Capítulo once

-Si supieran lo lejos que has tenido que llegar para tenerme... ¿Dónde era?... "Exactamente donde quieres." Creo que esas fueron tus palabras. ¡Ah! Y que harías lo que fuera necesario. - Michiru se paralizó. - Perdóname, - continuó. - Te escuché cuando hablabas por teléfono aquel día en Midori Kazuo. No parecía ser el momento adecuado para anunciarme, así que me fui a casa. -

-Antes de nuestra cita..., - concluyó sin comprender. Se humedeció los labios y miró a todos lados menos a ella, claramente tratando de averiguar cómo podía recuperar la ventaja.

Haruka le ahorró el trabajo. - Bien, volviendo a que harías lo que fuera, he tenido el tiempo suficiente para pensar en términos aceptables. -

-¿Y? - la miró con recelo.

-A ti por una semana. Completar el acuerdo que hicimos. Es todo lo que quiero. -

-¿Disculpa? -

-¿Quieres que te lo explique con más detalle? -

-No, - respondió Michiru , claramente convencida de que Haruka estaba jugando con ella. - Muy gracioso. - Adoptó un tono suave, sereno . - Sólo dame la cifra, Haruka , y podemos terminar con esto . -

-No me interesan los números, me interesa tenerte en mi cama. -

Michiru palideció . - No , - susurró. - No aquí . -

-Tienes razón. Este no es el lugar . - Haruka dejó caer la servilleta sobre la mesa . Normalmente, ella no hablaba crudamente a una mujer fuera de la habitación, pero había logrado su objetivo. Michiru perdió el equilibrio y a juzgar por las reacciones de su cuerpo habían hecho efecto sus palabras.

Los camareros aun estaban limpiando los platos. Después de una cantidad de tiempo civilizada servirían el postre. Haruka aprovecharía el momento en que las personas salían a fumar para desaparecer del lugar. Michiru, sin embargo, se quedaría allí. Manteniendo las apariencias tal como la habían educado. Haciendo un esfuerzo casi imposible por no mostrar su malestar.

Haruka deslizó su silla hacia atrás . - Creo que ya hemos terminado. Desisto del postre, voy a conducir de vuelta a Akihabara. ¿Vienes? -

-¿Ahora? - Michiru lanzó una mirada frenética alrededor de la mesa .

-¿Necesitas algo de tiempo para pensar en ello? Toma veinticuatro horas , - dijo Haruka con tranquila indiferencia . - Voy a estar en el apartamento por un rato antes de que me vaya. Ahora, si me disculpas. -

Dejando a Michiru parpadeando con incredulidad , se trasladó a la mesa a murmurar sus disculpas a su anfitriona. Explicó que el recuerdo de su hermano se había hecho presente y que probablemente habría sobreestimado su capacidad para estar nuevamente en una reunión con tantas personas en tan poco tiempo. Le agradeció a Buffy el hecho de ayudar a Michiru y a ella a curar la antigua fisura interpuesta entre sus familias. A lo que su anfitriona pareció encantarle llegando incluso a darle un beso en la mejilla. Por el rabillo del ojo, Haruka podía ver a Michiru observando cada movimiento con una expresión de molestia y ambas manos en su regazo. Probablemente estaba mandando un mensaje de texto indicando a sus abogados que esperaran sus instrucciones e ignoraran las que Andy pudiera hacerles.

Luego de ésto con gesto amable Haruka dejó el lugar. Mientras esperaba que el portero llamara un taxi comenzó a pensar en la posibilidad de Michiru llegando a su puerta. Conociéndola se demoraría al menos noventa minutos. Para ese entonces ya estaría en Akihabara. De no encontrarla. Probablemente tendría visitas en la mañana.


Horas después Michiru golpeó la puerta del departamento equivocado. El extraño sujeto que respondió tenía un perro perfumado y peinado bajo el brazo y un Bluetooh conectado a la cabeza. Cuando ella le describió a quien buscaba el caballero respondió dirigiéndola al loft de la esquina, en el piso de arriba.

-No está vendiéndolo. - le advirtió.

