Capítulo 11
El día numero veintidos
El corazón de Saori brincó dentro de su pecho cuando escuchó la voz de Shaina y la vio de pie frente a la puerta, justo cuando sus labios estaban sobre el rostro de él. Justo como aquel día en el barranco, hacía más de dos años. Pero todo había cambiado. Aquel día habían estado a punto de pelear por él, pero ya no eran las mismas. Porque aquel día habían sido libres de mostrar su rechazo la una hacia la otra, su ira, sus celos. Pero ahora jugaban un papel distinto, en la vida de él y en sus propias vidas.
Aquel día eran dos chicas nada más, pero ahora, eran una Diosa y su amazona. Y el amor que ambas sentían por el caballero de Pegaso era secreto a voces, era prohibido, pero estaba incompleto, porque él no estaba ahí para ninguna de las dos...
Shaina no pudo pensar en nada mejor qué hacer que salir corriendo en ese mismo instante.
Caos. Todo se transformó en un perfecto y absoluto caos. Porque Saori salió corriendo de la habitación tras ella, y en ese momento Tatsumi, Jabu, Nachi, Geki, Ban, Juné, Marin, Kiki e incluso Sun-rei, todos se volcaron hacia ella, abrumándola con preguntas, con gritos, incluso con llanto, pues nadie podía calmar a Tatsumi, que lloraba como un niño al ver a la única persona a la que quería en el mundo sana y salva. Pero los ojos negros de la diosa sólo buscaban a una persona. No tenía idea de qué le podría decir cuando la tuviera de frente, pero necesitaba verla. Y sin embargo su rostro era el único que no veía entre todos. Aunque tampoco podía ver a Seika...
Athena, ¿se encuentra bien?
¡Señorita, es un milagro que esté con nosotros!
Señorita, debería de volver a su cuarto...
Con tanto alboroto, al doctor Hayakawa no le costó nada de trabajo saber la ubicación de la heredera de Mistumasa Kido...
Señorita Kido, le suplico que nos permita llevarla de regreso a su habitación
Saori estaba a punto de estallar en llanto. Eran demasiadas emociones de un sólo golpe y estuvo a punto de desvanecerse entre los brazos de Jabu, que después de dejarla a solas con Seiya había corrido a la sala de espera a avisarles a todos que su diosa por fin había despertado y que tenían que sacarla de esa habitación a como diera lugar por el riesgo de que sufriera un colapso nervioso, o una recaída, o ambas, al ver el estado en el que él se hallaba. La alarma fue general al ver que ella palidecía y sus fuerzas la abandonaban momentáneamente
Señorita, ¿está bien?
Permítame - dijo Jabu tratando de tomarla en brazos
¡Basta! ¡Estoy bien y no soy una niña, puedo caminar de regreso a mi habitación perfectamente! Aunque les aseguro que no es necesario, me siento bien
Complázcame señorita Kido, estuvo inconsciente por tres semanas sin razón aparente...- dijo el doctor Hayakawa.
Está bien. Escuchen –dijo dirigiéndose a los demás – estoy segura de que tienen muchas preguntas y les aseguro que voy a responderles, pero antes yo misma necesito saber varias cosas, ¿sí? Marin, ¿podrías venir conmigo?
Claro Ath... Saori – dijo corrigiéndose al recordar que el doctor Hayakawa y un enfermero estaban ahí.
Con pasos lentos pero seguros, Saori regresó a su habitación y se sentó en la cama, mientras el resto del grupo se reacomodaba feliz pero ansioso a la sala de espera. Saori permitió que el doctor le tomara los signos vitales una vez se hubo recostado.
Doctor, le aseguro que voy a someterme a todos los examenes que desee, si tan solo fuera tan amable de permitirme unos minutos a solas con Marin...
Claro señorita Kido, estaré esperando afuera.
Por fin las dos jóvenes quedaron a solas
Antes que nada, quiero decirte lo inmensamente feliz que me hace verte bien, Athena-sama.
Gracias Marin. Necesito saber tantas cosas, que no sé ni por dónde comenzar... ¿están vivos? Ellos, mis caballeros, ¿están vivos?
Sí.
¿Están cómo... Seiya?
No, no están bien del todo, pero parece que ellos sí se van recuperando, poco a poco.
¿Están todos aquí? ¿Los traje a todos?
¿Qué?
Cuando emprendimos el camino de regreso, no estábamos todos juntos. Los caballeros dorados... estaban muertos... y Seiya... estaba muriendo...traté de alcanzar sus almas para traerlos de regreso, pero no sé si lo logré...
Sí lo hiciste- dijo Marin sin poder contener las lágrimas – están todos aquí, incluso Aioros...
¿En serio?
Sí – dijo ella emocionada – no tienes idea de la sorpresa que nos diste. Si no se pareciera tanto a su hermano, no hubiéramos sabido quién es.
Saori suspiró aliviada, casi al borde de las lágrimas.
No tienes idea de cuántas veces traté de alcanzar su alma y no lo logré... hasta ahora. ¿Está bien? ¿Cómo están?
Es... un poco complicado de explicar. Estos días han sido un total desastre...pero la mayoría de ellos están estables y mejorando muchísimo, a pesar de la gravedad de sus heridas.
¿La mayoría?
Shaka, Kanon y Aioros están muy mal todavía. Y Seiya...
¿Los demás, ya despertaron?
Sólo Shun, pero...
¿Qué pasa, Marin?
Mira, ya habrá tiempo para darte detalles sobre la salud de todos. Creo que el doctor sigue esperando allá afuera
Tienes razón. Gracias de nuevo, Marin
De nada Athena-sama. Con permiso
¿Marin?
¿Sí?
Llámame Saori, por favor...
Casi todos estaban felices en la sala de espera. Todos menos Juné. Se sentía increíblemente herida, pues ya había intentado más de una vez hablar con Shun y todo había sido en vano. Y eso la hacía sufrir muchísimo, porque convertía sus más profundos temores en realidades. Estaba en lo correcto, ella estaba ahora tan lejos de él... tan lejos de él, que sentía que no lo podría alcanzar nunca.
Juné había entrado a verlo el mismo día en que la doctora Miyamoto habló con él. Recordaba con angustia cada detalle...
Shun, hola. ¿Cómo estás?
Sus ojos no eran los de siempre. Brillaron momentáneamente al verla, pero después, la miro con muchísima tristeza y cerró los ojos.
