NdT: FanFiction sigue insistiendo en juntarme las palabras de algunos párrafos, así que avisadme si he pasado por alto algún trozo.
Había pasado un tiempo desde la última vez que Grimmjow viera a Ulquiorra. Desde esa reunión que el shinigami había tenido con un tal capitán Yamamoto, Ulquiorra no paraba de ser enviado a misiones. Si quedaban para verse, sus encuentros sólo duraban un rato antes de que Ulquiorra tuviera que irse a causa de sus obligaciones o porque necesitara descansar. Bueno, Grimmjow suponía que era mejor así, ya que quedar con Ulquiorra ya era arriesgado de por sí. Lo mejor sería no verle, pero el caso era que…
Lágrimas silenciosas recorrían el rostro de Ulquiorra mientras le lanzaba una mirada cargada de ira, frustrado por la falta de preocupación que mostraba Grimmjow por sí mismo.
"¿Por qué no me escuchas, Grimmjow Jaegerjaquez? Al menos tómatelo en serio…"
Grimmjow se inclinó y posó sus labios sobre los de Ulquiorra, silenciándolo.
El caso era que no podía hacerlo. Ni tampoco Ulquiorra. Ninguno de los dos podía.
Su falta de reacción ante las noticias sobre la reunión… No era porque no se preocupara por su propia seguridad, como Ulquiorra creía, sino que no se había mostrado sorprendido porque ya se había imaginado que algo así ocurriría. Desde el principio había sabido que se pondría en peligro si perseguía a Ulquiorra. Y lo mismo podía aplicarse a Ulquiorra. Éste sabía que relacionarse con él, Grimmjow, sería arriesgado, a pesar de que en realidad no estaban haciendo nada malo. Pero suponía que sólo había caído en la gravedad de la situación durante la reunión.
Grimmjow apoyó los brazos en el alféizar de la ventana mientras contemplaba el desierto interminable del exterior. No había ni un hollow a la vista, a excepción de una pequeña lagartija hollow.
Hm…
No era que no hubiese considerado abandonar Las Noches. Pero Ulquiorra había desechado la idea antes incluso de que la mencionara, alegando que sería demasiado peligroso, especialmente si su líder, Aizen, era tan cruel como todos lo pintaban. Grimmjow estaba bastante seguro de que, si Ulquiorra abandonara la Sociedad de Almas para unirse a su bando, Aizen le daría la bienvenida con los brazos abiertos, pero qué demonios, Grimmjow preferiría morir antes que tener a Ulquiorra de vuelta y trabajando a las órdenes de Aizen. Cerró los puños con fuerza.
Sí… Es mejor que Ulquiorra se que de en la Sociedad de Almas y no que trabaje para ese maldito bastardo, pensó Grimmjow sombríamente. Mucho mejor.
Pero él y Ulquiorra tendrían que vérselas con esa obvia obstrucción en su… "relación", a falta de una palabra mejor, tarde o temprano. Sin embargo, visto cómo de tensas se estaban poniendo las cosas entre los habitantes de Hueco Mundo y de la Sociedad de Almas con cada día que pasaba, no iba a ser fácil. Eso era lo mejor que podían hacer de momento. Verse en secreto.
"Ahora mismo podría tirarte por la ventana de un empujón si quisiera, ¿sabes?"
Grimmjow se giró de golpe, quedándose cara a cara con el científico loco de Las Noches, Szayel Aporro Granz.
"O siempre podría atravesarte con Fornicarás."
"Granz," gruñó Grimmjow.
"No deberías bajar la guardia," Szayel sonrió, apoyándose contra el marco de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho. "Si te ensartara en el lugar adecuado, tendrías una muerte instantánea." Se miró una mano enguantada con expresión aburrida. Su voz era tan empalagosa – para cubrir sus malas intenciones, pero fracasaba en el intento – que a Grimmjow le entraron ganas de rebanarle el pescuezo. "Tampoco sería una gran pérdida. Al fin y al cabo, apenas apareces por aquí. Estás tan apegado a tus recuerdos de tu difunto amante que persistes en volver a vuestros lugares favoritos…"
"Corta el rollo, Granz," le espetó Grimmjow. Szayel no era una de sus personas favoritas, precisamente. El científico era pijo, molesto, repulsivo, demasiado creído y un auténtico coñazo. Y tampoco dejaba escapar la oportunidad de soltar comentarios insidiosos o de lanzarle pullas. Era sólo cuestión de pura paciencia – pfft, como si Grimmjow tuviera mucho de eso, o un poco, para empezar – y el hecho de que Aizen lo mataría el que Grimmjow no hubiera asesinado ya a Szayel. "¿A qué coño has venido? Habla, o te atravesaré la cabeza con Pantera."
