Maya II

El despacho del director del instituto era triste y sombrío. A Maya le daban ganas de levantarse, coger un caballete, ponerle un lienzo y empezar a pintar el espacio. Cualquiera se sentiría mal estando más de dos minutos hay dentro. No le extrañaba que el director pareciese una persona tan desgraciada.

-¿Me van a explicar cómo ocurrió o voy a tener que descubrirlo con ustedes en el aula de castigo? –preguntó el director Flannaghan mirándoles a los cuatro fijamente.

Tras hacerles esperar en la entrada de la Academia Einstein durante más de media hora, los guardias de seguridad les dejaron marchar a Zay, a Smackle y a ella. Apuntaron la matrícula del coche y les dejaron irse. Suponía que esa era la razón por la que Ranger Rick estaba al lado de Zay sin tener ni idea de porqué estaba allí (Zay le había devuelto el coche aquella misma noche dejándolo en la misma acera donde Lucas lo había aparcado, y esa misma mañana le había metido las llaves en la mochila sin que se diese cuenta). Tenían la esperanza de que los guardias se limitasen a llamar a sus padres, pero por lo visto había un código entre institutos que estipulaba que debía ser la institución a la que pertenecían los agresores (en este caso ellos) la que avisase a los padres. Cosa que al parecer no habían tenido tiempo de hacer… o puede que el director prefiriese hablar con ellos antes.

-Lo preguntaré de otra manera… ¿dónde estuvieron ayer por la noche, aproximadamente sobre las doce?

-Yo estaba en mi casa durmiendo señor –respondió Lucas confuso.

-¿Ah sí? ¿Y qué hacía su vehículo estacionado en la puerta trasera del polideportivo de la Academia Einstein ayer a las doce de la noche, señor Friar? –preguntó el director fijando en Huckelberry su mirada de halcón.

El vaquero se limitó a devolverle la mirada como si no entendiese la pregunta. Maya reprimió las ganas de reírse al ver la expresión de Lucas.

-¿Qu… Qué? –logró vocalizar Lucas. Entonces fue cuando su expresión pasó de confusa a enfadada. Giró su cabeza hacia Zay que estaba a su lado.

-¿Tienes algo que ver en esto? –preguntó el rubio peligrosamente.

-Me gusta cómo te ha quedado el pelo hoy –respondió Zay con voz temblorosa e intentando sonreír amigablemente. -¡Tienes que contarme cuál es tu secreto! ¿Es por el acondicionador o por el champú?

Lucas frunció los labios y acto seguido dirigió su enfurecida mirada hacia Maya. Bueno… ¡sí!... parecía que ya era hora de dar explicaciones.

-Director Flannaghan –empezó diciendo con el tono más inocente que pudo (se inspiró en el de Riley). –Creo que no nos conocemos, soy Maya Hart

-¡Oh, así que usted es Maya Hart! –exclamó el director mirándola con curiosidad. -¡Me alegro de poner cara a uno de los peores expedientes que ha caído en mis manos este año! Tiene un expediente muy grande para ser alguien tan pequeño

-No es la primera vez que me lo dicen –dijo Maya tranquilamente. –Verá… lo que ocurrió fue que simplemente… ¡hicimos justicia!

-¿Llama usted justicia a destruir todas las probetas de la Academia Einstein y a escribir en la pizarra de su laboratorio "El Australopithecus está más desarrollado en la escala evolutiva que vuestros representantes en el concurso de Ciencias"?

Maya frunció el ceño y miró a Smackle alzando una ceja en señal de interrogación.

-Lo hice mientras estabas en el baño –le susurró en tono indiferente.

Maya asintió con admiración y volvió a dirigirse al director.

-Llamo justicia a vengar a mi amiga Smackle aquí presente… –dijo señalando a Smackle, que inclinó la cabeza en modo de saludo al director. -… que fue insultada por los babuinos que fueron al concurso de Ciencias en representación de esa Academia por tener el síndrome de Asperger

-Ese tipo de conductas se deben comunicar a la dirección de dicha academia… -empezó diciendo el director.

-Cosa que ya hice –interrumpió Smackle poniéndose bien las gafas. –Y no se tomaron medidas contra los alumnos

-¡Aun así ese tipo de comportamiento es inadmisible! –exclamó el director. -¡Habéis irrumpido en una propiedad privada y habéis destruido material escolar!

-Podríamos llevar este asunto al comisariado de educación director Flannaghan –comentó Maya. –Ya lo hicimos una vez… ganamos, y aunque estoy segura de que esta vez no saldríamos tan bien parados, sé que se toman muy en serio las agresiones en contra de minorías de cualquier tipo

El director Flannaghan la miró sorprendido.

-No me son desconocidas las leyes educativas –se explicó Maya al ver cómo la miraba.

-Ya lo veo… supongo que no hará falta llegar hasta tales extremos, aunque debó aplicar una sanción disciplinaria por recomendación de la Academia… además por supuesto de unas… ¡tres semanas de castigo!

-¡Oh, tío! –exclamó Zay.

-Con el debido respeto director –dijo Smackle irguiéndose. –No todos los presentes tuvimos el mismo grado de responsabilidad en lo ocurrido… el señor Babineaux fue un mero instrumento del que nos valimos Maya y yo

-Es cierto director –corroboró Maya. –Zay se vio obligado a ir al saber que íbamos a ir solas en plena noche, no irrumpió en el edificio y no destruyó ningún material

-¡Eh!... ¡eh, eh, eh, eh, eh!... ¡Yo también fui! –exclamó Zay girándose hacia ellas. –¡No me vais a dejar atrás en esta!

-Las cintas de seguridad de la academia podrán corroborar lo que decimos –dijo Maya. –Al igual que corroborarán que el señor Friar ni siquiera estaba presente

-Eso me lo imaginaba por su reacción –dijo Flannaghan mirando a Lucas. –Y en cuento al señor Babineaux podría calificar su intervención de… inofensiva

-¿Inofensiva? –dijo Zay con un quejido.

-En cuento a ustedes…

-Yo tuve la idea –se apresuró a decir Maya.

-Y yo forcé las puertas –dijo Smackle.

-Pero fui yo quien se cargó las probetas… con un martillo –dijo Maya sonriendo.

-Y yo fui quien escribió en la pizarra –dijo a su vez Smackle.

-¿Inofensiva? –volvió a repetir Zay.

-Tres semanas de castigo y media sanción disciplinaria para cada una –concluyó el director. –Y ahora váyanse todos de mi despacho… tengo que llamar a sus padres

-¡Oh! –se quejó Zay. –Pero en serio… ¿inofensiva?