Kapitel XI
Loneliness, fighting back again, seems to me like it never ends
Give us hope, through the labyrinth, moon shine on me
Resuscitated Hope - Lisa Komine
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No había nada. Ni un sólo sonido, ni un sólo color, sólo aquel enorme espacio blanco que se extendía sin límites frente a sus ojos grises. Draco suspiró y bajó el rostro mientras se llevaba una mano a la frente.
―No me gusta… ―murmuró con suavidad.
―Por supuesto que no. No nos gustan los espacios en blanco, ¿verdad? ―dijo una voz que sonaba idéntica a la suya.
Draco asintió con un ligero movimiento de cabeza. Casi de inmediato, dos blancas manos se posaron sobre sus hombros.
―Quiero recordarlos ―dijo el Slytherin mientras alzaba la mirada, clavándola en los ojos grises inyectados de sangre que lo observaban con detenimiento.
―¿Por qué querrías hacer eso, cariño? Así sólo sufrirás más.
Draco abrió la boca para contestar pero sus labios fueron sellados con un suave beso. Las manos que habían estado sobre sus hombros se movieron hasta quedar justo detrás de su nuca para poder acariciar con ternura su cabello. El gentil gesto terminó después de unos momentos y aquellos labios se separaron un poco de los suyos, dejando que sus alientos se mezclaran.
Frente a él estaba su mismísimo reflejo: un joven delgado, de finas proporciones y de cabello rubio platinado. Sus ojos, sin embargo, no eran del todo iguales a los suyos, pues éstos estaban rodeados por unas ojeras pronunciadas, señal inequívoca de falta de descanso; los iris grises habían, tragados casi en su totalidad por la pupila mientras el resto se encontraba totalmente enrojecido.
―Yo… ―Draco intentó contestar a la pregunta que su otro yo le había hecho, no obstante, las palabras se atoraron en su garganta, impidiéndole expresar su deseo.
―No te preocupes ―susurró el otro rubio en su oído, apretando el abrazo hasta que no hubo prácticamente nada de espacio entre ambos―. Yo voy a cuidarte. No necesitas recordar nada de eso. Después de todo, recordar no hará que las cosas vuelvan a ser como antes, ¿cierto?
Draco no pudo contestar, pues en el fondo de su ser sabía que aquella era verdad universal. La misma con la que él había estado luchando durante tantos años. Cerró los ojos y asintió ligeramente, sintiendo cómo el abrazo se hacía aún más intenso.
―Quizá sea lo mejor… ―murmuró el pintor con resignación, dejándose arrastrar por una inesperada sensación de libertad.
Dos pequeños ríos de lágrimas escaparon de sus ojos, cayendo en el hombro de su otro yo mientras su cuerpo poco a poco comenzaba a desaparecer.
―Así es… ―dijo el otro Draco con gentileza, extendiendo la sonrisa de sus labios hasta que éstos dibujaron una maniática y retorcida mueca en su rostro―. Tú déjamelo a mí.
o.o.o.o.o.o.o.o.o
Harry suspiró con alivio mientras retiraba una compresa de la frente de Draco, al parecer la fiebre al fin había cesado, pues el rubio había dejado de temblar y jadear desde hacía un buen rato. Su respiración había regresado a la normalidad y, al parecer, su cuerpo al fin había sucumbido al cansancio y al estrés al que había sido sometido desde hacía poco más de doce horas. El moreno sonrió. Quizá él no fuera ningún experto, pero al menos sabía que el sueño era una señal de que Malfoy comenzaba a recuperarse.
Colocó el paño sobre la mesita de noche en donde se encontraba el frasco vacío de la poción antipirética y permitió que sus hombros descansaran sobre el colchón mientras sus ojos estudiaban el rostro dormido de Draco.
Las primeras horas habían sido sumamente difíciles. El rubio no había dejado de gemir y jadear, presa de enormes dolores mientras su cuerpo temblaba producto de la fiebre que subía y bajaba sin control. Harry no había sabido cómo actuar en esos momentos, pero decidió quedarse en la habitación para ayudar en lo que le fuera posible, dividido entre la preocupación y el pánico, a pesar de las palabras de Ullysses, quien había dicho que Malfoy estaría bien.
Harry suspiró y cerró los ojos mientras intentaba aclarar sus pensamientos. Estar cerca de Draco le provocaba demasiadas cosas pero, de alguna extraña y retorcida manera, no se arrepentía. El colchón comenzó a moverse y después de unos segundos escuchó un gemido adolorido. Potter levantó ligeramente el rostro y se topó con los soñolientos ojos grises del Slytherin.
