N/A: Quiero darle las gracias a mi pareja, Fede, por darme algunas ideas y a mi hermana, Marisa, por corregirme algunas cosas. Gracias chicos.
Tiene poca revisión. Solo lo he leído unas siete veces, si encuentran algún error o falta de letras, favor de avisar. Gracias.
Capítulo 11
La cita perfecta para Soyo consistía en un cándido paseo por el parque, bordeando los senderos de piedra, mientras las ventiscas otoñales brindan la oportunidad de una escasa visibilidad, llegando al punto de ocasionar algún que otro tropiezo por el camino. Eso aseguraría una sujetada inmediata, que los llevaría a una cercanía prominente y "espontánea". Lo siguiente sería un picnic sobre el césped, para el almuerzo, sentados frente a frente, contemplándose de a ratos. Luego, como postre, un helado de vainilla y banana split bajo la sombra de un árbol frondoso. Y, por último, una caminata a paso lento alrededor de una pequeña laguna, para luego detenerse a contemplar el reflejo del agua, sobre un pequeño puente de madera. Ese sería el lugar perfecto y soñado para un primer beso.
No dejaba de imaginarse el posible escenario para tal eventualidad, había repasado cada uno de los detalles en su mente cientos de veces. Lo había planeado todo cuidadosamente: el lugar, los recorridos, la comida, la heladería, el disfraz para espiar, todo menos el vestuario de la chica.
El corazón le dio un vuelco al recordar tan importante elemento, ¡cómo había podido olvidarlo! Se levantó exaltada de su asiento, mas su querido hermano mayor (su única familia) logró impedirle que se retirara antes de terminar su cena. "La comida es muy importante. Estás en pleno crecimiento, debes alimentarte bien", le dijo con aquella agradable sonrisa que todo lo podía. Una vez más, cedió ante sus cualidades de cabecilla y no abandonó su sitio hasta no dejar el plato vacío. Cuando finalizó, se puso de pie suavemente y, con la cortesía y los modales que le han inculcado durante años, se despidió delicadamente de su hermano, haciendo una formidable inclinación hacia él. Este se acercó a besarle la frente y luego ella se alejó calmadamente hasta la sala principal. Una vez allí corrió hasta su cuarto para ahondar en su vasto armario. Revisó primero en el guardarropa de Fiesta, luego en el de Elegantes y, por último, en el de Informal, en la subsección se vestidos, dio con el atuendo ideal para su querida y gran amiga: era sencillo pero agraciado, con pequeños bordados delicados en los ruedos. Un lazo cocido a la cintura ceñía la prenda blanca y sin mangas, resaltando unos pocos volados caídos con encanto. Era, simplemente, el indicado.
Como habían quedado en encontrarse un poco antes, para la hora de la "preparación", acomodó el vestido sobre su cama de modo que fuera lo primero que viera al llegar. Le tomó varios minutos convencerla, pero al final logró que accediera a probárselo. Sabía que, una vez se lo pusiera, no le llevaría mucho trabajo convencerla para que lo usara. Y así sucedió. Terminó aceptando utilizar la dichosa prenda con tal de que la joven Tokugawa cesara de fastidiarla con ello.
Luego de terminar con los arreglos pertinentes, miró el reloj que estaba sobre su mesita de luz y alertó a su amiga para que se marcharse ya, pues la hora acordaba se estaba acercando. Temió no poder llegar a tiempo para colocarse en su puesto de espía, como falsa vendedora ambulante de rosetas. Se apresuró todo lo que pudo y, para cuando se dio cuenta, ya estaba en el sitio, apostada en su puesto de mentira.
Los vio arribar a ambos con muy poca diferencia, él veinte minutos antes de lo previsto, y ella sobre la hora.
Como planificó, dieron un breve paseo alrededor del parque, uno junto al otro, caminando lentamente. No los observó platicar demasiado, y lo poco que habían entablado era sobre asuntos del clima, escuela, viejos rencores y lucha libre. No lo creía pero ambos intercambiaban tácticas de combate mutuamente. Una experiencia única en su tipo de presenciar.
Luego se sentaron a la sombra de un árbol enorme, tanto que su penumbra alcanzaba hasta casi la mitad de la plaza. Allí, bajo la protección del gran "Han Kyul y Eun Chan" (nombrado así por su grandeza), solos, comieron unas deliciosas hamburguesas con papas fritas. Recordaba que había hablado con Roberta, acerca de un menú diferente, pero de todas formas estaba bien, los chicos comían y notaba que les gustaba.
