De Amor a Beso de Traición
Capitulo 11
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"Ardiendo"
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Altaïr cruzó las puertas del vestíbulo con la mirada fija al frente, sin ver nada realmente, nada le interesaba, ya nada tenía importancia… excepto una cosa. La luz era dorada al reflejarse en los gastados pero duros y fríos ladrillos de piedra, sin embargo para él brillaba tan gris y opaca como si de un día nublado y lluvioso se tratase; así se sentía desde que supo la verdad que había tenido oculta ante sus ojos, y así seguiría sintiéndose hasta que lograra encontrar algo que le devolviera al menos un poco de paz interior. Cosa que por otra parte dudaba.
Los guardianes le miraban con sumo respeto cuando pasaba a su lado, inclinándose con una reverencia, tal como hacían siempre; sin embargo, aunque ninguno expresara sus pensamientos en voz alta todos pensaban lo mismo. Antes se había admirado a Altaïr ya no sólo por su gran talento, cosa innegable, era una leyenda viva no sólo por haber sido el único en toda la historia de la Hermandad en lograr el rango de Maestro Assassin a una edad muy joven; sino por haber descubierto la conspiración Templaria y haber no dado muerte a los nueve miembros más importantes de su orden y por haber librado a la Hermandad de la gran mentira que el traidor Al Mualim había tejido en sus mentes durante años, haciéndolos por fin libres.
Antes se le había respetado por eso, si, y toda la ciudad estaba de acuerdo en que no había ni habría nadie mejor para sentarse en el "trono" de Masyaf y asumir el liderazgo de los Assassins, por eso habían estado tan contentos cuando Altaïr se convirtió en Gran Maestre.
Sin embargo ahora se le respetaba incluso más que antes si era posible, ya no se le temía ni se le consideraba un hombre afortunado y talentoso; ahora había ascendido a la categoría de "elegido de los Dioses" por haber burlado a la muerte ya no solo una vez, sino dos, y haber regresado con vida y a salvo para proteger la ciudad y a la Hermandad…
Altaïr, el Águila de Masyaf, era querido, respetado y admirado por su pueblo.
Tal vez eso hubiera podido traerle un poco de felicidad en otros tiempos, cuando su orgullo era tan grande como el camino que el sol recorría del alba al crepúsculo… pero no ahora.
Ya no.
No ahora que había sido traicionado tan profundamente que sus sentimientos habían sido arrancados de su pecho… Dioses, pensaba Altaïr para sí mismo cada vez con más frecuencia, el dolor era casi lo menos importante, ya había dejado de auto compadecerse y llorar de frustración y rabia… no, eso ya no le quitaba el sueño; el veneno que corría por sus venas era mucho más poderoso que la pena.
Altaïr subió las escaleras a paso rápido en dirección a su escritorio donde, como cada día, se sentaba a escuchar los informes de los Assassins y planeaba nuevos ataques y marcaba objetivos dando órdenes a los todos los Assassins de Masyaf y de toda Tierra Santa, cosa que le mantenía ocupado y distraído mientras podía. Por eso se había volcado en el trabajo olvidando todo lo demás. Ese hecho preocupaba a Malik y María casi tanto como el dolor y el resentimiento que Altaïr les profesaba en esos momentos, partiéndoles el corazón.
Pero a Altaïr no le importaba, ya no le importaba nada.
Y todos lo habían notado, el cambio había sido demasiado radical incluso para él… en la aldea se comentaba por la plaza, o en el mercado; hasta que llegó un punto en que se volvió insoportable.
Malik subía de las caballerizas fuera de la ciudad en dirección a la fortaleza, cuando de nuevo escuchó los interminables comentarios de la gente, irritándolo y preocupándolo más que nada.
−Pero Ygrira –decía una mujer que transportaba dos pesados cantaros de agua de la fuente –, no esperarías que reaccionara de otro modo ¿verdad? al fin y al cabo es hombre…
La otra mujer, más joven y con una cesta de dátiles bajo el hombro bufó, molesta.
− ¿No lo dije yo? –inquirió retóricamente a la otra –Esa Inglesa es una maldición de Ala… les ha destruido la vida no sólo al Maestro Altaïr, sino también al Maestro Malik, ¡Yala Ala… arda en el infierno esa maldita!
− ¡No blasfemes niña! –exclamó la mujer más mayor –Pero tienes razón… Ala le dará su castigo, ya que el Maestro Altaïr no tiene valor para hacer lo que debe…
Eso pareció indignar a la chica, Ygrira, que miró escandalizada a la mujer más vieja; y no sólo a ella, porque Malik tensó la mandíbula al escuchar como hablaban de asuntos, que nada tenían de triviales, con la felicidad y ligereza de quien habla de las cosechas o de las compras del día… estúpidas.
Se acercó lentamente, escuchando.
− ¡Yala tía Falika, no blasfemes tú ahora! –dijo finalmente la joven –El Maestro Altaïr no merece tus palabras.
−No digo tal cosa niña –continuó la otra –, pero al Maestro Al Mualim no le hubiera temblado el pulso para empuñar una espada y hacer correr la sangre…
Malik palideció.
Sabía bien que la mujer tenía razón, mucha razón, demasiada. Si de Al Mualim se tratase en vez de Altaïr, no hubiera dudado ni un minuto en cortarle a él la cabeza por traición, mientras que a María la hubieran lapidado por ramera. Si pudo apuñalar a Altaïr que era su mejor asesino sin titubear, no le temblaría la mano al hacer justicia con ellos… por eso Malik tragó saliva alegrándose internamente de que Al Mualim estuviese muerto y enterrado.
Sin embargo eso ya era demasiado, no podía permitir que esas mujeres insinuaran que Altaïr no tenía valor para matarlos, por Ala ¡no es que le faltara el valor, es que tenía cordura! cosa de la que Al Mualim carecía por completo… así que decidió que esa situación se terminaba ahí.
Decidió intervenir y cortarlo ya de una buena vez.
− ¿Qué decís tía? –dudó la chica Ygrira.
−Digo que el deber de un marido… –comenzó la mujer mayor antes de ser interrumpida.
− ¡Bueno ya es suficiente! –dijo Malik, irritado.
Ambas mujeres palidecieron y se quedaron mudas de vergüenza, casi soltando los cantaros y las cestas que llevaban en las manos, pero eso no detuvo a Malik, cuya paciencia se había agotado.
−Ma…maestro Malik, mi señor –comenzó a disculparse la chica joven inclinando la cabeza –, nosotras no…
−Silencio, mujer –ordenó Malik, sin prestarle atención a sus disculpas vacías –; no me interesan vuestras excusas.
La joven se ruborizó, bajando la cabeza y enmudeció sin saber que replicar, por lo que su tía continuó con la disculpa.
−Mi señor, nosotras sólo… –continuó la mujer mayor.
−Ata tu lengua antes de calumniar con tus intrigas mujer –dijo Malik sin compasión, cansado –, no quieras que tus palabras lleguen a oídos del Maestro…
Eso aterrorizó a las dos mujeres, que se inclinaron más profundamente, pasando del pálido al rojo en un momento, avergonzadas.
−Por favor mi señor –dijeron ellas –os lo rogamos, Ala es testigo de que no…
−Suficiente –cortó Malik, negando con la cabeza.
Ellas se callaron y le miraron, esperando una sentencia de castigo o algo peor, sin embargo Malik no dudó al responder.
−No quiero oír que se hable más de este tema, ni vosotras, ni nadie –dijo Malik claramente mirándolas a los ojos − ¿He hablado con claridad?
Ambas asintieron rápidamente.
−Claro como el día mi señor –respondió la joven.
−Veremos –cortó Malik de nuevo, y se dio la vuelta ignorándolas.
Salió de la plaza siendo observado por los aldeanos que habían presenciado toda la escena, atónitos, pero sin importarle realmente, ya era hora de que cesaran esos rumores estúpidos sobre Altaïr, María y él, ya era la hora de que Altaïr tomara cartas en el asunto por muy resentido que estuviese; no podían permitir que se pusiera en duda su honor y siguieran hablando de ellos tres con esas libertades… esto se tenía que terminar, así que debía hablar con él y sin tardar.
Desde que Altaïr había entrado por aquella puerta ese día y les había visto a María y a él haciendo el amor, los corazones de los tres se habían roto.
Malik no era estúpido.
Lo sabía bien… sus miradas, las de los tres, los habían delatado.
María podía quererle, eso no lo dudaba ni un instante; pero amaba más a Altaïr de lo que podría amarlo nunca a él. Ciertamente no es que le supusiera un gran dolor conocer esa verdad pues siempre lo había sabido, y a quien quería engañar… para él también era así, estaban en la misma situación. Malik amaba a Altaïr más de lo que su mente consciente e inconsciente podía controlar; una clase de amor que por María no había sentido ni sentiría nunca. La quería, por supuesto. ¿La amaba? sí. Pero ¿sentir ese amor que le rompía el alma con una sola mirada? no, no lo sentía, y lo sabían… los dos.
Por eso María y él habían llegado a quererse tanto, porque eran almas gemelas que se comprendían, apoyaban y daban amor mutuamente… y por eso les había destruido por dentro la llegada de Altaïr.
Había hecho que los sentimientos que ambos tenían por Altaïr, María y él, resurgieran como un ave fénix de sus cenizas con más fuerza que nunca, dándoles una bofetada en la cara cuando Altaïr dijo las palabras que más les podían haber dolido a ambos: "…no volváis a acercaros a mi nunca…" les había destruido.
