Capítulo 10: El baile (parte 1)

–¿Realmente crees que me vea bien con esto?

–oh vamos Aqua, tu y yo sabemos que ese color te queda de maravilla…

–Andra, yo sé que me queda de maravilla, todo me queda de maravilla, pero este color…

La princesa se veía al espejo con ese hermoso vestido blanco de encajes y varias capas. Estas brillaban con un tenue brillo plateado, haciéndole parecer que era polvo de diamantes, que de hecho así era. Cada borde diagonal del vestido se limitaba con un fino borde de hilo de plata y cada una caía elegantemente sobre otra, cubriendo sus blancas y bien formadas piernas. Su torso era cubierto por un bello torso blanco con ese mismo polvo que cubrían las telas inferiores. El escote en forma de corazón no revelaba muchos detalles, y su blanca piel era cubierta por finos guantes hasta el codo. Sus pies, aunque la falda no los dejara ver, eran unas hermosas zapatillas blancas de las mejores carnes que se podían conseguir, adornadas con el mismo polvo usado en su vestido. Su cabello estaba suelto y a pesar de que su rostro aun no era invadido por el maquillaje, lucía como una hermosa y fina dama.

Ladeo su cabeza, analizando mejor su atuendo. Sabía que lucía hermosa, que ninguna mujer luciría mejor que ella por más hermoso que sea su vestido o lo más fino que fueran sus materiales. Ni siquiera ninguna extravagancia o telares exóticos se compararían con ella. Solo había un problema…

–Sabes muy bien que odio el blanco–volteó a ver a su amiga, quien lucía con un atrevido vestido negro, si así se podía decir, pues la falda apenas cubría sus muslos y su escote dejaba mucho a desear. No tenía ningún adorno, pero por su escultural figura y su pálida piel, la hacía lucir igual de bella que ella. Su normalmente cabello lacio estaba ahora ondulado, y su rostro estaba siendo alterado por el maquillaje. Sus labios parecían rubíes, y sus anaranjados ojos resaltaban más con esas delicadas sombras negras y ese potente delineador negro la hacía lucir más misteriosa y hermosa a la vez. Con unos métodos que la princesa de Beneteash le pasó a su amiga, esta logró hacer que sus pestañas lucieran más largas y negras, haciendo ver sus ojos mucho más grandes de lo que ya eran. Sus pies eran calentados por esas enormes bestias de carnaza negra, que brillaban débilmente y de manera natural con la luz de las velas.

–Yo lo sé Aqua…–le contestó arreglando la pintura en sus labios en el espejo del tocador, para después ver a los amatistas–…pero, ¿Qué podemos hacer?, ya es la noche del baile…

–Odio que las costureras me hagan vestidos de este color…–dio un par de vueltas–…¡Y míralo!, parezco una princesita fina y delicada…

La rubia torció un poco los labios y colocó sus manos en su barbilla, analizando mejor el vestido. Después se dirigió al armario y empezó a buscar entre los ropajes de la noble, quien alzó la ceja.

–¿Qué haces?

–Busco…–movió un poco más entre las ropas y entonces sonrió–…esto…

Del armario, sacó un hermoso, elegante y sencillo vestido azul marino. La falda era larga y lisa, y no poseía ninguna clase de brillo. Tenía un escote en forma de "V", cubría su espalda y las mangas cubrían todo el brazo. Aqua se quedó perpleja al ver esto.

–Quítate ese vestidote…–le dijo.

La princesa le vio incrédula.

–¿Quieres que use eso?

–No…

–Pero…

–Tú hazlo.

Obedeció, volviendo a ponerse sus ropajes diarios. Observó como su amiga colocaba ambos vestidos sobre su cama y los analizaba. Después vio como tomaba unas tijeras así como aguja e hilo. La detuvo presintiendo lo que iba a pasar.

–¿Qué haces?

–Voy a hacerte ver sensual y elegante…–abrió y cerró las tijeras, alzando la ceja de manera astuta. Aqua le vio sorprendida.

