¡Hola a todos! Lamento mucho la tardanza nuevamente con este capítulo y que tal vez no llene ni la mitad de sus expectativas. Son 29 hojas de capítulo y creo que no quedaron bien después de todo. Y me disculpo de antemano por eso.

A pesar de todo agradezco mucho a dos personas especiales que bueno, ayudaron que este capítulo sea un poco menos feo de lo que ya quedó. A pesar de todo no pueden hacer milagros.

Gracias a PrincessLunaMadelaineJulia que a pesar de no dejar un RR en el capítulo sus duras e imparciales críticas ayudaron a que le ponga un poco más de empeño al capítulo el cual estaba o está muy aburrido. Y a ¡Row! (he decidido dejarte así ya que no sé si habrás cambiado tu Nick XD) que también me ayudaba y me levantaba el animo cuando no sabía si seguir o no. :D Os quiero mucho!

Y como lo prometí por MSN este capítulo va dedicado a emmylia91 por su cumple, un regalo megasuperhiper atrasado y lamento si el capítulo quedó feo, juro que no fue mi intención. Te agradezco de corazón el RR y espero que aunque sea algo te agrade. Te quiero!

No los interrumpo más, ya están advertidos. Espero que les guste y aunque sea para decirme lo feo que estuvo el capítulo no olviden dejar RR que es el motivo por el cual continuo escribiendo y ahorita si que los necesito para saber que lo que escribi no fue basura o que al menos esperen el próximo capítulo para poder rectificarme.

Os dejo con la lectura, no olviden los RR y prometo darles un bonito regalo de Navidad! :D!


Capítulo XI: Situaciones Incómodas.

La diferencia de horarios la había chocado. Había salido de Londres a las nueve de la noche y llegó a Japón a las cuatro de la mañana. Hasta hacer los trámites de salida del aeropuerto y tomar un taxi seguro a su casa, todo para mantener la sorpresa de su llegada.

-¿Hola?-Susurró en su casa ante lo lúgubre que lucía en la oscura madrugada y en vista de que luego de su gran grito al parecer nadie la escuchó.

¿Habrá salido Yamato? No sería nada raro debido a las reuniones y cocteles a los que debe de asistir a menudo pero en ese caso la mamá del hijo de ambos debería estar, ¿verdad?

-¿Sora?-La ronca voz de Yamato bajando las escaleras llamó la atención de la pelirroja quien recuperó la compostura y alzó la mirada para ver a su rubio marido bajando las escaleras de su casa-¿Qué haces aquí?-Preguntó con una mezcla de nerviosismo y repelencia.

-Vivo aquí.-Le contestó de mala manera. ¿Cómo podía ser posible que luego de tantos meses sin verse lo primero que le pregunta es: qué hace ahí?

Taichi hubiera saltado a besarla y a…

Sacudió la cabeza alejando esos lascivos y prohibidos pensamientos de su cabeza. Ese affaire ya pasó y ella volvió a Japón porque iniciará una familia con el hijo de Yamato y Mimi y de esa manera restaurará los lazos rotos con su marido.

-No esperaba que volvieras tan pronto…-Dijo sin ocultar su sorpresa y evadiendo su mirada.-Y menos sin avisar.-Dijo Yamato una vez en el piso de abajo acercándose a su esposa que se lanzó a sus brazos imprevistamente. Tuvo que controlar sus nervios ya que no había llegado precisamente en un buen momento. Apenas y pudo ir por su bata y su pantalón de chándal.

-No hay un "¿Cómo estás mi vida?" o un "Te he extrañado mucho".-Preguntó melosamente abrazando fuertemente al Ishida.-Los esposos de hoy en día son un poco secos y fríos.-Dijo besando su mejilla.-Pero tú no eres así, ¿verdad Yamato?

-Pues…-¿Qué le ha pasado a Sora?-¿Cómo estás Sora?

-Bien, extrañando mi casa como una loca.-Contestó la pelirroja.-Y… ¿el bebé?, ¿Cómo está el bebé?

Esa sí era la Sora con la que se había casado, aquella que muere por ser madre.

-Ha estado bien, como siempre te lo digo en los mails.-Dijo el rubio tranquilamente luego de soltar a su esposa del abrazo que le dio.

-Que alegría, ¡Quiero verlo!-Chilló emocionada, como si la futura madre fuera ella. Aunque indirectamente lo fuera.

-¿Sabes que aún está en el vientre de su madre?-Preguntó incrédulo-¿Verdad?

-Por supuesto, pero quiero ver a Mimi y lo grande que debe estar su vientre donde crece nuestro hijo.-Le recordó.

No, no era su hijo, era de Mimi, solo de Mimi y de él. Eran sus hijos.

-Es muy tarde, ella debe dormir y son las cinco de la mañana.-Y tiene a una Mimi desnuda, muerta de miedo y con las ropas de ambos esparcidas por el suelo de la habitación.

-Ya veo.-Ni siquiera se molestó en ocultar la decepción en su rostro ni en su tono de voz.

-¿No crees que es mejor que subas a descansar Sora?-Preguntó tratando de sonar casual.-Ha sido un largo viaje.-Le animó Yamato a su esposa.-Yo también estoy cansado y quisiera seguir durmiendo.-Pidió entre mentira y verdad.

-¿Mucho trabajo?-Preguntó Sora conforme subía las escaleras y se dirigían a la recámara que compartían.

-Demasiado.-Aunque no precisamente del que Sora pensado.

-Ya veo.-Llegaron a la puerta del cuarto-¿Vamos?

-No.-Contestó rápidamente sorprendiendo a Sora.-Creo que mereces descansar plenamente en tú cama, yo iré a preparar ciertas cosas para el trabajo, tú descansa tranquila.

-De acuerdo, supongo.-Contestó no tan convencida quedándose frente a su marido y delante de la puerta.-Me despertaré antes de que te vayas a trabajar, después de todo si pude dormir en el avión.

-Bien, descansa.-Le deseó a Sora que rápidamente se acercó a él posando sus finos labios sobre los suyos siendo apenas correspondida.

-Nos vemos en unas horas.-Le dijo con una media sonrisa conforme entraba en la alcoba.

Una vez cerrada la puerta llevó uno de sus dedos hacia sus labios donde aún se sentía el vacío de aquel beso carente de pasión. Aún recuerda los besos pasionales que se daban de adolescentes y eran muy diferentes a los actuales, ya no había la magia ni el cosquilleo en su estómago cada que se acercaban para darse un beso. Pero eso no era lo que le extrañaba, no. Le extrañaba el hecho que ahora que tiene como comparar esos besos se da cuenta de lo vacíos que son y de lo diferentes que eran.

Sin embargo eran otros besos los que tenía grabados en su memoria de manera más clara y nítida. Aquellos besos que la hacían ser otra persona y perder la cabeza en cuestión de segundos. Aquellos besos que no solo probaron sus labios sino también todo su cuerpo. Besos de aquel hombre el cual le hizo faltar a su promesa de fidelidad ante Dios el día que acepto a Yamato como su marido.

Taichi Yagami… el molesto fotógrafo.

Pero eso fue una aventura que terminó y aunque será difícil acostumbrarse nuevamente a los besos de Yamato tendrá que hacerlo. Pronto será la madre de sus hijos y sus sueños se harán realidad. Debería estar feliz, pero entonces ¿Por qué no lo estaba del todo?

Ella no podía ni debía extrañarle, desde el momento en que puso un pié fuera de ese avión que la trajo de vuelta a Japón procuró dejar lo ocurrido en el pasado y solo mirar hacia su prometedor futuro a lado de la familia añorada.

Por muy difícil que sea.

Una vez en su habitación la sintió fría y desolada incluso en esos momento más ya que se encontraba absolutamente sola. Se echó en la cama sin pena alguna aspirando el aroma familiar que este prodigaba. Su cama bien tendida como siempre y con ese olor a suavizante canela que ella mismo se encargó de ordenar sea el único con el que lavaran sus piezas la embargó por completo. Rodó hacía el lado de Yamato esperando aspirar el olor de esa colonia que le gustaba y finalmente caer dormida junto a ese olor tal y como lo hacía cuando eran adolescentes.

Pero eso no pudo ser, abrió los ojos con sorpresa ante el mismo olor a canela que acompañaba al resto de la ropa de cama y se dio cuenta de algo que no se había fijado. A pesar de que el sueño le podía y sus ojos se le cerraban no pudo evitar pensar.

Eran las cinco y treinta de la mañana y Yamato había dicho que había estado durmiendo antes de su llegada. Entonces…

-¿Por qué está hecha la cama?-Preguntó en un susurro mientras sus parpados cansados se cerraban y la transportaban al mundo de los sueños con la duda en su cabeza esperando ser borrada por el futuro sueño.

El cuarto parecía no haber sido habitado por mucho tiempo…

¿Por qué?


Un repentino dolor de cabeza le golpeó fuertemente y la culpa lo embargó de pies a cabeza. Sin lugar a dudas ora había vuelto… diferente; si tomaba en cuenta la euforia con la que lo saludó luego de haberse despedido no en buenos términos precisamente ahora ella llega desbordando alegría y predisposición. Alegre por la llegada de un bebé del cual no había sabido nada en los últimos meses.

Justo cuando parecía que todo iba bien, cuando pensaba que la vida estaba siendo un poco justa y dichosa.

