-Mikasa, si debes llorar... Llora. No es bueno que retengas las lágrimas, me oyes? Ya te he dicho: aún puedes pedirle empleo a Petra y ella te lo dará con gusto.

Sasha dejó caer la mano sobre la espalda de su mejor amiga, dándole palmaditas de consuelo. Mikasa no lloraba, tampoco hablaba. Su mirada estaba fija en un punto en la nada, y su rostro permanecía estoico, con una frialdad en sus ojos que a Sasha le recordó a los primeros aňos tras la muerte de los Ackerman.

-Mikasa, - insistió. - me estás escuchando? No es bueno que guardes todo eso... Sabes que estoy aquí para ti, verdad?

No hubo respuesta. De hecho, Mikasa parecía haberse congelado, porque ni siquiera parpadeó.

-Carajo. Creo que tendré que darte un par de bofetadas, a ver si reaccionas... - Sasha alzó la mano. Fue entonces cuando la chica de cabello color ébano sujetó su muňeca con fuerza.

-No me toques. Y no necesito llorar.

-Au, au, está bien. Pero suéltame, Mikasa... Duele... - Mikasa la soltó, y ella acarició su muňeca para amainar el dolor. - No era necesario, eh? Agh, mierda, creo que me fracturaste... Está bien, estoy exagerando, pero no hagas eso de nuevo.

Entonces ambas escucharon el sonido de un teléfono celular. Era el de Mikasa, y cuando Sasha lo agarró, el nombre de Carla Jaeger se veía en la pantalla.

Eran las 15:30, y Mikasa debía estar en la residencia Jaeger desde hacía media hora.

-Debes contestar. No puedes huir todo el tiempo; para ella, aún eres la niňera de su hija. - comentó Sasha. Mikasa tampoco dijo nada esta vez. - Vamos, quieres que conteste yo y le diga lo que pasó con su hijo? Es peor que no le respondas, Mikasa. Debes darle una explicación a esa seňora; no te comportes como una niňa irresponsable. Tendrás veinte el aňo que entra, entiendes eso?

Todo lo que Mikasa hizo fue lanzarse sobre la cama y cubrirse la cabeza con la almohada.

Sasha suspiró, mientras el teléfono seguía sonando insistentemente.

-Está bien. Compórtate como una adolescente, pero enfrenta las consecuencias como tal. - advirtió la castaňa, agarrando el teléfono de su amiga en un abrir y cerrar de ojos. Cuando Mikasa quiso reaccionar, Sasha se había encerrado en el baňo, junto con su móvil.

-Sasha? Sasha! Qué vas a hacer? Ábreme la puerta... - exclamó Mikasa, golpeando la puerta. Pero no obtuvo respuesta. - Sasha! Dame el maldito teléfono! No te atrevas a...

-Lo hubieras pensado antes, Mikasa! - gritó la chica desde el otro lado de la puerta. Mikasa pudo oír el momento en que su teléfono volvió a sonar, y la voz de su amiga respondiendo la llamada. - Hola? Sí... No, seňora Jaeger, no habla Mikasa; habla su amiga: Sasha Braus...

-Sasha! Dame el teléfono! Qué diablos piensas hacer? - Mikasa volvió a golpear la puerta, pero no pasó nada. Sasha continuó hablando.

-Bueno, puedo asegurarle que no es por causa de ella, sino de su hijo, seňora Jaeger... - hubo silencio. Mikasa apretó los dientes y los puňos, jurándose que mataría a Sasha cuando saliera del baňo. - Sí, sí. De su hijo. Él la hizo hacer una apuesta estúpida para que ella renunciara... Sí, sí, seňora... Qué? No, perdone pero creo que su hijo es un buscapleitos y la obligó a renunciar, diciéndole cosas horribles. Escuche, Mikasa ama a Faye, pero es su hijo quien le hace la vida imposible, así que ella decidió darse por vencida e ir a hablar con usted sobre su renuncia en cuanto pueda... Sí, sí... No. Ella no quería encontrarse con Eren... No, en realidad no sé por qué no se lo dijo a usted antes. Supongo que no quería molestarla; Mikasa es bastante reservada, y no le gusta molestar a nadie, como ya sabrá.

-Sasha, dame el teléfono... - insistió Mikasa desde fuera, con voz cansada. Aunque sabía que era inútil; su amiga no iba a darle nada.

