Capítulo 11

Demon Trouble 5


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Abracé mis propias piernas y cerré los ojos. Tapé mis oídos con mis manos, no quería escuchar nada. ¡Sólo quería que todo terminara rápido! ¡Maldita sea las chicas como ella! ¡Todas deberían desaparecer del mundo!

No se cuantos minutos transcurrieron.

Sentí una mano que me tocaba el brazo y empezaba a sacudirme. Entonces tuve tanto miedo que las lágrimas salieron de mis ojos, aun cuando los mantenía fuertemente cerrados. No quería alzar la cabeza, tenía miedo de encontrarme con el rostro de aquella chica, ¡Sólo quería que todo terminara pronto!

Cuando escuché la voz de Akaito, de alguna forma me tranquilicé, pero mi cuerpo aún seguía temblando de manera irracional. Temía que aquella chica estuviese escondida en algún sitio, esperando el momento indicado para hacer conmigo cosas infernales, como esa mujer.

Las mismas manos que me sacudían, me obligaron a alzar la cabeza. Sin embargo, me reusé a abrir los ojos. No quería hacerlo, estaba seguro que me encontraría con algo que luego me causaría pesadillas, así que me propuse no abrirlos hasta que todo aquel horrible momento finalizara.

Una voz me preguntó que si yo estaba bien. Me lo preguntó una y otra vez.

Maldita sea.

¿En serio me lo preguntaba?

¿Enserio no lo sabía?

Vaya, debía estar muy mal de la cabeza para preguntar algo tan obvio como eso, aun viéndome hiperventilar del terror.

¡Claro que no estaba bien! ¡Yo estaba todo, menos bien!

—Len-kun… ¡Len-kun! —Era la voz de Akaito, el idiota de Akaito.

Claro, era de imaginármelo.

—Len-kun, olvida ya lo que sucedió, no fue nada grave, ¿Bien? Yo soy el que debería estar como tú, pero mírame, estoy calmado.

El lugar quedó en silencio repentinamente tras las palabras de Akaito, eso me motivó a abrir los ojos, me ardían. Mi vista estaba borrosa debido a las lágrimas, no podía ver con exactitud quien estaba a mí alrededor. Lo primero que pasó por mi mente fue la idea de salir huyendo de ese lugar para no regresar jamás. En ese entonces 'huir' no me parecía un pensamiento tan descabellado, por lo que me levanté tan rápido que me mareé y caí nuevamente al suelo.

—¡Len-kun! ¿Estás bien?

Akaito aún tenía la desfachatez de preguntarlo.

Me dieron unas inevitables ganas de vomitar. Siempre me daban ganas de vomitar en ese tipo de situaciones, pero no me gustaba hacerlo. El suelo estaba tan limpio que decidí hacerlo afuera del baño, en el césped. Fue oportuno que los baños estuviesen en el jardín trasero.

—Len-kun, ¿Te sientes mejor? Vamos, cálmate hermano —Alcé lentamente la mirada, encontrándome con Akaito—. Oye, no vayas a desmallarte.

—N-no seas dramático… no me voy a desmayar. —dije, limpiándome la cara.

—Tú eres el dramático, te pones así por una chica. —protestó.

—¡Ya déjame! —Detecté cierto reproche en su voz, al parecer no sabía el significado de la palabra fobia. Me dije a mi mismo que cuando me calmara completamente, debía mostrárselo en un diccionario. Tal vez tampoco lo entienda de ese modo, tal vez debería explicárselo con un dibujo, debía meterle en la cabeza que yo le tenía miedo a las mujeres, ¡y que era normal que un ginefóbico actuara de ese modo tras haber besado a una chica repentinamente!

Al pelirrojo le dio uno de sus ataques repentinos de histeria, me golpeó el rostro de tal manera que caí al suelo violentamente. Sentí que por poco parte el tabique de mi nariz (aunque ya se había partido antes, así que no dolería tanto), es decir, me golpeó con todas sus fuerzas. Agradezco que Kaito llegó en el momento justo para impedir que su desquiciado hermano siguiera golpeándome, de lo contrario, me hubiese masacrado en el césped.

—¡¿Pero qué demonios te sucede?! —exclamó el peli-azul, alejando a su hermano de mí.

—Lo encontré encima de mi novia, besándola. —acusó Akaito, señalándome y casi que matándome con la mirada. No lo entiendo, unos segundos atrás me animaba a tranquilizarme, y ahora quería asesinarme… ¿sufría de efecto retardado?

—Lo más seguro es que haya sido un accidente. Piensa un poco, ¿En serio crees que Len la besó porque quiso? Sólo mira cómo se puso… —Kaito me señaló, yo aún estaba temblando— Eres demasiado impulsivo, Akaito-nii.