Y ahora además estaba Aurîl.
El niño era hijo de Altaïr, pero eso no lo sabía nadie excepto María y él; y luego de cómo había reaccionado Altaïr, echándolos de su vida casi por completo, odiándolos y sumiéndose en su dolor y su soledad… era casi imposible que aceptara la posibilidad de querer a ese niño en su vida.
Aún así tenía que hablar con él de tanto… quería aclarar tantas cosas, confesarle lo que había pasado, cuánto le había añorado, cuánto le quería y sabía que era muy posible que Altaïr ni le escuchara; pero debía intentarlo al menos…
Asintiendo para sí mismo en un intento por darse valor Malik tragó saliva y se dirigió a la fortaleza a paso rápido.
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Altaïr jugó con el cuchillo en su mano y la vista perdida en la nada, pensativo.
Había pasado un mes desde que había vuelto a Masyaf, el mes más horrible de su existencia, los treinta días más horribles que podía recordar desde que tenía uso de razón; y eso que había estado en situaciones muy malas antes… ¿y que eran la muerte, la esclavitud, el dolor físico, el cansancio comparados con el dolor de ser traicionado por las dos personas que mas amaba?
Nada.
Viento, aire, polvo… no eran nada en comparación.
Sin embargo ya le daba igual todo, ser traicionado incluido, hasta podía reírse de la ironía de la situación con amarga crueldad, con humor negro casi. Él no era de las personas propensas al humor, pero la gente cambia después de todo, o eso es lo que se decía al menos en situaciones como esas… ¿Qué le importaba que su mejor amigo, su hermano, el hombre que había amado en toda su vida más que a su propia existencia, le hubiera robado a la mujer con la que había decidido casarse y formar una familia? ¡bah! tonterías… que lo disfrutara.
Que lo disfrutaran ambos.
Ahora él tenía la libertad de antaño, y podría volver a sentir la sangre correr por sus manos mientras volaba como un águila.
¿A quien quería engañar?
Rió en voz alta.
Dolía. ¡Dolía como el infierno! ¡Dolía hasta ser insoportable! No quería verlos, no quería volver a ver sus malditas caras nunca jamás; ni los ojos grises negruzcos de Malik ni la sonrisa pícara de María… ¡no!
No más.
Se puso en pie de golpe y lanzó el cuchillo con furia y rabia hacia delante sin percatarse de que había llegado alguien tan concentrado en sus pensamientos como estaba, quedando el cuchillo clavado en la gruesa columna frente a él, haciendo una brecha en la pulida y gastada madera, y la persona a la que menos deseaba y esperaba ver en ese momento con un tajo en la cara y la sangre resbalando por su mejilla. Altaïr respiró con fuerza aun con la boca abierta por la furia de antes, frunciendo el ceño de golpe e intentando serenarse.
Malik no hizo nada, ni se inmutó por la sangre que bañaba su cara; tenía los ojos preocupados y angustiados clavados en Altaïr, que ahora andaba de un lado a otro detrás del escritorio sin mirarle, impaciente por algo, hasta que finalmente se detuvo con brusquedad clavando sus ojos miel claro en los suyos, haciendo que tragara saliva sin saber a qué atenerse ni cómo reaccionaría.
Altaïr apoyó ambas manos sobre la mesa del escritorio recargando todo el peso de sus hombros sobre ellas, mirándolo sin relajar la postura, como un depredador a punto de saltar sobre su presa.
− ¿Qué quieres? –preguntó finalmente Altaïr rudamente.
Malik no titubeó al responder, había llegado el momento de poner las cartas sobre la mesa.
−Tenemos que hablar Altaïr –dijo finalmente.
Altaïr bufó sin cambiar la expresión de su rostro ni un ápice.
−Entre nosotros ya está todo hablado "hermano" –respondió Altaïr, tensando ligeramente la mandíbula –; no tenemos nada que hablar.
Malik vio que se estaba tratando de contener por algo que estaba deseando decirle, gritarle tal vez, pero no dijo nada; por lo que Malik insistió conociendo de sobra la cabezonería de Altaïr en cuestiones en las que su orgullo estaba en juego o en las que pudiera mostrarse a sí mismo vulnerable.
− ¿Por qué eres tan estúpido Altaïr? –cuestionó Malik impacientemente –ni siquiera sabes lo que tengo que decir, ni si es algo importante, y ya estás dándolo todo por sentado…
Altaïr le miró incrédulo frunciendo más profundamente el ceño y arrugando un poco los labios, mordiéndose la lengua para no explotar.
− ¿Qué yo…? –repitió Altaïr, pero se detuvo a si mismo respirando profundamente –vete Malik, ahora.
Malik fue el irritado ahora.
Frunció el ceño dándose la vuelta para irse, molesto por la estúpida arrogancia e intransigencia de Altaïr, sin embargo cuando hubo dado tres pasos en dirección a las escaleras cambió de opinión. No, no podía irse así sin más, ya habían retrasado esa conversación demasiado tiempo; si tenían que acabar a golpes, que así fuera… pero desde luego no se iba a acobardar e irse como un perrito con el rabo entre las patas, ya no más, no esta vez.
Se volvió de nuevo hacia Altaïr encarándolo, quien al ver que no se iba le miró con la irritación reflejada en su cara, sin disimularla ya.
−He dicho que te vayas Malik –repitió Altaïr más autoritariamente –, no quiero hablar contigo.
Pero Malik en vez de alejarse se acercó.
−Y yo he dicho que tengo que hablar contigo ahora Altaïr –insistió Malik firmemente.
Altaïr entonces dio un golpe en la mesa con ambas manos, frustrado y enfadado.
− ¡Lárgate! –ordenó.
− ¡No! –gritó Malik acercándose todavía más.
Malik cruzó los dos pasos de distancia que lo separaban del escritorio, intentando hacerle escuchar aunque fuera al menos una explicación de todo lo que había pasado, pero Altaïr dio un salto hacia delante pasando ambas piernas por encima de la mesa, colocándose entre Malik y el escritorio, quedando a escasos centímetros; entonces Altaïr tomó con ambas manos la túnica de Malik sujetándolo con fuerza, cerrando los puños igual que aquella vez antes de irse a Chipre.
Cuánto deseaba Altaïr retroceder el tiempo y poder volver a ese día, cuando los dos eran más felices…
Sin embargo, a diferencia de entonces, esta vez Malik sí que reaccionó, repitió el gesto de Altaïr y le sujetó con la mano, cerrando el puño sobre su túnica, empujándose mutuamente, hasta que Altaïr chocó con el escritorio quedando apoyado sobre él. Sin embargo ninguno de los dos redujo la fuerza del agarre, mirándose a los ojos intensamente sin querer ceder ninguno de los dos.
−Que- te - lar- ges –repitió Altaïr temblando, no sabía si de ira o de rabia o de qué con exactitud.
−No me pienso ir –insistió Malik, sin aflojar.
Entonces Altaïr le soltó bruscamente, respirando con ira contenida, comenzando a andar de un lado para otro de nuevo, mientras Malik se colocaba la túnica y le miraba con el ceño fruncido.
− ¡Idiota testarudo! –exclamó frustrado Altaïr, deteniéndose.
− ¡Estúpido arrogante! –respondió Malik sin dejarse vencer.
Entonces Altaïr cruzó los tres pasos que los separaban y tomando a Malik de la túnica le atrajo hacia sí con fuerza, uniendo sus labios y dejándole atónito.
Malik se quedó con los ojos como platos, entreabrió los labios por la sorpresa y soltó un jadeo de incredulidad, momento que Altaïr aprovechó para profundizar el beso con los ojos cerrados y el pulso acelerado; dominando un beso al que Malik no había respondido por el asombro y la perplejidad, pero al cual estaba comenzando a responder intensamente, haciendo que Altaïr se sintiera flotar. Entonces Malik jadeó entre sus labios pasando la mano por detrás del brazo de Altaïr, subiéndola por su nuca hasta que llegó su capucha, que bajó de un tirón mientras ambos luchaban una batalla por dominar el beso sin dejarse vencer, uniendo sus lenguas y recorriendo sus bocas apasionadamente…
Siguieron besándose intensamente hasta que el aire les faltó y Altaïr se separó rompiendo el beso, provocando un gemido de Malik por la repentina separación y un suspiro ronco y bajo salir de su propia garganta, deseando más… un hilillo de saliva unía sus labios y Altaïr se lo relamió mientras se mordía el labio inferior cerrando los ojos con sufrimiento y tragando saliva.
−Dioses… aún con todo te sigo queriendo… –murmuró Altaïr para sí mismo sin saber si Malik le había oído o no.
Sin embargo al alzar la cabeza para clavar su mirada en la de Malik y comprobar si realmente había escuchado sus palabras, vio que Malik tenía los ojos acuosos y le miraba intensamente, como perforándole con una lanza. No pudo sostenerle la mirada, dolía demasiado.
−Vete –dijo Altaïr sin mirarle.
Malik no se movió.
−Eres un idiota Altaïr… –dijo Malik frunciendo el ceño –sigues sin entender nada…
Altaïr se volvió dispuesto a golpearle y borrar esa mirada de su rostro que le estaba matando, sin embargo antes de que pudiera hacer nada, Malik continuó.
− ¿Recuerdas el día antes de irte a Chipre? –dijo Malik, acercándose.