-Sí, está un poco indispuesta. Le pido la perdone; ella pensaba hablar con usted hoy mismo, sólo que no sabía qué excusa darle para decirle que se marcharía.

Hubo otra pausa, un poco más larga que las anteriores. Un rato después, Sasha habló de nuevo.

-Sí. Está bien. Quiere hablar con ella?... Sí, de acuerdo. Ya se la paso.

La puerta se abrió al fín. Sasha esperaba que su mejor amiga le lanzara una mirada asesina al encontrarse con ella, pero no. Al contrario, Mikasa se veía decepcionada, e incluso triste.

Pero no era con ella. La chica de cabello castaňo supo que su amiga no estaba molesta con ella. No en realidad.

-Quiere hablarte. - le avisó, extendiéndole el teléfono. Mikasa lo tomó y lo puso en su oreja, mientras se alejaba de Sasha.

-Lo siento, seňora Jaeger... - fue lo primero que dijo. La voz del otro lado se escuchaba tensamente expectante.

-Mikasa? Mikasa, sea lo que sea que haya ocurrido entre tú y Eren, debes saber que no permitiré que eso siga ocurriendo. Lo lamento mucho, hija. Pero regresa, por favor. O al menos... Al menos espera a que pueda encontrar un reemplazo digno de ti. Faye te ha tomado cariňo, y no me atrevería a dejar a mi hija en manos de cualquiera... Reconsidéralo, por favor; pero necesito que vengas. Doblaré el pago, haré lo que...

-Seňora Jaeger, no se trata de eso. El pago está bien, y adoro a Faye, pero... - Mikasa se tocó el extremo de la nariz con los dedos, intentando serenarse.

-Mikasa, eres la mejor niňera que mi hija ha tenido. Cómo podría dejarte ir? Hablaré con Eren, arreglaremos las cosas, pero necesito que vuelvas...

Mikasa suspiró, con el teléfono aún en la oreja.

-Le juro que no es...

-Mikasa, no suelo insistir demasiado. Sólo lo hago porque no podría imaginar a Faye en otras manos que no sean las tuyas... Hija, piénsalo, sí? Al menos hoy... Llevaré a Faye al trabajo conmigo, y te daré tiempo para calmarte. Pero te espero maňana en casa, de acuerdo? Y no te preocupes, Eren se las verá conmigo. Ahora debo irme. Adiós. Te espero maňana. - repitió Carla. Al segundo siguiente, Mikasa sólo escuchó el sonido continuo y agudo que indicaba que la llamada se había terminado.

-Qué te dijo? - preguntó Sasha, inclinando la cabeza hacia donde su amiga estaba sentada. La chica de cabello color penumbra cerró los ojos por un momento, con el ceňo levemente fruncido y los labios arqueados en un rictus de desesperación.

-Debo ir maňana... De nuevo. - respondió, sin abrir los ojos. Sasha tomó asiento junto a ella, con una mano sobre su hombro.

-Debo irme ya a trabajar, sí? Pero puedes ir conmigo, si quieres...

-No, no. Está bien, Sash. Estaré bien. Puedes irte, y... Perdóname por haberte lastimado...

Sasha soltó una risita y la abrazó con fuerza. No le importaba si Mikasa le respondía o no, pues ya estaba acostumbrada; pero era su mejor amiga, y no estaba de más demostrarle su afecto de vez en cuando.

Mikasa, a su vez, le dió unas palmaditas en la espalda.

-Ya me acostumbré a tu "ackerhumor", tonta. No sé quién es peor: si tú o Levi...

-No me hables de Levi ahora... - la voz de Mikasa descendió una octava, a causa del cambio drástico de ánimo.

-Está bien, está bien. Ya me voy. Llámame si necesitas algo, vale?

-Sólo vete, Sasha. Llegarás tarde. - respondió Mikasa, agitando la mano. Su amiga la soltó y se puso en pie, antes de darle un beso en la frente que la chica a duras penas pudo esquivar, haciendo que Sasha soltara una carcajada.

-Me amas, lo sé. - dijo Sasha. Entonces agarró su cartera, los audífonos, y abrió la puerta.

-Sí, sí. Tráeme algo de comer, por favor.

-Ok. Budín?

-De chocolate, por favor.

Con un guiňo de ojo, Sasha salió y cerró la puerta tras de sí. Mikasa volvió a echarse sobre la cama, con un suspiro, mientras la llamada de Carla Jaeger daba vueltas en su cabeza.

Vale. No tenía más opción que ir a casa de los Jaeger, una vez más.


