Creig se miró a sí mismo en esa situación… ¡Tan bochornosa! De todas formas no le daba demasiada atención. Hubo un momento en que el placer fue tal que liberó su robusta mano de la puerta, sabiendo que estaba a tan solo unos pasos de la cocina y que aquellas morenas aun continuaban allí haciendo sus labores… ¡Que se atreva a mirarlo quien fuera! No le interesaba, no en ese momento, el ritmo brutalmente acelerado de su descarga provocaba un placer mucho más fuerte.

Pero luego de finalmente concluir con su eyaculación recobraba la consciencia y se preguntaba a sí mismo:

"¡¿Qué demonios estoy haciendo?!" Se sentía despreciable, sobre todo al tener en cuenta que había pasado demasiado tiempo desde su última vez haciendo tales actos pecaminosos consigo mismo. Recordaba que la última vez había sido a sus trece años, pero de ahí en más cada vez que se estimulaba: tenía con quien deshogarse, es más: las mujeres del pueblo eran quienes solían arrojársele encima. Hacía cinco años que no pasaba una necesidad como aquella…

Estaba encolerizado, furioso… más que nada por tener en cuenta que todas las mujeres que lo excitaban, al menos, hacían esfuerzo para lograrlo, pero Rosali no había echo absolutamente nada… simplemente fue ella haciendo lo que solía: tratando dulcemente a las personas y sin ninguna mera intención de provocar lo que había hecho. ¡Eso le encolerizaba! ¡Lo volvía rabioso!

Se recompuso, ahora refrescado, aunque aun traía la respiración precariamente acelerada. Se dirigió hacia la cocina con su típico rostro de pocos amigos.

Hubo un silencio absoluto durante pocos segundos.

- He de suponer que te lavarás las manos… ¿Verdad? –preguntó una de las morenas-. No querrás que la comida sepa a esperma, ¿o si?

Creig se quedó helado, miró a la morena de reojo, sus frías retinas se clavaron en ella como dos lanzas, cosa que provocó escalofríos en el cuerpo de la mujer.

La morena percibió el rostro apático del joven.

- Descuida… no le diremos a nadie. Pero procura ser un poco menos obvio la próxima vez… Logré oír tu agitada respiración desde aquí, niño.

- Más espero que hayas fregado el lavado, chaval… -dijo la otra mujer con tono de amenaza.

De todos modos, Creig agradecía que al menos no les dirían a los "Señores" de Palacio. Y no guardaba rencor o vergüenza: había hecho cosas peores frente a personas que en verdad no debía.

- Escucha, no diremos nada. Pero procura no meterte en problemas: este es tu primer día y no querrás estragos ¿o sí?

- Y la próxima vez no estés más de veinte minutos… ¡Te necesitamos aquí!

Creig no era del tipo simpático, pero esto último le había provocado una pequeña risilla.

"¡¿Pero cuanto más va a tardar en preparar un simple té?!"

Se quejaba Rosali mientras para matar el tiempo rizaba y alaciaba su larga y rubia cabellera. Sin embargo había otro tema que le intrigaba aun más.

Se puso de pie con apuro y caminó por los pasillos de Palacio. No tocó la puerta en ningún momento, simplemente abrió e ingresó abruptamente.

- ¿Alguien quisiera explicarme qué hace Creig aquí, y vistiendo ropas de sirviente? –preguntó Rosali de pie en la habitación de Keino en donde también reposaba Jackson, quienes conversaban entretenidamente entre sí.

- ¡Shh! –chitó Keino-. Su nombre ahora es Li ¿Recuerdas?

Ambos largaron fuertes risotadas, a las cuales Rosali asintió con desaprobación.

"Ja ja" Dijo la muchacha poniendo sus ojos en blanco.

- Oye, te advertimos que a cambio de ocultar su identidad a nuestros padres: le retaríamos a un Agni Kai, y para verificar que no se escape lo retendremos aquí en Palacio.

- Creig no se escapará de ustedes –aseguró la muchacha con posición de advertencia.

- ¡Oh…! -rieron ambos-. ¿No es dulce?

Fuertes y pronunciadas carcajadas exhalaban los jóvenes Príncipes.

- ¡Ya cállense! –bufó la joven Princesa-. Además, recuerden que Creig… digo Li: no es un sirviente pupilo, podrá ir a su hogar cuando quiera y allí escapar.

- ¿No era que tu novio no escaparía? –sonrieron, todo quedó en silencio. Rosali detestaba que sacaran sus sentimientos a la luz.

