CAPÍTULO 11
"Para de intentar parecer un imbécil para el mundo, y deja que vean lo genial que eres siendo tú mismo"
No parecía un restaurante muy caro, aunque tampoco tenía mala pinta. Los tres camareros que servían a los pocos clientes que tenían, saludaron amablemente al chico, que entraba seguido de la oji azul. Ryuuji llegó a la barra y se volvió hacia ella, sonriendo.
-Vale, espera aquí. El cocinero es… amigo mío –explicó brevemente, antes de entrar en la cocina por una puerta que tenía un cristal redondo arriba en el centro. Ulvida suspiró, observando detenidamente todo. El sitio no era muy grande, quizá más pequeño que la cafetería de la escuela, y las paredes estaban revestidas de madera hasta más o menos un metro por encima del suelo. La parte de arriba, estaba decorada con papel de pared a rayas verde oscuro, rojas, y blancas. La bandera de Italia. Las mesas y las sillas eran de madera vieja, y los taburetes y la barra, también. Una serie de botellas de licor adornaban la estantería que se alzaba por detrás de esta. Un rato después, Midorikawa salió por la misma puerta, al lado de un señor rechoncho y con bigote- Ulvida, este es Giovanni, cocinero y amigo mío, y ella es una amiga.
-Encantado, signiorina, -el hombre, que era diez centímetros más bajito que la oji azul, se adelantó y le tomó la mano, besándola con una reverencia. Ulvida se quedó perpleja, sonrojándose, y se dio cuenta de que, frente a ella, Mido se reía disimuladamente. Le dirigió una mirada asesina y le agradeció al italiano- Si te me permite, es molto bella.
Reina arrugó la nariz.
-¿Qué ha dicho? –le preguntó al oji negro.
-Que eres muy guapa –después se dirigió al señor del bigote, bromeando- Pero cuidado, ¿eh? Que es mía –se rió con el hombre y caminó hacia una mesa, al fondo del local, medio escondida entre unas macetas con plantas gigantes- ¿Vienes?
-Eh… sí. Oye, ¿por qué has dicho que soy tuya? –preguntó la peli azul cuando ya estuvieron sentados, y les habían traído las bebidas y el pan.
-Porque te he traído yo.
-Ah.
-Tranquila, no estoy enamorado de ti en secreto, solo bromeaba –dijo en tono de burla. La chica le tiró un trozo de pan, acertándole en la frente- Jaja, qué agresiva eres.
-Bueno, cállate –le dijo, sonriendo- ¿me vas a decir de una vez por qué me has secuestrado para llevarme a comer contigo?
-Pues eso. Para llevarte a comer conmigo…. Aunque no te he secuestrado, tú te subiste solita.
-No creas que me apetecía venir, sólo quería escapar de Hiroto.
-¿Qué te ha hecho Kiyama esta vez? –la chica soltó una carcajada irónica.
-¿Y lo preguntas tú, que fuiste el único que lo vio?
-Ah, todavía estás cabreada por lo del sábado…
-Evidentemente. Intentó aprovecharse de mí cuando estaba inconsciente de mis actos.
El chico movió su vaso en círculos, mirando atentamente el líquido de dentro removerse, con una sonrisa en los labios. Bebió un trago de coca cola y dejó la bebida en la mesa, de un golpe, mirando a Ulvida.
-¿Y por qué te importa tanto? –al instante, la peli azul se puso nerviosa. No pensaba decirle nada a semejante payaso. ¿Que si eran amigos? Desde hacía menos de cuarenta y ocho horas, no tenía tanta confianza como para confesarle algo así. Decidió jugar con la verdad. Aunque no se le daba también como a Haruna.
-Bueno, no me gusta despertarme en ese estado… en pelotas, al lado de un extraño… -añadió- y sin olvidar el dolor de cabeza.
-Pero Kiyama no es un extraño. Solo un conocido. Un conocido estúpido –reflexionó-, pero… en fin.
-Ya, pero… -miró hacia otro lado, evitando sus ojos acusadores. De alguna manera, la peli azul comprendió que él lo sabía, pero era terca- da igual, no me gusta y punto.
-Sí, claro. Pero ¿qué más te da? Al fin y al cabo, solo es un polvo, ¿qué chico no ha emborrachado alguna vez a una chica para obtener sexo? –Ulvida le miró, perpleja.
