Finalmente no contaba con que mi cuerpo se hiciera presente. Mi estómago gruñó tan fuerte que me pregunté si estaba tratando de comunicarse con el de Jaspér. Me eché a reír por lo gracioso de la situación, Jaspér se unió a mí claramente divertido también.

-Creo que tu estomago habló.

-Creó que quería quería hacerse notar.

-Eres probable – todavía se rió. Yo me reincorpore. Se levantó y qagarró su bóxer mientras lo miraba con lujuria. Creo que nunca podría prescindir de el.

-Bella tienes que comer primero. Ya veremos más tarde, lo de una segunda ronda – dijo mientras me daba la espalda.

-¿Cómo sabes lo que tengo en mente? – Le pregunte sorprendida

-Una intuición – respondió, mirándome con una sonrisa pícara. Se iba a poner la camisa, me levante y lo detuve. Le hice un gesto de negación con la cabeza. No quería que se escondiera ahora que finalmente habíamos enfrentado lo más delicado para él porque a mí no me molestaban sus cicatrices.

-No quiero cortar tu apetito – me dijo seriamente.

- Créeme, sólo podría darme más apetito, no quitármelo. – Lo dejo, sacudiendo su cabeza lastimosamente. Fui a la entrada a buscar la bolsa que Alice había preparado para mí.

-Esta chica tiene un don, esto no es posible – Exclamé.

-¿Por qué? – pregunto y le mostré el contenido de la bolsa.

Para comenzar una botella de champaña, frambuesas, uvas y fresas, también en una caja de plástico una especie de crema, la abrí y metí mi dedo en ella y cuando me lo puse en la boca no pude evitar gemir de alegría, una crema de pistacho, mi favorita. Jaspér me miró divertido e intrigado, luego una idea cruzó mi mente. Entré en la cocina, agarré un frutero y vertí las frutas que Alice me había preparado, haciéndome una nota mental para agradecerle como debía ser mañana. Luego, del mueble, agarré dos copas de vino, no eran de champán, pero servirían. Luego lo llevé todo, fui a la sala de estar, puse la botella en las manos de Jaspér y lo agarré del brazo para llevarlo a mi habitación.

-¿Qué estás tramando?

-Una hermosa idea rubio. Te enseñaré cuánta hambre me da tu cuerpo – dije con un guiño. Lo vi fruncir el ceño – ¡No empieces! – le regañé antes de que dijera algo. Suspiró y se dejó guiar.

-Hum la habitación de Isabella Swan. Dios sabe cuántas veces quise visitarla.

-Y todo lo que debías hacer era pedirlo – dije volvíendome hacía el.

-Todo ese tiempo perdido.

- Eso es lo mismo que estuve pensando antes. Siéntate y abre la botella – Le dije

Mientras dejaba el frutero y las copas en mi mesa de noche. Él obedeció y el corcho saltó con un sonoro "pop" y lo hizo bien porque el champán permaneció en su botella. Le entregué las dos copas, nos sirvió y puso la botella en la mesilla de noche. Brindamos mirándonos a los ojos, por nada en particular, solo un deseo silencioso que esperaba que fuera común. Sumergí mis labios en el vaso y me sentí doblemente complacido al ver que todavía estaba frío. Jaspér bebió uno o dos sorbos, tomé su bebida y puse las dos junto a la botella. Luego empujé a Jaspér para que se acostase en la cama.

-No llego a la caja desde aquí – le informé volviendo a la cocina, sin olvidar bajar el atenuador para crear una atmósfera tranquila. Tomé la caja de plástico y una cuchara y luego volví a la habitación, él me miró con recelo, le devolví una sonrisa que quería ser traviesa. Me senté a horcajadas sobre él mientras colocaba sus manos detrás de su cabeza, sospechando lo que tenía en mente. Tomé una cucharada de mi crema y cuando lo vi abrir la boca me di cuenta de que no había entendido. Dirigiendo la cuchara lo más cerca de su boca posible, dejé caer su contenido inadvertidamente sobre su pecho – él se sobresalto lo que me hizo reír.

-¡Ups!... Realmente soy la reina de los torpes – dije sobreactuando un poco, bueno... mucho.

También se divirtió, pero creo que más por su falsa intuición al principio. Luego puse la caja al lado, ya que no tenía más espacio en la mesita de noche. Y me apoyé sensualmente en él manteniéndome en contacto con sus ojos. Le di una lamida en el pecho cubierto con crema de pistacho y gemí de nuevo. Cerró los ojos y apoyó la cabeza en sus manos. Saqué la lengua y con toda la suavidad y sensualidad que pude, lamí sus pectorales para limpiarlo de toda esta crema. Fue tan emocionante como bueno, un sentimiento que note que era mutuo, porque sentí que su sexo estaba despertando. Ya no había más crema pero yo continúe, a él le gusto y a mí también. Entonces de repente se levantó lo que me sorprendió, debo decir, pensé en que me dejaría más tiempo, pero al parecer había decidido lo contrario.