"Tsk, tsk, tsk. Ese lenguaje," Szayel chasqueó la lengua. "Sólo he venido a informarte de que Aizen-sama a convocado una reunión con todos los Espada. Me ha ordenado que te lo diga." Szayel dejó caer la mano, así como la sonrisa que había estado luciendo. Por lo visto, se le habían pasado las ganas de jugar con Grimmjow. Los cambios de humor de ese hombre eran peores que los de una mujer – otra razón por la que Grimmjow prefería evitarlo; demasiadas complicaciones. "Será mejor que no llegues tarde. Aizen-sama ha dicho que tiene algo importante que contarnos. La reunión es en diez minutos."
¿Cómo va a ser importante hablar sobre enviar a alguien al Mundo Real a buscar más reservas de té?
Pero Grimmjow se mordió la lengua, sabiendo que Szayel no dudaría en chivarse a Aizen.
"Vale. Allí estaré."
En cuanto Szayel salió de su habitación, Grimmjow esperó unos minutos antes de dirigirse a la Sala de Reuniones – no tenía ninguna intención de ir allí con el insoportable de Granz.
Ya en la entrada vio a Starrk, que al ver a Grimmjow apartó la vista de él inmediatamente. El Primera entró en la estancia sin saludarlo ni dirigirle una mirada. Normalmente, Grimmjow habría visto esto como algo raro, puesto que Starrk solía mostrarse bastante amistoso con él, pero después de cómo lo había tratado la última vez que hablaran – y de eso hacía ya un tiempo – no se sorprendió en absoluto. Así que Grimmjow simplemente se encogió de hombros, quitándole importancia, y se dirigió a su asiento, esperando la llegada de Aizen.
Todos los asientos estaban ocupados. Los Espada se aseguraban de llegar temprano a las reuniones, ya que no querían arriesgarse a enfurecer a Aizen – todos sabían que hacer algo que no le gustara al hombre podía traer graves consecuencias. Incluso en el asiento situado ante él, el que había sido de Ulquiorra, se sentaba un arrancar rubio que Aizen había elegido recientemente como el nuevo Cuarta Espada. Grimmjow no tenía ni idea de cómo se llamaba, ni le importaba. No necesitaba conocer al nuevo Cuarta para saber que no podía compararse a Ulquiorra. Aizen había llenado el lugar día tras día con tantos arrancar que simplemente ni se molestaba en recordarlos.
Grimmjow apenas les había echado un vistazo a sus compañeros cuando un hombre moreno entró en la habitación. Tras Aizen iban sus dos subordinados, Tousen e Ichimaru. La Sala de Reuniones, que había estado llena con la charla de los Espada, se sumió en el silencio.
Todos los ojos estaban clavados en Aizen Sousuke mientras el hombre se dirigía a su asiento a la cabecera de la mesa.
"Bienvenidos," dijo Aizen con esa sonrisa tan suya. Una sonrisa que Grimmjow había odiado desde la primera vez que la viera. "Gracias por venir. Debéis estar preguntándoos por qué os he llamado, ¿verdad?"
Hubo asintimientos de los asistentes.