―¡Mierda! ―masculló el rubio con voz ronca y débil mientras intentaba incorporarse.
―No te muevas, tu cuerpo ha pasado por mucho ―dijo Harry mientras colocaba las manos sobre los hombros de Draco para que éste volviera a recostarse.
El pintor así lo hizo y le dedicó una mirada penetrante. Potter suspiró y decidió sentarse junto él.
―¿Desde cuándo estás aquí? ―dijo el rubio.
―¿No recuerdas nada de lo que pasó anoche? ―preguntó Harry con curiosidad.
―No seas idiota, Potter ―masculló Draco, irritado, sin poder ocultar el rubor de sus mejillas―. Por supuesto que lo recuerdo… ―titubeó unos segundos mientras mordía su reseco labio inferior―. Aunque no todo.
―He estado vigilándote toda la noche. Tu fiebre era muy alta, te quedaste dormido desde hace poco más de cuatro horas ―dijo el moreno con tranquilidad, procurando no perturbar en lo absoluto al rubio con sus palabras.
―Ya veo… ―murmuró Malfoy, después de unos momentos desvió el rostro―. ¿Ullysses? ―preguntó con voz un tanto insegura.
―Él… ―Harry dudó por unos segundos y después suspiró, estaba demasiado cansado como para mentirle al Slytherin―. Se fue después de darte su sangre, supongo que ha de estar en alguna parte de la casa, pero no estoy totalmente seguro de ello.
Malfoy no contestó y no volteó a verlo por un buen rato. Potter sintió a la perfección como el cuerpo del chico se tensó al escuchar sus palabras aunque no lo presionó para que dijera algo más. Lo último que quería era que el rubio encontrara una excusa para pelear y alejarlo de la habitación.
―Gracias… ―dijo Draco con voz ahogada mientras terminaba de darle la espalda.
Harry abrió la boca, pero no pudo pensar en nada qué decir. ¡Jamás pensó que alguna vez escucharía esa palabra de los labios de Malfoy! El moreno se movió en su lugar, inquieto ante la sorpresa y decidió tomar aquella ofrenda de… ¿paz? No, no creía ser tan afortunado. Lo más probable es que solo se tratara de una tregua temporal.
―Cuando quieras.
Draco apretó los labios en una fina línea y tomó la sabana que lo cubría parcialmente para alejarla de su cuerpo.
―¡Merlín! ―gimió el rubio con repulsión―. Estoy todo pegajoso, necesito un baño.
―¿Hablas en serio? ―Harry le dirigió una mirada incrédula―. Ni siquiera puedes mantenerte en pie, ¿cómo piensas llegar al baño?
―Cierra la boca ―bufó Malfoy―. No importa si tengo que arrastrarme hasta la ducha, no pienso quedarme así ni un minuto más, ¿lo entiendes?
Potter suspiró.
―¿Eres consciente de que no hace mucho ardías en temperatura? Si yo fuera tú, no me arriesgaría. Al menos deja que pasen unas cuantas horas más.
―¿Es que aparte de todo eres sordo? ―Draco alzó una ceja.
―¡Hey! ―exclamó Harry mientras se sonrojaba ―. ¿Qué se supone que significa eso?
―¿Qué será?
El rubio sonrió de lado, un gesto que definitivamente no pretendía ser sensual. Pero el cuerpo del Gryffindor no lo tomó de esa manera.
―Cierra la boca… ―dijo el moreno entre dientes, después intentó desviar la conversación―. ¿Entonces qué harás? Si gustas puedo realizar un hechizo refrescante.
―No lo creo… ―murmuró Draco en tono pensativo―. Dudo mucho que eso solucione mi problema, después de todo, mi cuerpo seguiría… ―bostezó― pegajoso.
―Bueno… ―Harry observó cómo los ojos del Slytherin comenzaban a cerrarse, a la vez que éste hacía varios esfuerzos por esconder los bostezos que intentaban escapar de su boca―. Deberías dormir.
―No hasta que esté limpio ―dijo el pintor con somnolencia.
―Bien ―Potter puso los ojos en blanco―. Entonces yo mismo lo haré, ¿de acuerdo?
―¿Qué? ―Draco no pudo, ni quiso, disimular su sorpresa.
―Ya te lo dije. Así que hazte a un lado y quítate tus pantalones.
―No puedes hablar en serio.
