Los personajes de Ranma ½ pertenecen a la mangaka Rumiko Takahashi y solo escribo para los fans por diversión que aman esta genial serie de Anime y manga sin obtener algún ingreso económico.

Capítulo 11

Eran apenas las 7 de la mañana, Ranma fue el primero en levantarse y tenía tiempo que no se levantaba tan temprano, pero estando en una casa desconocida lo hacía sentirse incómodo. Por lo menos le reconfortará que Akane estuvo viviendo bien. No era una casa grande pero tampoco pequeña, la decoración era sencilla pero moderna.

Había muebles que combinaba con las cortinas, las paredes eran blanco y amarillo muy bajo, era una casa familiar. Le daba pena ir al refrigerador y tomar algo después de todo no era su casa. Pasó por un mueble de madera y le llamó la atención las fotografías que estaban enmarcadas. En una estaban solamente Usui y Shun. Shun solamente sonreía y se recargaba del hombro de Usui que estaba serio. Parecía que estaban afuera de su lugar de trabajo.

En la otra estaban afuera de su casa, pero Usui estaba de rodilla abrazando a una niña por lo que dedujo rápidamente de que se trataba de Izanami, estaba sonriendo y sinceramente parecía otra a la que conocia. No sé porque sonrío cuando la vio. Se sentía mal por ella, tal vez si los hubiera encontrado a él y a su padre sería otra la historia, aunque hubiera sufrido más por los viajes que tuvo durante toda su niñez, pero la compañía de una hermana pequeña hubiera hecho que no se hubiera sentido tan solo y tuviera alguien con quien hablar.

En la tercera pudo ver a ellos dentro de las oficinas solo que esta vez se sorprendió de ver a Akane con ellos. Al parecer era reciente la foto. Usui y Shun estaban vestidos como normalmente, con traje de vestir y corbata negra. Izanami y Akane estaban con pantalón negro de vestir y blusa de botón blanca que estaba fajada. Todos estaban sonriendo, incluso Akane. Se sintió molesto porque ella fue feliz mientras que él vivió un infierno sin ella. No sabía si estar enojado con ella, pero era inevitable ver esa foto que la bajó para no verla más.

Entró a la sala y a un lado estaba el comedor y la cocina. Le sorprendía que la cocina estuviera con concepto abierto. Su estómago comenzó a gruñir después de todo no había comido desde ayer, en el desayuno.

—Si quieres puedes prepárate algo. —habló Shun que estaba atrás del chico. Ranma se asustó. — Estas en tu casa, hazlo con toda confianza. —sonrió el chico.

—Pensé que se quedaría más tiempo encerrado. —dijo Ranma extrañándo de que estuviera aquí.

—Si, pero pasó algo anoche que pues a decir verdad se le quitó un poco el enojo a Usui y me dejo venir para ver si se encontraban bien. —sonrió un poco nervioso el chico.

Se dio cuenta que el chico bajó la mirada, parece ser que algo le molestaba, pensaba Shun y se dio cuenta que una foto se encontraba hacia abajo y supo cual era.

—Si te da pena yo les haré el desayuno. —caminó hacia la cocina.

El chico devoraba la comida como si no hubiera un mañana. No le molestaba a Shun, ya que estaba acostumbrado con solo vivir con Izanami y Akane que siempre devoraban la comida. Principalmente Akane, siempre dijo que la comida de prisión era un asco, por lo que decidió disfrutar sin importar la cantidad, el sabor de la comida que había en la calle o que él cocinaba. Siempre dijo que nada era peor que aquella comida y prefería cualquier cosa, aunque fuera crudo o frito. Era un milagro que siempre salía con Izanami a correr en las mañanas, aunque Izanami cayera desmayada en el suelo.

—¿Y qué te parece? —preguntó el chico.

Ranma se detuvo y le dio un poco de vergüenza. En su casa no había problema, pero no estaba en su casa y comía como un animal.