Para ese tiempo los vio conversar un poco más, a pesar de estar atiborrados de comida. Kagura, incluso, había sonreído en una ocasión y el muchacho se mostraba campante y tranquilo. Era su día de suerte, lo había agarrado de buen humor. Se aventuró a pensar que ella podría ser la causa de tan buen estado, pero decidió no sacar conclusiones apresuradas.
Después del sabroso postre de helado, en conos, bordearon la pequeña laguna una y otra vez hasta que se cansaron. Luego se dirigieron hacia el rústico puente de madera. Observó a Sougo cederle el paso para ir tras ella, como todo un caballero, y no pudo más que emocionarse por ello. Se había comportado de manera ejemplar todo el día. Ella, por su parte, se mantenía delicada y atenta a su compañero; le brillaban los ojos cada vez que lo veía a la cara, en especial cuando él se atrevió a posar apenas una mano encima de la suya, sobre el barandal del puente. Imaginó que todo el cuerpo le vibró y que su corazón se le iba a salir por la boca, pues ella se sentía de la misma manera. No tardó en verla sonrojarse, mientras intentaba apartar la mirada hacia otro sitio. Le rogaba, mentalmente, que se volteada hacia el muchacho y le brindara una simpática sonrisa y una escueta expresión de cariño, algo que le dijera que lo quería con locura y que, en sus delirios más bonitos, lo veía a él, caminando con los brazos abiertos hacia ella. Deseaba con todas sus fuerzas que esos dos adolescentes cruzaran miradas y se dieran cuenta, por fin, del sentimiento escondido de cada uno. Un sentimiento que llevaba guardado demasiado tiempo.
Entonces sucedió lo imprevisto, el acontecimiento que tanto ansiaba ver. Sougo se giró hacia la muchacha, de repente, y, sin mediar palabra, la tomó de los hombros, haciendo que ella quedara frente a él. La contempló un largo tiempo con una expresión de afecto y apego, le parecía que quería grabar en su retina el bello rostro, ruborizado hasta las pestañas, de la hermosa muchacha exótica que tenía delante de suyo. Soyo moría de emoción, no podía creer lo que veían sus ojos que ya amenazaban con dejar escapar unas cuantas lágrimas en cualquier momento, más aún cuando lo divisó acercarse lentamente al rostro de su amiga. Esta cerró los ojos, automáticamente, y luego… Un ruido extraño la distrajo. Volteó a los lados pero no halló rastro alguno de la fuente de tan insistente sonido. Cuando devolvió la atención hacia el par, ya no se encontraban allí, ni tampoco el parque. Gritó, conmocionada, y luego una voz familiar y dulce le habló suavemente.
—Joven Soyo, despierte ya, el desayuno estará en poco tiempo. Debe darse una ducha y estar lista para cuando llegue su amiga.
—¿Eh? ¿Qué? —balbuceó la joven, aún adormilada.
—Me pidió que le tuviera listo su desayuno para las ocho, ¿lo recuerda?
Soyo enfocó la vista en la señora, resintiendo los molestos rayos de sol que se colaban por su ventana. Entonces escuchó que le dijo algo de que, por la hora en la que se había acostado la noche anterior (a las tres de la madrugada), supuso que no le alcanzaría con la escandalosa alarma para espabilarse, y que por eso había ido, personalmente, a despertarla.
—Oh —se dijo a sí misma, percatándose del maravilloso sueño que estaba teniendo y del cual no había podido apreciar el final. Pero más se lamentaba por el hecho de que nada de aquello resultaba cierto. Suspiró desilusionada, era demasiado perfecto para que fuera real.
Les costó un poco recuperarse del mal trago y las malas pasadas que le jugaba su mente. Se regañó a sí misma por ello y Roberta la miró con una expresión de extrañeza.
Aún así, después del desayuno y una revitalizante ducha, la joven volvió a recobrar el ánimo al pensar que podría reproducir su hermoso sueño.
Con eso en mente, a la una en punto, recibió a su querida amiga, con el precioso vestido tendido sobre su cama.
ooOoo
—Anda, Kagura, ponte esto, lucirá precioso en ti, de verdad —le insistía una y otra vez.
—Pues me importa un rábano si me queda o no. De ninguna forma iré con esto.
—¿Por qué? ¿No te parece bonito? —le cuestionaba, zarandeando la prenda frente a ella.
—Es… lindo, sí, pero no es de mi estilo, entiende.
—Oh, yo creo que te verás hermosa con ella, te quedará genial. Solo tienes que cambiar de calzado, este va con unas…
—Que no, Soyo, no insistas más —zanjó, apartando el vestido blanco que su amiga sostenía entre sus manos. La joven consejera lanzó un quejido de derrota, aplacando el alto de su obstinación.
—Bueno, pero luego no digas que a Sougo no le gustó. —Se cruzó de brazos, haciendo puchero y mirándola con reproche.