Las mejillas de la joven se ruborizaron mientras mantenía su cabeza gacha. Era muy cruel lo que hacían aquellos hombres, aunque debía reconocer que fueron realmente astutos: ahora tenían a Creig entre la espada y la pared. De una u otra manera, el pobre de Creig no tenía escapatoria.

Aunque Rosali admitía que tenerlo allí por un plazo indeterminado de tiempo la haría muy feliz. Amaba la mirada de Creig, no importaba cuan dura y malévola fuera… sentía algo realmente fuerte cuando clavaba sus ojos tan fuertemente sobre ella… la hacía temblequear de nervios… y amaba esa sensación. No podía negar que desde aquella encrucijada en el bosque: sus sentimientos hacia aquel maestro fuego, cada día crecían más y más.

- Oh… lo olvidaba: Clou y Jeny vendrán esta noche… Por lo tanto, los cocineros deberán esforzarse en preparar una deliciosa cena –ambos rieron a dúo.

Rosali los miró con gesto desaprobador y salio de inmediato del cuarto.

"¡Es el colmo! Las cosas con Creig no están marchando como yo quisiera y para empeorar… ¡Esta noche vendrán a cenar las torpes novias de mis primos! ¿Qué podría ser peor?"

Se fue refunfuñando a su habitación mientras toda una cantidad de sirvientes acomodaban mesas y sillas para aquella noche. Vendrían las parejas de los Príncipes, no era para menos. Debían celebrar con una gran cena.

Los Príncipes dieron a Creig en manos una larga y agotadora lista de platos que debía preparar. Y todos para esa misma noche. Claro que no comerían cuarenta platos de comida de distinto sabor y aroma… era solo un método de hacer ocupar a Creig más de lo debido y agotarlo.

Había caído la noche, en un par de horas llegaría un carruaje con las muchachas en él listas para la cena. Rosali, sin embargo, se encontraba en su habitación como todos los demás, intentando decidir qué vestido usaría para esta ocasión… Y hablando sola… para variar.

"No lo comprendo, en verdad que no: ¿Acaso mis primos no ven lo mujerzuelas que son? ¡Los engañan y en sus propias narices! Lo único que saben hablar es sobre sexo…" Rosali no solía ser tan directa con el vocabulario, pero esa era la única manera en la que podía referirse a aquellas mujeres: como verdaderas mujerzuelas.

Estaba toda la familia real de la Nación del Fuego esperando a las jóvenes, quienes bajaban del carruaje con extrema delicadeza y se dirigían hacia sus respectivos amantes.

Clou abrazó con delicadeza a Keino dando a éste un largo y desflorado beso en los labios, al igual que Jeny hizo con Jackson. Ambos padres de los jóvenes observaban la escena con dulzura.

- ¿No son tiernas? –prensaba Mai al mirar de esa manera a ambas parejas.

- Entremos a Palacio, par de tórtolos… no querrán enfriar el amor ¿O sí? –dijo Aang sonriendo de oreja a oreja, lo que más disfrutaba era ver a jóvenes enamorados.

Todos entraron a Palacio, las recién llegadas se dirigieron hacia Rosali y la saludaron amablemente.

- Bien… esperaremos unos minutos a que los sirvientes acaben de adornar la mesa real e iremos de inmediato a la Sala. Mientras, pueden tomar un descanso hasta el momento, muchachas.

- Muchísimas gracias, Señora Mai –agradecieron con hermosas sonrisas en sus rostros, las cuales eran realmente falsas.

- Nosotros iremos a la cocina para comprobar que esté todo en orden –dijeron ambos hermanos. Lograron engañar a Clou y Jeny, pero no a Rosali, quien sabía perfectamente por qué motivo se dirigían a la cocina-. Ustedes mientras entreténganse con Rosali. Tengan una charla de chicas.

"Charla de chicas… sí claro…" Se dijo Rosali a sí misma, pretendiendo saber cual sería el tema central de la conversación.

La joven Princesa ingresó a su cuarto con ambas muchachas y cerraron la puerta para tener más privacidad.

Una vez dentro, las tres se sentaron sobre la sedosa cama de la muchacha y se relajaron debidamente.

- ¿Cómo has estado, Rosali? –preguntó Clou con cierta intriga.

- Bien –contestó secamente.

- Y… Cuéntanos Rosali…

"Oh no… la típica pregunta de estas dos adúlteras… ¿Has tenido relaciones sexuales ya?"