Altaïr lo recordaba perfectamente.
Fue el día en que estuvieron en una situación muy similar a esa, ambos en ese mismo despacho, ambos discutiendo, y ambos terminado muy juntos, a punto de besarse… sin embargo lo que debería haber sucedido ese día, no había sucedido, habían levantado una muralla entre ellos que lo había ocasionado todo. Todo lo que había pasado comenzó aquel día. Y ahí estaban ahora, en la misma situación, pero habiéndose dado el beso que deberían haberse dado hacía tanto.
Sin embargo a pesar de recordarlo perfectamente, Altaïr no hizo nada, no asintió ni se movió. Estaba confundido. No entendía por qué Malik había hecho lo que había hecho ni por qué le había traicionado.
Al ver que Altaïr no iba a responder, Malik continuó.
−Ese día me dijiste que sabías la razón de por qué yo me comportaba extraño contigo –continuó Malik mirándole fijamente –y que no ibas a ser tu quien me lo dijera… ¿lo recuerdas?
Altaïr le miró de mala gana, con el ceño fruncido por el dolor.
Oh… por supuesto que lo recordaba.
−Si me hubieras dicho lo que pasaba entonces –dijo Malik dolido acercándose hasta estar a apenas un paso de distancia –nada de esto hubiera sucedido…
Sin embargo esas palabras fueron la gota que colmó el vaso de la paciencia de Altaïr.
Eso ya era demasiado.
¿Cómo por los Dioses se atrevía Malik a echarle algo en cara a él? ¿Con qué cara tenía el valor de decirle que todo había sucedido por culpa suya? ¡Esto era increíble! Altaïr no podía creer lo que sus oídos estaban escuchando, era el colmo…
− ¡Qué! –gritó Altaïr incrédulo, volviéndose hacia él con rabia − ¿¡Qué has dicho!
− ¿Por qué me has besado? –insistió Malik sin responder.
Pero Altaïr le ignoró, furioso.
− ¡Responde! –gritó Altaïr negando con la cabeza sin creer lo que estaba pasando.
− ¡No! ¡Responde tú Altaïr! –gritó Malik, también enfadado ahora − ¿¡Por qué me has besado! ¡Sabes la respuesta! lo sabes…
Altaïr ya no pudo más.
Cerró la mano en un puño y le golpeó, ladeando el rostro de Malik por la fuerza del puñetazo; sin embargo esta vez Malik no retrocedió sino que le encaró, devolviendo el golpe y rompiéndole el labio a Altaïr por la fuerza contenida, que estaba reprimiendo luego de tanto tiempo sufriendo por él… no, ninguno estaba dispuesto a ceder, y la tensión parecía a punto de explotar entre los dos.
− ¡Maldito hijo de puta! –gritó Altaïr - ¿¡Si sabías que estaba enamorado de ti por qué te acostaste con María!
Malik le miró con el ceño fruncido y la sangre cayendo por su mejilla, manchando su túnica sin importarle.
− ¡¿Y por qué tú no me dijiste entonces que me querías, maldito idiota? –gritó Malik, frustrado y dolido − ¡Si hubiera sabido que me amabas habría removido cielo tierra para encontrarte!
Altaïr rió divertido al escuchar las palabras de Malik, sin poder creer que la situación se hubiera vuelto tan morbosa e irónicamente retorcida, negando con la cabeza y escupiendo sangre.
−Ya lo veo –dijo Altaïr sarcásticamente, mordaz –, removiste cielo y tierra, sí, ¡para robarme a la única mujer que me ha querido!
Malik negó con la cabeza, cansado.
−Ni aun ahora puedes dejar de ser un arrogante egocéntrico… no te importa lo que María o yo pudimos haber sufrido –escupió Malik dolido − ¡Siempre eres tú! ¡Tú, tú y tú!
Altaïr estaba a punto de explotar… y la frase de Malik fue el detonante.
¿Egoísta? ¿Le había llamado egoísta?
Altaïr se lanzó con todas sus fuerzas sobre Malik, derribándolo, tirándolo al suelo y quedando encima de él; comenzando a dar puñetazos con toda su fuerza… desahogando toda la rabia y frustración que sentía sobre Malik… uno, otro, otro, otro y otro más; no le importaba nada, ni la sangre que le salpicaba, ni la piel de sus nudillos que le levantaba, ni el dolor que sentía, ni las lagrimas que se acumulaban en sus ojos pidiendo a gritos ser liberadas…
¿Cómo se atrevía? ¿¡Cómo! Después de todo lo que había pasado, de todo el desprecio que había soportado por su parte tras la muerte de Kadar, después de todos los sacrificios que tuvo que hacer para volver a ganarse el afecto y la confianza de la gente de Masyaf y de la Hermandad, después de todo eso ¿aun tenía el valor de llamarle egoísta?
Finalmente Altaïr reaccionó cuando un gritó lo sacó de sus pensamientos, dejando de golpear a Malik, alzando la cabeza para ver quién era, encontrarse de frente con ella.
− ¡Para Altaïr! –gritó María alarmada − ¡Déjalo!
Altaïr apartó la mirada de ella y miró a Malik, que tenía el rostro hecho una piltrafa entre la sangre del corte, los ojos hinchados por los golpes, y la sangre de la ceja que se le había partido por la paliza que acababa de propinarle; quizá se había excedido… pero lo merecía. No obstante, su corazón dolió como el infierno cuando se agachó para susurrar unas palabras al oído de Malik.
Malik escuchó con atención, a pesar del dolor.
−Quizá la única forma de dejar de amarte es que muera uno de los dos… –dijo Altaïr respirando agitadamente –y créeme que no te he matado ahora… por el hijo que has tenido con ella… y porque por desgracia de los Dioses yo sí que te sigo amando… –continuó susurrando en su oído –pero nunca vuelvas a hablarme de amor… o terminare lo que he empezado…
Entonces Altaïr se puso en pie tambaleándose un poco y aun respirando con dificultad, clavando su mirada intensa y acusadora en ella.
María se quedó en pie en medio de la pequeña alfombra, mirándole con desesperación, deseando abrazarle y pegarle un puñetazo por lo que acababa de hacer, todo al mismo tiempo; sin embargo Altaïr no le dio oportunidad de hacer ninguna de las cosas que tenía en mente ya que se acercó a ella y se detuvo a su lado, rozando su brazo con el de ella y mirando al frente, a la pared sur de la fortaleza, al igual que ella, que hizo lo propio con la ventana del norte, que daba a la aldea.
Lo deseaba tanto… meses añorando ese tacto, ese abrazo, ese cálido aliento susurrando palabras irritantes a su lado… aspiró con fuerza, quedándose con su aroma tan característico, amándolo con desesperación, y entonces cerró los ojos, imaginando que todo era una pesadilla y nada de eso había sucedido. Pero las palabras de Altaïr la sacaron de su ensoñación.
−Altaïr… –comenzó ella, pero él no la dejó.
−Puedes guardarte tus palabras vacías para la cama de otro –dijo Altaïr sin mirarla, dejándola atónita –, ya has demostrado lo que vale tu amor…
María iba a responder, sin embargo Altaïr dio un roce brusco haciéndola a un lado y saliendo de allí bajando por las escaleras, dejándolos solos a Malik y a ella.
Malik se había levantado con lentitud, llevándose la mano a las costillas como si le doliera algo allí, quizá y muy probablemente se hubiera hecho daño por el empujón que le había echo caer tan bruscamente al suelo, sin importarle la sangre o los cortes que en ese momento tenía en la cara. María corrió hasta él, mirándolo horrorizada mientras apoyaba las manos en los hombros de su prometido, obligándolo a sentarse en la mesa del escritorio tras él, negando con la cabeza con ganas de gritar.
−Dios santo… ¿qué te ha hecho? –dudó María sacándose el fajín para taponar la sangre de la herida de Malik − ¿tienes algo más herido?
−No –respondió Malik secamente –a parte de mi orgullo y de mi corazón, claro –pensó Malik.
María lo dudó seriamente, pero conociendo el orgullo de Malik que nada tenía que envidiar a la arrogancia de Altaïr, decidió no insistir.
−Al menos deja que los curanderos te cosan la herida o se infectará –dijo ella seriamente.
Malik negó con la cabeza, irritado y cansado mientras ella le limpiaba un poco la sangre de la cara con escaso éxito.
−Estoy bien María –dijo él suspirando –, iré más tarde ¿de acuerdo? ahora sólo quiero estar solo y pensar…
María lo entendió.
Como siempre Altaïr era un tema vetado con Malik, no podía mencionar el incidente de que era lo que había pasado entre ellos en el pasado o intentar averiguar sobre ello sin que Malik cambiara súbitamente de conversación, dejándola con la más absoluta frustración y curiosidad… tal como ahora. Sabía que Altaïr era muy temperamental, pero jamás había herido a las personas que le eran cercanas o queridas; algo muy fuerte había tenido que pasar entre ellos para que Altaïr hubiera reaccionado de esa forma tan violenta.
Es más, María no sabía qué hubiera pasado si no hubiera llegado en ese momento… ¿Habría sido Altaïr capaz de matarlo?
No.
¿Verdad?
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La mañana llegó fría y helada con los primeros rayos de sol, rosas y azules brillantes.
