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Capítulo 11: La verdad

- ¿A mí?

- Claro – asintió con una de sus características sonrisas. Lucy no pudo evitar sonreírle de vuelta, Natsu siempre le conseguía sacar una sonrisa – Seguro que mi yo del pasado también te hecha de menos.

- Lo dudo… - susurró Lucy, olvidando que Natsu era un dragon slayer y la podía escuchar perfectamente.

- ¿Por qué dices eso? – preguntó preocupado.

- ¿Ehh? – titubeó una sorprendida Lucy, que no esperaba que la hubiera escuchado – Bueno… no creo ni que se haya dado cuenta de que no estoy – dijo finalmente.

- No consiento que digas eso Lucee – Lucy lo miró sorprendido, Natsu nunca le había hablado así – Por supuesto que me habré dado cuenta. Pasamos mucho tiempo juntos – Lucy desvió la mirada, es verdad que pasaban mucho tiempo juntos, pero no de la forma que ella quería, simplemente eran amigos. Aunque nunca se atrevería a decirle aquello a Natsu – Lucee, olvidas una cosa – la maga estelar volvió a mirar a su compañero – soy un dragon slayer, y estoy seguro que mi otro yo a estas alturas habrá notado algo extraño.

- ¿Algo extraño? – preguntó Lucy intentando entender a que se refería.

- Tu olor, no es el mismo. No todo el mundo se daría cuenta de ello, sólo cuando pasas mucho tiempo junto a alguien puedes notar si su olor es diferente – explicó Natsu mirándola fijamente a los ojos.

- Mi… ¿olor? – dijo Lucy sorprendida.

Lucy comía en silencio, meditando las palabras de Natsu. Entonces, ¿era posible que su Natsu la echara de menos? ¿Que se hubiera dado cuenta de que no estaba? A lo mejor la Lucy del futuro le habría confiado su secreto. ¿Qué pasaba si Natsu se llegaba a enterar que se iba a casar con ella?

Aquellos pensamientos hicieron que el corazón de Lucy se acelerara y que el color desapareciera de su cara. ¿Y si al enterarse decidía no hacerlo? ¿Y si cambiaba de opinión? ¿Y si decidía apartarse de ella?

El Natsu que estaba allí con ella la miraba divertido.

- Oye – empezó a decir, pero se vio interrumpido por el timbre de la puerta, que hizo volver a Lucy a la realidad – ¡Voy! – gritó Natsu hacia la puerta, y acto seguido se dirigió allí.

Lucy lo siguió con la mirada, pero se quedó boquiabierta cuando nada más abrir la puerta, Natsu salió volando unos metros hacia atrás. Lucy se levantó a toda prisa.

- ¿Quién… - empezó a decir mientras ponía una mano sobre sus llaves doradas. Pero se vio cortada por una imponente Erza que entraba por la puerta.

- Buenos días Lucy – dijo la pelirroja simplemente.

Tras ella entró un apresurado Jellal hasta donde Natsu había quedado tirado en el suelo.

- Lo siento Natsu, ya sabes que Erza está un poco….ummm…. nerviosa desde lo del embarazo.

¿Embarazo?

Lucy reparó entonces en el enorme bulto que tenía su amiga en la parte delantera. Además aquél no era el único cambio visible, Erza había cambiado su largo pelo por una cómoda y corta melena. Seguía manteniendo su mirada severa, pero aquellos 10 años le habían afinado el rostro y afilado los rasgos.

Erza reparó en que Lucy no le quitaba la mirada de encima y ella también se quedó examinando a la maga estelar.

- ¿Lucy? ¿Por qué tienes el aspecto de una adolescente?

- ¿¡Ehh!?

Lucy se quedó sin saber que decir, se había quedado tan ensimismada examinando a su amiga y asimilando a una Erza embarazada, que no había reparado en su propio aspecto.

¿Cómo no se había parado a pensar en que seguramente en el futuro su aspecto también sería diferente? ¿Cómo podía ser tan torpe? Incluso se había dejado caer por el gremio, tal vez alguien más sospechara algo. Empezó a ponerse nerviosa.

