Advertencia: Lenguaje vulgar.


Sus ojos zafiro se posaron en cada arbusto que componía aquel extraño lugar, había un aura misteriosa que se sentía en el aire, una especie de espiritualidad que la incomodaba en cierto aspecto. Bulma tragó saliva y volteó hacia Piccolo que aun montado en el caballo observaba el lugar.

— ¿Qué estamos haciendo aquí? — Preguntó la pelinegra igual de incómoda.

— Es cierto— Concordó Goku— este desvío solo nos atrasará ¡Queda muy poco para llegar a la Llanura del cielo! — Exclamó alzando su voz— luego pasaremos las Montañas del dragón de hielo, y llegaríamos al Reino de los Elfos— todos miraban a los líderes de la compañía, Vegeta guardó silencio, él no entendía muy bien porque se habían detenido en aquél bosque enfermo, menos que estuvieran de pie frente a un laberinto de arbustos. — si mis cálculos no me fallan, en tres semanas estaríamos allí— Piccolo contempló el laberinto y volteó hacia el grupo que lo observaba expectante, incluso el príncipe saiyajin.

— ¿Piccolo? — Preguntó Bulma dirigiendo el caballo hacia el príncipe namek— ¿Qué ocurre?

— Bajen de los animales— Musitó serio— hay que entrar al laberinto.

— ¿Qué? — Exclamó la pelinegra— ¡Eso es una locura! ¿Por qué debemos ir? ¡Goku ya dijo lo cerca que estamos de—

— Debemos buscar algo— Interrumpió el namek— es algo muy importante, si no lo sacamos ahora… será demasiado tarde— Dende contempló a su hermano y luego al grupo, podía oír ya las quejas de los demás, él los entendía, su hermano mayor no era muy claro para decir las cosas.

— ¿Qué te hace pensar que te obedeceremos? — Habló por primera vez el saiya de melena flameada— primero nos desvías del camino principal del boscaje y ahora estamos aquí, sin ninguna explicación ¿Qué tienes que decir pepino?

— Hay un tesoro que debemos encontrar— Gruñó el namek mirándolo desafiante.

— Piccolo… aún queda bastante dinero, la hemos pasado en el bosque y colinas… no hemos gastado demasiado— Murmuró la peliturquesa intentando calmar la situación y la disputa entre ambos príncipes.

— No es oro— Respondió— bien… iré solo si no quieren entrar— el namek dejó las riendas de su animal y sin esfuerzo alguno se bajó del caballo.

— Iré contigo— Dijo la princesa sin pensarlo mucho, lo que quería era que el grupo no se dividiera por algo así, al menos en cuanto a convivencia. A ella no le molestaba en lo más mínimo ingresar allí. Al contrario… ese aire de espiritualidad y llamados del bosque la atraían. Sentía que el laberinto la quería dentro. El ruido de las hojas y el misterio de saber qué había en su interior la carcomía…

Vegeta frunció el ceño al mirar a la chiquilla bajar de su yegua, hace un par de meses se habría cuestionado profundamente la intención de ella al querer acompañar al pepino, pero ahora que sabía que la raza verde no tenían intenciones sexuales con ninguna especie, ni con ellos mismos, estaba en calma en ese aspecto. Pero no dejaba de incomodarle esa confianza y complicidad que demostraban. Sin pensarlo mucho se bajó de Nocturno, echando chispas y rechinando sus dientes, sin mirar a nadie para que no cuestionaran su actuar.

— Cuiden los caballos— Dijo Piccolo conteniendo la sonrisa de triunfo, se había salido con la suya, debía hacer que la princesa y el príncipe se adentraran en el laberinto, el resto no importaba.

Bulma le dio una última mirada a su amiga que la observaba preocupada, le sonrió y siguió al namek sosteniendo con fuerza su arco y flechas que cargaba en su espalda. Volteó hacia el saiyajin que se había sumado sin decir una palabra, no sabía si se debía a su orgullo, esa necesidad ridícula de estar compitiendo constantemente con Piccolo, o a los "celos". Quizás eran ambos.

Dende, Milk y Goku se quedaron afuera del laberinto junto a los animales mientras veían desaparecer a los tres en el interior de aquél laberinto.

Las pisadas hacían crujir hojas secas y ramas, a pesar de que estaban rodeados por paredes naturales de ramas y hojas se podía sentir una brisa ruidosa, más sonora que intensa. Como si el viento les hablara. Bulma se estremeció ligeramente al entrar, observó a cada lado para ver diferentes direcciones. Tragó saliva con disimulo, creyó que sería buena idea acompañar a Piccolo, que su curiosidad se calmaría una vez que se adentrara en el laberinto, pero no. Su ansiedad crecía, y un miedo a lo desconocido la paralizaba, sentía sus latidos fuertes en su pecho y sus manos temblorosas. Volteó hacia el príncipe namek que observaba en todas las direcciones sin perturbación en su rostro.

Vegeta miró perplejo el lugar, había algo que no le gustaba, pero no sabía qué. Quizás la sensación de estar frente a un lugar desconocido y que no tenía la más mínima información al respecto lo perturbaba, a él le gustaba el control sobre todo y todos, y un detalle que no acatara sus reglas lo molestaba. Era como lo que le ocurría con Piccolo, él sabía que el namek tenía información adicional que estaba omitiendo, sobre la misión y sobre qué pasaría a futuro, y eso le molestaba, saber que había alguien consciente de todo y él estar en la ignorancia lo ponía de mal humor.

— Debemos separarnos— Habló por fin el namek, humana y saiyan lo miraron con el ceño fruncido, y Piccolo no necesitaba ser un genio para saber qué pasaba por la cabeza de la pareja— así abarcaremos mayor espacio.

— Uhm— Dijo no muy convencida la peliturquesa— ¿Cómo lo haremos para no perdernos? Deberíamos soltar migajas o algo así ¿O no?

— No— Contestó el namek antes que Vegeta pudiera decir que era una buena idea, el saiya guardó silencio sin parecer alterado y oyó atento la respuesta— ya habrán notado que este lugar no es normal— susurró mirando para todos lados— tiene vida propia…

— ¿Qué? — Dijeron ambos a la vez, se miraron al mismo tiempo y desviaron la mirada, no era primera vez que eso sucedía, pero esta vez había una complicidad "secreta" que les impedía sentirse mal por ello.

— Lo que oyeron, es un laberinto diferente…— Asintió pensativo buscando las palabras adecuadas— no importa por donde entren o salgan… las paredes se mueven y cambian de posición constantemente.

— ¿Cómo saldremos entonces? — Preguntó la princesa escondiendo el miedo.

