Hola neniss! primero quería deciros que siento mucho no haber podido actualizar ayer sábado, lo que pasa esque no iba bien el Internet en casa, espero que me perdoneis! y segundo pues deciros que espero que os esté gustando cada vez más la historia y que por cualquier duda, pregunta o idea que tengais de la historia o para la historia, pues hacermelo saber por review o PM.
Bueno, no os aburro más, a leer!
-CAPÍTULO 11:
***POV. BELLA***
- Bella, lleva este pedido a la mesa cuatro, por favor. -me dijo la cocinera.
- Claro Nuria. -cogí con cuidado la bandeja plateada donde habían un par de tostadas en un plato, dos cafés y un pequeño vaso de zumo recién exprimido.
Habían pasado ya tres meses desde que estaba aquí en Forks, y dos desde que empecé a trabajar como camarera de tarde.
Estaba contenta, la vida por fin me volvía a sonreír. Las cosas con Charlie iban muy bien; mi padre estaba contento de convertirse en abuelo dentro de unos meses. Con el pequeño restaurante en el que trabajaba, bueno.. estaba feliz; me pagaban muy bien cada mes, incluso me dan algunas propinas.
Con Edward no me podía quejar. Llevábamos ya una semana algo estresados por el tema de la mudanza y de los muebles ya que él no me dejaba ir a ver la casa, quería que fuese una sorpresa.
Cuando llegué a la mesa donde tenía que entregar el pedido, vi a la pequeña familia sentada en la mesa de al lado de la ventana; el padre muy trajeado haciéndole bromas a la niña de unos cinco años con trenzas mientras la madre les sonreía amorosamente; interiormente, yo también sonreí.
- Aquí tienen su pedido. -les dije dejando las tazas, el vaso y el plato de tostadas encima de la mesa.
- Oh, muchas gracias señorita. -me sonrió el padre.
Me di la vuelta cuando escuché que me llamaban.
- Dime Nuria. -le dije a mi compañera cuando me puse tras la barra.
- Bella, hay un chico muy mono en la mesa 15 preguntando por ti, parece que le gustas. -sonrió con picardía.
- ¿Ha dicho algún nombre o algo?
- Dice que se llama Sr. Cullen.
- Está bien Nuria, muchas gracias.
Me dirigía a la mesa donde estaba Edward, cuando le vi por detrás, con su traje gris, su ancha espalda y su pelo cobrizo. Cada vez que le miraba, me volvía a enamorar. Me acerqué a él sigilosamente, le abracé por detrás y le susurré al oído:
- Así que.. Sr. Cullen ¿eh?
- Hola preciosa.
Giró su cara hacia la izquierda, que era donde yo había apoyado la cabeza en su hombro, y debido a nuestra proximidad no nos aguantamos: nos besamos con fervor como si no nos hubiéramos visto en muchos días.
Cuando nos separamos nos miramos a los ojos fijamente y él me dijo con mucho cariño:
- Te tengo una gran sorpresa, pero antes necesito que te quites ese uniforme y me acompañes.
- Eso está hecho, de todas formas ya no queda mucha gente, así que creo que no habrá inconveniente en que la jefa me deje salir un poco antes.
- Está bien, te espero fuera.
Fui al baño del personal a cambiarme la falda y la camisa del uniforme por unos vaqueros negros y una blusa de flores rosa y naranja con las bailarinas naranja, pero el moño desaliñado me lo dejé puesto. Cuando la jefa me dijo que no había problema en irme antes, cogí la rebeca y mi bolso y salí por la puerta encontrándome a Edward apoyado en la puerta del Volvo con mirada penetrante que me ponía nerviosa.
- ¿Sabes? No me canso de decirte lo hermosa que estás. -me dijo abriéndome la puerta del copiloto y sonriendo.
- Y yo de que me lo digas. -le sonreí de vuelta.
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Íbamos en silencio en el coche escuchando bandas sonoras cuando noté que Edward se salió de la carretera para ir por un pequeño sendero con flores de todo tipo por alrededor y grandes árboles con sus ramas largas hasta el suelo. De repente pude ver un gran jardín delantero con más árboles y pinos y más flores rodeando una gran mansión de color crema y madera. La casa era impresionante, con esos grandes ventanales y su estructura tan moderna pero a la vez antigua. Me encantaba.
