Capítulo Diez
La ayuda de Dumbledore
La sonrisa se extinguió del rostro de Malfoy cuando Hermione llegó volando hasta él, golpeándole duramente en el estómago y tirándole al suelo. La gente se lanzó hacia ellos para comprobar tanto a Malfoy como a Hermione, incluidos Harry, Ron y Ginny.
"Mione¡ ¿Estás bien?" exclamó Ginny mientras se apresuraba hacia allí, Harry y Ron siguiéndole los pasos, Dean completamente olvidado.
"Qué escándalo es este¡" gritó una voz fría en dirección a la entrada de las mazmorras.
"Es Snape¡" gritó alguien.
"CORRED¡" gritó otra persona.
Los espectadores se dispersaron como polluelos esquivando a un coche desbocado; incluso los Slytherins se dieron prisa en salir, conscientes de que la inquina de Snape hacia Malfoy los había colocado últimamente en una posición menos que favorable ante sus ojos. En cuestión de segundos, las únicas personas que quedaban en el vestíbulo de entrada eran Snape, Harry, Ron, Hermione, Ginny y Malfoy.
Hermione se sentó (sobre las piernas de Malfoy, no era que le importara) y miró alrededor, bastante mareada. "Ouch," murmuró. Sus ojos se estrecharon y echó una mirada en busca de Dean, pero él ya había salido volando de la escena.
Luchó para incorporarse sobre sus pies –y fue tirada de nuevo hacia abajo por una fina cadena dorada que estaba sujeta a su muñeca izquierda por unas esbeltas esposas. Le apretaba y tenía el grosor de poco menos de una pulgada, y una esposa similar estaba abrochada a la muñeca derecha de Malfoy.
"Oh, no," respiró alarmada. Apuntó su varita hacia la cadena. "Finite¡ Reducto¡ Diffindo¡" chilló. Ella, Harry, Ron, Ginny y Draco, todos empezaron a gritar encantamientos en dirección a la cadena, intentando romperla, pero inútilmente.
"Échense a un lado," gruñó Snape a Harry, Ron y Ginny. "Déjenme ver."
Snape se puso de cuclillas cerca de Hermione, que estaba arrodillada en el suelo cerca de un aterrorizado Malfoy. Snape cogió la cadena y la examinó con atención, luego la tocó con su varita, diciendo el encantamiento de un hechizo que debía hacerle revelar sus secretos.
No ocurrió nada.
"Esto no puede ser bueno," dijo Ron lentamente.
"Gee, comadreja, ¿no me digas?" le espetó Malfoy. "Profesor…" se detuvo, inseguro de que Snape fuera a ayudarle o no.
"¿Qué hacemos ahora?" preguntó Hermione a Snape temerosamente.
"No se preocupe, señorita Granger," dijo Snape, luchando con la tentación de reírse del gesto de repugnancia que apareció en la cara de Malfoy. "Iremos a ver al director."
"Dumbledore puede arreglarlo. Dumbledore puede arreglarlo," repetía Hermione mientras seguía a su profesor y a sus amigos hacia el despacho de Dumbledore. Hermione y Malfoy estaban caminando tan lejos uno del otro como podían –apenas nueve pies, cinco por la cadena, dos por su brazo y dos por el brazo de él.
"Si quisiera oírte repetir algo, usaría un hechizo, Sangre Sucia," siseó Draco. Nadie más le oyó –incluia Hermione, que seguía repitiendo la misma frase.
"Hermione, todo irá bien," dijo Ron mientras se aproximaban a la gárgola que guardaba la entrada del despacho.
Hermione parecía haber salido de un trance. Se inclinó hacia delante y agarró la parte delantera de la túnica de Ron, mirándole fijamente con una mirada salvaje en su cara. Draco dio un traspié al verse sacudido hacia Ron y tardó un segundo en estabilizarse.