— Para mí y Vegeta es fácil… volamos y ya— Se encogió de hombros— no te preocupes, me aseguraré de buscarte— afirmó el namek sonriéndole con seguridad que la calmó. El príncipe saiyajin miró la escena con repulsión y se dio la vuelta para tomar cualquier camino, el que fuera que lo alejara de esa escena molesta— ¡Hey, Vegeta! — el príncipe detuvo su paso pero no se volteó, tanto humana como namek notaron el cambio en este, y que esta vez sí estaba molesto en serio— antes que te vayas, debo decir algo importante.

— ¿Lo que debemos buscar? — Preguntó la peliturquesa.

— Se darán cuenta en cuanto lo vean— Murmuró sin darle atención al asunto— deben tener cuidado con las mandrágoras que sobresalen en algunas áreas, si las pisa grita—

— ¿¡Mandrágoras?! — Exclamó sorprendida haciendo que su voz sonara más agudo de lo que debiera— ¿Es en serio?

— Si, tengan cuidado, pueden romper sus tímpanos si las pisan accidentalmente— Vegeta volteó el rostro ligeramente para observarlos— no se acerquen a las murallas de arbustos, tienen una flor escondida entre las ramas que libera una espora que los hará alucinar.

— Dios…— Susurró sorprendida— mandrágoras…leí de ellas en un libro ¡Realmente existen!

— Claro que existen— Dijo el namek con el ceño fruncido— hay muchas criaturas mágicas que son reales, pero ustedes los humanos han vivido tanto tiempo en sus propios asuntos y sus ideas de evolucionar que se han vuelto ciegos—Bulma miró perpleja al príncipe verde, no pudo negar ni defender a su especie… él tenía toda la razón— bien… toma— la peliturquesa miró como el namek buscaba entre sus ropas y sacaba un silbato de aspecto extraño— cuando estés en peligro, o hayas encontrado lo que buscamos, hazlo sonar.

— Pero ¿Qué es lo que buscamos? — Preguntó recibiéndolo.

— Lo sabrás apenas lo veas— Bulma miró al príncipe verde caminar hacia el centro del laberinto, tragó en seco y miró hacia el otro lado donde el príncipe saiyajin la observaba.

— ¿Deberíamos ir jun— Su voz se apagó cuando el pelinegro la miró de pies a cabeza con sus ojos negros y fríos y siguió de largo, dejándola sola.

¿Qué diablos pasaba con él? En los últimos días y semanas se llevaban "bien", habían estado entrenando con regularidad y haciendo otras cosas también. No habían discutido recientemente, por el contrario, podría afirmar que se estaban llevando mejor que nunca ¿Entonces? Frunció el ceño molesta, odiaba que fuera tan reservado en algunos aspectos ¿Tan difícil le era decir lo que sentía? Porque no tenía problemas para decir lo que pensaba, a menudo se quejaba e insultaba a todo el mundo ¿Qué ocurría ahora?

Dando fuertes pisadas siguió el camino que tomó el pelinegro, sus labios estaban fruncidos en una mueca de molestia y sus ojos zafiro brillaban más que nunca a pesar de la poca luz que se filtraba entre las hojas de los árboles. Dio vuelta en la última esquina de aquel laberinto pero quedó de piedra al toparse con un pasaje sin salida ¿Dónde diablos se había ido Vegeta?

Su corazón latió con fuerza, pronto sudó frío y sus manos temblaban tanto que tuvo que guardar el silbato entre sus ropas para que este no cayera. Tragó nuevamente en seco y volteó hacia atrás, "las paredes se mueven y cambian de posición constantemente" la voz de Piccolo resonó en su mente, y a pesar de entender lo que estaba ocurriendo no pudo evitar sentir temor.

Se devolvió por el camino que llegó, no tuvo opción. Cuando volvió hacia la entrada del laberinto se encontró con una escena completamente diferente, era como si con cada paso que diera, se abriera un pasadizo nuevo y se cerrara otro detrás.

(…)

No quedaba más opción que esperar… cualquiera de los dos debía encontrar aquello, él no podía ayudarlos, tampoco tocarlo. Solo ellos podrían hallarlo y protegerlo. Él solo podía ser su guía.

Levantó su mirada hacia los pedacitos de cielo que lograba ver entre las hojas de los árboles, ¿Cuánto tardarían? Esperaba que no demasiado, Goku tenía razón, quedaba muy poco para llegar donde los Elfos, pero estaba preocupado, las cosas no estaban siguiendo su ritmo natural…

— ¿Sigues preocupado? — Volteó hacia atrás sorprendido al ver a su hermanito de pie dentro del laberinto a su lado.

— ¿Por qué entraste? — Preguntó con su semblante fruncido.

— Creí que necesitarías compañía— Dijo con timidez— además los otros dos parece que quieren estar a solas…

— Uhm— Asintió el príncipe— nunca entenderé aquello…

— Es extraño que lo digas— Rió el menor— sabes más que nadie lo que pasará y cuestionas aquello…— Piccolo suspiró y se sentó en el suelo, Dende lo imitó y ambos levantaron su mirada hacia el cielo— ¿Sigues… viendo eso?

El namek adulto no respondió, y el menor supo que no necesitaba la confirmación de sus palabras, con ver sus ojos negros confundidos era una respuesta más que reveladora, el silencio los envolvió en los minutos después, ambos sabían que lo que pasara, debía pasar sí o sí, solo de ellos dependía poder cambiar el resultado.

(…)

Mientras más se internaba en aquel lugar, más frío hacía. Las hojas y las ramas se habían vuelto más oscuras, ya se había topado con un par de mandrágoras antes que logró divisar a tiempo, caminaba en medio del camino para no tocar ninguna pared y así evitar caer bajo los efectos de alguna alucinación.

Estaba segura que no estaba en una ilusión, había leído de esas flores peligrosas antes, cuando un sujeto se exponía a la Induciurys lo primero que experimentaba era fatiga, mareos y finalmente sueño para de un momento a otro sentirse como si nada hubiera pasado, y aquello se debía exclusivamente a que ya estaba bajo los efectos de la poderosa planta.

Se abrazó a sí misma mirando a su alrededor, era como si ella no eligiera su propio camino, es más, estaba segura que solo estaba adentrándose en caminos que el propio laberinto le permitía. La brisa se hacía pesada y ligera a ratos, su pelo que ahora estaba centímetros más abajo que su oreja se mecían al ritmo del viento gélido, inevitablemente empezó a temblar, la temperatura había bajado considerablemente.

