El capi once: Mü.
Advertencias del capi: Otra vez, no yaoi. Ubicado justo al inicio del Hades. Un capi un tanto denso, al menos a mi parecer.
Ah, nada mío. Todo de Kurumada.
El amor es fidelidad.
Lo supe. Lo supe incluso antes de ver tu rostro; tu presencia resulta inconfundible para mí. No sólo es el cosmos, sino los orígenes que nos unen. Es esa capacidad de poder presentir tu presencia en cualquier lado; la misma que me hizo alejarme del Santuario al notar tu ausencia. Quizás para los demás podría pasar desapercibido, o quizás decidieron aceptarlo así, dejándose llevar por otros motivos que hasta ahora no termino de comprender bien.
Pero yo...yo noté tu partida de inmediato. Fue el despertar en medio de la noche con una sensación agobiante de ansiedad. No sabía con exactitud lo que pasaba, todavía era un niño; pero aún así me armé de valentía y, tomando las pocas pertenencias que tenía, partí.
Ahora, esa misma sensación vertiginosa reapareció al encontrarte. A ti, que fuiste como un padre para mí, mi guía, mi maestro. Uno de los míos. Te muestras ante mí, joven y altivo, en todo tu esplendor; como antes. Tus ojos me buscan y encuentran mi mirada. No puedo evitar conmocionarme y postrarme a tus pies. Me pides respeto, fidelidad. ¿Cómo no dártelos?
Terminé en Jamir por mi propio pie. No recuerdo bien cómo, supongo que sencillamente la sangre me guío. Mi sangre. La tuya. De ambos. Porque nunca terminaste de abandonarme por completo, porque quedo ese remanente que guardaba en el fondo, como un tesoro. Ese algo que terminó por llevarme a donde se encontraba aquél amigo y compañero de armas del que tanto me habías hablado: Dohko de Libra. Su cosmos me mostró al camino al darse cuenta, como yo, que habías muerto. Él me dio asilo, mostrándome la verdad; dándome el impulso que necesité en ese tiempo. Un gran maestro, debo decir; ahora entiendo el respeto y el cariño con el que te expresabas. Pero no podía quedarme en los Cinco Picos; ahora era un prófugo.
No vienes solo, ya crucé un par de palabras con aquellos que te acompañan. Pero tú, tú no me tienes que decir nada para entender aquello que los trae nuevamente. Los vigilan, también lo he notado; al igual que ese sufrimiento que vienes cargando por tener que jugar de este modo, por tener que dejar esta batalla en otras manos mientras tu paso por aquí es sólo temporal. Lo lamento tanto, quisiera poder quitarte ese peso y decirte que está bien, que yo comprendo. Pero, de momento, no puedo.
Jamir es un lugar un tanto solitario, como ya sabes; pero en las noches, al ver las estrellas, podía sentir toda la energía de los nuestros colapsar y fusionarse con la mía. Algo espectacular, digno de contarse. Algo que me quitaba el aliento y me cobijaba, bajo el brillo nocturno. Sólo eso me recordaba las razones de mi exilio y me daba fuerzas para seguir esperando. Esperando el momento de poder reclamar tu armadura como mía y hacer justicia en tu nombre. Esperando el poder regresar con la frente en alto y limpiar tu honor. Esperando el regreso de Athena.
Perdona si he seguido un poco el juego a tus compañeros, la actuación debe ser creíble para que nadie más intervenga. Ya no quiero más sangre tampoco; pero como es costumbre, los caballeros de bronce no nos dejaran ir solos. Esos niños no entienden que este es nuestro deber, nuestra pelea, nuestro motivo; son demasiado testarudos e impulsivos, demasiado fieles a Athena, cómo yo lo soy a ti. Cómo siempre lo he sido.