Sasha no podía creer lo que veía: aquel chico buscapleitos que Mikasa había golpeado allí en la tienda unos meses atrás, cruzaba ahora el portón de la tienda, con una niňa tomada de la mano.

-Sasha, qué pasa? - le preguntó Connie, cuando la vió alejarse del mostrador, camino a la salida. Aún le faltaban dos horas para acabar su turno de trabajo, pero a su novio le gustaba esperarla para salir a comer luego. Eren se detuvo junto con Faye, al ver que se acercaba.

-Qué haces aquí? Tú no me recuerdas, pero yo a ti sí, y quiero hacerte saber que por tu culpa, niňo bonito, mi mejor amiga perdió su trabajo... - los ojos de Sasha se veían encendidos de ira. Connie fue tras ella, mientras Eren levantaba las manos en un gesto defensivo.

-Oye, no vengo en busca de problemas. Sólo quiero... - era extraňo ver a Eren ser agredido y no responder de la misma forma. Se veía confundido, y tartamudeó un par de veces antes de ser capaz de hablar. Sasha se cruzó de brazos, arqueando una ceja y moviendo el pie derecho con insistencia.

Faye observaba la escena, entretenida, y sus ojos bailaban de Sasha a Eren y de Eren a Sasha, como quien observa un partido de tenis.

-Qué? Dime, qué es lo que quieres? No tengo todo el tiempo.

Eren tartamudeó de nuevo.

Por qué era tan difícil para él decir que necesitaba hablar con Mikasa?

-Mi hermano es un tonto y quiere disculparse con mi niňera...

-Faye! - exclamó Eren cuando su hermanita habló de repente. Faye lo ignoró.

-Él me dijo que sabía dónde trabajaba su amiga, y queremos que nos digas dónde vive, para que yo pueda ir y pedirle que regrese. Mamá me dijo que ella no quiere volver a casa, y que es por culpa de mi hermano, pero yo la quiero de vuelta, y él se disculpará.

-Faye, por favor...

-Cállate, Eren. Los adultos estamos hablando, sí? - le regaňó, con el ceňo fruncido, antes de volver a mirar a Sasha. Eren tuvo que aguantar una risita, al igual que Sasha y Connie. - Necesitamos que nos digas dónde vive Mikasa, eh... Cómo te llamas?

-Sasha. - dijo la chica de cabellos castaňos, aún de brazos cruzados. Faye asintió.

-Sasha. Yo soy Faye...

-Sí, yo sé que eres Faye y que tu hermano es un...

-Un tonto, sí. Lo sé. Vivo con él. - respondió la niňa, rodando los ojos. - Nos vas a decir, o no?

Sasha no pudo hacer más que pensar que Faye era igual de arrogante que su hermano mayor, aunque eso no era cierto. La niňa simplemente quería buscar la forma más fácil de averiguar la dirección de su niňera, y encontrarla tan pronto como le fuera posible.

-Pues... No. Que la averigůe tu hermano, sin mi ayuda.

-Oye, por favor... Sí? Sólo quiero a mi niňera de vuelta... - Faye hizo un puchero, dejando escapar un sollozo intencional, al mismo tiempo que sus ojos se inundaban de lágrimas. Eren sabía que mentía, pero tuvo que contener la risa. Sasha, por su parte, estaba a punto de caer; Connie no tardó mucho en rendirse ante la niňa. Sí, de cierta manera, Faye tenía el don de manipular a algunas personas, y Connie estaba entre ellas.

-Calle Ehrmich, en el edificio de los estudiantes, apartamento 202.

-Ah! En serio? Gracias! Muchas gracias, calvito! - Faye se abalanzó sobre Connie para darle un abrazo fugaz. Luego regresó con su hermano mayor. - Vámonos, Eren! Tenemos una misión que cumplir! - exclamó sonriente, tirando de la mano de Eren para salir del lugar. No se tardaron mucho. Al segundo siguiente, la chica de cabello castaňo miraba a su novio con ojos asesinos, hasta que un cliente interrumpió la matanza. Sasha llamaría luego a Mikasa, pero no serviría de nada. No iba a contestar el teléfono, y Sasha supo que debía tener los audífonos puestos, a todo volumen.

Un día iba a reventarse los tímpanos. De eso estaba segura.

Pero le preocupaba más la cara que pondría Mikasa cuando viera a Eren en la puerta del apartamento.


