Con cuidado, y antes de dar pie a la marcha, acomodo a los dos gatitos en la riñonera que me he agenciado para ellos. Tras haberles dado de comer, saciados y redondos como bolas, ambos habían caído en un pesado letargo cuando habían comenzado el viaje, y aún parece que falta bastante para que despieten. Con cuidado de no cerrar del todo la cremallera, los aseguro y agarro la linterna.
-¡Vamos!- Y tal y como lo digo empezamos a oírlos acercarse. Todos a la par, dieciséis rayos de luz se centran en el pasillo delante nuestra y vemos al rededor de cinco caminantes acercarse. Dos de ellos llevan ropa de asistenta de limpieza. Las flechas y los virotes hacen caer a dos al momento, y los demás nos preparamos para avanzar.
Puerta por puerta, comprobamos el interior de la zona, asegurándola. Un par de secretarias, un tío gordo, una anciana... Y llegamos a la doble puerta que da a la zona de los libros. Dirigimos los haces de luz a través de las cristaleras y vemos a unos cuantos deambular. No muchos. Tan silenciosamente como dieciséis personas pueden ser, entramos en la zona y nos dividimos en dos grupos, peinando a ambos lados de las largas y enormes estanterías. Hay libros y papeles tirados por doquier. Bajo una mesa, enfoco el cadáver de un niño al que se lo han comido hasta los huesos. Aún así, su cabeza gira hacia el haz de luz y se me revuelven las tripas cuando pienso en matarlo. Sin embargo, es lo mejor, y la guadaña le atraviesa limpiamente la frente. Tydus gruñe y todos guiamos el haz de las linternas hacia donde señala su mirada. Una chica, cabello castaño sucio y enmarañado. La falda era bonita hasta que se manchó de sangre. Una flecha de Lluvia le atraviesa la cabeza limpiamente. Y proseguimos cuando ésta la recupera de un tirón. Una vez llegamos a las escaleras que dan a la segunda planta, el grupo se vuelve a escindir en dos. Agarro a Lluvia del brazo y la miro fijamente.
-Necesitamos que no quede ni un rincón por asegurar ¿De acuerdo?- Ella asiente- Quiero que durmamos bien esta noche.
-Cuenta con ello- Dice alzando el brazo del arco y sonriendo. Asiento, sonrío y su grupo sube por las escaleras. Esperamos hasta que nos aseguramos de que llegan bien y no hay ningún contratiempo arriba.
Tydus abre la marcha olisqueando con las orejas en alto. Los demás le seguimos de cerca. En la noche absoluta, apenas entra luz por los ventanales que se alternan entre las enormes y pesadas estanterías. Seguimos el pasillo exterior hasta el pasillo central en el que nos separamos con los demás y vamos serpenteando en busca de zombis. De repente, Tydus heriza el lomo y gruñe mirando hacia arriba, y justo cuando alzamos las linternas, un zombie se precipita desde encima de la estantería y cae sobre él.
-¡NO!- Grito mientras nos abalanzamos todos sobre la criatura. Tydus se revuelve y apenas consigo tirar del cuello del caminante justo antes de que su boca mordiera la oreja de Tydus. Araxiel le arranca de cuajo un brazo y Carl se escabulle entre todos y le corta la otra mano mientras Joanet se sube a mi espalda y acuchilla la cabeza del ser. Tydus, revolviéndose, consigue salir y dejamos el cuerpo en el suelo. Suspiro. Maldita sea, si el bicho llega a matarle... Tydus se frota contra nuestras piernas y gimotea, asustado.
-Tranquilo chico, no dejaremos que te hagan daño- Dice Joanet acariciándole la cabeza. Él, como respuesta, le lame la mano.
-Bien... Prosigamos.
Conseguimos limpiar la planta alta y la baja en relativo poco tiempo. Un par de zonas se quedan sin asegurar, pero arrastramos con la ayuda de Dustin, Ayrton, T-Dog y Daryl estanterías para tapar las puertas y evitar ataques nocturnos. Luego toca arrastrar unos cuantos cuerpos lejos y abrir una zona para descansar. Una vez dejamos nuestras pertenencias aseguradas, miramos a nuestro alrededor.
-Quizás podamos hacer una hoguera con todo este papel- Comenta Daryl. Arrugo la nariz. Si hay un futuro, si es que hay algo más que zombis en él, estaría bien que todo este pozo de sabiduría se mantuviera... Suspiro.
-¿Y si...? Bueno... Hay una sección de libros religiosos por ahí- Comenta repetinamete Maggie.
-No- Dice Hershel- No quemaremos las biblias, sería un sacrilegio.
-Mira, si Dios existe de verdad y nos ha hecho ésto, me puede comer el culo, porque me importa una mierda su existencia ya- Responde Lluvia de mala manera.
-A ver... Tranquilidad, hay muchos más libros...
