Capítulo 11
Dos días después de su regreso ella salió al jardín. Se dirigió al banco al que solia ir habitualmente y cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad pudo observar que allí había alguien sentado. Una silueta inconfundible se recortaba sobre el fondo ligeramente iluminado y se quedó quieta, titubeante. No sabía si continuar caminando o dirigirse de nuevo a la casa.
- No te quedes ahí – dijo Logan sin girarse– no muerdo.
Había olvidado su capacidad para identificar a quien tenía cerca sin necesidad de verle. Se le formó un pequeño nudo en el estomago pero decidió hacerle caso, al fin y al cabo, era su rutina, no tenía porque cambiarla.
Se sentó a su lado y le miró. Le pareció mas atractivo de lo que recordaba. Su característico corte de pelo felino, la barba de varios días y una mueca permanente de autosuficiencia en el rostro. Era realmente adorable. Sonrió con tristeza y fijó la vista en el infinito, en el resplandor de la cuidad. Él se incorporó un poco apoyando los codos en las rodillas.
- Este lugar da una falsa sensación de seguridad – afirmó con un hilo de voz oscura.
- Yo he venido a sentarme cada día desde que regresé.
- ¿Buscabas seguridad?
- No sabría decirte...
Logan respiró profundamente. Apoyó de nuevo la espalda en el respaldo del banco y cruzó los brazos
- ¿Como te encuentras?
- He recuperado la memoria si te refieres a eso – respondió cerrando lo ojos de rabia.
- ¿Duele?
Ella le miró sorprendida, parpadeando varias veces. Tardó unos instantes en responder.
- Tal y como sueles decir, siempre duele. Averiguar que has estado a punto de destruir todo lo que te importa, duele. Es un peso con el que tengo que aprender a convivir.
- ¿Y como lo llevas? - preguntó fijando sus penetrantes ojos en los suyos.
- Mal
Logan asintió levemente con la cabeza y le cogió la mano con suavidad, perdiendo la vista de nuevo en el infinito.
- ¿Te vas a quedar mucho tiempo?
- No hago planes, ya lo sabes - respondió tajante. Soltó su mano y se levantó del asiento – nos veremos mañana.
Jean ladeó la cabeza para observar la figura de la persona que tenía delante. No dijo nada, tan solo se conformó con verle desaparecer de su vista sin saber si le volvería a ver de nuevo al día siguiente.
