El timbre anunciaba que el día escolar había terminado. La última clase era la favorita de Hinata, pintura.
-¡Se terminó alumnos! recojan sus lugares y recuerden que la mejor del ciclo escolar adornará el pasillo.
-Hinata espera por favor, quiero que hablemos.
-¿Pasa algo? Kurenai Sensei- Preguntaba una preocupada Hinata a punto de salir del salón.
-Lo mismo me pregunto Hina, ¿qué te pasa? estuviste triste y distraída toda la clase. ¿Está todo bien?
La angustia de Hinata era muy evidente, aún no sabía que debía de hacer con Naruto y los argumentos negativos y cátedras de sexualidad y seducción que Ino le dio solo la confundieron más.
-Le... ¿Le puedo hacer una pregunta Kurenai Sensei?
La preocupación de la mujer que había fungido de alguna manera como la mamá que Hinata perdió, se incrementó al ver el semblante de la chica.
Cerró la puerta del salón, tomó a Hinata de las manos y se sentaron sobre el escritorio.
-Tú sabes que puedes confiar siempre en mí, pregúntame cualquier cosa que te preocupe.
Hinata respiró profundo y tartamudeando intentó expresarse.
-Co... ¿Cómo supo que Asuma Sensei era el correcto?, es decir... ¿Cómo supo que era él y no alguien más?- Kurenai se sorprendió, sonriendo se ruborizó un poco.
-Así que el día ha llegado, que nostalgia me da que estés dejando de ser una pequeña niña y ahora te conviertas en una mujer- Le decía mientras deslizaba sus dedos entre el hermoso cabello azul de Hinata. La chica sonreía con sus palabras.
-No existe una fórmula Hina, te vas a equivocar muchas veces, pero aprenderás de eso y poco a poco te darás cuenta que es lo que quieres y lo que no, en un hombre. -El semblante de la mujer cambió- ¡PERO! Nunca permitas que te obliguen a hacer algo, ni que te maltraten o intenten controlarte, si lo hace debes de alejarte de él sin dudar, ¿compres Hina?
Hinata escuchaba con mucha atención cada palabra de su profesora, sentía como si escuchará el consejo de su madre.
-Pe... pero ¿y si él no me ama Sensei?- Los ojos se le habían humedecido.
-¿Él te lo dijo? o ¿solo se trata de tus inseguridades?- La chica se quedo callada, no supo qué contestar.
Kurenai bajó del escritorio donde estaban sentadas para mirarla de frente.
-Los seres humanos somos muy complejos Hina, no puedes decidir de quien enamorarte, pero ese sentimiento termina pasando, el verdadero amor lo disfrutas cuando tú al fin decides quien va a ser tu compañero porque pueden tener un proyecto de vida donde los dos crecen juntos. Al final es una decisión que tomas con la experiencia. No tengas miedo de equivocarte, pero no seas irresponsable, ¿comprendes?.
Hinata sonrió y asintió con la cabeza, una sensación de alivio invadió su cuerpo, eran las palabras que necesitaba escuchar.
Reflexionó a cerca de Naruto, él no era el tipo de hombre que la obligaría a hacer algo. Lo que pasará iba a ser totalmente responsabilidad de ambos.
Hinata abrazó muy fuerte a Kurenai, no podía expresar lo mucho que la había ayudado.
-¡Muchas gracias Sensei!- Se levantó y tomo sus cosas. -Debo irme.
-¡Suerte... Hina!
Hinata salió corriendo del salón, entró a un vestidor y comenzó a quitarse el uniforme, llevaba un cambio de ropa por si acaso decidía ir.
Unos jeans negros entallados, un suéter gris largo y holgado, en conjunto con un broche que recogía discretamente su cabello y unas botas cortas grises era lo que llevaba.
Mientras caminaba por las últimas calles antes de llegar al lugar donde siempre se veía con el rubio sentía el aire frío en su rostro, el viento movía las ramas de los árboles haciendo caer las hojas, no dejaba de pensar en la sensación de estar en sus brazos, comenzó a recordar lo cerca que estuvo de besarlo, lo deseaba como nunca había deseado a nadie.
-¡Hinata! ¡Oye!- Decía un chico en un berlinetta negro pasando al lado de la chica, pero al no recibir respuesta comenzó a tocar el claxon hasta que por fin reaccionó.
-Ki... ¿Kiba?
-¿A dónde vas? sube te llevaré.