Shun, no cierres los ojos. Mírame. Estoy aquí. Vine desde la Isla sólo para verte. Hace tanto tiempo que no nos veíamos, ¿no? ¡No sabes lo contenta que estoy! He estado tan preocupada por ti... Shun, háblame, por favor...¿Por qué no me miras, Shun? ¿Es que no quieres verme? – dijo ella sin poder evitar que su voz temblara- ¿Es que ya no somos... amigos? Porque los amigos se dicen todo...¿Por qué no me dices qué pasó? Shun...
Su intuición no había fallado. Algo muy malo había sucedido, y ese algo le hacía daño aún. Y parecía que pedirle explicaciones no le ayudaría en lo más mínimo.
¿Sabes qué? No importa, no tienes que decirme que pasó, eso ya está atrás. La batalla acabó y ahora solo tienes que ponerte en pie y... y te llevaré a la Isla si quieres, o adonde sea; podríamos ir a la playa, o adonde sea, a donde tu quieras... Mírame Shun. ¿Es que ya no te importo? ¡Shun! –suplicó ella tomándolo de los hombros y sacudiéndolo
Pero no obtuvo respuesta alguna, él solo cerró los ojos con más fuerza aún y se soltó de ella con muchísima facilidad. Ella estaba asombrada. Ya no era el Shun que ella había conocido. Shun se acomodó en posición fetal dándole la espalda a Juné, que salió llorando de la habitación. Afuera, la esperaban Marin y Shaina
¿Qué pasó, Juné?
No quiere verme – dijo ella desmoronándose- Me detesta
No digas eso, Juné- respondió Marin
¿Y qué quieres que piense? Cuando entré al cuarto, me miró con tanta tristeza, pero después... sólo cerró los ojos. Ya no soy absolutamente nada para él. Ya no soy parte de su vida.
Juné...
No lo tomes así, esto no es personal- respondió Shaina secamente
¿Qué no lo tome personal? Shun y yo eramos los mejores amigos cuando entrenamos en la Isla, y ahora me ve entrar a su habitación y cierra los ojos. Y cuando lo toqué se desprendió de mí, como si yo le diera asco. ¿Qué rayos quieres que piense? ¿Qué le pasó? Esa persona ahí adentro no es el Shun que yo conocí. ¿Qué le han hecho? – dijo la rubia en sollozos
Marin guardó silencio. No podían decirle a Juné lo que Shaina y ella sospechaban, que Shun estaba así por haberle hecho daño a Seiya. Si ella era su mejor amiga, sabría lo absurdo que resultaba suponer algo así. Y al fin, todo eran suposiciones. Lo único cierto, es que algo muy grave había pasado
¡Esto no se trata de ti, Juné! ¿Me oíste? Grábatelo muy bien en la cabeza, esto no se trata de ti. No es personal. Si Shun se comporta así no es porque no te quiera, o porque no le importes. Es porque algo paso, algo tan grande y tan grave que aún no sabe cómo manejarlo. Si yo pensara que cada vez que entró a la habitación, Seiya no despierta porque no quiere verme, me volvería loca. Pero no se trata de mi, ni de Marin ni de Seika ni de nadie. No es que no quiera salir del coma. Es que le hicieron daño, mucho daño, y está luchando por sobrevivir, eso eso todo. No podemos ser tan egoístas al pensar así. Se trata de ellos, no de nosotras, de ellos. Tenemos que ser pacientes, no podemos hacer nada más. Lo han logrado todo: desde obtener su armadura hasta derrotar al Dios de los Muertos. Van a lograr salir de esto también.
Marin observó a Shaina con gran atención. ¿En que momento una chica tan ruda y violenta, se había convertido en una mujer tan sabia? No tenía respuesta para esa pregunta, sólo sabía que se alegraba de tenerla a su lado.
Juné se tranquilizó ligeramente con las palabras de la Amazona de la Cobra. No era dulce ni muy paciente, pero había verdad en sus palabras.
Perdón. Es que...
No tienes que pedir perdón. Esta situación no es fácil para nadie. Pero no podemos asumir responsabilidades, daños o culpas que no son nuestros, o vamos a acabar suicidándonos todos.
Supongo que tienes razon... Pero no puedo dejar de preocuparme. No sé ni siquiera que pasó, ¿cómo vamos a apoyarlo?
Bueno, supongo que sólo hay alguien que puede ayudarlo - dijo Marin- la única persona que ha salvado a Shun de todo peligro.
Despierta pronto Ikki, te necesitamos...
Habían pasado dos días desde aquello, pero Ikki no había reaccionado y Shun seguía negándose a comer y a hablar con alguien, así que lo estaban alimentando vía intravenosa, y pasaba muchísimo tiempo durmiendo, o mirando al vacío, como si se hallara en trance. Por ello, Juné no podía compartir la alegría en la sala. Pero después, un pensamiento iluminó su ánimo. Saori era su diosa, seguramente ella podría ayudarlo. Sí, tenía que ser así.
La sala de espera parecía el lobby de un hotel, porque se sumaban las visitas
¿Pasó algo? ¿Por qué están todos tan agitados?- preguntó Thetis con curiosidad, que llegaba con Sorrento y Julián de haber cenado en la cafetería del hospital
Es Saori, ya despertó- respondió Juné
¿En serio? ¿Puedo verla?
Thetis no pudo disimular el dolor que se clavó en su pecho cuando oyó a Julián preguntar por ella.
No lo creo Julián, parece que tendrás que hacer fila – dijo ella sin poder evitar un poco de sarcasmo
¿Se puede saber para qué se necesita una fila?- preguntó una aterciopelada voz
¡Señorita Hilda! ¡Señorita Fhler! – gritó Kiki, que con inmensa naturalidad se lanzó hacia ellas para abrazarlas - ¿por qué tardaron tanto en venir?
Lo lamentamos Kiki, es sólo que las cosas se complicaron mucho debido al eclipse, y teníamos que dejar todo arreglado para viajar. Enviamos a un mensajero al Santuario para que nos diera noticias suyas, y cuando volvió nos informó que estaban aquí.
Kiki se dio cuenta de que todos miraban a las dos hermosas recién llegadas con mucha curiosidad.
Lo siento- dijo riendo – creo que debería presentarlos. Ellas son las princesas de Asgard, Hilda y Flher. Ellos son... todos. Sun-rei, amiga de Shyriu, Juné, amazona de Camaleón, Ban de León, Geki de Oso, Nachi de Lobo, Jabu de Unicornio, Miho, una amiga de Seiya, Thetis, Sorrento y...
Poseidón - dijo Hilda con voz baja
Buenas noches, - dijo él besándole la mano– señorita de Polaris. Pero preferiría que me llamara Julián.
