Esta conclusión de la conquista tiene un significado importante para mí. El conflicto que notaran en los personajes a continuación en cierta manera tiene que ver con la vida que llevo en estos momentos. Los misterios y las intrigas. La gente que no dice la verdad y frente a nosotros son amigos. A la espalda son los peores enemigos. Este final se representa con dos caminos. Uno solo dirige a la felicidad. Uno es el único correcto. Quizás ambos lo sean. Pero de igual forma debe sacrificarse algo en cada uno. En este tiempo en el que vivo, debo decir que me ha tocado afrontar las desiciones más difíciles de mi vida. Hasta convertirme en lo que critico tanto. ¿De que maneras podemos seguir lo que dice nuestro corazón si este no dice nada?. Cuando llega un momento en que las palabras solo dicen mentiras y las ilusiones representan sueños sin sentido. ¿De que manera podemos saber lo que nuestro corazón realmente quiere?. Quizás debamos interpretar su silencio…

Conclusión… Segunda parte

…No le quedaba de otra que ver como ella se preparaba. Le recordó mucho a otra persona. Fue entonces cuando le toco acordarse con quien había crecido y pasado la mayor parte de su vida. Algunas costumbres debían seguir con ella. Se sentía insignificante. Desearía borrarle todas esas memorias. Hasta viajar en el tiempo y ser el a quien ella hubiera conocido primero. Era obvio que nunca se atrevió a revelarle esos pensamientos.

Se encontraban en una pequeña habitación. Repleta de armas. De distintos rifles. Algunos con bastante poder de alcance. Otros ridículamente inmensos. Quizás puestos en las paredes como decoración. Espadas, cuchillos, granadas, pistolas y otros artefactos extraños que había aprendido con el tiempo a no preguntar para que sirvieran. La habitación alejada por completo del hogar subterráneo que compartían. Bastante cómodo y amplio. Con televisión, aire acondicionado, amplios dormitorios y área de recreación. Sin duda la envidia de cualquier fugitivo. Nadie podría encontrarlos en este lugar. Los únicos que sabían su existencia ya habían pasado a mejor vida. A ella nunca le quedo claro como llego a este escondite. Tampoco quien resulto ser el benefactor. En los primeros días no dejaba de sentirse controlada. Desconfiaba de todos, incluyendo a este hombre quien la cuidaba demasiado para su gusto. No obstante aprendió a acostumbrarse.

-¿Estas segura de lo que estas haciendo?. No se porque te interesa protegerlos tanto. Sinceramente lo considero estupido. No eres ninguna clase de mártir para hacer esto. Déjalos que resuelvan sus problemas solos. Mira lo que hacen…intentas ayudarlos y como te pagan. Pensando que has regresado por venganza. Tienen razón en parte…¿o me equivoco?.

Sydney vestía con una camisa negra ajustada a su cuerpo. Mostrando su busto no abundante pero de igual forma notable. Un pantalón negro igualmente ajustado, dejaba notar sus curvas femeninas. Unas botas completaban su atuendo. Recordaba que nunca le gusto el negro. Lo consideraba muy tétrico y hasta triste. Ella nunca sintió oscuridad dentro de si misma. Eso había cambiado. Dos pistolas plateadas y brillantes a cada lado de su cintura. Su pelo negro lacio que le llegaba a mitad de espalda; recogido con un moño rojo. Su rostro era pálido. En una tonalidad que no era antes parte de ella. Demasiado mórbido para ser real. Era este su nuevo aspecto desde que fue convertida al vampirismo. Según cuentan fue la única manera de salvar su vida. Se puso una larga túnica negra imitando el atuendo que compartía en una ocasión. Dentro de esta coloco varios artilugios que podrían sacarla de aprietos cuando las cosas se complicaran. Solo le faltaba algo más para terminar de prepararse.

La katana la esperaba sobre la mesa al borde de esta. Fue especialmente hecha para ella hace ya algún tiempo. Dudo en volverla a usar hasta el momento oportuno. Una parte de ella le decía que ese momento esperado había llegado. Otra parte la mantenía en la duda. El saya de color rojo guardaba la espada. Sydney la coloco inmediatamente en su espalda por dentro de su túnica.

Quien le hablaba esperaba una respuesta. Ella desde hace tiempo no tenia muchas. Era verdad fue traicionada. Fue victima de una conspiración, en donde todavía pagaba las consecuencias y las probabilidades de limpiar su nombre eran escasas. Podría desaparecerse y olvidarse de toda esta gente. Razones por demás guardaba. No podía hacerlo. Les debia a esta gente o por lo menos a algunos de ellos, el estar viva. Si lo podía llamar de esa manera. Preparada para lo que se dirigía a hacer desconocía si regresaría. La vida sin embargo le había enseñado que existían razones por las cuales luchar. Sonrió para si misma por los recuerdos. También por lo único que le brindaba felicidad cada día. Desde hace mucho tiempo era lo único que le importaba. Nada más merecía más atención. Más cariño, todo el amor y la protección que ella tenía para ofrecer.

-No regreso por venganza. Por fin dijo Sydney después de su silencio. Es mi deber Cristian.

El joven de piel blanca, delgado, pelo castaño despeinado y espejuelos que solo aportaban a su rostro esta apariencia de muchacho inteligente. Envuelto más en el conocimiento que en las cosas cotidianas de la vida. Posiblemente busco conocerlas. La timidez que parece innata en este tipo de personas lo obligaba a encerrarse en si mismo. Era más fácil, menos doloroso y arriesgado quedarse con la ciencia, la tecnología, los complicados cálculos matemáticos, constantemente abordando al cerebro con más conocimiento. Haciendo lo posible por esconder. Por el mismo complejo de nunca ser escuchado. O de que las pocas veces que intento que alguien lo escuchara, muchos lo ignoraban. Así estaba Cristian. Quien reconocía en silencio que su vida cambio considerablemente desde que le toco conocer a Sydney. Que cada día que la vio convaleciente, con la mirada perdida en viejos recuerdos, incluso llorando sentía su dolor. Quizás hasta más fuerte. Intentaba siempre consolarla y en ocasiones aparentaba tener éxito. No obstante con el tiempo se dio cuenta que Sydney solo detenía sus lagrimas o le demostraba estar contenta para no preocuparlo. Después de todo lo que le habían hecho, continuaba siendo tan considerada con lo demás.