—Pues no me interesa estar linda para él, quiero estar cómoda y estoy cómoda con mis jeans y mi blusa, ¿sí? —reafirmó Kagura, poniendo las manos en la cintura.
Soyo sabía que su intención no era impresionar al chico, ni mucho mejor arreglarse para él, y, aunque se vistió un poco más presentable, nada la alejaba del deseo de un atuendo casual y sencillo, o de lo contrario resaltaría en grande el ya creciente ego del muchacho. Pero aún así, le hubiese gustado verla con el delicado vestido blanco que había comprado pensando en ella (todavía estaba sin usar, creyendo que alguna vez su amiga lo aceptaría como regalo).
—De acuerdo, pero déjame que te peine, al menos. Esa blusa roja exige un recogido que tú no podrías hacértelo sola ni con cinco espejos.
—Bueno, pero no me dejes como muñeca de porcelana, sé que además me vas a pintar toda la cara.
—¡Oh, claro! Un maquillaje con tonalidades suaves no estaría mal. Bien pensando, amiga.
La aludida se llevó una mano a la boca, Soyo sabía que eso equivalía a un: "Ya no hablaré más".
ooOoo
Después de la sesión de peluquería y maquillaje, dejó que su amiga se marchara sobre la hora pues ella sostenía que debía llegar, como mínimo, media hora tarde, por lo que fue a paso lento y tranquilo. Eso le dio tiempo a preparar su disfraz y ordenar por teléfono que llevaran el carro al centro de la plaza. Salió de la casa como una exhalación y luego voló a ponerse en posición.
ooOoo
El muchacho, según comprobó, tampoco pensó en llegar puntual al encuentro, pero de todas tuvo que esperar unos diez minutos a su convidante.
"Sábado a la tarde, primer cita con el chico que le gusta, y ella llega casi una hora tarde. Demonios, Kagura, te pasas."
—Vaya, China, hasta que al fin te apareces —comentó Okita, en cuanto ella se acercó a su encuentro.
—No te hagas, idiota, que te vi llegar hace solo unos momentos —replicó ella, de brazos cruzados.
—Y por eso diste un par de vueltas a la otra cuadra, para hacerme esperar ¿no?, mocosa insolente. —Incluso cuando lo decía con reproche, Soyo notó una sonrisa inquietantemente desafiante.
—Pues claro, Sádico inútil.
—Bueno, ya, camina, comadreja amaestrada.
—¿A dónde, culebra pestilente?
—Hacia allá, fenómeno de circo —dijo, señalando a un costado.
—¿Y por qué? —preguntó la chica con recelo.
—Porque aquí lo dice —concluyó, mostrándole un papel que llevaba doblado en cuatro en su bolsillo.
—Ah, bueno, entonces sí —accedió la muchacha, convencida.
Kagura, a diferencia de su rival, no sospechó en ningún momento de la intervención que había hecho su amiga, ni siquiera cuando le echó una mirada a la pequeña hoja, desatendiendo al hecho de que la letra era, sin lugar a dudas, de su mejor amiga.
ooOoo
Soyo tenía que admitir que, muchas veces, las cosas no salían de acuerdo a lo planeado, y aquel día no era la excepción a nada. Con pesar observó al dúo caminar alrededor de la plaza, tal y como había diagramado desde un principio, mas los resultados no eran los esperados. Cuando pasó junto a ellos pudo oír con claridad cómo se insultaban el uno al otro sin reparo. Era evidente que algo andaba mal allí y no dudó en señalárselo con el entrecejo fruncido y un cruce de brazos. Él entendió el mensaje a la perfección y cesó la seguidilla de insultos. Kagura lo tomó como una victoria y eso le molestó.
La hora del almuerzo tampoco fue de lo mejor, no se asemejaba en nada a lo que había proyectado, ni a lo que había soñado. Para empezar, iniciaron una contienda de Piedra, Papel o Tijera para disputarse cada ración de comida en las que las habían dividido. Le pareció que Okita estaba desorientado, y solo le tocó una porción de Karaage[1], que Roberta había preparado con tanto esmero, mientras que Kagura se quedó con el resto y con el Tonkatsu[2] y Tempura[3] enteros.
De nuevo, su amiga lo había hecho mal. No estaba hecha para situaciones románticas; ya mentalizaba una buena sacudida como método de castigo, y una hora y media de sermones.
El helado fue lo único que la hizo mantener a raya —en su mayoría—, pues cada uno tenía su propio cono y el de ella era mucho más grande y con más sabores.
Lo que sí salió desastrosamente mal fue el paseo cerca de la laguna.