-Que pueden ser muchísimo más útiles en el futuro que biblias y coranes- Corto a Rick- Estoy de acuerdo con Lluvia, aunque no con ese vocabulario. Ella alza una ceja y se gira, pasando del tema- A fin de cuentas es una estupidez, son sólo papel y no hay nada en ellos que nos pueda ayudar más que un libro de supervivencia o cocina- A Hershel se le pone el rostro blanquecino- Hershel... Siendo científico como eres, sabiendo tanto como sabes, me sorprende que creas en todo eso... Es solo mentiras... Y ahora más que nunca. ¿De verdad crees que rezar nos salvará?
-No- Responde- No por rezar nos salvaremos, pero sí por creer en algo...
-Prefiero creer en mis flechas- Gruñe Lluvia.
-Lo siento tío, pero por ésta vez estoy con ella- Comenta Daryl. Hershel se da por vencido y se deja caer en una silla. Nos miramos entre todos.
-Bien- Tomo el mando- Lori, Maggie, Beth, Hershel, encargaos de sacar las mantas y los sacos de dormir, recordad dejar un espacio aceptable al rededor de donde vayamos a hacer la fogata. El resto que me acompañe, si queremos que ese papel dure mucho, necesitaremos grandes cantidades.
-Eh- Dice T-Dog poniéndome una mano en el hombro- Aquí hay muchas mesas y sillas, podríamos usarlas para conseguir madera.
-Buena idea, Dustin, Ayrton, Araxiel, ayudadle.
-¿Yo?-Pregunta Araxiel. Miro significativamente a su maza.
-Creo que vendrá bien- Sonrie.
-Bueno, ¿Por qué no?
-Los demás, conmigo.
Cuando la hoguera caldea la zona y todos están adormilados tras comer sopa de sobre en cazos calentados sobre las ascuas, me alejo del grupo silenciosamente y abro mi mochila. Al fondo, cojo el bote de crema. Bactroban, dice en letras verdes sobre una línea fina del mismo color y otra gruesa amarillenta. Dejo el bote sobre la mesa junto con espadadrapo y gasas. Con cuidado, me quito la riñonera. Los gatitos duermen en el bolsillo superior, así que abro el inferior, donde lo meto todo con cuidado. La riñonera puede ser un buen botiquín en caso de emergencia, pienso, y además es una excusa para llevar todo eso conmigo. Para disimular, caliento un cazo con agua y le echo varias cucharadas de leche en polvo. Me percato de que queda poca, así que tendremos que conseguir más. El calcio, a fin de cuentas, es indispensable si queremos sobrevivir. Relleno el pequeño biberón improvisado con una botella de agua y un guante de látex agujereado y luego lo ato bien alrededor. Una vez todo listo, me alejo silenciosamente del grupo y me interno entre las estanterías hasta el otro lado de la sala. La luz de la luna que se cuela por las ventana crea sombras prácticamente opacas y zonas levemente iluminadas que dan más miedo que tranquilidad. A través de las ventanas, las calles silenciosas y desangeladas muestran sombras aún más alargadas y terroríficas, y de vez en cuando se ve algún que otro caminante dando un paseo por alrededor.
-Aunque hayamos limpiado, sigue sin ser seguro que te vayas sola- La voz de Daryl me sobresalta. Lo veo aparecer de entre las sombras de una estantería, ballesta en mano.
-No te oí- Murmuro sin pensar.
-¿A dónde ibas?
-A... Alimentar a los gatos- Murmuro alzando el biberón. Frunce el ceño- No quería despertar al resto.
-¿Y por qué no me has dicho que te acompañara? No es bueno que nadie esté solo, tú misma lo dices- Mi mente trabaja a toda velocidad mientras trato de crear una mentira creíble.
-Quería... buscar un sitio donde hacer nuestras necesidades también- Por la descarada mentira, siento que enrojezco y espero con toda mi alma que crea que es por tener que hacer mis necesidades y no por mentir. Alza las cejas.
-Hum, creo que había un baño por el pasillo- Asiento. Sí, lo recuerdo. Y recuerdo haber visto el espejo, que tenía una grieta en la zona de abajo, una grieta que había separado mi reflejo en cabeza, cuello y hombro derecho por un lado y hombro izquierdo por el otro. Un reflejo que me había recordado que hacía dos días que no me curaba la herida. Daryl me pasa una mano por delante de la cara y me saca de mi ensimismamiento.
-Te acompaño- Trato de negar, pero se gira sin mediar palabra.
-Eh, puedo ir sola, llevo mi guadaña y...
-No.
-Oye, te estoy diciendo que te necesito aquí con...
-No
-Daryl...
-No- Se gira- ¿Por qué insistes tanto?- Aprieto la boca y frunzo el ceño. Mierda y más mierda. Si sigo se dará cuenta de que escondo algo, y a fin de cuentas forma parte del grupo de Rick, y por muy unidos que parezcamos estar... Recuerdo a Rachel agarrando aquél palo y amenazándonos a todos, con la frente perlada de sudor y ojos febriles. Siento escozor en el brazo y apenas sofoco el impulso de llevarme una mano al hombro.
