Per me.


Loco por ella.

Capítulo XI.


Habría dado cualquier cosa por poder borrar ese episodio en especial, no otro (y eso que tenía muchos eventos desafortunados); ¡qué golpezote! Se llevó la mano hacia la parte posterior de su cabeza, recordando la enorme prominencia que se le había formado después de que la Bludger le dejara inconsciente por casi una hora; gracias a una pequeña poción que Molly Weasley le preparó, el chichón desapareció en segundos, mas el dolor de cabeza siguió por un par de horas más.

Quizá era idea suya, pero Ginevra Weasley parecía haber incrementado su tan pero tan mala suerte, como solía llamarle. Y es que no podía ser que con esa mujer hubiese hecho tantos papelones, tantos pero tantos papelones… y no tenía ni dos semanas de haberla conocido.

- ¿Cómo está el torpe el día de hoy? – Melanie entró a la tienda, moviéndose al ritmo de la música que escuchaba de sus audífonos. Harry la observó por sobre sus gafas, dejando a un lado el periódico de ese día. – ¡Cuente, jefe! ¿Cómo te fue con la pelirroja ayer? ¿Cómo es que se llama? –dejó su abrigo a un lado del mostrador y de un salto se sentó en él, aplastando con su culo el periódico.

- Ginny, y me fue… ¡bájate antes de que la madera ceda y arruines el mostrador!

- No digas, Harry. ¿Acaso estoy gorda?

- No, pero esa madera…

- Relájate, si esto se parte con un simple hechizo se arregla.

- No es…

- Deja de dar vueltas y dime cómo te fue – Mel se quitó los audífonos y le observó, atentamente, alzando ambas cejas.

- Me fue…

- No digas, tienes esa expresión como de alguien a quien le urge ir al baño – dijo, luego lanzó una carcajada. – ¡Vaya! incluso la tienes peor que cuando tuviste esa cita a ciegas el año pasado con… ¿cómo era que se llamaba? Le fracturaste un brazo cuando intentaron bailar Tango en el restaurante ese pretencioso que te recomendó tu amigo Neville.

- Clarissa, y fue su culpa, le dije que no sabía bailar. – Harry liberó un resoplido y se giró a buscar unas cuantas cajas en la bodega. - ¿Puedes acomodar esto en los mostradores que dan hacia fuera? Agrégales el cartel de descuento, necesito salir de esta mercancía para cuando llegue la nueva dentro de poco – pidió a la chica al regresar, dejando un par de cajas abiertas que mostraban productos de limpieza y otros artículos para toda clase de escobas voladoras.

- En seguida, pero dime, ¿tan malo fue? ¿Le fracturaste algo?

- ¡No le fracturé nada! Al contrario, por poco soy yo el que termina con la cabeza en una dirección y el cuerpo en otro.

- ¿Por qué…?

- Una Bludger me noqueó jugando al Quiddicth.

- Pero si tú juegas…

- Me desconcentré, ¿vale?

- Vale que sí. – Melanie rió. Harry blanqueó los ojos y tomó de nuevo el periódico, cuando ella se levantó de un salto del mostrador. – Hoy son las pruebas, ¿irás a verla?

Ignoró la pregunta. Ganas de verle tenía de sobra, pero… sería un bobo.

No saques conclusiones apresuradas…

Y esa vocecita del subconsciente dando falsas esperanzas…

Murmuró algo, respondiéndole a esa personalidad extraña que habitaba en su mente.

- ¿Dijiste algo? – preguntó Mel.

- Hablo conmigo mismo.

- La chica te tiene loquito. Y por fin, ¿irás a verla hoy? No me importa quedarme sola en la tienda.

- Sólo se permiten dos acompañantes por aspirante a las pruebas y creo que llevará a sus hermanos – dijo, y aunque no sabía si esa regla se tomaba o no en serio, ir a verla no era una opción para él.

Serías un buen amigo.

Amistad no era lo que buscaba, y menos ansiaba que Ginny fuese su amiga.

El día en la tienda transcurrió con varias ventas, gracias al cartel de descuento que habían colgado en las vidrieras y en la puerta principal. El mantenerse ocupado atendiendo a la clientela le permitió pensar menos en la pelirroja que, de un momento a otro, haría aparición nuevamente en su cabeza. Las cajas de la bodega fueron una a una desapareciendo y ya el lugar tenía espacio de sobra para recibir los nuevos paquetes que llegarían.

- Recuerda que debemos apartar una nueva Saeta para Ginny – informó Mel, al mismo tiempo que lo veía anotar los nombres de varios magos, que solicitaron la bendita escoba.

La pelirroja volvió a sus pensamientos, hermosa y terriblemente lejos.

Dejó la pluma y apoyó los codos sobre el mostrador, enterrando la cara en sus manos. Liberó un gruñido, frustrado.

- Harry, sé que frente a la mujer no te vistes precisamente atractivo, pero con esa actitud…

- No empieces, ya Hermione me ha dado ese sermón. ¡Y más de una vez!