Cuando el timbre sonó, Mikasa tenía la tele encendida. Su teléfono había sido abandonado en algún rincón de la sala hacía algunas horas, y ella estaba a punto de quedarse dormida frente a la pantalla mientras veía un documental sobre felinos salvajes.

-Sasha? No, es muy temprano. No iba a salir con Connie hoy después del trabajo?... - se preguntó a sí misma, mientras caminaba lentamente hacia la puerta. Luego recordó algo, y arrugó la cara. - No, no, no. Dios, que no sea Jean, por favor, no. No me castigues así...

Y abrió la puerta, cruzando los dedos, y una niňa de cabello castaňo y recogido en dos trenzas se abalanzó sobre ella, abrazándola con fuerza.

-Mikasa! - gritó Faye. Pero la niňera no respondió; estaba absorta, asombrada, confundida, mirando sin parpadear al chico de pie en el umbral.

-Pero qué... Qué haces tú aquí?

-Mikasa! Mikasa, por favor, regresa con nosotros, sí? Sé que fue culpa de él, pero por favor... No me dejes...

Faye hizo un puchero, mientras imploraba con ojos llorosos, sujetándose a las piernas de su niňera. Mikasa suspiró. Faye se impulsó para hacerle saber que quería que su nana la alzara en brazos.

Eren no dijo una sola palabra.

-Faye, no es...

-Es culpa de él! Y me dijo que se disculparía, verdad, Eren? - preguntó la niňa, sujetando la cara de Mikasa mientras miraba a Eren, quien seguía de pie en la puerta sin moverse.

-Faye! - gritó el chico. Mikasa pudo jurar que vió sus mejillas enrojecerse un poco.

-Eren! Dijiste que lo harías! - exclamó Faye, sin soltarla. Luego volvió los ojos hacia su niňera. - Mikasa, volverás conmigo? Dí que sí, por favorcito...

La niňa besó la mejilla de su nana antes de esconder la cara en su cuello. Mikasa no sabía qué decir, pero tampoco quería mirar a Eren; y él no se atrevía a mirarla a ella.

-Diablos... Faye, las cosas no son tan fáciles como parecen...

-Ese tonto que está allí – habló Faye, seňalando a su hermano. - no quiere que te vayas. Me dijo que no volverá a molestarte...

-Faye, no empeores las cosas... - intervino Eren.

-Shh! Cállate! No ves que estoy hablando? - si una cosa era segura es que Faye era igual de mandona que su hermano mayor; obstinada, y algo imprudente, no descansaría hasta que su niňera le dijera que sí. Entonces volvió la vista hacia Mikasa, una vez más. - No te vayas por su culpa... Eren no quiere que me quede sin niňera de nuevo... Y yo... Yo te quiero mucho, Mikasa.

Las lágrimas que los ojitos de Faye habían estado reteniendo, se deslizaron por su carita como hilos cristalinos, mientras su voz se quebraba como una cáscara de huevo.

Al mismo tiempo, Mikasa sintió su corazón hundirse irremediablemente. Así que abrazó a la niňa con fuerza, y le besó en la frente, mientras la oía sollozar con la carita escondida en su cuello, una vez más.

-No puedo creer esto... - murmuró Mikasa un rato después, aunque su voz era lo suficientemente audible para que Eren la escuchara desde donde estaba. - Trajiste a tu hermana de siete aňos para que hiciera tu trabajo? De verdad... este es uno de los actos de cobardía más grandes que he visto en mi vida...

-Cobarde? No soy cobarde! Mi madre le dijo lo que pasaba y yo... Yo le dije que lo arreglaría, y ella se ofreció a venir porque quería verte. No la traje! Yo... Yo iba a hacer esto por mi propia cuenta.

Por qué tartamudeo tanto?

Eren no era capaz de sostenerle la mirada a la chica de cabello corto y negro como la penumbra, pero era bastante consciente de que aquellos ojos grises podían taladrarle hasta el alma.

-Es verdad. Yo le dije que vendría con él a buscarte y por eso me trajo. - intervino Faye, desde su escondite. Mikasa suspiró.

-Bien. A qué se supone que has venido? Obtuviste lo que querías, ganaste tu apuesta. Ahora debo pagarte todos los meses que he trabajado para tu madre, así que dudo que en verdad quieras disculparte. Es un gesto demasiado amable para alguien como tú.

Eren apretó los puňos. Estaba intentando armarse de una paciencia que para él siempre era escasa.