Ella trató de permancer impasible mientras él la saludaba, aunque todos percibieron la tensión en el ambiente en cuanto ellos cruzaron miradas, pero afortunadamente, Kiki estaba ahí
Llegaron en el mejor momento– dijo él tomando de la mano a Hilda y a Flher para llevarlas a un sillón- la señorita Saori acaba de despertar
¿De despertar?
Estuvo inconsciente desde que regresó del Inframundo, pero despertó hace unos minutos
¿Y ellos? ¿Cómo están?
¿Hyoga está bien? – preguntó una preocupada Flher
Si, todos están bien. Todos regresaron, incluso los caballeros caídos hace largo tiempo, en otras batallas.
Eso es maravilloso
Todos están aquí, recuperándose de sus heridas; parece que lo que pasó allá fue horrible... pero están poniéndose bien... ¿Van a quedarse en la casa?
¿En la casa?
En la mansión de Saori.
Kiki, no creo que eso sea...
Por supuesto que deberían de quedarse – dijo Marin reconociéndolas
Marin, ¡qué gusto verte! - dijo Flher afectuosamente
Lo mismo digo
¿Cómo está la señorita, Marin?- preguntó Tatsumi angustiado
Le están practicando algunos examenes, pero creo que está perfectamente bien. Algo confundida, pero supongo que es normal, considerando lo que sucedió.
¿Te dijo algo?
No, pero me hizo varias preguntas. Quería saber sobre la salud de todos. Y me preguntó por Shaina y por Seika, ¿no las han visto?
Seika se había refugiado en el cuarto donde Ikki se recuperaba. Era la primera vez que la veía frente a frente, a ella, a la única responsable (a sus ojos) de la situación de Seiya, y la verdad no se sentía preparada para hacerlo. Deseó con todas sus fuerzas tener las llaves del pequeño departamento que su hermano poseía, para no volver a poner un pie en esa casa, para no deberle absolutamente nada, para ser libre de detestarla. Se preguntaba si por esa misma razón Seiya no vivió en la mansión con ella.
Por otro lado, era cierto también que no había esperado verla tan angustiada por su hermano. Respiró profundamente tratando de serenarse. Quizás la estaba juzgando mal. No sabía nada sobre ella, sobre cómo era (y mucho menos sospechaba lo que la diosa sentía por su hermano) Pero es que en el fondo de sí misma, no podía dejar de ser esa niña de diez años a la que le arrebataron a su hermanito. Y no podía dejar de considerarla responsable, ya que Mitsumasa Kido, su abuelo, había fallecido. Saori Kido. ¿Qué papel habría jugado ella en la vida de Seiya? Ella era otra pregunta que se sumaba a su lista, que cada día se hacía más larga, y que cada vez demandaba con más impaciencia sus respuestas...
Thetis salió en búsqueda de aire, tratando de controlar sus celos. Diablos, nadie dijo que amar a un dios fuera fácil. Trataba de conservar la lógica. Él quería hablar con Saori, pero pues era lo normal, ¿o no? Ella y él pertenecían a un mundo distinto, y por eso se comprendían y se necesitaban, como había sucedido en el eclipse. Si no hubieran trabajado juntos, las cosas no habrían terminado de manera exitosa para la humanidad entera. Y ahora, Hilda de Polaris estaba ahí para completar el cuadro. Vaya, esa sala de espera cada día parecía más pequeña y las relaciones que se tejían entre ellos eran cada vez más complejas...
Entonces vió a lo lejos una silueta y caminó para encontrarse con ella
Shaina, qué bueno que te veo. Allá dentro han preguntado por ti, y... quería darte las gracias por todo. No te he visto en la mansión, pero supongo que ya sabes que he vuelto al departamento de Julián y... Shaina, ¿estás bien?
Sí – dijo ella con la voz enronquecida por el llanto
¿Shaina? Mírame– dijo Thetis tomando el rostro de la amazona por la barbilla para verla de frente. Al ver sus ojos enrojecidos supo que algo andaba mal, pero ella retrocedió enseguida- ¿qué pasa, Shaina?
Nada, no me pasa nada – dijo ella orgullosa y desafiante
Ya sé que no somos amigas, ni nada parecido. Sería extraño, ¿no?, después de habernos enfrentado en el Santuario de Poseidón... En realidad es más que eso...no sé si para ti es así, pero yo no tengo a nadie más que a Julián y a Sorrento. No trato con nadie, ni conozco a nadie más. No tengo ninguna amiga, mujer... Es un mundo de hombres en el que hemos crecido, y eso no facilita nada las cosas. Y la amistad no va a aparecer de la nada como un hongo bajo la lluvia, lo sé. Pero tú me tendiste la mano cuando más lo necesitaba, a pesar de todo; de quién soy, y de cómo nos conocimos. Y me encantaría que me permitieras regresarte el favor algun día.
Gracias, pero no puedes ayudarme... Y estoy bien, ni siquiera sé porqué estoy llorando... Maldita sea, me comporto como una verdadera estúpida. Voy a renunciar a ser una amazona, he perdido todo mi dominio... y no sé que rayos haré entonces, porque no sé hacer otra cosa...
No digas eso Shaina. No eres una estúpida. Sólo estás preocupada y... enamorada
Shaina la miró con incredulidad
No era un secreto, ¿o sí? Julián me contó una vez lo que hiciste... Y aunque no me lo hubiera dicho, me habría dado cuenta. Se nota lo mucho que lo amas; se nota en tus ojos, que brillan cada vez que oyes que alguien menciona su nombre. Se nota en la tristeza que te corroe cada vez que vuelves de verlo...
¿Se nota también lo absurdo que es?
Amar nunca es absurdo, Shaina. Mira, no sé mucho al respecto, como seguramente te has dado cuenta, pero... siempre pensé que Julián era un imposible absoluto. Él es un Dios después de todo. Y llegué a pensar que así estaba bien, que hubiera podido conformarme con amarlo en la distancia durante el resto de mis días. Y sin embargo, aquí estoy, dándome y dándole una oportunidad a lo que me parecía inimaginable. No pierdas tú las esperanzas.
¿Aunque él esté muriéndose? ¿Aunque él no me ame? ¿ Aunque a él lo ame...? Perdóname Thetis, de verdad no puedo hablar
Shaina se alejó de ahí, dejando a Thetis atrás. Quizás si hubieran hablado aquel día, habrían comenzado una amistad. Porque entre muchas otras cosas, la amistad es propiciada por las cosas que se comparten, por las cosas que se tienen en común. Y aunque en aquel momento ambas lo ignoraban, sus miedos y sus celos llevaban el mismo nombre, Saori...