"¿Y si Dumbledore no puede arreglarlo?" demandó Hermione sin aliento, muerta de pánico. "¿Y si no puede quitarla? ¿Y si tengo que estar así para siempre? No tiene llave, Ron¡ Ni siquiera tiene una cerradura¡ ¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer? Tendré que estar encadenada a Draco para siempre¡ ¿Cómo me bañaré? ¿Cómo voy a estudiar? ¿Cómo saldré con alguien o me casaré o pediré trabajos o haré las cosas normales de la vida? ¿Cómo os voy a ayudar a salvar el mundo? Oh, Dios, qué voy a hacer¡"
Ron, que no era demasiado bueno con las emociones (o con extraños arrebatos provenientes de la más racional de todos ellos), miró a Harry en busca de ayuda. Harry, sin embargo, sabía demasiado bien que, en contra de la opinión popular, Dumbledore era humano, y había algunas cosas que ni siquiera Dumbledore podía hacer; simplemente estaba tan preocupado como Hermione (incluso si él no había ido tan lejos al pensar las horribles consecuencias). Mientras Harry se estrujaba el cerebro para encontrar algo reconfortante que decir, Ginny dio un paso al frente.
"Hermione," dijo seriamente, su cara sin sobresaltos, "si no podemos discurrir cómo quitar la cadena, entonces sólo tendremos que cortar el brazo de Malfoy, ¿de acuerdo?"
En este momento Hermione estaba tan lejos de pensar de manera racional que, en lugar de hacerle reír, la afirmación de Ginny la había animado muchísimo. Claro, simplemente cortaremos su bazo y luego seré libre, pensó con alivio. Sonrió débilmente, soltó a Ron, y puso un pie en la escalera de caracol, ligeramente menos preocupada, pero definitivamente más esperanzada.
Harry, Ron, Hermione, Ginny, Draco y Snape entraron en el despacho del director, sentándose frente al escritorio en sillas que se acababan de conjurar. Dumbledore estaba sentado tras su escritorio con un calmada y natural compostura, como si no se hubiera dado cuenta de lo poco habitual que era ver a seis personas juntas o como si no hubiera visto la cadena que colgaba entre Hermione y Draco.
"¿Puedo preguntar qué ha pasado?" dijo Dumbledore a Snape con calma.
"Por lo que he podido averiguar, hubo un duelo," dijo Snape, "y la señorita Granger y el señor Malfoy fueron alcanzados por un encantamiento combinado."
"¿Consiguieron ver con claridad a los duelistas?" preguntó Dumbledore con una pequeña sonrisa.
"No, director," dijo Snape, tratando de no sonreír ante la furiosa expresión de Malfoy; valía la pena dejar a Dean Thomas impune sólo por verla.
"¿Puede arreglarlo, profesor?" preguntó Draco con impaciencia, sabiendo que contradecir a Snape sería en vano.
"No," dijo Dumbledore con un exasperante tono calmado. "Me temo que no."
"Albus¡" gruñó Snape con un tono enfadado y exasperado. Los Gryffindor se giraron todos para mirarle con curiosidad, pero antes de que nadie pudiera preguntar qué quería decir Snape, Draco empezó a chillar.
"¿Qué quiere decir con 'me temo que no'?" estalló Draco con un tono casi histérico. "Tiene que quitarla¡ Tiene que hacerlo¡ Qué ha sido esa mierda del 'mejor mago del mundo'¡ Estoy encadenado a Granger¡ ARRÉGLELO¡"
"Tiene que haber algo que podamos hacer¡" exclamó Hermione, aún más nerviosa y al borde de las lágrimas.
"Haré lo que pueda," le aseguró Dumbledore. "Buscaré una solución; va a suponer un duro trabajo, pero estoy seguro de que finalmente-"
"¿FINALMENTE?" explotó Ron, incorporándose. "¿Cuánto es finalmente? No pueden estar así¡ Y ahora qué, ¿van a ir al baño juntos? ¿Compartir habitación? Él la matará mientras duerme¡"
"Cállate, Ron," gruñó Harry.
Todo el mundo se giró para mirarle, conmocionados. "¿Perdona?" gruñó Ron. "Cómo puedes ponerte del lado de Malfoy¡"
Draco miró fijamente a Harry, preguntándose exactamente lo mismo –y entonces él notó la mirada furtiva que Harry le dio a Hermione, quien parecía de repente horrorizada y asustada. Por supuesto, Harry no estaba apoyando a Draco; sólo había estado tratando de calmar los nervios de Hermione, los cuales habían empeorado con el despotrique de Ron.
"No me estoy poniendo del lado de nadie," replicó Harry con exasperación. "Sólo estoy tratando de guardar la calma."