Resulto difícil contener a Sydney en esos primeros días de vampirismo. Su hambre de sangre era casi insaciable. Los animales que se le traían no eran suficientes. O mejor dicho no eran de su agrado. Recordaba Cristian como se veía esta transformada en vampiro encerrada en un cuarto reforzado. Esos primeros días que Sydney era una total bestia enfurecida, agobiada por malos recuerdos y tragedias; esta ni siquiera podía acordarse del milagro que había sucedido. Que si no hubiera sido por la inyección que contenía el virus del vampirismo estaría muerta por toda la sangre que perdió. Irónica resultaba la vida. El difunto Arturo Alejandro consiguió la cura para estas condiciones milenarias. Curo a miles. Pero sectores tuvieron que oponerse. Sectas que pensaban que ellos representaban el futuro de la humanidad. Por eso Arturo pago con su vida y después de la gran guerra los antídotos preparados con tanto esfuerzo y años de continuo trabajo fueron destruidos como parte del tratado. O al menos eso era lo que decía todo el mundo. Si tan solo existiera una manera de curar a Sydney. Una de las increíbles fantasías de Cristian. Se convertiría en su héroe. Ella lo vería como un hombre con fortaleza, que es capaz de protegerla. Que no siempre ella tendría que ir en su rescate. Quizás ella lo veía como un adolescente frustrado, puesto a que el era mas joven. De cualquier forma Cristian buscaba cualquiera manera para hacerla cambiar de opinión. Era un muchacho con mucha imaginación. Le proponía cantidad de cosas. En ocasiones opciones sin sentido. Todo sin demostrarle directamente lo que este sentía por ella. Claro desde hace tiempo Sydney se había dado cuenta.

Su casa subterránea era demasiado lujosa para ser real. Sydney salio de la pequeña pero equipada armería, caminando por la sala con elegantes alfombras y decoraciones. Subió una escalera hacia las cuatro habitaciones que se encontraban en el piso superior. Se dirigía a una en especial. Donde se encontraba su única razón para vivir. Se detuvo frente a una puerta de madera con cerradura pintada en color oro. Giro la misma suavemente esperando que quien estuviera adentro estaría dormido. Inmediatamente escucho el sonido de una televisión. Un ligero pesar vino a su corazón. Seria mucho mas fácil si tan solo se acostara a dormir cuando ella se lo pido algún tiempo atrás. Normalmente no le importaba tener que hacerlo en varias ocasiones. Pero esta vez…seria mucho mas fácil irse y quizás hasta despedirse si no tuviera que encontrar alguna manera de explicarle.

Cuando la puerta se abrió completamente, la televisión ya estaba apagada como si Sydney ya no la hubiera escuchado, quedando toda la habitación a oscuras. Bueno Sydney podía irse y aparentar como en otras ocasiones que no había escuchado nada y que el engaño había funcionado. Titubeo por algunos segundos con la desición, quedándose parada en la puerta mientras luces del exterior entraban por esta. Nunca fue buena para las despedidas. Odiaba que las malas costumbres fuera lo que mejor se le acoplara a su personalidad. Antes decir adiós o hasta luego resultaba tan fácil. Casi no tenía ningún significado para ella. Ahora era todo lo contrario. Con tantas cosas que decir lamentaba seguir la tradición inducida por otra persona. ¿Por qué con el tiempo termino pareciéndose tanto a el?. Detestaba continuar con las costumbres. Antiguas manías sin explicación para nadie excepto para ella. Suspirando y con un nudo en su garganta dio la espalda suavemente dispuesta a cerrar la puerta y decir adiós en silencio.

-Mami…

Esa voz. Tan angelical. Tan increíble. Todavía después de seis años, le costaba trabajo creérselo. ¿Cómo podía ser ella tan afortunada?. Nunca pudo tomarse el tiempo para no responderle. Siempre lo hacia instantáneamente, aunque su voz estuviera quebrantada al borde del llanto como ahora.

-Dime mi amor…

Se volteo hacia adentro pasándose las manos por los ojos donde ya sentía que lagrimas empezaban a salir. Nadie se inventaba una manera de detener las ganas de llorar. Maldita ciencia. Una figura envuelta en la penumbra se sentó en la cama y dijo después:

-Luces.

La espaciosa habitación se ilumino dejando notar las paredes pintadas de azul claro, con imágenes de súper héroes por todos lados. Estantes con figuras de acción, muchas colocadas como si estuvieran listas para el combate. Aviones y naves espaciales colgando del techo y como era de esperarse juguetes regados por el suelo. La cama era amplia y quien estaba en esta era un niño de piel trigueña, ojos marrones y pelo negro lacio. Sonrió levemente al ver a Sydney. No se reía como era debido al menos que estuviera forzado a hacerlo. Había empezado a mudar sus dientes y le abochornaba andar con unos cuantos dientes menos. El niño era delgado con una pijama azul oscura.

-¿Qué te pasa mami?. Pregunto el niño con una amplia sonrisa he inocencia notable en su voz. ¿Estas llorando?. (Muestra preocupación) Se que no me he portado muy bien y que me paso molestando a Cristian. (Con felicidad al recordar las maldades) Pero es que tienes que ver como se pone. Le tire hasta fotos…¿quieres ver?.

Sydney se sienta en la borde de la cama buscando la mejor manera de hablar sin ese nudo en la garganta que delataría sus sentimientos. No sabía porque estaba sentimental. Como si no hubiera visto a esa gente parte de su vida antes. Tal si tuviera el presentimiento de que no volvería a ver a su hijo. ¿Cómo era esto posible?. ¿De que manera el logro sobrevivir?. Ni siquiera Sydney estaba muy segura de esos detalles que resultaban ahora tan confusos.

-No me pasa nada Sanied. Respondió Sydney con tierna voz y acariciándole el rostro. Y aquí entre tu y yo (baja el tono de su voz no sin antes mirar a la puerta para luego decir su secreto) También me gusta cuando molestas a Cristian. Es muy gracioso (se ríe junto a su hijo) Eres idéntico a tu…( se queda callada de pronto para luego aclarar su garganta y poner esta voz seria queriendo hacer el papel de la madre responsable) pero todo tiene sus limites ¿entiendes?.

-Si mami. Agrego Sanied agachando la cabeza. Si quieres para que no llores me disculpo.

-Ya te dije cariño que eso no es lo que me sucede. Pero prométeme que te portaras bien y le harás caso a Cristian. El te quiere mucho. Me ha ayudado a criarte desde que eras un bebe. Nunca se ha quejado y tampoco se enoja mucho cuando le juegas una broma pesada.