"No debí incluir que caminaran cerca de allí —se decía, mentalmente—, lo tendré en cuenta para la próxima."
Después de caer de bruces hacia el agua, cortesía de su querida acompañante, el chico la fulminó con una expresión de disgusto y descontento. Nada había resultado bien para el muchacho de castaños cabellos.
—Oh, qué bien, un puesto de palomitas de maíz. Quiero uno y tienes que comprármelo —le exigió, dando topes en el suelo. Él la miró disgustado, con la rabia saliendo de sus orificios nasales.
—Es probable que mi billetera esté ahogada hasta en la cremallera, y de seguro que los billetes también, ¿y tú quieres que te compre…? —Se detuvo al notar hacia dónde apuntaba el dedo de la chica. ¡Era hacia ella!—. Eh, esos de ahí son muy malos, no tienen sabor a nada, busquemos otra cosa.
—¡No, yo quiero palomitas y el trato era que me compraras lo que yo quisiera! —exigió la muchacha, dirigiéndose hacia su puesto.
La frente comenzaba a transpirarle pues no había encendido la máquina ni preparado nada. Joder, que ella solo fingía ser vendedora ambulante. Cuando finalmente la chica se acercó hacia el pequeño carro, intentó cubrirse con el sombrero de tela que llevaba puesto, dudaba que solo con los falsos bigotes pudieran engañarla.
—Quiero un paquete grande, por favor, paga el idiota que viene atrás mío —ordenó, tranquila, señalando con el pulgar hacia atrás.
Soyo tosió un poco e hizo todo lo que pudo para transmutar a un tono de voz grave y rasposa, evitando mirarla directamente.
—Disculpe, señorita, no tengo stock en este momento —le respondió, a modo de excusa, con la esperanza de que eso la desalentara.
—Oh, qué mal. Bueno, esperaré a que prepare más.
"Demonios, Kagura, no empieces con tu terquedad de siempre."
—Em… pero, es que, tardaré mucho y… Bueno, en realidad no tengo más para hacer, este… —Soyo, a diferencia de su compañera, no tenía experiencia con las mentiras y las excusas coherentes. Recordaba muy bien las veces en las que su amiga se evitaba la clase de arte o el precalentamiento en gimnasia con pretextos baratos, pero creíbles. Se lamentó no haber prestado más atención a sus necedades, le servirían de mucho para momentos como ese.
—China, idiota, te dije que compraríamos en otro sitio —salió Sougo, en su rescate.
—Tú me dijiste que mejor eligiera otra cosa, y lo que yo quiero son palomitas de maíz.
—Del otro lado hay, a este ya se le acabó —señaló el muchacho, logrando que la chica desviara su atención al otro extremo.
—Oh, bueno, vamos entonces.
Mientras Kagura corría hacia el puesto verdadero de rosetas, Sougo le dedicó una mirada firme a Soyo, con la cual le decía, claramente, "Me debes una", y luego siguió a su extrovertida acompañante.
ooOoo
Luego de una fatídica tarde para el muchacho (y para Soyo también, en cierta manera), la cita concluyó insatisfactoriamente. No encontraba situación más desfavorable para la chica; lo había hecho todo mal, le parecía que se esforzaba por arruinar el bello encuentro, y más aún, con la desastrosa despedida que se dieron.
—Está hecho —afirmó la muchacha, a modo de cumplido, sentada en un banco de madera barnizada.
—Sí —respondió él, pesadamente. Estaba exhausto y sin ánimos.
—Bien, gracias por el pobre consuelo. Me esperaba más comida, pero el almuerzo, el helado y las palomitas lo compensan un poco —acentuó ella, desestimando el gasto de tiempo y dinero del muchacho.
—Vete al demonio, China asquerosa —replicó él, molesto y con el ceño arrugado. Tenía los codos apoyados en el respaldo del banco y su cabeza echada hacia atrás. Soyo lo notaba en estado de Intento de Relajación, pues Kagura había sido un dolor de muela todo el día.
—Vete tú, estúpido. Es tu culpa que yo esté así. Mandaré a hacerme un lavado de cerebro para olvidar el estorbo.
—Ajá —dio por toda respuesta. La joven espía se extrañó por ello, creía que iba a molestarla o, como mínimo, haría un comentario al respecto. Pero en cambio lo vio permanecer callado, con los ojos cerrados. Le daba la impresión de que trataba de sobrepasar un terrible dolor de cabeza.
—¿Por qué… tienes que ser así, eh? —preguntó la chica de repente. Luego volteó hacia él y le hizo otro reclamo—. ¿Qué demonios te sucede?
—Estoy cansado.
—No te hagas el imbécil ahora. Suéltalo.