Ciertamente Masyaf despertó llena de actividad ese día, más que nunca podría decirse. Las mujeres salían a la plaza a llenar sus vasijas y a lavar sus ropas, a comprar la comida, a charlas con las vecinas de la aldea… mientras que los hombres se iban o bien a la fortaleza, o a cuidar los caballos o cualquier cosa… que no los alejara de la ciudad ese día, no precisamente hoy, pues los rumores de que algo muy fuerte había sucedido en la fortaleza ya corrían por las calles tan veloces como el viento.
Nadie sabía nada con certeza, pero lo cierto es que los guardias que estaban en el piso de abajo habían oído gritos entre el Gran Maestre Altaïr y el Maestro Malik; y luego de eso el rostro de Malik estaba golpeado y había tenido que ser atendido en las casas de curación. No sabían que había pasado, pero era más que obvio.
Seguro que el tema de conversación y discusión entre ellos había sido esa Inglesa del demonio… maldita infiel y maldita la hora en que pisó ese lugar, pensaban los aldeanos.
Sin embargo ninguno de los Assassins que estaban en la fortaleza habían podido decir nada, puesto que tenían un voto de silencio para la Hermandad, y traicionarlo hubiera supuesto un castigo por parte de Altaïr… a quien todos sabían de sobra que era mejor tener como amigo y aliado que como enemigo, y no deseaban ser castigados por él. Por eso esa mañana cuando se supo en la aldea de que el mensajero de la fortaleza había convocado a los Assassins, novicios e informantes que estuvieran presentes en la aldea para una reunión en la fortaleza, los rumores se dispararon.
¿Qué pasaba? ¿Cuál era el tema de la reunión? ¿Por qué tan repentinamente?
Algo gordo se estaba cociendo en esa fortaleza… y toda la aldea quería saberlo, por lo que la mañana pasó más ajetreada y más rápido que nunca. Y así pasaron las horas, desde el alba hasta el mediodía, y del mediodía a media tarde, cuando por fin los asesinos iban a reunirse; todos se morían de curiosidad y nadie se molestaba en ocultarlo.
Cuando eran las seis de la tarde las puertas de la fortaleza se cerraron echando los goznes y las cerraduras, tal y cómo cuando había un consejo o reunión secreta de la Hermandad. Por eso el castillo estaba más lleno que de costumbre, con los Assassins, los Maestros, los novicios, la guardia y los informantes, todos juntos en la sala principal, esperando la comparecencia del Gran Maestre. Ciertamente, ni Malik ni María sabían la razón de la reunión, pero tampoco sospechaban nada bueno; no después de lo sucedido el día anterior.
María estaba con Aurîl en sus brazos, al lado de Malik, ambos apoyados en una de las columnas de la parte posterior junto a la puerta, esperando con tanta impaciencia como los demás la llegada de Altaïr, quien no se hizo de rogar demasiado; llegó unos minutos después vestido con la túnica negra de Gran Maestre, bajando las escaleras hasta detenerse en el pequeño balcón que daba a la sala principal, observando a todos los presentes y deteniendo su mirada unos instantes con la hermosa estampa familiar al fondo, oh si, la bonita familia feliz Malik, María y su hijo, esperando por él. Que siguieran esperando pues, se iban a llevar una sorpresa desagradable… o agradable, según se mirara.
Un descanso para su cordura, eso si podía asegurarlo.
Finalmente se adelantó, poniendo su mejor cara de póker, tal como hacía cuando tenía que dar órdenes a sus Assassins.
−Os preguntareis cual es el motivo de que os haya convocado –comenzó Altaïr seriamente –y el motivo, hermanos, es que cambios importantes se van a llevar a cabo en la Hermandad comenzando por la estructura de las jerarquías –eso provocó murmullos entre la gente, pero tras la pausa Altaï continuó –, hasta ahora hemos sido eficaces. Pero podemos serlo aun más. Si nos adaptamos, lograremos ser la hermandad con más eficacia de oriente, os lo puedo asegurar… ni Persia ni Babilonia nos harán sombra.
Se produjo un silencio expectante, dada la curiosidad.
−Mientras he estado ausente estos meses –continuó Altaïr –he tenido tiempo de pensar mucho, y ya habréis podido ver en este mes poco a poco los cambios que tenía en mente…son simples –en ese punto hizo una pausa para analizar –la edad y el entrenamiento de los novicios cambiara; ya no se arrebatara a los hijos de los brazos de sus padres para ser entrenados, podrán elegir si quieren llevar esta vida o que sus hijos la lleven, y de ser así antes se les formará en otras materias a parte de la lucha y la escalada… no queremos una masacre de nuevo, queremos ser eficaces y para ello necesitamos ser inteligentes nosotros mismos, no somos sólo maquinas de matar… para vencer al enemigo hay que conocerlo, y eso haremos.
Los presentes se dividieron entre asombro y admiración, sin embargo todos se callaron al ver que Altaïr alzaba las manos pidiendo silencio.
Cuando se produjo, continuó.
−Además, los informantes y espías serán tanto hombres como mujeres –explicó Altaïr entre los asombros de algunos Assassins –, no podemos perder esa vía de actuación, pues en las mujeres están a veces las más mortales armas de información –y continuó –además, los Rafiks tendrán más ayuda; abriremos más casas de Asesinos en más ciudades entre ellas Ibelyn, Tripoli y Alejandretta, ciudades hasta ahora Templarias, pero gracias a nosotros y a Salahadin, ahora libres.
Ahora fue el turno de la suspicacia, sin embargo Malik de entre todos los presentes tuvo un presentimiento, una corazonada... no, no podía ser que él estuviera pensando…
−Como ya habréis deducido –prosiguió Altaïr –habrá nuevos Rafiks, por lo tanto he tenido que reestructurar la actual lista, así que anunciare ahora los cargos de Rafik, los cuales quiedeberán partir máximo en dos días a sus respectivas ciudades. –y comenzó a leer de una lista que tenía en el bolsillo de la túnica –Acre: su Rafik será Yusuf, Damasco: continuara como hasta ahora, Jerusalén tendrá de nuevo a Malik, Ibelyn será llevaba por…
Sin embargo Malik ya no prestó más atención.
Así que eso era.
Los estaba echando de Masyaf, quería librarse de su presencia y enviarle a él de nuevo a Jerusalén significaba que arrastrara consigo a María, ya que era su prometida y la madre de su hijo.
−Maldito cabrón –pensó Malik para sí mismo enfadado, le dolió.
Sin embargo fue sacado de sus pensamientos por una mano en su hombro, rozándole con un apretón suave.
−Malik –dijo ella en voz baja − ¿Qué vas a hacer? ¿Hablarás con él?
Malik negó con la cabeza frunciendo el ceño, estaba demasiado enfadado como para enfrentarse a Altaïr ahora, no tenía ni ánimos ni ganas de intentar hacerle entrar en razón.
−No, no voy a rogarle, que ni sueñe con eso –dijo finalmente, suspirando –; si es lo que quiere ese idiota, me iré…
−Entonces seré yo quien hable con Altaïr –dijo María abrazando a Aurîl.
−María… –comenzó Malik advirtiéndola.
Pero María no le escuchó, negando con la cabeza.
−No, Malik –dijo ella firmemente –, debemos hacer entrar en razón a Altaïr, cueste lo que cueste… y yo sé cómo hacerlo.
−Pierdes el tiempo –contradijo Malik.
−Tal vez –añadió ella –, pero está decidido, esta noche hablaré con él.
Y así, con el hijo que Altaïr ignoraba que era suyo entre sus brazos, María asintió satisfecha de sí misma. Había pasado un mes, pero ya era la hora de que Altaïr y ella tuvieran su cara a cara.
Esa noche se vería.
.
−María… –jadeó Malik sin dejar de mirarla a los ojos.
− ¿Qué...? –murmuró ella con la respiración agitada.
− ¿Lo estás… disfrutando? –logró articular él con voz ronca − ¿Quieres… que siga? después ya no creo que pueda parar…
−Entonces… no lo hagas… –respondió María, y ahora fue ella quién lo beso a él.
Malik la cogió de las caderas y la sentó sobre él, quedando sentados sobre las suaves sabanas, besándose apasionadamente junto al fuego de la pequeña chimenea, acoplados en una perfecta armonía. María entonces jadeó en medio del beso y él devoró sus labios desesperadamente sin separarse, ella aún jugando con el cabello de él, y él acariciando la suave espalda de ella... hasta que el broche del cinturón de la chica se hizo fastidioso y lo soltó, dejando la espalda de María libre para ser besada en cada centímetro. Malik recorrió esa suave espalda con su lengua arrancando jadeos en ella, que arañaba débilmente sus hombros con los ojos fuertemente cerrados.
Entonces él giró bruscamente y se puso sobre ella, tras un beso ardiente, apasionado e intenso, le dio un beso suave, calmado y tierno; y luego otro y otro, hasta que descendió a su cuello, donde se dedicó a besar y succionar intensamente, dejando su marca sobre ella, que se mordió un poco el labio intentando callar los jadeos incontrolables que salían de su boca… sin ningún éxito, ya que a medida que él descendía y se acercaba a su pecho, ella solo podía jadear mas fuerte y aferrarse a su cabello castaño despeinado, desesperada por más, por sentirlo en ella. Malik al ver eso sonrió satisfecho pero sin alegría, y bajo su rostro hasta rozar la piel con sus labios, y paseo la lengua por ella, besado y lamiendo despacio, succionando... dejando un rastro de saliva tras de sí.. y María se sintió flotar cuando sintió que él llegaba hasta su cintura y besaba suavemente su piel para después soplar, haciendo que sintiera un escalofrío recorrerla.