El condominio de Darien era probablemente una obra de arte. Luminoso y precioso. Mientras avanzaba por aquel lujoso pasillo, pensó que para aquellas horas Haruka no se encontraría. Golpeó la puerta y nadie respondió. Comenzó a tener una sensación de desvanecimiento, se apoyó contra la pared y trataba de decidir si se sentía aliviada o decepcionada. Haruka estaba lista para vender. Pero de alguna forma había acorralado a Michiru en una esquina. Esperando la fase final de la pelea. ¿Estaría ella realmente pensando en comerciarla por una firma? Se dio media vuelta apoyando su espalda en la pared y levantó al vista hacia el adornado techo. Pensó en el accidente de avión. A fin de cuentas Darien era un piloto novato que no supo aterrizar de emergencia. Nadie tenía la culpa de otro hombre blanco estropeado por el dinero pensando que era una especie de Dios y podía vivir con reglas diferentes. Pero según sabía, hubo una falla en el motor. Un piloto experto habría sabido maniobrar y aterrizado. Entonces, ¿Por qué estaba el y no Haruka en los controles? ¿Acaso sería así? Haruka en su lucha personal necesitaba echarle la culpa a alguien y acudió a ella?. Trató de pensar racionalmente. Haruka tenía que saber que ella nunca aceptaría una condición tan absurda , humillante para cerrar el trato . ¿Convertirse en su juguete sexual por una semana? No. Ella estaba muy equivocada si pensaba que Michiru haría trueque con su cuerpo cual si fuera una virgen medieval, sacrificándose por el bien de su familia. No. Ella tenía mucho amor propio.

Enfurecida , renunció a tocar el timbre y tomó el ascensor hasta la calle. Su mente se sentía pesada por los efectos del vino, pero esperaba que una buena taza de café ayudara. Estaba irritada, había bebido de más. Normalmente era más cuidadosa, pero esta noche no fue una noche normal.

Se metió en un taxi, perdida en sus pensamientos. Los conductores eran misericordiosamente silenciosos cuando se dirigían a la zona alta. Sabían reconocer un habitante de un turista, para quienes parecían guardar toda su inquisición.

Al llegar al edificio el hombre se comportó con la gallardía comandada por una jugosa propina. En la portería se detuvo para conversar con el portero. Esperando que al llegar Miharu se encontrara durmiendo.

Entró en el apartamento, dejó caer su abrigo de noche de cachemira sobre una silla en el vestíbulo de la planta baja , y se asomó a la habitación de su madre. Miharu estaba roncando felizmente, con la cara envuelta en la máscara elástica que llevaba cada noche para mejorar los efectos de sus productos costosos para la piel. Michiru no sabía si este ritual sagrado efectivamente funcionaba, pero Miharu no se arriesgaba a no usarlos. A pesar del Botox regular, aún podía mover sus cejas. Michiru supuso que eso era algo. Varios amigos tuvieron que recurrir a la intervención cuando sus madres iniciaron el uso excesivo de la aguja. Se puso feo .

Se preparó un café fuerte y se retiró a su habitación. Abrir las puertas francesas a la terraza era envolvente, observó la línea de árboles del parque principal de la ciudad. Los Kaioh se enorgullecían de su espacio al aire libre, un oasis que ofrece un remanso de tranquilidad en el ruido y la monotonía del mundo concreto que los rodea. Michiru podía recordar las fiestas de cumpleaños aquí con sus primos y varios hijos de los amigos de sus padres . En retrospectiva, se dio cuenta de que las fiestas no eran para ella. Eran eventos donde los adultos socializaban y competían indirectamente para ver quien era mejor.

Siempre había querido tener una hermana o hermano con quien escapar, sus tres primos más cercanos eran niños y mayores que ella. Y siempre estaban junto a Andy, su cabecilla. Él siempre la había resentido. Su padre le había recompensado generosamente por su trabajo mediocre en la empresa, de hecho varias veces había pasado por encima de ella para beneficiar a Andy. Llegando a pensar que el sería quien lo heredara. No recordaba cuando su padre había cambiado de opinión, pero nunca se mencionó nuevamente la idea después de su encuentro con la muerte la noche del baile. Probablemente él no quería que ella sintiera que había perdido su confianza.

Cuando Michiru estuvo bien otra vez, su vida volvió a la normalidad y su padre había seguido tratandola como al hijo que nunca tuvo y su preparación para sucederlo. Tal vez lo más importante que le había enseñado era que el poder y la responsabilidad van de la mano. La mayoría de la gente que conocía sólo hablaban, pero los Kaioh se lo tomaron muy en serio. Su apellido era su destino, ella lo sabía. Alejarse o abandonar en el medio de una pelea, era inconcebible.

Se sentó en una pequeña mesa debajo de una pérgola cubierta de enredaderas y bebió su café , preguntándose qué le habría aconsejado su padre hacer con Andy. Se había vuelto aún más odioso en los últimos tiempos, incitado por su madre. Desde su divorcio, la tía Cynthia tenía demasiado tiempo en sus manos y se lo tomó para hacer problemas. Hablando abiertamente de que su precioso hijo asumiría prontamente como presidente de la corporación, haciéndose de varios partidarios suyos dentro de la empresa.