Entonces observó al chico voltear su rostro hacia la muchacha y mirarla de la misma forma que lo hacía cuando planeaba alguna travesura para molestarla.
—Mejor que disfrutes este día todo lo que puedas, porque desde el lunes tendrás que servirme como la perra que eres.
—¿De qué hablas? —demandó Kagura, con los ojos bien abiertos y el susto bañado en su rostro.
—Yo gané. Serás mi esclava por un mes.
—Oye, no, tenemos un trato…
—No hablamos de anular mi petición. Lo dejaste muy en claro, la condición era que no te molestaría y eso estoy haciendo, con un demonio. Así que serás mía por cuatro semanas. Barreré el suelo con tu sudor, te lo aseguro.
—Maldición, se nos pasó eso —dijo para sí misma, y luego volvió a dirigirse hacia él—. Hijo de ****, no pensarás usar eso como forma de tortura por… eso que… yo… por ti, am…
—Qué forma tan absurda de subestimarme. Las hormonas te pegaron duro, eh. Puedo hacerte sufrir sin abordar ese tema, aunque estoy muy tentado a hacerlo, demonios.
—Pe-pero…
—Disfruta hoy de esta "tranquilidad pasajera", que te durará poco. Empiezas este lunes, y más te vale que no hagas una estupidez como faltar, o hablaré.
Kagura tenía los ojos decaídos, rojos de espanto e inundados de horror. Soyo anticipaba ya una noche de postres y mucho dulce.
—Rayos —exclamó la chica, volteando hacia el frente y poniendo las manos sobre sus rodillas. Le parecía que temblaba—. No tocarás ese tema por nada, ¿no?
—Ese era el trato, pero podemos hacer una pausa de esa condición, si quieres.
—¡No! —exclamó, enojada, volviéndose hacia él nuevamente—. ¡El trato seguirá en pie y lo respetarás! Yo cumpliré mi parte.
—Ah. Bien —sonrió, complacido por haber logrado aunque sea un disgusto en el día.
—Te odio, ¿lo sabes?
—Vamos, que ambos sabemos que no es cierto.
La joven de cabellos escarlata lo amenazó con la mirada, sus ojos decían que si continuaba un poco más con aquello que quería decir, lo mandaría al diablo y terminaría en el hospital, sufriendo de dolor. Él calló y rió en silencio.
—Eres un estúpido —dijo por último, levantándose del asiento para luego marcharse a toda prisa. Él gritó un: "Te espero el lunes, en la entrada", como despedida y luego la chica desapareció del campo de visión.
ooOoo
—¿Por qué demonios hiciste eso? —exigió saber Soyo, abandonando su carro alquilado—. Se suponía que debías ser bueno con ella hoy, y al final del juego. ¿Por qué lo hiciste?
—No entiendes cómo funciona la mente de esa cavernícola.
—Pero es que…
—Lamento arruinarte el panorama, chica, pero ni la China ni yo somos así.
—Pe-pe… ¿Y qué pasará luego? No me dejas material con el que trabajar.
—¿Estás dispuesta a negociar?
Soyo puso cara de no entender, pero deseaba confiar en sus palabras, pues algo le decía que entendía mejor a su amiga que ella.
—Bueno —se aventuró a aceptar—. ¿Qué pides?
—La grabación que traes en tu móvil. La quiero.
Soyo estaba completamente asombrada, sabía que se estaba refiriendo a la grabación que había hecho de su amiga, cuando le contaba sobre cómo comenzó a gustar de Okita. Lo que no entendía era que él tuviera pleno conocimiento de ello. Preguntó un par de veces, para cerciorarse y, efectivamente, él exigía eso mismo que ella temía.
—¿Cómo? —interrogó, horrorizada.
—Una vez pasé junto a ti y te encontré escuchándola. Quiero ese archivo.
—Ella me matará si lo sabe.
—No tiene por qué enterarse, ¿o sí?
Aún no estaba del todo convencida de otorgarle la dichosa grabación. Sería un sacrilegio para su amiga el entregárselo. Podría fácilmente defraudar la confianza de las dos y quebrantar el trato para salirse con la suya.
Se tomó un buen tiempo para decidirlo. Tanto que el muchacho palmeó el asiento para que ella se sentara a meditarlo, pues tenía el aspecto de un zombie buscando el nuevo sentido de su no-vida.
—¿Y qué garantías tengo yo de que cumplirás con lo que sea que te pida? Además, no hay mucho que puedas hacer.
Sougo le extendió su móvil (que por suerte, era a prueba de agua), mostrándole una foto.