- Tu verdadero problema radica en la triste forma que tienes de verte a ti mismo. ¿No entiendes? Eres uno de los chicos más amables que conozco, y si te dieras al menos una oportunidad, tendrías a esa chica besándote los pies.

- Mel… - Harry abrió los ojos, exageradamente. Pensó… - ¿Acaso tú estás…?

- ¿Qué? Oh, ¡No, no, no! – la joven se carcajeó, negando repetidas veces con la cabeza. – Aunque eres adorable, como te dije y seguro te ha dicho Hermione, no te considero mi tipo. Mis gustos se van por hombres más alocados y con un mínimo de dos tatuajes en el cuerpo. Además, la música en él ha de ser primordial.

- Estás loca – Melanie le sacó la lengua.

- Pero lo digo en serio, Harry.

- De acuerdo. - el moreno suspiró. Las palabras de Melanie resonaron un par de veces más, y a ellas se sumaron las incontables veces en las que Hermione le reprochaba lo mismo; aquel tedioso y dañino menosprecio, la autoestima deplorable…

Más confianza. Algo fácil de decir, muy difícil de aplicar; uún cuando estaba rodeado de gente que le decían lo genial que era.

Estando ya en su departamento, miraba el celular fijamente. El dilema de hacia un par de noches se repetía con insistencia en su cabeza, ¿llamarla o no llamarla? Y es que se moría de ganas por saber cómo le había ido en las audiciones. ¿Habría quedado?

Después de haber despertado de su inconsciencia por el golpezote con la Bludger, no le dejaron jugar nuevamente. Quizá pensaban que era un incompetente en el Quiddicth, o de verdad les preocupaba que volara luego de una concusión en la cabeza, no sabía. Observó a los pelirrojos desde la entrada de la casa luego de una extensa bienvenida acompañada de panecillos que Molly Weasley le brindó (qué mujer tan atenta), y detalló las jugadas; Ginevra era excelente, y no exageraba. Bill Weasley sabía lo que hacía y los gemelos eran tan ágiles con las Bludgers que le sorprendió el hecho de que dejaran escapar una hacia su cabeza. Ron no era un experto, pero tenía práctica en lo que atajar quaffle se trataba.

Seguro quedó, quedó y será una de las mejores.

Debía llamarla y felicitarla. Lo haría. Estaba a punto de marcar el número, cuando el teléfono vibró ante una llamada. El nombre de Hermione brillaba en la pantalla.

- Hermione.

- ¿Tienes planes para esta noche?

- En realidad…

- Cancela.

- No tengo nada planeado – ¿acaso no lo conocía?

- Ah, pues bien. Nos veremos en Hogsmeade en una hora ¿de acuerdo?

- ¿Qué haremos en Hogsmeade?

- Será el punto de encuentro para luego irnos a celebrar la admisión de Ginny al equipo de las Arpías.

- ¿Es decir…? - Sonrió anchamente.

- Sí. Los gemelos están inquietos, y dicen que no se calmarán hasta celebrar el logro de su hermana menor. Incluyo a Ron, no para de alardear por todos lados el hecho de tener a una jugadora profesional de Quiddicth en la familia… está…

- Hermione…

- En una hora, ¿está bien?

- ¿No habrá problema que yo vaya sin…?

- ¡Para nada! la misma Ginny me pidió que te avisara.

- Muy bien – colgó, y un no sé qué le hizo sentirse como si fuese un hombre nuevo.

Percibía los aleteos en su panza, nacidos desde que la vio a ella por primera vez, y su mente se incendiaba con diversas imágenes, algunas más calientes que otras.

La invitaría a salir de nuevo. Sería como la primera vez que fueron al cine o incluso mucho mejor. Podría llevarla a cenar y obsequiarle algo bonito. Tomarían chocolate caliente y hablarían de todo un poco mientras se terminaban los malvaviscos diminutos. Le contaría anécdotas de Hogwarts y ella le hablaría más acerca de sus muchos hermanos. Podría ir de nuevo a su casa y demostrar que en el Quiddicth sabía defenderse bastante bien. Ella le platicaría sobre sus estudios en Francia, su trabajo como mesera y de su viaje a Escocia; él le hablaría de…

Ahí vienen.

Detalló una singular expresión en la cara de Hermione… no entendía por qué. Venía de la mano de un sonriente Ronald y tras ellos, los gemelos Weasley le saludaban alzando uno de los brazos. Ginevra venía detrás, hermosa, radiante, contenta, y de la mano de un sujeto que no supo reconocer.

¡Auch!


Nota/a: Les doy las gracias a todos aquellos que me han dejado un review mostrando su opinión, valen oro. De ahora en adelante no mencionaré la tardanza. (Lo sieeeento) pero la universidad está un poquito tediosa. Es mi último semestre antes de pasantías y bueh... ya no veo la hora de terminarlo.

¡Un abrazo! Y pronto capítulo! =)