Exactamente cómo llamaste al profesor Snape, Ronald? —preguntó Molly con una sonrisa tranquila. Ron tuvo un escalofrío.

—N-no lo recuerdo, mamá.

—Nosotros tampoco, señora Weasley —dijeron Harry y Hermione al percatase de la mirada que les lanzaba la matriarca Weasley.

me ha mandado? Tengo que lavar los orinales de la enfermería. ¡Sin magia! —dijo con la respiración alterada. Tenía los puños fuertemente cerrados—. ¿Por qué no podía haberse ocultado Black en el despacho de Snape, eh? ¡Podía haber acabado con él!

—No sé me ocurrió —dijo Sirius. Sally, seguida de Lily, le dio una colleja.

Al día siguiente, Harry se despertó muy temprano. Tan temprano que todavía estaba oscuro. Por un instante creyó que lo había despertado el ruido del viento. Luego sintió una brisa fría en la nuca y se incorporó en la cama. Peeves flotaba a su lado, soplándole en la oreja.

—Eso es muy molesto —bufó Astoria.

—Pues no me lo hagas —replicó su hermana de forma mordaz. Astoria le sacó la lengua.

—¿Por qué has hecho eso? —le preguntó Harry enfadado.

—Para fastidiar —respondió Holly.

Peeves hinchó los carrillos, sopló muy fuerte y salió del dormitorio hacia atrás, a toda prisa, riéndose.

Harry tanteó en busca de su despertador y lo miró: eran las cuatro y media.

—Ahora me entero de que existe las cuatro y media de la mañana —dijo Regulus.

Echando pestes de Peeves, se dio la vuelta y procuró volver a dormirse. Pero una vez despierto fue difícil olvidar el ruido de los truenos que retumbaban por encima de su cabeza, los embates del viento contra los muros del castillo y el lejano crujir de los árboles en el bosque prohibido.

—La verdad es que me sorprende que alguien fuese capaz de dormir con semejante jaleo —dijo Harry.

Unas horas después se hallaría allí fuera, en el campo de quidditch, batallando en medio del temporal. Finalmente, renunció a su propósito de volver a dormirse, se levantó, se vistió, cogió su Nimbus 2.000 y salió silenciosamente del dormitorio.

Cuando Harry abrió la puerta, algo le rozó la pierna. Se agachó con el tiempo justo de coger a Crookshanks por el extremo de la cola peluda y sacarlo a rastras.

—Ese gato tiene una buena obsesión con la mascota de Ron —comentó Lily.

—¿Sabes? Creo que Ron tiene razón sobre ti

—Deja de juntarte con mi hermano, Harry —le pidió Ginny.

—Ya es tarde —dijo Harry con una sonrisa.

—le dijo Harry receloso—. Hay muchos ratones por aquí. Ve a cazarlos. Vamos —añadió, echando a Crookshanks con el pie, para que bajara por la escalera de caracol—. Deja en paz a Scabbers.

El ruido de la tormenta era más fuerte en la sala común. Harry tenía demasiada experiencia para creer que se cancelaría el partido.

—Pues debería —gruñó Hermione.

—¡No!

Los partidos de quidditch no se cancelaban por nimiedades como una tormenta. Sin embargo, empezaba a preocuparse.

Wood le había indicado quién era Cedric Diggory en el corredor; Diggory estaba en quinto y era mucho mayor que Harry.

—Tan solo son dos años. Tampoco es para tanto —dijo Will, mirando a Harry—. Eh... mejor me calló.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Harry frunciendo el ceño.

—A que mi brazo abulta más que tú —señaló Charlie, sonrojando a Harry.

Los buscadores solían ser ligeros y veloces,

—Con ese tiempo eso solamente es una ventaja —señaló Ginny.

pero el peso de Diggory sería una ventaja con aquel tiempo, porque tendría muchas menos posibilidades de que el viento le desviara el rumbo.

Ginny se sonrojo ligeramente.

—Eso... eso es lo... que he dicho.