-Haz lo que te de la gana- Gruño. A zancadas, me dirijo al pasillo, lo cruzo sin apenas mirar a mi alrededor y entro en la oficina hacia la que daba el baño. Cuando Daryl va a seguirme dentro, me paro delante suya en la puerta-Tú te quedas aquí. Yo voy a asearme y a alimentar a los gatos. Si hay algún problema, gritaré- Frunce el ceño y maldice en voz baja, pero se mantiene al otro lado de la puerta y yo respiro aliviada. Ya en el baño, me quito la camiseta con toda la prisa que puedo y me arranco el parche improvisado. La herida está peor. Maldición. Pongo el tapón al lavabo y dejo que el fino chorro del grifo lo llene lentamente. Maldita sea, si al menos hubiera agua... Una vez está suficientemente lleno, empapo una gasa y limpio la zona. La herida supura. Aprieto los lados con fuerza hasta que hago salir todo el pus. Las lágrimas se me saltan, duele como mil demonios clavándome cuchillos en el lugar. Cuando la sangre oscura y la pus dan paso a sangre limpia y todo me da vueltas, cambio el agua del lavabo y limpio nuevamente. Necesito alcohol... Suspiro, saco la crema y embadurno la herida lo mejor posible gastando lo mínimo. Y es que también me queda poca crema. Y cuando nos fuimos se me olvidó coger más. Imbécil. Una vez bien cubierta, la tapo con dos gasas y las pego fuertemente con espadadrapo. Luego me coloco la camisa, limpio los restos de sangre y pus y me lavo la cara y las manos. Guardo la crema. Uno de los gatitos se despierta, maulla y despierta al otro.
-Shh, tranquilos- murmuro mientras los acuno en el brazo herido. Acerco el biberón a ambos gatos y cada uno se agarra a uno de los dedos agujereados del guante. Unos cinco o seis minutos después, están saciados y ronronean adormilados. Dejo el biberón justo cuando un puño golpea la puerta.
-¿Arleen?
-Sí, ya voy, acabo de terminar- Daryl entra y se asoma.
-Hay un caminante en el pasillo, debe habérsenos escapado alguna habitación- Asiento y doy un paso atrás, hacia la riñonera. Siento algo blando bajo el pie.
El parche antiguo.
-Eh... Acércame la riñonera, ¿Quieres? A ver si los gatos se duermen y te acompaño a vigilar la zona. Él asiente y alarga una mano hacia ésta, y cuando su cabeza se gira para mirarla, le doy un golpe con el pie al parche para esconderlo tras el lavabo. Pero se me ha quedado pegado al pie. Me tiende la riñonera y me ayuda a enganchármela a la cintura. Me duele horrores el hombro, pero disimulo como puedo mientras acuno a los gatitos. Daryl sale antes que yo, pero sin apartar la mirada de mí, y yo agarro la guadaña deseando que no se fije en mi pie ni oiga el sonido amortiguado de las gasas arrastrando. Salimos por la oficina y escucho, primero, y veo, después, la figura tambaleante de un caminante al fondo del pasillo. Le hago un gesto con la cabeza a Daryl, que asiente y le atraviesa la cabeza con un virote. El cuerpo se desploma, y acto seguido escuchamos un par más viniendo de la habitación junto a la que rondaba. Daryl va en primer lugar, conmigo pisándole los talones. Intento pisar el parche que aún llevo colgando del zapato, pero casi me caigo tropezando sin conseguir nada y Daryl me mira, alarmado por el ruido.
En la oficina, dos más giran las cabezas hacia nosotros y aceleran el paso hacia nosotros. Daryl carga nuevamente la ballesta mientras yo cerceno la cabeza de uno. El segundo se me echa encima sin dejarme paso para maniobrar y siento la mesa pegada a mis muslos. Mientras lo mantengo alejado con el brazo derecho y el mango de la guadaña, busco apresuradamente el machete con la otra. El hombro me palpita y me cuesta doblarlo, y antes de conseguir agarrarlo y a poco de que el zombi me arranque la cara a mordiscos, Daryl lo lanza al suelo tirándole del cuello y le aplasta la cabeza con la bota. Respiro entrecortadamente.
-Cuidado, joder- Asiento, asustada. Él, con la ballesta pegada al pecho, abre del todo una puerta entornada que hay al fondo. Un siseo me informa de que hay aún más ahí dentro, y en cuanto él dispara, escucho el ser caer desplomado- Por aquí no hay más- Murmura. Antes de ponerme en pie de nuevo, piso el parche con el otro piel y lo arranco finalmente de la suela, lanzándolo de un taconazo al fondo bajo mesa.
-Volvamos- Daryl asiente y agarro la guadaña con la derecha. Salimos silenciosamente al pasillo y cerramos la puerta, por si acaso. Una vez volvemos al improvisado campamento, me quito la riñonera, dejándola al lado de mi saco, y me desplomo sobre él. Antes de caer dormida, miro hacia Daryl, que se dispone a volver a su guardia.
-Avisame cuando estés cansado, o a mi o a alguien, ¿De acuerdo?- Asiente levemente- Daryl, lo digo en serio, te necesitamos fresco- Me mira un momento, mitad del cuerpo escondido ya entre las sombras, asiente y desaparece. "Maldita sea, casi me pilla" pienso antes de caer en un profundo sueño.
