No hay mucho qué decir, está de más disculparse por la espera tan larga. Agradezco de cualquier manera a quienes sigan leyendo y por supuesto, más aún a quienes se toman el tiempo de dejar un comentario.

~Esto es para ustedes :)

28—

Aomine y Kagami habían llegado temprano al llamado para el juego final. Ahora mismo se encontraban calentando en la cancha, jugando en un uno a uno sin importarles el resto de las personas ahí. Eso, hasta que fueron llamados por el entrenador quien les reprendió por gastar energías de más cuando debían guardarlas para el partido que estaba por comenzar.

—No debemos subestimar a éste equipo, por algo son los que llegaron a la final junto a nosotros. Así que quiero que den todo desde el principio —el entrenador hizo una pausa y continuó hablando con sus jugadores que estaban sentados en la banca escuchándole—. Como es obvio, Wakamatsu no estará con nosotros un tiempo debido a la lesión en su rostro, por lo que es un elemento menos con el que contamos y…

—Por eso no se preocupe entrenador, ni siquiera notará que hace falta —dijo Aomine, escuchando en ese segundo el pitido que daba inicio al partido. El moreno se levantó sin esperar a nadie y caminó en dirección a la cancha mientras estiraba su brazo izquierdo hacia el lado derecho empujándolo desde su codo con su mano libre hacia su propio cuerpo para estirar el área del hombro, repitiendo la acción con su otro brazo también.

—Arrogante —dijo Kagami pasando a su lado. Esperando a Otsubo que se acercó al capitán del equipo contrario.

—Sólo soy realista, nadie notará que no jugó ese idiota, de eso me encargo yo.

—Lamento decirlo, pero no te lo dejaré tan sencillo —Aomine sonrió hacia Kagami y éste le devolvió el gesto.

—Como tú digas, Bakagami.

El juego dio inicio, el entrenador miraba desde la banca junto a los jugadores que seguían en ésta como parte de los que entrarían después al juego. No era un equipo sencillo, pero tampoco había un riesgo alto de perder, y si se lo preguntaban a Aomine o Kagami, el riesgo era nulo.

Fueron ellos dos los que de pronto, y para deleite de todos, comenzaron a jugar del modo más sincronizado que alguna vez vieron, tanta fue su emoción, que el entrenador se puso de pie, peinando con una mano su cabello hacia atrás en un acto de sorpresa, veía sin poder creer la forma en que ese par de ases burlaban a todos los jugadores que se interponían entre ellos y la canasta, pases, tiros y fintas que nadie esperaba, de eso y más fueron testigos todos en la primera mitad del juego.

La victoria estaba casi asegurada viendo el marcador con una abrumadora diferencia de 30 puntos y jugadores más que cansados y algo desanimados. El entrenador hablaba frente a los chicos de su equipo, les felicitaba por su labor aunque era para todos obvio que ese extraño dúo dinámico que de pronto hicieron Aomine y Kagami, era el causante de ese número tan elevado en el actual marcador.

Ese juego ni siquiera parecía una final. Porque se suponía que dentro de un juego final, los equipos que se enfrentan entre sí, son los mejores de cada grupo y por ello, los más hábiles. Ahora sólo podía notarse un equipo desanimado y otro ganando con una ventaja que cada minuto se volvía más ridícula.

Kagami estaba sentado en la banca, era momento de los diez minutos que daban a la mitad del juego. Tenía una toalla cubriendo su cabello, su mirada hacia el suelo con el torso inclinado hacia enfrente y sus brazos recargados en ambas piernas, una de sus manos tenía una botella con bebida hidratante.

Todos le miraban en aquella posición pensando que estaba concentrado y no podía escucharles, lo que no veían es que él estaba sonriendo como pocas veces. A pesar de que su nivel de competencia con Aomine fuese bastante elevado, experimentar por primera vez éste dueto en el que de verdad estaban dando el máximo esfuerzo y les era tan fácil coordinarse, casi se podían leer la mente, su básquetbol y estilo siempre fue distinto, por mucho…

…Y a pesar de ello, ahora les era casi natural correr a esa velocidad monstruosa, eludir a sus contrarios mientras lanzaban el balón hacia el otro y lo devolvían en cuestión de segundos para que el primero encestara, creando así una distracción rápida.