— Maldición… ¿Qué rayos debemos encontrar? — Preguntó fastidiada, un susurro se oyó detrás haciéndola voltear rápidamente— ¿Qué…?— su corazón bombeó fuerte, algo le decía que no estaba sola— ¿Vegeta…?— preguntó esperanzada, los minutos pasaron y nadie respondió— ¿Piccolo? — su pecho subía y bajaba, su cuerpo temblaba y no sabía si se debía al frío o al miedo ¿Por qué temer? Si algo peligroso rondara en el laberinto Piccolo se los hubiera dicho ¿No?

Más murmullos. Se estremeció. La descarga le recorrió el espinazo y su respiración se aceleró, miraba hacia atrás a ratos asegurándose que nadie la siguiera, los susurros se hacían constantes y más fuertes, poco a poco apresuró el paso, sin siquiera darse cuenta empezó a correr, sus quejidos eran lo único que se oía, sus pisadas rompían ramitas al pasar, su arco y estuche de flechas se mecía de lado a lado junto a su trote, y aunque no oía nada más que ella en aquél lugar, su intuición le decía lo contrario.

Corrió y corrió y las paredes naturales se movían abriéndole el paso, podía notar como los tonos de verde gradualmente se iluminaban, creyó que era bueno. Estuvo tan concentrada en su escape que no vio el ser pequeñito que sobresalía entre las raíces, su bota pisó una pequeña parte de él y antes que siquiera lo notara, la mandrágora comenzó a chillar. El grito la hizo detenerse, soltó el arco y la flecha al bajar y subir sus brazos rápidamente para cubrir sus oídos, el pitido que se grabó en sus tímpanos la paralizó, sus ojos entrecerrados escanearon el suelo buscando el origen del grito, cerca de la orilla de una pared de hojas vio el bulto de color tierra gritando y moviendo sus extremidades escandalosamente.

— No…— Susurró con lágrimas en los ojos— no puede terminar así…— aplicó más presión en sus manos contra sus orejas, sus piernas perdieron fuerza y sin siquiera notarlo cayó de rodillas al suelo.

— Niña traviesa— Oyó a lo lejos y el llanto cesó. Parpadeó confundida al mismo tiempo que un par de lágrimas caían por sus mejillas, abrió los ojos lentamente y vio a la mandrágora sollozando en silencio. Asombrada descubrió sus oídos y contempló la escena— son muy quejonas, mi princesa— dijo una voz carrasposa, volteó bruscamente hacia el otro extremo y sus ojos se abrieron como plato.

Del otro lado de donde se ubicaba la llorona raíz, había nada menos que un fauno. Su rostro era ovalado y con algunas arrugas en la comisura de sus labios que le sonreían burlonamente hacia la chica, sus ojos eran negros sin pupila, tenía orejas, piernas, cola y cachos de un macho cabra, su dorso y sus brazos parecían de un hombre, tenía pelo en la mayoría de su cuerpo, su cabello era largo y parecía descuidado con ramas y hojas enredadas en su melena, tenía una barba puntiaguda, sus orejas se movían a ratos según los sonidos que captaban; Bulma miró asustada como el fauno caminaba hacia ella, miró las pezuñas de sus patas pero se distrajo al verlo mover sus manos, tenía unos dedos largos y extraños que movía nerviosamente.

— ¡No te acerques! — Exclamó después de recuperar el aliento, la criatura detuvo su paso y la miró fingiendo asombro posando una mano en su pecho peludo y la otra en su cadera.

— ¿Tenéis miedo de mí, princesa? — Bulma frunció el ceño al recién notar como la llamaba— no temáis… os ruego que no temáis— pidió con sus manos juntas en una súplica fingida— la pequeña traviesa no llorará más…— la peliturquesa frunció el ceño y volteó hacia la mandrágora que ahora dormía plácidamente.

— ¿Quién eres tú? — Preguntó aun en el suelo mirándolo con desconfianza.

— ¿Yo? — Preguntó dejando sus manos nuevamente en su pecho peludo— un humilde siervo de la paz— la princesa frunció el ceño al verlo reverenciarla— por consiguiente, de usted, princesa—el fauno volvió a intentar acercarse, Bulma no confiaba en él, había algo en su timbre de voz y movimientos que la inquietaban.

— ¿Tú me seguías? — Preguntó poniéndose de pie, la criatura sin dejar de señalarse a sí mismo negó meciendo la cabeza en un movimiento infantil— ¿Cómo sabes quién soy?

— Todos los servidores del bien sabemos quién es usted, mi princesa— la peliturquesa lo observaba hacia arriba por la altura, la criatura era más alta que Piccolo— me temo, que los servidores del mal también lo saben…— murmuró lamentándose.

— ¿Servidores del mal? — Preguntó sorprendida— ¿Tú sabes contra quien nos enfrentamos?

— Por supuesto— Asintió— pero su nombre no debe ser pronunciado, mi princesa— susurró mirando hacia todos lados inclinándose hacia delante para quedar a la altura de la peliturquesa— más importante es guiarla hacia el centro del laberinto— dijo extasiado aguantando la risa.

Bulma miró al fauno con desconfianza, buscó son su mirada su arco y flechas, si se movía rápido podría alcanzarlas antes que la criatura lo notara, miró a la criatura y luego su arco.

— Anda… recógelo— Asintió el fauno sorprendiéndola— muy bien haces en desconfiar— rió burlón— jamás confíes en nadie, mi princesa… ni siquiera en él.

— ¿Él? — Murmuró confundida.

— ¡Hay que apresurarse! — Exclamó el fauno alzando sus manos y moviendo sus orejas ignorando su pregunta— no querrás quedarte a oscuras en el laberinto, alteza…

La princesa observó al ser darse la vuelta y menear su colita de cabra, sus patas se movían sin dificultad, recogió su arco y flecha y se encogió de hombros, no perdía nada en seguirlo, buscó su silbato y lo sostuvo en su mano libre, era mejor ser precavida.

Oyó durante todo el camino a la criatura tararear, no quiso preguntarle nada. Sentía que cada palabra que salía de la boca de aquel misterioso fauno la confundía, como si la criatura quisiera hacer más daño que bien. A medida que avanzaban notó como las paredes naturales no volvían a cerrar su paso detrás de ellos, poco a poco el lugar se volvía cálido, fue la única señal que le hizo relajarse, ese ambiente tétrico y frío ya no se sentía.

Llegaron a lo que parecía ser el centro del laberinto, Bulma miró sorprendida el suelo de piedras con diseños extraños, con miedo de pisar alguna trampa, caminó de puntillas intentando descifrar las señas talladas en la piedra. Era un lenguaje antiguo, de eso podía estar segura, cada relieve y surco la confundían, pero le atraían. Sus labios estaban abiertos de asombro y solo podía observar el lugar, daba brincos entre grietas y grietas ajena al escrutinio de la criatura que la miraba sonriendo.