Hinata se puso muy nerviosa, en la siguiente esquina vería a Naruto.
-N...no... es decir... gracias Kiba pero prefiero caminar- El chico la miró con perspicacia.
-Entiendo... ¿Te verás con alguien, no?- Le decía con tono molesto el castaño. Hinata solo agachó la mirada sin responder.
-Está bien Hina, solo prométeme que tendrás una cita conmigo también, es injusto que yo no tenga la oportunidad- Hinata sonrió asintiendo con la cabeza. Kiba arrancó a toda velocidad.
Hinata siguió caminando, los nervios la estaban afectando, ya casi no sentía las piernas.
En cuanto giró en la esquina lo primero que vio fue a Naruto recargado en el asiento de una motocicleta enorme.
Unos jeans desgastados y un sudadera negra completamente ajustada a su cuerpo provocó que el corazón de Hinata casi se saliera por la intensidad de los latidos, los podía hasta escuchar.
-¿Nos vamos?- Le preguntaba con su sexy voz.
-En... en... ¿Allí?- La cara de Hinata estaba tan aterrada que provocó la risa del rubio.
-No me digas que te dan miedo, tranquila soy experto en manejarlas- Naruto le extendió su mano.
En cuanto tomó su mano la acercó a su cuerpo, la envolvió por la cintura y la levantó sin ninguna dificultad para subirla a la motocicleta empotrada en la acera.
Le colocó con delicadeza el casco y se montó.
-Tienes que agarrarte muy fuerte de mi cintura ¿Entiendes Hinata?
-S... Si.
-No puedo creer que llegará- Pensaba el rubio mientras conducía -¡Maldición! estoy muy nervioso y ansioso.
La única parada que hicieron fue en un autoservicio. Naruto no dejó de jugar con el carrito mientras Hinata no paraba de reír con él. Habían convertido algo tan trivial en una experiencia divertida.
Cuando salieron no podían dejar de reír.
-¿Viste la cara que puso la cajera por qué no podía frenar? Ja, ja, ja, ja- decía el rubio entre carcajadas. Mientras Hinata se secaba las lágrimas de risa con la manga de su suéter.
-Fue demasiado divertido Naruto, me duele el estómago de tanto reír.
Toda la tensión y preocupación que sentían había desaparecido por completo. Había entre los dos un nivel de complicidad muy alto.
Después de un largo trayecto se habían alejado bastante de los suburbios, Hinata no reconocía ningúna de esas calles. No se parecía en nada a las zonas que solía frecuentar, las casas eran muy pequeñas y modestas.
Cuando al fin llegaron, mientras Naruto sacaba las compras del contenedor Hinata observó donde vivía el rubio, por fuera parecía una vivienda abandonada, le costa creer que pudiera ser habitada.
-Si... Lo sé, se ve algo tétrica pero es perfecta créeme. ¡Vamos, entra!
En cuanto entró quedó muy sorprendida, en un pequeño espacio estaba la cocina, un pequeño sofá y una mesita y todo impecablemente limpio y ordenado. Hinata estaba realmente asombrada.
-¿Qué? ¡Oh ya sé!... Creíste que ibas a encontrar una pocilga, ¿No?
Hinata se sonrojo y empezó a negar con las manos.
-¡No! ¡No es eso!... Es que yo... Bueno no creí que estuviera tan ordenado.
-Para ser sincero el mérito lo tiene Rock-Lee.
Mientras recorría el pequeño lugar le llamó la atención unas hojas sobre la mesa.
-Naruto... te ves muy bien...- El rubio se acercó para observar lo que ella tenía en las manos.
-¡Ah!, eso... solo es propaganda de mi próxima pelea.
-¿Pelearás con ese hombre? Da miedo su cara.- Naruto comenzó a reír.
-Es campeón por eso da miedo, pero yo soy muy bueno y le ganaré- Decía con arrogancia el rubio.
-A demás es una pelea decisiva para mí. Si ganó estaré literalmente un paso más cerca de mi sueño.- Naruto hablaba siempre con mucho orgullo y pasión de sus peleas.
-Me... me gustaría verte pelear algún día Naruto- El rubio la miró con rareza.
-Bu... bueno es que... siempre que hablas de ese tema lo haces de una manera tan interesante que dan ganas de verte.- Él sonrió complacido.
De su mochila anaranjada sacó una tarjeta y se la entregó a la chica.