Tras otros tortuosos veinte minutos de juego, éste terminó y como era notorio desde antes del descanso intermedio, el equipo de ellos ganó de una forma aplastante que dejó a los otros en ridículo.

Como era de esperarse todos en el equipo estaban contentos, no tanto como si hubiera sido un juego reñido en donde no estuvieran seguros de qué iba a suceder a continuación, pero sí lo suficiente como para festejarse abrazándose unos a otros en un impulso típico de los deportistas ganadores de algún primer lugar.

Kagami nunca había experimentado ese sabor a triunfo estando en el mismo equipo que Aomine y por ello, un impulso le llevó a abrazarlo sin importar que para ese momento, las cámaras y los reflectores estaban puestos en todos los integrantes de su equipo en particular.

Aomine pasó sus manos por la cintura de Kagami y lo elevó un poco apretándolo con fuerza durante largos segundos, después lo regresó al suelo y ambos tras dedicarse una sonrisa genuina regresaron a las filas, agradecieron el juego y entonces comenzaron las entrevistas interminables.

Pasaron alrededor de media hora, hablando de lo mismo una y otra vez para diferentes cadenas televisivas que les abordaban. En todo momento Aomine se mantuvo cerca de Kagami, ya fuera que hablaran para diferentes reporteros a pesar de estar parados uno junto al otro, o simplemente les entrevistaban al mismo tiempo.

Luego de ese alboroto que para todos pareció interminable y cansado. Ahora los miembros del equipo se hallaban en los vestidores, algunos sentados en las bancas otros no, escuchando el acalorado discurso de su entrenador.

—…Me dio muchísimo gusto verlos trabajar tan coordinados. Hicieron un excelente trabajo durante toda la temporada y eso se ve ahora reflejado en éste triunfo que tan bien merecido se tienen. Ahora como bien saben disfruten de su tiempo libre y después seguiremos con el entrenamiento para la temporada siguiente. Los dejo para que se aseen. Muy buen trabajo el de ustedes dos, deberían pensar en coordinarse de esa manera más seguido —dijo mirando al pelirrojo y al moreno.

—La verdad es que somos del tipo competitivo, entrenador, no se nos dan los dúos.

Para sorpresa de todos, que esperarían una respuesta así de Aomine, era Kagami quien había dicho aquellas palabras, con una sonrisa pintando su rostro. El entrenador sólo sonrió y negó con la cabeza divertido, era de esperarse ya que como dicen, las cosas buenas no suceden a menudo. Después salió y los dejó ahí, él como representante del equipo debía seguir atendiendo a los medios de comunicación para darles un trato adecuado.

Poco a poco se fueron dispersando, unos decidieron marcharse así, sólo tomaron sus cosas y se fueron, otros más se daban una ducha rápida y salían. Aomine salió de los vestidores ya que había recibido una llamada y Kagami aprovechó el momento para meterse a bañar.

Mientras sentía el agua caliente recorrer su cuerpo, relajándole cada músculo a su paso, debía admitir que estaba algo ansioso y temeroso de lo que seguía. El día anterior habían vuelto a tener una sesión parecida a la primera vez que estuvieron juntos, pero de la misma manera, Aomine se había contenido y no le había penetrado, amenazándolo con que después del partido no se salvaría.

Era el pensamiento más vergonzoso que habitaba su cabeza, pero no podía despejarlo, porque estaba realmente curioso y deseoso de experimentar eso con Aomine, en verdad quería que fuesen más allá y hoy era ese día.

Cerró sus ojos y suspiró, mantenía ambas manos pegadas a los azulejos bajo la regadera mientras recibía el agua de lleno en su rostro.

—Argh… idiota —murmuró antes de escuchar la puerta de la regadera abrirse y cerrarse de inmediato. Tuvo tiempo suficiente para girarse asustado, su corazón había dado un salto y ahora lo podía sentir golpeando con fuerza su pecho— ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Vete ahora mismo, idiota!