Se fue para perderse en las inmensas calles de Tokio. Era de noche, pero ella no era una mujer cualquiera, era una amazona, no le tenía miedo a nada que pudiera sucederle. No esa noche...
Agradecía de corazón el intento de Thetis, pero, ¿de qué serviría hablar con ella? Además Thetis no debía saber lo que Saori sentía por Seiya; aún cabía la posibilidad de que Poseidón quisiera actuar en su contra, y saber que Athena estaba enamorada de él podría ponerlo en un peligro aún mayor.
Y aún cuando pudiera confiar en la rubia sirena, contárselo no podía cambiar el hecho de que la rival en amores de la Cobra era la persona a la que le debía la vida y todo su lealtad. Shaina no podía luchar, no contra ella. Se lo debía todo a Saori, y al mismo tiempo, ella era su mayor obstáculo. Aquel amor de veras era imposible... ¿Cómo iba a ganar el corazón de él, si una diosa le ofrecía también su amor? ¿Cómo podía competir con su belleza etérea, con su bondad, con su fuerza, pero sobre todo, con su voluntad? Porque cuando un dios se decide a obtener algo, no hay nada ni nadie que pueda detenerlo. Excepto (pensó Shaina sin imaginarse lo acertado de sus pensamientos) ... otro dios...
Pese a que protestaron y estuvieron a punto de amotinarse, todos fueron enviados a dormir por el doctor Hayakawa, que después de examinar a Saori, dijo que parecía hallarse perfecta y absolutamente bien, aunque quería mantenerla en observación unos días más. Dijo también que no permitiría visitas para ella hasta el día siguiente y que le había aplicado un ligero sedante para ayudarla a descansar. Así que sin otra cosa que pudieran hacer, se marcharon, con la promesa de volver a la primera hora de la mañana para poder verla.
Marin convenció a Hilda y a Flher de Asgard para que se hospedaran en la mansión Kido, así que fue una gran multitud la que se marchó del hospital aquella noche. Pero Marin no pudo dejar de notar que entre ellos no estaba Shaina. Suponía que algo había sucedido, pues primero Saori le preguntaba por ella, y después Shaina estaba inlocalizable. Pero no quería ocuparse en conjeturas. Algo maravilloso había sucedido aquel día y no quería estropearlo imaginándose cosas.
Aun así, pasó una noche inquieta, durmiendo en el sofá de la mansión, esperando a que Shaina llegara de un momento a otro. Pero eso no sucedió...
¿Confías en mí?
Asiento con la cabeza y me aferro a él. Puedo sentir el calor de su piel, puedo oír los fuertes latidos de su corazón, puedo ver cómo resplandece en medio de la noche, mientras las estrellas y la luna nos iluminan, y ponen un brillo especial en sus ojos, y en los míos cuando lo miro.
Me abraza con fuerza y puedo sentir como si volara. No sé si en realidad estamos volando, o si esa sensación me la brinda simplemente estar junto a él. Son sólo unos momentos, pero para mí son la eternidad. Su respiración, ligeramente rápida pero acompasada, me arrulla. Y caigo en la inconciencia sin luchar. Porque sus brazos son el lugar más seguro del universo. Sé que nada malo pasará mientras esté en sus brazos...
Abro los ojos. El sol calienta poco a poco mi cuerpo y oigo la naturaleza que despierta a mi alrededor: el canto de los pájaros, los insectos que emprenden sus actividades diarias, incluso, el ruido de agua. Un río, me parece oírlo. Voy recobrando la lucidez y todo es tan hermoso a mi alrededor... El pasto verde, las flores de todos colores, la suavidad de todo lo que me acobija, mis pies descalzos que rozan la hierba.
Pero, ¿cómo he llegado hasta aquí? ¿Por qué he despertado en medio de tanta belleza?
De pronto, recuerdo sus ojos. Sus ojos brillantes como dos estrellas. Volteó y no está a mi lado. ¿Dónde está?
Miro hacia la otra dirección y él está allá, a lo lejos, tirado en medio de un lugar desolado y áspero. No hay hierba mullida ni flores que cobijen y cuiden su cuerpo. Está solo y herido. Entonces lo recuerdo. Sus brazos, sus ojos, la amenaza que se cernía sobre nosotros. Y su pregunta "¿Confías en mí?"
Nos lanzamos al vacío. El sol ha salido, la amenaza se ha ido. Yo estoy sana y salva, pero él...
Tengo que llegar hacia él. Pero al ponerme de pie, puedo ver que el río se interpone entre nosotros. Corro hacia el y al llegar a la orilla avanzó decidida a cruzarlo. Pero la corriente parece incrementarse a cada paso que doy, y el agua ya no parece ser la misma. La fuerza del agua es tanta, que pierdo el equilibrio, y al abrir los ojos, puedo ver que no estoy nadando en agua... es sangre. Su sangre, que ha formado un río que nos separa.
Grito su nombre una y otra vez, con todas las fuerzas de mis pulmones. Mi alma se rasga cada vez que lo llamo y él no responde. Y el río parece ensancharse cada vez más. Me parece que nunca voy a llegar a la orilla. Su sangre comienza a coagularse, atrapando mis pies e impidiéndome alcanzarlo.
Y entonces la veo. Llega veloz como un rayo y se detiene a su lado. Toma su rostro entre sus manos y lo observa, para después mirarme a mí. Lo besa con furia frente a mis ojos, que se llenan de lágrimas. Y después, en un movimiento increíblemente lento, introduce de un golpe su mano en su pecho, enterrando sus uñas en él, que grita... pero su grito no es de dolor... parece... placer...
Sus ojos verdes brillan peligrosos como los de un reptil cuando me mira. En medio de su mano que sale, con las uñas clavándose en él, está su trofeo: su corazón.
Su corazón, me dice ella, es mío...
Saori despertó cubierta de sudor y de lágrimas, gritando su nombre. Recordó a su abuelo, consolándola después de haber tenido una pesadilla. Como aquella vez que había soñado que no recibía un pony el día de su cumpleaños, como tanto lo deseaba. Pero su abuelito la había consolado, y efectivamente, le había regalado un pony de verdad, con la esperanza de que ella dejara de atormentar a los pobres chicos que vivían aquellos días en la mansión.
Ojalá sus pesadillas volvieran a ser las mismas, y pudieran arreglarse tan fácil. Ojalá volviera a ser una niña con preocupaciones tan triviales. Ojalá sus sueños no estuvieran teñidos de rojo, de sangre, de Su sangre.