-Toma... es un pase en primera fila para la pelea, Rock-Lee tiene otro, así que... no estarás sola.- Hinata dibujó una enorme sonrisa en su rostro.
-¡Ahí estaré!... Gracias Naruto.
-Entonces... ¿Qué hacemos primero?- Le preguntaba el rubio mientras se quitaba la sudadera y quedaba con una ligera camiseta sin mangas.
Hinata comenzó a sentir un intenso calor que emanaba de su interior mientras observaba cada centímetro de su piel descubierta, su lenguaje corporal eran tan sensual y viril que no podía evitar sentir lujuria.
-¿Hinata?- El rubio la había descubierto mirándolo de esa forma.
-¡¿Eh?! ¡Ah si! Lo siento... Bu... Bueno... ¡Bentō!... es... es práctico y lo puedes comer el resto de la semana- Contestaba nerviosa y sonrojada.
El rubio levantó el pulgar haciendo un guiño en señal de que le gustaba la idea.
Mientras la chica estaba tratando de cocinar Naruto la veía sin decir nada recargado en la pequeña barra del desayunador.
Hinata empezó a actuar de manera muy torpe, le costaba concentrarte con los ojos de él recorriendo su cuerpo.
-Na... Naruto... si... si quieres puedes hacer otra cosa mientras termino- El rubio sonrió con descaro, sabía lo que estaba causando en ella.
-No... prefiero seguir observando... quizás aprenda algo- La chica miraba de re ojo al rubio.
-¿Qué ocurre? ¿Estás nerviosa por algo?- Ella no contestó solo trataba de dejar de temblar para no seguir tirando al suelo todo lo que tocaba. Después de un largo rato, el rubio al fin rompió el silencio.
-Hinata... ¿podrías cantar de nuevo esa canción?- La chica de inmediato miró a Naruto asombrada por la petición.
-¿Ahora? pe... pero...- Naruto colocó su rostro sobre sus brazos cruzados en la barra, como señal de súplica.
-Estoy seguro que cantas cuando estás sola, imagina que no estoy aquí, hazme ese favor ¿si?.
El pobre corazón de Hinata estaba fuera de control porque sabía que el rubio estaba conciente que cada palabra que ella cantará sería por él. Era prácticamente una confesión. Pero ¿quién en sano juicio le iba a negar algo así a ese hombre?
Logró calmar su voz temblorosa y a capella comenzó a cantar, trato de concentrarse solo en el canto y cocinar.
Naruto cerró los ojos mientras escuchaba la dulce voz de Hinata, su cuerpo se relajó completamente, el olor de la comida era maravilloso, pensó en lo increíble que sería llegar a casa todos los días y sentirse acompañado por ella.
Ella estaba tan concentrada que no pudo notar cuando Naruto se acercó por detrás, intentó rodear su cintura con sus brazos, pero de la impresión Hinata se movió con brusquedad y el espacio era tan reducido que la espalda del rubio pegó con fuerza en el suihanki hirviendo.
Naruto comenzó a quejarse muy fuerte, se había quemado la espalda. Asustada rápidamente revisó al rubio, en cuanto vio la quemadura comprendió porque se quejaba tanto. De inmediato mojó un paño y se lo colocó.
-¡Naruto! ¿Y el botiquín?
-En la habitación de enfrente- Le decía acongojado por el ardor.
Hinata entró de prisa y comenzó a buscarlo, tardó en darse cuenta que estaba en una repisa bastante alta. Prácticamente estaba en las puntas de sus pies y con los brazos totalmente estirados pero no podía alcanzarlo.
El terrible ardor ya había pasado y Hinata no regresaba, Naruto fue a buscarla. En cuanto entró quedo impresionado por su hermosa figura, aquel suéter largo estaba dejando al descubierto su redondo y perfecto derriére.
Guardando la compostura se acercó para bajar el botiquín y entregárselo.
-Lo siento Naruto, tardé demasiado.
-No te preocupes, ya pasó.
-Ven sientate, voy a curar tu quemadura.
El rubio obedeció al instante, se sentó en la esquina lateral de la cama, mientras Hinata con mucha delicadeza lo atendía.
Estaban en total silencio, Naruto pensaba en ella, imaginaba su reacción cuando cayera en cuenta de que estaban en su habitación. Se le escapó una pequeña risa.
-¿Qué ocurre Naruto? ¿De qué te ríes?- Preguntaba bastante intrigada, él solo nego con la cabeza.