-Pero no es mi papa. Exclamo Sanied de pronto dándose cuenta rápidamente de su expresión fuera de lugar. Perdón.

Sydney hizo caso omiso a las últimas palabras de su hijo. Desde hace algún tiempo Sanied preguntaba quien era su padre. Sydney hacia lo posible por cambiar el tema. Pero no siempre podía hacerlo. No tenía tiempo para discusiones como esta ahora.

-Escúchame Sanied…(Sydney hace una pausa buscando la mejor manera para decir lo siguiente) estaré algún tiempo fuera y necesito que obedezcas a Cristian. Hazle caso solo quiere cuidarte.

-De eso me di cuenta.

-¿De que Cristian te quiere?. Pregunto Sydney con esperanza y sorpresa debido a que esta seria la primera vez que escucharía a Sanied hacer una afirmación como esa.

-No…de que te vas. ¿A dónde si se puede saber y no invado tu privacidad?.

La mirada penetrante de Sanied le brindo un ligero escalofrío a Sydney. Alguien le dijo hace mucho tiempo que debia interpretar las pequeñas señales que brindaba la vida. No sabia si ver a su hijo con un parecido tan increíble era una señal. No obstante por momentos sentía que hablaba con otra persona.

-Tengo asuntos importantes que atender jovencito. Exclamo Sydney recobrando su seriedad. Nada de lo que debas preocuparte.

-Pues vas como para una guerra…déjame ir contigo. Ya no me sacas a pasear como antes y Cristian no es muy fanático de salir tampoco. Solo habla de números y otras tantas cosas que no entiendo…

¿Por qué será que los pequeños siempre quieren imitar a los adultos?. ¿Por qué será que los pequeños se ofrecen a ayudar, acompañar, incluso a trabajar como si no fuera la gran cosa?. Quizás porque le encuentran la diversión a lo que los adultos le encuentran el aburrimiento. A Sydney no le quedo de otra que reírse ante la valentía inocente de su hijo. ¿Qué mas deseaba ella?. Tener a Sanied siempre a su lado. Nunca separarse de el. No había pensado mucho en el futuro. Tampoco se lo imaginaba crecido y con otros intereses que no fuera ella. De seguro le daría un mal de celos. Y ahora Sydney se reía para si misma por diferente razón, abrazando a Sanied, quien no le parecía extraño tanto cariño proveniente de su madre inesperadamente. Se comportaba de esa manera en ocasiones. Las cosas que Sydney se inventaba en segundos le hacia escapar una leve risa opacada. Como escondiendo el llanto a través de esta. Se creía que tendría el privilegio de ver a Sanied hecho un joven hombre con los conflictos de la adolescencia. Faltaba que terminara siendo tan obstinado, dramático y hasta tacaño como su padre. Bueno por lo menos saldría con su inteligencia de eso ella podía estar segura.

Beso a su hijo en la frente. Para luego continuar acariciándolo mirándolo fijamente a los ojos. Nadie podría negar su parentesco en la mirada de ambos. Era la misma. Sanied no decía nada. Era muy inteligente para su edad. Quizás mas de lo que su madre esperaba. Siempre solía sorprenderla cuando esta menos se lo esperara. Sabia cuando debia mantenerse callado. Solía tener tantas preguntas en su joven mente. Esta vez no seria la excepción. Pero con seis años conocia que Sydney no era muy amante a dar respuestas. Se daba cuenta de la nostalgia de su madre. La escuchaba llorar escondida en ocasiones. Le notaba su mirada triste y perdida. Como si estuviera recordando y al mismo tiempo deseosa de encontrar el olvido.

En silencio pudo comprender. La abrazo lo más fuerte que pudo. Deseando no soltarla. Darle más besos. Hacer más difícil para ella la retirada. Al final Sanied nuevamente asombro a su madre. Adopto esa actitud de fortaleza que a Sydney a veces le faltaba.

-Debes irte…¿prometes que regresaras pronto?.

Sydney no supo como responder esa pregunta. Reviso si no había derramado alguna lágrima. Tenia el defecto que cuando se ponía sentimental lloraba sin darse cuenta de las lágrimas. Luego cuando le preguntaban porque lloraba, negaba estar llorando. Si respondía, Sanied se daría cuenta inmediatamente de su inseguridad y lo que ella mas deseaba es que el estuviera tranquilo. Los ojos de su hijo sobre ella sin embargo delataban cualquier malestar, por más que esta luchara en ocultarlo. Que el no le dijera nada al no encontrar las palabras apropiadas era otra cosa.

Por obligación Sydney tuvo que dejar de mirarlo. Agacho su cabeza moviéndola en señal de afirmación. Respiro profundo y sin darle otra mirada directa a su hijo se levanto. Le dio la espalda a Sanied caminando hacia fuera. Antes de salir por la puerta a Sydney le toco escuchar otras palabras que nunca había escuchado antes. Si resultaba ser cariñoso. Pero esta expresión de afecto Sydney la había dicho. Pero no le había tocado escucharla de vuelta.

-Te amo mami…te amo mucho…

El corazón de Sydney latió con fuerza. Se sintió nerviosa. A punto de irrumpir en el llanto que representaba una mezcla de emociones. ¿Quién diría que un vampiro resultara ser tan sentimental?. Debia responderle. Debia abrazarlo. Era este un momento grande. Especial. Quizás no volvería a escuchar eso nunca más en su vida. Cerró sus ojos, tragando y suspirando para encontrar la mejor voz que no sonara quebrantada.

-Recuerda todo lo que te dije. Te veré pronto…

Y así cerro la puerta tras su salida. Camino por el pasillo a paso ligero. Según caminaba pudo liberar sus lágrimas. Salieron sus gritos ahogados. Casi para si misma. Liberaba todas esas emociones. Entonces se acordaba de las últimas palabras de su hijo y reía mientras lloraba. Era la mejor noticia. Las palabras más lindas que le había tocado escuchar en mucho tiempo. La llenaban de ánimo. Le daban esperanza. Pero sobre todo cambiaban su manera de pensar. Debia regresar. Encontraría una manera de sobrevivir y regresar a los brazos del motivo de su existencia…

Blue Marine

Nunca había manejado uno de estos. Sin embargo Cristian se encargo de instruirla lo mejor que pudo. Ella resulto ser una muy buena estudiante. Sin duda alguna este pequeño submarino era algo todavía desconocido por el resto de la humanidad. Asombrosa tecnología. Una creación única de la liga pacifista y quizás alguna otra organización con suficiente dinero para costear esta maravilla.