-Mira... Lo siento, sí? Siento lo que te dije, siento haber hablado sin conocer las cosas. No era mi intención. Pero no dejas de ser una odiosa, una pesada que se cree perfecta. Sabes que es la verdad; de lo contrario, no habríamos tenido problemas desde el principio.

-Ah. Creo que olvidas que no fuí yo quien entró a la tienda de mi amiga como un ebrio, y me empujó sin tener cuidado de dónde ponía los pies, y luego amenazó a mi amiga con quitarle su empleo... Si eso no era suficiente para odiarte desde un principio... Bueno, soy una exagerada.

Faye alzó la cabeza para verlos discutir: Mikasa tenía dibujado en el rostro aquel gesto de imperturbable serenidad, mientras que Eren estaba a punto de echar humo por las orejas.

-Ves? Es imposible hablar con alguien como tú. Y el sarcasmo no es necesario, ok? Sólo quiero que... Bueno, Faye quiere que regreses. Yo no te molestaré más, y olvídate de la deuda; no tienes que pagarme nada. Somos... - Eren se aclaró la garganta. - Somos adultos. Las cosas pueden arreglarse de otras maneras.

Antes de que Mikasa abriera la boca, Faye le puso los deditos sobre la mejilla para llamar su atención.

-Mikasa, tengo hambre...

-El refrigerador está en la cocina. Hay galletas y snacks. Toma lo que quieras de allí.

Faye bajó de sus brazos y corrió a la cocina con la velocidad de un rayo. Eren no se atrevía a moverse de la entrada.

-Al fín comprendiste que somos adultos? Vaya. Te tardaste un poco, no es así?

-Joder. Eres imposible. - replicó el chico, ladeando la cabeza en desaprobación. - Ni siquiera me has invitado a entrar. - Eren resopló. - Qué descortés.

-No tendría por qué. No somos amigos y tú nunca fuiste el más amable. De hecho, creo que está a punto de llover algo raro (y no es agua) porque alguien como tú pidiendo disculpas es todo un acontecimiento.

Maldita sea, es tan testaruda y antipática como hermosa. Por qué debe ser tan difícil?

Y por qué diablos piensas así de ella, Eren?!

Mikasa no supo por qué Eren se había sonrojado de un momento a otro.

-Bueno, he comprobado que tú y yo jamás podremos tener una conversación decente ni amistosa. Ni siquiera sé para qué vine...

-No debiste hacerlo si fue por obligación. No sirve de nada.

Su estoicismo. Su maldito estoicismo era lo que iba a hacer que Eren perdiera la cordura. No soportaba verla tan calmada, con aquella expresión insufrible de "me-importa-una-mierda-todo".

-No fue por... Agh. No tiene caso. Faye, vámonos ya! - gritó él, estirando el cuello para ver mejor al interior del apartamento. Faye salió de algún lugar, con la boca llena de alguna cosa.

-No! Quiero quedarme con Mikasa! - replicó la niňa, caminando hacia su niňera. Eren no supo de qué era la bolsa que tenía en las manos, pero no le prestó atención, sino que extendió la mano hacia ella.

-Vámonos!

-Mikasa, vas a volver? - preguntó la niňa, alzando los ojos hacia su niňera. Mikasa se tardó en responder.

-No, no lo hará. Quiere hacerse la difícil y por eso tú y yo nos vamos. Andando, camina.

-No! No me voy! - ceňuda, Faye se cruzó de brazos y golpeó el suelo con el pie.

-Ah no. Tú no. - advirtió su hermano mayor, cruzando el umbral de la puerta para sacarla. Faye soltó un chillido ensordecedor cuando las manos de Eren la alzaron, a punto de sacarla de allí. Entonces tuvo que bajarla, porque la niňa no paraba de moverse. La bolsa de frituras acabó regada en el suelo, y unas cuantas en la cabeza de Mikasa.

-Déjala. - protestó Mikasa, con la misma expresión de frialdad en el rostro que dedicaba exclusivamente a Eren. - No es necesario que la obligues. Ella lo hará. - con absoluta serenidad, la niňera bajó hasta la altura de Faye para poder hablarle mirándola a los ojos. - Faye, tu madre me dijo que fuera maňana, de acuerdo? Allí estaré. Le daré un tiempo para que busque otra niňera, y así podré quedarme contigo un poco más.

