Este un poquito más largo ;-)
Para suerte de Rick que cargaba con la bolsa de Kate, la normalidad había regresado en el lujoso edificio en el que estaba su hogar y al abrir la puerta de cristal de la entrada la luz iluminaba el hall.
Eddie, el portero le saludó amablemente informándole de que el ascensor estaba en completo funcionamiento y que ya había llamado a un técnico para arreglar el problema de la calefacción con la señora Rodgers, es decir su madre.
Richard le sonrió con soltura agradeciéndole y avanzó hasta pararse frente la puerta del ascensor mientras Beckett, cabizbaja y pensativa, caminaba detrás suyo hasta situarse a su lado.
-¿Hay algo más en lo que pueda ayudar, señor Castle?-preguntó Eddie educadamente mirando a la señorita que lo acompañaba y con la que había llegado el día anterior junto a su hija y otro niño.
Eso quería decir que tal vez debería acostumbrarse a ver a esa mujer más a menudo y dejarle pasar sin la previa invitación del escritor, como solía suceder en la mayoría de las residencias de lujo de Manhattan. Sin invitación previa no se podía acceder al ascensor o a los apartamentos.
Edward miró luego al propietario del loft.
-No, gracias Ed.
El portero sonrió y tras hablar unos segundos más sobre el temporal que había azotado la ciudad se despidió de ambos.
Las lágrimas de Kate amenazaban por escapar de nuevo y rápidamente se metió dentro del ascensor, casi quedando encogida en una de las esquinas.
Rick presionó el botón del último piso y miró al frente.
Las puertas se cerraron y el silencio se hizo presente en el habitáculo al mismo tiempo que la tensión era palpable así como el hilo musical del ascensor.
La musiquilla distraía a ambos de todo intento de intentar entablar una conversación.
Beckett estaba demasiado sumida en sus pensamientos en ese momento intentando ordenar cada una de sus ideas sobre qué hacer con su futuro.
Rick movió su pie nerviosamente y la tira de la bolsa deportiva que cargaba se deslizó de su hombro haciendo que moviera su mano para agarrarla antes de que cayera al suelo.
¿Qué demonios llevaba la mujer ahí a parte de ropa? ¿Piedras? La bolsa pesaba casi una tonelada, pero para alegría de Richard, quien no la demostró físicamente, el timbre del ascensor le sacó de esos pensamientos y las puertas se abrieron dando paso al pasillo que dirigía a su casa.
Todo estaba en silencio pero por suerte alumbrado.
Lo peor de la tormenta ya había pasado y ahora poco a poco todos los habitantes de la ciudad tenían que volver a sus vidas, a pegar los pedazos de los desperfectos tanto de los inmuebles como del estado anímico en el que los había dejado.
-Beckett.-dijo parando antes de llegar a la puerta y se detuvo casi haciendo que ella chocara con su hombro.
La detective le miró. Rick no sabía que decir. ¿Preguntarle que tal estaba sería lo correcto? Era obvio que no estaba bien… ¿Quién podía estar bien cuando probablemente se había quedado sin hogar en un futuro próximo?
Y con un niño pequeño.
Suspiró y posó su mano en el hombro de ella.
-Yo…
-No tienes que decir nada Castle, me buscaré la vida como lo he hecho antes.
-No… Escucha…-carraspeó sin saber bien como la chica se iba a tomar aquello que llevaba rato pensando y decidió no divagar más, soltándolo pero ella alzó la mano antes de poder decir nada.
-No voy a quedarme aquí con vosotros-interrumpió-Me iré con mi padre… Nos apañaremos como sea.
Rick alzó una ceja y miró a su alrededor. Ambos en medio del pasillo desierto hablando mientras la musiquilla de jazz que amenizaba el ascensor seguía sonando a lo lejos.
Por dios, que se cerraran las puertas de una vez… No podía concentrarse. Y mucho menos con la mirada perdida y asustada de Kate mirándole casi sin ganas. No sin ganas de mirarle, si no, sin ganas por nada… Estaba agotada.