—Es deliciosa. —contestó el chico.

—No me refiero a la comida. —dijo el chico con una sonrisa. —me refiero a nuestro hogar.

Ranma no entendía lo que quería decir.

—Cuidamos muy bien a Akane y cómo viste vivió cómodamente estos tres años. —comentó Shun. —Bueno, mejor dicho, dos años porque primero estuvo en prisión y más adelante nos dieron su custodia y con respecto a Izanami, le dimos una muy buena educación.

—¿En serio? Se nota. —comentó Ranma sarcásticamente.

—No nacemos con los conocimientos para educar. —respondió con una gota de sudor en su frente.

Ranma desvió la mirada, seguía molestando algo.

—No te enojes con Akane. —habló Shun sorprendiendo a Ranma de que supiera lo que pensaba. —Si piensas que fue feliz durante estos años, solamente hicimos lo que pudimos para que así fuera...pero no fue del todo.

Ranma lo miró a ver y lo escuchaba atentamente.

—Tenías sus momentos alegres, pero en mayoría fueron deprimentes. —confesó el chico. —Fue difícil para todos cuando llegó aquí y más para Izanami que no la soportaba, pero con el paso del tiempo fue agarrando nuestro cariño y principalmente de Izanami aunque esas dos son tan orgullosas y no lo admitan. Ellas se quieren. Akane siempre se acordaba de ustedes. —dijo refiriéndose a él y a sus hermanas.

—Al menos una llamada de que se encontraba bien. —masculló el chico.

—Akane estaba restringida, no podía salir de aquí. — explicaba la razón de la chica — Tenía una tobillera que rastreaba su ubicación y si salía de su rango era castigo para ella. Por eso no regresaba a ver a su familia.

Ranma no lo podía creer, pero aun así...

—Muchas veces le dijimos que al menos se comunicara con ustedes, pero le daba vergüenza de lo que se había convertido y prefirió mejor pensar que estaba perdida o muerta a que tú te decepcionaras de ella, era su mayor miedo.

Ranma no sabía cómo responder a eso que escuchaba.

—Pero ella sabía que estaban bien. —siguió hablando. —Tenía a alguien cerca de ustedes que le informaba cada vez que lo miraba...

¿De quién se trataba?

—O más bien, cada vez que se perdía por estos rumbos.

Hasta ese momento le cayó peor que un balde de agua fría. Ese maldito de Ryoga, siempre lo supo. Sabía lo que sufría y él sabía dónde estaba Akane. Cuando lo volviera ver, le daría la peor golpiza que jamás hubiera imaginado.

El teléfono comenzó a sonar, Shun se puso de pie y contesto el teléfono que se encontraba en una mesa a un lado del sillón de dos cojines.

—Hola. —contestó Shun. El rostro del chico cambió drásticamente. —¿Qué Akane que...? —gritó el chico.

Ranma se puso de pie temiendo lo peor.


Ranma y Shun entraron a la sala y se sorprendieron que todos estaban agrupados enfrente de la oficina de Shun. Tuvieron que empujar para poder entrar y ver lo que pasaba. Se escuchaba gritos y cosas que se rompían. Cuando estaban enfrente de la puerta vio que estaba cerrada y Usui tocaba e intentaba abrir la puerta. Emi y Maru estaban a un lado e intentaban de igual manera ayudar a Usui.

—Usui, ¿Qué sucede? —preguntó Shun angustiado.

—¿Dónde está Akane? —preguntó Ranma desesperado pesando que estaba herida. —La tengo que llevar con el doctor. —empujó a Usui e intento abrir la puerta, pero no podía estaba cerrada con seguro.

—¡Es inútil! —gritó Usui. —No quiere abrir la puerta.

—¡Esa maldita de Izanami! ¡Abre la puerta! —gritó Ranma más fuerte.