–¿Sabes coser?

–Ash…–la chica rodó los ojos–…¡claro que se!, ¿Cómo crees que reparo mis prendas?

La princesa no replicó y soltó a su amiga, rezándole a los dioses que su amiga supiera lo que hacía. Pero muy dentro de ella, sabía que su amiga jamás la haría quedar en ridículo, y menos en un evento tan importante como ese, por lo que solo se sentó a ver como Andra cortaba y unía telas. La desesperación la llevó al punto de mejor concentrarse en dar vueltas por el dormitorio. No supo cuanto tiempo esperó hasta escuchar la voz de su dama con estas mágicas palabras:

–Esta listo…

Lo analizó inmediatamente, y sonrió al ver que usó el torso del vestido blanco, y le quitó varias capas de la falda, dejando unas cuantas transparentes y brillantes por encima de la falda azul marino, los cuales brillaban de tal manera que pareciera un cielo nocturno estrellado. Cortó un poco más el escote, colocándole aparte una tela azul que sirviera como borde. En su cama vio un listón, de seguro sería para ajustar o su cintura o su cabello. Sonrió al verlo y con ayuda de su amiga, se lo colocó, viéndose aún más radiante y hermosa de lo que se hubiese visto con cualquiera de los dos vestidos anteriores. Se dejó peinar y maquillar por su dama, y aunque su peinado no era tan complicado al recoger todo su cabello en una trenza que tomaba todo el contorno de su cabello para el final hacerle un pequeño chongo, se veía realmente hermosa y dejaba al descubierto todos los detalles del vestido. Sus labios se veían de un bello y suave rosa pastel y sus orbes morados brillaban con mayor resplandor ante las delicadas sombras azul cielo. Así mismo, lucían más espectaculares ante los delineados negros y el agrandamiento de pestañas que la rubia le hizo.

–Quedaste hermosa…

La chica dio un par de vueltas en el espejo, admirando su imagen.

–Lo se…–lo dijo con orgullo. La asesina rió un poco y se colocó en la cintura una cola de un color negro transparente, así como una chalina del mismo tono.

–Vamos princesa…–le dijo–…que ya es hora que conozcan lo que es la belleza…

La chica sonrió y salió con su amiga, haciendo sonar sus tacones por los amplios pasillos de piedra. Sabía que iba en serio lo de que conocerían su verdadera belleza, y les demostraría como luce una verdadera princesa.


Sacó esos dorados y brillantes tacones de la caja y los vio en silencio por unos momentos. Suspiró pesadamente, no creía que tendría que volver a vestirse con un enorme vestido y zapatos altos en una fiesta donde, para variar tendría, que bailar ante todos, como cuando fue su introducción a la sociedad.

No podía quejarse, fue una fiesta muy bella, con música y baile, pero no le gustó fue que su padre la tratara como si de un objeto se tratase.

"mi hija esto", "mi hija aquello", solo eso escuchaba al estar a su lado. Por otro lado, su madre solo les presumía a sus amigas que su hija ya había crecido y que se había vuelto en una bella jovencita, que aparte era una gran guerrera.

Por otro lado, Makao solo trataba de alejarse de algunas chicas que le hostigaban. Sabía que era tímido, pero no sabía que lo era tanto, por lo que se excusaba con tan ridículas situaciones que, para variar, ninguna de ellas le creía y le seguían fastidiando. Y, como si de la noche y la mañana se tratase, Togho estuvo tratando de conseguir con quien bailar toda la noche, pero la mayoría de las niñas estaban detrás de su hermano mayor.

Rió un poco al recordar eso último y como su hermano refunfuñaba ante la poca atención que las chicas le daban. Creyó que al hacer el vals con su hermana, haría que se fijaran, no solo en lo hermosa que su hermanita se había puesto, si no que conseguiría también una novia…

Rio al recordar su frustración ante los malos resultados de su búsqueda y como su hermano mayor se sentía alegre que todo eso terminara.