Tenía que llegar ella.

Tal vez por un lado era una forma de hacerle ver su egoísmo ya que nunca pensó en Sora durante los últimos meses a los que rápidamente calificó como los mejores de su vida. Dejando de lado la conducta psicótica de Sora los meses previos al alquiler no podía dejar de pensar en que ella era aún su esposa y de que había pasado cerca de la mitad de su vida a su lado.

Que ella lo amaba a él sin saber que sus sentimientos por ella habían cambiado. Y ¿Cómo podría lidiar con eso? Sora siempre había cumplido en todos los roles que una esposa debe cumplir. Lo atendía a él y se encargaba de la casa con eficiencia.

¿Qué podría justificar su actuar, su infidelidad?

-¿Puedo pasar?-Preguntó suavemente al tocar la puerta del cuarto que ocupaba Mimi.

-Adelante.-Susurró la castaña tenuemente cediéndole el permiso de pasar a sus aposentos.

El rubio abrió la puerta lentamente, procurando no hacer ruido y la vio. La luz de la lámpara del buró le daba a su cabello una tonalidad que podría llegar a acercarse al color del caramelo fundido, tan claro y brilloso. Ya no estaba desnuda, por suerte ya que no se fía de si mismo ni de sus instintos cuando se trata de ella.

Ella, Mimi, era su justificación. No, no era una justificación ya que al decirlo de esa manera puede interpretarse de muchas formas, ella era su razón, si, su nueva razón de ser.

Un nuevo amor.

-Y ¿la señora Sora?-Preguntó la castaña con un deje de nerviosismo y un hilo de voz y la mirada gacha.

-La he convencido de que vaya a descansar a la recámara.-Habló, pero no así consiguió que Mimi le regresara a ver.-Mimi…-La llamó tomando delicadamente su mentón y obligándola a verlo.-Esto no cambia nada.

-Si lo cambia Yamato.-Contestó mirándola apenado.-Sora ha vuelto, tú esposa ha vuelto.-Le dijo como si le hablara a un niño pequeño.-Y tú…

-Y a mí eso no me cambia los sentimientos que tengo por ti.-Le aseguró.-La pronta llegada de Sora solo será para agilizar las cosas un poco.

-Tenemos que tener cuidado.-Le dijo Mimi.

-No te preocupes por nada.-Le pidió acercándose a sus labios para besarla.-Tú tranquila y cuida a nuestros hijos, deja que yo me encargue de Sora.-Aunque aún no sabía cómo.

Mimi se acercó al rubio que yacía arrodillado frente a su cama y delicadamente acercó su rostro a sus labios y lo besó delicadamente. Desde el momento en el que vio a Yamato a travesar las puertas de su recámara con esa cara que denotaba la tensión que le provocó el encuentro con Sora.

El beso fue largo, se disfrutaron mutuamente y quedando frente con frente se separaron luego de un largo suspiro.

-Ya no podrás besarme a cada momento como lo has venido haciendo en los últimos días.-Le recordó Mimi con una traviesa sonrisa.

-Eres muy cruel al recordármelo.-Dijo ahora siendo él quien reclamara sus labios.

-Te amo.-Susurró Mimi al rubio.

-Yo más y recuérdalo aunque no te lo pueda recordar o decir muy seguido a partir de ahora.-Se puso de pié y se dispuso a salir de aquella habitación que había sido su hogar por muy poco tiempo.

Aquel hogar en el que había vuelto a hacer y a sentir el amor luego de tantos años. Donde había encontrado a la mujer de su vida y a la que en tan poco tiempo había logrado recuperar en él aquello que Sora y él perdieron hace cuatro años. Mimi Tachikawa en unos pocos meses había vuelto a hacerlo sentir vivo.

Y a pesar de saber que las cosas no serían fáciles estaba dispuesto a jugarse el todo por el todo para conservar aquello que creyó perdido.

El amor, aunque para eso tenga que enfrentarse al cariño y a la desazón de tener que terminar con el teatro que él y Sora han venido montando en los últimos años.

-La amo.-Susurró una vez cerrada su puerta y ya extrañándola de solo pensar que no la verá con la misma frecuencia, ni podrá estar a su lado para besarla, acariciarla, consentirla. Aunque sepa que tal vez luce como un ridículo adolescente enamorado no le importaba.

La amaba y tenía que ser cuidadoso por ella y por sus hijos.


Había que ver que la diseñadora tenía prisa al irse de Londres.

-Líneas Aéreas Tokio agradecen su preferencia.-La voz de la maquinita programada para despedir a los pasajeros del último vuelo.

Tomó su maleta recién desembarcada y sacó un cigarro sin prenderlo debido a las normas del aeropuerto y salió por la puerta de egresados entre el tumulto de gente que esperaba con euforia a sus familiares.

A él nadie lo esperaba, pero eso ya lo sabía. Después de todo dejó Japón hace muchos años y ahora era prácticamente un turista más en esa enorme ciudad que era Tokio. Todo era nuevo para él no reconocía casi nada.

Tal vez debería llamar a la diseñadora…

No, seguro y piensa que la está acosando o siguiendo como la primera vez que lo vio, en el mejor de los casos. En el peor debe estar aún poniéndose al día con su "amado" marido.

-¡Taxi!-A la final eso era lo único que lo necesitaba.-Al Odaiba's Palace.-Dijo con acento por lo que no era difícil adivinar el porqué de la risa del taxista.

Al pasar dentro del vehículo pudo apreciar aquella ciudad que abandonó de niño. El centro igual de poblado y concurrido no se diferenciaba mucho de Londres. Poco a poco el paisaje fue cambiando conforme entraban a su tranquilo distrito de Odaiba. Tan tranquilo, calmado y familiar como siempre.

Pocas cosas habían cambiado pero más le sorprendía ver qué cosas que aún recordaba estuvieran ahí. La tienda de abarrotes de la señora Tendo, el puesto de mangas de los señores Taisho, lo cual ahora era una gran tienda de anime y manga; se pasará luego por ahí.

Finalmente luego del largo camino y de sentirse estafado por el taxista que está seguro le cobró demás al llevarse su dinero en libras esterlinas llegó al hotel. Pero la vida no podía ser más irónica que eso, ¿o sí?

Frente a la gran majestuosidad del Palace se hallaba nada más y nada menos que el viejo edificio departamental en el que vivió de niño, eso quiere decir que el terreno que usaba para jugar soccer frente a su casa era ahora el hotel donde se hospedaría.

Que irónica es la vida.

-Espero que esto sea una buena señal.-Dijo una vez instalado en su habitación. Tenía una perfecta vista a la calle y por ende al edificio del frente. No pudo evitar quedarse prendado del lugar más aún luego de ver como una madre bajaba al parecer a hacer la compra con sus dos hijos. El mayor llevaba a la menor del brazo y esta iba con un silbato en la boca, tenía corto cabello castaño, se parece a su hermana.

-Hikari…-Susurró al viento luego de exhalar el humo de su cigarro.

La iba a encontrar…


-¡Sigo sin creer lo grande que está!-Dijo refiriéndose al abultado vientre de la castaña.-Me he perdido tanto tiempo.-Exclamó arrepentida.

Caminaban los tres en un completo silencio hasta que la pelirroja habló. Ella iba del brazo de Yamato mientras Mimi iba a lado suyo sintiéndose muy incómoda mientras el rubio fingía desinterés por todo.

-Crece muy pronto.-Corroboró la castaña acariciándose el vientre. Yamato le había explicado que ella aún no sabía nada de los tres bebés así que delante de ella solo era uno.

-Y… ¿Ya saben qué será?-Preguntó emocionada mirando a su esposo que la llevaba del brazo.

-No.-Contestó rápidamente.-Aún no.

-¡¿Qué?-Preguntó exaltada-¿Cómo piensas que arreglaremos su cuarto?

-¿No te parece que es mejor que sea sorpresa?-Sin duda era la primera vez que pensaba tan rápido respecto a algo tan importante. Ya se había encargado de decorar el cuarto de los bebés y a su vez de cambiar la cerradura de la puerta por una cuya llave solo la posee él.

-Eso creo…-Susurró Sora no muy convencida.-Peor querido yo quiero saber.-Le reprochó.-Prometo no decirte nada pero en la ecografía de hoy le pediré a Michael que me lo diga.

Rogaba por todos los ángeles y los santos que Michael no le realizara una ecografía aquel día, aunque estaba consciente de lo difícil que era ya que su medio hermano se había encargado de explicarle los riesgos del embarazo de Mimi y sabía que el último trimestre podía ser el más difícil y el de más cuidados. Pero había contado con que Sora seguiría lejos y así él podría encargarse de los cuidados de Mimi.

-Agradezco que hayas faltado a la compañía para acompañarnos nuevamente a la ecografía.-Dijo Sora sinceramente, trataba de mantener su mente ocupada y quería estar cerca de Yamato el mayor tiempo posible para recordar el amor que sentía por él.

Aunque por ahora no daba resultado.

-Todo sea por el bebé.-Contestó permitiéndose un gusto de deleitarse en ver a Mimi aunque sea fugazmente y brindarle una sonrisa de apoyo.