-Tengo entendido que tu padre vive en Queens.
-Sí.
-¿No es algo lejos para el colegio de Tommy y tu trabajo?
Kate se encogió de hombros. No entendía porque le importaba tanto a ese hombre que apenas se conocían… No eran ni siquiera amigos, no tenía por qué preocuparse por ella. Demasiado había hecho ya.
-Sabes…-dijo alzando la voz, medio molesta. No con él, más bien con ella, o más bien con el causante de que se sintiera peor todavía- ¿Sabes que me molesta?-dijo algo alterada.
Rick no contestó viendo como de un segundo a otro, sin saber bien si era por algo que había hecho o por lo que acababa de decirle había pasado de estar calmada a estar alterada.
Esperó a que ella prosiguiera viendo como se había movido, dando dos pasos que estuvo a punto de crear un socavón en las baldosas de mármol claro del pasillo.
Beckett se llevó una mano a su frente donde sabía que probablemente su vena se marcara más de lo habitual como siempre que se alteraba, enfadaba o se ponía nerviosa.
-Que ni siquiera ha hecho el intento de ponerse en contacto conmigo… Por él-musitó esto último con la voz más aguda, casi rota por la confesión-Las líneas están colapsadas pero si lo hubiera intentado… Si hubiera dejado un mensaje…-Ella negó completamente molesta mientras dejaba sus manos quietas tras moverlas en su verborrea.
Y ahí fue cuando Rick comprendió que ocurría. Que él, sin ser nada de ella, sólo un conocido, el padre de un compañero de colegio de su hijo, un padre al que detestaba, se preocupaba más por su bien estar y el de Tommy que el propio padre del muchacho.
Richard no lo dudó un segundo y soltó la bolsa de deporte de ella que había cargado durante todo el camino sin rechistar.
Hizo un ruido sordo en el suelo que alertó a Beckett e hizo que alzara la vista de sus pies para mirarle a él y saber que sucedía… Sin embargo no le dio tiempo de reaccionar, no lo vio venir, no pudo evitarlo…
Rick dio un paso al frente y la rodeó con sus fuertes bíceps alrededor de sus propios brazos dejándola inmóvil, sin poder zafarse de ese abrazo o poder corresponderle.
Beckett se quedó completamente estática, casi con su rostro pegado al pecho de él. No obstante, segundos después y tras la sorpresa inicial pudo sentir como sus músculos se relajaban y los de él también, soltándola finalmente ante la impulsividad que había sentido teniendo que abrazarla, teniendo que protegerla, queriéndole decir que daba igual todo que tendría alguien en quien apoyarse.
Sin embargo y a pesar de la determinación con la que la había abrazado y la impulsividad de demostrarle que no había nada de qué preocuparse, Rick se separó nervioso y evitó mirarla.
Se sentía como un idiota. Como un idiota adolescente… Y eso que tenía casi cuarenta.
Carraspeó intentando disipar la tensión del ambiente y llevó su mano al bolsillo en busca de las llaves aunque sabía a la perfección que probablemente la puerta estaría abierta.
-Él tal vez…
-No intentes justificarlo-dijo Kate bastante mordaz.
Ella tenía razón. No debía intentar justificarlo cuando ni siquiera conocía al padre de Tommy y por lo visto, no necesitaba conocerlo para hacerse a la idea de lo impresentable que era.
No podía decir nada de eso y mucho menos cuando en un halo de locura la había abrazado.
-Tengo un apartamento, Detective.
Beckett le miró confundida y sintió como de nuevo, como desde hacía años, como había pasado con todos los hombres en su vida y como Castle había actuado los últimos días, sentía que volvía a decidir por ella.
-No necesito tu compasión ni mucho menos un apartamento… Así porque si.