Levantó un poco la falda de su tinto vestido para colocarse sus zapatillas. Se levantó para dar un par de vueltas por la habitación para acostumbrarse a ellos. Al tener de vuelta su equilibrio, se colocó frente al espejo para admirar su imagen. No era el vestido más impactante, pero lucía bien en ella, y resaltaría al momento de bailar el vals con Marth. Su falda estaba hecha de varios pedazos de tela tinta con brillos de rubí que bajaban con gracia y delicadeza hacia el suelo, sin ninguna faldilla debajo que molestara sus piernas, cubriendo inclusive sus zapatos. A pesar de arrastrarla un poco por el piso, lograba caminar bien, e inclusive se formaba una muy pequeña cola detrás de ella. Su torso estaba cubierto por usa suave y uniforme tela tinta, sin ningún adorno y que se ajustaba a su delgada silueta. Su cintura resaltaba gracias a un enorme listón de hilo de oro que le abrazaba con gracia y delicadeza.

Soltó unas pinzas que atrapaban a su cabello, revelando unos hermosos rulos rojos con brillo dorado, cortesía de la dama a quien le compró unos cosméticos, prometiéndole que resaltarían el rojo de sus cabellos con unos muy tenues rayos dorados, haciéndole parecer un sol en medio de la noche. Se dirigió ahora a su cara, y usó un bálsamo que en cuanto tocó los labios de la chica, los hizo brillar con tal intensidad que parecían un par de gemas a la luz de la luna. Coloreó sus párpados con un tenue tono de marrón, que hacía resaltar aun más sus anaranjados orbes. Tiñó entonces sus pestañas con esa pintura que le prometía crecerlas y hacerlas ver más negras, así como delineó su lagrimal con un negro muy fino, que, al no estar acostumbrada a usar eso en los ojos, le hizo soltar un par de lágrimas. Para sorpresa de la chica, la pintura no se corrió. Delineó también su párpado exterior, dándole una bella, pero joven apariencia.

Se colocó con cuidado esos suaves guantes hechos de hilo de oro, bordeados al final con una hermosa tela que iba a la par con su vestido, y se colocó una gargantilla del mismo material con una enorme piedra negra, quien en cuanto tocó su piel, adquirió la tonalidad naranja de su mirar. Añadió aparte, una delgada cadena de ese metal precioso, de la cual colgaba un dije en forma de sol, con la misma piedra que llevaba en su garganta. Según la dueña del local, esos collares fueron creados con un tipo de oro especial, el cual brillaba cuando se acercaba a único tipo de plata, siendo que fueron encontrados juntos y se decía que quienes portaran ambos materiales, eran almas gemelas. La verdad no creía en esas cosas, solo lo compró porque Marth le dijo que se le veía bien encima y se ofreció a regalárselo. Era una muy buena oferta, ¿Por qué desperdiciarla?

Ahora ya estoy lista…

Escuchó entonces que tocaron en la puerta de su cuarto.

–Soy yo Ghya, ¿Estas lista?...

Reconoció esa masculina voz y abrió inmediatamente. Ante ella apareció el noble peli azul, pero tenía que admitir que ese nuevo traje negro resaltaba más sus ojos. Era de cuello alto y con bordes de plata, así como las hombreras que hacían parecer que tenía una espalda más ancha de lo que realmente tenía. A pesar de que su saco estaba cerrado, lograba divisar la blanca camisa de seda que portaba debajo de ese elegante, negro y liso traje. Sus botas eran de color azul marino, pero su tonalidad era tan fuerte que lograban confundirse con negro y era decorada por finos hilos de plata que amarraban el calzado. Atrapada entre sus hombreras estaba una capa que hacía un juego perfecto son su calzado. Hilos de plata bordaban en la capa el escudo de armas de su pueblo natal, así como unos hermosos zafiros azules que abrochaban la capa con las hombreras del príncipe. Sus guantes eran del mismo tono, y llevaba bordeado el final de los mismos con ese hilo de plata que le decoraba por todos lados. Su cabello lucía más arreglado de lo normal, estaba detrás de las orejas y ningún cabello estaba levantado, ni siquiera un pequeño flequillo que alcanzaba a tocar su frente se veía mal. Aún con la tiara de su hermana, su apariencia no dejaba de ser varonil.