Cuando Sora despertó ellos también apenas lo hacían y lo primero en lo que insistió luego de gritar por veinticinco minutos al ver el desarrollado embarazo que presentaba Mimi, era ir a ver a Michael para poder ver al bebé. Ahora solo espera que Michael quiera colaborar con él en el secreto

Pero al tratarse de su rival declarado lo duda mucho.

-Gracias igual.-Contestó la mujer poniéndose de puntillas para alcanzar a su esposo y besar sus labios fugazmente.

Mimi apartó la mirada y aunque pudo percatarse que el rubio no correspondió al beso se sentía extraña al ver esas muestras tan claras de afecto.

Finalmente las puertas se abrieron y observaron algo que jamás pensaron ver. Si quiera unas cinco mujeres en cinta esperando su turno en un total caos y desorden. Muchas murmuraban el tiempo que llevaban esperando y sobre lo extraño que era eso viniendo del doctor Minamoto; para ellos también fue extraño presenciar el desorden hasta que finalmente un rubio algo alterado salió ante ellos.

-Recuerde mis recomendaciones señora Fujimoto y verá que esa niña vendrá fuerte y sana.-Despidió a su última paciente.-Señoras, lamento no haberles informado antes pero tengo un parto programado para dentro de pocos minutos así que con mucha pena deberé pedirles que se retiren.

Entre quejas y reproches las demás embarazadas dejaron la habitación, ni siquiera se percató que aún quedaron dentro tres personas esperando a por él. Llevó sus manos a sus sienes esperando que el dolor de cabeza disminuyera de esa manera. Ese día había sido caótico y todo debido a la ausencia de…

-¡Michael!-Llamó Sora a su cuñado.

-Hola Sora.-Dijo sin pensarlo-¡Sora!-¿Cuándo volvió su cuñada? Y ¿Qué estaba haciendo ahí? Cuando detrás de ella pudo ver a Yamato y a Mimi lo dedujo automáticamente, venía para saber del bebé-¿Qué tal el viaje?

-Muy cansado.-Contestó ella tratando de no sonar impaciente.-Pero de eso hablamos otro día, ¿Podrías ver al bebé?-Preguntó haciendo que Mimi diera un paso al frente.

-Hola Michael.-Contestó la castaña tímidamente.

-Hola preciosa.-Dijo acercándola a su cuerpo y abrazándola delicadamente pero con mucho afecto, complacido al ver como Yamato volteaba el rostro-¿Cómo has estado?, ¿Te sientes mal, te duele algo?

-No.-Se apresuró a contestar Sora.-Simplemente que no podía esperar a ver al bebé y queríamos pedirte que la chequearas.

-¿"Al" bebé?-Preguntó incrédulo, ¿Cuándo se convirtió en un solo bebé y él no se enteró?, pero al ver la mirada molesta de Yamato y los ojitos de súplica de Mimi entendió que la pelirroja aún no enteraba de la cantidad de niños que venían en camino.-Por supuesto, el bebé.-Dijo rápidamente.-Pero ahora no puedo Sora, tengo que asistir ese parto además que luego reorganizaré las citas que tengo mañana para incluir las que se marcharon hoy y…

-Yo quería ver a mi hijo.-Comentó Sora frustrada acercándose a su marido en busca de confort.

-Otro día será.-Aseguró Michael estrechando con más fuerza a Mimi.-No te prometo día ya que deberé revisar las citas y organizar muchas cosas pero yo te llamo.

-¿Y Nai?-Preguntó Mimi al escuchar a Michael referirse a tener que hacer las labores de su secretaria y al no verla en la sala.

-¿Nai?-Preguntó nervioso.-Ha tomado sus vacaciones.-Mintió ya que no sabía nada de ella. Desde lo ocurrido aquel día de lluvia ella no se había presentado a trabajar además de ni siquiera reportarse como enferma o al menos dignarse a coger sus llamadas.

-Yamato, yo quería ver al niño.-Le reprochó Sora abrazando a su esposo a pesar de que este le correspondiera levemente.

La presencia de Sora era una bendición para él ya que con ella ahí su medio hermano recordaba que debe cumplirle a ella y así dejará a Mimi sola y para él.

-Ya lo verás después.-Dijo Michael.-Además tiene una madre que lo cuida mucho y se encuentra en perfecto estado de salud.-Dijo tomando la barbilla de Mimi y alzándola hasta quedar apoca distancia de sus labios.

-En ese caso creo que lo mejor es retirarnos.-Contestó Yamato colocando una mano sobre el hombro de Michael y apretándolo fuerte pero sutilmente de manera que detenía al rubio.-Vamos Mimi.

-Si quieres puedes quedarte con Michael.-Habló Sora refiriéndose a Mimi.-Por lo que veo su relación está progresando.

-Te invito a comer.-Propuso el rubio de ojos verdes aprovechándose de la situación.

-Creí escuchar que tenías un parto que atender.-Desafió Yamato a su medio hermano.

-Doctor Minamoto por favor acercarse a la sala de partos, doctor Minamoto por favor acercarse a la sala de partos.-Llamó dos veces la operadora al galeno que de mala gana soltó a Mimi.

-Supongo que entonces la invitación queda pendiente.-Dijo el rubio con una sonrisa.-Cuídenla mucho.-Pidió.

-Está en buenas manos.-Le gruñó Yamato tomando a Mimi del brazo delicadamente.-Vamos Sora.

La pelirroja observó perpleja lo que acababa de suceder en su delante. Fue como si ella hubiera dejado de existir por unos momentos y estuviera siendo parte de una especie de pelea. Yamato actuó de manera diferente a como llevaba actuando todo el día: áspero, distante, perdido. Se transformó y se volvió una especie de fiera que protegía a su hembra. Incluso ahora aún mantenía el ceño fruncido y el portazo que dio al cerrar la puerta del coche corroboró aún más sus sospechas.

Pero eso no podía ser, entonces solo podía tratarse de…

-Hacía mucho tiempo que no te veía celoso.-Comentó Sora con un ligero aire de reproche.

El rubio y la castaña contuvieron la respiración al mismo tiempo y Yamato se maldijo al menos unas doscientas cincuenta veces en su mente por haber sido tan obvio. No había actuado como el adulto serio e implacable que era y como el que debía actuar ahora con mayor razón. Había actuado como un crío adolescente que estaba en competencia con su medio hermano por el amor de una mujer y no era del todo así.

Ya que el amor de ella lo tenía, sin embargo le hirvió la sangre al ver a Michael intentar aprovecharse de su penosa situación y coquetear e insinuársele a Mimi de manera tan descarada provocando en él que los celos aparecieran ya que ahora no podía ponerlo en su sitio abiertamente.

-No sé a qué te refieres.-Contestó luego de un largo silencio a su esposa.

-A que no deberías celar a nuestro hijo de esa manera.-Contestó como si fuera lo más obvio del mundo.-Entiende que aunque Mimi será su madre el niño estará con nosotros.-Habló de manera general. Luego de analizar las reacciones de ambos en silencio.-Mimi tiene derecho de hacer su vida, después de todo en unos meses esto se acaba y ella seguirá siendo una hermosa jovencita que traerá loco a más de uno y si Michael está interesado es en ella, no en el bebé.

No contestó simplemente miró por el retrovisor a la castaña. Si Sora supiera que está más que interesado en ella y que le hierve la sangre el solo pensarla cerca de otro que no sea él. Sin embargo pudo notar cierto sarcasmo e ironía en el modo de hablar de Sora por lo que debe asegurarse de hacerla cambiar de parecer inmediatamente.

-Tienes razón cielo.-Ni siquiera recuerda cuando fue la última vez que la llamó así y por la expresión en el rostro de Sora ella también lo había olvidado.-Prometo no volver a celar a mi bebé.-Se lo dijo a ella pero mirando directamente al retrovisor a cierta castaña lo miraba y le dedicaba una sonrisa.

Pero nunca prometió dejar de celar a la madre, a su mujer, a su único amor.


Pateó la lata metálica con frustración. Llevaba dos semanas en Japón y no sabía nada de ningún miembro de su familia. ¿Acaso eso podía ser posible? Desde el principio supo que no iba a ser fácil, que prácticamente buscaba una aguja en un pajar. Es más, sabía que podía estar muerta a pesar de que su corazón le decía lo contrario.

Y solo podía aferrarse a ese corazón que no renunciaba a la búsqueda de Hikari.

Ahora se encontraba en el parque de Hikari Gaoka aquel parque en el que creció entre juegos infantiles, el mismo parque al que iba con su hermana a jugar o simplemente a pasar el rato tirando piedras en el río. Caminó hacia el lago del parque y vio su reflejo en el agua, escupió la colilla de su cigarrillo que cayó al agua hundiéndose rápidamente para por las mismas sacar otro de su bolsillo y disponerse a fumar nuevamente.

-Por personas como usted el planeta está como está.-Una voz femenina llamó la atención de la castaña. Era lo último que le faltaba: una vieja metida que le reprendiese.

-Lo lamento.-Contestó sin voltearse y disponiendo a irse sin siquiera regresar a ver a su interlocutor, pero la mano del mismo lo detuvo.

-Ya que contaminó las aguas del lago, al menos recoja la colilla que botó.-Le dijo firmemente.

Refunfuñando el castaño se inclinó a recoger la colilla y se dio la vuelta para mirar a la persona.

-¿Feliz?-Preguntó con sarcasmo sin abrir los ojos.