Conocido como el "Blue Marine" su tamaño aproximado era comparado al de un avión pequeño, capaz de hacer increíbles maniobras. Todavía el Blue Marine no encontraba gran uso salvo que no fuera para exploración. Pero el futuro dictaba que la gente podría vivir en ciudades submarinas y ya la base submarina de la liga pacifista era prueba suficiente. El blue marine podía ser un submarino de ataque con un arsenal de micro torpedos. Estos eran mucho más pequeños en comparación con los ya conocidos. Pero igual de efectivos. Sin embargo microtorperdos no aseguraban hacer todo el trabajo. Al principio se pensó experimentar con diferentes calibres de ametralladoras vulcan, queriendo acoplarlas al ambiente bajo el agua. El blue marine operaria a grandes profundidades y en lugares como este, sencillamente las balas se irían con la corriente. Hacer ametralladoras más potentes crearía a un submarino más pesado y lo más que se deseaba era velocidad.

Nuevamente los ingenieros tuvieron que improvisar, viniendo entonces con una revolucionaria idea; cañones láser.

Originalmente como tal un láser no es una energía destructiva. Sin embargo graduado en la forma correcta, sus ondas de calor causaban el mismo efecto que dos ametralladoras vulcan de gran calibre. El problema surgía entonces en que se calentaban demasiado, teniendo que esperar un tiempo considerable para que se enfriaran. Mientras los ingenieros inventaban un sofisticado sistema de enfriamiento para añadir cañones láser a aviones de combate, el blue marine llevaba nuevamente las de ganar. Al estar debajo del agua el caño láser TB-U3 se mantenía siempre a temperaturas considerables. Además un rudimentario sistema de enfriamiento fue añadido en caso de un combate intenso. Ahora bien un submarino de ataque debia alcanzar grandes distancias. A pesar de ser motores basados en plutonio la primera respuesta, pruebas certificaron una y otra vez lo peligroso que resultaba esto. Primero un reactor nuclear de tamaño reducido era un proceso costoso y lento. Siempre se buscaba algo diferente, menos peligroso he igual de eficiente. Así que motores especiales capaces de usar hidrogeno como combustible resultaba ser la solución más viable. El hidrogeno era una fuente de energía inofensiva para el ambiente.

El nuevo metal sintético de nombre y formula secreta convertía al blue marine totalmente invisible a radar. De construcción aerodinámica, sumamente silencioso ningún sonar convencional podía detectarlo. Interiormente en los controles el blue marine también contaba otra historia. Sus controles eran muy parecidos al de un avión de combate. Contaba con un sistema de reciclaje de oxigeno, que mantenía siempre a la cabina bajo una presión normal, evitando los daños causados al piloto por la falta del mismo.

Visión nocturna, infrarroja, sensores de calor, electricidad y radioactividad. Computadora interna capaz de brindar soporte indispensable en ajuste de coordenadas, análisis del terreno exterior y en el peor de los casos; podía reparar algunos sistemas básicos en caso de severos daños. Por consiguiente el submarino de ataque y exploración blue marine, resultaba ser el perfecto instrumento para la extensa exploración del misterioso océano. No obstante a pesar de estar tan lleno de atributos el blue marine todavía no había sido probado fuera de entrenamientos y simuladores. Su actitud en una situación real de combate todavía estaba por verse.

Esa fue toda la explicación que a Sydney le toco escuchar por parte de Cristian, quien le enseño detallados planos y graficas del submarino experimental. La liga pacifista contaba con un arsenal de estos. O por lo menos eso habían dicho. Y mientras Cristian la instruía como si ella fuera una niña pequeña con terminología que Sydney conocia a la perfección y quizás hasta mejor que el; esta nunca lo interrumpió. Le gustaba que el se sintiera útil. Ella solo quería aprender a manejarlo, aunque ya tenía una básica idea. No obstante tuvo que aguantar más de una semana de explicaciones teóricas de un hombre que al parecer se le olvidaba que Sydney resultaba ser la mujer mas joven en obtener un doctorado en física quántica y sin mencionar sus otras condecoraciones.

En el mismo nivel subterráneo existía un río que pasaba por debajo de la tierra. Se sabía que era parte de un manantial desconocido todavía, con agua sumamente cristalina. Pertenecía a una red de cuevas sumergidas que desembocaban en un cuerpo de agua más grande y por consiguiente al océano. El destino de Sydney. El reto consistía entonces en encontrar el camino correcto y no perderse en este laberinto submarino. Aparte existían caminos sin regreso, donde dar hacia atrás después de complicados virajes era todo un desafío. Sydney entreno durante algunos días. El camino indicado se registraba en el sistema de navegación del blue marine. Además por si acaso, Cristian se quedaría con ella durante todo el trayecto. De cualquier forma toda esta idea le parecía absurda. Descabellada y algo que nunca le dijo, estupida. Todo el tiempo lucho por quitarle esa idea de la mente a Sydney. Pero si algo admiraba de ella y a la misma vez detestaba; era lo decidida que siempre estaba. Nunca la vio titubear con una desición o retractarse de pronto. Si no sabia a donde se dirigía sencillamente meditaba la situación. Si algo salía mal intentaba improvisar y aprender de sus errores.

El blue marine flotaba pegado al borde de una plataforma metálica. Esta se extendía hasta el suelo firme de concreto por donde caminaban Sydney y Cristian. Una escotilla sobresalía del submarino ya de por si abierta. El submarino era de un color grisáceo que se confundía fácilmente con la oscuridad del océano. Sydney se detuvo frente a la plataforma.

-Bien…llego la hora. Dijo Sydney suspirando para luego mirar a Cristian con una sonrisa melancólica. ¿Me cuidas a Sanied?. Me prometió que se iba a portar bien.

Cristian no pudo evitar reírse con Sydney acerca de eso. No era la primera vez que Sanied hacia una promesa como esa.

-Descuida Sydney. Inquirió Cristian. Sabes que cuidare de el con mi vida. Me ofendes con tan solo recordármelo.

-Si lo se…(un momento de silencio extraño en el que Sydney observa todo a su alrededor, lo que había sido su hogar durante tanto tiempo) he pasado tanto tiempo en este lugar…(mira a Cristian) te debo mi vida Cristian. Mira has sacrificado tanto tiempo a mi lado y todavía sigo pidiéndote que me ayudes…no se como pueda yo pagártelo. O si existirá alguna forma.