Harry pasó ante la chimenea las horas que quedaban hasta el amanecer. De vez en cuando se levantaba para evitar que Crookshanks volviera a escabullirse por la escalera que llevaba al dormitorio de los chicos.

—Si que está obsesionado —bufó James.

Al cabo de un tiempo le pareció a Harry que ya era la hora del desayuno y se dirigió él solo hacia el retrato.

—¡En guardia, malandrín! —lo retó sir Cadogan.

—«Cállate ya» —contestó Harry, bostezando.

—Eso no es muy educado —dijo Molly con el ceño fruncido.

—Era la contraseña de ese día —comentaron los Gryffindor de aquella época.

Se reanimó algo tomando un plato grande de gachas de avena y cuando ya había empezado con las tostadas, apareció el resto del equipo.

—Ahí están las estrellas del equipo —dijo George con chulería.

—Pues sí. Lástima que también estéis vosotros dos —dijo Percy con burla.

—Al final resultara que Percy es un bromista nato —susurró Fred a su gemelo.

—Va a ser difícil —dijo Wood, sin probar bocado.

—Deja de preocuparte, Oliver —lo tranquilizó Alicia—. No nos asustamos por un poquito de lluvia.

—¿Poquito de lluvia? —repitió Tonks elevando una ceja.

Pero era bastante más que un poquito de lluvia. El quidditch era tan popular que todo el colegio salió a ver el partido, como de costumbre. Corrían por el césped hasta el campo de quidditch, con la cabeza agachada contra el feroz viento que arrancaba los paraguas de las manos. Poco antes de entrar en el vestuario, Harry vio a Malfoy, a Crabbe y a Goyle camino del campo de quidditch; cubiertos por un enorme paraguas, lo señalaban y se reían.

—¿Por qué? Que alguien me explique por qué esos tres idiotas se están riendo —pidió Will.

Los miembros del equipo se pusieron la túnica escarlata y aguardaron la habitual arenga de Wood, pero ésta no se produjo. Wood intentó varias veces hablarles, tragó saliva con un ruido extraño, cabeceó desesperanzado y les indicó por señas que lo siguieran.

—Si que estaba mal el chico —dijo James.

El viento era tan fuerte que se tambalearon al entrar en el campo. A causa del retumbar de los truenos, no podían saber si la multitud los aclamaba.

—Es fácil saberlo. Gryffindor os aclamaba, Slytherin y Hufflepuff os abucheaba. Y por último Ravenclaw estaba dividido entre aclamaros y abuchearos —dijo Neville.

La lluvia rociaba los cristales de las gafas de Harry ¿Cómo demonios iba a ver la snitch en aquellas condiciones?

—Es... muy difícil —declaró Emily, tras intentar buscar una solución.

Los de Hufflepuff se aproximaron desde el otro extremo del campo, con la túnica amarillo canario. Los capitanes de ambos equipos se acercaron y se estrecharon la mano. Diggory sonrió a Wood, pero Wood parecía tener ahora la mandíbula encajada y se limitó a hacer un gesto con la cabeza.

—La verdad es que para Wood fue duro que cambiarán al rival en el último momento —dijo Fred.

—Lo más seguro es que lo hiciesen al último momento para pillarnos desprevenidos —murmuró George.

—Es lo más posible —admitió Daphne. Ella hubiese hecho algo parecido.

Harry vio que la boca de la señora Hooch articulaba:

—Montad en las escobas.

Harry sacó del barro el pie derecho y pasó la pierna por encima de la Nimbus 2.000. La señora Hooch se llevó el silbato a los labios y dio un pitido que sonó distante y estridente... Dio comienzo el partido.

Todos a una, los amantes del quidditch se inclinaron hacia delante.

Harry se elevó rápidamente, pero la Nimbus 2.000 oscilaba a causa del viento. La sostuvo tan firmemente como pudo y dio media vuelta de cara a la lluvia, con los ojos entornados.