―Claro que puedo. Es tu decisión. Puedes quitarte tú el pijama o dejar que yo lo haga.
―Pero…
―O puedes dormir tal y como estás ahora.
Momentos después Draco yacía boca abajo, vistiendo únicamente unos boxers negros, mismos que no dejaban mucho a la imaginación de Harry, cuyo libido iba en aumento con cada segundo que pasaba. El moreno no entendía por qué sus manos y su voz no lo traicionaban, aunque estaba realmente agradecido por ello. Respiró profundo (aunque disimuladamente) mientras sujetaba la esponja con la que bañaría a Draco.
―¿Seguro que no quieres que utilice mi magia? ―preguntó el Gryffindor mientras jugaba con una esponja, ocultando su nerviosismo lo mejor que podía.
―Estoy seguro ―dijo Draco mientras entrecerraba los ojos, por alguna razón, sentir la magia de Potter sobre su piel le parecía un acto mucho más íntimo que el sólo sentir sus manos―. Mejor cállate y hazlo ya.
Harry asintió y tragó saliva, agradeciendo que el rubio estuviera bocabajo y que así no pudiera ver el estado en el que se encontraba.
Primero talló su espalda, dejando que la esponja se deslizara por sus hombros mientras trataba de que sus manos rozaran la piel de Malfoy lo menos posible. Sus ojos se deslizaron hasta el lugar en donde se encontraba dormitando el tatuaje del kelpie y sonrió al ver que la herida ya había sanado casi por completo. Ignoró las reacciones de su cuerpo ante la vista de aquel perfecto y adorable trasero lo mejor que pudo y se concentró en su tarea para terminar lo más pronto posible. Con un gruñido giró a Draco ―quien lucía inesperadamente relajado― hasta hacer que éste quedara de espalda sobre el colchón.
¡Cuán enorme fue su sorpresa al percatarse de que el rubio se había quedado dormido!
Harry suspiró y negó con la cabeza. Lo mejor era que dejara todo tal y como estaba, Malfoy ya estaba dormido al fin y al cabo así que no debería ser ningún problema, ¿cierto? Por supuesto, el alivio sólo duró unos cuantos segundos, pues el pintor pronto comenzó a gemir de incomodidad.
―¿No puedes darme un respiro? ―murmuró Harry con derrota y cansancio.
Y así comenzó a frotar el resto de su delgado cuerpo, con delicadeza. Vigilando que el rubio no despertara para burlarse de su rostro abochornado. Devorando en silencio cada milímetro de esa piel que, hasta el momento, nunca había podido estudiar de cerca. ¡Mucho menos tocar! Jugando con cada uno de los dedos de sus manos y sus pies.
Al terminar, Harry era un manojo de nervios y desesperación, pero sobre todo, de excitación. Debía salir cuanto antes de aquel lugar si no quería terminar saltando sobre el chico que seguía dormido en la cama.
―Buenas noches.
Harry no quiso pensar en lo ridículo que se veía diciendo esa frase cuando, en realidad, el sol apenas tenía unas cuantas horas de haber salido.
o.o.o.o.o.o.o.o.o
―Cumple mi deseo.
La voz de Draco resonó por los hermosos jardines del chalet, llamando la atención del kelpie, quien dormitaba en el pasto que crecía junto al lago. Ullysses giró el rostro y posó los ojos negros en el joven y delgado rubio que lo miraba con determinación.
―Vaya, sí que eres directo, niño ―dijo la criatura mientras una sonrisa misteriosa se expandía por su rostro. Draco no le contestó y siguió sosteniéndole la mirada―. ¿Por qué sigues vistiendo tus ropas de prisionero? Creí haberte dado permiso de utilizar todo lo que necesitaras mientras no lo sacaras de esta propiedad, ¿me equivoco? ―preguntó el moreno.
―No lo necesito ―dijo Draco mientras daba un paso hacia el kelpie―. Cumple mi deseo ―repitió.
―Oh, pequeño, ¿no sabes pedir las cosas por favor? ―preguntó la criatura con diversión.
―No sé qué es lo que pasa contigo y no tengo intenciones de convertirme en un juguete para ti―contestó Draco con frialdad―. Exijo el cumplimiento del contrato que tienes con mi familia.
Ullysses observó al chico con atención, ignorando las miradas furiosas que esos ojos grises le habían mandado desde el principio. Draco no tenía más de dos horas de haber llegado al chalet y ya venía hacia él, demandando y exigiendo cosas de las que, probablemente, ignoraba sus consecuencias.