Tomó su bata y salió de la habitación para ir en su búsqueda. Esperando que la visión de él tendido en aquella cama, que su corazón roto, fuera también una pesadilla. Pero no lo era.
Se sentó a su lado, observándolo bajo la triste luz de aquella habitación. Tomó su mano y cerró sus ojos, y las lágrimas volvieron a fluir por su piel. No podía sentir su cosmos brillante, ni siquiera un poco de él, ni un rastro, como si ella no estuvierse tocándolo en ese mismo instante.
Se preguntó si había fallado, si había sido una necia, si él de verdad había muerto antes de que ella le ayudara y lo trajera de regreso, si era culpa de Hades o sólo era culpa suya.
Algo había cambiado en ella durante aquel último día. Había muerto, y al hacerlo, recordaba haber experimentado lo que muchos ya habían contado antes. Un túnel, una luz, los recuerdos de toda una vida en un segundo. Y si algo brilló ante sus ojos aquel día entre todos los recuerdos, fue que lo amaba. Claro que lo sabía desde antes, pero en aquel momento pudo ver con toda claridad que lo amaba con locura, pero sobre todo, que jamás había hecho nada por obtener su amor.
Sí, era una diosa, y él, su caballero. Ella no era una diosa cualquiera si no una diosa virgen, y podía sumar a la lista de impedimentos mil cosas más, pero sus sentimientos por Seiya eran más fuertes que cualquier razonamiento. Sí, quizás era prohibido, quizás no estaba permitido, quizás era peligroso, quizás él no sentía lo mismo. Pero ahora más que nunca, estaba dispuesta a luchar por él, a ganarse la posibilidad de pagarle con amor todos sus sacrificios, su bondad, su esperanza y su lealtad.
Sí había una posibilidad, así fuera ínfima, ella lucharía por conseguirla. Por él, lo haría...
¿Dónde estás, mi amor? ¿ Por qué no puedo sentirte?
Estaba decidido a salvarlo, a ayudarlo. Él no moriría a los quince, no así. Se sentó en la cama y tomó su cuerpo entre sus brazos con todo el cuidado del mundo, uniendo su pecho al suyo. Se sentía tan frágil y delgado entre sus brazos, y estaba ligeramente frío, pero aún podía percibir el aroma de sus cabellos castaños. Acarició su mejilla contra la suya, su piel aún se sentía suave. Sí, lo daría todo por él...
Iba a encender su cosmos para ayudarlo tal y como lo había hecho en Elysion, sin saber que esa acción era la que le había tenido tanto tiempo en cama.
Entonces se llenó de asombro, porque no pudo hacer que su cosmos se encendiera. Sin dejar de abrazarlo, volvió a intentarlo en vano. La angustia corrió rápida por sus venas. No podía sentir el cosmos de él, y ahora tampoco podía encender el suyo para ayudarle.
Sintiéndose derrotada, lo recostó de nuevo, muy despacio, para no lastimarlo y no desconectar ninguno de los cables que lo rodeaban.
Aguanta cariño, voy a hallar la manera y voy a ayudarte, sólo aguanta
Salió de ahí a punto de explotar de rabia, de furia, de impotencia y de dolor. Y entonces, se topó de frente con ella.
¿Qué haces aquí? – dijo Seika sin poner atención a los ojos llorosos de ella
No podía dormir y vine a verlo
¿De veras te importa?
Saori no pudo responder, asombrada de lo que acababa de oír
Perdóname, no debí decirte eso. Es solo que... sé que eres una persona muy ocupada y muy importante, no pensé que te molestaras en volver a venir para verlo
Seika, comprendo que sientas...
No Saori. ¿O... debo llamarla Athena?
Saori está bien – dijo ella en voz baja
No Saori; agradezo tu gentileza, pero no puedes comprender lo que siento. No es tu hermano al que te arrebataron hace nueve años el que está muriendo ahí adentro. No tienes idea de lo que siento. Sé que eres tú la que está pagando por todo esto, y que estoy viviendo en tu casa, pero créeme que me iré a su departamento y te pagaré hasta el último centavo, no te preocupes por eso.
Los ojos de Saori se arrasaron de lágrimas mientras Seika retrocedía para abandonarla
No Seika, no. Yo no te pido nada. Puedes quedarte en la mansión todo el tiempo que desees, y esto, esto es lo menos que puedo hacer por él. A él se lo debo todo, y haré todo lo que esté en mis manos hasta verlo sano y salvo.
Gracias... – dijo ella sintiéndose terrible por haberse comportado así -Perdona mi rudeza Saori, estoy muy alterada y... tú no has hecho nada más que ayudarnos. Es solo que... no estoy lista para ser tu amiga, ¿sabes de qué hablo?
Sí –admitió ella en un susurro - ¿Seika?
La pelirroja se detuvo para oír las últimas palabras de la Diosa antes de alejarse por el pasillo
Quizás no me creas hoy cuando te digo esto, pero... lo digo de corazón, tu hermano me importa. No tienes idea de cuánto me importa...
El sol brillaba en todo su esplendor. La tierra parecía celebrar que su protectora se hallara de regreso. A Saori le esperaba un largo día, o al menos, eso sintió al ver quién era la primera persona en entrar a su cuarto.
Entró con mucha cautela a la habitación. Pudo verla de pie junto a la ventana, contemplando la hermosa mañana. Lucía algo pálida y más delgada de lo usual, pero nadie podría negar que era... una diosa...
Buenos días Saori
Hola Julián
¿Cómo te sientes?
Tan bien como se podría esperar.
¿No deberías estar acostada?
He estado en esa cama las últimas tres semanas. Me siento agotada de estar ahí
Me imagino
Gracias... sé que aceptaste más obligado que otra cosa, pero sin tu ayuda, no hubiéramos podido lograrlo
No me des las gracias Saori. El mérito es todo tuyo... y de tus caballeros por supuesto. Lamento mucho que no todos estén respondiendo bien a los cuidados que les dan. Me consta que han recibido la mejor atención posible.
Pero parece que no es suficiente, ¿no?
No hables así. Tú has hecho por ellos lo que ningún otro dios ha hecho jamás.
Se lo merecen. Gracias a ellos hay sol y aire que respirar... No pensé que fueras a venir...
Quería asegurarme de que hubieras salido bien librada de esto, y tus caballeros también. Llegamos a pensar que varios de ellos morirían, pero están sanando; los doctores no pueden creerlo todavía. ¿Has sido tú, verdad?
¿Por qué dices eso?