Mientras curaba la quemadura en su espalda sintió remordimiento.
-Perdón... siento haberte provocado esto Naruto... soy bastante torpe.
-Pero ¿qué dices?... fui yo el que no debí sorprenderte así... deja de culparte por todo Hinata, pides demasiadas disculpas.- Ella se quedo callada ante las palabras del rubio.
Quedaron de nuevo en silencio Hinata ya había terminado de curarlo, pero Naruto no giraba para mirarla, ella recorría con su sus ojos la espalda de él. Notó todas y cada una de las cicatrices que tenía. Pensó en lo mucho que ha luchado por sobrevivir en el mundo y en el gran contraste de ella que no ha tenido que hacer nada para poseer todo lo que tiene.
En un acto de total inocencia tocó su piel con la yema de sus dedos, los ojos de Naruto se abrieron en señal de sorpresa, el tacto de sus dedos lo ponía aún más nervioso.
-Tienes... demasiadas cicatrices...
-Es... por el trabajo, a veces pasa...- Naruto giró y la miró, tomo una de sus manos y puso sus finos dedos en una de sus cejas
-Esta de aquí fue boxeando- Hinata lo miraba con atención y de a poco empezó a recorrer con sus dedos todo su rostro, Naruto cerró los ojos mientras ella estaba hipnotizada por cada una de sus facciones. Con ambas manos tocó las marcas que tenía a los lados de su boca.
-Esas son de nacimiento...
-Son increíbles...- Dijo la chica, en ese momento él abrió los ojos y se miraron fijamente.
Naruto empujó con su cuerpo a Hinata y en un rápido movimiento ya estaba encima de ella sobre la cama, aprisionando sus piernas entre las de él. Hinata no podía hacer otra cosa más que mirar sus penetrantes ojos azules brillando de deseo.
Naruto se acercó a su cuello suave y blanco, lentamente empezó a inhalar el aroma calido de su piel mezclado con el de su cabello. Hinata sentía tan fuerte su respiración que desató escalofríos por todo su cuerpo.
-Dijiste que te gustaba mi aroma ¿verdad?- Le decía con voz baja y ronca mientras sus manos entraban debajo de su suéter.
-Pues el tuyo me está volviendo loco.
Con la humedad de sus labios fue devorando poco a poco todo su cuello, provocándole sofocos de placer a Hinata, ella ni siquiera intentó reprimir los gemidos.
Las uñas del rubio con delicadeza recorrían su piel debajo de su ropa. Hinata sintió el impulso de abrazarlo, pero él no se lo permitió tomándola de ambas muñecas para aprisionarlas arriba de su cabeza entre su largo cabello azul.
Naruto observó a la preciosa mujer que estaba debajo de él, sus ojos lavanda lo miraban con tanto amor y deseo que lo hiso sentir miserable, sabía que se estaba aprovechando de ella, estaba luchando contra sus deseos de satisfacción sexual. Hinata no merecía que él le hiciera algo tan ruin.
-Na... ¿Naruto?- Preguntaba la chica preocupada, porque solo la observaba sin decir ni hacer nada.
El rubio soltó sus manos, se bajo de encima de ella y se sentó en la cama dandole la espalda. Ella se incorporó detras de él.
-Lo lamento Hinata... no debí sobrepasarme contigo, me has tratado mejor de lo que merezco y eres demasiado especial para mí.
Hinata tenía su mente en blanco, ella no quería que se detuviera, deseaba que él fuera el primero, anhelaba que tocará cada centímetro de su cuerpo, pero no se atrevió a decírselo, se veía tan arrepentido de lo que hizo que el corazón le dolía .
La puerta principal se abrió súbitamente, se escucharon un par de voces que entraban en la casa.
-Ahora entiendo porque no contesta- Decía molesto Shikamaru al notar que había en la entrada unos zapatos femeninos.
-Gracias por traerme- Le decía Rock-Lee.
Naruto salió de su habitación colocandose una playera.
-¿Rock-Lee? pero... ¿no ibas a estar con tu padre hasta el viernes?.
-Lo sabrías si hubieras contestado las llamadas idiota- Dijo Shikamaru regañando a su amigo.
Estaban a punto de discutir cuando Hinata salió de la misma habitación con las mejillas ruborisadas y con el cabello despeinado.
Ni Shikamaru ni Rock-Lee pudieron escoder su gran asombro cuando la vieron. Estaban seguros que era Karin la que estaba con el rubio.