–Vaya Marth…–la jinete se cruzó de brazos, admirando la nueva apariencia de su amigo–…que te cuesta verte así de bien todos los días…

El aludido rió y le ofreció el brazo a su amiga.

–vamos, ya es hora…

La chica sonrió y tomó el brazo del príncipe, dirigiéndose con él hacia el salón principal. Música inundaba el lugar y de vez en cuando era opacada unos momentos por aquel hombre que anunciaba la llegada de algún noble. Había una larga fila delante de ellos, deduciendo que eran los demás candidatos al tratado con Beneteasch. Vio a un hombre de cabellos plateados, acompañado de una mujer de cabellos largos y negros, vestida con un vestido morado, sus hombros con enormes picos, bordeados de un color plateado. No alcanzaba a ver el resto de los detalles del vestido, por lo que decidió observar a los demás. Vio también a un niño castaño, acompañado de una rubia con un pomposo vestido rosado. Otro de ellos tenía el cabello largo y blanco, su compañera parecía tener el cabello igual de largo pero completamente negro. Por último y delante de ellos, un hombre rubio obscuro era acompañado de una dama con un precioso y lacio cabello azul recogido en una media cola por un broche dorado con enormes diamantes, quien vestía un elegante pero un poco provocativo vestido amarillo.

Sintió muchos nervios al ver a tanta gente reunida en ese lugar y más aún cuando la fila empezó a avanzar lentamente tras las siguientes palabras:

–¡El príncipe de Pleguia, Robbie, y lady Tharja Black!...

Vio como la pareja era recibida por aplausos y como la gente les dejaba pasar, así como algunos que empezaban a murmurar, criticándolos.

Por eso odio estas fiestas…–suspiró pesadamente, tomando con fuerza el brazo del príncipe, sintiéndose ligeramente mareada por el olor de las velas que iluminaban con fuerzas el salón–…te juzgan en cuanto te ven…

–¡Lord Ricken y Lady Maribelle, representando a Ylisse!

Se le hizo realmente extraño que Chrom y Robin no representaran a Ylisse, por su mente pasó la vaga idea de que el gobernante de Ylisse estaba enfermo, o estaba a punto de ser padre. Vio como otros nobles ahogaban risas al ver que eran mucho más jóvenes que la mayoría de los presentes.

–¡Los príncipes de Chon'sin, Yen'fay y Say'ry!

Empezó a preocuparse cada vez que nombraban a un nuevo candidato, pues las posibilidades de ser los elegidos disminuían las posibilidades de ser ellos los elegidos para esa alianza con Beneteash.

–¡Representando a Dubhe, el general Magnus Ain, acompañado de la hermosa y joven señorita Luna!

Pudo notar entonces mejor los atuendos de la pareja: El vestido de ella llevaba un escote en la espalda hasta su cintura y un corte que se pegaba completamente a su cuerpo hasta las caderas, pero su falda era completamente amplia. No parecía poseer más adornos, pero aun así le hacían resaltar mucho. Sus zapatillas eran altas y brillantes, como los de ellas. El hombre rubio, por su parte, vestía un traje blanco de pies a cabeza con bordes dorados, así como una capa de un tono crema del mismo tipo de bordeado.

No se dio cuenta que era su turno, sus nervios y mareos aumentaron de una manera colosal, llegando a creer que devolvería sus alimentos ahí mismo, pero tuvo que resistir esa asquerosa sensación y sonreír de la mejor manera que podía hacerlo en su condición. Vio como Marth se acercaba al gordo hombre vestido de manera ostentosa con un traje y gorro morado con detalles negros.

–¡El príncipe de Altea Marth Lowell, y su acompañante Lady Ghya Rimmela Yuken!