-Mucho.-Dijo con un tono de voz más calmado y hasta alegre provocando que el castaño abriera los ojos y le viera.

Era una muchacha castaña de largos y lacios cabellos. Su tez clara, demasiada tal vez; ojos chocolates, iguales a los suyos. Iba vestida con un suéter color rosa pálido y un jean azul marino. No parecía mayor de veinte sin embargo era muy cálida y le inspiraba algo extraño.

-En su rostro denota una gran frustración pero no es justo que descargue su ira el medio ambiente.-Le dijo con una sonrisa que automáticamente le hizo bajar sus defensas e incluso disipar un poco su frustración.

-Tienes razón.-Le contestó el castaño con una media sonrisa.-Pero es realmente frustrante no encontrar algo que has venido a buscar expresamente.

-¿Acaso no es de Japón?

-Nací aquí pero me crié lejos y he venido a buscar a alguien importante.-Contestó con sinceridad.-Busco a mi hermana menor.-Fue involuntario, es más nunca pensó que lo podría decir sin pensárselo o sin que el pesar volviera a embargarlo. Además que era algo que muy pocas personas sabían y ella era una desconocida.

-Le puedo ayudar con una dirección si gusta.-Ofreció la castaña.

-No, pero gracias.-Dijo con una sonrisa.-Disculpa, ¿Cuántos años tienes?

-Diecinueve.-Contestó la menor.

-Eres muy joven, mi hermana debería tener tu edad.-Le reconoció con una sonrisa.-Pero sabes, deberías cuidarte te has puesto a platicar conmigo y pude haber sido un psicópata asesino.

-Gracias por el consejo y tiene razón.-Reconoció la castaña.-Pero a pesar de que fue grosero en un principio se ve en sus ojos que no es una mala persona.-Le contestó con sinceridad.-Además que mi novio está cerca, fue por unos helados.

-Ya veo.-Contestó el castaño, era una muchacha astuta y muy inteligente. Además que tenía la edad de su hermana. Si Hikari estuviera viva ¿Se parecería a ella? Seguro, ya que desde pequeña mostraba gran parecido con su madre y la joven que estaba frente a él era muy similar también, más aún con esa liga que sostenía su cabello a la altura de la nuca y esa sonrisa.-Como sea, tengo que irme y no te preocupes procuro no contaminar el medio ambiente más de lo que ya lo hago a partir de ahora, ni siquiera en mis momentos de frustración.

-Me alegra, yo también debo irme.-Dijo con una sonrisa.-Suerte con lo de tu hermana…

-Soy Taichi.-Dijo rápidamente.

-Yo…

-¡Hikari!-Una voz masculina llamó a la castaña y era perteneciente a un rubio que iba con dos helados, uno en cada mano.

-¡Voy Takeru!-Respondió al rubio.-Me tengo que ir Taichi, mucha suerte.-Dijo rápidamente despidiéndose y dirigiéndose hacia donde estaba su novio.

La colilla del cigarrillo cayó al suelo por inercia vencido por la fuerza de gravedad al tener su boca abierta por mucho tiempo. Recogió el compuesto de nicotina del suelo y sacó otro de su bolsillo.

-Que irónica casualidad.-Susurró viendo a la joven alejarse.

La misma edad, las mismas características e incluso su mismo nombre. La vida si que podía llegar a ser perra si le seguía poniendo muchachas así para jugar con sus sentimientos y hacerle perder la motivación al darse cuenta de que hay muchísimas personas con ese nombre y castañas en el mundo. Además que ¿Quién quitaba que si Hikari está viva hubiera tintado su pelo o ahora usara lentillas de quien sabe qué color?

Aunque más se preguntaba si con todas las Hikari que se encuentre en un futuro sentirá la misma afinidad que con esa, ¿Quién sabe? De cualquier manera este encuentro con esa Hikari le ha hecho sentir que tal vez no sea en vano su búsqueda y que debe pensar que la encontrará.

Aunque haya momentos que la siente tan lejos y otras que la siente tan cerca…

Como justamente hace unos instantes…


-¿Me podrías dar un beso?-Preguntó al rubio mientras su novia degustaba el helado de vainilla que él mismo había comprado.

-¿Por qué motivo en especial?-Preguntó la castaña.

-Pues por varios.-Contestó mientras tomaba un poco de su helado de chocolate.-Por ejemplo, por ser el mejor novio del mundo…

-Engreído…

-Por haberte comprado un helado de vainilla aunque el médico te lo prohibió.

-Tú eres mi médico…

-Pero más importante.-Dijo ignorando las interrupciones de su novia.-Porque quien sabe y tal vez sea la última vez antes de que tú tía me despelleje vivo.

-Eres un dramático, a Yamato no le fue tan mal.-Le dijo Hikari.

-Tienes razón y eso que él tenía las de perder.-Corroboró Takeru.

-¿Por qué? Es un buen hombre que quiere mucho a mi hermana.-Confirmó ella extrañada.

Y está casado y alquiló a Mimi. Hikari tiene razón si a su hermano le fue bien. A él le harían un altar.

-Tienes razón.-Corroboró Takeru.-Además por favor, ¿Qué ser humano podría no encontrarme encantador?-Sora, pero ella no contaba mucho como un ser humano.

-Narcisista.-Bufó Hikari.

-Así me quieres.-Dijo colocándose frente a ella.-Ahora, quiero mi beso.

A pesar de su posición estoica muy a su pesar no podía resistírsele. Se puso de puntitas y alcanzó los labios del rubio y los unió con los propios en un tierno y a la vez apasionado beso mesclando el chocolate de él con su helado de vainilla.

-Solo por haberme comprado el helado.-Bromeó ella manchando la nariz de su novio con su helado de vainilla mientras él volvía a poseer sus labios.

Y bueno, tal vez si era un novio encantador.


Si alguien viniera y le preguntara: Hey Mimi, ¿Cómo has pasado estás últimas semanas?

Solo tendría una respuesta para darle: Pésimo.

No sabe exactamente qué es lo que la hace tan mala. Si sus achaques, sus dolores de espalda, cada día cuando se enfrenta a su reflejo y se da cuenta de lo obsesa que está. Pero no puede engañarse queriendo convencerse de que es eso lo que la molesta, es otra cosa.

Se permitió mirar al frente para observar como la mano de la pelirroja yacía sobre la pierna del rubio que estaba concentrado en la carretera. Hoy saldrían a comer los tres afuera, era algo extraño o por lo menos no tan habitual ya que en sus meses solo con Yamato siempre cocinaban en casa y cuando se le antojaba algo lo pedían a domicilio y cuando llegó Sora ella cocinaba en casa.

Pero nunca salían a cenas románticas nocturnas como los esposos Ishida lo hacían cada sábado en las últimas tres semanas. Todos esos días veía a Sora enfundarse en sus más exquisitos vestidos en los cuales ella ni siquiera puede soñar vestir con esa figura. Después de todo estaba en siete meses de gestación y sus hijos cada día crecían un poquito más.

Eran su único motivo de dicha.

-¿Hay algo especial que quieran comer hoy?-Preguntó Sora a Mimi.

-Lo que sea estará bien señora Ishida.-Contestó Mimi sin despegar la vista del paisaje que le ofrecía su ventana.

-¿Te sientes bien Mimi?-Preguntó Sora preocupada-¿Te duele algo?

-No, estoy bien.

-De acuerdo.-Contestó la diseñadora no tan convencida.-Amor, llévanos a comer comida italiana por favor.-Dijo acercándose a su esposo para besar su mejilla muy… seductoramente.

-Sora por favor, estoy conduciendo.-Le regañó el rubio.

Prefirió ignorarlos. Sora Ishida llevaba ya cerca de tres semanas en Japón, veintiún días en los cuales ha pasado a su lado un sesenta por ciento del tiempo mientras el cuarenta restante lo pasa con Yamato. Siempre juntos, siempre cariñosos y eso empezaba a molestarle.

Después de todo eran efímeros los momentos que compartía con el rubio ahora que la pelirroja había vuelto. Ella está tan feliz y entusiasmada con el futuro nacimiento del bebé, ya que ella cree es solo uno. Este ha sido el periodo de tiempo más largo que ha pasado con Sora desde que se conocieron y se ha dado cuenta que todo lo que decían las mujeres de los socios de Yamato eran verdades.

Sora es linda, dulce, educada, culta, inteligente, fina, femenina, buen cuerpo, bonita cara y lucía muy bien junto a Yamato Ishida. Sin duda la pareja perfecta, de esas que solo encuentras en las novelas de la tarde, las películas y en los libros.

Sin embargo ella no era la bruja mala que debería ser, el rol antagonista se lo llevaba ella y con galardones de por medio.

Yamato era el protagonista de la historia, el guapo y perfecto protagonista que cometía errores de vez en cuando y que se supone ama a la protagonista con locura. Sora era la siempre ingenua, buena e ingenua protagonista que ayudaba a la mujer que le estaba quitando a su marido, en este caso ella.

Mimi Tachikawa, la antagonista.

¿Desde cuándo pasó a convertirse en eso?