Había tres cosas de las que Aizen solía hablar en las reuniones. Hablaba sobre la guerra, sobre su dominancia del mundo o sobre la escasez de sus reservas de té. Si Aizen hablaba de las dos últimas, Grimmjow se preparaba para aburrirse como una ostra. Sin embargo, si iba a hablar sobre la guerra…
"Bien, estoy aquí para hablar de la guerra." Sus ojos marrones inspeccionaron los rostros de los presentes, asegurándose de que todos le prestaban atención. Todos tenían la vista fija en él excepto el Primera. Coyote Starrk tenía los ojos clavados en la mesa, incapaz de mirar a Aizen, Grimmjow ni a ningún otro a los ojos. Aizen suponía que un comportamiento así era de esperar. Sin duda la culpa lo consumía. Pero aunque no se atreviera a mirarlo, Aizen estaba seguro de que lo estaba escuchando. Entonces la mirada de Aizen pasó al Sexta Espada, donde permaneció algo más de lo necesario como para ver si sus palabras surtían algún efecto en él. La expresión de Grimmjow no cambió, así que siguió hablando. "Como ya sabéis, he estado incrementando nuestras filas, cada arrancar más fuerte que el anterior, para después enviarlos al Mundo Real."
Hubo más gestos de aprobación.
"Pero, uno a uno, vuestros hermanos y hermanas son asesinados por esos shinigami." Ichimaru y Tousen lo flanqueaban por ambos lados como si fueran guardaespaldas. Aunque cómo un ciego podía ser de utilidad como guardaespaldas escapaba el entendimiento de los Espada – aunque eran lo bastante listos como para mantener la boca cerrada al respecto. Aizen cogió una cucharilla, echó un poco de azúcar de un recipiente a la taza de té que un arrancar de poco rango había colocado ante él. Continuó hablando entonces, llenando la Sala de Reuniones con su tranquila voz, "Bien, he recibido información útil sobre la Sociedad de Almas de una fuente fiable."
Silencio. Nadie se atrevió a hablar aún. No hasta que Aizen acabara su discurso. Pero vio un brillo de interés en sus ojos mientras esperaban con atención sus siguientes palabras, esperanzados con la posibilidad de poder hacer algo por fin.
"Me han llegado noticias de que los shinigami han considerado que la situación es lo bastante seria como para que los capitanes de los 13 Escuadrones de Protección se pongan en marcha. El capitán Yamamoto ha establecido un programa de turnos para proteger Karakura."
Grimmjow se tensó visiblemente ante esto.
"Así que he decidido darles un regalo de bienvenida en forma de ataque cuando uno de los capitanes llegue a Karakura. Para que tengan un anticipo de lo que les espera."
Murmullos de entusiasmo se alzaron entre los Espada. En los más escandalosos se podía apreciar la sed de sangre.
"El capitán de la quinta división irá a Karakura dentro de dos días. He escogido a tres personas para atacar al capitán y sus subordinados. La primera es Ichimaru Gin." Le hizo un gesto con la cabeza. "Él será el líder."
"Será un placer." Gin sonrió.
"Nnoitra Jiruga."
"¡Sí!" Nnoitra alzó un puño. "¡Por fin un poco de acción!"
"Y." Los labios de Aizen se curvaron en una sonrisa. "Grimmjow Jaegerjaquez."
En el momento en que Aizen anunció que él, Grimmjow Jaegerjaquez, iba a formar parte del equipo que debía atacar al capitán de la quinta división y sus subordinados, el tiempo pareció detenerse para él. El capitán de la quinta división. Ulquiorra era el capitán de esa división, ¿verdad? Su corazón había dejado de latir, se había mareado, el color había desaparecido de su rostro y todos los demás habían pasado a un segundo plano, dejando sólo a Grimmjow y Aizen. Grimmjow, que había mirado a Aizen con incredulidad, y Aizen, que sonrió con seguridad. La voz en su mente gritó, ¿Cómolosabe?
Se había asegurado de llevar mucho cuidado cada vez que visitaba a Ulquiorra. Ya no iba a la Sociedad de Almas o al Mundo Real desde Las Noches. Siempre abría una Garganta en el desierto, lejos de miradas indiscretas y de las cámaras que poblaban todos los rincones de Las Noches. Incluso cuando abría las Gargantas en el desierto, primero se aseguraba de que estaba completamente solo. También se aseguraba de no estar ausente mucho tiempo. Así que no tenía ni idea de cómo demonios sabía Aizen lo de Ulquiorra.
¿Sería posible que alguien lo hubiera en alguno de sus encuentros?
Pero eso era imposible… Estaba seguro de que nunca había habido nadie cerca cuando estaba con Ulquiorra. Si así hubiera sido, lo habría notado.