En el centro de la piedra grabada había un esculpido extraño, ya no había letras, sino que dibujos. Hubiera deseado volar para poder apreciarlas desde las alturas… observó fijamente en un rincón como dos grupos de diferentes criaturas extrañas caían desde el cielo, sus ojos divagaban por la piedra memorizando cada surco. Por otro lado, había un grupo de lo que lo que parecían hombres pequeños salir desde el suelo, en otra esquina, desde los árboles se desprendían unos seres largos en comparación al resto. Bulma miraba asombrada cada tallado, en el último rincón, había unos seres que surgían de lo que parecía agua. Pero estos seres eran pintados de un color diferente. Dio unos pasos hacia el lado intentando ver en su totalidad el tallado, en otra escena, lo que parecía ser la continuación, había un ser que se alzaba en el cielo, la peliturquesa frunció el ceño al notar como el dibujo del ser estaba fuertemente remarcado por las orillas, en lo que parecía su cabeza había un círculo azul, y en su pecho uno rojo. Siguió avanzando, era la misma escena pero esta vez había dos sujetos en el cielo. Uno conservaba los colores anteriores, el otro era negro.

Un espasmo la sacudió, la brisa removió sus mechones y la hizo levantar la mirada, el fauno la observaba fijamente con una sonrisa ridícula en sus labios, tragó saliva y volvió a centrarse en el dibujo, ¿Por qué había dos seres en el cielo tan diferentes? Sus ojos se posaron en el suelo de la siguiente escena, y abrió los ojos sorprendida al ver como los anteriores grupos de seres peleaban entre ellos, los esculpidos dejaban ver claramente como las figuras anteriores se masacraban las unas a las otras. Eso ya lo había visto… se le hacía familiar pero ¿De dónde? Sus ojos zafiro contemplaron la escena una y otra vez.

— ¿Te gusta el tallado, mi princesa? — Preguntó el fauno, Bulma levantó la mirada hacia él y esta vez no había sonrisa en sus facciones— ¿Te gusta lo que ves?

—… Esto no es un tallado normal…— Murmuró con temor, el cambio repentino del animal la perturbó— ¿Esto… esto es… la historia de los reinos?

— ¿Reinos? — Repitió la criatura— no había Reinos en aquel entonces, mi princesa…— vio como el ser caminaba lentamente rodeándola, a ella y el círculo de piedra— su sangre aun no era concebida ni bendecida por Dios—Bulma agachó la mirada y siguió dando pasos hacia delante, había una serie de escenas más que continuaron, pero fue una sola la que llamó su atención.

Siguió de largo evitando las escenas futuras, directo al penúltimo tallado. Nuevamente había un ser en el cielo, pero este era diferente, parecía un héroe. Estaba en medio de todo, cada ser en el suelo lo proclamaba con reverencias o alzando la espada, el ser que se elevaba alzaba una espada también, era un guerrero. Bulma se perdió en su forma, sobre todo en las dos piedritas azules brillantes que servían de ojos para el tallado. Una extraña energía la envolvió, era calor ¿Era eso, algo bueno? Paz… ese guerrero traía paz.

— ¿Quién es él? — Susurró para sí misma.

— Es el salvador— Bulma levantó la mirada hacia el fauno abruptamente, el movimiento la hizo marearse, sus pies se tambalearon de un lado a otro y casi cae al suelo si no hubiera sido por la criatura que no tardó en ir a su rescate, la sujetó con delicadeza y afirmó su arco a su hombro que se deslizaba por la caída— creo que es mejor que se vaya, mi princesa.

— Debo encontrar una cosa…— Murmuró la peliturquesa— ¿Sabes qué es?

— Claro, Os lo he guardado por toda una eternidad— Bulma volteó hacia el rostro de la criatura con asombro, vio de cerca sus ojos negros y contuvo el aliento. Eran como dos pozos oscuros llenos de algo, algo que no sabía si era bueno o malo. No se podían comparar a los ojos negros más hermosos que ella conocía. — haces bien en temerme, princesa.

— ¿Quién… eres? — Preguntó temiendo por su respuesta, sintió los dedos de la criatura enterrarse en su cadera, un quejido suave salió de sus labios rosa, el fauno sonrió exhibiendo sus dientes oscuros manchados con tierra.

— Ya se lo dije, mi princesa— Respondió llevándola hasta el otro lado del claro con el suelo de piedra.

— ¿Sirves… al bien, o al mal? — Susurró cuando la dejó con suavidad en la hierba, el fauno detuvo sus movimientos, volteó hacia ella y se acercó lentamente, Bulma miró a la criatura fingiendo calma y demostrando valor que no sentía en ese momento. La mano de la criatura se levantó a su altura, con su dedo índice puntiagudo tocó su nariz suavemente.

— Esa, mi princesa— Sonrió— es una muy buena pregunta— Bulma abrió los ojos sorprendida hasta los huesos, la criatura se alejó de ella meneando su colita y se acercó al centro del suelo de piedra, la peliturquesa observó fijamente como la criatura se inclinaba y palpaba el suelo apedreado, inconscientemente se aseguró de tener el silbato en su mano, volvió a mirar al fauno y lo vio sacar una lápida del centro, una mota de polvo se levantó al desprender la piedra, la criatura dejó con cuidado la lápida a un lado y movió sus manos de lado a lado intentando disipar el polvillo. Lo vio buscar algo en lo que parecía el subsuelo, no tardó demasiado y sacó una caja rectangular larga llena de tierra húmeda. El fauno sonrió y volvió a caminar hacia ella, Bulma contempló la caja que parecía de metal, no podía saberlo al estar sucia con la tierra, sus ojos zafiro se sintieron profundamente atraídos por aquel objeto. Antes de darse cuenta estaba de pie y caminando para encontrarse con la criatura y el objeto en sus manos— tenga…

Bulma miró la caja de cerca a solo unos centímetros de distancia con la criatura mágica, levantó la mirada hacia el rostro del fauno y este la contemplaba serio, movida por la curiosidad y la necesidad de saber qué era, sus manos recibieron la caja larga y plana.

— ¿Tiene seguro? — Preguntó dejándola en el suelo al mismo tiempo que se sentaba para poder estudiarla.

— Solo unos cuantos pueden abrirla— Dijo él sin dejar de mirarla— usted podrá, mi princesa. — Bulma levantó la mirada hacia la criatura una vez más y volvió a concentrarse en la caja metálica, pasó su mano con suavidad sobre la superficie sacudiendo los rastros de tierra. Estudio la cajita y comprobó que muchos ornamentos no tenía, al contrario, era más bien simple. Sus dedos se deslizaron con cuidado sobre los bordes, casi acariciándolos, cuando lo notó, su corazón latía rápidamente, la adrenalina la invadía y sus manos temblaban de pura ansiedad ¿Qué pasaba con ella? su boca se secó, tragaba el vacío intentando calmarse pero no resultaba.