—No creo que alguien que deja chicas embarazadas esté en la posición de llamarme 'impulsivo' así que cállate —Espetó el pelirrojo, dándonos la espalda—. No me importa si fue un accidente, golpearlo era algo que debía hacer.

—Está bien, de todas formas me merecía eso. —Intervine para acabar con esa situación de una vez por todas. Cómo dijo Kaito, es obvio que todo fue accidental, pero también fue por mi descuido, después de todo, fui yo el que quebró el colgante del collar de Rin por andar de entretenido mirando flores.

—Puedo darte otro golpe si deseas.

—No gracias. —Añadí deprisa. Su gesto me decía que no había quedado satisfecho con el golpe que me dio.


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—¿Por qué estabas besando a Neru-chan?

Era de esperarse una pregunta semejante, esperaba que Akaito la hiciera, pero el curioso esta vez fue su hermano. Entramos a la casa, y con lentitud, con mucha lentitud, expliqué los detalles. Expliqué de tal manera que a Akaito le quedara claro que yo no tenía ningún interés en su novia, el pelirrojo era muy rencoroso, y mi paciencia era demasiado limitada como para tener que aguantarme su enojo por siempre. Finalmente ambos entendieron la razón del accidente, y yo me recuperé por completo de lo sucedido.

Había olvidado la última vez que los nervios me habían atacado debido al acercamiento de alguna chica. Quizás muchas personas (como Akaito) jamás lo entenderían, pero situaciones como esas me podían dejar secuelas mentales durante meses, podían ponerme tan paranoico que incluso tareas como recoger el periódico requerían un receloso esfuerzo.

—Hm, ¿Tan importante es este collar para Rin-chan? —preguntó Kaito, mirando los restos del colgante.

—Se lo regaló su padre. —Añadí con pesar.

Ambos me miraron horrorizados repentinamente.

—A-aniki, tenemos que encontrar un remplazo para ese collar, y lo antes posible. —Propuso Akaito mirando a su hermano con preocupación. Éste asintió del mismo modo.

—Concuerdo contigo… ¿Pero adonde?

—Ya sé, digámosle a Ritsu-san… su padre es dueño de una joyería.

—Pero queda a seis prefecturas de aquí.

—¡Entonces vámonos en avión!

—Ehh, chicos —intervine. La conversación más o menos iba de que debían ayudarme o de lo contrario Akuma-Rin iba a torturarme, pero por más que lo ocultáramos, toda la verdad se sabría, tarde o temprano—, agradezco su preocupación pero no es necesario hacer todo eso que están diciendo. Le diré la verdad a Rin.

—Len-kun, ¿acaso quieres morir?

Una buena pregunta cortesía de Akaito. Ciertamente quise morir cuando Rin apareció como cosa mágica en medio del salón.

Akaito y Kaito salieron, dejándonos solos. Me sentí aliviado cuando Rin dijo que no era necesario explicar lo sucedido en el baño, la verdad me daba terror recordar aquella desafortunada escena. Neru había tomado la amabilidad de dar las explicaciones vergonzosas, pero en su relato Neru suprimió la peor parte.

—Accidentalmente me tropecé y caí encima del collar. Tenía miedo de que lo vieras roto, así que me escondí en el baño para no encontrarme contigo. Lo lamento.

Rin hizo una mueca de decepción. Tomó los restos del collar y se marchó del salón sin decir una palabra, y yo como el perfecto idiota que soy, no la detuve ni agregué nada. Sólo la dejé marcharse.


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El gesto decepcionado de Rin permaneció en mi memoria lo que restó del día. Más que pesar, sentí algo de lástima por ella, ya que en su momento llegó a pensar que podía tener confianza conmigo, pero supongo que comprendió lo miserable que soy, y lo miserable que estará si permanece junto a mí.

Yo sabía que un collar podía remplazarse con facilidad, y no era para tanto que algo material me hiciera pensar de esa manera, pero viéndolo desde una perspectiva metafórica, el collar que dejó Rin en mis manos podía representar su seguridad, su confianza, su afecto, su amor… ella me entregó todo eso con una sonrisa. Y yo no me preocupé por resguardarlo, sino que simplemente permití que se quebrara. Algo así creía…

En cualquier otra situación no me hubiese importado lo que pusiese pensar una chica sombre mí. Pero mi corazón se aceleró al imaginar que Rin se alejaba de mí, entones entendí que me aterraba el hecho de que Rin pudiese odiarme, o que nunca más volviese a dirigirme la palabra.