- … ¿Ya has tenido relaciones sexuales? –terminó de preguntar Jeny.

"¡Bingo! Sabía que acertaría…" Se dijo Rosali poniendo sus ojos en blanco.

Detestaba esa clase de preguntas, odiaba que las personas intentaran saber sobre su vida amorosa: siquiera tenía una.

- No –respondió con antipatía.

- ¡¿Aun no?! –se exaltaron las muchachas.

- Deberás apurarte… Mira que sino envejecerás sola, solterona ¡y pura!

Rosali exhaló agotada. Había noches que en las que lloraba a mares por culpa de aquellas dos… Hasta creía en las patrañas que le decían. Había días en los que creía que tal vez ellas tenían razón, jamás encontraría a un hombre…

- De todas formas deberás trabajar duro si quieres encontrar a alguien –continuó Clou-. Porque como sabrás no consigues muchachos debido a que tu padre es el Avatar y tu tío el Señor del Fuego… y eso a los muy torpes les intimida. Además de todo eso, no tienes un cuerpo escultural y hermoso que atraiga la atención de los hombres. Tu rostro es bello, puede brindar cierta ayuda pero… lo dudo mucho.

Era como sentir mil puñales sobre la espalda, esos comentarios dolían demasiado… los ojos de Rosali se llenaban de lagrimas que intentaba disimular agachando la mirada. Sin embargo, sabía que ellas tenían razón: y eso era lo más doliente. Su cuerpo no era escultural, no como el de Clou o Jeny, ellas tenían grandes pechos y pequeñas cinturas. Cosa que hervía la sangre de todos los hombres.

- En verdad, Rosali. No sabes de lo que te pierdes… El sexo es…

- Único. Si, ya me lo han dicho –respondió duramente y con la típica sonrisa que se dibujaba en su rostro todos los días: completamente desaparecida.

- Te diré, yo he experimentado con hombres de cada Nación, y puedo asegurarte que no hay como los maestros fuego. Es un hecho –aseguró Jeny con completa confianza.

- Oh, estoy totalmente de acuerdo contigo… los maestros fuego son los mejores… Aunque me pregunto como habrán de haber sido los maestros aire –preguntó Clou.

- No lo sé –un silencio absoluto cubrió la sala-. ¿Te imaginas como debe de ser en ese aspecto alguien que lleva los cuatro elementos encima?

Rosali las miró enfurecida… ¿Acaso esas zorras hablaban de su padre?

- No me obligues a imaginármelo… -respondió Jeny.

Rosali sintió como su sangre se volvía más y más acalorada, estaba decidida a dar una bofetada a ambas por imprudentes ¡Hablar de su padre de esa manera y en sus narices!

- Niñas, la cena está lista –avisó una sirvienta desde fuera de la habitación.

Las tres se dirigieron hacia la Sala Real, Rosali intentaba mantener distancia entre su persona y aquellas mujeres.

- Oh, aquí están… Tomen asiento –ordenó Zuko amablemente.

- ¿En dónde están nuestros novios? –preguntó Clou con gesto despectivo.

- Oh, aun no han regresado de la cocina. Rosali, ¿te importaría ir en busca de ellos?

La joven asintió con la cabeza, todo lo que fuera posible por ver a Creig una vez más, tal vez eso le alegre la noche que aquellas zorras se dispusieron a arruinar.

- Oh, nosotras te acompañaremos –insistieron las mujeres.

- Oh, no, no. No deben molestarse en verdad, sólo tardaré unos minutos.

- Pero insistimos, deseamos acompañarte.

Rosali puso sus ojos en blanco y en compañía de esas mujeres se dirigió hacia la cocina.

Al ingresar divisó que Creig se encontraba demasiado ocupado preparando los platillos como para prestar atención a los insultos que Keino y Jackson le exponían.

Luego de ingresar a la cocina, los labios de Clou y Jeny se abrieron lentamente. Rosali notó esa reacción en las mujeres y de inmediato logró comprender el por qué de aquello.

"¿Quién es este guapote?" Se preguntaron ambas mujeres en sus pensamientos, mientras abrazaban dulcemente a sus respectivos novios: no quitaban sus ojos de encima del nuevo "Chef", quien estaba terriblemente ocupado en preparar una gran cantidad de platillos en tan poco tiempo.

"Por favor Creig, no mires sus gigantescos pechos… No seas como todos los hombres…" Se decía Rosali una y otra vez a si misma. Esa noche se había transformado en un verdadero fiasco.


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