—Son pruebas. En mi casa tengo notas escritas con mi letra de diseños de ataques contra el rector. Extorsión, falsificación de firmas, intoxicación, lesiones físicas, etc.; lo de siempre. Los tengo en casa. Esas fotos prueban que yo las hice. Te entregaré esto y las notas. Con eso pueden expulsarme en menos de lo que canta un gallo.
Dudó. No le pareció una exposición equiparable a lo que demandaba, pero luego entendió que, para él, era como revelarle un oscuro secreto.
—Pero no hay mucho que puedas hacer, a no ser que sea…
—No, déjame eso a mí, sé lo que en verdad quieres y lo que ella querrá pero que no se animará a pedirlo ni en un millón de años.
Aquella declaración la impresionó al máximo, no tenía ni idea de lo que hablaba, pero parecía seguro de sí mismo.
—¿Y bien?
—Ya lo verás.
Soyo pegó un grito de exclamación que hasta en el otro extremo de la plaza se oyó. Rogó que su amiga no se encontrara cerca para oírla. Se negaba rotundamente a quedarse con la intriga e insistió poderosamente en que el muchacho revelara lo que tenía en mente. Luego de varios minutos, torturándolo con escandalosos zarandeos y súplicas, el joven confesó, y ella cerró el trato.
ooOoo
Como predijo, al poco tiempo Kagura la estaba telefoneando para pasar la noche en su domicilio. Soyo sabía que primero daría unas vueltas sin rumbo por algún sitio y, luego de hacer berrinche a solas, acudiría a ella para la hora de consuelo y confituras. Se sorprendió al encontrarse con su llamado mucho antes de lo que estimaba, aún estaba junto a Sougo cuando respondió al timbrazo de su celular. Entonces se despidió escuetamente y luego partió como un rayo hacia su casa, pues sabía que su amiga llegaría en cualquier momento.
Cuando iba llegando en el auto de su familia —conducido por uno de los choferes— y se hubo quitado el mameluco de vendedora, se percató de que aún llevaba puesto el bigote falso. Lanzó un quejido de dolor en cuanto se lo arrancó y luego se sobresaltó al ver por la ventana a su amiga caminando por la vereda, a tan solo cuatro manzanas de su casa. Pidió al chofer que se apresurada un poco y, desde el automóvil, se contactó con su ama de llaves para solicitarle que prepara una abundante merienda, pues sería visitada por su invitada "favorita".
Con suerte pudo llegar antes que la muchacha y se bajó en el momento preciso en el que ella atravesaba el portón principal. El auto fue directo al garaje, junto con los demás, mientras que Roberta salía a recibirla. Para cuando la muchacha arribó al fin, daba la impresión de que ambas estaban esperando por su llegada, en el living, y se alegró de que su amiga no se percatara de nada.
—Fue un día horrible —expresó con disgusto, después de saludar—. Es decir, al principio estaba marchando todo bien, y luego él se salió con una de esas cosas que dice cuando lo dice y porque estoy con él y que me ponen de los pelos. Es un idiota. —Soyo comprendía a la perfección la falta de capacidad para articular una frase entendible que experimentaba la muchacha cuando estaba muy molesta. Siempre se aparecía hecha una furia y con descargos ininteligibles después de una arrasadora derrota. Y así supuso que había sido para ella la cita del día, una derrota abrumadora.
—Cálmate, Kagura, ya hablaremos de eso. Ven, vamos a tomar un poco de leche con panecillos primero, luego me lo cuentas todo.
Y así, tras arrasar con tres bandejas repletas de diferentes masas y porciones de pasteles de varios sabores, Kagura estaba lista para pasar al momento de desahogo.
—Bueno, ahora sí, cuéntame lo que pasó —demandó, haciendo a un lado la pequeña mesa con ruedas.
—Ese infeliz, pedazo de m*****, se salió con la fresa. Estropeó todo. Se suponía que hoy solo debía complacerme a mí, era lo acordado, pero se vino con sus jugadas. Te juro que lo odio, Soyo
—Momento, de a partes, cuéntame desde un principio —exigió, amablemente, pretendiendo no saber nada del asunto.
—Al inicio estaba todo bien —comenzó a relatar, y Soyo no pudo evitar levantar una ceja, en señal de desacuerdo—, me llevó al parque, comimos rico, me compró un helado y me dio palomitas de maíz. No era lo mejor del mundo, en realidad, creí que iba a comprarme más cosas…
—¿Y qué hay de la cita? ¿Hablaron de algo?
—¿Cuál cita?, no había ninguna cita —replicó, enojada.
—Claro que había. ¿No te habías dado cuenta?
Vio a su amiga contemplarla con intriga y luego esta puso cara de estupefacción; se había quedado sin habla (de algo coherente).