Desde que le molesta la cercanía de Sora para con Yamato, que ya no puedan estar siempre juntos, que ya no abrace por las noches ni le susurre palabras dulces al oído. Ahora yace a lado de ella y eso le molesta y la convierte en la villana. La que va a romper la paz y armonía de ese hogar perfecto, la que odia a la protagonista a pesar de que ella es tan buena consigo. Pero ella no odia a Sora, la envidia. Pero es normal ya que estaba enamorada de su esposo.

Pero en eso si diferían de las villanas de las telenovelas. Ellas siempre son egoístas y solo hacen el mal. A ella le molesta la situación pero sabe que debe de afrontarla porque… ella lo decidió así.

Ella decidió ser la villana y ¿Qué es lo que pasa con las villanas? Nada bueno. Siempre acaban muertas o en el peor de los casos locas en un sanatorio. Y los protagonistas quedan juntos y felices con quince hijos en menos de diez años y lanzan un monologo sobre la felicidad y el amor etc.

Ella decidió el papel que jugaría en esa novela el día que acepto quedarse junto a Yamato a pesar de que la razón y la moral le decían lo contrario, el día que recibió dispuesta sus caricias y los días siguientes en las que las correspondió con la misma pasión. A pesar de su manera de pensar y de sus principios terminó convirtiéndose en la amante de su empleador pero no por ser egoísta, no era ninguna trampa ni ningún rencor.

Se entregó a Yamato por amor.

Y ahí es donde nacen sus dudas ya que las villanas siempre son brujas desalmadas que solo obran para su propia conveniencia sin embargo. Ella lo hacía todo por amor, el más grande puro y sincero que ha podido sentir en sus veinte años de vida. Pero si las villanas no pueden sentir amor puro y verdadero entonces, ¿Qué es ella?

-Llegamos.-Anunció Sora triunfante.

Se bajaron del coche y entraron al ostentoso local de comida. Observó como Sora saludaba educadamente y pedía una mesa, no les tomó más de cinco minutos conseguir que un mozo los guiara al menos a ella y a Yamato a una mesa mientras que la pelirroja saludaba con el que parecía ser el dueño del establecimiento. Se sentaron frente a frente pudiendo de esta manera tener contacto visual sin miedos a represarías.

-Eres hermosa.-Le susurró el rubio tan bajo que apenas y lo escuchó por lo que apenas y correspondió con una sonrisa. Cambio de actitud que no pasó desapercibido para el rubio, sin embargo no pudo emitir comentarios debido a la llegada de su esposa.

-Ya he pedido, espero no te moleste Mimi.-Dijo amable como siempre.-Me he encargado de pedir algo nutritivo pero no por eso menos delicioso.

¿Acaso Sora dudaba de su capacidad para poder alimentarse ella y sus hijos?

-Por supuesto que no señora Ishida.-Contestó con una falsa sonrisa.

Falsa… ¿Cuándo se había vuelto capaz de mostrarse falsa delante de los demás? Una de las cosas que más le agradaba de su personalidad era su franqueza y su fuerza. Fuerza que pareciera haberse extinguido en pocos meses.

¿Por qué?

Ni ella misma podía contestarse eso. Solo sabe que ha cambiado, ya no es la misma Mimi Tachikawa de antes. Esa que batallaba para sacar adelante a su hermana con la ayuda de sus tíos únicamente. ¿Dónde quedó esa Mimi? Ahora era sumisa y tranquila, el amor la había cegado y apenas y se reconoce. Además que le pesa darse cuenta que es debido a la presencia de Sora quien le ha hecho darse cuenta de aquello.

Desde que inició aquella relación prohibida con Yamato Ishida ella había cambiado y apenas ahora que ya sea por sus alborotadas hormonas o por lo que sea estaba empezando a sentir cosas que creyó no las iba a volver a sentir.

Cada recuerdo de Yamato diciéndole lo mucho que la amaba o haciéndole el amor han desencadenado en ella una serie de dudas, celos e inseguridades y lo peor de todo es que no puede expresarlo. Los ve sonriendo sobre cosas que ellos entienden y que ella jamás había escuchado hablar, Sora hablaba italiano y Yamato le entendía. Las palabras de Sakura y Hikari volvieron a su cabeza recordando los múltiples elogios a Sora y describiendo su sacrosanta perfección muy aparte de lo muy bien complementados que estaban el rubio y la pelirroja la hicieron dudar.

Si Sora es la buena ella era la mala, era algo tan simple como eso que cualquiera pudiera entender.

Aún si lo que el rubio decía se cumplía ellos jamás serían bien vistos por la sociedad, el roce de amistades y el círculo social de Yamato se vería dividido entre ambos y lo peor es que para ninguno ella sería una buena persona. Para la mayoría que no conozcan su historia será la oportunista mujer que engatusó a Yamato con tres hijos y lo obligó a separarse su amada y perfecta Sora. La gente no se tomará la molestia de preguntar solo atacarán y tal vez antes hubiera podido hacerle frente a eso sin dificultad pero ¿Ahora?

Ha llegado a pensar, viendo el cariño que Sora le da a Yamato que tal vez las cosas podrían cambiar y Yamato puede llegar a tal vez recordar lo que una vez sintió por ella. ¿Y si le mintió?, ¿Y si todo era para quedarse con los niños?

Tuvo que darse un tiempo en el que Sora peleaba con el mozo por haberle traído algo que no pidió para ver los ojos de Yamato, tan azules, tan puros, esos ojos que la hacían estremecerse con una mirada. Ellos que no eran nada establecido y a la vez eran todo. No era novios ni esposos pero eran amantes apasionados y estaban locamente enamorados.

Eran algo más… sin embargo la duda siempre estaba presente, con cada beso, abrazo o caricia que ellos compartían. ¿Estaba bien sentir celos de ella que puede expresar su cariño libremente?

¿Eso la hacía una mala persona? Y de ser así entonces ¿Qué era?

¿Protagonista o Antagonista?

-Hay que ver que tan incompetente puede ser la gente hoy en día.-Murmuró Sora molesta.

-Siempre quejándote por algo diseñadora…-Una voz masculina interrumpió a la mesa aparentemente familiar.

-Taichi…-Estaba en shock, alucinada y repentinamente pálida, era como si estuviera viendo a un fantasma.

-Hola Sora.-Saludó el fotógrafo con una arrogante sonrisa-¿Sorprendida?

-¿Lo conoces Sora?-Preguntó Yamato un tanto preocupado por la palidez de su esposa.

El castaño regresó a ver a la otra voz masculina que se hallaba junto a la pelirroja. A decir verdad cuando entró al establecimiento simplemente la vio y se acercó a ella para saludarla sin siquiera ver junto a quien estaba. De hecho agradece haberse reprimido las ganas de besarla ese preciso instante.

-¿Sora?-Llamó nuevamente el rubio.

-Estoy bien Yamato.-Tranquilizó a su marido.-Es solo que no esperaba ver a… uno de mis colegas londinenses aquí precisamente.-Dijo sonriendo nerviosamente.-Él es fotógrafo en la agencia donde trabajé amor.-Le contó a Yamato.

-Mucho gusto, Yamato Ishida.-Dijo el rubio poniéndose de pie y estrechando amistosamente la mano del castaño.

-Taichi Yagami.-Dijo con una despreocupada sonrisa el castaño. Rubio, de ojos azules y principalmente "Ishida". Ese debía ser el esposo de la pelirroja.

-Por favor, acompáñenos.-Ofreció el rubio sintiéndose aliviado. Con el castaño ahí para entretener a Sora estaría más tranquilo y soportando menos sus múltiples muestras de afecto que solo lo hacían sentirse culpable. Además de ese triste semblante que tiene Mimi que lo preocupa aún más.-Sora no ha hablado mucho de su estancia en Londres.

-Pues de seguro ha de ser por lo desesperada que estaba por volver.-Comentó el castaño.-Tanto así que se fue sin despedirse.-La pelirroja le miró y él lo único que pudo hacer es esbozar una sonrisa orgullosa.

-Hemos estado muy ocupados para hablar de cosas sin importancia-Se apegó más al cuerpo de Yamato. ¿Qué hacía Taichi en Japón?, ¿acaso la habrá seguido?

-Así veo.-Comentó achicando los ojos.-Y ¿Quién es esta preciosura?-Preguntó refiriéndose a Mimi.

Fue como si a ambos les hubieran jalado un nervio regresando a ver de una manera poco amistosa al castaño.

-Es mi prima, Mimi Tachikawa.-Se apresuró a mentir Sora.

-No comparten el mismo apellido.-Contestó sin regresarla a ver.-Mucho gusto hermosa, soy Taichi.

-Mimi.-Le saludó la castaña con una sonrisa coqueta mientras le extendía la mano para que la saludara pero el castaño la tomó y la besó delicadamente causando contracción en los músculos faciales de la pareja.

-Había olvidado lo hermosas que eran las mujeres en Japón, pero debo decir señorita que usted deja muy en alto al país.-Le dijo de manera halagadora.-No he pisado Tokio desde hace ya muchos años y necesito guiarme, me pregunto si sería una molestia para usted.

-Si lo sería.-Contestaron los Ishida al mismo tiempo sorprendiéndose mutuamente, finalmente Yamato habló primero.

-Está embarazada, necesita reposo.-Y que le quite sus manos de encima.

-Por lo que veo no cambias fotógrafo, sigues igual de halagador.-Comentó Sora.