Erza empezaba a impacientarse por los titubeos de Lucy y no le quitaba la mirada de encima, examinándola. La mente de Lucy estaba en blanco, miró de reojo a Natsu, que estaba incorporado en el suelo, con la mirada fija en ella.

- Estoo… pues verás…

- Se lo he pedido yo – todos se giraron para mirar al pelirosa – le he pedido que usara el hechizo de cambio de aspecto.

- Maldito Natsu y tus fetiches sexuales, deja de pervertir a la pobre Lucy – Erza relajó su mirada, pero la cara de Lucy tomó un color rojo intenso al oír aquello. Natsu miró a Erza con los ojos entrecerrados y un ligero rubor en las mejillas.

- Y dime Erza ¿a qué se debe tan grata visita? – preguntó con sarcasmo.

- ¡Ah sí! Casi lo olvido, he venido a llevaros a vosotros y al pequeño Ryuu al nuevo parque de atracciones – aplaudió con emoción.

- ¿Parque de atracciones? – susurró Natsu - ¿Con atracciones? – se puso verde sólo de pensar en todas aquellas cosas que daban vueltas e iban a una velocidad insoportable.

- ¿Qué otra cosa iba a haber en un parque de atracciones? Mira que llegas a ser simple a veces.

- Creo que no es buena idea Erza, ¿estás segura que eso es seguro para las embarazadas? – preguntó desesperado.

- No seas quejica, a Lucy le hace mucha ilusión. ¿Verdad Lucy? – Lucy asintió varias veces.

- Desde que era niña no voy a un parque de atracciones, me trae muchos recuerdos de mi madre, a ella le encantaba ir y comprar algodón de azúcar. ¿Crees que venderán? – preguntó emocionada olvidando todos sus problemas.

- Pues decidido, en una hora nos vemos en la puerta del parque – declaró Erza. Natsu dejó caer la cabeza derrotado. – Por cierto, ¿dónde está Ryuu?, me encantaría decírselo en persona. – Natsu se levantó rápidamente.

- No está – se apresuró a decir.

- ¿No está?

- Sí, no está – Erza lo miró con los ojos entrecerrados.

- ¿Y dónde está?

- Está con Levy y Gajeel, pasará el día con ellos. No va a poder venir al parque de atracciones – dijo con lástima fingida – Tal vez deberíamos aplazarlo.

- Ni hablar.

- ¿Ehh? Pero…

- Nada de peros, si Ryuu no puede venir hoy ya iremos de nuevo con él, no voy a dejar que estas entradas se desperdicien. ¿Verdad Lucy? – Lucy aplaudió alegremente.

- ¿Volver? – Natsu empezaba a marearse. Jellal le palmeó la espalda para darle ánimos.

- Las señoritas han hablado, y no creo que podamos hacerlas cambiar de opinión – Natsu dejó caer su cabeza, derrotado.

- Decidido pues, allí nos vemos. ¿Jellal? Nos vamos. Y por dios Lucy – dijo mirándola de nuevo de arriba abajo – vuelve a tu aspecto normal, no te dejes arrastrar por fantasías sexuales tan simples – Lucy asintió poco convencida.

Erza se dirigió a la puerta y Jellal fue tras ella.

- Ah! – dijo volviéndose de nuevo hacia ellos – No hace falta que traigáis comida, haremos un picnic – declaró entusiasmada – Se despidió con un gesto de su mano y salió junto con Jellal de la casa.

Lucy dejó escapar un suspiro. Miró a Natsu que volvía a estar en el suelo con la mirada perdida.

- Estoo… Na-Natsu, ¿podrías decirme más o menos cómo me veo en este tiempo? – Natsu no respondió, de hecho ni siquiera parecía haberla oído - ¿Natsu? – Lucy escuchó que susurraba cosas como: velocidad, se mueve, gira, boca abajo. La maga rodó los ojos y vio que Happy se asomaba desde su habitación.