Cuando Aizen vio el cambio en la expresión de Grimmjow, aunque fue leve debido a sus esfuerzos por mantener la calma y no delatarse, el shinigami dejó la taza sobre la mesa.
"¿Ocurre algo, Grimmjow?" preguntó, fingiendo preocupación.
Grimmjow tensó los puños, en absoluto engañado por esa fachada.
"No, Aizen-sama," respondió Grimmjow entre dientes. "Continúe. Quiero participar en esto."
Grimmjow no necesitaba ninguna prueba para saber que Aizen conocía su pequeño secreto. Era imposible que todo esto fuera una coincidencia. Llevaba tiempo de sobras al servicio de Aizen Sousuke para saberlo. Eso, y el modo en que Aizen le había sonreído al anunciar su nombre.
¡Mierda!
Estampó un puño contra la pared de su cuarto, atravesándola, sin importarle que probablemente lo reñirían después por ello.
Estúpido, estúpido… Después de decirle a Aizen que continuara, el hombre había procedido a entrar en detalles sobre lo que tenían que hacer durante los próximos dos días, actuando como si nada hubiera ocurrido. Y durante todo el proceso, Grimmjow había tenido que actuar con normalidad. Había tenido que actuar como si la vida del capitán le importara una mierda, como si la idea de matar a ese bastardo lo complaciera, como si lo ansiara, incluso.
Con la respiración agitada, Grimmjow retrajo la mano antes de dejarse caer en la cama.
¿Qué se suponía que debía hacer ahora?
"¿Te has divertido provocando a nuestro Sexta, Sousuke?" preguntó Ichimaru con tono juguetón mientras se alejaban de la Sala de Reuniones.
"¿Hm? No sé de qué estás hablando," respondió Aizen tranquilamente. "Recuerda mantener a Grimmjow ocupado hasta el ataque, ¿quieres?"
"Claro, claro…"
"Oh, y, Gin." Aizen se detuvo al llegar a su habitación.
"¿Nn?"
"Acuérdate de deshacerte de ese shinigami que capturamos. Ahora que tenemos toda la información necesaria, ya no nos es útil."
"En otras palabras, quieres…"
"Que lo mates," terminó el otro con calma, sin pensar siquiera en el shinigami ensangrentado, muerto de hambre y ahora prácticamente loco atado a una mesa en una de las múltiples habitaciones de Las Noches. "Después de lo que ha sufrido, para él la muerte ya no está tan lejos."
"Sí, Sousuke." Gin inclinó la cabeza con una sonrisa en los labios. "Lo haré ahora mismo."
Los hombros de Grimmjow temblaban.
La próxima vez que viera a Ulquiorra…
Podría que fuera la última.
Rió amargamente.
Mi última.
… Nuestra última.
La respiración de Ulquiorra formó una neblina blanca ante su rostro al exhalar.
Hacía una noche fría en Karakura. De vez en cuando se frotaba los brazos para mantenerse caliente, aunque no es que se quejara. Estaba acostumbrado al frío. Y con lo que había estado haciendo últimamente, ya poco le importaba el frío, pues su mente estaba centrada únicamente en su deber. Había visto y derramado tanta sangre que el frío no podía compararse a ella, así que su mente se concentraba sólo en eso – no en el frío, sino en matar.
En claro contraste con lo que hacía cuando no estaba de servicio. Adoraba todos y cada uno de esos tiernos ratos libres con Grimmjow.
Por desgracia, ahora no era uno de esos tiernos momentos que tanto apreciaba.
Ahora mismo tenía los dedos apretados alrededor del cuello de una arrancar, que presentaba un aspecto lamentable. La había atrapado mientras patrullaba la calle frente al hospital con Momo Hinamori. La arrancar era bastante taimada, llena de astucia aunque claramente mentalmente inestable, pero había conseguido herirla. La sangre manaba de las múltiples heridas de su cuerpo, todas ellas infligidas por Ulquiorra Cifer. Con cada aliento que tomaba, más sangre borboteaba de sus heridas. Ya no le quedaba mucha vida. Era algo penoso de ver, pero Ulquiorra no iba a dejarse llevar por la compasión.