— Ábralo— Dijo el fauno— será más cómodo que llevarse la caja…— la peliturquesa frunció el ceño y sin pensarlo más posó la yemas de sus dedos sobre la apertura y empujó. Más polvillo se desprendió y no fue nada difícil lograr abrir la caja. Sus ojos zafiro buscaron con rapidez el contenido y no tardaron en encontrarlo.

Una espada. Su pulso se detuvo. Su boca se abrió y ni siquiera notó cuando sus ojos derramaron lágrimas de la nada. Sus manos temblorosas tomaron la vaina de cuero negra, era pesada… ¿Acero? ¿Qué tipo de metal tenía aquella enorme espada para pesar tanto?, sus ojos se fijaron en la empuñadura y la guarda que tenían un hermoso color dorado, en la empuñadura había una serie de grabados plateados, acercó sus ojos al objeto en cuestión a la vez que la levantaba acercándola a sí misma, su boca se cerró al tragar saliva cuando notó el mismo tipo de escritura que en las piedras, sus zafiros chispeantes se fijaron en el pomo donde había una piedra azul muy hermosa. Era una espada bellísima, al menos la empuñadura… curiosa sujetó la empuñadura y desvainó la espada, tuvo que usar ambas manos para sostener la funda de cuero y la espada a la vez. Sus ojos se abrieron con asombro al ver el filo de la espada, el metal usado era negro, negro como los ojos del príncipe. La combinación de colores la cautivó por completo, se vio a sí misma en el reflejo del filo, se sorprendió con lo que vio.

Su rostro redondo pálido estaba sucio, su cabello desordenado, sus labios parecían secos y sus ojos estaban más vivos que nunca a pesar de las lágrimas derramadas. Lucía como una… guerrera. Su cuerpo se sacudió entero por la revelación. Su respiración se aceleró y sus ojos vagaron por su alrededor intentando calmarse… volteó hacia el piso de piedra y recordó la imagen del guerrero de la paz "El salvador" la voz del fauno resonó en su cabeza, levantó la mirada hacia la criatura y chilló.

— ¡¿El salvador, soy yo?! ¿El guerrero de la paz, soy yo? — Y aunque la criatura no la oyó ella no dejó de gritar, cuando entró en razón se vio sola en aquel lugar, el fauno no estaba en ningún lado. Su pecho aplanado subió y bajó con brusquedad, sus ojos buscaron por todo el sitio pero no había rastros del burlesco fauno— ¡¿FAUNO?! — gritó desesperada.

Se puso de pie y giró en su posición, estaba sola, ella y la espada. Volvió a mirar su reflejo en el filo, un gemido ahogado se escapó de sus labios, de pronto miles de sensaciones la embargaban, sentía tristeza y no sabía porque, pero su pecho se comprimía y dolía, estaba confundida, más que nunca ¿Por qué todo se le presentaba tan difícil de entender? ¡¿Por qué el maldito fauno no era claro?!

¿Qué se supone que debía hacer… ahora?

Sollozó sola en aquel laberinto, mordía su labio inferior para callar su llanto, sentía sus mejillas ardientes, las lágrimas caían sin cesar por las curvas de su rostro hasta su cuello humedeciendo su ropa.

— ¿Trunks? — Oyó detrás de ella, su corazón pegó un brinco al oír la voz del saiyajin, secó sus lágrimas con la manga de su ropa y volteó hacia él con una sonrisa intentando disimular su reciente llanto— ¿Es… lo que debíamos encontrar? — Bulma parpadeó confundida al notar como el príncipe ni siquiera se fijaba en su rostro enrojecido por su debilidad, el saiyajin tenía ojos solo para la espada que sostenía en su mano derecha. La peliturquesa de pronto se sintió molesta, pero no porque él no le prestara atención a ella en sí, sino que porque miraba mucho el arma preciosa, una sed de posesión se apoderó de ella, sintió la necesidad de ocultar aquel tesoro de esos ojos negros.

El saiyajin observó fijamente el arma, sus ojos se sentían hipnotizados por el filo negro, dio unos pasos firmes hacia la espada, un susurro se oyó de repente ¿Era la espada? Había oído cuando niño de algunas espadas mágicas que podían comunicarse con su verdadero dueño ¿Él era el dueño de aquel hermosa arma? Su corazón latió con fuerza, de pronto sintió la necesidad de querer tomarla y probarla, de practicar con ella, de matar con ella… pero todo eso se vio interrumpido cuando el muchacho le dio la espalda y guardó la espada en su vaina. Frunció el ceño molesto y caminó hasta él.

— Déjame ver la espada— Gruñó llegando a su lado.

— No— Respondió firme el peliturquesa volteando hacia él, Vegeta abrió los ojos con sorpresa, pero la sorpresa pasó a segundo plano cuando una ola de rabia lo cegó.

— ¿No? — Repitió rechinando los dientes— no estoy jugando mocoso, déjame verla— Bulma no había visto antes al pelinegro más molesto que ahora, sus ojos parecían fríos y despiadados, pero no se asustó, al contrario, los deseos de enfrentarse a él la movieron y con la única idea de "defender" aquel hermosa arma de cualquiera, incluso del hombre que amaba.

— Yo tampoco estoy jugan— Su voz se vio interrumpida cuando la mano del saiyajin de un solo tirón le arrebató el arma. Abrió sus ojos como plato, todavía podía sentir la empuñadura en sus manos, la textura del mango se marcó y deslizó bruscamente por su palma y lo sentía latiente en su mano vacía, como un fantasma— ¡Devuélvela! — chilló al pelinegro que le dio la espalda.

Vegeta desenvainó una parte de la espada y se miró en el reflejo del metal negro, ese acero era único. Sus ojos negros miraron cada centímetro de la espada convenciéndose de que aquella era un tesoro invaluable, nunca fue amante de las armas, no las necesitaba, pero debía aprender a luchar de todas las formas habidas por haber. Pero aquella espada… aquella espada era para él. El murmullo se hizo más fuerte, la espada le hablaba… ¿Qué estaría diciéndole? Acercó su rostro a su reflejo como si con eso pudiera oír con claridad, pero el empujón que le dio la joven lo interrumpió.

— ¡Dámela! — Exigió la peliturquesa, Vegeta frunció el ceño y guardó la espada en su funda, sin pensarlo mucho la ató a su cinturón junto a su espada de herencia familiar— ¿Por qué te la guardas? ¡No es tuya!