- ¡Buenos días Happy! ¿Te has enterado que nos vamos al parque de atracciones? – Happy asintió frotándose los ojos. – ¿Entonces vas a venir? Nos sobra una entrada – le dijo con una sonrisa.

- ¿Qué? ¿Estás loca? Ir a ese sitio con Erza es un suicidio. A saber que cosas raras se le ocurren. Compadezco a Natsu – le dirigió una mirada su compañero – Mejor me voy de pesca. ¡Pasadlo bien! Ah! Y intentad no morir – se tapó la boca con sus patitas y con una sonrisa maliciosa salió volando por la ventana.

– Está bien…, será mejor que me vaya preparando – aún llevaba la ropa que Natsu le había prestado para dormir. Paseó su mirada por la casa y reparó en la cómoda de la que había sacado la ropa interior, así que decidió mirar allí en busca de ropa adecuada para el parque de atracciones.

Se acercó trotando emocionada y abrió el primer cajón.

- Veamos que hay aquí. Tal vez encuentre una bonita minifalda, o unos shorts, ¿con qué podría combinarlo? ¡Ahora que pienso, será como estrenar ropa nueva! – empezó a rebuscar entre la ropa entusiasmada – Estos pantalones parecen cómodos – sacó la prenda y la estiró para verla mejor. Inmediatamente perdió la sonrisa – No… puede ser… - rebuscó de nuevo en el cajón y empezó a sacar pantalones y faldas – No! No! No! Esto debe ser un error – abrió el segundo cajón y encontró las camisas y camisetas – ¡Ahhhhh!

El grito de Lucy sacó a Natsu de su trance.

- ¿Luce? ¿Qué ocurre? – Inmediatamente se puso alerta.

- Natsu – Lucy se giró hacia él haciendo pucheros – dime que no es verdad…

- ¿Q-Qué ocurre?

- ¡Mira! – Lucy le enseñó uno de los pantalones.

- ¿Uh? – Natsu miró sin comprender.

- ¡Natsu, son enormes! Y no son solo estos pantalones, todo es enorme. Hasta las camisetas, incluso los vestidos. Dime la verdad Natsu. Por eso Erza me ha encontrado extraña. Estoy gorda ¿verdad?, es eso – Natsu apenas pudo contener la carcajada - ¿De qué te ríes? Esto es serio. Respóndeme.

- Bueno…. A decir verdad… - Empezó a hablar seriamente, pero no pudo contener la risa al mirar a su amiga y verla tan exasperada por ese detalle.

- ¿¡Qué!?

- Sí, Luce, estas gorda, muy gorda diría yo, es como si… - dijo entre carcajadas – como si te hubieras comido a alguien.

- ¡Oh dios mío! ¿Cómo he podido terminar así? Se acabaron mis sesiones de fotos para El Hechicero Semanal. Natsu ya no… qui-quiero decir ¿quién se fijará en mi ahora? – miró a Natsu desesperada, pero éste seguía en el suelo riendo.

- Vamos Lucee… no es para tanto. Ten, ponte esto – se levantó y le extendió a Lucy un cojín.

- ¿Un cojín? ¿Para que quiero esto?

- Erza dijo que recuperaras tu aspecto habitual, así que será mejor que te lo pongas en la tripa para disimular.

- ¿Ehhhh? Eso no va a pasar. Ni hablar. Le diremos que he adelgazado milagrosamente – Natsu la miró divertido con la ceja levantada.

- ¿En menos de una hora? ¿Acaso quieres sufrir la ira de Erza? Te advierto que se ha intensificado con los años.

Lucy resistió la mirada de Natsu todo lo que pudo.

- ¡Está bien! – le arrancó el cojín de la mano y cogió un pantalón vaquero largo y una camisa gris ancha – Ahora vuelvo.

- ¿Vas a ir al baño a cambiarte de ropa? – preguntó Natsu animado - ¿puedo acompañarte?

- ¡Por supuesto que no! – y acto seguido cerró la puerta del baño con un portazo.

Natsu colocó sus brazos detrás de la nuca con decepción.