Al cabo de cinco minutos, Harry estaba calado hasta los huesos y helado de frío. Apenas podía ver a sus compañeros de equipo y menos aún la pequeña snitch. Atravesó el campo de un lado a otro, adelantando bultos rojos y amarillos, sin idea de lo que sucedía. El viento no le permitía oír los comentarios. La multitud estaba oculta bajo un mar de capas y de paraguas maltrechos. En dos ocasiones estuvo a punto de ser derribado por una bludger. Su visión estaba tan limitada por el agua de las gafas que no las vio acercarse.

James frunció el ceño. Él había tenido que jugar un par de partidos con una condiciones climatologícas parecidas a esa y sabía que era un verdadero suplicio.

Perdió la noción del tiempo. Era cada vez más difícil sujetar la escoba con firmeza. El cielo se oscureció, como si hubiera llegado la noche en plena mañana. Dos veces estuvo a punto de chocar contra otro jugador; que no sabía si era de su equipo o del oponente. Todos estaban ahora tan calados, y la lluvia era tan densa, que apenas podía distinguirlos...

Con el primer relámpago llegó el pitido del silbato de la señora Hooch. Harry sólo pudo ver a través de la densa lluvia la silueta de Wood, que le indicaba por señas que descendiera. Todo el equipo aterrizó en el barro, salpicando.

—¡He pedido tiempo muerto!

—Bien —murmuró Charlie con el ceño fruncido.

—gritó a sus jugadores—. Venid aquí debajo.

Se apiñaron en el borde del campo, debajo de un enorme paraguas. Harry se quitó las gafas y se las limpió con la túnica.

—¿Cuál es la puntuación?

—Cincuenta puntos a nuestro favor.

—No van tan mal —dijo Will—. Con esa lluvia podrían ir mucho peor.

Pero si no atrapamos la snitch, seguiremos jugando hasta la noche.

—Con esto me resulta imposible —respondió Harry, blandiendo las gafas.

En ese instante apareció Hermione a su lado.

—Siempre tiene que salir Hermione a ayudaros —dijo Eli con una sonrisa.

—Es que estos no podrían hacer nada sin mí —dijo Hermione, ignorando las miradas de Harry y Ron.

Se tapaba la cabeza con la capa e, inexplicablemente, estaba sonriendo.

—Tiene algo fijo —dijo Holly.

—Eso o simplemente se lo está pasando bien viéndolos sufrir —señaló Regulus.

—¡Tengo una idea, Harry! ¡Dame tus gafas, rápido!

Se las entregó, y ante la mirada de sorpresa del equipo, golpeó las gafas con su varita y dijo:

Impervius.

—Buena idea —aceptó Reg.

—Y se las devolvió a Harry diciendo—: Ahí las tienes: ¡repelerán el agua!

Wood la hubiera besado:

Hermione se sonrojó mientras que Ron miraba mal al libro, como si pudiese herir a Wood a través de él.

—¡Magnífico! —exclamó emocionado, mientras ella se alejaba—. ¡De acuerdo, vamos a ello!

El hechizo de Hermione funcionó. Harry seguía entumecido por el frío y más empapado que nunca en su vida, pero podía ver.

—Pero si antes podías ver —señaló Luna.

—Cierto —sonrió Harry.

Lleno de una renovada energía, aceleró la escoba a través del aire turbulento buscando en todas direcciones la snitch, esquivando una bludger; pasando por debajo de Diggory, que volaba en dirección contraria...

Brilló otro rayo, seguido por el retumbar de un trueno. La cosa se ponía cada vez más peligrosa. Harry tenía que atrapar la snitch cuanto antes...

—Creo que volar en medio de una tormenta con rayos no es muy bueno para la salud. Así que sí. Atrapa la snitch antes de que ocurra algo malo —dijo Jake.

Se volvió, intentando regresar hacia la mitad del campo, pero en ese momento otro relámpago iluminó las gradas y Harry vio algo que lo distrajo completamente: la silueta de un enorme y lanudo perro negro,

—¿Fuiste a verlo? —preguntó James en un susurro a Sirius.