Edward me ayudó a salir del coche, y cuando me giré para poder ver con más claridad el jardín, ví un columpio echo de madrera con cuerdas gruesas a los lados y colgando de la rama de un árbol muy frondoso en el que gracias a sus tantas ramas y hojas, hacía una muy buena sombra, perfecto para las tardes de verano para leer o simplemente pasar el tiempo.
- Bueno ¿estás preparada? -me sacó de mi ensoñación mi amor.
- ¿Preparada? ¿Para qué? -le pregunté extrañada.
- Pues para ver nuestra nueva casa.
Oh dios mio. Ésta era la casa de la que tanto tiempo llevo esperando ver. Era la casa que Edward me dijo que compró cuando vino aquí a Forks. Era nuestra casa.
Él me ofreció su mano y cuando la cogí me dirigió a la puerta principal. Admitía que estaba un poco nerviosa; en fin, una casa como esta tenía que costar mucho, ya haríamos cuentas él y yo.
- Bueno pues, bienvenida…cariño. -me dijo cuando entramos.
Me quedé maravillada solo con la entrada, la cuál estaba perfectamente adornada con un mueble de color caoba con un jarrón y rosas de colores, y el pequeño armario que supuestamente era para los abrigos.
Avancé unos cuantos pasos y a mi derecha estaba la cocina. En ella había una mesa de madera con sillas rodeándola, una encimera de mármol con lavavajillas y horno, la nevera era inmensa, y los armarios de la cocina estaba a rebosar de todo tipo de comida. Al final del todo, había una puerta también de madera, la abrí y vi que aquella pequeña habitación era la galería donde estaban la lavadora y secadora, la plancha, y millones de productos de limpieza.
Cuando volví a la entrada me dirigí a la izquierda, donde había un salón a doble altura. En él habían dos preciosos sofás negros de cuero formando una L y debajo de ellos había una alfombra de color crema muy suave, una gran televisión de pantalla plana en frente, una mesa baja de madera con los mandos a distancia de la TV, el DVD, y el reproductor de música. Al lado del gran ventanal que estaba a la izquierda de los sofás, había un gran mueble repleto con mis libros y películas favoritos ordenados adecuadamente y sin una mota de polvo. Estaba impresionada, y eso que solo había visto dos estancias de la casa.
- Venga sigamos. -me animó mi amor.
Contenta y con una grande sonrisa plasmada en la cara, subimos a la planta de arriba.
La primera habitación era un despacho muy bonito con un escritorio de madera color oscuro frente a una ventana y un muy caro ordenador portátil encima de él. También había una estantería con libros de medicina, física y química, biología y geología.. Cuando me acerqué al escritorio cogí una de las fotos al azar y vi que en ella salíamos Edward y yo abrazados cuando éramos pequeños, aproximadamente de unos doce o trece años. Era cuando yo gané el decatlón académico de lenguas y él ganó el partido de baloncesto junto con su equipo. Recordaba ese día como si fuera ayer.
En ese momento me puse un poco melancólica, ya que después de ese día los dos cambiamos demasiado y ya no volvimos a ser los mismos. Simplemente son fuimos distanciando.
Dejé otra vez la foto en su sitio y cuando giré la cabeza hacia la derecha pude apreciar el gran piano negro de cola que tanto quería Edward; nunca se atrevería a dejarlo.
- ¿Vamos a la siguiente habitación? -me preguntó.
- Claro.
Cuando cerramos la puerta del despacho, andamos unos cuantos metros y abrí la segunda puerta mostrándome una preciosa habitación blanca con muebles y adornos en color madera y color beige. Al entrar, a la izquierda estaba el armario empotrado y justo al lado un pequeño tocador con perfumes caros y joyeros. Frente al tocador estaba la enorme cama con dosel y sábanas de seda y a cada lado de ésta, habían dos mesillas marrones con tres cajones y pequeñas lámparas encima de ellas. Al fondo a la izquierda había una puerta, y como la curiosidad mató al gato, la abrí.