- ¡Oye Lucee! – gritó para que pudiera oírla al otro lado de la puerta - ¿Dónde ha ido Happy? No lo huelo por la casa.

- Oh, se fue hace unos momentos. Dijo que iría a pescar o algo así.

- Gato suertudo…

- ¿Has dicho algo?

- Nada nada.

Al cabo de unos instantes la puerta del baño se abrió.

- Por favor, no te rías mucho… - Lucy salió del baño con el cojín colocado hábilmente en el abdomen – Parece que esté embarazada, ¿crees que engañaremos a Erza? – dijo mordiéndose el labio inferior dubitativa - ¿Natsu? – Lucy dirigió la mirada a su compañero, y lo que vio la sorprendió. Natsu parecía…. ¿triste? – Natsu…

La cara de Natsu volvió a mostrar una sonrisa.

- Creo que deberías ponerte otro cojín, no te veo suficientemente gorda – señaló burlonamente.

Lucy le propinó un puñetazo en la cabeza.

- No va a haber más cojines. Será mejor que vayamos yendo, ya es casi la hora. Y no creo que a Erza le guste que la hagan esperar – dirigió sus pasos a la puerta.

- E-espera Lucee – Natsu la siguió frotándose la cabeza dolorido.

Por suerte encontraron carteles por toda la ciudad que anunciaban la apertura del parque de atracciones y supieron dónde tenían que dirigirse.

Lucy caminaba avergonzada por las calles, no se acostumbraba a su nuevo aspecto. Natsu la miraba de reojo.

- ¿Qué? ¿Ocurre algo? Esto ya es bastante vergonzoso como para que me estés mirando todo el rato – Natsu negó con su cabeza.

- Únicamente estaba pensando que te queda bien.

- No te rías de mí – dijo ruborizada.

- Lucee, que sepas que a mi no me importa el aspecto que tengas. Te quiero porque eres tú – afirmó con una sonrisa.

Lucy detuvo sus pasos al oír aquellas palabras.

- ¿T-tu me quieres?

- ¡Por supuesto! – lo acompañó con su sonrisa más cariñosa.

Lucy tapó su rostro con ambas manos, muerta de vergüenza. Era la primera vez que Natsu le decía algo así. ¡Y va y se lo suelta así, tan tranquilamente!

Natsu no pudo evitar reírse por su reacción.

- ¿Acaso tu no me quieres? – preguntó socarronamente.

- Y-y-y-yo? – Empezó a balbucear Lucy. Natsu la miraba divertido.

- ¿Qué ocurre? ¿No me quieres? – puso cara de cachorrillo dolido.

Lucy apretó más las manos contra su rostro.

- Yo… t-también t-te q-quiero – fue un susurro prácticamente inaudible.

- ¿Cómo? No te he oído.

Lucy miró a Natsu a través de sus dedos.

- Te odio. Se que me has oído perfectamente – Lucy reanudó su marcha hacia el parque de atracciones. Natsu sonrió ampliamente, con 10 años más o 10 años menos seguía siendo la misma, la chica de la que se había enamorado perdidamente hace ya mucho tiempo - ¿Vienes o no? – lo apremió su compañera.

- ¡Aye!

Cuando llegaron a la puerta del parque Erza y Jellal los estaban esperando.

- ¡Erza! – llamó Lucy a lo lejos.

- ¡Lucy! Por fin llegáis. Y veo que has vuelto a tu aspecto normal. Bien hecho – afirmó mientras asentía con la cabeza.

- ¿Eh? Ah si… ya he vuelto a mi aspecto de siempre. Menos mal – dijo sarcásticamente – Veo que tu te has preparado concienzudamente – Lucy se refirió al colorido vestido con dibujos de tiovivo que llevaba, Erza dio una vuelta sobre si misma para que pudiera ver bien el vestido.

Lucy se giró a saludar a Jellal, pero quedó petrificada al verlo.

- Jellal ¿qué es todo eso que llevas? – Jellal cargaba con una cantidad ingente de bolsas y cestas.