—Claro. No me lo perdería por nada del mundo —respondió Sirius.

claramente perfilada contra el cielo, inmóvil en la parte superior y más vacía de las gradas.

Las manos entumecidas le resbalaron por el palo de la escoba y la Nimbus descendió varios metros. Retirándose de los ojos el flequillo empapado, volvió a mirar hacia las gradas: el perro había desaparecido.

—¡Harry! —gritó Wood angustiado, desde los postes de Gryffindor—. ¡Harry, detrás de ti!

Harry miró hacia atrás con los ojos abiertos de par en par. Cedric Diggory atravesaba el campo a toda velocidad, y entre ellos, en el aire cuajado de lluvia, brillaba una diminuta bola dorada...

—¡No! —chillaron los amantes del quidditch que iban a Gryffindor... lo cuál era la mayoría de la sala.

—¡Sí! —chillaron Tonks y Eli. La segunda le mandó una mirada de disculpa al hermano de su mejor amiga—. Perdona Harry. Pero quiero que Hufflepuff gane.

Con un sobresalto, Harry pegó el cuerpo al palo de la escoba y se lanzó hacia la snitch como una bala.

—¡Vamos! —gritó a la Nimbus, al mismo tiempo que la lluvia le azotaba la cara—. ¡Más rápido!

—¡Vamos! —animaban James y Sirius.

Pero algo extraño pasaba.

—¿Por qué? —gimió Lily—. ¿Por qué no puede salir nada bien?

Un inquietante silencio caía sobre el estadio. Ya no se oía el viento, aunque soplaba tan fuerte como antes. Era como si alguien hubiera quitado el sonido, o como si Harry se hubiera vuelto sordo de repente. ¿Qué sucedía?

—Dementores —murmuró Sally, comprendiendo lo que sucedía.

Y entonces le penetró en el cuerpo una ola de frío horrible y ya conocida, exactamente en el momento en que veía algo que se movía por el campo, debajo de él.

Antes de que pudiera pensar, Harry había apartado la vista de la snitch y había mirado hacia abajo. Abajo había al menos cien dementores,

—¡¿Cien?! —exclamaron algunos. Si ya uno era peligroso, cien era una autentica locura. A nadie le extrañaba que los presos de Azkaban acabasen locos.

con el rostro tapado, y todos señalándole. Fue como si le subiera agua helada por el pecho y le cortara por dentro. Y entonces volvió a oírlo... Alguien gritaba dentro de su cabeza..., una mujer...

Harry agachó la cabeza para evitar mirar a su madre.

—A Harry no. A Harry no. A Harry no, por favor.

—Apártate, estúpida... apártate...

—A Harry no. Te lo ruego, no. Cógeme a mí. Mátame a mí en su lugar...

James se mordió el labio. Era tal y cómo había pensado. Su hijo estaba recordando la muerte de su madre.

—Mi pequeño... —susurró Lily.

A Harry se le había enturbiado el cerebro con una especie de niebla blanca. ¿Qué hacía? ¿Por qué montaba una escoba voladora? Tenía que ayudarla. La mujer iba a morir; la iban a matar...

Es tarde pensó Harry apesadumbrado. Sintió como Ginny le acariciaba el brazo con suavidad y Harry agradeció aquel pequeño gesto.

Harry caía, caía entre la niebla helada.

A Harry no, por favor. Ten piedad, te lo ruego, ten piedad...

Alguien de voz estridente estalló en carcajadas. La mujer gritaba y Harry no se enteró de nada más.

Lily solamente pudo suspirar aliviada al ver que su hijo ya no tendría que estar escuchando sus gritos. Holly miraba a sus padres y a su hermano. No acababa de entender lo que sucedía, pero era lo suficientemente lista como para hacerse una idea.

—Ha tenido suerte de que el terreno estuviera blando.

—Creí que se había matado.

—¡Pero si ni siquiera se ha roto las gafas!

—¡¿De qué estáis hablando?! —chilló Lily, preocupada por Harry.