— Ahora sí— Dijo serio— ¿Algún problema con eso? —observó perpleja el rostro serio del príncipe, sus mejillas se incendiaron de pura rabia y sin pensarlo le dio un empujón en el pecho sorprendiéndolo— ¿Qué…? ¿Piensas pelear conmigo? — preguntó burlón.

— Vete al diablo… ¡Devuélvemela, es mía! — Vegeta frunció el ceño, en ese momento ninguno recordó los sentimientos que tenían por el otro. Lo único que cada uno tenía en mente era aquella espada, sin siquiera pensarlo se pusieron en posición de combate. No pasó ni un segundo y se lanzaron el uno sobre el otro.

(…)

Piccolo y Dende miraban el cielo en silencio, el príncipe namek suspiró profundamente llamando la atención del menor, ambos miraron hacia el mismo lado cuando las paredes de hojas se dividieron, Dende se puso de pie abruptamente al ver al hombre mitad cabra caminar hacia ellos con una sonrisa burlona.

— ¿Qué… es? — Farfulló asombrado.

— El protector de la espada del elegido— Respondió con calma el namek adulto a la vez que se ponía de pie— que estés aquí significa que ¿Uno de ellos ya la encontró? — preguntó con el ceño fruncido.

— Supones bien, Clarividente— Piccolo estrechó sus ojos al oírlo, no le gustaba aquel fauno, bien sabía que no tenía intenciones malas, tampoco buenas. Era uno de esos sujetos neutrales que solo querían ver el resultado de la historia. Él solo quería relacionarse con aliados, sujetos neutrales no le servían.

— Bien… salgamos de aquí, Dende— Dijo suspirando, el fauno rió cantarinamente, ambos namek sintieron un escalofrío recorrer sus cuerpos pero el mayor lo disimuló muy bien.

— No pueden irse aún— Murmuró el fauno— si no los vas a buscar, alguno puede salir muy mal herido…— susurró aguantando la risa poniendo sus dedos largos en sus labios resecos. Piccolo abrió los ojos sorprendido unos segundos para el siguiente fruncir su semblante y exhibir sus colmillos molesto con aquella criatura traviesa.

— ¡TE FUISTE SABIENDO AQUELLO! — Afirmó el namek en un grito— ¿De qué lado estás? Maldito enfermo— gruñó elevándose dejando al pequeño junto al fauno. Dende tembló ligeramente al ver molesto al príncipe de su especie, volteó hacia la criatura que temblaba de la risa tapándose la boca.

— Siempre es divertido ver molesto a un namek— Rió el fauno— ¿No te parece pequeñito?

— Eh…— Tragó saliva nervioso y buscó con la mirada algo en que concentrarse para no mirar su rostro— deberías seguirlo… temo que alguno saldrá herido de esta…— Dende contempló al fauno asombrado, y sin pensarlo más se elevó en el aire, pero antes de impulsarse se volteó hacia la criatura.

— ¿Usted… de qué lado está? — Preguntó con suavidad, el fauno no pudo reír, tampoco enojarse, su vocecita infantil lo conmovió, su cola se quedó quieta igual que sus orejitas y solo pudo mirar al chiquillo inocente.

— No deseo mal, inocente criatura— Murmuró observándolo con ternura— solo un poco de diversión para este viejo fauno— dijo cerrando los ojos con sus manos apoyadas en su pecho velludo. Dende no supo que responder, tragó saliva y volteó hacia donde se había ido el príncipe namek— Ve… anda, te necesitan—el fauno vio al niño asentir con la cabeza meneando sus antenitas y seguir al príncipe. Cubrió su boca con sus dedos largos y trató de contener su risa.

(…)

Golpe tras golpe, y él no caía. Bulma, completamente enfurecida, le propiciaba patadas, puñetazos, intentaba hacerlo caer, pero él parecía de roble. Le había atinado varios golpes que celebró mentalmente, pero él no parecía ni afectarle, es más, estaba pensando seriamente que sí logró golpearlo fue porque él se lo permitió.

Él no devolvió ningún ataque, solo esquivaba.

La respiración de la peliturquesa estaba agitada, la de él igual. Bulma miró la posición del saiyajin que parecía abierto a cualquier golpe, pero bien sabía que no sería así. Volvió a impulsarse hacia él con rapidez, el saiyajin frunció el ceño al observarlo, si el chiquillo fuera más fuerte sería un verdadero problema como oponente, era veloz, casi o más que él. Frunció el ceño y se lanzó a detener su puñetazo, atajó su puño derecho pero no alcanzó a sostener su mano izquierda que se lanzó hacia la espada que estaba en su cadera. Como contraataque, el saiya de un rápido movimiento, metió su pie izquierdo entre los de la chiquilla rebelde haciéndola tropezar hacia delante, él sin dejar de sostener su puño la recibió en su pecho.

— Ya detén tu intento de lucha— Se mofó el príncipe, la peliturquesa frunció el ceño y trató de liberarse de su agarre— es inútil… no tienes oportunidad contra mí.

— Ya veremos— Susurró al mismo tiempo que pegaba un brinco hacia delante y le pegaba un cabezazo en la sien al saiyajin, Vegeta sorprendido, soltó a la chiquilla, aunque ambos se sintieron mareados por el golpe, ninguno lo demostró. Él rechinó los dientes y ella estrechó los ojos intentando no perder detalle de su siguiente movimiento, pero no bastó con ello para poder detener el empujón del saiyajin.

Cayó de bruces al suelo y antes de poder analizar lo sucedido o pensar en el siguiente movimiento, el príncipe se le subió sobre su cuerpo, la peliturquesa tardó en reaccionar, se quedó debajo del cuerpo del saiyajin, él con las piernas a cada lado dejándola en el centro de su ser, una mano la posó en su pecho inexistente manteniéndola obligada en el suelo y con la otra le agarró el cabello. Bulma frunció el ceño y exhibió sus dientes con rabia al no reaccionar a tiempo, ver el rostro de triunfo de él no le ayudó a calmarse. Vegeta la observaba con diversión, una sonrisa maliciosa se formó en sus labios y se acercó a ella para besarla, tenerla así, expuesta y él en total dominio le recordó lo que había entre ambos. Aunque no le diera en gusto a lo que ella quería, no significaba que olvidara lo que le hacía sentir aquella chiquilla valiente. Pero sus movimientos se detuvieron cuando sintió la punta afilada de una daga en su garganta, alzó ambas cejas comprendiendo su error. Dejar ambas manos descubiertas de la rebelde chica.