Ron no entendía nada. "¿Calma? ¿Cómo puedes estar calmado cuando Hermione está encadenada a un Mortífago?" rugió Ron.
"CIERRA LA BOCA¡"
Draco se había levantado, con su varita alzada en dirección a Ron, antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo. Estaba temblando, sus ojos enormes debido a la furia, su cara se congestionó. Deseó usar el Cruciatus en Ron, hacerle sufrir. Una ira ciega estaba empañando su visión; no podií ver otra cosa que no fuera la cara asustada de Weasley, no podía oír, no podía pensar…
Sintió una mano en su hombro, aprentándolo reconfortantemente. "Draco," murmuró Snape. "Draco, está bien…"
Draco sintió cómo se calmaba, como si estuviera literalmente sumergido en agua helada. Snape estaba de pie a su lado, dedicándole una mirada de entendimiento. Snape estaba allí con él, guerra o no. Snape lo entendía. Snape sabía cómo era, más aún de lo que lo hacía Draco…
"Lo sabía," escupió Ron a Snape y Draco. "Vosotros dos sois escoria, asesinos."
El encantamiento de una maldición horrorosa medio se formó en los labios de Draco cuando Snape de repente se lanzó al frente, sus brazos extendidos para estrangular a Ron. Ron aulló y se escapó de Snape, que tropezó justo con la cadena dorada y se enredó en ella. Tiró de Draco y Hermione hacia él; los dos aterrizaron sobre Snape con un doloroso ruido seco. Ron aprovechó la oportunidad para salir apresuradamente del despacho, enfadado.
"Hermione¡ ¿Estás bien?" preguntó Harry, cayendo sobre sus rodillas y ayudándola a desenredarse.
"Estoy bien," gruñó, frotándose el brazo. "¿Profesor?"
Snape se había incorporado ahora que Hermione estaba bien. "Ese horrible pequeño-" empezó a decir amenazadoramente, mirando fijamente a la puerta.
"Severus," dijo Dumbledore con tono de advertencia. "Por favor, siéntense, los tres –señorita Weasley, si pudiera…?"
Ginny ya estaba de camino hacia la puerta. "Hablaré con él, director," dijo por encima de su hombro.
Hermione suspiró y la vio marchar, mientras ella, Harry, Draco y Snape se volvían a sentar. La última cosa que necesitaba ahora era que Ron se enfadara y dejara de hablarle a ella y a Harry, como sin duda iba a hacer. No había entendido por qué Harry le había dicho que se callara, y ahora que Ron estaba enfadado iba a pasar mucho tiempo hasta que atendiera a razones. No era factible que Ron fuera a pasar demasiado tiempo con ella mientras su compañero de clase más odiado –por no decir su persona menos favorita- estaba atado a su muñeca…
"Ginny sabrá qué decir," le dijo Harry, acercándose y tomando su mano.
Hermione le sonrió en agradecimiento y estrechó sus dedos con los suyos. Gracias a a dios por Harry; él siempre estaba allí para ella, siempre tratando de animarla.
"Como iba diciendo," dijo Dumbledore quedamente, "encontraremos con toda certeza la solución, pero puede llevar algún tiempo. Por lo tanto, tendremos que hacer algunos arreglos."
"¿Tales como…?" dijo Draco, considerablemente más calmado, ahora que Snape había tratado de consolarle. Incluso si el profesor estaba enfadado con él, todavía estaban del mismo lado y eso siempre había significado mucho para Draco.
"Sus clases, para empezar," dijo Dumbledore.
"¿Cuánto espera que dure esto?" dijo Hermione alarmada. "Quiero decir, no podríamos… ¿ser excusados por unos pocos días o algo así?" La apariencia de su cara dejaba claro que no quería una cosa así; que Hermione pidiera que se le excusara de ir a clase era síntoma de la seriedad de la situación.
"No sé cuánto durará este aprieto," le dijo Dumbledore amablemente. "Es mejor tratar de pasar su tiempo como lo harían normalmente, o de la manera más parecida. Tendremos que cambiar sus horarios para asegurarnos de que pueden ir a todas las clases y para permitirles que aún así cumplan con sus respectivas obligaciones de Prefecto y Premio Anual."
"¿Dónde dormiremos?" demandó Draco. "¿Cómo vamos a usar el baño? ¿Dónde comeremos, por el amor de dios?"