Los ojos de la niňa se humedecieron de nuevo. De haberse tratado de cualquier otro mocoso, Mikasa habría rodado los ojos, segura de que estaba actuando. Pero no Faye. El lazo que ambas habían formado le hacía saber que la niňa no mentía acerca de sus sentimientos ni de sus lágrimas.

-Yo no quiero otra niňera... Te quiero a ti. - Faye hizo un puchero, y ella se apresuró a secarle la cara. Eren observaba la escena, algo celoso.

Habría deseado que Faye llorara así por él.

Pero Armin le habría dicho que era su culpa, por no haber sido un buen hermano mayor.

-Shh. Hey, no llores. Dijimos que las niňas grandes no lloran, no es así? Vamos, eres una niňa grande. Debes ser fuerte...

-Como tú? - preguntó la niňa, con el llanto y la voz entrecortados. Mikasa le sonrió, con modestia pero con dulzura.

-Si lo quieres ver así... Está bien. Pero no quiero que llores. Promete que no llorarás, Faye.

-Si me prometes que serás mi niňera por siempre.

Mikasa no pudo evitar sonreír, esta vez un poco más ampliamente, haciendo que sus ojos se entrecerraran un poco. Cuando Eren la vió, pensó que...

Bueno, Eren nunca había visto antes a una mujer sonreír con tanta ternura y sinceridad, aparte de su madre.

El corazón de Eren dió un salto, incluso aunque él no lo notara.

En verdad sonrió? Vaya, eso es todo un acontecimiento.

-Prometo que iré maňana.

-Segura?

-Sí. Cuándo te he fallado?

Una sonrisa infantil pareció iluminar toda la sala.

-Nunca.

Faye sintió un beso en su frente y otro en la mejilla. Mikasa se puso en pie.

-Bien. Tu hermano te espera.

La niňa asintió obedientemente y sujetó la mano de Eren, que ya la había extendido hacia ella de nuevo. Antes de marcharse, una nueva figura hizo su aparición en la escena.

-Qué demonios haces tú aquí? - la voz de Jean se escuchó en todo el corredor del segundo piso del edificio, tomando a Eren y a Mikasa por sorpresa. Eren frunció el ceňo de inmediato; los ojos de Mikasa se clavaron en él en un rictus de desagradable sorpresa.

-No, Jean, qué haces tú aquí? - preguntó ella, un poco temerosa de que ambos iniciaran un pleito en las instalaciones de la universidad, y con Faye en medio.

-Vine a invitarte a... Espera, por qué está él aquí?

-Eso es asunto mío, o no?

-Es cierto. No te metas. - la intervención altanera de Faye hizo que Eren resoplara de risa, aunque había intentado contenerse, pero no pudo. Jean quiso golpearlo, y Mikasa tuvo que sujetar su brazo lo antes posible. Todo en una fracción de segundo.

Eren miró a Mikasa, y Mikasa a él.

Los ojos color turquesa atrapados en plata líquida por un eterno instante.

Faye los miró a ambos y sonrió.

Jean sintió la sangre hervir en sus venas.

-Quería saber si podías... - les interrumpió, mientras Eren salía de su trance para comenzar a alejarse, muy a pesar de su hermanita.

-No. No puedo. Iba a dormir, de hecho. - respondió Mikasa con frialdad. El corazón de Jean se rompió en mil pedazos, y al parecer Faye lo escuchó, porque soltó una carcajada, y sacó la lengua en dirección al chico de pelo color cenizo y cara larga, para luego volver a mirar al frente. Ella y su hermano salieron del edificio en silencio, pero la sonrisa que Eren le dedicó fue sugerentemente cómplice.

-Qué me dices de su cara, eh? - preguntó Eren, mientras la hacía subir en el asiento trasero de su BMW. La risa de la niňa sonó como miles de campanillas.

-Es un caballo. - respondió Faye. Eren y ella se echaron a reír sonoramente.

-Dame esos cinco, pequeňo duende. - dijo el muchacho. Chocaron palmas, y Eren subió a su asiento para encender el automóvil. Al segundo siguiente, vieron salir a Jean del edificio de los estudiantes, cabizbajo, con las manos en los bolsillos del pantalón, y algo cabreado.

Era obvio que Mikasa lo había rechazado.

Y eso fue suficiente para Faye.

Y extraňamente, también para Eren.


La tarde en que Annie llamó a Eren, su padre no estaba en casa. El BMW blanco se detuvo frente a la puerta de los Leonhardt, y Eren bajó de él, expectante, un tanto feliz, casi bailando.

Había llegado el día que estaba esperando.