-Solo con las mujeres hermosas.-Reconoció mirando a la castaña y de soslayó a la pelirroja.-Y ya veo, tienen razón sería mucha fatiga para la bella castaña, entonces me preguntó si le molestará prestarme a su esposa por un par de horas señor Ishida, solo hasta que pueda llevarme a un par de direcciones que desconozco.-El rubio parecía estar más concentrado en mirar a la supuesta prima de la pelirroja que en cualquier otra cosa.-Señor Ishida…

-Yamato.-Corrigió él.-Y si Sora no tiene inconvenientes yo tampoco.

-¿Me acompañarías diseñadora?

Tenía muchas preguntas por hacerle además que no era su mejor idea de pasar en la mesa con su esposo y el que fue su amante así que aceptó sin mayores ruegos.

-Vale.

-Llevaré a Mimi a descansar a casa Sora.-Informó a su esposa.

-Adiós bella señorita.-Se despidió Taichi a propósito queriendo besar la mejilla de la castaña y lográndolo solo que a cambio se ganó una mirada asesina por parte del rubio. Que sin siquiera despedirse tomó la mano de la castaña casi imperceptiblemente y la llevó de ahí.

-¿Nos vamos?-Preguntó insinuante el castaño a la pelirroja ruborizada.


-Aún estás rojo.-Se burló Hikari.

-No es cierto.-Se defendió Takeru mirando al cielo para evitar que su rubor sea visible provocando la cantarina risa de la castaña.-No te burles que no fue nada gracioso.

-Si lo fue.-Contestó Hikari recordando las preguntas que había hecho su tía.

-¡Por supuesto que no!-Exclamó el rubio sintiendo como un leve escalofrío recorría su columna vertebral luego de recordar el momento que fácilmente puede llegar a catalogar como uno de sus tres peores momentos.

Es que no solo había tenido que someterse a las típicas preguntas de todo padre, en este caso tío que eran: ¿Qué intenciones tienes con mi pequeña? O ¿Qué tan seria te parece la relación? Y él que pensaba que esas eran las peores preguntas jamás hechas. Aquel que dijo eso nunca fue sometido a un interrogatorio de Miyako Ichijouji.

-La mejor parte fue cuando te preguntó con cuántas mujeres te habías acostado.-Recordó Hikari al rubio con la cara colorada pensando en un número fijo y luego empezando a contar con los dedos.

-Claro, búrlate de mi miseria.-Le reprochó Takeru ante las mil carcajadas de la castaña. Y eso que esa no había sido la única pregunta de ese calibre. Hubieron otras peores como: ¿Cuándo fue tú primera vez?, ¿Qué tan a menudo lo realizaba?, ¡¿Si había participado en un trío? ¡Por Dios esa mujer quería despellejarlo vivo luego de que contestó las preguntas! No es que se avergüence de su antigua promiscuidad pero tampoco era algo de lo que podía jactarse, al menos no delante de aquella que es una madre para tú novia y que la quiere como hija.

-Pero tranquilo, les agradaste.-Le aseguró.

-Si tú tía quiere golpear a todas las personas que le "agradan" entonces si. Pero por lo menos a tú tío si le agradé.-Contestó recordando las risas cómplices mientras su mujer botaba humo por la nariz y por la boca.-Te aseguro que un santo no fue.

-Pero tampoco era un gigoló ambulante.-Le dijo sinceramente.

-No era un gigoló, estoy seguro que si hubiera cobrado por mis servicios tendría más dinero que Donald Trump o el creador de Microsoft.

-Claro.-Hikari roló los ojos-¿Te han dicho que eres un narcisista?

-Y tú eres una puritana.-Soltó mientras con un brazo rodeaba los hombros de su novia-¿O tengo que recordarte quién fue la persona que se ruborizó cuándo tú tía me preguntó si tenía pensamientos impuros contigo?-Susurró cerca del oído de su novia logrando el efecto deseado ya que inmediatamente sus mejillas se tornaron carmesí y trató de apartarlo.-No me apartes.-Pidió a su novia-¿O acaso tú tienes pensamientos pervertidos conmigo?

-Eres un…-No pudo terminar ya que Takeru había tomado posesión de sus labios para besarlos con ternura.-Idiota.

-Un idiota que besa bien.-Se vanaglorió.

-No por eso menos idiota.-Aseguró con una sonrisa mientras se soltaba de su abrazo y se adelantaba unos pasos fingiendo molestia e indignación por el pícaro comentario y por el beso para callarla.

-Hikari…-La llamó el rubio.-No te enojes.

La castaña no pudo evitar esbozar una sonrisa al escuchar por el tono de voz del rubio la preocupación de saberla molesta, rápidamente se volteó y de un par de zancadas alcanzó al rubio y lo sorprendió con un beso en los labios. Si Takeru podía ser un idiota muchas veces.

Pero era su idiota…


La puerta del coche fue cerrada fuertemente por la castaña que a pesar de la dificultad que le producía se incorporó rápidamente y sin emitir palabra, esperar que él le abriera o si quiera regresarlo a ver salió del vehículo.

Todo esto ante la atónita mirada del rubio que no comprendía el porque del actuar de la castaña. En el camino a casa no había pronunciado palabra, ninguno de los dos.

Quería llorar, gritar y chillar de la frustración que sentía, de lo molesta que estaba consigo misma y con la vida por haberla puesto en esa situación tan circunstancial. Yamato se acercó a ella y rápidamente abrió la puerta; solo quería ir a su cuarto, encerrarse y descargar la frustración que sentía llorando contra su almohada mientras la abrazaba fuertemente contra su pecho.

-Mimi…-El rubio la detuvo del brazo y la jaló contra su pecho mientras delicadamente intentaba unir sus labios con los de ella en un beso luego del cual le preguntaría por su pesar.

-¡NO!-Exclamó Mimi zafándose del agarre y del beso y alejándose del rubio que la miraba sorprendido por aquel repentino rechazo.

-Mimi…

-No Yamato…-Susurró mientras traviesas lágrimas se agrupaban en sus ojos.

Odiaba llorar, ya que desde niña cada que ella lloraba le mostraba debilidad a Hikari y eso era contraproducente para su salud. Ese fue el cambio más drástico que había tenido que hacer ya que a pesar de no tener mucho siempre fue consentida y mimada por su madre pero ella misma le pidió dejar de hacerlo y ser fuerte delante de su hermanita y desde ese entonces por muy malos que fuesen los diagnósticos o las crisis de Hikari ella siempre procuraba sonreírle.

Sin embargo está situación no tiene nada que ver con Hikari y eso le daba la libertad de llorar a pesar de que tampoco le gustaba verse débil. Mucho menos delante de Yamato más aún luego de haberse molestado con ella misma por la debilidad que muestra con el rubio y de lo dependiente que se ha vuelto de él.

-¿Qué te pasa?-Preguntó intrigado-¿Te duele algo?, ¿Le pasa algo a los bebés?-Mucho más preocupado.

Los bebés, desde que Sora había llegado TODO era alrededor de los bebés. ¿Y ella?, ¿Y sus sentimientos?

-Los bebés están bien señor Ishida.-Contestó seria mientras rápida y bruscamente secaba sus lágrimas.-Ahora con su permiso.

La frialdad de sus palabras le llegó rápidamente. Ese término formal de "Señor Ishida" que había creído en el pasado regresó rápidamente.

-¿Qué ocurre?-Exigió saber el rubio.

-Ya le dije que los niños están bien señor…

-No pregunté por los niños, pregunté por ti Mimi.-Le dijo claramente.-No me preocupes y dime qué ocurre.

-¿Ahora si le preocupo?-Preguntó con ironía.

-Siempre me has preocupado Mimi, tú y los niños son todo para mi.-Dijo sinceramente.

-Bonita forma de demostrarlo últimamente.-Contestó ásperamente.

Entonces eso lo explicaba todo.

-Sabes muy bien que Sora…

-¡Lo sé Yamato!-Exclamó alterada-¡Sé muy bien que Sora está aquí!, que por eso las cosas cambiaron y que así debe ser.

-¿Entonces qué va mal?-Preguntó preocupado.

-Yo…-Dijo agachando la cabeza.-Yo no era así Yamato ¿entiendes eso?-Preguntó afligida.-Era fuerte y decidida, caprichosa y nunca me daba por vencida. Creía que el amor verdadero duraba para siempre, creía en la fidelidad y ¿Qué soy ahora?-Preguntó afligida.-Una amante, algo que siempre critiqué y algo de lo que siempre me jactaba que nunca iba a ser. Miraba con reproche a aquellas mujeres separadoras de hogares sin siquiera detenerme a pensar en como se debieron sentir y solo ahora que yo soy una de ellas entiendo.-Nuevamente las lágrimas se acercaban y amenazaban con salir.-Me convertí en una hipócrita que cayó victima de sus propias palabras.

-Mimi eso no es así.-Intentó detenerla y convencerla, incluso acercarse a ella pero lo detuvo.-Tampoco es fácil para mí ¿Cómo crees que me siento cada vez Sora me da un beso?, ¡Culpable! o ¿Cada vez que alguien intenta acercarse a ti y no puedo detenerlos de frente y asegurarles que me perteneces porque Sora está colgada de mi brazo?