—Aaa…
—No me digas que no lo sabías, mujer. Eres increíble. Tanto que me ha costado, digo, que le ha costado a él para complacerte y lo estropeas. Intenta ser más… considerada, ¿quieres? Tratarlo bien, de vez en cuando, no te hará daño. Claro, hazlo a tu manera, pero debes…
Soyo siguió hablando y dándole consejos por un buen rato. Al final, se percató de que la chica no había prestado atención ni a la mitad de lo que había dicho. Maldijo internamente, mientras se levantaba para ir a zarandearla un poco (había resultado con el estudiante, y creía que también haría efecto en ella. Y así lo hizo).
—¿Qué, qué? —preguntó Kagura, distraída—. ¿Qué pasó?
—No escuchaste nada, ¿cierto?
—¿De qué?
—Vamos, Kagura, concéntrate, no puedes seguir así.
—Él… Era una cita —repitió al aire—. Rayos.
—¿En qué pensabas?
—Pues… quería hacerle pagar por lo que me hizo. Es justo que pague, me lo debe.
Soyo sintió curiosidad por saber qué había ocurrido en días anteriores. Que ella supiera, las deudas estaban todas saldadas y bien cobradas, no recordaba ninguna travesura que el chico le hubiera hecho.
—¿Y qué fue lo que te hizo?
—Pues es claro, hizo algún hechizo o magia vudú para embobarme.
Una almohada pasó volando y dio un perfecto impacto contra la cara de la muchacha, quien cayó de espalda sobre la cama.
ooOoo
Después de una estricta sesión de amonestaciones y sermones, Kagura comprendió que su-plan-de-ser-cretina en la cita no era la mejor opción para cambiar de imagen frente al muchacho. Al contrario, Soyo le hizo entender que debía modificar en gran parte su comportamiento para lograr su simpatía, después de todo, aunque ella no lo admitiera, era precisamente eso lo que buscaba, pero no lo estaba haciendo muy bien.
—Podemos hacer que tengan otra cita, no te preocupes —la incitaba con ánimo, recurriendo a la esperanza de la Segunda oportunidad (aunque pensaba que, tratándose de su amiga, necesitaría de varias más).
—¿Y cómo? Ya no tengo con qué extorsionarlo, no hay nada —replicaba la chica, pensativa.
—No importa, es… cuestión de que se lo ordenes y ya. Se me hace que él es de esos que no acceden a pedidos cariñosos y afectivos, él…
—Necesita mano firme y buen garrote —completó la frase su amiga. Soyo hubiera dicho "necesita una chica de fuerte temperamento, que sea estricta y autoritaria", pero le pareció que de todas formas estaba en lo cierto, dicho de otra forma.
—Eeeem, sí, eso mismo. Así que tendrás que comportarte, y debe ser en el lapso del mes.
—¿Mes de qué? —preguntó la muchacha, mosqueada.
—Tienes que cumplir con lo de servirle, ¿cierto?
—¿Y tú cómo sabes eso?
—Me lo contaste —mintió Soyo, esperando que su treta funcionara, pues la chica no lo había comentado en ningún momento.
—¿Ah sí? ¿Y también te dije que piensa torturarme con alguna idiotez, pero que respetará el trato? —Asintió, respirando con alivio. Sintió como si se quitara un peso de encima al recibir el resto de la información que faltaba por comunicarle.
—Claro, ¿no te acuerdas? Ay, amiga, creo que tantos dulces te han hecho mal. Bueno, no importa eso, lo importante es que desde ahora debes empezar a… tratarlo distinto.
—No empezaré a portarme como una princesa Disney, "refinando" y escupiendo "Gracias, 'mai lord', por favor, sométeme", y esas cosas. No, no. No seré una arrastrada más.
Soyo no pudo evitar echarse a reír, cosa que molestó un poco a su invitada.
—No seas tonta, Kagura, no es necesario que accedas a sus caprichos y te conviertas en una muñeca de porcelana. Yo me refería más bien a que intentes… cambiar tus intereses.
—¿Que qué? —interrogó, confundida. Soyo sabía que no se daba a entender con precisión, pero tampoco podía decir lo que en verdad quería decir de forma tan abierta. No estaba muy segura de cómo transmitirle lo que tenía en mente, así que buscó hablar un poco más claro.
—No seas rencorosa con él. Por ahora, limítate a seguirle el juego y evitar que te moleste.
—Todavía no entiendo —aseguró la muchacha, con las facciones cada vez más contorsionadas. Le parecía que luchaba intensamente por encontrar una explicación razonable ante el consejo de la anfitriona.
—Intenta gustarle —sintetizó al fin, viendo que no había otra opción para que entendiera.