Apretó la garganta de la arrancar, haciendo que se ahogara. Aunque no pareció importarle mucho, puesto que la loca sonrisa permaneció en su rostro mientras miraba a Ulquiorra con un brillo desquiciado en los ojos. Le habría atravesado el pecho con su zanpakutou de no ser porque ella se echó a reír.
"Tú…" rió; su mejilla estaba moteada de rojo. "Disfruta del poco tiempo que te queda."
Ulquiorra frunció el ceño, un tanto confuso por su comportamiento. Creyendo que simplemente estaba jugando con él, desenfundó su zanpakutou casi mecánicamente, dispuesto a hacer lo que había estado haciendo en los últimos días. Matar.
Ella alzó una mano para acariciarle una pálida mejilla. Ulquiorra ni siquiera parpadeó. "Qué lástima…"
"No me toques."
"Qué lástima, qué lástima..." repitió con voz burlona. Ignorándolo, arrastró la mano desde la mejilla hacia su cuello y pecho, y allí la dejó. "Qué lástima perder a un ejemplar tan hermoso…"
Asqueado, Ulquiorra la agarró de la muñeca cuando su mano comenzó a moverse de nuevo. "¿De qué demonios estás hablando?"
Pero ella sólo sonrió. La sonrisa lo turbó. Menuda suerte tener que vérselas con una arrancar obviamente loca.
"Justo lo que pensaba…" masculló Ulquiorra. "Sólo intentas ganar tiempo."
"¿Ganar tiempo? No, no estoy ganando tiempo, nunca gano tiempo…" volvió a reír. "Debe ser horrible vivir sabiendo que te van a matar… A ti y al resto de shinigamis asquerosos… Oh, sí, debe de serlo…"
"¿Qué?"
"Aizen-sama va a matarte," dijo con voz cantarina.
"Eso he oído," dijo secamente.
"Va a matarte, a ti y a todos tus amigos. Se convertirá en Dios, ¿sabes…? Tiene grandes planes… Grandes planes que pronto pondrá en marcha…" Se deshizo de la presa que Ulquiorra tenía sobre su mano, agarró la pechera de su uniforme y lo estiró hacia sí. La arrancar susurró a su oído, haciéndole cosquillas con su cálido aliento, "Va a mataros. A tus amigos. A tus seres queridos. Asegúrate de disfrutar el poco tiempo que te queda, cariño." Sacó la lengua y le lamió la oreja. El contacto provocó una mueca en Ulquiorra. "La gente a la que amas… Todos tendrán una muerte dolorosa, muy dolorosa…"
La apartó de un empujón, estampándola en el suelo.
"¡Ack…!" Tosió sangre. "¡Eso no ha sido nada agradable!"
"Escoria."
Ella le escupió a la cara.
"¡Capitán Ulquiorra!" exclamó, alarmada, Hinamori, la cual había estado a su lado todo el rato.
Ulquiorra hundió su zanpakutou en el pecho de la arrancar, justo donde debería estar su corazón. Sus ojos se abrieron desmesuradamente y su boca se abrió formando una "O", pues no había esperado que Ulquiorra la matara tan rápido. La ira que había inundado sus ojos momentos atrás volvió a dar paso a la locura.
"Tan hermoso…" consiguió decir entre penosos jadeos mientras su vida empezaba a desvanecerse. "Pero tan peligroso… Sí… Qué lástima…"
Ulquiorra se mantuvo en silencio, con los labios apretados en una fina línea. Cuando finalmente ella exhaló su último aliento, extendió una mano y le cerró los ojos, haciendo que pareciera dormida.
"Adiós."
El hecho de que la predicción del capitán Yamamoto hubiera sido acertada no lo sorprendió en absoluto.
Incapaz de soportarlo por más tiempo, Grimmjow se levantó de la cama.
"A la mierda," gruñó, abriendo la puerta de un tirón. "No me voy a quedar de brazos cruzados. Voy a ir a ver a Ulqui ahora mismo y…"
"Hola, Grimmy-chan," lo saludó Ichimaru Gin cuando la puerta se abrió. "He venido a pasar un rato contigo. Órdenes de Aizen-sama. Pensó que quizás te sentirías un poco solo, con eso de que Ulqui-chan está muerto y tal." Inclinó la cabeza, haciendo que su cabello plateado le cayera sobre los ojos. Sonrió. "Espero que no te importe."