―¿Eres consciente de que puedo asesinarte por tu insolencia? ―dijo el kelpie con aburrimiento.
―Me tiene sin cuidado. No es la primera vez que me amenazas con eso, ¿recuerdas?
Ullysses sonrió ante el sonido de su voz retadora. El chico era mucho más interesante en persona.
―¿Eres consciente de que hay un precio?
―Sí ―contestó Draco con firmeza.
―¿Sabes cuál es ese precio? ―preguntó el moreno mientras alzaba una ceja.
―No, pero no me importa cuál sea.
La sonrisa de la criatura se expandió todavía más y, de un salto, llegó hasta quedar frente al rubio.
―La mitad de tu vida. La mitad de los días que te quedan por vivir en la Tierra―dijo Ullysses mientras clavaba sus ojos negros en los del joven.
―De acuerdo ―dijo Draco sin inmutarse.
―Muy bien…
o.o.o.o.o.o.o.o.o
Harry salió de Slug & Jigger, la tienda de pociones del callejón Diagon, y suspiró al sentirse liberado de las insistentes y escrutadoras miradas que algunos magos le habían estado dirigiendo. Estaba cansado. La falta de sueño y la tensión acumulada le hacía sentir sumamente irritado y no podía evitar mandar miradas venenosas a quienes se atrevían a verlo con algo más que sólo curiosidad.
―¡Oh! Qué coincidencia encontrarte por aquí ―dijo una voz detrás de él.
Harry giró el rostro y se encontró con los sonrientes ojos azules de Louis von Grantz, quien cargaba algunas bolsas en sus manos.
―Buenas tardes ―saludó Harry con un ligero movimiento de cabeza.
Minutos después, los dos hombres compartían una mesa en Fortescue. El sanador le dirigió una cálida sonrisa a la joven mesera que acababa de colocar dos copas de helado frente a ellos.
―Gracias por aceptar acompañarme ―dijo von Grantz con sinceridad.
―No hay problema… ―murmuró Harry, intentando que su voz no delatara la enorme incomodidad que estaba sintiendo en ese momento.
El sanador lo observó en silencio por unos segundos mientras jugaba con una cuchara, aumentando el nerviosismo del Gryffindor en el proceso. Finalmente, cuando Harry ya estaba por alcanzar el límite de su paciencia, el hombre decidió hablar.
―¿Cómo se encuentra Draco?
―Bueno… ―el moreno se movió un poco inquieto en su lugar y desvió la mirada antes de contestar con una murmuración―. Se encuentra bien.
―No pareces demasiado seguro ―dijo Louis después de unos segundos, clavando sus ojos azules en él―. Sé por experiencia propia que Draco no es demasiado cuidadoso con su persona.
Harry observó al hombre por un breve momento y suspiró, sintiendo cómo el cansancio de su cuerpo se incrementaba todavía más. Sabía que el sanador podría tener las respuestas que él tanto necesitaba saber, pues éste parecía saber bastante sobre la verdadera situación de Draco, y la información que podría obtener de él le podría ser de mucha utilidad en el futuro.
―Ayer cayó presa de una fiebre bastante alta ―murmuró el joven y después mordió su labio inferior.
―Ya veo… ―dijo el sanador mientras cerraba los ojos, guardó silencio por unos breves momentos y después suspiró―. ¿Sabes si ha seguido trabajando demasiado?
―No tanto, o al menos eso espero ―contestó Harry y negó ligeramente con la cabeza―. He estado al pendiente desde lo que pasó la última vez.
Louis asintió.
―¿Qué hay de los ataques de violencia? ¿Podrías decirme cuantas peleas ha tenido con Ullysses? ―preguntó el sanador con seriedad.
Potter no pudo evitar que un jadeo escapara de su boca, pues la sorpresa que le provocaban esas preguntas era bastante grande.
―¿Usted está enterado de eso? ―preguntó el moreno, nervioso.
―Sí ―el sanador suspiró y colocó sus manos sobre su mentón, en un gesto pensativo―. Sólo he presenciado un par de peleas entre ellos, he de decir que no fue una experiencia demasiado agradable.
―Entiendo a qué se refiere… ―murmuró Harry; los dos guardaron silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos―. Yo… no he presenciado demasiadas. Sólo he visto una y he escuchado otra a lo lejos ―comentó después de unos momentos.
―Ya veo ―von Grantz desvió ligeramente la mirada―. ¿Podrías decirme cuándo fue la última?