—¡Oye cálmate! —habló Izanami. Ranma vio la celda y ella aún estaba dentro de ella. —Ella fue la que se encerró, tiene un ataque de furia. —dijo tranquilamente. La chica estaba sentada en el suelo con las piernas abrazadas. —Yo estoy aquí, no lo hice nada.

Se escuchaba cosas que se rompía, era mucho ruido incluyendo los gritos de la chica.

—Pero ¿por qué con mi oficina? —espetó Shun con la voz aguda y jalándose el cabello. Se acercó a Usui y lo sujetó de su saco. —Tu eres el único que la puede entrar en razón.

—Si, un maniaco puede tranquilizar a otro maniaco. —comentó Izanami.

—¡¿A quién le dices maniaco?! ¡Niña maleducada! —gritó el chico y se acercó a la celda para intentar agarrar a la chica, pero los tubos de fierro se lo impedía.

—¡Ves! ¡Eres igual a Akane! —gritó Izanami alejándose del chico lo más pronto posible.

Shun se acercó a Usui y lo agarró por la espalda para alejar a su loco amigo de la celda.

—Pensé que ya estaba tranquila después de lo que pasó en la madrugada. —dijo Shun soltando a su amigo que ya parecía más calmado.

—¿Qué pasó en la madrugada? —preguntó Ranma aún intentado abrir la puerta. —¿Fue cuando Nabiki y yo nos fuimos?

Tardaron en responder hasta que Izanami hablo.

—¿Qué esperan? Díganle lo que pasó.

—Entonces díselo tú, —respondió Usui enojado. —es tu hermano.

—¡Ni me lo recuerdes! —gritó Ranma pateando la puerta. — No creo poder verla así algún día. —confesó el chico.

Izanami solo gruñó.

Usui se paró enfrente de la puerta. Ranma se detuvo cuando vio que se acercaba el chico con una mirada decidida. Patio tan fuerte la puerta que la rompió en dos. Miró a Ranma y le dijo...

—¿No pudiste haber hecho eso desde un principio? —preguntó en voz baja.

—Tu estuviste más tiempo que yo. —contestó con una gota de sudor en su frente.

Ranma y Usui entraron y se sorprendieron del gran desastre que había logrado la chica en menos de una hora. Los archiveros tirados, folders y papeles tirados por todas partes. Cuadros que estaban colgando en la pared tirados con vidrio alrededor.

—¡Es sorprendente! —dijeron ambos chicos asombrados de lo que pudo hacer Akane en un ataque de furia.

Usui se agachó y levantó de lo que algún día fue un jarrón.

—Rompió el jarrón favorito de Shun. —espetó el chico.

—¡NO! —gritó Shun desde afuera. —¡Mi jarrón alemán!

Ranma encontró a Akane en una esquina de espaldas y abrazando sus piernas.

—¡Akane! —llamó el chico acercándose a la chica.

Ranma se agachó, iba a tocarla para que lo viera y tal vez abrazarla, pero en el momento se arrepintió de tocarla. ¿Qué le sucedía? ¿Por qué ahora se le hacía difícil?

—¿Por qué te arrepentiste? —susurró Akane. —Eso es lo que quiero en este momento.—dijo con tristeza

Ranma se asombró de sus palabras.

—¡Akane! —llamó Usui.

Akane entendió y se puso de pie viéndolos a los dos. Camino y salió de la oficina. Akane vio que todos estaban enfrente de ellos. Su mirada era sería y sin emoción, como normalmente era.

—¡¿Qué ven todos?!—gritó Akane. —¿No tienen cosas que hacer? —gritó más fuerte.

Los demás se dispersaron y regresaron a su trabajo.

Usui y Ranma salieron y Ranma pudo escuchar el grito de Akane y se sorprendió de la voz y mando que tiene en este lugar. Shun se acercó a Akane con una mirada molesta y lágrimas en los ojos.

—¿Por qué destruiste mi oficina? —preguntó Shun. —¿Qué tengo que ver con tus problemas?