- ¡Ah esto!, unas cosillas que Erza quería traer.

- Nunca se sabe que se va a necesitar, y más estando embarazada – afirmó Erza.

- Entiendo…

- Ahora que ya estamos todos vamos a entrar. Un momento, ¿y Natsu? – todos miraron a su alrededor.

- Hace un momento estaba aquí…

- Natsu, más te vale salir de donde quiera que estés. No creo que quieras que sea yo la que vaya a buscarte, a no ser que no quieras tener hijos en el futuro – lo dijo en un tono tranquilo, cosa que sonó más amenazante. Incluso Lucy se asustó.

- ¿Pero qué hacéis aquí parados? ¡Vamos a entrar! – Natsu reapareció de a saber dónde.

Por fin entraron al parque de atracciones y Lucy quedó maravillada, todo era de colores brillantes y había un delicioso olor dulzón en el ambiente.

- ¡Waaa!

- Quiero subir a aquello. Vamos a subir antes de que haya demasiada gente – Erza señaló una gigantesca montaña rusa de aspecto temible y empezó a caminar hacia ella con decisión.

- ¿Estás segura de que podrás montar ahí? – preguntó Lucy temerosa.

- Por supuesto, ¿crees que soy una miedica?

- No me refería a eso…

- ¡No pienso subir ahí! – Natsu se había puesto verde al ver las curvas imposibles de la atracción. Erza lo miro con una mirada que hubiera hecho retroceder a cualquier bestia – Qu-quiero decir que no pienso subir sólo una vez – rió poco convencido.

Lucy puso una mano sobre el hombro de Natsu para darle ánimos.

- No será para tanto, sólo dura unos minutos – Natsu la miró con una mirada que suplicaba ayuda. Pero Lucy no tubo tiempo de decirle nada más, ya que Erza cogió a Natsu por el brazo y lo arrastró hacia la atracción.

Cuando llegaron a la atracción un cartel indicaba que había 1:30h de espera. Natsu suspiró aliviado, tal vez aún tuviera alguna oportunidad de huir de allí.

- Vaaaya 1:30h de cola – se quejó Lucy decepcionada.

- Lucy – dijo Erza poniéndole una mano en el hombro – no te preocupes, seguro que pasa más rápido de lo esperado – Lucy asintió animada y se puso sobre las puntas de sus pies para poder ver mejor la cola.

Natsu levantó su cabeza oliendo el ambiente.

- ¡Oye Lucee! Por aquí huele a algodón de azúcar, seguro que por aquí cerca hay un puesto donde venden.

- ¿De veras? – Lucy empezó a mirar hacia todas partes esperanzada – Estoy deseando…

- ¡¿PERO ESQUE ESTA COLA NO PIENSA AVANZAR NUNCA?! – los otros tres magos miraron a Erza incrédulos, sólo habían pasado 3 minutos desde que habían empezado a hacer cola.

- ¿E-Erza? ¿Qué piensas hacer? – le preguntó Jellal temeroso de la respuesta.

- Llevarnos al principio de esta maldita cola, las embarazadas no deberíamos esperar de pie. ¡Esto es una falta de respeto! – decía esto mientras se abría paso de forma brusca entre la gente. Los 3 magos la siguieron disculpándose con la gente de la cola.

- Señora, ¿qué cree usted que está haciendo? – se atrevió a preguntar alguien de la cola - Llevo más de 40 minutos en esta cola y no voy a…

- ¿¡Acaso no te das cuenta que estoy embarazada!? Las embarazadas tenemos preferencia para montar en las atracciones.

- ¿Ah si? ¿Y donde pone eso vieja?

Jellal se llevó una mano a la frente.

- ¿Cómo me has llamado?

- Vieja, ¿algún problema vieja?

- Bueeno, creo que ya es suficiente – declaró Jellal interponiéndose entre ambos.

- ¿Acaso no lo has oído Jellal? ¡No tiene respeto por las embarazadas!

- No sabia que las viejas se pudieran quedar embarazadas – rió el chico de la cola.