Rió divertida y excitada, pero todo eso sólo se intensifico cuando los labios de Malik rozaron el borde de sus pantalones interiores, la única prenda que le quedaba, la única prenda que separaba su cuerpo de las manos de su prometido; de su rostro, de sus labios y su lengua… Malik metió dos dedos en la cinturilla de la tela para bajarla con rapidez, se la hubo quitado la arrojó junto a las demás prendas y acaricio la cara interna de los muslos de ella, que cerro los ojos de nuevo.
Tras abrirlos un instante, despacio y suavemente introdujo un dedo dentro de ella acariciándola y haciéndola suspirar y moverse inquieta, hasta que tocó un punto que la hizo gritar de placer y arquear la espalda.
Malik al ver que había encontrado el lugar exacto, introdujo dos dedos mas y comenzó a moverlos haciéndolos girar, dentro, fuera, rápido, lento... hasta que ella estuvo húmeda totalmente, y preparada... entonces sacó los dedos y ella jadeo de nuevo, mas alto, mas fuerte... y él, complacido por el sonido, acercó el rostro hasta el lugar en el que segundos antes había estado su mano y comenzó suavemente a lamer todo lo que ella había dejado salir...
María se sintió morir y en el cielo con cada acción y movimiento de Malik, que la hizo llegar al orgasmo con rapidez, dejándola de nuevo húmeda y preparada para estar con él... así que él sonrió de nuevo con tristeza y se puso en pie sólo por un momento, lo justo para quitarse los pantalones y volver a su posición sobre ella, entrando lentamente de una envestida ligera y perfecta, sin prisa ni pasión desmedida. Sin embargo cuando estuvo totalmente dentro de ella y sintió su calor envolverle, con las manos de la chica rodeando sus hombros, no pudo evitar sentirse horrorizado. Era cierto que María era su prometida, pero simplemente cerró los ojos un instante, un sólo momento para respirar, y ahí estaba él, la feroz Águila de ojos dorados… en su mente otra vez, quemándole él corazón como un hierro candente.
Malik abrió los ojos y escondió la cabeza entre el hombro y el cuello de María, incapaz de sostenerle la mirada, haciendo que ella se extrañara y acariciara su espalda preocupada, intentando saber que iba mal, que le pasaba, por qué de repente se quedaba quieto cuando todo estaba yendo bien y con normalidad…
−Malik…Malik, ey mírame… –susurró ella suavemente, dudando − ¿Estás bien?
Malik no respondió, simplemente tragó saliva y tensó la mandíbula mientras salía de ella y se levantaba de la cama en dirección a la ventana, quedándose en pie frente a la oscura noche mientras la suave brisa de las montañas le refrescaba la cara, borrando el sudor frío que se había formado en su piel y le despeinaba ligeramente; haciendo que se sintiera un poco mejor.
María se sentó en la cama cubriéndose con las sabanas, preocupada, e iba a levantarse para ir al lado de Malik y ver qué era lo que le preocupaba, él se volvió a mirarla, finalmente dejando ver una expresión de sufrimiento que hacía tiempo que ella no veía en él… hasta que Altaïr había regresado por supuesto.
−Por favor dímelo Malik… –pidió ella despacio − ¿Qué está pasando? ¿Qué es lo que te preocupa?
Él negó con la cabeza, mostrando una sonrisa falsa, en un vano intento por no preocuparla.
−No es nada, de verdad –respondió Malik –; es sólo que… no puedo hacerlo…
−Malik…
Sin embargo, antes de que ella pudiera decir nada, Malik se dio la vuelta y recogiendo su ropa tirada por el suelo, salió de la habitación, dejando a María más preocupada de lo que ya estaba antes.
La situación ya era demasiado ridícula.
No sabía qué había pasado entre Altaïr y Malik en el pasado, a parte de la muerte del hermano pequeño de Malik por culpa de Altaïr, pero era obvio que algo más había pasado; y por Malik no lo iba a averiguar al parecer, ya que en los meses que habían pasado creyendo que Altaïr había muerto él se había negado a contarle nada sobre ese tema, convirtiéndolo en tema cerrado. Pero ya era demasiado, ella amaba a Altaïr más de lo que podría expresar en voz alta, pero sabía que se estaba perdiendo algo, y tenía que averiguarlo sin tardar.
Le había dicho a Malik que iba a hablar con Altaïr para intentar hacerle entrar en razón y que no los alejara de Masyaf; y ahora con doble motivo iría a verle, ya no sólo para intentar que cambiara de opinión sobre lo de Jerusalén, sino para averiguar qué había pasado entre Malik y él de una buena vez.
Cerró los ojos con determinación. En cuanto todos se durmieran, actuaría.
.
Malik terminó de anudarse el fajín de la cintura con un nudo, y tiró.
Estaba en medio de los pasillos de la fortaleza, ahora completamente desierta ya que era muy tarde, seguramente todos estarían acostándose para descansar, así que no tuvo ningún problema en vestirse, ya que nadie estaría mirando. Suspiró. Estaba cansado y había actuado mal, no debería haber dejado a María en esa situación… pero ya no había remedio, no podía volver y terminar de hacerla suya, ya que el riesgo de que en cuanto tocara la piel de la chica, Altaïr aparecería de nuevo en sus pensamientos impidiéndole actuar y sería demasiado degradante para ambos, tanto para María por dejarla insatisfecha y humillada, como para él por parecer un desconsiderado.
No, no podía evitarlo. Cerraba los ojos y veía en su mente los dorados de Altaïr. Tomaba aire y sentía los labios de Altaïr sobre los suyos, quemándole, recordándole ese beso que había deseado por tanto tiempo y que ahora que había probado no podía dejar de desear… ¡maldito fuera su destino!
¿Por qué había tenido que pasar todo esto?
Si era cierto que además en un día tendría que regresar a Jerusalén para no volver a Masyaf en una temporada muy larga, quería despedirse de la aldea donde había crecido, donde había vivido con su pequeño Kadar, donde había jugado a tantos juegos y hecho tantas travesuras, donde se había enamorado… realmente no podía imaginarse una vida tan lejos de esa ciudad, y al parecer por mucho tiempo, si los deseos de Altaïr no cambiaban.
Suspiró de nuevo.
Sólo había un lugar donde le gustaba estar en esos momentos de dolor y soledad, el mismo al que había acudido desde que era un niño; la torre de vigilancia de Masyaf, el punto más alto de la fortaleza, desde donde se veía toda la aldea, las montañas y el lago, que en esos momentos estaría oscuro y sin reflejo ya que era una noche oscura sin luna ni estrellas, igual que la oscuridad que reinaba entre Altaïr y él mismo. Asintió, dirigiendo sus pasos lentamente a ese lugar donde tantas veces había desahogado su tristeza, cosa que tenía planeado hacer en cuanto llegara… tal vez llorar como hacía meses que no lloraba y soltarlo todo fuera la mejor solución, quizá se sintiera mejor…
Lo dudaba.
Pero allí se dirigió.
Subió la escalera de madera y luego la de piedra, encontrándose con algo que no esperaba ni por asomo, no lo había previsto; no estaba solo… Altaïr estaba sentado en el suelo con las piernas colgando por el borde de la torre y la espalda apoyada en una columna de piedra, mirando al oscuro y negro cielo otoñal sin una sola nube que lo ocultara. Malik sonrió internamente, como no, al igual que a él le gustaba ese lugar a Altaïr le gustaba también, dado que había sido ahí donde habían dado su primer salto de fe cuando eran sólo novicios. Estúpido, como pudo olvidarlo… sin embargo, ya que estaba ahí, no dejaría pasar la oportunidad de disfrutar de la vista de Masyaf aunque fuera por una última vez, sin importar nada, atesorando la sensación de que él estuviera a su lado.
Se acercó lentamente, apoyándose de lado y sin sentarse en la misma columna en la que Altaïr estaba apoyando su espalda, él obviamente había notado su presencia, sin embargo no hizo nada para demostrarlo tal y como Malik esperaba; ni una palabra borde o un rechazo… nada, ni una mirada, Altaïr simplemente continuó con los ojos clavados en el horizonte con las manos apoyadas en las rodillas, pensativo.
− ¿Recuerdas esa misión cuando éramos niños y te rompiste el brazo? –dijo Malik repentinamente, con melancolía − ¿Qué tendríamos… doce… trece años?
Altaïr no respondió.
Bien que lo recordaba. No podría olvidarlo ni aunque quisiera, había sido su primera misión en equipo, Malik y él juntos, cuando eran sólo unos novicios de once años; y la habían liado tanto que la consecuente regañina y castigo de Al Mualim fue, por decirlo sencillamente, de una claridad que les hizo nunca más volver a dudar de cumplir sus órdenes. A parte del dolor de haberse roto el brazo y haber salido magullado por culpa de su estupidez… sí, lo recordaba perfectamente.
Pero no dijo nada, simplemente esperó a que Malik continuara, para ver a dónde les llevaba todo ese asunto.
−No, teníamos once –continuó Malik sonriendo un poco, tristemente –, lo recuerdo bien… llevaste los pergaminos por el camino más arriesgado y te caíste sobre una casa –rió nostálgico, recordando esos buenos tiempos –, creíamos que te matabas, pero finalmente todo quedó en una tontería de las tuyas… que recuerdos…
Finalmente Altaïr habló, mirándole irritado, sin levantarse.