—¡¿Qué sí que tienes que ver?!—gritó la chica y señaló a Emi. —¡Tú la trajiste al mundo! ¡Es tu hija! Y acaba de destruirme por completo mi vida.

—¿Su hija? —preguntó asombrado Ranma. Pero luego la pensó y no le asombraba por la edad que tiene, aunque pobre Nabiki porque tendrá una hijastra casi de su misma edad.

—¿Qué sucede aquí? —con esa pregunta llegó la generala junto a su asistente. — Akane son las 8 de la mañana, te dije que no te quiero aquí hasta que te recuperes.

La mirada de Akane cambio a una perversa.

—Hace mucho que no miraba esa mirada. —habló Izanami sabiendo que algo tramaba y no era bueno.

Akane se acercó a la generala con esa misma mirada.

—Querida jefa. —habló con una voz dulce.

—¡QUÉ! —gritaron todos de asombro.

La generala se asombró, jamás le había hablado de esa manera.

—¿Qué...es lo que...quieres, Akane? —preguntó la mujer caminando hacia atrás. Podía ser dura, pero pensaba bien las cosas, después de todo, un tiempo Akane fue una asesina en serie.

Emi suspiró.

—Esta bien, yo lo diré. —dijo Emi resignada.

Todos voltearon a verla.

—Esta vez, Maru y yo no vinimos solos, nos acompañó mi primo, Raiko.

—¿Raiko? —preguntó Ranma acercándose a Emi. —¿El chico de ayer?

—Si. —Respondió Izanami. —También fue el que nos atacó en China.

Ranma solo suspiró, ahora con que iban a salir.

—¿Alguna otra cosa más que me ocultes? —preguntó Ranma viendo a Akane.

Akane no respondió y solo evitó la mirada de Ranma.

—Es tu primo, ¿Y? —dijo la generala. —¡Al punto!

—¡¿Es en serio?!—habló Izanami acercándose más a la celda. —Hace tres meses los corrió de aquí porque ellos venían del futuro y si seguían aquí iba a ver cambios drásticos en el transcurso del tiempo e historia, pero ahora, a usted no le interesa ni en lo más mínimo. ¿Qué es lo que le sucede? ¿Por qué su cambio de actitud? —Izanami no entendía en absoluto.

Todos se quedaron en silencio.

—La historia de por sí ya está distorsionada. —contestó la pequeña mujer. —¿Qué puede ser peor? ¿Qué sea el futuro hijo de Akane y que también sea un asesino? —rio la mujer.

Todos quedaron en silencio.

La mujer dejo de reír y entendió, su mirada cambio a una fuerte y dura. Todos se dieron cuenta de que volvió a hacer la de antes.

—Lo de asesino aún no lo sabemos. —habló Izanami.

La generala la vio con los ojos bien abiertos, que para Izanami fueron como dos cuchillos, se hizo para atrás para protegerse.

—¿También... es hijo...de Akane? —rechinaba la Generala sus dientes al hacer la pregunta.

—Si. —afirmó Izanami.

Ranma se asombró al escuchar eso. ¿Pero porque nuevamente ese temor?

—El es el verdadero líder de los descendientes. —habló Usui. —Ellos nos mintieron al decirnos que los había mandado Akane del futuro, él fue el que creó esta iniciativa.

—Con el mismo propósito que usted ya sabe. —espetó Shun.

—¿Al menos saben dónde se encuentra? —preguntó Midori.

—No lo vemos desde ayer. —dijo Maru.

—Quiere el decadente que tenía Izanami. —Comentó Emi.

—Ya que sin el no puede regresar. ¿Al menos lo tienen? —terminó de decir la Generala.

—Los dos están en la caja. —habló Akane.

La chica miró a Ranma y parecía que él estaba perdido en sus pensamientos.