―Hace poco más de una semana pero… ―el moreno dudó por unos segundos y después negó con la cabeza―. La verdad es que Draco ha estado algo tenso últimamente y eso lo pone un tanto… susceptible.
―Entiendo ―el sanador asintió―. Dices que le ha dado una fiebre muy alta, ¿por qué no lo llevaste al hospital para que pudieran atenderlo?
―Él no quiso, en medio de sus delirios me pidió que no lo hiciera. Además, Ullysses se hizo cargo del asunto ―Harry murmuró esa última parte, pues aún no comprendía del todo lo ocurrido.
Louis le dirigió una mirada sorprendida y después se llevó una mano a la frente en un gesto de clara derrota.
―Le ha dado su sangre, ¿no es verdad? ―preguntó el hombre y el Gryffindor asintió―. Eso quiere decir que Draco ha estado excediéndose con las drogas ―el sanador suspiró ―. Pobre chico, esto está a punto de irse de sus manos.
―¿Qué quiere decir con eso? ¡¿Usted sabía sobre las drogas y no hizo nada para evitarlo? ―esa última pregunta salió casi como un rugido, pues la tensión que Harry había estado sintiendo rápidamente se vio reemplazada por el enojo y la impotencia.
El hombre no contestó, permaneció en silencio por unos instantes y en ese breve lapso pareció envejecer varios años de pronto.
―No hay nada que yo hubiera podido hacer para evitarlo ―dijo Louis con voz un tanto temblorosa―. Draco jamás ha aceptado mi ayuda, son pocas las veces que he podido verlo después de su salida de Azkaban. La última vez que estuve en el chalet fue hace poco más de un año y medio, cuando Draco aún trabajaba en el cuadro de mi hijo. En aquel entonces, sus emociones apenas comenzaban a salirse de control.
―¿Qué fue lo que sucedió? ―preguntó Harry con nerviosismo.
―No sabría decírtelo ―el sanador negó con la cabeza―. Draco es un buen chico, te lo aseguro, uno con bastantes problemas, pero bueno al final. Las cosas por las que ha pasado han hecho una mella demasiado grande en él y las drogas que utiliza son para evadir su realidad, mantener sus emociones bajo control e intentar luchar contra esos ataques.
―Pero…
―Aparenta estar bien la mayoría del tiempo, pero lo verdaderamente importante es el estado de sus emociones. Cuando está demasiado tenso, los ataques se hacen más frecuentes. Si está tranquilo los periodos pueden variar, pero llega a tener un ataque al mes por lo menos.
―¿Quiere decir que no importa su estado emocional, esto sucederá sin importar si está estresado o no?
―Sus emociones son los factores que los causan y también tienen mucho que ver con la intensidad y la duración de los mismos. Él gana más terreno con cada uno de esos ataques.
―¿Él? ―preguntó Harry sin ocultar su confusión.
―No sé si te habrás dado cuenta, pero la conducta de Draco no es algo muy normal que digamos, ¿cierto? ―el sanador observó la reacción del moreno y tomó la tensión del mismo como una respuesta afirmativa―. Bien, eso es porque esos repentinos ataques de violencia son producto de una segunda personalidad que lucha por obtener el control total de su cuerpo. O al menos, esa es la teoría que más se adapta a esos cambios tan inesperados de conducta.
―Una segunda personalidad…
Eso explicaba muchas cosas, pensó Harry. Su mente procesó la información rápidamente y algunas cosas parecieron encajar de pronto en su lugar. Recordó la pelea que el rubio había sostenido con Ullysses y al fin pudo entender por qué algo dentro de él se había negado a aceptar que ese Draco era el mismo que él conocía.
―Pienso que esos cuatro años en Azkaban están bastante relacionados con la formación de esa otra personalidad, sin embargo, también pienso que el problema debió surgir desde antes ―Louis se enderezó ligeramente y aclaró su garganta antes de continuar―. Creo que ya lo sabes, pero Draco se declaró culpable de las muertes de Theodore Nott y Pansy Parkinson.
―Sí, ellos dos eran sus amigos ―Harry asintió―. El jurado lo declaró inocente de los cargos ya que se comprobó que él había estado inducido bajo la maldición Imperius.
―¿Nunca te has preguntado por qué Draco se declaró culpable de ese crimen? ―Von Grantz le dedicó una larga mirada antes de proseguir―. Debieron pasar casi cuatro años para que Draco pudiera ser liberado de Azkaban; debes saber que los juicios contra los mortífagos jamás han durado tanto tiempo, ¿estás de acuerdo?