-Amanecer cada día con tu sonrisa es todo lo que pido Sydney.

Sydney tuvo que desviar la mirada tras ese comentario. Sabía que Cristian estaba enamorado de ella. Sin embargo era un deseo que ella no podía complacer. O llegar a sentir. Desconocía que era eso del amor. No lo pensaba. Pero si lo recordaba. Y se sentía estupida, demasiado ingenua cuando le tocaba pensar en esos viejos tiempos. Ella no podía amar a nadie. Salvo a su hijo. No podía evitar de igual forma que recuerdos llegaban a su mente. No podía evitar extrañarlo. Pensar en el. Confundir el nombre de vez en cuando, a pesar de no verlo de cerca solo a la distancia. Porque en ocasiones lo espiaba. Mientras caminaba por la calle o compraba comida rápida, siendo su favorito el helado con chocolate, que comía con mucha tranquilidad. Sin dejar que nada lo interrumpiera. Eran esos momentos en los cuales se escapaba y nadie sabia a donde. La cosa es que no podía evitarlo. Necesitaba verlo. Saber si estaba bien. Le reconocía a la distancia su mirada nostálgica. Porque eran cosas cotidianas y estupidas para otros. Pero para ella representaban instantes de felicidad. Donde podía decir que su vida era normal.

-Perdóname. Exclamo Cristian de pronto. No quise…

-No te preocupes. Añadió Sydney no dejándolo terminar. Perdóname tu a mi…Cristian quisiera que pudieras entender…

-Lo entiendo muy bien Sydney. (Cristian le pone ambas manos sobre los hombros mientras la mira fijamente, hablándole con tierna voz) Todavía lo amas. A pesar de todo…lo amas. Es un hombre afortunado sabes. He sido egoísta todo este tiempo. Engañándome con eso de que te quedaras. Harás una nueva vida y te olvidaras de todo. Solo mentiras. Esa gente son tu familia y el…al único hombre que has amado…el padre de tu hijo…

Sydney no tenía palabras. Detestaba estos momentos donde la tomaban por total sorpresa. Si existiera siempre un aviso o por lo menos un libreto, donde ya ella supiera que tenia que decir ante tales expresiones. Odiaba cuando Cristian se ponía sentimental. Seguramente porque el hombre mas cercano a ella casi nunca lo era. Aparte por lo general solía decirle verdades que ella guardaba en su interior y se negaba a aceptar. Para colmo siempre le pasaba lo mismo cuando ocurría un momento como este. La sensación rara en los ojos. El nudo en la garganta que llegaba ya por si solo. Maldita sea.

Cristian le dio un fuerte y calido abrazo. Uno que Sydney respondió de igual manera. Luego este le dio un beso en la frente, para decirle después:

-Vete ya. Te espera un largo viaje. ¿Segura de que lo llevas todo contigo?.

-Si. Respondió Sydney con una risa nerviosa. Revise tres veces por si acaso.

Sydney no encontraba la mejor manera de irse sin parecer ruda o descortés. No era muy buena diciendo adiós. Mucho menos hasta luego. Por eso camino hacia la plataforma llegando después de algunos pasos a la parte superior del blue marine. Subió tres escalones de metal, entrando por la escotilla, que por dentro contaba con tres escalones más. Miro a Cristian por última vez. Antes de adentrarse y cerrar la escotilla le brindo una larga sonrisa, moviendo su mano derecha en señal de despedida. Cristian hizo lo mismo haciendo lo posible por no ocultar el malestar que sentía en su interior.

No existía mucho espacio dentro del blue marine. Sydney se quito la espada de su espalda y la puso muy cerca del cómodo asiento. Llena de controles, televisores de plasma, sensores y alguna que otra cosa que a ella se le había escapado el nombre y rogaba que no fuera de suma importancia. Una leve luz azul que se combinaba con las demás luces provenientes de los controles y otros sistemas operacionales le brindaba una buena visibilidad.

Se sentó en el asiento de color negro, apretando botones inmediatamente, sintiendo después el sonido de la turbina que la impulsaría. Tenia maneras de hacerla completamente silenciosa si se le requería. Después de revisarlo todo, el blue marine se impulso rápidamente, sumergiéndose de la misma manera. Sydney encendió las luces para ver mejor, llevando las cosas con calma. Sabia que lo mas difícil de pasar era el laberinto y necesitaba los sistemas de navegación que creyó entender a la perfección. Toda su atención estaba puesta en el camino. Pero según escuchaba el sonido de la turbina y veía al blue marine moverse una extraña sensación llegaba a su pecho. Era casi una desesperación. Ganas de acabar con todo esto o de al menos verlo empezar. Debia limpiar su nombre y al mismo tiempo pagar la deuda que tenia con una mujer que había fallecido cuando era ella todavía pequeña. Esta mujer la cuido como si fuera su hija y le hizo prometer antes de morir, que cuidaría por siempre de Sandy. Que nunca se separaría de el pase lo que pase. Según avanzaba la ansiedad aumentaba y no era de esperarse que en el encuentro y sobre todo en su misión fuera lo único que pensara. Pego una foto de ella abrazando a su hijo y se dio cuenta de que algo faltaba. La mente le jugo una pequeña ilusión. Y lo vio al lado de ellos dos como debia de ser siempre. Cristian la saco de su pequeño viaje, advirtiéndole que se encontraba muy cerca de realizar los primeros virajes. Se paso la mano por los ojos, conociendo que necesitaría la mayor concentración posible. Pensaba entonces en la otra parte de su pequeño plan para entrar a Atlantes y eliminar a alguien peculiar antes de que fuera demasiado tarde. Si le contaba esto a Cristian de seguro le diría que estaba loca y posiblemente la hubiera atado con candados. No era una mala idea eso de probar sus habilidades de vampiro y ver si soportaría la presión al aventurarse como buzo…definitivamente no era una mala idea…

Explosión

Zaira

…Existen tiempos en mi vida en que la gente puede acusarme de estupida. Eso es si yo les permitiera ver las brutalidades que hago en ocasiones. Por lo menos una vez al año. A veces paso de ese número, pero jure no revelar esos detalles.