-Ho... Hola- Decía con un gran bochorno la tímida chica.
Los dos la saludaron con un leve movimiento de cabeza, no podían creer que fuera Hinata. Shikamaru de inmediato miró al rubio con desaprobación.
-Na... Naruto me dijo sobre tu padre... ¿Está bien Rock-Lee?.
-¡A... Ah sí! Fue algo de poca importancia que no tuve que quedarme más días con él. Gracias Hinata.
Hubo un silencio incómodo entre los cuatro. Naruto de inmediato se colocó la sudadera y tomó las llaves de su motocicleta.
-Vamos Hinata te llevaré a tu casa.
La chica tomó sus cosas y se despidió con una pequeña reverencia de los amigos de Naruto.
El ambiente entre los dos era un poco embarazoso, les costaba creer por todo lo que habían pasado en un solo día.
-Naruto... yo... prefiero tomar un taxi.- Dijo con seriedad y tristeza.
-De ninguna manera Hinata, no puedo dejarte ir sola. Vamos sube.- Pero la chica no accedió, el rubio ya había montado pero ella seguía con la mirada agachada negándose.
Naruto comprendió que ella necesitaba espacio, era lógico que no quisiera estar en una situación tan incómoda y penosa.
-Está bien... esperemos uno entonces.
Para alivio de ambos no tardó en aparecer, Naruto le abrió la puerta y antes de que ella entrará le preguntó.
-¿Aún irás a la pelea?- Hinata se conmovió por la expresión del rubio, parecía ilusionado de que ella lo viera pelear.
-Por supuesto que sí Naruto- La preciosa sonrisa de ella aminoraba el sentimiento de auto repudio que sentía.
La miró alejarse hasta perderla de vista, por alguna razón se sentía muy solo, realmente esa chica hacía la diferencia con su compañía.
En cuanto entró a la casa recordó que el Nara se encontraba allí, estaba a punto de huír pero ya era tarde.
-¿Es en serio Naruto? ¿Te aprovechaste de esa chica?.
-Shikamaru ahora no... no estoy de humor...
-¿No te basta entonces con una Karin?, ¿quieres otra? o a ella ¿sí te la vas a tomar en serio?.
-¡Maldita sea Shikamaru, no es una niña!, no paso nada ¿entiendes?, no es Karin, ni la engañé, ella sabía lo que podía pasar si venía.
-¡Por supuesto Naruto! Hinata es la única que tiene claro lo que quiere y te ha dejado más que claro lo que siente por ti. Tú eres el que no le deja claro que quieres de ella, no es tu amiga, no es Karin, no es tu tipo pero estoy seguro que no estaban tomando el té en tu habitación.
Las palabras del Nara tocaron fibras muy sensibles en él, lo hiso ponerse totalmente a la defensiva.
-¡Bueno y a ti ¿qué más te da Shikamaru?! Estoy harto que siempre me cuestiones todo lo que hago.- El pelinegro se levantó totalmente molesto y tomó por el cuello al rubio.
-¡Porque eres mi mejor amigo, grandisímo idiota! Estoy harto de esa maldita actitud de autocompadecerte, estás tan empeñado en ser infeliz que te da miedo el amor de esa chica porque Sakura te hizo creer que lo miserable que eras te lo merecías, fuiste la víctima perfecta para ella y lo sigues siendo.
Naruto no pudo decir nada, todo lo que le dijo era verdad y no podía negar ni una palabra. Shikamaru soltó al rubio.
-Haz lo que quieras, no será la primera vez que tenga razón y termines mal por tus estupideces infantiles- El Nara salió dando un portazo.
Rock-Lee se acercó a su paralizado amigo, había conocido a Naruto desde hacía poco tiempo pero lo apreciaba mucho. Le dio una fuerte palmada en la espalda para hacerlo reaccionar.
-¡Hey Naruto! Te acaban de dar una paliza, pero tú siempre sales victorioso, ¿verdad?- El rubio miro a Rock-Lee sonriendo.
-Gracias "cejotas".
Naruto entró a su habitación para descansar, se recostó en la cama y se quedó mirando el techo un largo rato, cerró los ojos y recordó a Hinata, giró de lado abrazando la almohada, aúnpodía percibir su aroma.
Sintió que algo molestaba su costado, era el broche que llevaba Hinata en su cabello, sonrió. Poco a poco se quedó dormido con el broche en su mano.