―Yo… ―Potter no supo cómo contestar a eso, pues era cierto que él conocía bastante bien la manera en la que el Wizengamot había trabajado en los juicios llevados a cabo después de la guerra.
El sanador asintió y le dirigió una mirada tranquilizadora.
―Draco fue juzgado dos veces. La primera fue sentenciado en una sola sesión, puesto que el haber confesado el asesinato de sus dos amigos le dio un pase directo a Azkaban, lo demás fue sólo protocolo. La segunda vez fue porque yo intercedí para que fuera llevado nuevamente al estrado, esta vez bajo la influencia del Veritaserum.
―¿Por qué? ¿Malfoy habló con usted?
―Claro que no. Draco es demasiado testarudo ―dijo el sanador con una pequeña sonrisa―. Como te dije la última vez, yo fui el sanador asignado para atenderlo. Durante mis visitas a su celda pude comprobar que había muchas cosas que él no había dicho durante su juicio. Además estaba el hecho de que él no había sido marcado por quien tú sabes.
―¿Qué fue lo que sucedió durante el segundo juicio? ―preguntó Harry mientras sentía como su garganta comenzaba a secarse, aun así ignoró el helado que hacía un buen rato había comenzado a derretirse y se concentró en seguir escuchando.
―No sabría decírtelo, el juicio fue realizado a puerta cerrada. Tengo entendido que además del Veritaserum, Draco fue obligado a compartir sus recuerdos de aquella noche con los miembros del Wizengamot. Lo más probable es que hayan utilizado pensaderos para ello.
―Nada de eso explica por qué se declaró culpable. ¿Por qué lo hizo si sabía que había sido víctima de la maldición Imperius?
―Eso es lo más importante ―Louis suspiró―. Sea lo que sea que sucedió esa noche con Draco y sus amigos, no tengo duda de que eso influyó mucho en su estado actual.
o.o.o.o.o.o.o.o.o
Ullysses cerró la puerta detrás de sí y caminó con lentitud hacia el altar que se alzaba en medio de la blanca e iluminada habitación. Sus ojos negros estudiaron los arreglos florales que decoraban la escultura de piedra y se detuvo hasta quedar a un par de metros de distancia.
―Siempre me he preguntado algo, Eltanin ―murmuró la criatura con tranquilidad, recorriendo con la mirada el grabado con el nombre de la persona más importante de su vida―. ¿Por qué lo hiciste a pesar de saber que no te quedaba mucho tiempo? ¿Habrías cambiado tu deseo de haber tenido la oportunidad?
El kelpie permaneció en silencio por unos minutos y después se inclinó en una rodilla para colocar una rosa roja en un hermoso jarrón de porcelana que descansaba junto al altar. Acarició el nombre de "Draco Eltanin Black" escrito en la piedra y cerró los ojos, recordando el brillo de esos ojos azules que aún después de tantos años era incapaz de olvidar. Poco después se puso de pie y caminó directo hacia la salida, ignorando la voz dentro de su cabeza que le decía que, sin importar cuánto se deseara, el pasado era algo que jamás podría cambiarse.
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Harry colocó las bolsas con los víveres comprados durante su recorrido en el callejón Diagon sobre la barra de la cocina y movió su varita; segundos después, las cosas se acomodaron rápidamente en su lugar correspondiente. Sonrió al ver el bote con helado que había comprado para Draco y lo dejó sobre la mesa, esperando que el rubio se sintiera mejor para poder disfrutarlo juntos. Después de todo, Louis había dicho que el helado era una de las pocas cosas que el rubio podía comer sin rechistar tanto.
Subió uno a uno los escalones que lo llevaban a la segunda planta y suspiró antes de tocar a la puerta de la habitación, esperó unos momentos y, al no recibir respuesta, entró.
―Oye, Malfoy…
Harry guardó silencio al percatarse de que el joven no se encontraba en ningún lugar de la alcoba, caminó hacia la puerta del baño y la abrió, sorprendiéndose al no encontrarlo ahí tampoco. El Gryffindor frunció el ceño y salió rápidamente de la habitación, recorrió los pasillos del chalet mientras llamaba a Draco por su nombre y sintió cómo una fuerte sensación de vértigo comenzaba a apoderarse de él.