-Yo también tengo hambre – me dijo maliciosamente.

Tomó la caja y la puso en el suelo, luego me cogió con habilidad pero especialmente rápido para tomar la misma posición que yo antes. Tomó el frutero y la puso junto a nosotros. Luego, una de las copas de champán, me pregunté qué iba a hacer, con que sabor me iba a comer. Solo la imagen que acababa de crear en mi mente duplicó la inundación que se estaba produciendo entre mis piernas.

Tomó unos cuantos sorbos de su vaso, dejó solo un poco, luego vertió unas gotas en mi vientre justo en mi ombligo, un poco escapó para ir sobre las sábanas cuando me sobresalte. Sonrió orgulloso de hacerme lo mismo que le había hecho con la crema, le devolví la sonrisa. Tomó una frambuesa y la hizo pasar con un giro por mi ombligo, lo sumergió en el champán que estaba allí y se lo llevó a la boca, mirándome e imitándome recreando un gemido de satisfacción. – Lo que me hizo reír.

-¿No me crees? – me dijo. Volvió a poner champaña en mi ombligo y luego una frambuesa que mojó como la anterior, pero esta vez me la llevó a los labios, logré atrapar uno de sus dedos cuando puso la fruta en mi boca. Envolví mis labios sensualmente alrededor de su dedo esta vez, el gemido no fue imitado, sino sentido. Quitó su dedo de mi boca y pude probar la fruta. La frambuesa y el champán sabían bien juntos.

Comenzó a hacer un camino de fruta en mi cuerpo, lo vi hacerlo divertido preguntándome por dentro si me cubriría champán después. Optó principalmente por las frambuesas, tenía que gustarlas, pensé. Antes de darme cuenta de que las otras frutas no se habrían mantenido en mi cuerpo. Puso uno en la base de mi cuello, luego entre mis senos, otro en la parte superior de mi estómago, otro en mi estómago y luego optó por una uva para colocar en mi ombligo. Se arrastró a gatas para estar encima de mí sin tocarme.

Luego comenzó con el que estaba en la base de mi cuello, agarró la fruta con sus dientes pero dejó que sus labios me besaran donde estaba la fruta. Mis ojos no perdieron nada de lo que estaba haciendo a pesar de que no era muy práctico acostada sobre mi espalda. Luego bajó entre mis pechos e hizo lo mismo, cuando levantó la cabeza dejando sus rizos cosquilleando mi pecho, sonrió de una manera muy traviesa, luego volvió la cabeza hacia uno de mis pezones, hizo la Igual que con las frutas. Lo que me envió una ola de deseo directamente, a la mi parte baja de mi abdomen. Estaba a punto de inclinarme ante el placer cuando dijo

-¡No te muevas, no debes dejar caer las fruta! – Gemí de frustración, porque además de no poder buscar contacto, había detenido sus suaves caricias orales para hablar conmigo.

Sonrío aún más, orgulloso de su pequeño efecto. Luego se acercó a mi otro pecho, que solo estaba pidiendo ser torturado también. Hizo lo mismo otra vez. Tuve que dar uso de todo mi autocontrol para no moverme y rozarme contra su pene, lo cual estoy segura que compartía mi opinión y mi deseo – Le oí reír suavemente, lo que me hizo gruñir.

-No es gracioso – me quejé como cuando tenía cinco años.

-Oh, si que lo es – contestó. Luego fue a la última frambuesa, esta vez arrastrando su lengua además del beso, bajó hasta a mi ombligo donde estaba la última fruta.

Lo atrapó entre sus dientes y esta vez se acercó a mí, a mis labios la puso en mi boca, la mastique para liberar el jugo ligeramente ácido y luego besé a Jaspér en la boca. Su lengua, su propio sabor mezclado con frambuesas y uvas era una sensación extraña, excitante y muy emocionante.

Me soltó con una sonrisa maliciosa en sus labios y bajó a mi ombligo. Metió la lengua dentro del limpiando el champán que había derramado unos momentos antes. Lo que avivó el volcán que había tenido lugar en mi vientre y que para demostrar su descontento dejó correr su lava entre mis piernas.

Se levantó y bajó de nuevo esta vez; estaba de rodillas, apartó mis piernas para tener una visión libre de mi intimidad húmeda, sonrió al verlo. Luego tomó una fresa por su tallo, la froto contra mi clítoris y luego hacia abajo a la entrada de mi íntimo, esperaba en silencio que él no decidiera penetrarla, no estaba seguro de que ella pudiera salir. Pero no por suerte para mí no lo hizo. Ni siquiera sé si él había adivinado lo que acababa de cruzar por mi mente, porque era una sonrisa burlona la que me estaba dando ahora mismo.