—Así que Raiko ¿Eh? —dijo la generala con un largo suspiro. —Significa segundo hijo, es el más pequeño ¿No? Nanami, es la primera hija de Akane...que tuvo con Ranma Saotome, en eso estoy correcto ¿No? Akane. —sonrió la mujer.

Ranma levantó la mirada, ¿Una hija? En un futuro tendría una hija. Por un momento la paz regreso a su corazón. Sintió un gran alivio, al final ella se quedaría con él y tendrían una hija. No pudo evitar sonreír como tonto, nadie se dio cuenta de los cambios de gestos del chico, excepto Izanami que solamente se quedo extrañada, se miraba tan ridículo, era lo que ella pensaba.

—¿Quién es el padre de Raiko? —preguntó la generala inocentemente. —porque de acuerdo a la historia que nos contaron, es imposible que sea Ranma Saotome.

De repente su ilusión fue destrozada en mil pedazos. No es que lo hubiera deseado, pero... Era así, acaso ¿No estará con Akane para siempre? Ya no entendía nada.

La furia de Akane regresó, se acercó a un jarró que estaba cerca y lo tiró.

—Ese fue el problema...—habló Izanami. —ese fue el problema por lo que Akane se volvió loca. —se alejó nuevamente de la celda hasta toparse con la pared, temiendo que le volviera a darle un ataque.

—Vamos... no exageren, un hijo mas no hace daño, ni que Usui fuera el padre de ese niño. —rio la generala y viendo que nadie respondió. Se tapó la boca. —¿Qué pasa esta mañana? ¿Ahora resulta que soy psíquica?

—No se preocupe generala, yo no soy el padre del niño. —contestó tranquilamente Usui. —El único hijo que tengo es Maru. —dándole un golpe en el hombro a Maru. Comenzó a reírse. Como vio que los chicos no respondieron nuevamente, se puso nervioso.

—Raiko y yo nos llevamos muy bien. —comentó Maru inocentemente. —Practicamos juntos esgrima.

Akane tiró todas las cosas que había en el escritorio más próximo con la mirada hacia abajo. Usui y Akane miraron de forma asesina a Emi y a Maru acercándose a los dos y jalándolos del cuello.

—¡No nos asusten! —gritaron los chicos al mismo tiempo. —¡Respondan de una buena vez! ¡No queremos pasar por lo mismo nuevamente!

—¡No! —gritó Emi asustada. —¡Usui no es el padre de Raiko! —contestó Emi sin poder respirar.

Los chicos los soltaron y suspiraron de alivio.

—¿Qué no entendieron cuando dije que era el hijo que jamás conoció Ranma Saotome? —dijo Emi tosiendo por la falta de aire.

—Que jamás conocí...—susurró Ranma.

—Entonces...—habló Izanami con los ojos en blanco y recargada en la celda. —¿Quién es? ¿Lo conocemos o no? —preguntó cansada de tantas vueltas al asunto.

Emi se calmó y comenzó a hablar.

—En efecto, Raiko es el líder de los descendientes, el segundo hijo de Akane y hermano menor de Nanami... — se detuvo un momento. —por seis minutos.

Esas tres ultimas palabras confundieron a todos, ¿Por seis minutos?

—¡Explícate! —dijeron Ranma, Akane e Izanami al mismo tiempo.

—Sí, Raiko también es hijo de Ranma Saotome porque Nanami y Raiko son gemelos. —confesó la chica con tanta tranquilidad sin pensar que lo peor se desataría.

De repente Ranma sintió un mal presentimiento, la energía de una persona fuerte, pero a la vez peligrosa, volteo a la celda y vio como Izanami le daba una patada tan fuerte que la rompió en varios pedazos. El chico se asombró de la fuerza de la chica, no cabía duda de que ella tenía la sangre de los Saotome. Eso le recordó un momento, hace unos años cuando su padre lo encerró en una celda parecida y quería que la rompiera, pero al final no lo logro, ese fue el principio de su entrenamiento y si lo lograba sería el comienzo de una gran dinastía.