¿Era posible que el rubio sufriera un ataque en su ausencia? Esa era una probabilidad bastante alta, después de todo, Ullysses y Draco no se habían enfrentado desde hacía varios días. Recorrió la casa con esa idea en mente y al final se detuvo frente al estudio, sintiendo cómo las ansias y el nerviosismo iban en aumento. El moreno abrió la puerta lentamente y recorrió la oscura habitación con la mirada.
Draco se encontraba de pie, justo en medio del grabado del kelpie que adornaba el piso de la habitación, descalzo y vistiendo un sencillo short y camisa blancos. Sus ojos grises se encontraban fijados en cuatro cuadros y en su mano derecha descansaba su pincel negro.
―¿Sabes que mirar así a las personas es de muy mala educación? ―preguntó Draco con suavidad.
―Como tú digas, Draco ―dijo Harry mientras ponía los ojos en blanco, caminó rápidamente hacia el rubio y solo se detuvo hasta que llegó a su lado―. Creí haberte dicho que permanecieras en tu habitación.
―Bueno, bueno, Merlín tiene que ampararme ahora ―contestó Draco con burla mientras le dirigía una rápida mirada―. No soy ningún niño, Potter.
―Entonces deja de portarte como uno. ¿Qué se supone que estás haciendo de todas maneras? ―dijo el moreno sin ocultar la molestia en el tono de su voz.
―Nada en particular ―murmuró Draco.
―Eso no me parece a mí ―Harry desvió la mirada hacia los cuadros y los estudió con detenimiento.
Cuatro lienzos se alzaban frente a ellos. Cuatro retratos, dos hombres y dos mujeres. Ninguno de ellos tenía mucho detalle todavía, sin embargo, la falta de rostro en ellos les daba un toque bastante angustiante. El moreno dio un paso hacia ellos y de forma inconsciente extendió una mano para tocarlos, sin embargo, fue detenido por un rápido y brusco movimiento por parte del pintor.
―No los toques ―dijo Draco con voz amenazadora, apretando la muñeca de Potter con más fuerza de la necesaria.
―¡No tenía intenciones de dañarlos! ―exclamó Harry.
―Por supuesto que no, de eso me encargaré yo. ¡Ignis [1]! ―el rubio alzó su pincel y con un sólo ondeo prendió fuego a los lienzos.
―¡Malfoy! ¿¡Qué rayos estás haciendo? ―gritó el moreno, pero no recibió una respuesta, puesto que Malfoy ya había comenzado a hacer su camino hacia la puerta―. ¿Por qué lo haces? ¡Ni siquiera te diste tiempo de terminarlos!
―¡No tiene nada que ver contigo, Potter! ―contestó Draco con el mismo tono―. De todas maneras, no podría terminarlos jamás.
―¿Cómo puedes saberlo? ¿Lo has intentado? ―dijo Harry mientras lo seguía fuera del estudio.
―¡Deja ya de entrometerte en mis asuntos! ―gritó Draco mientras lo volteaba a ver―. ¡Nada de esto tiene que ver contigo!
―¡Lo sería si tan sólo te dignaras a confiar en mí!
―¡¿Y por qué demonios tendría que hacer eso? ¡Tú no eres nadie para mí!
Eso fue todo lo que necesitó.
Harry tomó a Draco por los hombros y lo besó con fiereza, cegado completamente por la rabia. El gesto llevó tanta fuerza que el cuerpo de Draco fue estampado contra una pared, lo que arrancó un jadeo adolorido de sus labios. Potter, aprovechando el aturdimiento del rubio, profundizó rápidamente el beso, introduciendo su lengua dentro de su boca y pegando sus cuerpos todavía más.
Draco, por otra parte, apenas y había comenzado a procesar lo sucedido cuando sintió cómo una de las manos del moreno había comenzado a descender, rodeándolo por la cintura mientras la otra lo aferraba por la nuca, metiendo sus dedos entre sus cabellos mientras exigía una respuesta por parte de él.
¿Qué, en nombre de toda la magia, estaba sucediendo? ¡Esto no podía ser real!
Draco intentó apartarse pero Harry no se lo permitió, todo lo contrario, apenas le dio un poco de tiempo para que tomara algo de aire cuando sus labios ya estaban unidos otra vez. En medio del cansancio provocado por la fiebre fue capaz de escuchar su propio gemido de abandono y Draco supo que estaba perdido. ¡Las emociones que Potter le estaba provocando no tenían comparación alguna con cualquier otra cosa que hubiera experimentado antes!
Hacía tanto tiempo que nadie lo tocaba así.