-¿Tú lo has hecho?
-¿El qué? ¿Emborrachar a una chica o tener sexo?
-Las… las dos cosas.
-No a lo primero, sí a lo segundo.
-Ah –bajó la mirada, ruborizada. Ryuuji se rió.
-¿Pensabas que era virgen, como tú?
-Bueno, es que pareces tan inocen… ¿cómo? ¿Cómo que como yo? ¿De qué estás hablando?
-No lo sé, ¿de qué estoy hablando? ¿De perseguir el coche de tu novio para impedir que cometieras una estupidez, quizá, y volcar en el intento? –Ulvida abrió la boca involuntariamente- Aún me duele la cadera –añadió. La chica se quedó paralizada, no supo qué decir. Le miró nerviosamente. Él no estaba tenso. Siempre se le notaba con esa expresión de burla en la cara, hasta en las peores situaciones, que ponía nervioso a cualquiera. Ella frunció el entrecejo.
-Te lo ha dicho Haruna, ¿verdad?
-No le digas que me he chivado, no le va a gustar –le pidió el oji negro, haciendo una mueca de preocupación.
-¿¡Y por qué te lo contó! ¡Era un secreto muy personal! –la peli azul se había levantado, golpeando la mesa con los puños, llena de rabia. Midorikawa se estremeció.
-Oye, tranquila…
-¡No! –estaba a punto de llorar, las lágrimas asomaban en sus ojos, inundando sus pupilas. Él intentó calmarla, cogiéndola de la mano, pero ella la apartó bruscamente- ¡No me toques, déjame!
-¡Escucha! ¡No se lo voy a contar a nadie! –gritó el peli verde, por encima de ella. Todo el local les miraba. Una familia en la mesa de al lado, con los niños asustados por los gritos, y los tres o cuatro borrachos de la barra, con indiferencia- ¿Qué miráis? ¡Seguid bebiendo! –les ordenó el moreno. Los hombres le hicieron caso y se dieron la vuelta, y los niños de al lado volvieron a alborotar como hasta hacía unos segundos. Se volvió a sentar. Ulvida también. Los dos se miraron a los ojos- No se lo voy a contar a nadie –repitió el chico, con voz serena y algo endulzada. Ulvida quiso creerle.
-¿Seguro?
-Claro que sí. ¿Para qué quiero yo ir diciendo esas cosas de ti por ahí, eh? Dime.
-No sé –la chica se encogió de hombros, limpiándose las lágrimas con una servilleta- Como siempre te ríes de las desgracias ajenas…
-Ser virgen no es ninguna desgracia. Puedes llamarlo tortura pero no desgracia –añadió.
-¿Tortura?
-Ah, no entiendes. Normal, no has probado el anzuelo, no puedes caer en la trampa –la chica le miró, extrañada. Midorikawa sonrió- Déjalo. Solo digo que no es nada malo, no tienes que preocuparte. Aunque no me cambiaría por ti por nada del mundo –Ulvida resopló, recuperando la compostura.
-No creo que el sexo sea tan genial como lo pintas…
-Tienes razón, no lo es. Es mucho mejor.
-Ah… -replicó, retorciendo los ojos. Los cerró- No me has traído aquí para sonsacarme algo que ya sabías, deduzco.
-Ajá, no te he traído aquí para eso. Es para pedirte un favor.
-¿A mí? ¿Qué favor? No pienso acostarme contigo… -bromeó, frunciendo el entrecejo.
-¿Por qué? –Le siguió el juego el otro- Sería interesante, nunca he probado a follar mientras discuto.
Los dos se rieron con ganas. Las tensiones estaban aliviadas.
-No, ahora en serio, dime por qué estamos aquí.
-Vale –la miró, cogiendo aire.
…
Haruna Otonashi caminaba por la calle de su portal, jugueteando con las llaves que tenía en la mano. Esa noche iba a dormir en casa de Kido, sus padres tenían una cena, y a pesar de que les había insistido en que podía cuidarse sola, ellos prefirieron dejarla a cargo de su hermano, en cuya casa tampoco había nadie, por cierto, pero la convencieron con la excusa de ir a hacerle compañía. De todas maneras, pasó por su casa un momento para coger algo de ropa. Cuando salió, se encontró a su adorado vecino. Muchos días, por la mañana, se lo encontraba saliendo al mismo tiempo que ella.