Zaira siguió las órdenes de Sydney a la perfección. Tenía un sinnúmero de posibilidades enseñadas por la experiencia. No alerto a nadie. Se fue dejando a Aris supervisada. El auto mas rápido que encontró fue el de su tío Sandy el cual prefería verlo estacionado y vigilado que usarlo, arriesgándose de que le pasara algo. El auto era un BMW M3. Este no era un auto convencional. Sandy lo había preparado como su videojuego favorito de autos de carrera. Era de color blanco con líneas azules. Aros de lujo, un solo asiento, doble turbo, nitro y no podía faltar el increíble sistema de sonido. Zaira lo conducía a toda velocidad, convencida de que Sandy no se daría cuenta del pequeño préstamo. Además buscaba venganza por todas las veces que Sandy le hizo una mala jugada con sus autos.

Así llego a la zona de puerto nuevo en menos de una hora. De nuevo pudo tomar otras opciones. Pero se estaciono frente a la casa de Aris. La cual había observado en otras tantas ocasiones. El sonido del motor del BMW llamaba la atención de los vecinos y de varios perros también. De nuevo Zaira no pensó en nada de eso y apago el motor, bajándose del auto como si fuera una visita casual. Vestida con un traje negro como era costumbre y una larga túnica donde guardaba una pistola. Quizás lo único conciente bajo tales circunstancias.

Miro hacia la casa de Aris. La cual era de dos plantas pintada de color crema con rejas negras. Una Mitsubishi Montero blanca correspondiente al que vivía en la casa de arriba y un Toyota Corolla de color gris perteneciente al padre de Aris. Las ventanas estaban abiertas con luz y hasta se escuchaba el sonido de un televisor. Tanto arriba como abajo.

"Ahora debo ser clara conmigo misma. Todo esto me parece estupido desde el principio. Aquí voy a encontrarme con una asesina, acusada de terrorismo y de por si muy peligrosa que tiene a un grupo de civiles como rehenes y mira como voy yo. Como si nada hubiera pasado…"

Zaira cruzo la calle pensando que debia hacer. Presentía que algo malo debia ocurrir. O que seria tomada por sorpresa. Sin embargo vio a una persona asomarse a la ventana y lo primero que se le ocurrió…fue saludar.

-Hola…¿se encuentra Aris?.

Una voz femenina y juvenil le respondió. Al acercarse más Zaira pudo reconocerla. Le toco ver varias fotos de ella. Y de nuevo consideraba que todo eso de las fotos y el espionaje era bastante estupido. ¿Qué el mundo no tenia suficientes problemas que atender?. Era la primera vez que se le ocurría tal cosa. ¿Por qué tanto interés?. Es mas ¿Por qué Aris se involucro tanto en sus vidas?. Es como si durante un tiempo resultara ser una misión muy importante que no podían sacar de su mente. Se le erizo la piel de repente al pensar en todo eso mientras recibía una respuesta.

-No ella no esta. De hecho no ha llamado…

-Debe ser la hermana molestosa. Pensó Zaira mientras brindaba una sonrisa hipócrita.

¿Por qué todo esto se veía fuera de lo normal?. ¿Dónde estaba Sydney?. Zaira poniéndose ansiosa. La hermana de Aris de nombre Anyelis continuaba mirándola por la ventana, tal si estuviera esperando a que esta le dijera algo. Mientras Zaira esperaba que se notara cualquier cosa extraña, intentando penetrar en su mirada, buscando algún tipo de señal. Nada solo una pregunta:

-¿Tenias que decirle algo importante?. Pregunto Anyelis. ¿Eres Indira?...

Zaira se sintió ligeramente ofendida por el comentario. Indira era una joven que sobrepasaba los seis pies de piel oscura y un poco sobrepasada de peso. También le toco ver fotos de ella. Zaira se miro así misma de arriba abajo y fulmino a Anyelis con la mirada.

-Si…si soy yo. Respondió Zaira con ganas de tenerla cerca para estrangularla. ¿Cómo estas eres Anyelis?.

-¡Si que bueno por fin te conozco!...¡Hemos hablado por teléfono!. ¿Te acuerdas con los personajes de Harry Potter que nos casaríamos?...el mío es Draco Malfoy perdóname…ese rubio es mi macho.

Anyelis se ríe de manera pintoresca. Más bien infantil. Zaira le siguió la corriente con el sonido de la risa, imitando el de Anyelis.

-Espérate un momento…

Anyelis se despego de la ventana. Salio rápidamente por una puerta hacia la marquesina. La niña era de baja estatura, piel trigueña, ojos negros y pelo rizo negro. Vestía un pantalón corto azul y una camisa blanca con una foto de Draco Malfoy. Su macho…

Le abrió el portón a Zaira invitándola a entrar. Zaira trago en seco. Miro para todos lados, sintiéndose como perdida. Era difícil pensar por alguna razón. Siempre se daba cuenta de las cosas. Pero se sentía bloqueada en esta ocasión. Una parte de ella le decía que no entrara. Todo escondía un increíble peligro para su vida. No obstante no podía evitar seguir caminando y aceptar el beso en la mejilla cordial y hasta el abrazo amistoso de Anyelis como si en realidad se conocieran de hace mucho tiempo. Si Anyelis supiera que Zaira conocia a la escritora en persona y que esta pertenecía a un mundo real de magia y otras cosas que debían mantenerse ocultas y que su inspiración no iba muy lejos de la realidad; desconocía como esta adolescente reaccionaria. Quizás le besaría los pies. Lo mas lógico que diría posiblemente es que a Zaira si le faltaba mas de un tornillo.

Caminaron por la marquesina hacia la puerta de la cocina. Donde estaba la madre de Aris, quien recibió a Zaira también con una grata sonrisa. Una mujer muy inteligente quien había sido maestra en su natal Republica Dominicana. Experta en matemáticas y español. Parecía estar cocinando y le ofreció a Zaira alguna bebida. Esta dijo que no con gentileza. Así llegaron a la sala, donde estaban dos sofás y la computadora que estaba encendida en una página de fanáticos de Harry Potter. Zaira suspiro imaginándose lo que le esperaba. No se sentía bien. Se sentía incomoda. Hacia lo posible por mantenerse atenta a todo a su alrededor. Pero corría el peligro de envolverse en el infantilismo que ella tanto detestaba. Ni siquiera le gustaba Harry Potter y en varias ocasiones tuvo que luchar consigo misma para no sentarse al lado de Anyelis, haciendo el papel de una amiga que no era y deleitarse con algo que ella no entendía muy bien, pero que misteriosamente para su cerebro parecía entretenido. Sacudía su cabeza sintiéndose mareada. ¿Acaso estaba bajo el efecto de algún alucinógeno?. ¿Será que alguien intentaba controlar su mente?. No había ingerido nada de este lugar…¿entonces?...