Era un baño enorme con un lavamanos de mármol y una ducha y jaccuzi del mismo. Al lado de la ducha había un mueble con toallas y albornoces, y justo al lado de éste se encontraban el WC y el bidé.
- Esta es nuestra habitación. -me susurró Edward al oído produciéndome un escalofrío.
- Es muy bonita, me encanta. -le dije dándole un corto beso y saliendo de la habitación para ver las demás que quedaban.
- Espera Bella, estas dos habitaciones aún no están terminadas, así que.. mejor entra a la del final. -me informó justo antes de que abriera una de esas dos puertas.
- Está bien. -le contesté asintiendo.
- Bueno, espera un momento. -me dijo antes de que abriera la última puerta.
- ¿Qué ocurre?
- Es que quiero que esto sea la sorpresa.
- ¿Pero la sorpresa no era la casa? -le pregunté yo soltando una carcajada.
- Bueno si, pero esta es la segunda sorpresa. No abras los ojos hasta que yo te lo diga. -cuando terminó de hablar me tapó los ojos con sus manos.
Cuando entramos a la habitación, andamos unos cuantos pasos más y me dijo:
- Espero que te guste, he estado trabajando en esto desde que llegué.
Y así quitó sus manos de sus ojos dejándome libertad para mirar esa preciosa habitación.
- ¿Es la habitación de los bebés? -le pregunté llorando de felicidad.
- Sí, bueno he tenido que añadir una cuna más y algunos otros muebles, pero creo que ha quedado bien. -me dijo abrazándome por la espalda y besando mi hombro izquierdo.
- Ha quedado más que bien, es perfecta.
Miré con más detenimiento la hermosa habitación de mis bebés.
Las paredes eran de color crema, el suelo de parqué como el resto de la casa, habían dos armarios de madera caoba pequeños con ropita diminuta de colores neutros como amarillo, verde, blanco.. y también habían dos pares de pequeños patucos de lana de color blancos. Frente a las dos cunas blancas con colchones blandos habían una gran ventana con una cortina blanca para que cuando los bebés se despertaran lo vieran todo con mejor claridad pero no les diera el sol directamente. Al lado de las cunas habían unas estanterías con juguetes pequeños de ositos, mariposas, perros y gatos.. También estaba el cambiador de bebés (NA: no se como se dice el mueble ese donde cambian a los bebés la ropita o los pañales, que tiene para poner las colonias de los bebés, los cepillos, el champú..) justo al lado de las cunas. También había un pequeño parquecito en un lado de la habitación donde el suelo era de goma espuma y habían más muñecos de plumas. Todo era absolutamente perfecto.
Llorando, me di la vuelta y abracé a Edward, a lo cuál, él también me correspondió.
- No sabes cuanto te quiero. Todo es perfecto; el trabajo, la casa nueva, la habitación de los pequeñines, la familia.. -y en ese momento me di cuenta de nuestro grave error.
Nos miramos los dos algo nerviosos y preocupados.
- Edward, ¿tu familia sabe algo de esto? porque yo les dije a Alice y Rosalie que no se lo contaran a nadie..
- No, mi familia no sabe nada. Cuando "discutimos" ese día en tu casa, directamente al los dos días hice las maletas y sin dar explicaciones me fui de casa.
- Madre mia.. ¿y qué vamos a hacer ahora? ¿Qué pensarán tus padres de todo esto? Edward ya han pasado tres meses desde que estamos aquí en Forks, y en ningún momento le hemos dicho nada a tus padres.
- No pasa nada Bella, no te estreses. Si quieres la semana que viene viajamos a Seattle y nos quedamos allí un tiempo para compensar las cosas un poco ¿de acuerdo? -me dijo poniendo sus manos a los lados de mi cara.
- Está bien. Te quiero. -le sonreí.
- Yo también te quiero cariño. De ahora en adelante todo será perfecto, te lo prometo.
Espero de corazón que os haya gustado el capii, como habreis visto, este capitulo es mas largo que los demas.. pues intentare que de aqui para adelante todos sean igual de largos que este.
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By: Andrea 14 de Cullen.