"Me temo que no sería prudente cenar en la mesa de Slytherin," dijo Dumbledore, "así que tendrán que hacer sus comidas con los Gryffindors."
"Eso no es justo¡" dijo Draco malhumoradamente, pero sabía perfectamente que ningún Slytherin iba a encajar bien tener a Hermione en medio. Demonios, había muy pocos Slytherins que no la embrujarían simplemente por acercarse a la mesa, especialmente ahora que la guerra había aislado tan duramente a los Slytherin.
"Justo o no, es necesario," respondió Dumbledore. "En cuanto a dónde van a dormir… supongo que tendremos que remodelar una habitación de invitados."
"¿Hogwarts tiene habitaciones de invitados?" repitió Harry con sorpresa.
"Hogwarts tiene 67 habitaciones de invitados," dijo Hermione automáticamente.
"Entonces, por qué Beauxbatons y Durmstrang no se alojaron en el castillo?" preguntó Harry.
"Tradicionalmente nunca lo han hecho," explicó Hermione. "Estaban demasiado preocupados de que sabotearan o espiaran a sus campeones del torneo, y por eso permanecieron en los terrenos de fuera. Hogwarts hizo lo miso en Durmstrang o Beauxbatons. Ésa es una de las razones de por qué no usan Floo o se Aparecen en Hogsmeade y toman los carruajes del colegio para llegar hasta aquí, y de por qué no se molestan en hacer Trasladores; viajan en vehículos que también sirven de alojamiento. Cuando Hogwarts visita a una escuela, viaja en-"
"Sabes, Granger, no tienes que alardear de todo," la interrumpió Draco de malas maneras.
"Cállate, Malfoy-"
"Señorita Granger, señor Malfoy, por favor," interrumpió Dumbledore. "Hay habitaciones de invitados en la torre de Gryffindor-"
"¿Dónde?" interrumpió Harry.
"En un extremo de la chimenea, oculta tras uno de los tapices del león de Gryffindor," le dijo Hermione. "Todas las salas comunes las tienen."
"¿Pretende que me quede en la torre de Gryffindor?" demandó Draco agudamente.
"¿Pretende que se quede en la torre de Gryffindor?" repitió Harry, que parecía igual de desolado.
"¿Pretende que se quede en la torre de Gryffindor?" se quejó Hermione.
"¿Pretende que me quede en la torre de Gryffindor?" añadió Snape, tratando de luchar con la risa.
"Ciertamente, así lo quiero," dijo Dumbledore calmado. "No hay razón para ponerles en Hufflepuff o Ravenclaw, y Slytherin está fuera de la cuestión, dados los recientes acontecimientos. No creo que tampoco fuera sabio ponerles en cualquier otro lugar del castillo, y la mayoría de esas habitaciones no tienen cuartos de baño privados, de todas maneras. Ahora, ¿alguien ha visto la cadena?"
"No, no lo creo," dijo Harry. "Yo no pude verla hasta que Hermione se levantó, y eso fue después de que todo el mundo se hubiera ido."
"Entonces creo que sería conveniente mantenerlo en secreto. Si les preguntan, deberán decir a todo el mundo que les han obligado a pasar tiempo juntos como parte del castigo por… veamos, ¿cuál podría ser una buena excusa? Ah, lo sé –una elaborada y constante guerra de las bromas." Los ojos de Dumbledore centellearon mientras Hermione y Harry se ruborizaban y Draco rodaba sus ojos. Snape sonrió con suficiencia. "Un hechizo de invisibilidad en la cadena evitará que nadie la descubra… Severus, ¿podrías hacer los honores?"
Frunciendo el ceño, Snape se levantó y tocó la cadena con su varita. Parecía haberse desvanecido, pero tanto Hermione como Draco todavía podían sentir las esposas de metal rodeando sus muñecas.
"Ahora," dijo Dumbledore, "me temo que tengo asuntos urgentes que atender. Les recomiendo que caminen y se sienten tan juntos como puedan para que no estrangulen a nadie con la cadena. Señorita Granger, creo que puede enseñarle al señor Malfoy su nueva habitación… le diré a Dobby que la redecore y lleve sus cosas. La contraseña para la pared es 'amistad'. Dígasela al retrato de su puerta también, y luego cámbienla por una de su elección."