Erza le dedicó una mirada que más o menos quería decir: vas a morir con una gran agonía. Pero por suerte para el chico un seguridad del parque al oír los gritos se acercó a ver que ocurría.

- ¿Se puede saber que ocurre aquí?

- ¡Este chico no respeta la norma de las embarazadas en los parques de atracciones!

- Señora, no se de que norma habla, pero para empezar no se que hace en esta cola, una embarazada no puede subir a esta atracción, es demasiado peligroso. Son las normas del parque.

Erza se quedó petrificada al oír aquellas palabras. Y el chico de la cola sonrió triunfante.

Jellal aprovechó aquel momento para sacar a Erza de allí, causando el menor alboroto posible. Cuando salieron de la cola la llevó hasta un banco, Erza estaba visiblemente deprimida.

- ¿Erza, de verdad no habías pensado en esa posibilidad? – se atrevió a preguntar Lucy.

- La verdad es que es bastante lógico, incluso yo lo había pensado – declaró Natsu feliz de haber salido de allí.

- No te desanimes, seguro que hay muchas atracciones en las que puedas montar y mucho mejores que ésta – intentó animarla Jellal sin mucho éxito.

- Vaaaaaya, ¡esta montaña rusa ha sido la mejor de mi vida!

- ¡Tienes razón! Ha sido increíble. Deberíamos volver a montar – Los magos oyeron comentar a una pareja que acaba de salir de la atracción, cosa que hizo que el aura de depresión de Erza aumentara. Natsu y Lucy se apartaron unos metros por precaución.

Jellal miraba a todos lados desesperado hasta que reparó en algo.

- ¡Mira Erza! En aquella caseta hacen tarta de fresas casera.

Erza se levantó de un salto del banco.

- ¿Qué hacéis aquí parados? Parecéis niños – y se dirigió a la caseta como si no hubiera ocurrido nada.

Erza engulló ella sola 4 pedazos de tarta y Lucy pudo disfrutar del algodón de azúcar más grande que jamás soñó. Después de eso parecía que la maga pelirroja ya había recuperado su estado de animo.

- ¡Estaba deliciosa! ¿Dónde deberíamos ir ahora? – preguntó animada.

Los magos decidieron ir a la noria a pesar de las quejas de Natsu. Erza y Jellal disfrutaron de un momento de romanticismo, Lucy tubo que pasar el viaje con Natsu apoyado en su regazo, apunto de vomitar, cosa que tampoco importó demasiado a Lucy.

Después de eso se dirigieron a la casa encantada. Lucy y Jellal tuvieron que disculparse durante 10 minutos con los trabajadores de la atracción ya que Erza y Natsu no parecieron entender las normas y se pasaron el rato cazando y noqueando a los diferentes monstruos que encontraron.

A continuación dieron un paseo en una preciosa barca que los llevó por diferentes jardines. A Lucy le embriagó el aroma de las flores, pero se sentía un poco culpable por Natsu, que estaba apoyado en el borde de la barca con unas náuseas terribles.

Cuando bajaron de la barca Lucy sugirió ir a comer el picnic, cosa que pareció animar a Natsu, y para su sorpresa resultó que Jellal era un excelente cocinero y había preparado un delicioso y variado picnic.

- Estaba delicioso Jellal, realmente delicioso – Lucy se palmeó el cojín de su abdomen con cuidado para indicar que estaba llena. A su lado Natsu seguía engullendo comida, por suerte Jellal había preparado comida para unas 20 personas.

- Gracias Lucy, me alegro que os guste, pero tampoco es para tanto – le respondió frotándose la nuca avergonzado.

- No seas modesto – Erza se acercó a darle un beso a su marido – Lucy tiene razón, estaba deliciosa. ¿Verdad Natsu? – Erza palmeó a Natsu en la espalda tan fuerte que hizo que este se atragantara.

- Cof cof cof – tosió – Sí… deliciosa… - dijo mientras volvía a engullir comida. Erza asintió satisfecha.