-¡Haruna! –la saludó Genda. Ella le sonrió, acercándose- ¿Adónde vas?
-Ah, hoy duermo en casa de Kido, mis padres tienen una cena, ¿y tú?
-Qué casualidad, yo iba a verle a él. ¿Vamos? –la chica se extrañó un poco de esa casualidad, ya que aunque Yuuto y él eran amigos, tampoco se llevaban tan bien como para visitarse así sin motivo aparente, pero asintió y los dos avanzaron en silencio un tramo por la acera de la casa de Genda. Verle, y tan de cerca, le recordó a la fiesta, desde la que no hablaba con él.
-Genda…
-¿Hm?
-En la fiesta, tú… -se ruborizó- ¿esa chica con la que te besaste era tu novia? –Koujiro se descolocó con ese comentario. La miró, extrañado. Bajó la vista, metiéndose las manos en los bolsillos.
-¿Por qué lo quieres saber? –le preguntó, sin mirarla, algo que ella agradeció. No le gustaba que nadie viera su cara cuando se ponía roja y estaba desconcertada.
-Bueno… ¿lo es? –volvió a inquirir.
-No –contestó él- ¿Por?
-Nada. Bueno, sí, algo, pero… -se paró en seco. Quizá había llegado el momento de madurar y contárselo. ¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Qué él la rechazara? Bueno. Hay cosas peores que eso, su vida no podía depender de si le gustaba a Genda o no. Entrelazó los dedos de sus manos. Le sudaban- Genda-kun, ¿yo… te gusto?
La chica habría esperado que él pegara un bote en su sitio, pero lo único que hizo fue ponerla contra la pared de la esquina en la que se encontraban, y besarla. Fue intenso. Y largo. Haruna podía decir que estaba satisfecha con lo ocurrido, cuando llegaron juntos, de la mano, a la boca de la calle de la mansión de Kido. Genda la volvió a besar. No habían dicho nada desde lo de la esquina, ninguno de los dos.
-Bueno, a partir de aquí sigue tú. Si no, Kido me mata –se rieron.
-Espera, ¿no ibas a verle?
-Hm… es verdad… -se puso la mano en la barbilla, pensativo- Bueno, lo siento, era una excusa para estar contigo –le sonrió. Ella hizo lo mismo. El chico le puso una mano en la cintura, atrayéndola hacia él, y se besaron una última vez aquel día- Ahora me tengo que ir.
-Vale. Hasta mañana –se dio la vuelta y se encaminó a la puerta. Genda se despidió y también se fue, en dirección contraria. Kido ya la estaba esperando- Hola, hermanito.
-Haruna, ¿ese que iba corriendo por la esquina después de besarte EN MIS NARICES era Genda? –quiso saber el mayor, serio- Porque, si lo era, me temo que no va a poder cumplir su sueño de ser padre –la chica intentó mantenerse serena, pero estaba demasiado feliz, así que le pasó la bolsa con su ropa a Kido y entró en la casa, riéndose. El castaño frunció el entrecejo, observándola mientras pasaba por la puerta. Echó un vistazo a la calle, antes de entrar él también, con los ojos entrecerrados- Verás como te coja, Genda, verás… -y cerró de un portazo tras meterse en la mansión.
…
Ulvida y Midorikawa compartían un helado gigante. Y era culpa de Midorikawa. Sí, ahí estaban esos dos. Ella fulminando con la mirada al chico, y él, descojonándose como nunca. Intentó excusarse, pero era inútil, la paciencia de Reina ya se había agotado.
-¡Creí que conocías el sitio! –le reprochó la peli azul.
-Sí, pero nunca había pedido esto… -repuso el oji negro- vamos, no puede ser para tanto.
-Pues yo no pienso comerme todo eso.
-Si quieres pido que lo cambien…
-No, qué vergüenza, ahora te lo comes.
-En serio, no pasa nada, aquí me conocen.
-Por eso me extraña que te dejen estar sin vigilancia… -él soltó una carcajada, pero Ulvida seguía implacable.
-Creí que ya me vigilabas tú.
-No soy tu niñera, soy tu… amiga –miró a otro lado.
-¿Somos amigos? Entonces acepta.
-Ya te lo he dicho, no puedo hacerlo –cogió una cucharada del gran helado- Come –el peli verde se apoyó sobre los codos, echándose hacia delante, con una mueca socarrona.