Aunque en ocasiones era un poco fastidiosa, y su voz era algo chillona, y su personalidad era ciertamente extraña… ¡En verdad me gustaba estar junto a esa rubia! Y de alguna manera me las había arreglado para acostumbrarme a su presencia. Me acostumbré a ella de tal modo, que todo se sentía demasiado solo y demasiado silencioso cuando no estaba junto a mí. Nunca me había sentido de esa manera, ya que toda mi vida me sentí así, solo. Pero esta vez sentí otro tipo de soledad. Era el tipo de soledad que se siente cuando alguien ha estado a tu lado.

—Jajajaja, eso es amor, baka.

Ah, ¿Eso era amor? Entonces… ¡Me había enamorado de Rin!

—¿Ahora es que te das cuenta? Es obvio. Incluso yo me di cuenta.

Sí, era obvio si examinaba con detalle las circunstancias. Al principio Rin me daba miedo (tampoco nos conocimos en un momento adecuado). Luego desarrollé una especie de rencor hacia ella. Prontamente nos hicimos novios, y antes de darme cuenta, a la única chica que mi cuerpo no parecía rechazar, era a Rin. Esto último podía ser comprobado con el caso de Neru. Akita Neru era la única chica que podía estar junto a mí sin provocarme un ataque de nervios, no precisamente por su carácter (de hecho las de tipo 'akuma' son a las que más les temo) sino porque ella me aceptaba tal como yo era, y nunca se burló de mí. En cierto momento creí que Neru me gustaba, y me sonrojé tanto que mi padre pensó que tenía fiebre. Pero un día después de la escuela, al verla masacrar a unos chicos que intentaron quitarle su celular, entendí que en realidad sentía miedo-admiración hacia ella.

Esta mañana, luego de besar accidentalmente a Neru, sentí tanto terror que mi cordura se esfumó, e incluso vomité la comida del día anterior. Definitivamente se sentía diferente que cuando besaba a Rin, muy distinto. Hasta entonces no sabía que la sensación al besar variaba dependiendo la persona, es decir, todos los labios son iguales, biológicamente hablando, pero no sabía que besar los de alguien distinto a Rin me sería tan desagradable.

Con todas las chicas sentía el mismo terror incontrolable. Excepto con una. Rin. Rin era la única que podía besarme. Ella era la única que podía mirarme fijamente a los ojos sin causarme una hiperventilación.

De la boca para afuera yo podía demostrar lo contrario, pero estar con Rin era agradable. Sin embargo (si bien no lo parecía) ella era un ser humano, tenía un corazón y tenía sentimientos, y no siempre iba aguatar mi insensibilidad e indiferencia.

Pedir perdón no era algo que me resultaba fácil. 'Orgullo' era mi segundo nombre.

—Pero ¿Ya han tenido una cita? —Me preguntó Kaito repentinamente, luego de escuchar todo mi despecho. Como mi mejor amigo, Kaito se sintió en la responsabilidad de escucharme mientras ambos preparábamos la parrilla en el jardín.

Luego de pensarlo por un momento, negué con la cabeza. Curiosamente Rin y yo éramos novios, pero jamás tuvimos una cita. Que recordara, Rin nunca tuvo en cuenta ese método cliché de 'la cena romántica', ella determinó que la forma más rápida y efectiva era emborrachándome y violándome.

—¡Eso es Len-kun! Invítala a una cita. —Exclamó Kaito zarandeando la espátula como si hubiese dado con la respuesta detrás del misterio del universo.

—¿Ci-ci-cita? —Tan sólo la palabra me daba escalofríos.

—Ajá, si eres cuidadoso, podrías logra que Rin perdone lo que le hiciste a su collar. —dijo poniendo su sonrisa tonta. Si lo pensaba, su proposición no era tan tonta, pero para mí una cita era algo casi imposible.

—¿Qué se supone que debo hacer en una cita? —indagué desconfiado. Yo era una persona demasiado aburrida, tosca, y desafortunada, como para pretender que una cita me saliera bien. Si quería disculparme con Rin, debía hacer algo en lo que tuviera experiencia. La única cita que tuve en mi vida fue con el psicólogo, y siempre llegué tarde.

—Etto… se supone que debes llevarla a comer a un lugar romántico, debes hablar de temas que no la aburran… ¡Ah! Y lo más importante, debes hacerla feliz. —Finalizó con una gran sonrisa. Me supuse que todo aquello lo había leído de algún manga shoujo.

—Es imposible que logre hacer todo eso. —espeté con fastidio.

—¿De qué hablas? —Inquirió con tono de protesta—. ¿Para qué crees que son los amigos?

—Humillarlos… pedirles dinero…

—No, bueno… además de eso, los amigos están para ayudarse —Dijo Kaito tratando de sonar kakkoii, pero a mi parecer fue todo lo contrario—. Yo mismo te ayudaré.