Cuando todos terminaron de comer (y Natsu paró de engullir comida) Lucy desplegó un pequeño mapa de bolsillo del parque.

- Veamos que nos queda por ver – los 4 magos se inclinaron sobre el mapa.

- ¡Erza! – llamó Natsu señalando un punto del mapa – Apuesto a que soy mucho mejor que tú en las casetas de tiro. ¡Ya verás Lucy, voy a conseguir el mejor peluche para Ry… para tí! – corrigió. Lucy le sonrió animada.

- ¡Eso habrá que verlo! Voy a ser yo la que consiga el mejor peluche a Jellal – lo desafió Erza.

- No necesito ningún peluche… Mejor consíguelo para el bebé.

- ¡Pues el mejor peluche para el bebé! Decidido, vamos a la zona de las casetas de tiro – Y abrió la marcha hacia allí.

Erza y Natsu se situaron frente a la caseta.

- ¡Ahora veremos quién es el mejor! – dijeron al unísono.

- ¿Cuántas balas queréis? – preguntó el hombre de la caseta.

- ¿Balas? – repitieron al unísono de nuevo.

- Yo no necesito balas, tengo las mías propias – dijo encendiendo su dedo índice y colocando sus manos en forma de pistola.

- Yo tampoco necesito nada – dijo mientras se reequipaba con un traje de bandida del lejano oeste (embarazada) y sacaba dos revólveres del cinturón girando entre sus dedos.

Antes de que el hombre de la caseta tuviera tiempo de replicar ambos empezaron a disparar, y sólo pararon cuando habían destrozado por completo toda la parte trasera de la caseta.

Lucy y Jellal se dieron un golpe con la mano en la frente. Mas disculpas. ¿Cuántas llevaban aquel día? Habían perdido la cuenta. Tenían suerte de que no los hubieran echado del parque.

- ¿Y bien? ¿Quién ha ganado? – preguntaron a la vez.

El hombre de la caseta salió temblando de debajo de la barra.

- Por favor, coged el peluche que queráis y marchaos de aquí – suplicó.

Natsu llegó trotando hasta donde estaba Lucy con un peluche de un dragón rojo en la mano.

- Para ti – le dijo con una sonrisa mientras se frotaba la nariz igual que si de un niño se tratara.

- Gracias – respondió Lucy cogiendo el peluche y abrazándolo contra el pecho – Pero por favor, vayámonos de aquí antes de que nos hagan pagar.

- ¿Pagar? – se sorprendió Erza – Si seguramente seamos los mejores tiradores que hayamos pasado por aquí – sonrió satisfecha abrazando su peluche de fresa gigante.

- Como sea, vamos – y ando hacia la primera atracción que vio – Laberinto de espejos. Llega al centro del laberinto y conocerás la verdad – leyó en el cartel - Parece interesante. ¡Entremos!

- Bienvenidos aventureros – saludó la mujer de la atracción – Si queréis ser conocedores de la verdad deberéis llegar al centro del misterioso laberinto de espejos. ¿Cuál de los 4 caminos escogeréis?

- Propongo que nos separemos. ¡A ver quién llega antes al centro! – Erza se dispuso en uno de los caminos.

- ¿Está bien si te dejo sola, Luce?

- No te preocupes Natsu, estaré bien – le dijo con una sonrisa – Además seguro que llego antes – estaba decidida a pasarlo bien y olvidar los destrozos, al fin y al cabo, ya estaba acostumbrada. Natsu le sonrió ampliamente mientras se dirigía a su propio camino.

- ¿Listos? – todos asintieron - ¡Vamos allá!

Lucy empezó a andar por su camino.

- Recuerdo haber leído en un libro que si alguna vez entras en un laberinto debes mantenerte pegada a la pared de la derecha y tarde o temprano llegarás a la salida. Tiene sentido – se convenció a si misma, así que decidió ponerlo en práctica.

Se topó con espejos que la hacían más alta, mas delgada, la ponían cabeza abajo y la hacían ver de mil formas diferentes. Meras distracciones, pensó. Si quería llegar la primera no podía entretenerse. Lanzó su puño al aire y empezó a andar más rápido, decidida a ganar.