— Bájate— Exigió sin dejar de mirarlo con rabia— y quita tus manos de— los labios del príncipe la interrumpieron. Abrió los ojos sorprendida por la velocidad y el acto que no vio venir, el saiyajin la besó aun con la daga en su garganta, como si no le importara que con cualquier movimiento en falso este se enterrara en su piel. Pero verla tan violenta, molesta y sobre todo dispuesta a todo con tal de ganar, lo descontroló en más de un sentido… movió sus labios hambriento sobre los de ella, la chica aun sorprendida no pudo responder hasta después de unos movimientos que él lideró e incitó a que correspondiera.

Bulma dejó la daga caer al suelo, y él celebró mentalmente enredando sus dedos en sus mechones turquesas intensificando la pasión del beso, cargándolo de deseo y algo más… la mano que se posó en el pecho de ella bajó hasta la cintura escondida y la levantó un poco para apegarla a su cuerpo, la peliturquesa aprovechó esa instancia para desamarrar la espada de su cadera.

Cuando la deseada espada cayó al césped, Bulma sonrió en contra de sus labios, rompió el beso haciendo su rostro hacia el lado, él no notó sus intenciones, por el contrario, aprovechó esa instancia y besó su cuello, sus labios encajaron a la perfección en la curva de su cuello de leche, lamió y succionó, se regocijó en su calor y suavidad. Bulma iba a tomar la empuñadura de la espada cuando los labios del saiya asaltaron su piel, gimió desprevenida cerrando sus ojos, un gemido que ambos notaron lo femenino que fue. Él se hizo el desentendido, y ella mordió su labio inferior rogando por no ser cuestionada.

Continuaron una serie de besos y caricias sutiles, movimientos gráciles y jadeos involuntarios. Cuando el príncipe se hartó de besos y caricias, se alejó un poco para poder dar un paso más, pero al hacerlo sintió el peso que faltaba, casi al mismo tiempo, humana y saiyajin voltearon hacia el lado para ver la espada a un lado de ellos. Y como si de una carrera contra el tiempo se tratara, ambos se lanzaron a agarrarla, rompiendo de inmediato con la pequeña tregua de besos y mimos.

— ¡Tramposo! — Exclamó él al entender que la espada no se cayó sola, la princesa ignoró su acusación y se alejó lo suficiente para pillar la espada a tiempo, pero el saiyajin que estaba aún sobre ella tenía mayor alcance y la atrapó segundos antes— ya ríndete— gruñó mientras amarraba nuevamente la espada en su cinturón sin dejar de ver a la obstinada humana.

— ¡Esa espada no es tuya! — Se quejó la peliturquesa alejándolo con sus manos en el pecho duro del príncipe, pero él no se movió ni un centímetro.

— ¿Y tuya sí? — Preguntó él— no te la entregaré, métetelo en tú cabecita chiquillo idiota— gruñó a la vez que sujetaba sus muñecas para impedir que siguiera con sus manotazos— ¡No puedes ganarme! — ladró el príncipe, Bulma detuvo sus movimientos al oírlo ¿Qué no podía ganarle? ¿Realmente era así?... ¿Tendría que rendirse… dejar que él tomara algo que era suyo? "jamás confíes en nadie, mi princesa… ni siquiera en él" el fauno… no hablaba por hablar.

Vegeta observó su rostro confundido, en sus ojos azules se veía reflejada la desesperación ¿Tanto ansiaba aquella espada? ¿Qué le pasaba? ¿Sería acaso… que ella también la oía? Pero era imposible… una espada como aquella no podía tener más de un dueño. Él la oía, ella ¿Ella podría oírla?

—Trunks— Ladró él haciéndola volver a la realidad— ¿Por qué quieres esta espada?

— No lo entenderías— Murmuró desviando la mirada— es algo que va más allá de tu—

— ¿La oyes? — Interrumpió él, Bulma volteó hacia él frunciendo el ceño, mirándolo confundida y extrañada, entonces él obtuvo la respuesta, el dueño era él, la chiquilla no tenía idea de lo que hablaba — uhm… lo siento enano, me pertenece— Bulma iba a discutirle lo contrario, pero el saiya sin soltar sus muñecas volvió a besarla.

La princesa se vio asaltada por los besos demandantes del guerrero, y aunque una parte de ella en el pasado pudo haber muerto de amor por ese detalle, no era así hoy. No en ese momento al menos. Bulma seguía molesta y sobre todo, se sentía humillada ¿Cómo iba a ser el salvador si no podía recuperar su propia espada? Dominada por la rabia, cuando los labios del saiya se movieron con experiencia sobre los suyos, ella aprovechó la instancia y agarró con fuerza su labio inferior con sus dientes. Presa de la adrenalina, no supo cuanta fuerza aplicó y si realmente estaba haciendo lo correcto, solo pensaba en querer alejarse de aquel traidor y ladrón de espadas.

Vegeta abrió los ojos de golpe al sentir los pequeñitos y filosos dientes de la chiquilla, no podía creer lo que acababa de suceder ¿Realmente Trunks lo había mordido? Sorprendido y conteniendo la rabia se alejó lo antes posible, soltó sus muñecas y dejó de aprisionarla para caer sentado al suelo mientras llevaba su mano hasta su labio comprobando la sangre que escurría de este. Anonadado abrió los ojos y miró furioso a la chiquilla que gateaba buscando su arco y flechas. Dentro de la rabia que sentía, también lo embargaba la excitación, no todos los días la chiquilla se ponía así de brava, él era un saiyajin, le gustaba la violencia y las personalidades fuertes, Trunks era de carácter fuerte pero no violento, y aquello lo sorprendió en más de un sentido. Pero lo había herido, y eso no lo perdonaría, nadie osaba hacerlo derramar ni una gota de sangre, y la mocosa no sería la excepción.

La adrenalina corría por sus venas, no tenía que ser un genio para saber que había provocado la furia del saiyajin, casi podía sentir su vida en peligro. Se puso de pie con dificultad para correr el resto del trayecto hacia su arma, pero no logró dar dos pasos cuando fue aprisionada por el saiya por su espalda, sintió el brazo de este rodear su cuello con fuerza pero no lo suficiente para asfixiarla.

— ¿Cómo quieres que te mate, mocoso? — Gruñó el saiya en su oído, la sintió estremecerse y aunque intentara negarlo, le gustó. Le gustaba someterla en cierta medida ¿Por qué? Ni él mismo lo sabía, quizás esa sed de posesión sobre ella o la necesidad de domar a la valiente chiquilla lo superaba y ni él mismo lo notaba.

— No te daré ideas— Respondió con dificultad mientras buscaba la daga entre sus ropas— sé que no eres inteligente pero no te ayudaré esta vez— maldijo por lo bajo cuando no la encontró, recordó haberla lanzado antes para poder sacarle la espada, intentar repetir el acto no funcionaría. Él estaba atento, más que nunca.