Bajó al ritmo de Marth, solo para que también le dejaran pasar por la pista. No faltaron aquellos que criticaban su forma de vestir y caminar, así como su nombre o título, pero no era algo que le importara realmente, solo quería salir rápido de ese infierno. Sabía que no sería pronto, por lo que se concentró en no alejarse de Marth y prepararse para bailar.

Solo le rezo a Naga que sea rápido…


–¡Ike!, ¡ya deja eso!

El peli azul tuvo que dejar el pastelillo que estuvo a punto de morder por los regaños de su padre. Le molestaba verse rodeado de nobles que le criticaban por su simple apariencia. El parecía no encajar en ese tipo de eventos, por más arreglado que fuese. En esa ocasión vestía un pantalón negro, con un saco a juego. No lo tenía cerrado, todo lo contrario, dejaba ver su blanca camisa, abotonada hasta el cuello, no por su voluntad, si no por qué su padre le hizo hacerlo. Supuestamente debería tener cerrado el saco también, pero, al ver la cantidad de gente le permitió abrírselo para evitar un desmayo al joven. Las botas negras que utilizaba eran parecidas a las que usaba de manera diaria, solo que lucían una manera más elegante y eran menos pesadas que las anteriores. En su bolsillo del saco, llevaba una extraña rosa púrpura, misma que llevaban todos aquellos que trabajaban para los Exilion en ese baile. No llevaba su bandana, puesto que su padre le prohibió llevársela y le hizo peinarse de otra manera. Por cuestiones de tiempo y que no le gustaba verse tan diferente a como realmente era, solamente cepillo su cabello y se lo acomodó detrás de las orejas. No esperaba tener tanto cabello, pues su bandana siempre lo alzaba un poco para no estorbarle la frente y la vista. Volteó a ver a su padre, quien no lucía muy diferente a él, su traje era igual al de él, pero de color azul marino, así como sus botas, su saco, a pesar de estar cerrado lograba divisarse la camisa color crema que usaba y portaba la misma rosa púrpura que él. Otra diferencia entre el muchacho y el hombre, era que el último llevaba unas hebillas de plata con forma de E que prensaban sus mangas. Se cruzó de brazos, esperando que su padre no notara que él no las usaba.

Esto es aburrido…–suspiró pesadamente, cansado de no poder ver nada gracias a todos los presentes. La fiesta aun no comenzaba y ya empezaba a pasarla muy mal. Se estaba sofocando y no tenía ganas de bailar con nadie a pesar de que su padre le dio permiso de hacerlo, pues no veía a nadie que pareciera valer la pena, mejor dicho, que no le importara bailar con el mercenario, pues muchachas bonitas sobraban, pero él sabía que cualquiera lo rechazaría al ver quien era en realidad. Sentía que se quedaría sordo entre la música y los gritos de aquel hombre gordo que anunciaba a los invitados especiales del rey.

¿Estará Marth aquí?...

–¡El príncipe de Altea Marth Lowell, y su acompañante Lady Ghya Rimmela Yuken!

Eso responde mi pregunta…–aplaudió como los demás al ver descender a su amigo con esa chica pelirroja. Era de esperarse que los nobles a su alrededor empezaran a criticarles. Escuchó que le llamaban "afeminado" y que "de seguro ella era una burra mimada", la verdad es que normalmente les defendería, pero si hacía eso podía hacer que su padre quedara mal, por lo que solo tragarse sus comentarios y esperar a que ellos hicieran lo mismo alguna vez.

Vio entonces que el rey fue anunciado y se vio obligado a hacer una reverencia como todos los demás. Observó que portaba un elegante pero nada exagerado traje negro bordado de plata en mangas y piernas. Una larga capa blanca, tan fina como la nieve le cubría la espalda, siendo bordada con hilos de plata con su sello en el. Enormes gemas moradas se prensaban a las hombreras plateadas del monarca. Su traje revelaba una blanca camisa, así como sus botas y guantes, quienes tenían la misma clase de bordes que la capa. En su cabeza llevaba una simple corona de oro con los mismos amatistas que en sus ojos, así como unas perlas tan blancas que decoraban los picos de la misma. En su cintura, estaba amarrada una extraña espada con un cinturón de oro.