Antes de lo que esperaba se encontró en medio de una gran abertura, en el centro de la cual había una gigantesca lacrima transparente como única decoración.

¿Sería aquello el centro del laberinto? Si era así había tenido suerte, puesto que sólo se había topado con un par de callejones sin salida y parecía que allí no había nadie aún.

- ¡Yay! Soy la primera – aplaudió entusiasmada. Se acercó a la lacrima, examinándola - ¿Será esto lo que me descubra la verdad? – empezó a rodearla hasta que oyó una voz que decía su nombre. Se giró esperando ver a uno de sus compañeros, pero no vio a nadie acercarse – Qué extraño – pensó. Pero alguien volvió a pronunciar su nombre - ¿Quién anda ahí? – preguntó en voz alta.

Se sobresaltó cuando vio aparecer en la superficie de la lacrima el reflejo de la misma anciana que la había llevado asta allí.

- ¿Qué tal lo estás pasando chiquilla? - dijo simplemente la anciana - Veo que has engordado.

- ¿Qué quieres? – Lucy dio unos pasos alejándose de la lacrima y se sacó el estúpido cojín de debajo de la camiseta.

- ¿Qué ocurre? ¿Acaso no deseabas esto? ¿Ver tu ansiado futuro? ¿Tu futuro junto a Natsu? – preguntó la anciana apenada por su reacción.

- S-sí, ¡pero no así!

- ¿Y cómo querías que ocurriera? Has podido sentir tu propio futuro. Deberías considerarte una chiquilla con suerte – le recriminó – Pero por desgracia tu tiempo se agotó.

- ¿Qué? ¿Mi tiempo?

- Así es, ¿no pensarías que esto duraría para siempre? El tiempo ha de volver a su cauce, si permaneces más tiempo aquí podría ser peligroso.

- ¿P-peligroso?

- Así es, si no regresas a tu tiempo podrían cambiar muchas cosas de este tu ansiado futuro. Estás jugando con fuego chiquilla. No querrás que tu querido y joven Natsu sufra, ¿verdad? O tu querida amiga Levy.

- ¿Natsu? ¿Levy? ¿Qué tienen que ver ellos con esto?

- Bueno, estoy segura que Levy estará deseando recuperar a su hijita. Y también de que Natsu te está echando mucho de menos, es un chico muy listo – Lucy dudó.

- Si yo regreso, ¿los demás regresarán? ¿Todos?

- Por supuesto- asintió con una sonrisa.

- ¿Me lo prometes?

- Te lo prometo – la anciana hizo un movimiento con su mano y un portal se abrió en el centro de la lacrima - Simplemente tienes que cruzar esta lacrima y todo volverá a la normalidad – Lucy se acercó bajo la atenta mirada de la anciana. Pero se detuvo justo antes de entrar.

- ¿Nadie sufrirá daños? ¿Ni los de este tiempo?

- Cuanto más tiempo permanezcas aquí más riesgo hay de que las cosas cambien. Quién sabe, tal vez Natsu podría enamorarse de otra mientras tu estás aquí y perderías todo esto que tanto sufrimiento te ha costado – Lucy tembló ante aquellas palabras.

- E-está bien – tragó fuerte y reunió el valor para meter un pie dentro del portal.

- ¡NO LUCE! ¡NO LA ESCUCHES! – Lucy se giró para mirar a Natsu a los ojos - ¡Yo nunca me enamoraría de otra!

Natsu corrió hacia ella con lágrimas en los ojos y la mano extendida. Lucy extendió su mano hacia la de él y logró rozar sus dedos.

Pero ya era demasiado tarde, el mundo de Lucy se desvaneció ante sus ojos mientras era arrastrada por el portal.


Cof cof cof, se que no me merezco reviews, pero... ¡siempre me encanta leerlas!

También quiero decir que ya queda poquito poquito para terminar, le do capítulos más :P Que la pobre Lucy ya está sufriendo demasiado.