CAPITULO 11
(Pov Dasha)
Cuando llegamos a la casa del Doc bajo la lluvia y completamente empapados me asusté un poco. Su casa era la de alguien con un gran poder adquisitivo... pero a la vez, era sencilla...
-¿Quieres una ducha?-.
Me sonroje...
-A solas niña, no te hagas ilusiones-.
Reí y asentí.
Me metí en la ducha, su baño era blanco y de mármol, había luz... le diría a mi padre que pusiese electricidad en mi habitación... me gustaba.
Al salir una camisa blanca y perfectamente doblada estaba en el lavamanos. Me sequé y me puse esa camisa sin nada debajo...
-Ahí tienes unos pantalones- dijo distraídamente mientras él guardaba algo en su cajón-.
Asentí y me los puse, camisa y pantalón corto de chándal... para hacer un anuncio de Victoria Secret.
-He calentado algo de comer ¿Quieres?-.
Asentí y me senté en la mesa.
El doctor había calentado unas pizzas en el microondas, nunca había comido pizza, nunca me había llamado la atención.
-Y usted... ¿donde trabaja?-.
-En el hospital general público-.
-Vaya, juraría que a usted le van los privados más que los públicos-.
-Pues no me conoces niña, yo estuve trabajando como médico en Afganistán-.
-Vaya...-.
-Si- el doctor comió su trozo de pizza-.
-¿Tú estudias?-.
-Sí, estudio en el instituto-.
-¿Cual?-.
-El privado-.
-El privado... no sé porque no me sorprende-.
-No es mi estilo, lo hago por mi padre, los uniformes...-.
-A mí me gustan los uniformes- dijo con una pícara sonrisa...-.
-Bueno... los uniformes, no están mal-.
-Nada mal-.
-Así que eres un pervertido-.
-No te haces una idea-.
Dio un sorbo a su vino.
-Así que esa gente tan rara eran tu familia-.
-Si... y no son raros, me llevo bien con ellos-.
-Tu hermano no estaba en casa-.
-Es porque se lleva mal con mi madre, cosas del pasado, pero yo me llevo bien con él, es un gran hombre con algunos problemas mentales pero... -.
-Claro que si...-.
La cena transcurrió tranquila entra varias preguntas sobre mi casa, y yo le pregunté sobre su hermana pero no dijo demasiado, le dolía ese tema.
(Pov Eliagiar)
La cena terminó y me levanté para recoger los platos, ella hizo lo mismo, cogió las copas y las metió dentro del fregadero.
Lo cierto era que esta chica, joven, impetuosa... era guapa y me sobraban ganas y rabia como para hacerle parte de mi repertorio la primera noche.
Dejé los platos en el fregadero y ella puso el agua caliente.
La tomé de las caderas y ella me miró estática sin saber qué hacer.
-¿Quieres postre niña?-.
Ella asintió.
Acerqué mi cadera hasta que mi erección rozó su trasero.
Ella jadeó.
-Yo también y será rápido- le dije en un susurro-.
Le rompí esos pantalones de chándal viejos que les dejé en rápidos movimientos.
Ella se sujetaba a la encimera, el agua era el único sonido que se escuchaba golpear en las copas y en los platos que estaban por lavar.
Bajé mi pantalón y hormigueo esa sensación sobre todo mi miembro.
Tenía un bonito trasero, todo había que decirlo.
Hice que se inclinase un poco, sus manos temblaban y se sujetaban con toda la fuerza posible al filo de la encimera.
Llevé mi polla a su trasero penetrándola.
Ella gritó por la sorpresa.
-Shh...-.
Sus manos temblaban y sus nudillos estaban blancos por la fuerza que estaba haciendo al sujetarse y mantenerse de una pieza.
-¿Demasiado para ti nena?-.
Asintió lentamente pero se inclinó todavía más.
Sonreí y empecé a embestir con un ritmo frenético ella gimió en respuesta, se sentía bien. Mis manos tocaban sus firmes pechos por debajo de esa camisa de lino hasta que se corrió con un sonoro grito y yo hice lo mismo...
Recobré el aliento y sus manos flojearon, su pecho estaba contra la encimera y su pelo sudado.
-Eli.. eligiar...-.
-Eso es, niña-.
Arreglé mi pantalón y la tomé en brazos.
Estaba agotada.
-¿Todo bien?-.
Asintió y sus ojos se entornaron. La llevé a la cama y la tapé.