-Y ¿Cómo crees que me siento yo?-Preguntó sorprendida.-Si dices que para ti es difícil contener los celos las efímeras veces que se presenta alguien para halagarme, ¿Cómo crees que me siento yo al verlos dándose cariño todo el día?, ¿Recordando y constatando con mis propios ojos lo perfecta que es tú mujer y lo mucho que la quieres? Lo buena que es conmigo y lo que me pesa saber que yo me metí en la cama con su marido, que incluso planeo quitarle al hijo que tanto añora. Eso si no has cambiado de parecer al respecto.-Se horrorizó de sus propias palabras, en ese momento se había dado cuenta que a pesar de todo tal vez si era una villana.

-¡Quiero a Sora! He estado junto a ella por años y la quiero, ¡llegué a amarla años atrás!-También se exasperó, creía que Mimi había entendido su situación.-Pero es muy diferente a lo que yo siento por ti. Te amo Mimi.

-¡Pero es ella quien lleva el anillo!, ¡A la que todos conocen!-Gritó-Ella es la buena y yo soy la mala ¿verdad?, o es que acaso no fue así como ustedes criticaron a la mamá de Michael.-Le recordó al rubio.

-Eso fue muy diferente, ella sabía que mi padre tenía hijos y…

-Es lo mismo.-Lo atajó Mimi rápidamente.-Tal vez en distintas condiciones pero lo mismo al final y ella se quedó sola y con Michael.

-¿Dudas de mis palabras?, ¿De mis actos?-Preguntó viéndola a los ojos-¿De mi amor? ¡Si fuera cosa de un anillo te compraría cien para demostrártelo!

-No lo sé.-Contestó sincera pero tristemente sintiendo como poco a poco el rubio soltaba el agarre y percatándose del vacío que creaba en ella.-Te amo Yamato y quiero creer que tú también pero hay veces en las que actúas tan bien y no puedo evitar sentir Yamato.-Dijo aferrándose a su cuerpo.-Celos, inseguridad, miedo de perderte a ti, a mis hijos.

-Entonces por favor no dudes.-Pidió el rubio.-Quiero a Sora pero no como mujer ni como amiga, es una etapa intermedia en la cual siento mucho agradecimiento y a la vez culpa por lo que le voy a hacer. Nuevamente le quitaré su más grande anhelo pero no puedo condenarme a vivir otros años más una vida infeliz.-Dijo abrazándola fuertemente contra su pecho. Las palabras de Mimi le hicieron bacilar y temer que ella dudaba de lo único verdadero que ha sentido en los últimos años.-Por eso todo tiene que ser lo menos doloroso posible.-Dijo acariciando sus cabellos.

-Lo sé, lo siento.-Dijo acomodando su cabeza en su hombro, encajando a la perfección.

-No te disculpes por decir lo que sientes.-Le dijo.

-Por dudar de ti… por unos momentos así lo hice.-Admitió la castaña mientras sentía que el rubio la tomaba en brazos sintiendo su somnolencia. Había sido una tarde larga.

-Nunca dudes que te amo.-Pidió el rubio.-Nada más…

-Yo también te amo…

Y a pesar de aún sentirse como una mala persona ya no volvería a dudar…


-Acosador.-Susurró la pelirroja luego de un largo silencio que al cual se habían sometido en el camino.

-¿Por qué?-Preguntó el castaño sin despegar su mirada de la concurrida autopista citadina.

-Viniste de Londres.-Le reprochó.-Solo para seguirme, quiero empezar de nuevo con mi marido y tu…-No pudo seguir ya que imprevistamente el castaño frenó el coche obligándola a callar debido al imprevisto beso que plantó en sus labios carmines. Explorando cada rincón de esa boca que proclamó como suya en otras tierras y no solo su boca sino su cuerpo entero-¡¿Qué diablos pasa contigo?-Preguntó exaltada.

-¡Eso debería preguntarte yo!-Exclamó el castaño en tono molesto.-Primero que todo ¿Qué te hace pensar que vine aquí solo por ti? Eres increíble Sora.-Le dijo con una burlesca sonrisa.-Dices que quieres rehacer tu vida con tu marido y aun estás temblando por un simple beso que te di.-Se burló de ella.-Reconoce que me deseas tanto como yo a ti y que por las noches cuando abrazas a tú marido imaginas que soy yo.

-Eso no es…-Estaba totalmente ruborizada por la mención del castaño precisamente por la veracidad de sus palabras.

-No intentes negarlo, bastó un beso para delatarte.-Volvió a burlarse de ella.-Pero sabes algo, a pesar de que yo también extraño tu cuerpo y tus caricias por las noches no volví a Japón por ti. Tengo algo más importante que hacer aquí, algo que no me ha resultado nada fácil y hoy solo quería platicarlo contigo pero tranquila en este instante te devuelvo a tu casa, a los brazos de tu amado marido.-Dijo dando vuelta rápidamente y acelerando camino a la mansión Ishida, de la cual previamente ya sabía la dirección.

Sora aún no asimilaba las palabras dichas por el del todo, tanto así que apenas y se dio cuenta que habían llegado a su casa.

-Taichi…

-Servida y no te preocupes no volveré a tocarte o hacer algo que perjudique tu matrimonio.-Incluso se bajó para abrirle la puerta mientras ella por inercia bajaba mientras él se dirigía a su asiento de piloto.-Enséñale a Yamato lo que yo te enseñé en Londres y tal vez deja que él te enseñe lo que hizo con tú querida prima aquí.

-¿A qué te refieres?-Preguntó saliendo de su ensueño.

-A que tú "adorado" esposo tiene algo que ver con esa prima tuya.-Le dijo.-Soy hombre y cuando pretendía a Mimi creo que se llama, él me fulminaba con la mirada incluso me miraba más feo que tú.

Dicho lo cual se metió a su coche y rápidamente dio arranque a su vehículo dejando una estela de humo atrás de si dejando a una confundida y angustiada Sora tras él.

No podía ser verdad…


Había sido un largo día de trabajo y ahora se encontraba totalmente solo. Todos los días que se quedaban hasta tarde Nai siempre se quedaba a acompañarlo, luego iban juntos por una pizza como dos buenos amigos. Nunca como pareja, no entiende porqué Nailea llegó a crearse falsas ilusiones con él. Si siempre había sabido sus sentimientos por Mimi y nunca emitió palabra al respecto, ni para alentarlo ni para desanimarlo.

Y una noche de buenas a primeras le dice que lo ama, indirectamente. Eso no era lo raro, sino que lo raro era que esa extraña confesión lo haya afectado de esa manera tan profunda. Tanto así que no puede organizar ni siquiera sus citas, menos pensar coherentemente.

Necesita hablar con alguien, pero con alguien que le entienda. Tal vez…

-Mimi…-Susurró decidido tomando las llaves de su Jaguar y dirigiéndose al estacionamiento.

Tal vez todo lo que pasaba era una especie de señal, el hecho que Nai se fuera confesándose a lo mejor y quería decir que también era su momento de hacerlo. Con Sora en el país no había nada que Yamato pudiera hacer para detenerlo o interferir. Además si era verdad lo que dijo Nai, eso de que Mimi estaba enamorada de Yamato para estas alturas ya se debió de dar cuenta que eso era un imposible y tal vez solo tal vez…

Pudiera verlo de otra manera…


-¿Qué te pasa cielo?-Preguntó un moreno correctamente peinado entrando a la habitación luego de acostar al último de sus hijos.

-No lo sé Ken.-Se sinceró la mujer a su marido.-Tengo un mal presentimiento de algo…

-Creí que se te pasaría luego de conocer al novio de Hikari.-Comentó su marido acercándose a ella y abrazándola por la espalda.-Pensé que todas tus dudas se disiparon luego del interrogatorio tan… severo que le hiciste a ese muchacho.

-Se lo merecía.-Contestó ella con rudeza ocasionando risa por parte de su marido.-Pero no es Hikari quien me preocupa.

-¿Sino?

-Mimi…


Las palabras de Taichi sonaban en su cabeza insistentemente, martilleando en su mente e incluso produciéndole jaqueca. Suspiro resignada y se vio por décimo tercera vez en el espejo.

Desde su regreso de Londres Yamato y ella no habían compartido intimidad, algo extraño ya que si se tomara en cuenta que no se habían visto el uno al otro en meses debió haberlo hecho al menos tres o cuatro días de la primera semana e incluso seguir haciéndolo.

Pero no, ninguno parecía tener urgencia a pesar del tiempo transcurrido sin hacerlo se mostraba con urgencia al respecto. Tenía que admitir que al menos ella si pudo satisfacer esas necesidades y le gustaba pensar que era el cargo de conciencia lo que le impedía acercarse a buscar a su esposo como hombre.

Pero a pesar de eso se supone que él debía buscarla para intimar y ella lo rechazaría por su conciencia pero por las noches no hacía ni el más mínimo intento por acercarse o tocarla.

La única explicación es que tal vez se había buscado una amante, pero eso no significaba que debía ser Mimi. Ellos no le harían eso.

Y ella necesitaba eso para de una vez por todas dejar de sentir las caricias de Taichi durante la noche. Si bien Yamato ya no era tan apasionado como antes y no la hacía vibrar con cada caricia. Ella había decidido vivir con ello más ahora que regresó a formar su familia.

Ya rechazó la oferta de Taichi de quedarse una vez y su presencia en el país no significa nada para ella. Solo debe pensar en Yamato, Yamato y Yamato.