Draco cerró los ojos y sus manos se movieron hasta rodear el cuello del Gryffindor, quien gruñó con aprobación y aprovechó el debilitado estado de sus piernas para guiarlo hasta dejarlo recargado sobre el sofá. Harry se colocó de inmediato entre las piernas del rubio y jadeó al sentir las reacciones del cuerpo de éste. Sus cuerpos temblaron de deseo mientras algunos gemidos y jadeos se dejaban escuchar por la habitación.
―Dios, Draco…
Harry, sintiendo una enorme necesidad de contacto piel a piel, tomó la camisa del pintor por los costados y tiró de ella hasta hacer que los botones de ésta salieran disparados en todas direcciones. Había soñado tanto con esto que ni siquiera estaba seguro de si en verdad estaba sucediendo o no. Su boca se dirigió rápidamente hasta su cremoso cuello y lamió, dejando que sus dientes rozaran toda aquella extensión de piel, enrojeciéndola a su paso.
―Potter…
Draco jadeó, arqueando la espalda involuntariamente a la vez, rogando por más. Recibió un gruñido como respuesta y el abrazo se volvió aún más posesivo.
―Llámame Harry, por favor ―murmuró el moreno con voz ronca.
―Yo no…
Draco observó a Harry en silencio, jadeando sin cesar mientras el latido de su corazón se aceleraba, sintiéndolo incluso hasta en sus oídos. ¿Qué rayos estaba sucediendo? ¡Habían estado discutiendo hasta hacía solo unos momentos y ahora…!
Esto no podía estar pasando. Tenía que ser un error. Era cierto que Potter le parecía atractivo pero jamás había sentido nada por él. Nada más que irritación, por supuesto. El trato entre ellos dos era simple, Draco pintaba y Potter le ayudaba a encontrar el cuerpo de su madre. Llevar su relación a otro nivel era algo que simplemente no podía suceder.
―No hagas eso ―dijo Harry mientras lo miraba con intensidad, sus ojos verdes brillando como nunca, atrayéndolo como imanes―. Yo tampoco sé que está sucediendo entre nosotros pero… ―suspiró―. Lo que sí puedo asegurarte es que me gustas. Me gustas mucho, Malfoy. Me has gustado desde hacía ya algún tiempo pero sólo hasta ahora he podido entenderlo. Por favor, no digas que no soy nadie para ti. No huyas de esto. Quiero ayudarte. Todo estará bien si estamos juntos.
Fueron esas palabras las que terminaron por romperlo. Draco sintió cómo un hueco comenzaba a abrirse en su estómago y gimió. Desesperado, escuchó como aquella misma frase se repetía una y otra vez dentro de su cabeza. Esas palabras eran dichas por Harry y otras voces que él conocía demasiado bien. Voces que, hasta el momento, sólo había podido escuchar dentro de sus sueños y ahora se hacían camino dentro de él con fuerza.
―No… ―murmuró Draco con desesperación, viendo como distintas imágenes de su pasado comenzaban a desfilar delante de sus ojos―. Deténganse… ―Pansy, Theo y Blaise, sonriéndole―. No quiero esto… ―el señor tenebroso y su madre―. ¡Alto!
Harry observó el repentino cambio en el semblante de Draco e intentó regresarlo a la realidad. Tomó a Draco por los hombros y lo sacudió, asustado por el horror y el pánico que podía leer en sus ojos grises.
―¡Draco! ¡¿Qué sucede? ¡Contesta! ―gritó Harry mientras sacudía al rubio.
Entonces sucedió. El mundo pareció congelarse en el momento en el que el rostro de Draco perdió la desesperada expresión de antes y fue sustituida por una pequeña sonrisa. Pasaron unos momentos en los que ninguno de los dos se movió, dejando que un silencio fúnebre se plantara en medio de la habitación.
―Bueno, bueno, ¿quién diría que serías tú quien me ayudaría? ―dijo Draco con voz divertida, volteando a ver al moreno mientras la sonrisa de sus labios se extendía todavía más.
―¿Draco? ―preguntó Harry con el corazón en la boca.
Las pupilas de Draco se habían dilatado casi por completo y sus gestos eran totalmente diferentes.
―No, creo que no ―el pintor negó con la cabeza y rodeó al joven Gryffindor con sus brazos, abrazándolo por el cuello mientras pasaba la lengua por sus labios y sonreía de manera depredadora ―. Esto es como un agradecimiento ―Draco lo besó con fuerza por unos segundos y después susurró en su oído―: Ahora fóllame, Harry.
[1] Ignis – Traducción de Fuego en latín.