Todos vieron la mirada de Izanami, nadie la reconocía, era otra. Esa cantidad de energía... ¿No será?...pensó Ranma. Iba a golpear a Emi, no lo podía permitir. Se dio cuenta de que ella tiene una fuerza oculta y si la libera no la podría controlar. Se adelantó y detuvo a Izanami antes de que la golpeara.

—¡Suéltame afeminado trasvesti! —gritó Izanami en el suelo con Ranma abrazándola por la espalda y teniendo sus manos con las suyas para que no intente golpearlo.

—¡No puedo permitir que la golpee! —contestó Ranma. —Va en contra de nuestros principios.

—Yo no sé tus estúpidas reglas porque mi mama jamás quiso que conviviera contigo... —se dio cuenta de lo que dijo y termino rápidamente. —... ni con mi padre. —terminó en un susurro.

Ranma pudo sentir la calma de la chica y esa energía que extrañamente acumulo se fue degradando.

Akane del susto cayó al suelo, estaba espantada porque jamás vio a Izanami de esa forma, pero más fue su susto porque estuvo a punto de decirlo, lo que hacía que sintiera nuevamente esa culpa que la ha atormentado este último año. Por un momento se olvido de haberse enterado de la existencia de otro hijo, pero lo que más le alegraba es que Ranma también fuera su padre, pero también le preocupaba que él también la odiara al igual que Nanami por haberle negado a Ranma. Pero eso era algo que no permitiría, prometió no volver a cometer el mismo error, un error que su "yo" del futuro cometió.

—¡Izanami! ¡Akane! —habló Midori. —Las quiero a las dos en mi consultorio. —dijo con una mirada sería. —¡Es una orden!

Izanami y Akane al escuchar esas palabras se pusieron de pie y siguieron a la mujer.

—¡Ranma Saotome! —llamó la Generala. —Acompáñame a mi oficina. —ordenó la pequeña mujer.

Ranma no entendía que pasaba, pero si esta mujer le explicaría todo, la seguiría. Con ese pensamiento se levantó y la comenzó a seguirla.

—¡Espere Generala! —exclamó Usui para detenerla, pero la ignoro y no hablar de Ranma, que hizo lo mismo. Volteo a ver a los chicos y Shun lo acompañaba con la misma mirada.

—Parece que esta será la primera vez que hablaremos con ustedes como padres e hijos. —dijo Shun con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

Emi y Maru se asustaron ya que no estaban acostumbrados a esas miradas y solamente sonrieron mostrando sus dientes.


—Siéntate, Ranma. —habló la generala tomando asiento en su silla.

Su oficina era más pequeña que la de Shun pero era más elegante y mejor ordenado. Ranma obedeció y se sentó.

—Me imagino que debes de estar confundido. —comenzó a hablar. —Perdón, pero como mi asistente se fue con tu hermana y tu prometida, no puedo ofrecerte algo.

—No se preocupe, no quiero nada. —respondió triste el chico. —¿A dónde se las llevo?

—Están a un lado de esta oficina. Mi asistente es psicóloga y las atiende una vez a la semana por separado, pero creo que hoy será una sesión especial para ellas. —comentó la situación de ellas en estos momentos.

—Usted...

—¿Quiere que le explique la historia completa? —sonrió la mujer. —Lo haré con gusto. Muchos creen que soy mala pero no es así, solo me gusta la disciplina después de todo soy sargento, aunque aquí de "cariño" me dicen "generala" por mi mala actitud ante los demás, pero bueno me siento como si yo fuera la maestra y ellos mis alumnos, tienen mucho que aprender, pero sé que eso a usted no le importa. Pero en fin... ¿Qué es lo quiere saber?

—Bueno...no sé por dónde empezar...

—¿Que tal la primera vez que detuvimos a Akane?... — preguntó la Generala.