Por muy difícil que sea.

Suspiró decidida luego de arreglar sus encajes que apenas cubrían las partes notables de su cuerpo y salió del servicio con un único afán:

Seducir a su marido…


Acababa de despertar, los niños estaban muy inquietos y no paraban de moverse. Desde su enfrentamiento con Yamato se había quedado dormida hasta las mismas once de la noche.

-Seguro estarán hambrientos.-Susurró acariciando su vientre.-Mamá quiere descansa, esperen al desayuno de mañana.-Rogó volviendo a cerrar los ojos esperando poder seguir durmiendo.

Una patada fue la respuesta de uno de los pequeños.

-Vale, entendí.-Dijo incorporándose.-Pero no cocinaré a esta hora ni molestaremos a papá o a Sora. Simplemente iremos por un vaso de leche.-Hablaba con ellos como si le entendieran aunque eso parecían hacer ya que en seguida se calmaron. Se levantó con dificultad tomando su bata de cama y dirigiéndose a la cocina.

Sin duda la charla que tuvo con el rubio la dejó un poco más tranquila a pesar de que aún se sentí mal por lo que hacían. Sin embargo era un precio que tenía que pagar por su felicidad.

Por muy egoísta que eso sonara.

-Pero ya papá me aseguró que nos quería a nosotros.-Les platicaba a sus niños mientras bebía la leche.-Y estoy segura que no miente.

Solo quedaba aguantarse los celos que le producía verlo cerca de Sora, pero era algo por lo cual tenían que pasar lamentablemente, pero todo sea por su bien.

Para regresar a su alcoba debía pasar por la recamara matrimonial y pudo percatarse que una luz estaba prendida y la puerta entreabierta. A lo mejor alguno de los dos aún estaba despierto. Contuvo sus ganas de ir porque así como podía ser Yamato el despierto podía ser Sora.

Un dolor en su vientre apareció, una fuerte y que no había sentido antes acompañado de la inquietud de sus pequeños. Mientras llegaba a su habitación creyendo que serian pasajeros el dolor se intensificaba con cada paso que daba.

Algo podría ir mal con los niños y si había luces prendidas en la recámara de los Ishida lo mejor sería ir a pedir ayuda con aquel fuerte malestar.

Sin embargo nada le preparó para lo que sus ojos verían después. Por la parte abierta de la puerta y antes de siquiera poder hablar tuvo que presenciar una dolorosa escena.

Ambos estaban despiertos y sobre Yamato, Sora yacía sentada en su torso con un ligero camisón de encajes nada más cubriendo sus curvas. Susurraba palabras de amor mientras guiaba a las manos del rubio a recorrerla de pies a cabeza y este no se negaba. Finalmente se despojó de su babydoll rojo pasión como su cabello y guió a las expertas manos del rubio a sus prominentes senos.

Los cuales ella no tardó en empezar a acariciar con la mano de él arrancándole gemidos de placer a la pelirroja.

Mentiroso, mil y una vez mentiroso.

Le había asegurado no sentir nada pasional por ella y ahora estaban frente a ella a punto de tener relaciones. Su parte cuerda quiso aparecer recordándole que esteban casados y que era normal, pero la parte de sus celos y de su dolor de mujer reapareció rápidamente. Recordó al rubio diciéndole que quería a Sora, a lo mejor aún la ama solo que no pudo decírselo. La ama

Al igual que el dolor en su vientre.

Reprimió el grito mordiéndose los labios y caminó con dificultad a la planta baja donde necesitaba calmarse, respirar. Pero sintió otro dolor en su vientre el cual esta vez si gritó, pero el grito fue opacado con el sonar del timbre. No pensaba abrir pero la voz conocida detrás de la puerta ayudó a que se decidiera.

-Buenas noches.-Llamó esa voz conocida por ella-¿Hay alguien despierto?

¡Michael!

Abrió la puerta rápidamente y sin dudarlo se abrazó al cuerpo de su rubio amigo recién llegado.

-¡Mimi!-Exclamó el joven al ver que su amiga le abría y más aún en las condiciones en las que lo hacía-¿Qué te sucede?

-Me duele.-Susurró aferrándose al cuerpo de su amigo.-Mucho.-Dijo agarrándose el vientre.

-Tranquila te ayudaré, vámonos de aquí.-Dijo sintiéndose aliviado de haber decidido ir. Vacilando por la hora que era aun así era como si debiera ir.-Deja le digo a Yamato.

-No, no le digas.-Dijo agitada.-Está muy ocupado.

Y gracias a Dios que lo hizo.

-¡¿Dónde crees que te la llevas?-Una furiosa voz de otro rubio apareció, obligándolo a regresar a ver como su medio hermano bajaba de cinco zancadas las grandes escaleras de su casa. Se acercó rápidamente a ellos e intentó arrancar a Mimi de los brazos de su medio hermano.-Suéltala.-Ordenó fieramente.

-¿Qué sucede Yamato?-La voz de Sora en el final de las escaleras le hizo verla.

-Ella no quiere ir contigo.-Luego de ver en las condiciones en las que bajaba la pareja no hacía falta usar la imaginación para saber que había estado haciendo antes de su llegada.

-Vámonos Michael.-Pidió Mimi.-Me duele.

-Mimi.-Intentó acercarse y tomarla él en sus brazos.-Si te duele algo, yo te llevo al hospital.-Susurró tiernamente pero fue inmediatamente repelido por la castaña.

-No me toques.-Habló bajo para que Sora no escuche.-Ve a terminar lo que habían empezado.-Le dijo con fuerza.

Mimi los había visto…

-No es lo que piensas…-Aseguró.

-¡Mentiroso!-Gritó conforme un dolor acudía a su vientre y sentía como si algo se rompiera dentro de ella. Empezando a caer pequeñas gotas de entre sus piernas.

-Se ha hecho una fisura en la bolsa.-Exclamó el médico alarmado mientras salía de la casa e introducía a Mimi en su coche.-Yamato la llevaré al hospital enseguida, es muy pronto para esto si no actuamos pronto la vida de los cuatro estará en riesgo.

-¿Cuáles cuatro?-Exigió saber la pelirroja la cual bajó lo más rápido que pudo después de escuchar el grito de Mimi.

Por un lado tenía a una adolorida Mimi y por el otro a una confusa Sora que no sabía nada de la existencia de dos bebés adicionales.

-¿No lo sabe?-Preguntó el rubio médico.

-¿Saber qué?-Preguntó Sora confusa.

-Serán trillizos…

¿Continuará…?


Notas de la Autora:

¿Qué tal?, ¿Quieren linchar a la autora?, ¿Estuvo tan feo como se lo esperaban? O peor aún ¿Se durmieron a la hoja 12? O ¿Ni siquiera lo leyeron? ¡¿Qué piensan? Necesito saberlo! Nada más espero que no les haya desagradado tanto y que no los haya decepcionado. La relación de Mimi y Matt se complica al igual que la de Tai y Sora mientras que Tk y Kari están caminando sobre laureles. Espero que les haya gustado algo.

Háganmelo saber en sus RR por favor!

Sin RR no hay capítulos jajaja! XD! Solo denle click al botoncito de abajo y díganme que les pareció.

Muchísimas a aquellas personas que hacen este fic posible con sus bellos RR. Es por ustedes que la historia sigue! Gracias!

También a aquellos lectores anónimos que no dejan nada, sin embargo gracias también!

Aunque especialmente a:

Grez; Guille; ClaeIshida; Zulema; Yahciru-chan (x2); Mega; Angel zoe (x3); Eri-sshi (x3); Sheccid Ishida; Taishou; Cari Cazal; ; Meems-ishikawa; Mimi Hyuga; katieishida1390; VaneUchiha; Ana Mai; Hika-chan Takaishi; l0v3nist; digimon4ever99; Adrit126; Majo G; Nora Felton; -yume-takaishi-yagami-; Sicky; Tachikawa de Ishida; Hana Echizen; Anisol; Valerii hyuga; CaintlinJeanne; Isabel Black; Multicolored Midnight; Sophzu Saotome xd (x2); Row (x2); Kira Kurosaki; emmylia91; Mizori95 (x2); Lovesasusaku4ever (x2); Desy-o.

OS AMO A TODAS/OS ME DISCULPO INFINITAMENTE POR NO PODER CONTESTAR A SUS PRECIOSAS REVIEWS, TRATARÉ DE HACERLO. ADEMÁS LE DEBO UNA DISCULPA INFINITA A ISABEL BLACK Y A NORA FELTON POR NO HABER PODIDO POSTEAR MIS REVIEWS TODAVÍA PERO NIÑAS QUERIDAS ENTIENDAN QUE NO QUIERO DEJARLES UN RR MEDIOCRE.

DEJEN RR!

Muchísimas gracias por sus palabras y lamento no contestar las RR, pero el tiempo no me alcanza, apenas y pude acabar el capítulo y aún tengo mil cosas que hacer. Os quiero un mundo, besos ciao!

Si me llegan muchísimos RR prometo publicar antes de Navidad ya que generalmente me tocaría hacerlo a principios de Enero del 2011 pero si ustedes me dejan muchos RR les daré capítulo antes o para Navidad! Todo depende de vosotros!

Se despide con un beso y recordándoles que dejen RR!

Sakura Tachikawa.