Con sus manos el monarca hizo que todos le prestaran atención.

–Bienvenidos sean todos al hermoso dieciochoavo cumpleaños de nuestra hermosa princesa…MI hermosa princesa…–fue interrumpido brevemente por aplausos de los invitados, los cuales callaron de inmediato al ver como el rey les pedía silencio nuevamente–…por favor, los aplausos para cuando reciban a la princesa. Esta noche nos acompañan, como pudieron notar, representantes de diversas partes del mundo, quienes compiten por un tratado especial con Beneteash, estos son... –de su saco sacó un pergamino con los nombres–…¡Pleguia!... –aplausos inundaron el salón, Ike empezó a hartarse del sonido y a marearse de todos esos "excéntricos" perfumes típicos de Beneteash a los que aun no estaba acostumbrado. Se sentó unos momentos en el piso, agradeciendo que nadie le veía. Quería alejarse de todo, pero sabía que si salía su padre lo seguiría y le presionaría a sacarle la verdad, por lo que decidió quedarse así hasta que los mareos desapareciean o su nariz se acostumbrara al nuevo aroma.

–¡…Aqua Aria Exilion…!–no supo cuanto tiempo pasó hasta que escuchó nuevamente, colocándose de pie de inmediato, justo a tiempo para ver a esa hermosa mujer de ojos amatistas y un precioso vestido sencillo pero elegante, que hacia resaltar su perfecta figura y bellísimo rostro. Algo le decía que no eran los efectos del maquillaje y que por más mínimo que fuera lo que ella portara, solo la hacía resaltar aun mas que los demás. No pudo evitar sonreír y sonrojarse, no pudiendo creer no fuera un ser divino, poco importaba quien fuera la rubia que la acompañaba, Ike solo podía poner toda la atención a esa chica de divinos ojos. No alcanzó a ver a donde se dirigía, puesto que la gente se juntó aun más para admirar su belleza.

–¡Bien, dejemos que nuestra querida homenajeada disfrute de los bailes que nuestros invitados le tienen preparado!

Lo que le faltaba, aun tendría que esperar para invitar a esa belleza a bailar y poder pasar con ella, ¿Quién era?, de seguro alguien muy importante para sentarse junto a él, pero sonrojó al recordar como ella le sonrió al verlo, por lo que supo que tendría una oportunidad y no la iba a desperdiciar.


Volví \:v/

Lamento haber tardado tanto x.x pero no sabía ni como hacerle puesto que es un capítulo largo n.n' tanto así que lo partiré, aun no se en cuantas partes, tal vez no muchas, pero igual espero les guste.

PINKDIAMOND4000: /:v/ yay eso me alegra uwu xD eso fue genial :B xD esa idea surgió de Selena uwu fue buena la verdad :v xD cierto :v! xD si uwu Andra siendo Andra :v! xD eso fue genial :v un poco uwu pero como toda la vida ella a sido así con el por eso no le reprocha (otra cosa es Cornelius verdad .-. bueno :v ) xD Aspros siendo Aspros (?) oh si uwu se la quitaran :v no te lo dire uwu

AngelTerra133: xD ntp uwu no me molesta que dejes reviews en anónimo uwu xD me ha pasado :v tuve buena maestra en la clase de "Intrepetar a Aspros" uwu si tu :v uwu me alegra mucho que te haya gustado ;w; en serio uwu espero que este también te haya gustado y que siga haciendo bien a Aspros xD somos dos :v/ ok no, de la ventana no pero si de un puente :B tengo problemas .-. ya pronto pronto uwu xD si, cera morado :B tal vez tal vez uwu

Les invito a dejar review y a leer mis otras historias.

Nos leemos :D