Vino a su mente repentinamente cuando se toco la cabeza al no poder aguantar el dolor que le vino de pronto. No pudo disimularlo y cerró sus ojos abriéndolos rápidamente viendo como todo le daba vueltas. Era una sensación rara dentro de su cráneo. Sentía muchas cosas moviéndose. Era eso. Cualquiera que la escuchara no la entendería. ¿Qué podía estarse moviendo y haciendo sonidos que le bloqueaban la audición?. ¿Era esto lo que le bloqueaba el pensamiento?. ¿Lo que evitaba que pudiera pensar claramente y caminara directamente hacia una trampa?. ¿Qué truco de Sydney era este?. ¿Por qué no terminaba con ella y de una vez aparecía?.

Era difícil pensar. Buscar una solución. Porque cada vez que lo intentaba los dolores de cabeza aumentaban. Perdía cada vez más el conocimiento. Se sumía en confusas imágenes. Pronto le costo trabajo darse cuenta si estaba despierta o sumida en alguna distorsionada ilusión. Arrodillada en el suelo haciendo lo posible por levantarse, solo termino cayendo encima de una mesa de cristal la cual estuvo a punto de romperse. Sin embargo varias piezas de cerámica fueron victimas de Zaira al esta arrastrarlas al suelo. Le toco mirar a Anyelis rápidamente y su amistoso rostro había cambiado.

Anyelis estaba parada frente a Zaira y luego vino la madre. Con rostro inexpresivo y ojos completamente negros. Detalle escalofriante para Zaira. ¿Qué clase de truco era este?. Debia seguir su entrenamiento. Debia defenderse. Busco su pistola apuntándole a ambas o por lo menos haciendo lo posible. Pero en cuanto estuvo a punto de apretar el gatillo el dolor en la cabeza se intensifico de una manera insoportable. Soltó la pistola de manera involuntaria. Nunca se había sentido tan indefensa. Inútil…estupida.

-El objetivo ha sido encontrado. Dijeron las dos mujeres al unísono con programada voz. Dispondremos de el siguiendo nuestra programación final. Misión cumplida…

"¿Por qué vienen tantos recuerdos?. ¿Por qué siento miedo y me pregunto si este será mi momento?. ¿Por qué siento que todo lo que creía no era mas que una mentira?. Que yo forme parte de esa mentira. ¿Me pregunto a que se debe este sentimiento de culpa?. De que estuve ciega desde hace mucho tiempo. Que los últimos días he estado haciendo cosas sin sentido y si lo pienso bien, me han estado manipulando. ¿Pero quien y como?...Solo se me ocurre un nombre. No puedo sacarlo de mi mente. Un nombre que por alguna razón siento que significa algo mas…Aris…Aris…Estoy segura de haberlo escuchado en otro lado…Aris…Aris…"

Un silbido peculiar. Un silencio repentino. Unas palabras que venían a la mente de Zaira aparte de los pocos pensamientos que lograba procesar: "Abre los ojos para las cosas que no ves y ciérralos para los que ves todos los días".

Lo entendió. Le encontró el sentido. Bajo este estado casi inconciente, donde todo lucia perdido Zaira entendió las palabras de su abuelo años atrás. Y así cerró sus ojos como si se estuviera preparando para la muerte. Y pudo ver mas allá de la realidad que la rodeaba de los que sus ojos percibían. Se dejo llevar por los ojos del alma…de la mente…

Escucho muchas voces demasiadas dentro de su mente. Hablaban al unísono. Pero por momentos lograba separar algunas de las demás. Pronto pudo ver imágenes. Del lugar de donde estaba solo de una manera diferente. Veía muchos colores y siluetas distantes que no entendía ni podía describir. No obstante si vio a dos figuras que representaban a las mujeres y su real apariencia. No eran humanas. No sabia a ciencia cierta porque pero lo presentía. Podía ver a través de ellas. Partes artificiales componían sus sistemas internos. Sentía como el tiempo transcurría con lentitud. De pronto pudo ver extraños y diminutos objetos luminosos flotando en el aire. Eran miles de destellos que veía por todos lados. De un color amarillo intenso, era imposible verlos a simple vista. Eran demasiado pequeños, mejor dicho microscópicos para ser percibidos por el ojo humano.

Entonces en toda eso desconocido para ella, donde no sentía emoción, mucho menos alguna sensación, solo la presencia de un conocimiento desconocido o una mente demasiado abierta, vio por las paredes de la casa dispositivos explosivos escondidos. Veía el contador digital y los números en rojo. Faltaban tres segundos para que todo explotara y parecía que faltaba una eternidad para que llegara al dos. Zaira supo inmediatamente que debia hacer y comprendió porque se sintió mareada y hasta dominada. Como impulsada a hacer cosas que no deseaba. Era un proyecto muy antiguo. Que paso por desapercibido hace mucho tiempo. ¿Quién seria capaz de revivir un proyecto como este y perfeccionarlo después que constituyo tantos problemas para los científicos de la Liga?. Cualquiera que haya sido era alguien muy astuto. Quizás hasta de adentro de la liga. Tantas cosas le venían a la mente. Pasaba recuerdos con rapidez. Como si fuera parte de una película. Cosas con lujo de detalles. Algunos los cuales no recordaba anteriormente.

"Nanorobots…un proyecto olvidado. Más por conciencia moral que otra cosa…por miedo a la corrupción y por el alto peligro que esto representaba para el cerebro humano o una persona no acostumbrada…eso explica muchas cosas…"

Y de pronto ocurrió.

Una inmensa explosión que destruyo las ventanas y escombros y algunas pertenencias salieron disparadas. La montero se vio sacudida y sus cristales rotos. Algunas llamas se acoplaron a esta. Ni hablar del Toyota del supuesto padre de Aris que no aparecía por ningún lado. Vecinos se mantuvieron en sus hogares por extraño que esto parezca. Especialmente en Puerto Rico donde ser curioso era casi una habilidad de nacimiento. Un defecto congénito. Quizás porque una explosión como esta no ocurría todos los días y temían de que algún criminal anduviera suelto. Las sirenas de los bomberos brillaban por su ausencia. No son tan rápidos como en otros lugares del mundo. En Puerto Rico la mayoría del tiempo los servicios de emergencia se toman su tiempo, por raro que esto parezca.