-Yo no…
-Eres rico, te da igual el dinero, y tal vez con esto quieres regodearte pero no aceptaré…
Castle la miró serio ante sus palabras. Molesto. Y antes de que ella pudiera decir nada más habló, complicándole así la oportunidad de quejarse más aún sobre su acto, sobre si era altruista o simplemente tenía un ego demasiado grande.
-Pensaba cobrarte alquiler-dijo serio- Ya sé que no aceptarías un préstamo, a mi me da igual el dinero, pero si sientes la necesidad-se encogió de hombros- de pagarme cada mes…-Se dio la vuelta y avanzó hasta la puerta de su hogar, cargando con su bolsa pero dejándola a ella unos segundos mirando a la nada, entre molesta y cohibida ante la contestación de Rick.
Nada más traspasar la puerta del loft fue recibido por el calor del apartamento y el silencio absoluto.
Ambas eran de agradecer, teniendo en cuenta el frío que hacía en la calle y lo helado que se había quedado tras la conversación previa, en el pasillo.
Por eso mismo, agradecía el silencio que sorprendentemente –ya que con dos hijas y una madre como la suya, era poco habitual- reinaba en el hogar de los Castle.
Soltó la bolsa a un lado rompiendo el silencio al mismo tiempo que Kate cerraba la puerta con cuidado y caminaba hacia la cocina para servirse un vaso de agua en el mismo instante que su madre, alertada por el ruido de la puerta bajaba las escaleras.
Martha frunció el ceño ante el ambiente cargado del piso inferior.
-¿Qué ocurre?-preguntó Martha- ¿Todo está bien?
Rick negó en un movimiento casi imperceptible, pero que dejó a la mujer insatisfecha.
Miró en dirección a la cocina dónde vio a Kate, en silencio pero con los ojos rojos.
-¿Thomas?-preguntó la detective.
Martha hizo una mueca y contestó:
-Está arriba con Alexis y con Sophia, está limpio…-Mientras hablaba Kate se volvía a frotar las sienes en un gesto de preocupación y nerviosismo apartando su cabello y recogiéndolo con una goma de pelo que llevaba en su muñeca- Están viendo una película-terminó por informar Martha.
Beckett miró un segundo al escritor y a la actriz. Sacó su móvil comprobando que tenía línea y que al mismo tiempo, no tenía ninguna llamada perdida o mensaje.
Sin decir nada, ante la mirada de ambos, pasó de largo subiendo las escaleras para encontrarse con su hijo mientras su cabeza era un hervidero.
Rick suspiró cuando los pasos fuertes de Kate quien había subido arriba escalón tras escalón, se perdían en la lejanía.
El silencio volvió a ganar la partida y anduvo hasta la cocina, sin embargo, a mitad de camino decidió girar y dirigirse al mini bar que tenía en uno de los muebles de su despacho.
Martha lo siguió sin perder detalle.
-¿No es demasiado temprano?-preguntó sin obtener respuesta comprobando como su hijo se servía un dedo de whisky y lo bebía de un trago.
Algo serio debía haber ocurrido si necesitaba aplacar y calmar su estado de esa forma a esas horas de la mañana.
Richard dejó el vaso a un lado y guardó la botella, se acomodó en el pequeño sillón de piel que había en un rincón frente a la televisión y Martha, acomodándose la bata de estar por casa se sentó a su lado.
-¿Qué ocurre?
Él negó. ¿Realmente aquello le había afectado tanto? ¿Aquella chica… O más bien mujer tenía el poder para hacerle perder los nervios?
Suspiró.
-Ha perdido su apartamento… Está todo destrozado. No tiene nada.
Martha ahogó una exclamación tapándose la boca con sus manos. Su cara era la de alguien que enfatizaba ante tal situación. No por nada, en su juventud había pasado de apartamento en apartamento incluso tras la llegada de Richard.