—Eh... de nada, mamá —dijo Harry suavemente.

Harry oía las voces, pero no encontraba sentido a lo que decían. No tenía ni idea de dónde se hallaba, ni de por qué se encontraba en aquel lugar; ni de qué hacia antes de aquel momento. Lo único que sabía era que le dolía cada centímetro del cuerpo como si le hubieran dado una paliza.

—Es lo más pavoroso que he visto en mi vida.

Horrible... Lo más pavoroso... Figuras negras con capucha... Frío... Gritos...

Harry abrió los ojos de repente. Estaba en la enfermería.

—Al menos está en un lugar seguro —suspiró Molly con alivio.

El equipo de quidditch de Gryffindor, lleno de barro, rodeaba la cama. Ron y Hermione estaban allí también y parecían haber salido de la ducha.

—Llovía con fuerza —dijo Ron.

—Gracias por señalar lo obvio, Ron —dijo Bill con sarcasmo.

—¡Harry! —exclamó Fred, que parecía exageradamente pálido bajo el barro—. ¿Cómo te encuentras?

—Muy bien —respondió Harry con una sonrisa.

La memoria de Harry fue recuperando los acontecimientos por orden: el relámpago..., el Grim..., la snitch..., y los dementores.

—¿Por qué me tiene que sacar como algo malo? —masculló Sirius lo suficientemente bajo para que nadie le escuchase.

—¿Qué sucedió? —dijo incorporándose en la cama, tan de repente que los demás ahogaron un grito.

—Te caíste —explicó Fred—. Debieron de ser... ¿cuántos? ¿Veinte metros?

—Creo que eran más —susurró George a Fred.

—Pues será mejor que no lo digáis. La señora Potter ya está lo suficientemente alterada —susurró Percy a los gemelos.

—Creímos que te habías matado —dijo Alicia, temblando.

—No quiero oír hablar de cómo se podría haber matado mi hijo —dijo Lily con un hilo de voz.

Holly, que tenía los brazos de Eli rodeándola, asintió de acuerdo con las palabras de su madre.

Hermione dio un gritito. Tenía los ojos rojos.

Hermione tembló. No quería volver a pensar en aquello de nuevo.

—Pero el partido —preguntó Harry—, ¿cómo acabó? ¿Se repetirá?

—¡¿EN SERIO TE PREOCUPA UN ESTÚPIDO PARTIDO?! —chilló Holly, levantándose y golpeando a Harry en la cabeza—. ¿Eres idiota o te lo haces?

—Au... ay... Holly, basta —dijo Harry intentando parar los golpes de la menor. Aquello hizo que varios riesen, aliviando el ambiente.

Nadie respondió. La horrible verdad cayó sobre Harry como una losa.

Holly, que acababa de sentarse de nuevo en un sitio, se levantó dispuesta a golpear a su hermano de nuevo.

—Déjalo, Holly —dijo Regulus, tomándola del brazo.

—¿No habremos... perdido?

—Diggory atrapó la snitch —respondió George— poco después de que te cayeras. No se dio cuenta de lo que pasaba. Cuando miró hacia atrás y te vio en el suelo, quiso que se anulara. Quería que se repitiera el partido. Pero ganaron limpiamente. Incluso Wood lo ha admitido.

—Es que ganaron limpiamente —replicó Eli.

—Odio decirlo, pero es verdad —murmuró James.

—¿Dónde está Wood? —preguntó Harry de repente, notando que no estaba allí.

—Sigue en las duchas —dijo Fred—. Parece que quiere ahogarse.

Percy negó con la cabeza. Había tenido que sacarlo a la fuerza de allí.

Harry acercó la cara a las rodillas y se cogió el pelo con las manos. Fred le puso la mano en el hombro y lo zarandeó bruscamente.

—Vamos, Harry, es la primera vez que no atrapas la snitch.

—Tenía que ocurrir alguna vez —dijo George.

—Cierto —dijo Emily.