— ¿Haciéndose el gracioso? — Susurró— sería tan fácil quebrar tu cuello…— la sintió tensarse en su agarre y sonrió malicioso, liberó su cuello pero no la soltó, en cambio, sujetó su hombro y la volteó hacia él, estrechó sus ojos al notar sus labios rosa manchados con su propia sangre, recordó su herida y sin pensarlo mucho se limpió con el dorso de su mano bajo la atenta mirada oceánica— es interesante lo violento que puedes ser a veces…

— Y tú un ladrón— Lo acusó frunciéndole el ceño, la mano del príncipe que sujetaba su hombro se hundió en su piel, haciéndola quejarse con disimulo.

— No soy un ladrón— Gruñó él— si fueras la mitad del guerrero que soy, sabrías que esta espada no te pertenece ni en sueños— Bulma iba a responder pero su discusión se vio interrumpida cuando Piccolo aterrizó en frente de ellos respirando agitado.

— Suéltalo, Vegeta— Dijo el namek jadeando— ¿No te parece un abuso pelear con un chiquillo?

— Él empezó— Contestó sereno el saiyajin soltando a la princesa de un empujón— ni siquiera lo he golpeado como se merece— gruñó mirándola por el rabillo del ojo, Bulma contuvo la respiración al verlo, recién entraba en cuenta de su comportamiento, al ver al príncipe namek su delirio por la espada pasó a segundo plano, volvió a la realidad. Tragó saliva recordando cada golpe y palabra que le dijo al saiyajin y se avergonzó. Había actuado como una desesperada pero sobre todo, lo que la hacía sentir extraña era lo cegada que se sintió por poseer aquella espada, entonces recordó que no fue una ceguera común y corriente, tenía argumentos para pensarlo así. Las imágenes en el suelo de piedra vinieron a su memoria, pero ¿Aquello era suficiente señal para pensar que ella era el salvador y dueña de la espada?

— ¿Qué diablos pasó? — Preguntó y en ese momento Dende llegó a su lado, el niño miró a la pareja y notó solo la sangre en los labios de la chica disfrazada.

— Vegeta me quitó la espada— Dijo de modo acusador— yo la encontré y—

— Vegeta será quien se haga cargo de la espada— Ambos abrieron los ojos asombrados, el príncipe ya se había preparado para insultar al pepino si este quería quitarle su espada, Bulma en cambio, no podía creer que Piccolo decidiera aquello, ella debía hacerle entender que la espada no era de Vegeta, sino suya.

— ¡Pero no le pertenece! — Se quejó la peliturquesa— Piccolo, deberías saber quién es el dueño de la es—

— Claro que lo sé— Interrumpió, Bulma quedó perpleja al observarlo ¿Entonces… no era suya?... algo en su pecho se quebró, quizás la ilusión, no lo sabía, pero ver la sonrisa burlona del saiyajin no ayudó a su pesar— Vegeta será el guardián de la espada, cuando llegue el momento se la entregará a su verdadero dueño— el saiya frunció el ceño y estrechó sus ojos negros mirando al namek.

— ¿Verdadero dueño? — Preguntó entre dientes el saiyajin, ahora fue Bulma quien sonreía burlona, saber que tampoco le pertenecía a él la alivió— ¿Quién te crees tú para decidir a quién le pertenece?

— Vamos a dejar claro un par de cosas— Gruñó el namek, Dende tragó saliva nervioso al ver el enfrentamiento de miradas, se podía sentir la tensión en el aire— es hora de que empiecen a cumplir su rol en esta misión, yo soy el guía, no por nada soy el Clarividente— Vegeta tuvo que ocultar cualquier expresión de asombro al oírlo, siempre supo que el namek sabía más de lo que aparentaba y más que cualquiera en el grupo, escuchar el motivo lo sorprendió, no solo por el hecho de que confirmaba sus teorías, también porque eso significaba que sus palabras y "consejos" no eran por puro egoísmo o decisión personal, había un motivo de fondo, tenía argumentos sólidos al respecto, frunció el ceño molesto mirando al namek, notó al enano verde y lo observó, entonces una idea pasó por su mente ¿Piccolo lo había ido a buscar porque sabía del ataque a Trunks? Tenía sentido… Bulma agachó la mirada con una mueca, ella sabía que Piccolo tenía visiones, sus palabras no eran vacías. — su rol es llegar a salvo al Reino de los Elfos, esa espada se la deben entregar el príncipe Tapion, Vegeta solo será el guardián.

— ¿A él le pertenece? — Susurró decepcionada.

—… Esto no se volverá a discutir, salgamos de aquí antes que oscurezca— Ninguno dijo nada, Vegeta no esperó a nadie y se elevó en el aire; Bulma de pronto se sintió incómoda, habían peleado al punto de llegar a los golpes (al menos ella lo golpeó) por algo material que incluso no les pertenecía, en ese momento la indignación también fue parte de sus sensaciones, no le parecía justo que ellos hubieran tenido que ir a buscar la valiosa espada, si le pertenecía al príncipe Elfo ¿Por qué no fue él por ella?... ¿Sería él el salvador?

Aquel personaje no salía de su cabeza, cuando Piccolo le habló y la tomó en brazos no iba pensando en otra cosa, Dende tuvo que preguntar dos veces si estaba herida, ella negó en algún momento pero no lo recordaba. El pequeño namek volteó por última vez hacia el laberinto, casi despidiéndose de aquel misterioso lugar que tenía más historia que los propios Reinos; no pudo despedirse del fauno que movía sus dedos largos y le sonreía burlón entre los arbustos, solo pudo tragar en seco y mirar hacia el frente, queriendo olvidar aquella extraña y perturbadora mirada.

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N/A: Pensé en el fauno del laberinto del fauno, de Gillermo del Toro (película que amo) Tuve un problemilla para subir el cap, por lo que si se repite un párrafo o algo, avisen pls.

Lamento la demora y si no es lo que esperaban xD pero esto es necesario para el futuro... ¿Tienen una idea de quién es el Salvador? quisiera saber si las pistas que he dado son muy directas xDDD Es primera vez que lo nombro directamente e,é! las cosas se vienen entretenidas, al menos para mi, a modo spoiler... ya quedan 2 cap para que todos sepan que B es chica xDDD que ansias!

En fin, gracias por leer y comentar :) me animan mucho y la cosa no es tan unilateral xD cualquier cosa me dicen :) nos estamos leyendo

Sorry las palabras revueltas, errores de ortografía y a medio terminar x-x

Se cuidan :)