Y no había sido nada fácil…
-Sólo tiene la bolsa que lleva… Y tal vez recupere algo más, no sé, la casera por lo visto quiere vender aprovechando los desperfectos que ha dejado la tormenta para demoler el edificio y… No sé-frotó su frente con su mano- No sé…
Martha sonrió levemente. Hacía tiempo que no veía a Richard preocupado de esa forma, mucho menos por una mujer. Sobre todo teniendo en cuenta que las últimas noticias que había tenido era que esa mujer le sacaba de quicio cada mañana en su encuentro en la escuela.
Rió entre dientes sin poder evitarlo y posó su mano en la rodilla de su hijo intentándole infundir su apoyo incondicional.
Ella siempre había estado ahí para él y viceversa. Ella era de las pocas personas que había visto la cara real del mujeriego y ególatra escritor Richard Castle y no tenía nada que ver con lo que las noticias del corazón decían de él.
Había criado a un hombre maravilloso.
Y era un padre increíble.
-Sé por qué haces esto, Richard.
-No… No es lo que tú crees, madre.
Martha frunció el ceño.
-Ni siquiera cuenta con la ayuda del padre de Thomas… No ha llamado para preguntar si están bien. ¿Qué clase de hombre no se preocupa por su hijo?-hizo una mueca.
Y efectivamente Martha no se había equivocado. Su hijo se preocupaba por ellos más allá del hecho que sabía que entre él y la detective había surgido algo en lo que ninguno de los dos aun no había reparado.
Su hijo se preocupaba por la ausencia de una figura paterna por la cual él mismo había pasado. Richard se preocupaba por que su propia madre, ella misma, había pasado por situaciones similares a la de Kate.
Si, realmente había criado a un buen hombre.
-Le he dicho que puede quedarse en mi apartamento.
-¿Tu apartamento?
-El de Tribecca, mi primer apartamento…
-Es muy buena idea, hijo.
-No quiere aceptar, cree que lo hago para pavonearme… Le ofrecido un alquiler… Es tan cabezota…
-Aceptará-confirmó Martha mirando hacia atrás cuando escuchó un ruido, entre la estantería. Sonrió viendo como Kate estaba sentada a medio tramo de escaleras, hablando casi entre susurros con su pequeño- A veces importa más la opinión de otros que la tuya misma-sonrió-.
Tommy se separó de Sophia y de Alexis, y gateó por la cama de la segunda hasta que llegó al borde y saltó a los brazos de su madre quien tras pedir permiso había irrumpido en la habitación de la adolescente.
Por lo visto, los tres habían estado recostados en la cama de la pelirroja viendo Buscando a Nemo, tranquilamente, enfundados en sus pijamas: Sophia en el de Princesas Disney, Tommy en el de Batman prestado por Sophia y Alexis uno de rayas de colorines bastante casual y normal para su edad.
Thomas rodeó los brazos por el cuello de su madre y entrelazó sus piernas a la cintura de ella, colgándose como un monito.
Kate besó con ternura el pelo rizado del niño y le susurró un par de cosas casi ininteligibles en parte por hablar tan bajo para no molestar a las chicas y en parte debido a la tristeza que le consumía.
-Ahora vengo Sophia-anunció Tommy- Mami quiere hablar conmigo.
Kate sonrió ante el aviso del niño, hablando de ella como mami. Se le hacía extraño… No porque no estuviera acostumbrada a escucharlo, si no por qué hablar de ella como mami con otra niña y sobre todo una niña que no tenía mami, se le hacía raro.
Ambos salieron de la habitación y Kate dejó al niño en el suelo, descalzo y caminaron hasta sentarse en mitad de las escaleras.
Beckett enjuagó con disimulo una lágrima rebelde que intentaba con persistencia escapar de su lacrimal.
No lo iba a consentir.
Su pequeño le había visto llorar varias veces y no era para nada algo de lo que estuviera orgullosa o contenta. Tomó aire y valor y enredó sus dedos con cariño en los rizos de él mientras miraba sus ojos, casi idénticos a los suyos propios.
-¿Qué pasa mami?