El tema era el liderazgo, cuando su padre estaba a cargo nadie se hubiera atrevido a intentar hacerle sombra. Michiru siempre se había figurado junto con el asumiendo la presidencia, teniendo sus consejos y su respaldo antes de ir retirándose poco a poco. Sin embargo se había encontrado con un imperio de la noche a la mañana. Obligada a llevar las riendas de todo aun con el dolor terrible de haberlo perdido. A menudo se sentía sola. Pero no quería darle una oportunidad de verla débil a sus tías y primos que le rondaban como buitres esperando que cometiera un error.

El acuerdo Tenoh era su primer gran prueba y sabía que tenía a Haruka contra las cuerdas, a pesar de sus locas condiciones, tenía todas las de ganar.

Haruka, al igual que todos los Tenoh era impredecible. Se rigen por sus emociones y por lo tanto son impulsivos. Esta noche era el ejemplo perfecto. Haruka sabía que el final era inminente, en sus propias palabras había admitido que quería acabar de una vez . Pero en vez de hacer una salida elegante , había decidido que Michiru también debía sufrir un poco.

Volvió su rostro hacia la brisa queriendo aclarar sus pensamientos, pero parecía que su cerebro funcionaba cada vez mas lento. Por el contrario sus manos estaban tensas y su respiración demasiado rápida. Haruka era una mujeriega descarada, la sola idea de pasar una semana como su amante hacía que su corazón latiera fuera de control. Necesitaba calmarse.

A estas alturas seguramente se encontraba en Akihabara. Su padre habría estado llamado a la puerta en medio de la noche para llegar a ese acuerdo. Siempre hacía lo que fuera necesario. Esa era la forma Kaioh.

Michiru vació su café y se puso de pie. Podría ir mañana, decidió, desabrochar su vestido con un gemido de alivio. No iba a enamorarse de la explosiva, manipuladora e impredecible Haruka. Dejó el vestido en la pila de ropa para lavar y los diamantes Tenoh en una mesita. Estando en el baño recordó al promesa de ayudar a su madre a elegir un vestido para la gala. A ese paso, no estaría en Akihabara hasta la tarde.

Molesta por sus pensamientos, cubrió su pelo y se quitó el maquillaje. Un día no haría ninguna diferencia. Michiru ajustó la temperatura de la ducha y se metió debajo de los chorros relajantes de agua, tratando de no escuchar la voz de la tía Cynthia acusándola de falta de decisión.

La cara de Haruka flotaba ante ella, sus ojos oscuros brillando intensamente, esa boca demasiado cerca para su comodidad. Aquellos instantes finales en lo de Buffy con el aliento de la última Tenoh en su mejilla, había deseado tomarla con sus manos y besarla, cumplir con aquel beso que se sentía en el escaso espacio entre ellas. Podía sentir su cuerpo convocando el suyo. ¿era esa la verdadera razón por la que seguía excusándose a si misma? ¿Tenía miedo de su propia debilidad?. Se frotó los hombros con rabia. No sería el fin del mundo si aceptaba los términos de Haruka. ¿Y qué si ella debía tragarse su orgullo? Pasaba una semana disfrutando de ella sexualmente y conseguía lo que quería. ¿Por qué la duda? ¿Acaso dudaba de su propia capacidad de mantener la distancia emocional? Sus manos temblaban mientras cerraba la llave del agua. Cerró los ojos con fuerza intentando borrar la imagen de Haruka arrancando su camisa blanca de su mente. Esa maldita mujer siempre había sido capaz de destruir su paz mental.

Podría decirle a sus primos que se encargaran de ella y sería más fácil, eso lo sabía. Pero en lugar de eso, conduciría a Midori Kazuo al otro día sabiendo que cualquier cosa podría suceder. Peor aún, una parte traidora de si misma esperaba que así fuera.


El fantasma de Mariel ha vuelto. Espero no me hayan olvidado jeje

He recibido muchos mp pidiendo la continuación de ésta historia,

Para todos los que querían leer algo más, en especial para alguien que me lo

recuerda cada vez que hablamos.

Así que Dita, éste capitulo va dedicado a vos.

Es breve, pero es una prueba de que no lo he abandonado y que volveré pronto.

Saludos a todos los que me leen, gracias, de verdad muchas gracias por cada uno de sus bonitos comentarios.

...Mariel...