−Una tontería de las nuestras querrás decir –corrigió Altaïr molesto –, te recuerdo que fue idea tuya retarme, Malik.
−Es cierto –recordó Malik y rió.
Había sido su primera misión juntos como equipo, en la que se hicieron rivales y amigos inseparables, compitiendo por todo. Tenían once años, y como a todos los novicios de esa edad, se les comenzaba a entrenar en pequeñas misiones sencillas para ir acostumbrándolos a la vida de Assassin, y como ya llevaban un año de entrenamiento y escalada, les encomendaron robar unos pergaminos de la fortaleza y llevarlos hasta el puesto de vigilancia en las afueras de Masyaf, junto a la muralla. Todo era ficción por supuesto, era sólo para entrenarlos en situaciones de robo en edificios grandes, y cómo podrían huir de ellos en caso de que la cosa se pusiera fea, y se puso fea, como no podía ser de otro modo…
−Debéis ser rápidos niños –explicó un joven Rauf de tan solo veinte años a sus pequeños alumnos –, no olvidéis las normas del Credo y todo irá bien ¿entendido?
Todos los niños asintieron, eran unos diez, y entre ellos estaban Malik y Altaïr. Un joven Altaïr de once años valiente, travieso y sin cicatriz en su labio, y un aventurero y despreocupado Malik de la misma edad, mirándose de forma retadora el uno al otro con decisión.
−Eh, Ibn la-Ahad –dijo Malik sonriendo –, no tienes narices de ir por la parte del muro y ganarme…
−Qué dices Al´Sayf –respondió Altaïr cerrando los ojos y sonriendo orgulloso –, puedo ganarte con los ojos cerrados.
− ¿Quién entregue antes el pergamino gana? –propuso el joven Malik.
−Acepto, no me hace falta ni siquiera correr para ganarte –dijo Altaïr adelantándose un poco.
Entonces todos los niños se pusieron en sus posiciones, irían a la fortaleza de uno en uno, robarían los pergaminos y se los entregarían a su compañero para que hiciera la segunda parte de la misión, correr hasta la muralla sin ser capturado… Malik robaría los pergaminos y Altaïr llegaría hasta la muralla, así lo decidieron.
Cuando Rauf dio la orden de salida, se pusieron en la línea de salida.
−Vas a morder el polvo Al´Sayf –susurró Altaïr.
−Ya lo veremos… –sonrió Malik poniéndose en posición.
Entonces tal y como habían planeado, unos minutos más tarde Malik regresó corriendo, con la frente chorreando de sudor, pero con dos rollos de pergamino en las manos, que le entregó a Altaïr con una sonrisa victoriosa. Altaïr entonces no perdió tiempo y echó a correr colina abajo con los pergaminos bajo su brazo derecho, saltando los arbustos y evitando a los ciudadanos… hasta que tuvo una idea.
¿El iba a ser un Assassin, cierto?
Entonces…
¿Por qué correr por el camino como un idiota normal y corriente? ¿No sería mucho más rápido atajar las calles por los muros que protegían de los desniveles de la ciudad?
Asintiendo para sí mismo con una sonrisa, Altaïr comenzó a saltar, yéndole muy bien al principio, estaba recortándole mucha ventaja a Malik; hasta que llegó a un muro en el que había varios abetos cubriendo su campo de visión…
Mientras corría, arriba en la plaza observando estaban todos sus compañeros que no estaban corriendo, y Rauf, quién al ver lo que se proponía le gritó inútilmente.
− ¡Altaïr quieto, no saltes! –gritó Rauf intentando detenerle.
Tarde, porque Altaïr no le oyó y saltó, cayendo desde varios metros de altura, no perdiendo la consciencia a pesar de la caída…
Altaïr se levantó, encarando a Malik.
−Y si mal no recuerdo la paliza que nos dio Al Mualim –continuó Altaïr con el ceño fruncido –, también fue culpa tuya.
Malik se entristeció al oír eso, pues aunque le doliera admitirlo también era cierto. Bajó la cabeza tristemente y no supo que decir, por lo que se quedó pensativo.
−Tienes razón Altaïr –admitió Malik finalmente –, tienes mucha razón… he sido un necio.
Altaïr le miró con suspicacia y recelo, sin saber que esperar tras eso.
−Tú siempre has sido un estúpido arrogante –continuó Malik sonriendo un poco –, pero yo he tenido mucha culpa de ello… eres un idiota, pero eras mi idiota…
Algo se movió dentro de Altaïr al oír esas palabras. Dolió. Tal vez por cómo las había pronunciado, como si le hubiera dejado en el pasado, pues había dicho "eras" y no "eres" dejándole claro de nuevo que si hubiera podido haber algo entre ellos ese tiempo ya había pasado. Y aún con todo, aun con la traición, con la mentira y todo lo demás Altaïr seguía queriéndolo como el primer día. Como si tuvieran aun once años y pudieran echar a correr en una competición estúpida, sin problemas ni preocupaciones.
Malik entonces dejó de sonreír, se adelantó dos pasos y se acercó mucho a Altaïr, mirándose a los ojos, clavando él los suyos de un grisáceo oscuro casi negro en los claros miel dorado del Gran Maestre, formando una expresión de dolor que incluso a Altaïr le dolió, pues verdaderamente estaba sufriendo con esa situación; era simplemente un quererse y no poder tenerse… bendito destino el suyo…
Malik habló con un hilo de voz, logrando estremecer a Altaïr, por difícil que pareciera.
− ¿Qué nos ha pasado Altaïr? –dudó Malik, cerrando los ojos dolido.
Altaïr tragó saliva hablando sin resentimiento ya, sólo con dolor impregnando su voz.
−Nunca ha sido nuestro destino estar juntos –respondió finalmente –, a pesar de que yo… de que ambos así lo quisiéramos…
Malik abrió los ojos al escuchar esas palabras, tomando una decisión, no sabía si era la correcta, pero así se lo decía su corazón; si tenía que vivir un solo día más en la tierra no quisiera morir sin haber sido sincero y feliz totalmente por una vez en su vida, iría con todo fueran cuales fuesen las consecuencias.
−Te equivocas –rebatió Malik negando con la cabeza tranquilamente –, el destino no existe si nosotros no lo forjamos Altaïr –hizo una pausa para tomar aire y darse valor –, ayer me dijiste que no volviera a hablarte de amor o me matarías… ¡pero tengo que decírtelo idiota testarudo! ¡ Si tengo que morir prefiero que me mates tú ahora mismo! ¡,Mátame! pero ya no puedo seguir… ya no…
Entonces Altaïr cruzó la distancia que los separaba estrechándole en un abrazo fuerte, como si necesitara a Malik para respirar, aferrándose a la túnica negra del Rafik con ambas manos, cerrando fuertemente los ojos y comenzando a respirar agitadamente; mientras Malik le devolvía el abrazo con lentitud, posando su brazo sobre la espalda de Altaïr con suavidad, cerrando los ojos también.
− ¡Dioses cuanto he soñado con esto! –exclamó Altaïr –tanto tiempo deseándolo…
Malik sonrió triste, sin hacer nada por separarse de Altaïr.
−Y ahora es imposible… –completó Malik entendiendo los pensamientos de Altaïr a la perfección.
Altaïr rompió el abrazo lo justo para acercar sus rostros y unir sus labios en un beso lento y profundo, que Malik correspondió apasionadamente, sintiendo que los ojos se le llenaban de lagrimas; no sabía si de felicidad o de tristeza por haber comprendido todo lo que estaba perdiendo, al haber tenido a Altaïr al alcance de la mano y haberlo dejado marchar debido a su estupidez… dolió. Dolió como el infierno. Pero no dejó de responder al beso, mientras Altaïr recorría con la lengua su boca, provocando jadeos ansiosos salir de sus labios, desesperado.
− ¿Por qué…? –dijo Altaïr entre sus labios − ¿Por qué lo hiciste Malik…?
Malik volvió a besarle tomando la iniciativa esta vez, pasando la mano por la espalda de Altaïr, besándolo con fogosidad, comenzando a desatar el fajín de Altaïr, que no llevaba puesto el cinturón. Altaïr cambió de posición, empujándole contra la columna sin querer dejarse dominar, presionando su cuerpo contra el de Malik, que jadeó furiosamente por el movimiento que le cortó la respiración, hablando con la voz ronca al final.
−Creí… que habías –dijo él sin dejar de besarle –, creímos que habías muerto… −y lentamente descendió a su cuello besándolo con desesperación, dejando un rastro de saliva tras de sí –envié a varios Assassins en tu búsqueda…
Entonces Altaïr se separó confundido, obligando a Malik a mirarle, separándolo de su cuello.
− ¿Qué? –dudó Altaïr sin creerlo.
Malik asintió acariciando el cabello de Altaïr, que tenía la capucha bajada.
−Envié a varios hermanos a buscarte –explicó Malik –pero volvieron solos, diciendo que habías muerto…
Altaïr tensó la mandíbula y bajó la cabeza comprendiéndolo. Había estado tan cerca de haber sido encontrado, tan cerca… si aquél día en el río no se hubiera quedado inconsciente durante semanas, podría haber salido del agua y haber huido para esperar a los hermanos que Malik había enviado a ayudarle. Todo había sido una desgraciada cadena de acontecimientos que hubiera podido evitarse con facilidad, si el maldito destino no se hubiera interpuesto entre ellos de nuevo.