Cómo pudo y tratando de que su voz no se notara alterada por las ganas de llorar le explicó con paciencia y lo más fácil que pudo todo lo que había ocurrido.
Le explicó que no podría volver a su casa por que debido a la tormenta había quedado en condiciones que no eran para nada habitables y al mismo tiempo unas personas –malos como había dicho Tommy- les habían robado.
-¿Mis juguetes también?-preguntó mientras la tristeza se instalaba en el rostro de su pequeño, casi haciendo un puchero.
-Tendrás más, cariño… -Suspiró- Seguro que papá te comprará alguno nuevo. –Tommy asintió- He salvado alguno de los cuentos que te leía… Y un par de playmobils.
Tommy no dijo nada.
-Y tu pelota de baseball… La de futbol recuerda que está en casa del abuelo y… Tal vez tendremos que pasar una temporada allí, bebé.
-¿Qué? ¿Por qué? Mami yo no quiero.
-Pero si te encanta estar con el abuelo…
Tommy se cruzó de brazos siendo totalmente inconsciente –al igual que su madre- que eran observados por Martha desde el despacho del escritor.
-Pero me gustaba nuestra casa… Yo quiero volver.
-Thomas ya te he dicho que no podemos-contestó Kate con un nudo en la garganta. Suspiró y acarició la espalda de su hijo-Será divertido, podrás jugar cada tarde a pelota y…
-Está lejos de la escuela, Elisabeth siempre está en casa y no me deja jugar y el abuelo tiene trabajo…Y me da miedo el sótano-dijo enfadado y cruzándose de brazos, sin parecer que tan sólo tuviera cuatro años.
Porque, aunque las niñas fueran más espabiladas que los niños y como ejemplo estaba Sophia, cuando Tommy se enfadaba lo hacía con mucha soltura y con la cabezonería de los Beckett.
-Cariño…Yo… No creo que pueda encontrar un piso tan rápido tal y como está la ciudad…-suspiró sintiéndose terriblemente mal-.Y en casa de la tía Lanie… No podríamos estar más de dos días.
-Podemos quedarnos aquí.
-Thomas no.
-Pero mamiiii…
-No, no podemos quedarnos en un sitio que no es nuestro hogar porque nosotros queremos, Richard-susurró- El papá de Sophia nos dejó estar anoche por que era peligroso pero ahora…-se inclinó para hablar más como una confidencia-no creo que estemos bien aquí…
-No te creo.
Kate volvió a tragar con dificultad intentando que el nudo invisible que le impedía pasar la saliva por ese conducto se disolviera. Alzó la mirada buscando las fuerzas suficientes y miró el hogar de los Castle… Tan grande, tan cálido… Suspiró de nuevo y se masajeó su frente, tal vez no era mala idea el que Richard Castle se convirtiera en su casero temporal.
Se mordió el labio.
Así era como vivían la gente pudiente… La gente como un escritor como él, quien apenas había escrito un par de Best Sellers y ahora colaboraba con un periódico.
Teniendo las propiedades y los coches que quisieran…
Suspiró y besó a Tommy en la cabeza, prometiéndole que no irían a casa del abuelo y que encontraría lo antes posible un apartamento para ellos dos solos en algún lugar que no fuera tan lejos como Queens.
El niño se levantó y regresó por el pasillo hacia la habitación de Alexis para así poder continuar la película mientras que Kate se levantó y bajó los peldaños que quedaban hasta el final de las escaleras acercándose al salón al mismo tiempo que Richard y su madre salían del despacho.
Beckett miró a Castle con cara de circunstancias mientras frotaba sus manos con nerviosismo.
-¿Todavía está en pie la oferta?-preguntó.
Rick no pudo más que sonreír, satisfecho de la decisión de la detective.
¿Voy bien? Poquito a poco van a ir cayendo las barreras... Lo primero ha sido un abrazo... Siento si es algo lento, pero quiero ir así jajajaj me parece que este fic será algo larguillo.