¿Recuerdas cuando me enseñabas a reparar armaduras? Apenas fueron un par de veces; pero el verte tan concentrado y apasionado haciéndolo, con esa dedicación que te abstraía del mundo, era maravilloso. Podía casi ver la manera en que te volvías uno con la armadura, la escuchabas, la sanabas. Ella renacía en tus manos, se dejaba hacer. Tu, elevando tu cosmos, le regalabas tus caricias, la venerabas y, luego, sonreías al ver tu obra terminada. Siempre tan perfeccionista y orgulloso que parecías un verdadero artista. Y yo, sencillamente me quedaba sin palabras.
Tomando el cincel me enseñaste, pacientemente. Tu mirada fija en mí, instándome a seguir cada vez que dudaba. Como un padre, como un amigo. Me enseñaste a amar mi trabajo, a ver la magia surgir. Y te idolatré. Te juré fidelidad, Shion de Aries. Hasta la fecha he cumplido.
Realizas tu pedido, con esa voz tan modulada y poderosa que no necesita ser alzada para ser obedecida. Esa voz llena de autoridad, que impone respeto a su paso. Pero ahora lamento negarme, no puedo. ¿Porqué me das esas órdenes? Sabes que no puedo cumplirlas, es demasiado. ¿Tanto así quieres medir mi confianza hacia ti? No deberías de dudar, me conoces.
Cuando encontré a Kiki me sentí aliviado. Aliviado de no estar solo, de no ser el único...el último. Miré a ese pequeño y el hueco que sentía dentro pareció llenarse un poco. La esperanza, la fe, la fidelidad hacia alguien más. Cariño fraternal, si así le quieres llamar. En cierto modo, me recordaba a ti. Me recordaba a nosotros, a nuestra singular relación. Entonces decidí tomarlo bajo mi cuidado, hacer de él un digno caballero. Ser para él todo lo que tú eras para mí. Él, a cambio, calmó mi soledad.
Sé que Dohko llegará pronto, puedo sentir su cosmos viajar hacia acá, cada vez más fuerte y potente. Completamente diferente. Algo ha pasado. Seguramente entiende la situación pues ha dejado el sello de la cascada; después de todo, fueron ustedes los sobrevivientes de la última batalla.
Vi crecer a Kiki con un dejo de nostalgia que se negaba a abandonarme. Le enseñé las bases del manejo del cosmos y la reparación de armaduras; pero yo no soy tú y mi trabajo, aunque bueno, no puede compararse al tuyo. En ciertas ocasiones incluso me enojé conmigo mismo al no poder obtener el resultado que tu hubieses esperado.
Los años pasaron y comprendí que quizás no volvería a verte, aún preguntándome porque no habías hecho nada para defenderte. Para proteger al Santuario. Y me aseguré de hacerlo yo mismo cuando llegó el momento. Cuando ellos prácticamente me encontraron a mí y pude empezar a atar los cabos. Regresé. Cómo tu lo has hecho.
Me encargué de cuidarla, de abrirles camino. Aunque no peleé directamente, pude al menos brindarles una mano ayuda. Curé sus armaduras, de la misma forma que lo hubieras hecho tú. Pensando en ti, en Kiki, en nosotros. En un futuro.
Y ahora, ahora te encuentro nuevamente. Te encuentro y mi corazón salta de alegría, reflejada en mis pupilas aunque mis acciones digan lo contrario. Lo sabes, siempre lo has sabido. Simplemente no se necesitan palabras para comunicarnos. Los sentimientos están enlazados y la confianza es mutua. Estoy a tus pies.
Dohko finalmente llega aquí, mientras puedo sentir al mundo entero estremecerse. Sí, la Guerra Santa ha comenzado.
o.o.o.o.o.o
¿Porqué se fue Mü a Jamir? Creo que todo el relato quiso contestar esa pregunta y demostrar la estrecha relación que debió haber existido entre él y Shion, además de como la veía reflejada en la que tenía con Kiki. Mü siempre se me ha hecho difícil, espero les haya gustado.
Pues ya, se acerca el final de este fic...sólo faltan Camus, Shaka y Shion!
Así que, gracias a todos por el apoyo que le han dado, por sus coments y sobretodo gracias por leer!
Ya saben, se aceptan comentarios, críticas y sugerencias.
Saludos!