Pude sentir tu cosmos envolviéndolos desde el primer día en que llegué a Tokio
Así es, o al menos eso intenté... Bueno, así que... sí lo sabes, también debes de saber que no puedo activar mi cosmos a voluntad en estos momentos, ¿no?
Por eso estoy aquí. No desconfíes de mí, por favor. Sé que tendrías razones de sobra, pero si vine, es porque tu padre me lo pidió
¿Qué?
El te ama Athena, te ama como a nadie en todo el universo. Y sabía que, ya que en esta reencarnación nunca fuiste entrenada para ejercer a plenitud tu cargo de Diosa de la Guerra, cuando despertaras sucedería algo así.
¿Cómo sabes todo eso?
No se lo he dicho a nadie, por supuesto, pero en cuanto acabó el eclipse, me sentí muy inquieto por ti. Y el primer sueño que tuve, fue con él. Me habló y me dijo que para recuperar todos tus poderes, deberías de volver al Santuario
No puedo hacer eso. Ellos me necesitan
No cabe duda de que te conoce– dijo él sonriendo ligeramente – me dijo que dirías exactamente eso. Pero es lo que hace falta si quieres recuperar lo más pronto posible el uso de tu cosmos. También mencionó que eso mismo le pasaría a tus caballeros cuando reaccionaran. No podrán encender su cosmos en algún tiempo. Morir mientras se sostiene una pelea con alguien como mi hermano no es cualquier cosa...
Ella lo miró extrañada y él se dio cuenta enseguida
Es extraño, ¿no? Pensar que todos somos una familia feliz... El punto es que Zeus estaba muy preocupado por ti, y me pidió que viniera aquí a cuidarte. Perséfone puede estar tramando algo.
¿Qué?
La esposa de Hades. En cuanto lo heriste, ella se presentó ante mi hermano y exigió su derecho de llamar a Némesis para lanzarse en tu contra. Por supuesto que tu padre se negó, pero ella podría aprovechar estos momentos en los que tú y tus caballeros están tan débiles. Ni siquiera podrías percibir si algo malo se acerca. Por eso estoy aquí – dijo él tomándola de las manos – para ofrecerte mi ayuda, y mi protección, si fuera necesaria.
Julián...
No te niegues por favor. Quiero resarcirme contigo y con todos a los que les hice daño.
¿Has visto a Kanon?
Julián se sintió incómodo al escuchar la pregunta de Saori.
Sólo una vez, el día que llegamos. Pero... no sé – dijo sincerándose con ella – verlo me perturbo muchísimo. No he tenido el valor de volver. Su estado es muy delicado, y ha tenido unas semanas terribles...¿Tú sabes qué le pasó?
Murió. Cuando estabamos en el Inframundo, peleó con uno de los Kyotos de Hades. Y continuó haciéndolo aún después de abandonar la armadura de Géminis, para que su hermano la pudiera usar.
Los doctores nos dijeron que no iba a sobrevivir debido a la gravedad de sus quemaduras... pero está haciéndolo.
Entonces, ¿por qué no has regresado a verlo?
Nadie puede negar que a pesar del Dios dentro de nosotros, somos humanos, ¿no crees?... Estoy aquí, pidiéndote que confíes en mí después de haber tratado de destruirte. Te pido que me perdones por lo que he hecho, mientras yo mismo estoy aquí, preocupado a cada instante por él, rogando que sobreviva y al mismo tiempo... la verdad es que soy incapaz de perdonarlo del todo. Me gustaría que mis sentimientos no fueran tan complicados...
Creo que a él le pasaba algo muy parecido
¿Qué?
Kanon. Te extrañaba, los extrañaba. Aunque creo que si los viera ahora, quizás no sabría que decir
No quiero hablar de eso ahora, Saori
Pero yo sí. Todos lo miraban con enorme receloc uando volvió al Santuario conmigo. Reconozco que un primer momento, yo misma llegué a dudar de sus intenciones. Un hombre tan hábil como él podría ser capaz de cualquier cosa. Insistió en quedarse a mi lado y se lo permití, para poder observarle. Y lo único que pude ver fue una enorme tristeza, culpa, un arrepentimiento que le rompería el alma a cualquiera... A veces por las noches, se alejaba del Santuario. Hice que le siguieran, y ¿sábes a dónde iba? A la playa. A mirar la playa en cada noche de insomnio. Yo misma me atreví a seguirlo una vez. Si hubieras visto la melancolía que emanaba de él al mirar al mar...
No sé qué hacer con esa información en este momento – reconoció él riendo nerviosamente- creo que no sirve de nada pensar en lo que siento. Cuando él abra los ojos y nos miremos, sabré que decirle. Sabré si puedo perdonarlo... Creo que voy a dejarte, hay mucha gente allá afuera impaciente, seguramente querrán asesinarme por tardar tanto tiempo aquí, hablando contigo
Julián, sé que quieren hablar conmigo, pero a la primera persona que me gustaría ver es a Shaina, una de mis amazonas. Cuando salgas, ¿podrías decirle que quiero verla?
Claro, Saori. Y... piénsalo, por favor... me maravilla que te preocupes tanto por ellos, pero... quizás sea necesario partir. Por tu bien y por el suyo... Y no, no me respondas ahora. Piénsalo...
¡Shaina! ¿Dónde has estado?
Por ahí
¿Por ahí? No llegaste a la mansión en toda la noche
Así es
¿Y no piensas decirme dónde estuviste anoche?
No
Pensé que confiabas en mí...
No quiero hablar en este momento
¿A dónde vas? –exclamó Marin al ver que ella pretendía marcharse de nuevo - Athena quiere verte. Ha estado preguntando por ti desde ayer.
Así es – terció Julián encontrándose con ellas en el pasillo que llevaba a la sala de espera– acabó de hablar con ella, amazona. Y tú eres la persona con la que desea hablar en este momento.
La peliverde sintió como si una mano helada le oprimiera el corazón. No podía huir, aunque eso es lo único que deseaba. Tenían que enfrentarse tarde o temprano, y no podía negarse a ver a su diosa...
Entró en la habitación deseando que ella no estuviera ahí, o que se hallara dormida. Pero no era así, Saori estaba perfectamente despierta, sentada en la cama.
Athena-sama...
Shaina... te ves cansada
Tu también Athena-sama. Supongo que es natural, después de todo acabas de salvar al mundo.
Un silencio incómodo se hizo entre ambas, hasta que Shaina se atrevió a romperlo...
Me alegra mucho ver que ya estás bien.