No, lo había cubrido con Mis fluidos y ahora se lo llevaba a la boca. Esta visión era de un erotismo sin nombre, cerró los ojos al morderlo lo que me causó escalofríos en todo el cuerpo.

-No hay acompañamiento más adecuado que tu néctar mi amor – me dijo abriendo los ojos. Esta frase me envió millones de pequeñas corrientes eléctricas por todo el cuerpo.

-Deja de jugar – dije con voz ronca.

-Hum… ¿pero pensé que eso era lo que querías? – Respondió burlonamente.

-Jaspér ... – Gemí.

Me sonrió de nuevo y luego se quitó el bóxer mientras yo hacía desaparecer el frutero. No perdió más tiempo, de hecho, tenía tanta prisa como yo, solo quería que le suplicara. Se colocó sobre mí y rápidamente me penetró una y otra vez, tuve los mismos sentimientos de plenitud, me sentía completa junto a él.

-No creo que pueda vivir sin este sentimiento – dijo.

-Yo tampoco – le respondí mientras le pedía a continuar. con mis movimientos.

Él lo hizo, me encantaba sentirlo moverse en mí, sentí que éramos más de una misma entidad, una misma alma que se reunía en esos momentos. Sus embestidas se hicieron más fuertes y aún no era suficiente, tenía una de mis manos detrás de su espalda y la otra en sus nalgas, incliné mi pelvis y aumenté sus embestidas adaptando mis propios movimientos a los suyos. Entonces, de repente, se retiró lo que me sorprendió, regresó a mí tan fácilmente como si hubiera pesado solo quince libras.

-Vamos, arrodíllate – me pidió con su voz cargada de deseo. Lo hice, presionó mi espalda para inclinarme y colocarse detrás de mí cuando entendí qué posición quería, me adapte a su cuerpo y me llenó de nuevo, de hecho, sus empujes ahora tenían la intensidad que yo había deseado al principio. Siempre estuvo activo, fue más rápido y más fuerte, la fricción de su pene en mi vagina, el sonido de nuestros dos cuerpos chocando entre sí, nuestros respectivos jadeos, todo lo que se asociaba, me hicieron sentir rápidamente invadida por una ola de calor, combinada con la sensación de dejar la Tierra, el que te aísla en este mundo de placeres donde nada importa más que ese momento de gozo que estas experimentando. Sí, iba a disfrutar porque esta ola era poderosa, este velo de placer me envuelve por completo para llevarme al borde del precipicio. Me contraje, todos mis músculos se me apretaron de la cabeza a los pies y mi vagina más que todos los demás, se contrajo tanto que lo lleve de inmediato conmigo en el goce.

-Mierda, si Bellaaaaa… – gimió. Mientras que esta vez mi garganta demasiado comprimida tampoco podía soltar palabra, solo logro emitir un sonido indescriptible.

Cayó sobre mí y sentí su piel contra la mía, su corazón latía contra mí, sintiendo su aliento errático en mi espalda, podía afirmar que yo era la mujer más feliz y más plena.

-Bella, te amó, siempre te he amado, pero ahora estoy seguro de que nunca más podré vivir sin ti – Me dijo mientras se apartaba de mí y se desplomaba en la cama.

-Demasiado tarde, debiste pensarlo antes – repliqué divertido. Tuve la impresión de que lo que estaba pensando salió prácticamente palabra por palabra. El me sonrío

-Hablo en serio, Bella, no quiero alejarme más de ti. Te quiero conmigo todo el tiempo.

-Primero tienes que limpiar tu casa para eso. Porque lo que sucedió esta noche si hubiéramos sido buenas personas, nunca debería haber sucedido. No soy ese tipo de mujer Jaspér.

-Lo sé, pero no quiero que te preocupes, ni te arrepientes. No te arrepientas – me rogó.

-Ahí es donde tengo un problema, porque no me arrepiento y no me importa. Eso es lo que me asusta.

-Bella, mañana te prometo lo más importante del mundo para mi. Arreglare las cosas, no tendrás que hacerte ese tipo de pregunta. Es a ti a quien amo y es ti a quien quiero a mi lado por el resto de nuestras vidas.

-Más te vale, porque no tengo la intención de dejarte ir y menos aún de dejarte ir con ella. Ni nadie más – le dije en un tono más ligero.

-Te das cuenta de que hace apenas 24 horas te encerré en una celda.

-Las 24 horas más hermosas de mi vida.

-El mío también – dijo, cerrando sus brazos alrededor de mí.

Y fue así que nos abrazamos desnudos uno contra el otro, nos quedamos dormidos felices y enamorados sin preocuparnos por nada. Porque sabíamos que siempre seríamos felices juntos.

Fin.