De entre las llamas que se extendían por las puertas, ventanas reventadas y la marquesina, se distinguía una esfera azul de gran tamaño con cierta transparencia. Dentro de la esfera se notaba una silueta que poco a poco salía de entre las llamas hacia fuera. Ya cuando estuvo a salvo a distancia considerable refugiándose por el lado del BMW que no daba a la casa en llamas, Zaira cayó al suelo. Recobro la conciencia con la mente fresca, preguntándose que había sido todo aquello que experimento. Le costaba creérselo. ¿Había sido real?. Eso había salvado su vida. ¿Pero los nanorobots le toco imaginarlos?. ¿Fueron parte de una alucinación?. Sentía molestias por todo su cuerpo. Sin duda una experiencia inolvidable, pero con sus consecuencias. ¿Qué habilidad extrasensorial fue esa?. ¿Acaso tenia otra habilidad de nacimiento desconocida para ella hasta ahora?.

Sabía que tenía que irse lo más pronto posible. Si llegaba la policía tendría que contestar muchas preguntas. Los vecinos la habían visto llegar a ella y de seguro algún curioso vio como emergió sin un rasguño. Ya no se preguntaba que paso con la familia de Aris. Sabía que no eran reales. Que quizás nunca lo fueron. Y si esto era así entonces Aris…

Debia ponerse en comunicación con la liga inmediatamente. Se sentía muy cansada, sin animo tan siquiera para conducir. Pero debia realizar el esfuerzo. Cuando se acerco a la puerta para abrirla sintió una presencia de pronto. Muy cerca. Demasiado cerca. Quizás observándola desde hace algún tiempo y ella por razones desconocidas no pudo percibirlo antes de que se aproximara. Entonces miro hacia arriba, en dirección a una casa cercana y bajo la luz de luna pudo ver a la extraña figura. Un escalofrío le corrió por todo su cuerpo. Un combate con este ser tan anormal no era lo que tenia en mente.

La figura se mantenía cubierta de una oscuridad anormal. Era una especie de neblina más oscura y densa que la misma noche y que las luces de la calle, ni el fuego y mucho menos la luna llena, podrían revelar quien se escondía al menos que decidiera revelarse. Zaira se puso en actitud de pelea. Debia buscar distancia. Reconocer a que se enfrentaba. Pero de nuevo no podía pensar claramente y no era por razones ajenas como la primera vez. La experiencia vivida la termino debilitando demasiado.

-Sigues tan hermosa como siempre.

La voz. La reconoció. No podía ser. Debe ser un truco. ¿No se cansaban de jugar con su mente?. No sabía por cuanto tiempo podría soportar esto.

-Por fin has abierto los ojos. Por fin reconoces quienes son tus verdaderos enemigos. Este es solo el comienzo de tu descubrimiento…de pronto todo cobra lógica no crees. Un escalofriante y asombroso sentido…

Zaira miro fijamente a la figura quien dejo que su rostro se revelase. Los ojos de Zaira no pudieron mentir. El asombro, las lágrimas, su corazón palpitando con una anormal velocidad y de pronto esta sensación que nunca pudo describir cuando lo tenía cerca.

-Braulio…

Cuatro seres que luego se asemejaron a serpientes con ojos amarillos endemoniados y el bocas llenas de dientes salieron de la espalda del raro hombre. Miraban a Zaira con malicia…

-Ha pasado mucho tiempo…pero muy tarde has descubierto.

Zaira no pudo preguntar todavía estaba de una pieza. Estupefacta. Sin palabras. El perfecto momento para atacarla, porque ella no reaccionaria, se quedaría mirando los ojos de Braulio, seguirá preguntándose ¿cómo, porque y cuando?. El respondió la pregunta que Zaira nunca le hizo mirando al distante cielo pacifico lleno de estrellas con una hermosa luna llena. Perfecto para los enamorados o para encuentros inesperados…

-Ha este momento mientras hablamos…la conquista de Aris a comenzado…

Base submarina Atlantes…

Una raro sonido alerto a unos vigilantes que fueron asignados aparte de los dos frente a la puerta del apartamento de Zaira para la vigilancia de la "prometida de Sandy". Los tres vigilantes armados intentaron comunicarse sin recibir respuesta. Corrieron lo más rápido que pudieron armados con rifles de alto calibre. Se encontraron con una macabra escena…

La puerta metálica maltrecha como si hubiera sido arrancada por una enorme fuerza. Los dos vigilantes brutalmente asesinados. Uno sin cabeza. Otro siendo trasvasado en ese momento por el área del estomago por un ser delgado, pelo largo rizo, castaño y con un brazo alargado de color metálico plateado asemejándose a la punta de alguna afilada. Botando sangre por la boca el vigilante cayo y el ser se mantuvo de espaldas. Vestía ropas comunes. Estaba descalzo. Su mano volvió a su estado original. De reojo miro a los tres asustados atacantes.

-¡Deténgase o abriremos fuego!.

La segunda opción parecía más lógica que la primera. El ser transformo sus brazos en raros cañones que dispararon esferas de energía azules que trasvasaron inmediatamente a los vigilantes matándolos en el acto.

Uno moribundo en el suelo entre tanta sangre. Vio como se acercaba su asesina. Y le toco mirarla a los ojos con el cañon iluminándole la cara. Le voló la cabeza sin compasión. Inmediatamente se volvió color metal completamente volviéndose parte de las paredes metálicas, moviéndose con velocidad increíble. Alarmas sonaban por todos lados. Presuntamente Aris había desaparecido. Aunque los videos mostraban otra cosa peor. No se podía encontrar por ningún lado. Y la sede principal de la Liga Pacifista a merced de un desconocido atacante…

En las profundidades del océano una inmensa flota de submarinos color oro se aproximaban a su destino. Se habían mantenido escondidos por mucho tiempo. Era hora de cobrar venganza y empezar con la extinción de la especie humana. Las criaturas en su interior, los Protoss sobrevivientes se preparaban para una guerra que Leonardo Henríquez no pudo terminar en su tiempo. Tampoco pudo encontrarlos. Pero ellos sabían cada uno de sus movimientos.

Los Protoss se preparaban para la invasión a lo único que podría oponerles resistencia como demostraba el pasado.

La Liga Pacifista…