-Vale.
-¿Vale?
-Sí.
-¿Sí?
-Pero tienes que dármelo tú –soltó, consiguiendo que la oji azul creyese que se iba a volver loca. Él se echó a reír.
-¡Ni lo sueñes, capullo!
-No me lo comeré a menos que me lo des tú, o… -hizo una pausa, para hacerse el interesante. Ulvida arqueó una ceja- aceptes –la chica resopló. Cogió la cucharada y se la metió en la boca al moreno, dejándole perplejo. La verdad era que pensaba que iba a escoger la segunda opción. No se hizo el débil, tragó y continuó intentando convencerla- Imagínate que pasa alguien por aquí en este mismo instante, y te ve así, dándome de comer. Imagina lo que pasaría por la cabeza de esa persona…
-Me da igual –se encogió de hombros, sonriendo. Midorikawa arrugó la nariz, extrañado. Él esperaba una mueca de asco- seguro que todo el mundo ya piensa que estoy saliendo contigo, ahora que me han visto yéndome a toda prisa en tu moto.
-Ah, es verdad –chasqueó la lengua, pensando. Una segunda cucharada le sobresaltó, y casi se atraganta- Mala…
-Mucho –la chica sonrió.
-No sabes lo que te pierdes, podríamos tener éxito. ¡Podrías ser famosa!
-Sí, ya, claro. Ja.
-¿No me crees? –se echó para atrás, antes de que Ulvida le metiera el tercer bocado de helado en la boca. Miró al suelo, frunciendo el cejo- Mira, siempre me han dicho que soy lo suficientemente bueno para dedicarme a esto, pero… necesito algo grande, algo nuevo –la miró, con un brillo en los ojos- Y si tú me ayudas, ¿quién sabe? ¡Podrían prestarme atención de una vez! Y no sólo la gente de las discotecas, y mis amigos, no. La gente importante –lo dijo con un tono de ambición en la voz, que revelaba que ansiaba que eso ocurriera. Lo quería más que nada.
-No sé, Mido-chan, ¿por qué yo? No sabes si a mí me gustaría ser famosa, ni siquiera me has oído cantar en tu vida –Ryuuji miró a otro lado enseguida, rascándose la cabeza. Ulvida entornó los ojos- ¿No irá en serio? –Midorikawa esbozó una sonrisa temerosa. Ella se ruborizó- ¿Qué…? ¿Cuándo…?
-¿Recuerdas eso de que espiabais a…? –empezó el chico, con cautela.
-¿A los chicos en tercero? Sí. ¿Y qué?
-Pues, bueno, verás, resulta bastante curioso porque… encontré un agujerito en la pared y… -explicó, nervioso (y con razón).
-¿¡ME HAS ESPIADO EN LA DUCHA! –ahora el rostro de la chica daba miedo mirarlo. Apretaba los dientes, los puños y al mismo tiempo se controlaba para no arrearle un puñetazo al gilipollas que tenía delante. Los músculos se le tensaban. Midorikawa estaba aterrorizado. Entonces estalló- Midorikawa Ryuuji… -el nombrado tragó saliva- ¡TE VOY A MATAR! –se levantó de su sitio, lanzándose a por él, pero el peli verde ya se había apartado, y huía hacia la puerta. Dejó unos cuantos billetes en la barra.
-¡Adiós, Lucca, y quédate con el cambio! –salió corriendo por las calles, seguido de una criatura enfurecida, que, minutos antes, podía denominarse "chica adolescente con las hormonas por las nubes", pero que se había convertido en una especie de "monstruo sin escrúpulos capaz de matar sin contemplaciones".
Bien, no sé vosotros, pero yo temo por la vida de Midorikawa… XD ¿Creéis que se lo merece, o quizá no sea para tanto? ¿He sido muy cruel con él? ¿Y con Ulvida? ¿Entendéis lo que ha pasado? ¿Qué os parece lo de Haruna y Genda? ¿Y la sobreprotección de Kido? ¿Adivináis qué quiere Midorikawa que haga Ulvida?
Quiero explicar una cosa, bueno, dar una pista sobre lo de la ducha, ¿sabéis ese clásico de que todos cantamos en la ducha? Pues algo tiene que ver con eso xD (si no se entiende... bah, pronto lo pillaréis, no importa)
Cuidaos, y hasta mañana, en el próximo capítulo (:
