HOLIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII. ¿Me habíais echado de menos? Decidme que sí :DDDDD En fin, dejémosnos de milongas, que seguro que no tenéis ninguna gana de andar leyendo mis desvaríos, queréis Pones y fuera xDDDD Sobre él: a ver, lo he escrito bastante a cachos durante todo este tiempo que he tardado en subirlo, algunos días un par de párrafos y otros solo unas líneas, así que quizás anda un poco... descompensado, idk (?) Aunque lo he revisado, os lo digo por si acaso. Es bastante largo también, y, ¡cómo no!, rarungo. Y con rarungo digo que estos dos son más bipolares que una puta brújula. No sé si queda muy bien reflejado los motivos por los que lo son, así que si tenéis alguna duda o creéis que los estoy haciendo demasiado radicales, decídmelo y trataré de mejorarlo, en serio, no quiero que quede todo confuso a lo galimatias :) Yyyyyyy no sé qué más, que me doy prisita porque tengo que preparar una presentación para mañana y lol. ¡Espero que os guste y que la espera haya merecido la pena!

PD: no me odiéis por el final, pliz, que yo soy buenina *inserte sonrisa inocente*


-CAPÍTULO 11: AND YOU CAN'T FIGHT THE TEARS THAT AIN'T COMING OR THE MOMENTS OF TRUTH IN YOUR LIES-

Danny

Esa mañana, me levanto de bastante buen humor, cosa harto extraña. No rumio (demasiado) cuando el despertador suena a la hora infernalmente temprana a la que está programado, e incluso silbo una cancioncilla de un anuncio de televisión mientras me visto. Harry se sorprende al verme entrar en la cocina con tan extraordinaria jovialidad, y me pregunta el motivo de tal excepcional estado de ánimo. Un encogimiento de hombros es lo único que recibe, aunque por mi cabeza pasan múltiples respuestas: que he dormido de un tirón, que ayer pasé unas horas de la tarde tomando algo con Ryan y realmente las disfruté, que Jimmy sale de la cárcel en solo dos días, que hace un sol casi radiante y el par de nubes oscuras están muy lejos aún, que hubo Luna llena, que las estrellas se han alineado (no)… Ni siquiera el hecho de seguir sin ninguna pista más sobre el paradero de Ian logra hacerme perder el entusiasmo. Por supuesto, no me quejo, al contrario, aunque sea insólito y no tenga un motivo sólido, se siente bien sentirse bien.

Una pena que no vaya a durar demasiado…

Aparte del buen humor, el inicio de la mañana se desarrolla con la normalidad de todos los días. Salgo de casa un poco pillado de tiempo, como siempre, y tengo que echar una carrerilla hasta la parada de bus para no perderlo. Acaba bastante lleno, como es habitual, de somnolientos pasajeros que al igual que yo se dirigen a sus puestos de trabajo, mezclados con algún que otro desafortunado estudiante cuyo lugar de estudio le queda lejos de casa, y también con unos pocos que se dirigen a ella después de una noche de juerga. Una variopinta amalgama, sí, señor.

Apoyo la frente en el enorme cristal de la ventana, pues he tenido suerte y he podido pillar asiento evitando así tener que pasarme el trayecto de pie dando tumbos y descoyuntándome el hombro. Londres pasa con pasmosa lentitud debido al tráfico matutino y a los semáforos, y aunque no fuera así, igualmente se podría apreciar de forma clara como el cristal el cambio radical que experimentan las calles de la ciudad mientras el vehículo avanza perezoso en su camino. Ha partido de una de las zona cercanas a la marginalidad, donde los edificios son viejos y achaparrados, de paredes sucias por la intemperie y solo adornadas por los innumerables y coloridos graffitis con mensajes obscenos. Las calles, estrechas, llenas de entradas a angostos callejones donde más de uno ha perdido más de lo que podía permitirse, y donde los más primarios de los vicios son cubiertos. Prostitutas, camellos, borrachos… aunque ya no haya bandas callejeras con actividad relevante, la variedad de personajes y figuras sigue siendo prácticamente la misma, igual que sigue estando presente la peligrosidad de caminar por la noche por la calle.

No ocurre lo mismo unas cuantas manzanas más adelante. Reconozco que el cambio tiene algo de progresivo, pero sigue existiendo un abismo insalvable, como si Londres fuera un microcosmos que contiene dos mundos radicalmente opuestos, paralelos, unidos por un puente. Las calles empiezan a ser más anchas, los edificios, más nuevos y altos. Las aceras se ven más limpias y cuidadas, los escaparates de los comercios están de una sola pieza y no hay ni rastro de pintarrajeos en ninguna pared o persiana metálica. La gente, el tipo de gente, más bien, también cambia sustancialmente. Ya no hay jóvenes encorvados con ojos rojos y desquiciados, con temblores en las manos debido al mono de heroína; no hay tambaleantes mujeres en sus altísimos tacones y en sus cortísimas faldas, no se ve rastro de desesperación, de miseria, de la ley de la jungla donde solo el más fuerte sobrevive. No. Todas esas cosas han ido siendo sustituidas hasta que lo que predominan son los bolsos de Louis Vuitton, los lagartos en los polos, y las letras torcidas de un 'RayBan' en los cristales de las gafas de sol que muchos llevan aunque no haya la claridad suficiente como para necesitarlas. Desde luego, no es una zona rica, pero sí que es pudiente. ¿Cómo? ¿Cómo puede el mundo cambiar tanto solo en cuestión de unos kilómetros?

Mis extraños y filosóficos pensamientos se ven cortados por una vibración corta pero repetitiva en el bolsillo delantero de mi vaquero, señal inequívoca de que me acaba de llegar un mensaje.

Despegando los ojos de la ventana, extraigo el cacharrito, que ya se ha quedado mudo, y desbloqueo la pantalla para encontrarme con el iconito de que tengo dos mensajes de texto. ¿Dos?

-Oh.-se me escapa al comprobar que el primero de ellos es de hoy por la mañana. Ha debido llegarme cuando estaba medio corriendo para pillar el bus y no me he dado ni cuenta. Un nuevo 'oh' resbala de mis labios cuando veo que el emisor de dicho mensaje desapercibido es Ryan.

''Buenos días, mi hermosa florecilla :P Ok, la rima ha quedado muy cutre, pero podrás burlarte de mí en persona si quedas un rato conmigo esta tarde. ¿Qué me dices? ;) ''

Sonrío antes de que pueda si quiera darme cuenta de lo que hago, y parpadeo un par de veces antes de escribir la respuesta.

''Te lo perdono porque me ha hecho mucha gracia :P Salgo a las cuatro, ¿quedamos a y media en algún lado?''

Lo envió, aunque sé que Ryan no me va a responder hasta más tarde porque él ya debe de haber entrado a trabajar y no suele tener el móvil con él. Pero bueno, no pasa nada, de aquí a las cuatro hay mucho tiempo para decidir nuestro lugar de encuentro… ¿Qué? ¿Acaso no puedo flirtear?

Voy hacia atrás para abrir el otro mensaje, del que supongo de propaganda pues el número sale oculto. Pero no es propaganda. Oh, vaya que si no lo es….

''Juguemos a un juego, estrellita, se llama 'una vida a cambio de otra'. PD: creo que tu mamá tiene algo que darte.''

La tensión que adquiere cada uno de mis músculos es apreciable, y el señor mayor del asiento de enfrente me mira desconfiado. A la mierda buen humor.

Paseo mis ojos, veloces, de nuevo por la pantalla del móvil, antes de bloquearlo de golpe y guardarlo bruscamente. Noto que me tiemblan las manos y me obligo a controlarme, removiéndome en el asiento un poco y apoyando mi puño fuertemente cerrado bajo la barbilla, el otro sobre mi regazo, los ojos fijos aunque desenfocados hacia el exterior. Una bocanada lenta pero profunda penetra en mis pulmones, mi cerebro bloqueándose en el 'una vida a cambio de otra' y en el 'tu mamá tiene algo que darte' que acaba de leer. Ni si quiera me molesto en preguntarme una sola vez cómo cojones ha conseguido Ian mi número de móvil (¿acaso no consiguió el de Dougie, y mi dirección?), ni tampoco (demasiado) qué demonios tiene él con mi madre, sino que mis neuronas comienzan a trabajar en el hecho de que el juego ha comenzado. Y no tiene pinta de ser muy divertido. ¿Una vida a cambio de otra? ¿A qué se refiere? ¿Y por qué parece tener catastróficas consecuencias para mí, para Doug, para nosotros?

Me frustro, no tanto por la amenaza sino porque veo improbable descubrir el puto paradero del moreno. Y… tengo que volver, ¿verdad? No quiero, pero Ian lo ha puesto sutilmente como condición indispensable para dar el siguiente paso. Tengo que volver al piso donde me críe y enfrentarme a esa mujer que me dio la vida y que, sin embargo, hace más de cinco años de la que no sé absolutamente nada. No he querido saber. Sé que es una forma muy, muy cobarde de actuar, y también rastrera e incluso ruin, pero… era mirarla, es pensar en ella, y sentir tal vacío en el interior que se me corta la respiración. Inconscientemente, mordisqueo un poco mis nudillos al bajar el mentón, nervioso, furioso y por qué no decirlo, algo asustado. Está claro que Ian conoce mis puntos débiles, y también está muy claro que me va a empujar hacia ellos con fuerza, sin dudarlo ni un solo momento y sin darme opción a negarme. Es hacerlo o verle desaparecer de nuevo, perderle de pista, volver a ver cómo se desvanece en la niebla de Londres como el fantasma de la ópera, después de que, por unos segundos, lo tuviera aferrado ligeramente entre los dedos. Desde luego, el cabrón sabe cómo jugar… Pero dudo que sepa que yo también sé hacerlo. Y es que la sed de venganza es uno de los combustibles que arden con más intensidad…

El autobús llega a mi parada y me levanto rápidamente, esquivando gente para acercarme y esperar nerviosamente a que la puerta de salida se abra una vez detenido el vehículo. Cuando es así, prácticamente salto, mis pasos convertidos en apresuradas zancadas que esperan llegar pronto al estudio. No quiero hacerle el feo a Alice de no aparecer a trabajar sin darle ninguna explicación. No es que me importe mucho lo que me vaya a decir o lo ultrajada que se sienta, de hecho, si me niega el día libre tomaré con la misma rotundidad que si me dice que 'sí' la puerta y me largaré con la cabeza bien alta. Pero el 'no' ya lo tengo y no quiero que mi falta injustificada e inexplicada sea punto de origen de más discordias de las que ya hay. Además, quizás así, en mi parada antes de enfrentarme a ese monstruo que ha crecido olvidado en el armario estos cinco años, vea también a Doug y pueda alertarle de que Ian ya ha puesto el balón en nuestro tejado… Aunque, bueno, no sé si es una buena idea, porque estos días lo veo bastante decaído, y tampoco es que me haga mucho caso (no quiero emplear la palabra 'ignorarme' porque es muy fea)… Todo esto de Ian le está afectando bastante, bastante más que a mí. Lo comprendo, claro, no estamos ni por asomo en la misma situación: él está viendo que su mundo, el mundo que ha creado a partir de pedazos, está siendo amenazado de gravedad, y yo me veo un par de milímetros más cerca de conseguir saciar mi sed de venganza, aunque antes tenga que pasar descalzo por brasas ardiendo. No, desde luego, no es lo mismo…

Me estoy acercando ya, apresurado, al estudio, cuando diviso, cerca de la entrada pero discretamente apartados hacia una esquina, a dos figuras, arrimadas entre sí. Mis pasos pierden algo de vigorosidad, ralentizándose al creer que se están dando cariñitos. Y aunque no quiera, se me arruga un poco la nariz porque sigue sin ser plato de gusto ver a Dougie con su novio. Pero al entrecerrar los ojos, antes de que vaya a apartar la mirada para no contemplar tan desagradable espectáculo, olvidando momentáneamente mi urgencia, me fijo un poco más y percibo que la pareja no está sumida en una tanda de arrumacos, sino que parecen estar discutiendo. Oh, ¿discutiendo?

Ralentizo mis pasos aún más, las manos en los bolsillos, y un perverso y para nada cívico cosquilleo de cruel satisfacción cuya existencia negaré ante cualquier ser vivo que me pregunte se instala en el fondo de mis estómago, mi mente bloqueada en la estampa.

Veo cómo Dougie agita las manos, gesto imitado por el otro rubio (Jeremy era su nombre, ¿no?) que además comienza a apuntarle con un dedo insistentemente. ¿De qué estarán hablando?

La morbosa curiosidad que caracteriza a la especie humana me hace avanzar unos cuantos metros más rápidamente, con la cabeza baja para que no me reconozcan en el supuesto de que mirasen hacia este lado de la calle y me meto veloz en el portal contiguo al del estudio. Desde mi rastrero escondrijo, puedo captar parte de la conversación que se desarrolla a unos pasos si agudizo el oído, pues hablan en quedos siseos.

-…estás en casa. Perdón si eso me hace sospechar.-murmura con tono reprochador Míster Perfecto, a lo que Dougie suelta un sonido indignado.

-¿Así que esa es la confianza que depositas en mí? ¿De verdad? Aunque, gracias, gracias por hacerme saber que piensas que soy una puta.-escupe Dougie, y me atrevo a asomarme un poquito por la esquina del portal para ver cómo el rubio trata de darse la vuelta, pero el otro le detiene agarrándole del brazo, con una firmeza que hace que me crispe en el sitio.

-Yo no… dicho eso… sabes...- murmura Jeremy, tan bajito que pierdo parte de la frase, aunque no es muy difícil completarla.

Veo cómo Dougie entrecierra los ojos, zafándose del agarre y apartándose el flequillo de los ojos con un golpe de muñeca.

-Oh, no, claro. Solo has dejado caer la posibilidad de que te esté poniendo los cuernos. ¿Por quién me tomas?-wow, wow, wow. Vaya cómo está el patio. ¿Qué demonios pasa con la parejita feliz y la familia perfecta?

-¡Solo estaba haciendo una suposición! ¿Pero cómo quieres que no me preocupe? Últimamente estás rarísimo, y no me das una sola pista de lo que te pasa…- Jeremy pone expresión consternada.-Yo solo… -Doug no le deja acabar la frase y vuelve a darse la vuelta, dispuesto a entrar en el estudio. Y, esta vez, lo que le detiene no es la mano de Jeremy sobre su brazo, sino la mordacidad de sus palabras.-No nos hagas esto, Dougie. No se lo hagas a Jakie…

Me sorprendo de la vertiginosa velocidad a la que el rubio se gira, uno de sus afilados dedos clavado en el pecho de su novio en lo que dura un parpadeo.

-No metas a Jakie en esto, ¿me oyes? Ni se te ocurra utilizarlo contra mí.-le amenaza Doug en voz tan alta que incluso los de la otra acera le han debido de oír. Pero parece que le da igual, que solo tiene ojos para fijarlos en los ambarinos de Jeremy, en una mirada tan fría y cortante como el acero y que hasta a mí, desde mi alejada posición, me hace estremecer.- Ni se te pase por la cabeza, ni un solo segundo, ¿me entiendes?

Jeremy suelta un bufido frustrado, bajando las manos, dándose por vencido. Da un paso hacia atrás, alejándose del dedo de Dougie, el rostro deformado en una expresión a medio camino entre la ira y la tristeza.

-Mira, no sé qué es lo que demonios te pasa. Pero la estás jodiendo, Doug, la estás empezando a joder pero que mucho. Después de todo lo que he hecho por ti, no merezco que me trates así.-una sombra culpable cruza las delicadas y atormentadas facciones del aludido, sus ojos mudando de expresión y siendo incapaces, a pesar del esfuerzo, de recuperar la frialdad y dureza de antes.-Y no voy a permitir que lo hagas, eso te lo aseguro…

Las palabras son interpretadas en mi cerebro como una sutil (o no tanto) amenaza, y aunque no es para nada asunto mío, aunque tengo prisa por hablar con Alice, aunque la bestia de mi pecho se revuelve inquieta y exige presteza en acudir al piso donde puede que encuentre algo más que me ayude a insertarle una bala en el cerebro a Ian, no voy a dejar que un pijo con aires de belleza amenace a mi Dougie, por mucho que nuestra relación haya acabado.

Así, salgo de mi escondrijo y disimulo, acercándome a ellos en un par de segundos.

-Hey.-saludo, una sonrisa amigable en mis labios, tan artificial que resulta ofensiva. Ambos rubios se vuelven hacia mí, sorprendidos en su trifulca, uno molesto con mi intervención con tintes inocentes y el otro un poco en shock.-Buenos días. ¿Qué tal?

Míster Perfecto tarda un poco en reaccionar, imitando mi sonrisa, aunque en su cara no queda tan afilada. Si es que el que no sabe, no sabe…

-Buenos días.-contesta con sequedad, obviando mi pregunta.

-Danny.-Dougie ladea la cabeza, escondiendo sus ojos de mí tras el flequillo, una mueca molesta en sus finos y, sí, aún, sensuales labios.

-Vaya, cómo están los ánimos. ¿Interrumpo algo?-pregunto inocentemente de nuevo, clavando los ojos en los dorados de Jem, a ver si su microcerebro de gilipollas pilla la indirecta de que le he escuchado amenazar a Dougie, no solo una, sino dos veces.

Un tenso silencio sigue a mis palabras, y nuestras miradas se retan, en silencio pero a gritos, por algo sutil que va mucho más allá del simple momento.

-Bueno, tengo que abrir el estudio ya, así que…-interrumpe Dougie, carraspeando en un intento de disipar las malas vibraciones que fluctúan entre la línea recta que une nuestros ojos.

-Sí, claro.-Jeremy aparta los ojos de mí y los vuelve hacia su novio.-Si ves que te apetece y tal, luego te pasas por casa; Jakie y yo no vamos a ir a ningún sitio… de momento. -hala, toma hachazo gratuito. Dougie pone cara de póker, parpadeando solo una vez, aguantando la pulla todo lo estoicamente que sus habilidades de actor le permiten.-Encantado de volver a verte, Danny.-se vuelve hacia mí, y ahora sí que su sonrisa es afilada, tanto que me descoloca un poco y tardo dos segundos de más en responder.

-Igual, George.-contesto, satisfecho con la ligera mueca que deforma los labios del rubio.

-Jeremy.

-Eso, perdón.-sonrisa inocente nivel estratosférico, toma ya.

El tipo achina un poco los ojos, y finalmente, porque, macho, no acababa de arrancar, se gira y se aleja con un último movimiento de cabeza.

-¿Se puede saber qué haces?-me sisea Dougie tan pronto su novio dobla la esquina, ahora sí estableciendo contacto visual.

Levanto las palmas de las manos en actitud tranquilizadora y defensiva a la vez, un poco ofendido por el hecho de que ni me haya dado las gracias (aunque me suena eso de algo… ejem).

-Eh, eh, no lo pagues conmigo, que yo no tengo la culpa de que el novio que te has echado sea gilipollas.-suelto, quizás sin pensar demasiado, quizás, y solo quizás, con un poco de rencor en la voz.

Dougie se limita a poner los ojos en blanco, haciendo un gesto con la mano.

-Jeremy no es gilipollas.-murmura entre dientes. ¿Por qué no me suena tan convencido como debería?

-Oh, sí que lo es.-Danny, Danny, te estás metiendo en algo que no debes, ¿sabes? Pasaste página hace solo tres días, ¿o ya lo has olvidado?... Sep, creo que lo he olvidado… Vale, no, pero yo solo le estoy diciendo esto como amigo, no como nada más, ¿de acuerdo?- Mucho. Te ha amenazado.

-No le insultes sin saber, por favor.-aprieta los labios, y mis ojos caen hacia ellos momentáneamente, una vocecilla aguda pero por suerte bastante acallada por los 'lalala, que no te escucho, cartucho' de mi otra voz racional, pensando en que cuando el rubio se indigna y hace eso con los morritos sigue siendo jodidamente sexy.- ¿Y estabas escuchando a hurtadillas nuestra conversación?-achina los ojos, clavándolos en los míos, obligándome a enfrentarme con el plateado de su iris.

-Aún no puedo imaginarme qué es lo que ves en él.-hola, sí, acabo de ignorar su pregunta pero muy descaradamente.- No pegas con alguien así ni con cola. ¿Cómo has acabado con un tipo como él, eh, Dougie?

-Quizás porque fue el único que se dignó a intentar arreglarme después de que el amor de mi vida me rompiera en pedazos.-hala. Me quedo clavado en el sitio, congelado, mientras él se da la vuelta rápidamente y, de dos pasos, se mete en el portal del estudio, poniéndose a intentar abrir la puerta. No lo consigue, y el trocito de metal termina cayendo al suelo, produciendo un seco tintineo, debido al incontrolable y salvaje temblor que se ha adueñado de las finas manos que lo sujetaban.

Veo cómo Dougie se queda quieto unos segundos, mirando a la llave (o eso creo por la posición de su cabeza), antes de subir esas temblorosas manos y frotarse la cara, inclinándose hacia delante hasta que su frente toca el cristal de la puerta.

Y en mi cabeza lo único que es capaz de reproducirse es ese 'amor de mi vida me rompiera en pedazos', seguidos de una sonatina cansina de 'idiota, idiota, idiota, idiota'. Y lo cierto es que escuecen sus palabras, ahí, en este corazón que se ha puesto a latir cual caballo desbocado, pero también noto una chispita cálida aflorar. Y es que ha dicho que le rompí en pedazos, y eso duele; pero también se ha referido a mí como el amor de su vida, y eso, eso es lo que hace que una pequeña llamita de esperanza se prenda en mi… No, basta. Puede que haya sido el amor de su vida. Pero ya no lo soy. Ni lo seré. Como ha dejado bien claro, le rompí en pedacitos y eso es algo que ya no se puede arreglar. Además, no sería justo para él que, con lo hecho polvo que está, yo intentara... ¿qué?, ¿ganármelo de nuevo? ¿Hacer que se vuelva a enamorar de mí? ¿Hacer que me elija a mí por encima de su familia? No suena mal, y quizás pudiera conseguirlo, pero no, eso no es jugar limpio, está más que claro que su corazón no aguantará más envites. Además… ahora está Ryan también, ¿no? Le he dado ciertas esperanzas, le he enviado ciertas señales (la razón bastante más rastrera de lo que jamás admitiré) que ahora no puedo fingir de humo. Es un buen tipo y no me haría ninguna gracia que pensase que estoy jugando con él y con sus sentimientos... o que le estoy... no, no le estoy utilizando.

Así pues, trago el nudo que las palabras acusadoras de Dougie han formado en lo alto de mi garganta, y me acerco unos pasitos, hasta que quedo cerca de él. Vacilante, porque realmente temo que me pegue un puñetazo con solo rozarlo (todos sabemos que no sería la primera vez, ¿verdad…?), extiendo los dedos y los poso con cuidado sobre su hombro. Espero unos segundos, y al constatar que no trata de hacerme sangrar por la nariz o de arrancarme los dientes, afianzo un poco el agarre y llevo mi otra mano a su otro brazo.

-¿Estás bien?-pregunto en voz bajita, dándole la preocupación justa, aunque sea otra la que siento, a mi voz para que no haya malinterpretaciones.-Lo siento, ¿vale? Por esto y por… lo siento, Doug…

Niega suavemente con la cabeza, y por un momento creo que se echa hacia atrás como si buscase el refugio de mis brazos, como si quisiese que su espalda hiciese contacto con mi pecho y así poder abrazarle. Pero solo me lo imagino, porque en realidad se mueve hacia delante, huyendo firme pero amablemente de mis manos, y se agacha a recoger las llaves, obligándome a retroceder un poco.

-¿Sabes lo que es buscar y buscar y buscar un puñetero botón de pausa y no encontrarlo? ¿Sabes lo que es sentirte tan a disgusto, tan incómodo y preso, confuso, dentro de tu propia piel, de tu propio cuerpo que a cada momento tienes más y más urgencia de arañarte, de abrir las capas y capas de carne para ver si así puedes huir? ¿Sabes lo que es no querer ser tú, de no saber quién eres realmente, tener la cabeza hecha tan lío que hasta dudas de si levantarte ese día de la cama es buena idea o es un nuevo y doloroso error como ha sido el día anterior, y el anterior y el anterior?-su voz suena estable, la misma que pondría si me preguntase si sé por dónde sale el sol y por dónde se pone. Pero si le observas con atención como yo estoy haciendo, verás la tensión de sus estrechos hombros, la crispación de sus manos, la respiración algo arrítmica que mueve su pecho y de rebote sacude su espalda, señales inequívocas de que ese puñado de preguntas no son simples preguntas.

Muevo las muñecas en movimientos circulares a ambos lados de mi cadera, donde reposan nerviosas, fijando mis ojos en la coronilla rubia de Dougie, queriendo hacer algo más de lo que realmente puedo.

-Sí, claro que lo sé.-contesto con un deje triste. ¿Cómo no? Ha definido perfectamente lo que me rondaba a mí por la cabeza en estos últimos años. Resulta curioso, me doy cuenta ahora. El hecho de que hace solo unas semanas yo tuviera esa mentalidad y ahora sea él el que no pueda sacársela del cráneo. Y resulta más curioso aún que yo sea ahora el que ha encontrado cierta estabilidad, porque sí, es innegable que he mejorado, he mejorado mucho (por Dios, si debe de hacer seis días que no pruebo el alcohol), mientras que el rubio la va perdiendo cuesta abajo y sin frenos. ¿Cómo puede ser que la vida de tales vuelcos? ¿Cómo puede ser que en periodos de tiempo tan cortos todo cambie tanto y lo que era negro ahora sea blanco, y lo que era blanco, ahora negro? ¿Dónde está la lógica en todo esto?

-Pues entonces ahí tienes la respuesta a tu pregunta.-murmura, volviendo a intentar meter la llave en la cerradura y, esta vez sí, consiguiéndolo.

Pero antes de que pueda entrar, lo detengo, igual que Jeremy lo detuvo, aunque cerrando mis dedos en torno a su brazo con más suavidad.

-Pues entonces escápate, Doug.-mis palabras, que imitan a las suyas, hacen que ahora sea él el que se quede muy quieto, antes de girar el torso y lentamente conectar sus ojos plateados con los míos. Me veo reflejado en la platina superficie, y no puedo más que pensar en lo bonitos que son, enmarcados en esas largas pestañas con color a jengibre… oh, vaya, creo que esos orbes metálicos siguen atontándome demasiado…-Sé cómo te sientes. Sabes que lo sé.-tuerzo la boca en un mohín triste que se puede parecer a una sonrisa ladeada, algo incómodo porque no sé muy bien porqué he salido con estas… Bueno, sí que lo sé, pero temo, en mi discurso, sobrepasar la línea roja que me he autoimpuesto, línea que en el fondo muy fondo de mi alma, ahí donde la página aún no se ha pasado porque el libro no es libro sino un collage de instantáneas, ahí donde no existe Ryan ni Jeremy ni Jakie ni estúpidos errores del pasado, sigo anhelando, necesitando traspasar.-Y, creéme, la solución no es quedarse encerrado en el bucle, dando vueltas y más vueltas. Así solo consigues hundirte más y más en el torbellino. Pero hay luz, ¿sabes? Arriba, siempre hay luz. Muchas veces la ves como una tortura, como algo impuesto que te recuerda tortuosamente una y otra vez lo que no puedes alcanzar, mientras te vas ahogando más y más. Pero sí que puedes alcanzarla, ¿sabes? Solo tienes que salir de la corriente.-un espasmo más sacude la comisura izquierda de mi boca, haciendo que se alce mínimamente. Los ojos de Dougie, aún fijos en los míos, relucen y me hacen estremecer por dentro.-Yo salí viniendo aquí. Rompí con la rutina autodestructiva y, contra todo pronóstico, esto-señalo con la barbilla hacia el estudio, por encima del hombro del rubio.-me ha despejado la mente y me ha hecho sacar, aunque solo sean los brazos del bucle. Haz tú lo mismo. Rompe con la rutina. Supongo que si tienes las llaves y tienes que abrir es porque Alice va a retrasarse o no va a venir. Aprovecha el momento. Rompe las reglas y trata de salir, Doug, porque te aseguro que sino la cosa irá a peor, la luz se hará más pequeñita y cada vez entrará más agua en tus pulmones.

Dougie se me queda mirando, y no sé descifrar lo que me cuentan sus ojos, están escritos en un galimatías confuso de garabatos variados que no puedo separar unos de otros. ¿Eso es enfado? ¿Es tristeza? ¿Tal vez esperanza? ¿Culpabilidad? ¿Orgullo herido? ¿Compasión? ¿Comprensión? ¿…Amor? No lo sé…

-Y qué sugieres que haga para romper las reglas, ¿eh, Dan?-pregunta en voz bajita, casi sin fuerza.- ¿Dejar por un día el estudio y ya está? ¿No ir a trabajar? Y luego, ¿qué? ¿En serio crees que eso ayudará?

Sin soltarle aún el brazo, mentalmente sitúo mi pie derecho justo en el borde de la línea roja, guardando el equilibrio para no terminar cayendo hacia el otro lado.

-Ven conmigo.-las cejas de Doug se alzan velozmente, solo para volver a bajar y juntarse en su delicado entrecejo. Me apresuro a seguir hablando, antes de que haya malinterpretaciones… o interpretaciones demasiado cercanas a la realidad.-Quiero decir…Verás… yo… tengo que ir a casa. A… a casa.- el énfasis que pongo en la palabra 'casa' hace que Dougie intuya a qué 'casa' me refiero realmente, sus ojillos abriéndose unos milímetros más en una sorpresa que trata de disimular.-Ian me ha mandado un mensaje esta mañana y me ha dicho que mi madre tiene algo que decirme.-ahora sí, la sorpresa es patente en su rostro entero, mezclándose también con unas pinceladas de miedo ante la mención del moreno.-Ven conmigo. Yo… no he vuelto desde que… desde aquella y la verdad…Tengo… tengo miedo de lo que pueda encontrarme o… o de cómo reaccione o… Tengo miedo de ir solo, así que… te lo pido como un favor, Doug. Ven conmigo… Escápate conmigo…

Dougie

Que Danny Jones me esté suplicando que vaya, no, que me escape, con él, con esos ojitos tan azules y redondos destilando necesidad y anhelo, con esa gran mano en torno a mi brazo, delicada pero certera, cálida, minutos después de haber discutido hasta el borde de las lágrimas (que por supuesto no dejé ver) con Jeremy, tan solo días después de haber admitido para mí mismo que seguía enamorado de este hombre lleno de pecas, es algo a lo que creo que no puedo enfrentarme, y a lo que creo que tampoco es justo que me esté enfrentando.

El día ha comenzado bastante, ¿cómo decirlo?, ¿estrepitosamente mal? Parecía que no, cuando me levanté con un beso de Jem en la frente y un 'buenos días' que me hizo sonreír un poquito, pero todo se empezó a torcer cuando perdí ligeramente los estribos al estar dándole de comer a Jakie. No fue mucho, solo alcé un poco la voz, pero rompió a llorar y… No hay nada que me haga sentir peor que hacer llorar a Jakie. Para colmo, iba tarde porque la tarde anterior Alice me había pedido que fuera yo a abrir el estudio porque (efectivamente como muy bien ha deducido Danny) a ella le habían cambiado la consulta con el médico e iba a faltar gran parte de la mañana. Así, Jem se ofreció a traerme en coche para ahorrar tiempo, mientras Steve, el portero del bloque de edificios, vigilaba a Jake los minutos que tardase en volver. En el coche, dejó caer un comentario sobre lo raro que estaba últimamente, y empezó a preguntarme sobre los participantes a los que había ido a visitar hacía tres días, un tonillo de voz que no me gustaba nada y que hacía crecer en mí una ligera sospecha de por dónde iban los tiros. Sospecha que se confirmó cuando, acompañándome hasta la puerta, dejó caer la pregunta de si estaba viendo a alguien. Mi actitud había sido algo defensiva a lo largo de la conversación, pero a partir de ahí construí una auténtica emparedada que solo hizo que empeorar las cosas hasta que acabamos sumidos en una auténtica discusión de susurros y masculleos en una esquinita de la calle. Lo que más me dolió no fue que creyese que yo era capaz de ponerle los cuernos, como si fuese cualquier fulana, cosa que ya duele bastante porque estoy hasta los cojones de que todo el mundo me tome como tal cuando hace mucho tiempo que dejé de serlo (aunque, bueno, él esa parte de mi vida no la conoce, por supuesto). ¿Qué pasa? ¿Qué lo llevo escrito en la cara o qué? Ya no me abro de piernas por cualquiera o por cualquier cosa. Eso se acabó y no me hace ninguna gracia que me sigan colgando el calificativo, menos alguien a quién quiero, como es el caso de Jem. Pero como he dicho, eso no fue lo que más me dolió, no. La punzada de dolor más grande e intensa vino con la amenaza. ¿Jeremy amenazándome? ¿ Y utilizando a Jakie contra mí?¿De verdad? No lo creía capaz… y eso suscitó algunas dudas en mí, sobre si lo conocía todo lo bien que creía. A fin de cuentas, yo le había mentido sobre el setenta por ciento de mi vida, ¿quién me dice a mí que él no ha podido hacer lo mismo, que no hay partes oscuras de él que aún no conozco, que no ha dejado ver aún?

La mano de Danny sigue en mi bíceps y sus ojos siguen en los míos, empapándome de un cosquilleo agradable y desagradable a partes iguales. Escaparme con él… Sé que se refiere a escapar solo hoy del trabajo para resolver lo de Ian y lo del bucle del que hablaba, pero... ¿por qué a una parte de mi cabeza, el significado literal de la proposición le parece tan sumamente atractiva? ¿Cómo de fácil sería coger su mano, montar en un autobús y desaparecer con él? Volver a estar solos los dos, y nadie más. Volver a los desayunos que tenían más de comida que de desayuno al ser las dos de la tarde y habernos levantado tarde tras estar toda la mañana en la cama; volver a hacer que cocinábamos juntos cuando en realidad solo nos picábamos para embadurnarnos como adolescentes y acabar comiéndonos a besos; volver a hacer de nuestras extremidades un nudo muy fuerte al revolcarnos por el suelo haciéndonos cosquillas; volver a los abrazos, a los besos de varios minutos, a las caricias que despertaban el corazón, a las sonrisas ladeadas y a las miradas cómplices. Volver a todas esas pequeñas cosas que en realidad son tonterías, chiquilladas, pero tonterías y chiquilladas que con esa determinada persona son los actos más especiales y solemnes de la faz de la Tierra. Suena bien, ¿verdad? Demasiado bien…

-Danny, tengo que abrir el estudio, ¿sí?-le digo con voz amable, ignorando deliberadamente la decepción que se adueña de sus pupilas.

Me suelta, y me siento suspirar interiormente al perder el contacto con su piel. Giro sobre los talones, empujando la puerta y, ahora sí, entrando en el estudio. La recepción está sumida en las penumbras al estar la mayoría de las puertas cerradas, y mis ojos tardan un rato en acostumbrarse a tal estado. Una vez lo han hecho, camino hacia los interruptores cercanos a la mesa de Angie, para dar las luces que a estas horas aún son necesarias y dar a entender así que el estudio está, aunque casi una hora tarde, abierto para cualquier cliente. Satisfecho, asiento y me doy la vuelta, solo para chocarme de bruces con Danny, que está a menos de un palmo de mí.

Se sobresalta él más que yo, pero soy yo el que al pegar un saltito asustado me golpeo con la pared, mi espalda colisionando con ella. Como si me fuera a caer, Danny echa mano a mi jersey, hundiendo los dedos en la tela, sus nudillos contra mi abdomen.

-¿Se puede saber qué…?-no termino la frase, porque lo cierto es que hemos quedado bastante cerca, más de lo que creo que hemos estado en todo este tiempo tras el reencuentro (sin contar el abrazo de la galería). ¿Por qué cojones estamos tan cerca? Así no hay quién piense con claridad...

Se pone colorado, y veo como espectador de primera fila cómo sus pequitas desaparecen al camuflarse con el rojo que se adueña de su rostro.

-Creí que… Alice siempre…-tampoco termina la frase, aunque sé, más o menos, lo que me quiere decir. Alice siempre le dice las cosas que tiene que hacer cuando llega por la mañana, y muchas veces lo tiene, literalmente, de perrito faldero de aquí para allá, siguiéndola de cerca con una pila de cosas entre los brazos, por lo general. Como no está ella, supongo que la tarea de darle tarea, valga la redundancia, hoy me corresponde a mí, así que lo tengo de lapa hasta que reciba órdenes de lo contrario. Aunque ahora, ¿quién es el listo que le dice que se aparte? Por lo visto, parece que yo no, porque en cuanto de elaborar una frase coherente, el resultado es estrepitoso.