Bueno, el doctor todavía quiere tenerme aquí unos días más, pero espero salir pronto... Marin me ha dicho lo mucho que la has apoyado en estos días. Debe de haber sido muy difícil tener que ver por todos nosotros
Marin me da un crédito que no merezco. Es ella la que se ha hecho cargo. Es una líder natural, nos ha dado ánimos y ha organizado todo, junto con Tatsumi por supuesto... Si no tienes nada más que decirme, allá afuera están las princesas de Asgard, supongo que querrás...
No Shaina, sí hay algo que quiero decirte... ayer no tuve tiempo de...
Lamento haber salido tan intempestivamente de la habitación. Me sorprendió muchísimo verte... despierta.
Si. Seiya estaba muy malherido cuando lo traje y... quería saber cómo se hallaba. No esperaba que entrara nadie mientras...
No tienes que decirme nada, Athena-sama. Yo no soy nadie para pedirte explicaciones sobre tus actos... lamento haberte lo único que vi fue que estabas cuidando de uno de tus caballeros, eso es todo. Sé que tú le tienes... un cariño muy especial, como a Shun y a Jabu y a todos los caballeros de bronce, porque los conoces desde que eran niños, y porque te han protegido y cuidado desde el principio.
Sí... así es, le... les tengo un cariño muy especial. Y estoy preocupada por todos.
¿Así que... eso es todo lo que querías decirme?
Sí, eso... eso es todo.
Bueno, entonces te dejo. Con permiso
Y así quedó decidido el juego que ambas jugarían. Pretender. Pretenderían que ignoraban lo que ambas sentían por él. Porque Saori sabía lo que Shaina había hecho por Seiya, pero nunca había estado ahí para presenciarlo con sus propios ojos. Porque lo único que Shaina tenía como evidencia de los sentimientos de la Diosa era su rostro cerca de el de él, un beso en sus párpados. Porque ella no estuvo ahí para escuchar cómo Saori le declaraba su amor mientras él se desangraba entre sus brazos. Porque la suya era una guerra que no podía ser declarada pues Saori le debía gratitud a su amazona, porque Shaina estaba en su derecho de quererlo ya que ella era libre, porque ella no era una diosa. Porque a ambas les faltaba el valor para reconocer lo que sentían por él la una frente a la otra. Porque no tenían derecho a reclamar nada, ya que ninguna de ellas tenía una verdadera relación sentimental con él. Pero sobre todo, por que no tenía sentido ser hostiles y pelear por el amor de alguien que quizás no habría de sobrevivir...
Estaba ya muy entrada la tarde cuando Marin pudo ver de nuevo a Saori. Había aguardado pacientemente a que entraran a verla los demás, no todos obviamente, porque los doctores vigilaban celosamente que no entrara más de una persona a la vez, y Julián por ejemplo, había sostenido con ella una muy larga conversación. Cuando Shaina salió, el mismo pensamiento que la había rondado toda la noche asaltó de nuevo a la amazona: algo le había sucedido a Shaina, podía percibirlo. Había salido sospechosamente silenciosa después de ver a Athena, y a pesar de toda la actividad en la sala y de la animada conversación que entablaban todos con las princesas de Asgard, se mantuvo callada. Lucía muy cansada y pensativa. Aunque después de todo, tenía motivos para estar preocupada. Desde hacía un par de días los doctores sospechaban que Seiya podía presentar una infección, pues había tenido fiebres que empezaban tan pronto como terminaban, así que estaban monitoreándolo constantemente. Pero no era sólo la salud de él, había algo más, y aguardaría el momento adecuado para preguntarle dónde había pasado la noche y por qué se había comportado tan extraña.
Después de que saliera Shaina, Saori se entrevistó con Hilda y Flher de Asgard, a las que convenció de permanecer en Tokio, pues ellas pensaban volver casi enseguida a su país. Pero la diosa les aseguró que su visita le haría muchísimo bien a los caballeros y a ella misma, y que después de todo, tenían más que merecidas unas pequeñas vacaciones, después de haber pasado por tantas batallas y pérdidas.
La siguiente persona en entrar fue la doctora Harue Saito, que le dio un informe sobre la salud de cada uno de sus protegidos, el cual también fue bastante extenso, y después fue el turno de Tatsumi, que había esperado ansioso por la oportunidad de verla. No pudo evitarlo y al verla despierta, lloró desconsolado, lo cual puso lágrimas también en los ojos de la chica de cabellos color violeta. Porque aquel hombre era la única persona a la que podía llamarle familia, pues era el único que había estado con ella toda su vida, ya que su abuelo había fallecido. Y pese a que a veces él tenía la terrible tendencia de tratarla como si aún tuviera siete años, la veía como ella hubiera deseado que la vieran todos: como una humana. Tatsumi no pudo refrenarse y la abrazó mientras no paraba de llorar. Cuando él por fin se tranquilizó, Saori le agradeció infinitamente por haber manejado tan sabiamente toda la situación en el hospital, y por haber delegado responsabilidades en la fundación Kido para que no hubiera mayores problemas y todo siguiera funcionando con relativa normalidad. También, de manera muy confidencial, le pidió hiciera varias diligencias que concernían a todos los caballeros y de las que ya se enterarían después.
Vió a Kiki, que como un torbellino entró en la habitación, abrazándola y besándola, dándole un poco de su infantil alegría. Él fue quien le informó sobre los pequeños detalles de la estadía de todos en la mansión, lo amable que había sido Megumi con todos, cómo Juné y Marin siempre tomaba sus alimentos antes o después que los demás debido a la máscara, como todos se turnaban para que al menos tres personas pasaran la noche en el hospital, dos para así poder tomar una pequeña siesta y una tercera que siempre cuidaba de ella. Incluso le contó de la estadía de Thetis durante más de una semana, y cómo ella se marchó después de que Julián le hubiera llevado serenata y de que le hubiera hecho varios regalos, para gran sorpresa de Saori, que no había se había detenido a pensar jamás en la vida sentimental de su tío/pretendiente/enemigo, y al parecer ahora aliado. Desafortunadamente Kiki no pudo pasar mucho tiempo con Saori, pues había mucha gente aguardando una oportunidad para verla, pero a ella le hubiera encantado. Era tan jovial, tan alegre y tan optimista, y eso era lo que ella más necesitaba en esos momentos, sobre todo después de haber sabido sobre el estado de salud de todos y cada uno de los suyos.
Moría de ganas de verlos a todos y a cada uno, pero tuvo que aguardar y complacer a todos aquellos que tanto se habían preocupado por ella y que deseaban verla. Y sólo después, mandó a llamar de nuevo a Marin
Aquí estoy Athena-sama... perdón, Saori. ¿Querías verme?
Sí, Marin
¿Ha sido un largo día, eh?
Larguísimo. Julián opina que debo de irme inmediatamente al Santuario y abandonarlos a todos aquí para recuperar el completo uso de mi cosmos, la doctora Harue me ha dado los detalles sobre el desastroso estado de salud de todos, y... ah, y cómo olvidarlo, Seika me odia
Seika no te odia
Pero tampoco me quiere cerca de su hermano. Tiene toda la razón para sentirse así... y me odiará más cuando sepa que Seiya está así sólo por mi culpa. Probablemente este es el peor día de mi vida. Y aún no acaba...
No deberías de decir eso...
Tienes razón, no puede ser peor que el último día del que tengo recuerdos. Porque el último día que recuerdo es el día en que me suicidé...
¿Eso fue lo que...? Lo siento... no quise ser...
Está bien Marin, no te avergüences de sentir curiosidad. Incluso yo desearía saber cómo fue que en realidad sucedió todo. Incluso las cosas que me sucedieron me parecen ahora borrosas, imágenes de un viejo filme, no algo que viví en realidad. Todos estamos llenos de preguntas, y comprendo que tengas dudas, y de verdad, les diré lo que quieran saber, es sólo que... no quisiera hacerlo hoy...
Claro.
Primero, quisiera que tú me ayudaras con algo. Ya sé, es injusto, pero después de todo, de algo debe de servir todo esto de ser una Diosa... Quiero verlos, y me gustaría que tú me llevaras.
Claro, claro que sí...
Marin, ¿hay algo que quieras decirme? Es que siento que algo te perturba
No... es que yo... no quiero preocuparte más. Acabas de despertar y...
No seas condescendiente conmigo Marin. Puedo manejarlo, te lo aseguro.
Perdóname Athena, no es que crea que... no sé cómo preguntártelo... se trata de Shun... despertó hace unos días y fue a Terapia Intensiva, a ver a Seiya... Shaina estaba con él y... cuando Shun vió a Seiya, dijo que...dijo que Seiya estaba muerto y que había sido él quien lo había matado. Yo sé que Shun es muy dulce y que es su amigo y que sería incapaz, pero la verdad es que...ignoramos lo que sucedió en la batalla y... y Seiya está tan herido...
¿Eso fue lo que les dijo?
Sólo Shaina estaba ahí en ese momento. No se lo hemos dicho a nadie más. Todo era demasiado confuso como para exaltar los ánimos con algo así
Quieres saber si es cierto, ¿no?
Marin asintió avergonzada
No, por supuesto que no. Shun no lastimó a Seiya- dijo Saori mientras la amazona suspiraba aliviada
Entonces, ¿por qué dijo eso?
El espíritu de Hades se apoderó del cuerpo de Shun en algún punto de la batalla. El mismo Ikki peleó con él... estuvieron a punto de matarse... Shun trató de evitarlo pero no pudo. Pero lo logramos, expulsamos al espíritu de Hades de su cuerpo y fue Hades quien hirió a Seiya sin querer...
¿Sin querer?
Era a mí a quién quería destruir. Pero Seiya se interpuso entre nosotros... Shun no tuvo nada que ver.
Ahora comprendo todo. Pobre Shun.
La doctora me explicó que está en un estado depresivo severo. No me extraña después de todo lo que hemos vivido...
Deberías de hablar con él, Saori.
Claro que lo haré. Pero, antes, hay alguien a quien deseo tanto ver...
Era tan extraño poder verle por fin, después de tanto tiempo. A él se lo debía todo. A él le debía la vida.
La verdad es que desde hacía más de dos años él ocupaba sus pensamientos y no se lo había confesado a nadie. Podía sentirlo cerca de ella, siempre. En los momentos más difíciles él jamás la abandonó. Los ayudó a todos una y otra vez, y por eso, su corazón se oprimía al pensar que a él nadie había podido ayudarlo
Y cuando por fin pudo pudo posar sus ojos en su cuerpo, le pareció un sueño. No tan maravilloso como lo hubiera deseado, porque ella imaginaba verlo sano y salvo en vez de en la cama de un hospital. Pero al menos estaba vivo, y eso era lo más importante del universo.
Podía reconocer su presencia, mas no su rostro. Aunque más de una vez había tratado de imaginárselo al ver a Aioria, que después de todo, era su hermano mayor.
Pero, como siempre en sus vidas, las cosas no parecían lo que eran.
Porque él no era físicamente mayor que su hermano menor.
Se veía de... trece, quince a lo mucho.
El pasado se hallaba justo frente a sus ojos.
El legendario caballero de Sagitario era un niño, apenas un adolescente, tal y como lo eran Seiya y Shun cuando comenzó todo.
A ese adolescente le debía todo lo que era; le debía la vida. Si él no hubiese intervenido, ella habría muerto siendo un bebé. Él fue quién la puso en los brazos del hombre que la amó, la crió y la consintió como si hubiese sido su propio abuelo.
Y no sólo su vida, el destino de la Tierra sería otro si no fuera por él. ¿Cómo no considerar entonces un milagro que él estuviera ahora ahí, frente a ella por fin, dieciséis años después de haber muerto al salvarlos a todos con la desición que tomó ese día?
Simplemente tenerlo frente a ella contestaba varias de sus preguntas.
¡Ojalá despertara ya! Tengo tantos deseos de hablar con él
Mi teoría es que su cuerpo está... reajustándose a esto de... estar vivo. Pero es él... que parece que jamás se da por vencido
Aioros de Sagitario. ¡Por fin está entre nosotros!
Sorrento estaba a punto de quedarse profundamente dormido en uno de los sillones de la sala de espera, que había quedado vacía pues todos habían decidido cenar en la cafetería. Había estado tan emocionado durante los últimos días pensando en la mejoría de Kanon que no había pasado una noche completa en el penthouse de Julián.
El sueño lo estaba venciendo y eso era bueno. Porque ahora no importaba ni el cansancio ni los sueños ni sus miedos ni sus sentimientos. Lo importante era que él sanaba, que él sanaría.
Oyó un ruido. Abrió los ojos y entonces, todo pareció un sueño, uno más de sus sueños. Era él, de pie justo en medio de aquel pasillo, vistiendo un piyama blanco, con los cabellos despeinados e irregulares. Con sus ojos azules. Parecía un ángel vestido todo de blanco en medio de la mortecina luz de la madrugada.
Pero mientras más tiempo pasaba, Sorrento empezó a tener la sensación de que no estaba soñando. Era él, él de verdad estaba de pie frente suyo.
¿Dónde estamos?
¿Kanon?
