Muchísimas gracias principalmente por hacerme notar los errores de distracción, prometo prestar más atención en los futuros capítulos, y así como por los hermosos reviews a Serena Princesita Hale, Bliu Liz, Ana, solispinillos.m, Hermy Evans Blacky y a mirii :3

Gracias a lalunaroja por el apoyo y mensaje, así como a las personas que están siguiendo esta historia ^^ No saben lo reconfortante que es al recibir la notificación de ustedes :3

Esta es una adaptación del libro "Una proposición peligrosa" por Fayrene Preston, los personajes de Harry Potter, no me pertenecer, sino son de la fantástica J.K Rowling.

Capítulo 11 - "Día de Spa"

—¿Está cómoda, señorita Granger?

La voz suave y grave de Helen, la masajista que estaba atendiendo a Hermione, irritó a esta.

—Tan cómoda como es posible estando semidesnuda y boca abajo en una camilla de masaje con las manos de una desconocida sobre mí.

—Deduzco que nunca le han dado un masaje hasta ahora.

—Es cierto —Hermione nunca había tenido tiempo, y tampoco lo tenía en aquellos momentos.

No podía creer que hubiera permitido a Draco que la llevara a aquel salón de belleza.

—Espero no estar haciéndole daño.

—No —lo cierto era que la experiencia no estaba resultando tan desagradable como esperaba. Pero no podía permitirse perder el tiempo de aquella manera. Además, no entendía qué tenía que ver un masaje con conquistar a Ron.

—Está muy tensa. Lo siento en sus músculos, así que trate de relajarse y déjeme hacer mi trabajo.

Hermione alzó la cabeza y miró por encima del hombro.

—¿Por casualidad tiene un teléfono móvil por aquí?

—No, señorita Granger —Helen la empujó con suavidad para que volviera a tumbarse—. Ocuparse de su trabajo a la vez que le doy un masaje podría resultar contraproducente. Además, incluso las personas más ocupadas consideran que un día en Jacqui resulta beneficioso. Pero tiene que darse la oportunidad. Así que, por favor, trate de relajarse para que pueda liberar los nudos de tensión que tiene en los hombros.

Hermione bostezó mientras Helen echaba más aceite en su espalda. A pesar de sus intentos de convencer a Draco, lo más probable era que este creyera que ella no iba a cumplir con su parte del compromiso si él no cumplía con la suya. Afortunadamente, aquello tenía fácil arreglo. En cuanto volviera a la oficina pondría a trabajar a sus abogados para que redactaran un acuerdo. Entonces, Draco tendría que creerla.

¿Dónde estaría? La última vez que lo había visto estaba en el salón principal, despidiéndose de ella con la mano mientras Jacqui, la preciosa dueña de aquel lugar, la acompañaba a la sala de masajes. Suspiró. Si al menos tuviera el móvil podría…

—¿Señorita Granger? ¿Señorita Granger?

—¿Sí? —Hermione hizo un esfuerzo para abrir los ojos—. ¿Qué pasa?

—El masaje ha terminado.

—¿En serio? —preguntó Hermione, decepcionada.

Recordaba haberse quedado medio dormida mientras Helen le daba el masaje. Obedeció cuando le pidió que se diera la vuelta, pero después volvió a sumergirse en una nube. Y en aquellos momentos no sentía un solo hueso del cuerpo.

—Siéntese lentamente —dijo Helen—. Puede que se sienta un poco mareada a principio, pero se le pasará enseguida.

Hermione se irguió, pero enseguida deseo volver a tumbarse para que le dieran otra hora de masaje. No recordaba la última vez que se había sentido tan relajada. Pero Helen ya la estaba ayudando a bajar de la camilla. Incluso la ayudó a ponerse las zapatillas de felpa y la bata que le habían facilitado en el centro

—¿Se siente mejor? —preguntó Helen, sonriente.

—Sí, muchas gracias. Realmente tiene un don.

Helen asintió, agradecida, y a continuación salieron de la sala de masajes.

—Sígame. Ahora viene el tratamiento facial.

—¿Sabe dónde está el señor Malfoy? —preguntó Hermione. Le había dicho a Draco que, ya que la había llevado allí, lo menos que podía hacer era esperarla. Él había reído y le había asegurado que no se iría.

—No. Lo siento pero no lo sé. Ya hemos llegado —Helen abrió una de las puertas que daban al pasillo por el que circulaban y Hermione entró en una sala tenuemente iluminada en la que la esperaban tres mujeres vestidas con batas verdes. También había una tumbona con el aspecto más cómodo que había visto en su vida—. Es toda vuestra —dijo Helen, y se fue tras despedirse de Hermione.

Una mujer con el pelo plateado se acercó a ella.

—Me llamo Mar y, señorita Granger. Voy a ocuparme de su tratamiento facial —se volvió y presentó a sus compañeras, Cordelia y Alyssa.

—Hola —saludó Hermione y recibió dos «holas» en respuesta.

—Mientras yo me ocupo de su rostro —dijo Mary—, Cordelia le hará la manicura y Alyssa la pedicura.

—Qué eficiencia —dijo Hermione, sinceramente impresionada.

Cuando Hermione se sentó en la tumbona estuvo a punto de gruñir de placer. No tenía idea de quién la habría diseñado, pero pensaba averiguarlo y encargar una docena.

XO, Doppelganger94