—Agradezco tu preocupación Kaito, pero…

—Cállate, eres el diccionario de la negatividad así que cierra la boca —espetó repentinamente, señalándome con la espátula—. He descubierto que realmente amas a Rin-chan, así que los ayudaré a ambos para que su relación prospere.

Kaito era un otaku de 17 años que se encerraba en su habitación durante días enteros, sobrevivía a base de una dieta de helados de mantecado, componía canciones que hablaban sobre cómo la gente debería morir, y por si fuera poco, dentro de pocos meses se convertiría en padre.

—No, definitivamente no quiero recibir concejos de ti, gracias. —Dije, tratando de ser lo más educado posible.

—Además —Kaito me ignoró—, creo que descubrí lo que puede curar tu ginefobia. —indicó el peli-azul con una sonrisa victoriosa.

Todo a mí alrededor pareció andar en cámara lenta. Fue como si el tiempo se hubiese detenido.

—¿Enserio? —pregunté, atónito.

—Sí, tienes que decirle a Rin que la amas, cuando lo digas, tu miedo hacia las mujeres disminuirá —explicó, muy seguro de las palabras que salían de su boca—. Si se lo dices a menudo, es probable que la ginefobia desaparezca por completo.

—¿Desde cuando eres terapeuta? —Me sentí desilusionado al escuchar su hipótesis. Por un momento creí que finalmente el cerebro de Kaito había desarrollado la capacidad de pensar, pero todo fue una falsa alarma.

¿Cómo era posible que mi fobia desapareciera sólo con decir esas dos palabras?

—Hazlo, dile a Rin-chan que la amas, pero no porque yo te lo esté pidiendo. No funcionará si lo dices por obligación, díselo porque así lo sientes en tu corazón —dijo el peli-azul poéticamente—. Si no se lo dices, les contaré a todos la causa de tu fobia.

—¡Me estás obligando! —Exclamé furioso—. Espera, tu no sabes nada, así que no puedes chantajearme…

Sin embargo, lo que ese tonto dijo, me dejó pensando un gran lapso de tiempo.


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Tuvimos el almuerzo más incómodo de todo el tiempo conociéndonos. Akaito aún parecía estar molesto por el beso que le di a su novia, pero su mirada asesina no me incomodó tanto como lo hizo la misma presencia de Neru. Ella ni siquiera me miró, no dijo una sola palabra durante toda la comida, sin embargo, sentí como si quisiera saltar hacia mí con un kunai en su mano (soy muy paranoico).

Fregué los trastes, limpié el suelo, sacudí el polvo, me duché, y me dirigí a la playa al atardecer. Según Gakupo-san, Rin se la había pasado pescando todo el día en el muelle. En mi mente se reprodujo una imagen en tonos sepia de Rin, soltando suspiros deprimidos y con la vista perdida en el mar. Sentí una profunda culpabilidad. De seguro Rin estaba desanimada por mi culpa.

Corrí lo más rápido que mis piernas me permitieron. Unos minutos después, llegué al muelle y la vi sosteniendo una caña de pescar.

—¡Rin! —exclamé con todas mis fuerzas, estando a unos veinte metros de distancia. Ella reconoció mi voz al instante.

Yo me dejé caer en la arena, mi respiración estaba agitada debido al severo trote. Un kilómetro era demasiado para mi cuerpo.

En menos de lo que pude percatar, Rin estaba a mi lado, mirándome con cierta preocupación.

—¿Qué sucede Len? ¿Por qué corrías así? —Me preguntó, confundida.

Segundos después, luego de recuperar el aliento, alcé la mirada para encontrarme con los zafiros de Rin, los cuales me miraban curiosos.

—Te… te estaba buscando… —dije entrecortadamente. Aún estaba cansado.

—¿Me buscabas?

—Sí, quería comprobar algo. —indiqué. Seguidamente la besé.

Me limito a excusar que mis acciones fueron una total experimentación. Aunque eso no quitaba lo extraño que era, tratándose de mí.

Como cosa del destino, no había nadie cerca de nosotros que pudiera vernos, así que tuve más libertad en besarla. La tomé de la nuca, en busca de amplificar nuestro beso. Ella no respondió debidamente, supuse que debido a la impresión, pero tampoco opuso resistencia. Sentí el contacto de nuestros labios de una manera placentera, totalmente distinto a lo que había sentido con Neru. No sabía explicar que era lo que tenía Rin, pero en ese momento me quedó claro una cosa… entendí que ella era la única chica con la que podía estar.

—Rin, te amo. —susurré de una manera casi imperceptible, ni yo mismo me escuché. Pero a juzgar por el sonrojo y la reacción de Rin, ella me escuchó perfectamente.