-Ah, yo no… quizás… en su despacho… Mmm…-frunzo el ceño al no ser capaz de encontrar las palabras, mis neuronas ahogadas y arrastradas en la marea de los ojos de Danny, de tan cerca que están de los míos.

-Ah… mm… -tampoco es que él se lo curre mucho, más concentrado en destensar el nudo de su puño y convertirlo en una delicada calidez que pasa a colonizar la zona donde la palma de su mano se posa. Calidez que va subiendo a la par que esa mano, lentamente, hasta llegar a mi rostro, donde se mueve para apartar los alocados mechones de mi flequillo, con tanto cariño que se me olvida hasta respirar.

¿Os ha pasado alguna vez esto de que se os funde la mente en blanco? ¿Qué de repente os olvidáis de quién sois, de qué estabais haciendo antes del cortocircuito y qué es lo que ibais a hacer? ¿Cómo si de pronto os sumierais en una especie de limbo donde el mundo inmediatamente exterior a vosotros desapareciese y solo quedara eso que estáis haciendo en ese preciso instante?

La mano de Danny baja y me acaricia la mejilla, con dulzura, su pulgar recorriendo primero mi pómulo y luego la porción más carnosa, bajando después hasta que sus dedos se funden con la línea de mi mandíbula, en un delicado agarre, y yo solo puedo que suspirar y seguir con los ojos clavados en los suyos, hablando sin hablar en este, nuestro particular limbo privado donde las reglas, las dudas, los arrepentimientos, los reproches, los errores, los 'esto no está bien' se han ido al cuerno y solo quedan las ganas inmensas que tenemos de besarnos y el resquemor de ese amor que, contra viento y marea, sigue ahí, en el fondo de nuestros corazones, moviéndonos a seguir teniendo ganas del otro aunque ya no debamos, y que hace que nuestros rostros se aproximen aún más, su narizota rozándose amorosamente con la mía, más chiquitita, ambas estableciendo una animada conversación sobre cuánto se han echado de menos.

Hace unos momentos he reiterado que yo no soy de los que ponen los cuernos a su pareja a la primera de cambio. Me he quejado por la acusación que mi legítimo novio y padre de mi hijo ha hecho sobre mí y mi fidelidad. Y hace unos momentos también Danny me ha instado a romper las reglas. Me ha suplicado que me escape con él.

Así que entreabro los labios ligeramente, aspirando por el hueco creado la escasa película de aire que queda entre ellos y los desproporcionados de Danny, convirtiéndolos de esta manera en unos labios que piden a gritos que los besen. Y Danny los oye, escucha los gritos y acude en su ayuda y auxilio, acercando los suyos, esos que parecen ser los únicos de acallar a las voces. Porque en nuestro limbo hablamos el mismo idioma del silencio, de pequeños gestos que pueden acallar al resto de palabras, y en nuestro limbo sí que puedo cumplir mi secreto deseo de huir con él, no hay nada que me lo impida porque, de nuevo, volvemos a ser solo él y yo y nadie más.

-¡Me cago en la leche!, ¿habéis visto las nubes que se acercan por allí? Esta tarde va a caer una buena, os lo digo yo… ¿Qué…?-la voz dispersa el limbo como quién da vastos manotazos para que se vaya el humo o una mosca cojonera. Como consecuencia, mis manos se propulsan al pecho de Danny, apartándolo de mí de un contundente empujón, aunque él ya hubiera hecho amago de apartarse con rapidez de mi lado (aunque no estaba a mi lado, sino casi sobre mí, su cuerpo cerquísima del mío).

Al quitárseme el cuerpo de Danny de delante, al separarse de mi propio cuerpo el calor que irradiaba y que me atontaba, veo a la figura de Angie recortada a unos pasos de la puerta, detenida al inicio del camino hacia el mostrador.

-A-Angie, ¿qué… qué demonios haces aquí?-barboteo, manteniendo mis ojos fijos en ella (así que imaginaos la vergüenza que me da mirar a Danny si prefiero mantener el contacto visual con mi amiga).

-Alice me llamó para que viniera un poco antes a echaros una mano para abrir el estudio, ya que ella no iba a venir.-contesta monótonamente, su mirada viajando desde mí hasta Danny y de nuevo a mí. No sé qué interpretar en su oscuro rostro. Sorpresa desde luego hay, pero también aprecio trazas de incomprensión, de vergüenza, de incomodidad e incluso algo de ofensa. Nos quedamos unos segundos en silencio, segundos que se hacen bastante violentos, rotos solo cuando Angie alza la mano y nos señala con el dedo índice, sus ojos entrecerrándose.-Pero parece que no necesitabais mucha ayuda… Y creo que, por solo el hecho de haber madrugado veinte minutos más, me merezco una explicación.


Bueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeno, tomates no, que están muy caros (? Espero que os haya gustado, en serio, a mí no es que me parezca estupendásticamente fantabuloso, pero bueno... Eso, que muchas gracias por vuestros reviews, y comentarios, y ánimos y todo, todo, todo, que me alegran la life :3 ¡Hasta... bueno, hasta cuando sea xDDD

Love always :D