"¿'Amistad'? ¿No podríamos cambiarla por 'amor y conejitos?" murmuró Draco irritablemente.
"Vaya, esa es una idea excelente, señor Malfoy,"dijo Dumbledore, sonriendo benignamente. "Haré que la cambien antes de su llegada." Se pausó. "Una cosa más –Espero que usen esta oportunidad para dejar atrás… actuales sentimientos mútuos. Hagan un esfuerzo."
Nadie en la sala lo tomó en serio, probablemente ni siquiera Dumbledore.
"¿Amor y conejitos?" Buena elección, Malfoy," dijo Hermione maleducadamente, al tiempo que ella y Harry seguían a Snape por la habitación, Draco más a regañadientes.
"Oh, cállate, Granger," le espetó Draco mientras rodaban hacia abajo las escaleras de caracol.
"Oblígame, Malfoy," respondió Hermione.
"Si insistes…" Draco buscó su varita, sólo para mirar hacia arriba y encontrar la varita de Harry a dos pulgadas de separación del espacio que había entre sus ojos. Snape no se dio cuenta oportunamente, y ahora caminaba delante, hacia el vestíbulo, sin mirar atrás. Gruñendo, Draco separó la mano de su varita.
Harry, Hermione, Draco y Snape llegaron a la torre de Gryffindor y se detuvieron fuera del retrato de la Señora Gorda. "Estarán bien a partir de aquí, ¿verdad?" le preguntó Snape a Herione. "No creo que pueda soportar estar rodeado de tantos Gryffindor al mismo tiempo."
"Sí… Supongo que tendremos que… ah… espere… ya sabe…" dijo Hermione, tratando de encontrar las palabras adecuadas para transmitir su mensaje sin decirlo todo, pero diciéndolo.
"Sí, por supuesto… temporalmente," dijo Snape rápidamente. "Hasta luego, señorita Granger –se lo advierto, Draco, será mejor que se comporte."
Snape se fue camino del vestíbulo. Harry, Hermione y Draco lo vieron marchar, ninguno de ellos demasiado interesado en entrar en la sala común.
"Esto no parecerá demasiado raro," le murmuró sarcásticamente Hermione a Harry, mirando a Draco.
"Vosotros dos ir directamente a la habitación, yo le diré a todo el mundo lo que ha pasado –la mayor parte, al menos," le dijo Harry a ella, poniendo su brazo a su alrededor y dándole un apretón reconfortante en el hombro.
"No me des órdenes, Potter," dijo bruscamente Draco.
"Bien, Malfoy," dijo Harry, rodando los ojos. "Tú te quedas en la sala común y tienes una agradable y larga charla con todos tus Gryffindors favoritos, ¿qué tal asi?"
Draco le miró con furia pero no discutió. Los tres se giraron hacia la Señora Gorda.
"¿Contraseña?" dijo, dedicándole a Draco una mirada recelosa.
"Odiamos serpientes," dijo Hermione
"¿Qué demonios? ¿Qué tipo de contraseña es esa?" demandó Draco.
"Una que los Slytherin no serían capaces de averiguar," dijo Harry en tono neutro mientras la Señora Gorda se hacía a un lado.
Harry entró, luego Hermione y finalmente Draco. El silencio era mayor que cuando habían estado en el Gran Comedor durante el fiasco del hechizo de repetición de frase. No menos de treinta personas estaban sentadas en la sala común, y todos y cada uno de ellos se les quedaron mirando en shock, con la boca abierta.
"¿Qué?" dijo Draco desafiante.
Hermione tragó y se giró hacia Harry. "¿Es demasiado tarde para cortarle el brazo?" susurró.
Nota de la traductora: bueno, una aclaración… evidentemente, algunas cosas de la historia tienen más gracia en su versión original, pero intento traducirlas de la manera que mejor se adapten, ya que eso suele pasar con todos los idiomas y en todas las traducciones. Aclarar también que, cuando le dicen la contraseña a la señora gorda, "odiamos serpientes" aparece en español en la versión original. Estuve tentada a cambiarla al inglés, pero creo que es preferible aclararlo para que sepáis que la autora usó el español en este punto de la historia. Y nada más… como os he dicho –alguno ya lo ha averiguado- a partir de aquí el fic pega un giro importante y muy divertido. Espero colgar pronto el próximo capítulo. Un abrazo