Podía haber sido libre.
Y en lugar de ello había pasado meses esclavizado en manos de una mujer fría y avariciosa, que sólo lo deseaba por su cuerpo, nada más.
Además estaba el hecho de que María le había traicionado al igual que Malik; fuera por las razones que fuera eso no cambiaría.
−Esto no cambia nada Malik –dijo Altaïr.
−Siempre he contado con eso, Altaïr –respondió Malik resignado.
Y sin decir nada más volvieron a unir sus bocas en otro beso desesperado, impaciente, una despedida que les dolía como una llamarada, pero que sabía tan dulce como la ambrosía… cuantos besos hubieran podido darse si las circunstancias hubieran sido otras… pero ahora sólo les quedaba eso, unirse en un abrazo estrecho, entrelazando sus manos y besándose como si fuera el ultimo día en la tierra.
Entonces Altaïr se separó, jadeando y mordiéndose el labio, con la mirada triste, mientras Malik le miraba con arrepentimiento y culpabilidad.
−Adiós, hermano –dijo Altaïr.
Y acercándose al borde de la torre, saltó, haciendo un salto de fe y dejando a Malik solo, llevándose la mano a los labios y cerrando los ojos con el corazón latiendo apresuradamente.
.
María se levantó, asintiendo.
Ya era la hora.
Iba a convencer a Altaïr de que dejara quedarse a Malik en Masyaf, ya que era inocente de cualquier cosa de la que se le pudiera culpar. En primer lugar el hecho de que estuvieran juntos había sido por culpa suya, ya que ella le había pedido ayuda a Malik para que los ciudadanos no rechazaran a su hijo y lo trataran como a un bastardo, cosa que hubieran hecho sin duda alguna. Además estaba el hecho de que Malik no había traicionado a Altaïr, puesto que ellos ignoraban que él seguía con vida, por lo tanto esa traición no existía, no eran conscientes de ello.
Haría lo que fuera, incluso contarle la verdad sobre Aurîl, que él era su verdadero padre, en caso de que fuera necesario… pero viendo como había reaccionado esa posibilidad le dolía más que cualquier rechazo hacia ella. ¿Quién le decía que no iba a despreciar a ese niño sólo por hacerle pagar su "traición" a ella? se estremecía sólo de imaginarlo.
María corrió escaleras arriba, en dirección al dormitorio de Altaïr, que estaba en la última planta de la fortaleza, y cuando llegó arriba boqueaba y respiraba con dificultad debido al cansancio. Expulsó aire profundamente, tragando saliva con fuerza. Tenía que ser fuerte y no titubear, no podía fallar ahora; así que alzó el puño y dio dos golpes fuertes en la puerta de madera lisa, sin obtener respuesta. Eso la irritó. ¿Por qué siempre se molestaba en llamar a las puertas si luego nadie le respondía? Gruñó molesta, abriendo la puerta sin importarle si Altaïr estaba durmiendo o no, podía haberse molestado en decir un "lárgate" al menos… pero no, ni eso. Entró en la habitación, encontrándola vacía.
Suspiró.
Había sido una pérdida de tiempo… no tenía ni idea de dónde podría estar Altaïr; ella llevaba más de un año en Masyaf y ni siquiera se acercaba a imaginar la cantidad de escondites que los Assassins tenían por ahí, sería demasiado difícil encontrar a Altaïr si no quería ser encontrado. Aunque ella por supuesto podía aventurase a hacer suposiciones, comenzaría por los jardines, ya que siempre había encontrado a Altaïr en ese lugar cuando no sabía donde se había metido…
Así que se dirigió hacia la puerta de nuevo, encontrándose con Altaïr frente a ella, dejándola sorprendida por lo silencioso que había sido.
− ¿Qué haces aquí? –preguntó Altaïr bruscamente.
Ella asintió, lo esperaba.
−Tengo que hablar contigo –dijo María con voz firme –y no me iré sin que me escuches.
Altaïr alzó las cejas de forma retórica, mirándola con clara ironía.
− ¿Y qué te hace pensar exactamente que yo quiero escucharte? –dijo Altaïr secamente, cerrando la puerta tras de sí.
Entonces se quitó la capucha y la arrojó al suelo, junto a la cama, volviéndose entonces a mirarla con los brazos cruzados e impaciente. María estaba pensativa, con el ceño fruncido y más tensa que un junco, sin saber qué esperar o a qué atenerse, alerta.
−Estoy esperando mujer –dijo Altaïr irritándose.
− ¡Bueno ya está bien Altaïr! –exclamó ella irritándose también, adelantándose dos pasos − ¡Ya basta de tu arrogancia! me escucharás, o no saldremos de aquí…
Altaïr bufó molesto, mirándola con el ceño fruncido, mientras ella le golpeaba con el dedo índice en el pecho defendiendo su posición, cosa que no dejaba de parecerle divertida y dolorosa a la vez. Habían discutido tantas veces de esa forma, con ella intentando no dejarse pisotear… le trajo recuerdos dolorosamente amargos, así que apartó la mano de la chica de un manotazo, como si no quisiera que le tocara o terminaría por caer en sus mentiras otra vez, y eso ya dolía demasiado como para repetirlo.
−No vuelvas a llamarme así –ordenó Altaïr mirándola muy serio.
Ella le devolvió la mirada, recelosa y extrañada.
−Es tu nombre si mal no recuerdo, asesino –dijo ella suspicazmente.
Altaïr entonces tensó la mandíbula y bajó la cabeza, sin mirarla, clavó los ojos en la piedra fría del suelo antes de alzarlos de nuevo y estremecerla con el fuego de sus ojos miel, brillantes y dorados como una brasa de carbón ardiente.
−Perdiste el derecho a llamarme así cuando te metiste en la cama de otro –dijo Altaïr con voz dura, dolida y fría –, no creo que estés en posición de exigirme nada.
María apretó los puños, dolida y enfadada.
¡Ese idiota! siempre tenía que ponerlo todo tan difícil, nunca podía dejar que los demás se explicaran sin sacar sus estúpidas conclusiones precipitadas, ¡maldito fuera su orgullo! era la cualidad más odiosa de Altaïr sin ninguna duda, y ella ya estaba cansada de tener que soportarla, no sólo en él, sino en todos.
− ¿¡Cuándo piensas entender que creíamos que estabas muerto –gritó María sin poder contenerse más tiempo −, qué no te hemos traicionado, que creímos que no podríamos sobrevivir si tu no estabas!
Eso colmó la paciencia de Altaïr, ya bastante cansado de todo, luego de la charla que había tenido con Malik hacía rato.
− ¿Esa es tu excusa? –replicó Altaïr incrédulo − ¿Piensas escudarte en mi supuesta muerte para justificarte?
Ella iba a responder, pero él no la dejó, interrumpiéndola.
− ¡Uno no se acuesta con otro cuando está enamorada, maldita traidora! –gritó Altaïr encarándola, acercándose mucho a ella − ¡Uno no se promete ni tiene hijos con el mejor amigo del hombre que ama, por mucho dolor que este sintiendo!
María se enfureció, harta de la estupidez de Altaïr, y avanzó hasta estar a menos de un paso de distancia de él, mirándole con furia en su mirada azul clara, ofendida como hacía tiempo no se sentía; muchísimo menos por la persona que ella menos esperaba que la insultara de ese modo.
− ¡No tienes ningún derecho a insinuarme que no te amaba! –gritó María, enrojeciendo de ira − ¡He pasado un infierno por ti! ¡No tienes ni idea de lo que he sufrido!
Altaïr se echó a reír.
Dioses… no podía creerlo ¡No podía creerlo! Esto ya era inverosímil, increíble, tenía que ser una pesadilla…
− ¿Dolor? –rió Altaïr incrédulo − ¿¡En serio me estás hablando a MÍ de dolor!
María no respondió, abriendo la boca para hablar, pero sin que ningún sonido saliera de ella.
−Eres una cínica mujer –respondió Altaïr finalmente –, me equivoque contigo… nunca debí traerte aquí, no eres más que una zorra...
María se quedó boquiabierta y los ojos se le llenaron de lágrimas por la humillación y el dolor de escuchar esas palabras de labios del hombre que amaba. Sabía que Altaïr era arrogante, orgulloso y testarudo, pero nunca esperó que la insultara de la forma más denigrante posible. Se acabó. Se acabó su paciencia. Avanzó hasta él y le propinó una fuerte bofetada, ladeándole la cara y dejando la marca de su mano en la mejilla de Altaïr, que no hizo nada, solo fruncir los labios irritado, tensando la mandíbula; María entonces levantó la mano otra vez para golpearle de nuevo, y lo hizo, desfogando su dolor.
Sin embargo Altaïr se cansó y alzó igualmente la mano para golpearla por su atrevimiento.
María le miró incrédula, enfadada y dolida todo a la vez.
− ¡Hazlo! –gritó María roja, no sabía si de ira o de dolor − ¡Vamos! ¡Mátame asesino! ¡HAZLO!
Sin embargo Altaïr bajó el brazo dolido, apartando la cabeza y cerrando los ojos fuertemente, como si acabaran de propinarle una bofetada.
No.
Nunca lo haría, no podía hacerlo.
La seguía queriendo.