—¿Y cómo haré eso? Si tengo que hacerle de esclava y él me utilizará como tapete.
—Bueno, debes encontrar los momentos. Investiga qué le gusta, qué lo hace poner de buen humor, su color favorito…
—Molestar, cabrear a Hijikata y negro —dijo la chica, respondiendo de forma automática cada uno de los ítems que había nombrado.
Soyo se quedó de piedra. Le resultaba maravilloso y sorprendente que su amiga supiera cada detalle y gustos de su amado. Supuso que la verdadera pregunta que se haría ella, entonces, sería ¿qué hacer con todos esos datos? Y ella tenía la respuesta.
—Oh, vaya. Pues bien, utilízalo a tu favor. Ten en cuenta esas cosas para cuando te encuentres con él. Por ejemplo, de seguro te pedirá que le cocines el almuerzo, y entonces tú, en vez de hacer alguna travesura, le harás su comida favorita…
—Takoyaki[4] —comentó la muchacha, distraída, le parecía que lo había dicho sin pensar, como un acto reflejo.
—Sí, eso mismo. Y se lo das —concluyó de manera alegre.
—Se dará cuenta —comentó Kagura con desconfianza.
—Exacto. —Y le sonrió con picardía.
Ambas se miraron mutuamente, una aguantándose las ganas de saltar de júbilo y complicidad, y la otra con la confusión dibujada en todo su rostro.
—Será muy evidente, es decir…
—Hazlo a tu modo, amiga, pero hazlo. Sutil no es tu estilo, así que, simplemente, manéjalo como quieras.
—¿Como yo quiera? ¿Incluso con golpes? —Soyo dudó de lo último pero aún así asintió—. Bueno, siendo así…
Después de toda una tarde de postres, quejas, sermones y tirones de oreja, exactamente a las diez con cuarenta y siete minutos de la noche (según vio en el reloj de su mesita de luz), logró convencer a su mejor amiga de intentar conquistar el corazón sádico de su amado.
Aclaraciones:
[1] Karaage: Pollo frito marinado en soja y jengibre al estilo japonés.
[2] Tonkatsu: Filete de cerdo empanado y cortado en trozos para comer con palillos, normalmente acompañado de col u otras verduras.
[3] Tempura: Combinación de fritura de verduras y marisco rebozados.
[4] Takoyaki: Comida consistente en bolas de harina fritas, rellenas de un trocito de pulpo.
Notas:
Bueno, capítulo lleno de nada, otra vez. En verdad lo siento, pero consideré necesaria esta transición para adentrarme en lo que sería luego "la conquista de Kagura". Ya estoy trabajando en el siguiente capítulo y prometo que va a ser mucho más interesante que este, en serio. Dudas, quejas, acudir a mí. Saludos.
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Reviews: Cap. 10:
Aki dragneel: Oh, muchas gracias por tus hermosas palabras. Me alegra que te haya gustado el fic, y lamento hacerte esperar (a veces no puedo evitarlo, las cosas de la vida fuera de ff net son imperiosas). Ya estoy trabajando en el siguiente cap. y prometo publicarlo para el jueves. Muchas gracias por leer y comentar :]
I love okikagu: Aw, me alegra que te haya gustado el cap. Me gustaría saber qué piensas de este. Tuve mis dudas porque no ocurre nada grandioso ni espectacular, salvo la troleada que me mandé al principio. Lo emocionante llega en cap. siguiente, lo estoy escribiendo ahora xD. ¿Tienes mail o facebook para hablarte? Me serviría bastante una segunda opinión para conversar sobre el fic. Y sí, es genial lo que se ha logrado, aun no puedo creer que pasé de los cien. Es grandioso. ¿Volviste a leerlo todo de nuevo? Eres genial, en serio :]
Mitsuki: Muchas gracias, espero que el que viene te guste más, entonces xD. Mil gracias por seguir leyendo :]
Lu89: Oh, muchas gracias. Siento que este fue el capítulo que más les gustó a todas. Debo complacer más al público xD. En el siguiente lo compensaré, lo prometo :]
Mi-chan: Oh, bien, me alegra que te gusten los caps. largos, porque desde ahora serán bastante extensos xD. Muchas gracias por leer y comentar. En algún momento debo terminar, es la realidad, creo que será en tres o cuatro caps. Qué se le va a hacer. Gracias de nuevo por todo el apoyo, eres genial :]
Anonymous D, Guest, Guest (2), Jugem Jugem [amé tu nickname]: Muchas gracias por tomarme la molestia de leer este pequeño invento que se ha prolongado más de lo que imaginaba inicialmente, e infinitas gracias por hacerme llegar su opinión, lo agradezco. Saludos :]