—Todavía no ha terminado —dijo Fred—. Hemos perdido por cien puntos, ¿no? Si Hufflepuff pierde ante Ravenclaw y nosotros ganamos a Ravenclaw, y Slytherin...

—Hufflepuff tendrá que perder al menos por doscientos puntos —dijo George.

—Pero si ganan a Ravenclaw...

—Eso no puede ser. Los de Ravenclaw son muy buenos.

—Pero si Slytherin pierde frente a Hufflepuff..

—Todo depende de los puntos... Un margen de cien, en cualquier caso...

—¿No os estalló la cabeza con semejante operación? —les preguntó Charlie con burla a Fred y a George.

Harry guardaba silencio. Habían perdido. Por primera vez en su vida, había perdido un partido de quidditch.

—Tampoco es el fin del mundo —dijo Will—. La próxima les daréis tal paliza que no sabrán por dónde han venido los golpes... y luego les venceréis en el campo de quidditch.

Después de unos diez minutos, la señora Pomfrey llegó para mandarles que lo dejaran descansar.

—Luego vendremos a verte —le dijo Fred—. No te tortures, Harry. Sigues siendo el mejor buscador que hemos tenido.

El equipo salió en tropel, dejando el suelo manchado de barro. La señora Pomfrey cerró la puerta detrás del último, con cara de mal humor. Ron y Hermione se acercaron un poco más a la cama de Harry.

—Dumbledore estaba muy enfadado —dijo Hermione con voz temblorosa

—Para no estarlo —murmuró McGonagall.

—. Nunca lo había visto así. Corrió al campo mientras tú caías, agitó la varita mágica y entonces se redujo la velocidad de tu caída. Luego apuntó a los dementores con la varita y les arrojó algo plateado. Abandonaron inmediatamente el estadio... Le puso furioso que hubieran entrado en el campo... lo oímos...

—Entonces te puso en una camilla por arte de magia —explicó Ron—. Y te llevó al colegio flotando en la camilla. Todos pensaron que estabas...

James y Lily se estremecieron. No querían saber que era lo que todos pensaban... aunque fuese evidente.

Su voz se apagó, pero Harry apenas se dio cuenta. Pensaba en lo que le habían hecho los dementores, en la voz que suplicaba. Alzó los ojos y vio a Hermione y a Ron tan preocupados que rápidamente buscó algo que decir.

—¿Recogió alguien la Nimbus?

Harry hizo una mueca. Ahora tenía una escoba genial, pero la Nimbus era especial para él.

Ron y Hermione se miraron.

—Eh...

—¿Qué pasa? —preguntó Harry.

—Bueno, cuando te caíste... se la llevó el viento —dijo Hermione con voz vacilante.

—¿Y?

—Y chocó... chocó... contra el sauce boxeador.

—Adiós a la escoba —murmuró Jake.

Harry sintió un pinchazo en el estómago. El sauce boxeador era un sauce muy violento que estaba solo en mitad del terreno del colegio.

—¿Y? —preguntó, temiendo la respuesta.

—Bueno, ya sabes que al sauce boxeador —dijo Ron— no le gusta que lo golpeen.

—El profesor Flitwick la trajo poco antes de que recuperaras el conocimiento —explicó Hermione en voz muy baja.

Se agachó muy despacio para coger una bolsa que había a sus pies, le dio la vuelta y puso sobre la cama una docena de astillas de madera y ramitas, lo que quedaba de la fiel y finalmente abatida escoba de Harry.

—Fin del capítulo —anunció McGonagall, cerrando el libro.


Hola gente.

Onceavo capítulo.

Siento no haber actualizado antes, pero he estado de exámenes, En realidad aún estoy de exámenes, pero para cuando esto se publique ya los habré acabado.

Sé que dije que la continuación de ¿La tercera Generación? sería a finales de marzo o a principios de abril, pero dado que conseguí La Corona de Ptolomeo actualizare antes Griegos, romanos y egipcios y luego empezaré con la continuación de ¿La tercera Generación?

En fin, espero que os haya gustado.

Se despide,

Grytherin18-Friki.