La vida era una puta despiadada, no podía creer que a pesar de todo el daño que María le había hecho él siguiera amándola, y para colmo ya no sólo a ella, sino a Malik también. Qué ironías… ellos podían acostarse, tener un hijo y traicionarle delante de toda la ciudad, y él era incapaz de odiarlos, su corazón seguía sintiendo amor. Lo dicho, la vida era una puta.
−María… –murmuró Altaïr, a punto de derrumbar su fachada de hielo.
Ella dejó correr por sus mejillas las lágrimas que estaba conteniendo, el escuchar su nombre de forma tan suave y dolida de labios de Altaïr fue el detonante que faltaba para que se derrumbara.
Avanzó hasta Altaïr, abrazándolo fuertemente y besándolo con desesperación.
Altaïr correspondió al beso, manchándose las mejillas con las lagrimas de la chica, que no dejó de llorar mientras ambos compartieron ese beso intenso y apasionado como el fuego, aferrándose a su túnica y rodeando su nuca con los brazos, mientras él estrechaba su cintura fuertemente contra su propio cuerpo. ¡Dioses! Cuando la había añorado. Esos labios suaves y picaros que le sonreían y retaban con cada palabra, esos ojos azul grisáceo, esas pecas imperceptibles que brillaban bajo sus ojos… María, su María, la única mujer que verdaderamente lo había amado por lo que él era.
La besó como si necesitara sus besos para respirar, devorando su boca, bailando con su lengua, gimiendo en su boca…
María…
Separó sus labios para tomar aire, y respiró el aroma de su cuello… a saber cuántas veces Malik había hecho lo mismo, cuántas veces la habría poseído, cuántas veces habría besado sus labios, cuántas veces habría acariciado su cuerpo mientras ella gritaba su nombre…
−Quiero odiarte… –dijo Altaïr sin mirarla jadeante –los Dioses saben que lo intento… pero no puedo…
María le abrazó con más fuerza, sintiendo su corazón latir libremente desde hacía meses.
−Siento lo que ha pasado Altaïr –susurró ella –, ojala pudiera hacerlo, pero no puedo cambiar lo que ha pasado…
−Ni deberías –dijo Altaïr finalmente.
María le miró a los ojos, separándose un poco de él.
− ¿A qué te refieres? –dudó ella confundida.
−A que no quiero que estés aquí –dijo Altaïr mirándola de nuevo con fuego en la mirada –, ahora tienes una familia –que me gustaría que fuera nuestra, tuya y mía pensó Altaïr y continuó –, tienes un hijo… y Malik te quiere, así que ve con ellos.
María lo entendió.
Negó con la cabeza intentando explicarse, pero las cientos de frases, de palabras convincentes que tenía en la cabeza murieron en su garganta, sin llegar a pronunciar ni un sonido cuando llegaban a sus labios… no podía estar pasando, no, no, no; no quería perderle otra vez, tenía que haber un modo de arreglarlo…
−Altaïr… –comenzó ella.
Altaïr la interrumpió, negando con la cabeza también.
−No –dijo simplemente –, vete…
−Pero si me deja… –insistió María desesperadamente.
− ¡Vete! –gritó él dándose la vuelta.
Altaïr rompió su abrazo alejándola de él, con la mirada sombría, pero ella no se movió.
Sin embargo la mirada de Altaïr le hizo darse cuenta de que era demasiado tarde. No había duda en esos ojos miel claro, sino dolor y determinación, quería olvidarla, y haría lo que fuera para lograrlo; aunque eso supusiese alejarla de su lado para siempre, como estaba haciendo. María se dio la vuelta y salió de la habitación, dejando que su dolor se refugiara por dentro, limpiando las lagrimas que bañaban su cara con el dorso de la mano… ya habría tiempo de llorar en otro momento, pero no ahora.
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Al día siguiente el sol se alzó frío, tardío como el otoño.
Los Rafiks nuevos iban a partir al alba, por lo que Malik y Yusuf habían hecho las maletas con sus pertenencias para poder viajar a sus respectivos nuevos hogares en cuanto saliera el sol. María había empacado sus cosas igualmente, una vez que le hubo contado a Malik que su intento de hacer recapacitar a Altaïr había fracasado; así que ahí estaban los dos, en el patio de entrenamiento, justo frente a la puerta de la fortaleza, Malik con las riendas de dos caballos en su mano, y María con el pequeño Aurîl en brazos, tapándolo con una pequeña mantita marrón.
Sin embargo algo sucedió que ellos no se esperaban.
Altaïr salió por las grandes puertas, quedándose parado frente a ellos, con ojeras bajo los ojos y apariencia cansada.
Lo cierto es que ni Malik ni María esperaban que él fuera a salir y darles una despedida; se extrañaron, mirándole con ansiedad, tal vez había cambiado de opinión y sí que iba a dejar que se quedaran…
−Altaïr… –dijo Malik sin saber que más añadir, confuso.
María simplemente le miró interrogante deseando que él dijera las palabras que tanto Malik como ella deseaban escuchar. Sin embargo Altaïr no dijo nada en un principio, tan sólo los miró, guardando silencio.
− ¿Qué sucede? –preguntó Malik finalmente.
Altaïr entonces se acercó a María lentamente, haciendo que tanto Malik como María le miraran mucho más extrañados aún.
−Os vais –dijo Altaïr, no como duda, sino como afirmación.
Ellos asintieron, sin saber a qué venía todo eso.
−Si, tal como has ordenado –dijo Malik sin entender –partimos para Jerusalén ahora… ¿qué es lo que pasa?
−Vosotros os vais –enfatizó Altaïr.
Ninguno dijo nada entonces; María no entendía nada pero Malik estaba atando cabos lentamente, y no le gustaba lo que estaba pasando.
−No… –negó con la cabeza frunciendo el ceño –no Altaïr, no…
−¿Malik, qué..? –dudó María mirándole confusa.
Sin embargo Altaïr no tenía ni rastro de duda, ni en la voz ni en la mirada.
−Nunca dije que el niño fuera a irse –dijo Altaïr tranquilamente –, él es un futuro Assassin, por lo tanto se queda aquí.
María lo entendió finalmente, por lo que sujetó al bebé entre sus brazos con fuerza sin creer lo que estaba pasando. No podía ser que Altaïr le estuviera haciendo esto, tenía que ser una broma…
− ¿¡Qué! –exclamó ella negando con la cabeza.
−Dame al niño, María –ordenó Altaïr.
Ella negó con la cabeza, mientras Malik evaluaba a Altaïr con la mirada, seriamente, como si estuviera analizando la mente del otro.
− ¡No! –gritó María alejándolo − ¡Me niego! ¡No voy a dejarlo aquí! ¡tendrás que…!
−No me cuestiones más mujer –repitió Altaïr, perdiendo la paciencia –, entrégame al bebé.
María de nuevo negó con la cabeza horrorizada; sin embargo Malik se acercó a ella por detrás y le susurró algo al oído que Altaïr no pudo oír.
Él no pudo oírlo, pero fuera lo que fuese que Malik le dijo a María hizo que ella desfrunciera el ceño y se quedara con el rostro serio, neutral, y tragara saliva de forma visible.
María entonces comenzó a respirar agitadamente mientras dirigía la mirada a su pequeño bebe dormido en la mantita entre sus brazos, agitándose su pulso y sintiéndose insegura como nunca antes en su vida lo había estado por cualquier cosa… sin embargo, lentamente, con el pulso temblándole, fue alejando al niño de ella, extendiendo los brazos hacia Altaïr; que tomó el pequeño bulto entre sus brazos sujetando al bebe con firmeza, mirando a Malik y María con seriedad, dándoles a entender que podían irse ya.
Malik tensó la mandíbula, con el rostro pálido por momentos; entonces subió al caballo sin hablar y sin demostrar su estado de ánimo.
María le imitó, a diferencia de él, con la mandíbula apretada conteniendo alguna emoción que Altaïr no alcanzo a vislumbrar.
Subió al caballo con rapidez, y una vez que ambos estuvieron montados y preparados, Malik echó a cabalgar seguido de ella, que se detuvo un momento en la puerta de la muralla de la fortaleza, volviéndose a mirarlo con una expresión de dolor antes de espolear a su caballo y perderse de su vista.
Altaïr se quedó solo y en pie bajo el umbral de la puerta, con la mantita cubriendo el pequeño bulto, que lentamente descubrió, revelando una carita totalmente despierta, de grandes ojos color miel oscuro mirándolo con curiosidad a través de sus largas pestañas negras.
No pudo evitar que una mirada desconcertada se clavara en el niño, casi divertido.
−Tú y yo tenemos mucho en común pequeño, empezando por esos dos –se dijo Altaïr a sí mismo sonriéndole un poco al crío, que pestañeo curioso –, esto va a ser divertido…
Y con el niño en brazos, Altaïr entró en la fortaleza.
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A/N fin del capi 11, EL CAPITULO PROXIMO ES EL GRAN FINAL! =D
Espero que os haya gustado, ya que ha habido tanto AltMal como AltMar, yo haciendo feliz a todos siempre LOL XD
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MUY IMPORTANTE!
Si os gusta este fic, estar atentos al nuevo proyecto que Maki (mi beta reader) y yo estamos escribiendo, porque va a ser un Fic escrito juntas, donde daremos rienda suelta a TODAS las cosas que verdaderamente nos gustan de Assassins Creed, contando con nuestras parejas favoritas, Ezio/Cristina y Altair/Maria, por lo tanto, lectores, ATENTOS! QUE MUY PRONTO LO SUBIREMOS! =D
