Hola de nuevo ya estoy de vuelta aquí tenéis otro cap. Espero que lo disfrutéis
Capitulo 9
Anthony ató su caballo y entró al bar a paso lento. Sólo unos pocos lo miraron con curiosidad. Se acercó al mostrador y pidió un whisky. Anthony Cullen no venía al pueblo a menudo, y menos de noche.
Anthony terminó su trago, y cuando Ben le ofreció otro, tomó la botella sin decir nada y se sentó a una mesa vacía. Miró a su alrededor lentamente, y vio la misma gente de siem pre, los que habitualmente se encontraban en Whisker's, con excepción de un hombre, Jacob Black, que estaba jugando a las cartas en una mesa. Anthony miró al hombre, el capataz del rancho Aro , y cuando éste lo miró. Anthony bebió un trago de la botella.
Jacob nunca le había resultado simpático. Aro era el rey del pueblo que había fundado, así que cualquiera que trabajaba para él era tratado con respeto, y Jacob se había to mado muy en serio todo eso. Ahora era lo que podría llamarse el «duro» del pueblo, y su fortaleza y robustez lo confirmaban. Nadie se entrometía con Jacob. Aunque parecía desaparecer cuando Edward venía al pueblo, pensó Anthony con cinismo.
Jacob no sabía que un par de ojos verdes y fríos lo mira ban. Tenía buena suerte hoy, los tres con quien estaba jugando parecían desalentados. Sin embargo ninguno se atrevía a pro testar. Lo conocían, y no tenían intenciones de provocarlo. Estaba de buen ánimo, pero si alguno trataba de abandonar la mesa. Jacob se enfurecería. Ya había ocurrido otras veces. Win Days había terminado con la nariz rota por eso.
Henry Foster, sentado frente a Jacob, se encontraba de sesperado. Había perdido más de la cuenta. Si seguía jugando perdería hasta el dinero de la .hipoteca, y su esposa lo mataría. Eran dueños de la única armería del pueblo pero el pueblo no era muy grande, y nunca le había ido muy bien con los nego cios. Se habían endeudado más y más, y sería casi imposible saldar esas deudas. Pero allí estaba, jugando. ¿Aprendería la lección alguna vez? Deseaba que Jacob diera por terminado el juego.
Henry había visto entrar a Anthony Cullen. No era como para estar orgulloso, pero Henry siempre se había sentido intimi dado por hombres como Cullen. Los que parecían tranquilos eran más imprevisibles que los jactanciosos como Jacob. No conocía a Anthony personalmente, ni le interesaba hacerlo. Le bastaba con haberle vendido municiones a su hermano una vez, ocasión en la que dejó de temblar sólo cuando éste salió del negocio. Con esta clase de hombres, bueno, era mejor no in terferir. ¿Quién podía asegurar que Anthony no era como él? No parecía amigable, por cierto.
Henry tuvo una idea. Haría cualquier cosa por terminar el juego, sin decirlo con estas palabras exactamente.
—¿Sabes?, Jacob —dijo Henry, y aclaró la voz con nervio sismo—, el señor Cullen te ha estado mirando desde que entró.
—¿Qué Cullen? —Jacob se dio vuelta y vio a Anthony. Luego, volvió a mirar a Henry y habló aliviado. —Ah, ése —contó el pozo, pero sin mucho entusiasmo.
Henry insistió.
—Me pregunto por qué te mira así.
—Quizá porque le agrada mi ropa —gruñó Jacob—. Cie rra la boca y reparte.
No había resultado. Henry tragó saliva con dificultad. No podía seguir jugando. Tenía que arriesgarse aunque enfureciera a Jacob. Cuanto antes mejor, de todos modos ya casi no le que daba un centavo.
—Me desplumaste. Jacob —dijo, y se puso de pie—; No puedo seguir jugando.
Jacob no tuvo tiempo de decirle que buscara en sus bolsi llos porque los otros dos hombres se pusieron de pie rápida mente y se disculparon de la misma forma.
—Pero, ¿qué se proponen? —exigió saber Jacob—. Gané algunas manos solamente... Vamos —se burló, y llenó sus bol sillos con lo que había ganado.
Los tres hombres salieron del bar. Jacob Black sólo pensó que había sido una noche afortunada. Se alegró de ha ber venido al pueblo en vez de haberse quedado en el rancho con la gente que trabajaba para él. De lo contrario, tendría que haber esperado hasta el sábado para divertirse un poco. Pen saba pasar la noche en el pueblo, en la habitación que Aro te nía en el hotel. Tal vez conseguiría alguna de las muchachas de Rosa. Seguramente no estaban tan ocupadas los días de se mana, y con sumo placer irían a la habitación lujosa de Aro, por cierto muy diferente del prostíbulo.
Se disponía a irse cuando vio que Anthony Cullen lo miraba con insistencia. ¿Qué quería? Todo el pueblo desconfiaba de este hombre porque conocían a su hermano, pero ésa no era la actitud de Jacob. Para él era sólo uno de los tantos que había venido del Este. ¿Qué importaba si trataba con Aro? Aro ya no confiaba en él, no después de haber visto la forma en que Tanya lo había manejado.
No dejaba de mirarlo. Jacob se acercó a su mesa, y apoyó la pierna en una silla que había al lado de Anthony.
—Me enteré de que te casas, Cullen. Me comentaron que ella es muy bella.
—¿Y?
Jacob sonrió con malicia.
—No sueles venir al pueblo por las noches. ¿Qué ocurrió hoy? ¿Discutieron?
Anthony dejó la botella a un costado. Jacob no lo superaba físicamente, pero era musculoso y fuerte.
—No me gusta que hables de mi futura esposa, Jacob —respondió Anthony en voz baja pero con tono amenazante.
—Todo el mundo habla de ella —replicó Jacob muy tran quilo—, una mujer nueva en el pueblo llama la atención. Y una mujer que ha venido a casarse flama la atención aún más. ¿Es verdad que es tan bonita como dicen?
—Creo que no entendiste.
—Sí te entendí, Cullen. Pero no me importa si te gusta o no. Tu hermano puede ser muy rápido con una pistola, pero tú no lo eres. Yo también soy muy rápido, ¿lo sabías? Creo que podría sorprenderte en cualquier momento.
Anthony le sonrió con cara de pocos amigos.
—¿De veras. Jacob? Todo lo que sé sobre armas, lo apren dí de Edward. No creo que te interese ver todo lo que me enseñó. Pero si sacas tu arma, me encargaré de que no vuelvas a hablar de mi futura esposa.
Jacob estaba furioso.
—Creo que viniste a buscar pelea, ¿no es así, cerdo? Bueno, estoy dispuesto. Si quieres regresar a casa con el rostro destrozado, me encargaré de que así sea.
Jacob comenzó a desabrochar su cinturón, y Anthony se puso de pie y lo imitó. Pero antes de que se lo quitara Jacob lo golpeó en la cabeza, y Anthony perdió el equilibrio. Se tocó la oreja y advirtió que estaba sangrando. Sus ojos se encendieron de furia. Se abalanzó sobre Jacob, y ambos cayeron al suelo.
Horas más tarde, Anthony iba camino a casa, montado en su caballo, silbando alegremente. Tenía lastimada la mandíbu la; hinchados los nudillos; sentía un dolor punzante en las cos tillas, pero no estaba arrepentido de lo que había hecho. Aho ra, tal vez lograría dormir sin pensar en ella.
Quería agradecer a :
Roxy, supattinsondecullen.
Por sus reviews muchas gracias espero que sigáis leyendo la historia y os que guste.
Hasta pronto,
Un beso Julietix
Sean felices…