—¿Pensabas tocarte mientras me imaginabas? —Indagó Aomine, completamente desnudo y recargado aún en la puerta, manteniéndola así cerrada.

—¡Claro que no! —Se quejó elevando la voz, cuando se dio cuenta de que no eran los únicos en las regaderas, tapó su boca y frunció el entrecejo, hablando ahora con mesura— Daiki, sal de aquí porque…

—Me gusta cómo suena mi nombre cuando estás suplicándome… Taa-aiga —a propósito alargó el nombre de su compañero, mirándolo con una sonrisa impresa en sus labios y la lujuria tatuada en sus ojos.

—Ao-Aomine no estoy bromeando aquí no haremos nada, pueden descubrirnos y con mi suerte seguro eso pasará —replicó. Cuando Aomine dio un paso al frente para acercarse al pelirrojo, éste retrocedió pegando su espalda a los azulejos, estirando su brazo hacia enfrente en advertencia de que se mantuviera a distancia.

Aomine tomó el brazo de Kagami por la muñeca y se llevó la mano ajena a su boca, lamiendo con extrema lentitud la palma y recorriendo su lengua hasta llegar a la punta del dedo medio, mismo que procedió a meter en su boca siendo acunado por su lengua que lo recibió con suaves masajes y rápidos movimientos repentinos que ocasionaban un cosquilleo en el pelirrojo.

Fue en vano el intento de Kagami de separar su mano, aunque sólo lo intentó como un reflejo cuando Aomine comenzó con ese juego, después se dejó llevar y con los labios entreabiertos y los ojos cargados en deseo se dedicó a observar al moreno, quien no le había quitado la vista de encima en todo momento.

Para el pelirrojo era increíble como esa acción tan simple le mandaba impulsos directamente a su entrepierna, de alguna manera imaginaba la boca y la lengua de su pareja en aquel lugar realizando la misma acción que ahora y sólo con ello ya estaba duro. ¡Era vergonzoso!

Jaló su brazo para apartarlo una vez más, pero Aomine caminó la distancia que le faltaba para atrapar el cuerpo contrario contra la fría loza.

—Aomine, deja de jugar, mejor me apresuro y nos vamos a tu departamento o al mío, el que quede más cerca —mencionó con sus dedos ahora sobre los labios contrarios para detener la acción que antes realizaban con ahínco. Su mente no alcanzaba ni siquiera a coordinar pensamientos, no tenía idea de cuál de las dos viviendas estaba más cerca, no tenía ganas de analizar, sólo sentía la adrenalina correr a través de sus venas.

Aomine lo tenía contra los azulejos, el agua seguía corriendo, cayendo como lluvia desde la regadera y mojándolos a ambos pero ninguno prestaba atención a ello, sólo podían verse directo a los ojos. Kagami aún con su mano sobre la boca contraria impidiéndole decir o hacer cualquier cosa que le provocara más, intentando convencerlo sin hacer mucho escándalo para salir desapercibidos.

—Daiki… en serio, afuera están demasiados reporteros y cámaras, sabes lo que pasaría si…

—No me llames por mi nombre de pila cuando tratas de evitar tener sexo conmigo, mala decisión, Taiga —se apresuró en responder retirando la mano que le había estado cubriendo.

Una de sus manos viajó por el hombro del pelirrojo, delineando el cuerpo de éste por el costado derecho mientras sus labios estaban ocupados alimentándose de la boca contraria, combinando su saliva y enredando ambas lenguas en un constante movimiento, un roce que se volvía más y más profundo según movían sus cabezas en sentidos opuestos para unirse al otro.

Las dos manos de Taiga se aferraban a las mejillas de Aomine, su intención principal había sido separarlo, pero sólo bastó con que el toque en sus labios fuera superficial, para crear esa chispa que no podía detener cuando estaba cerca del moreno. Era increíble cómo podía ser así, cómo con tan sólo un roce de aquel cuerpo tan parecido físicamente al suyo, le encendía como no creyó.

Ahora sus manos se deslizaron por el cuello hasta enredarse con confianza en éste, perdiéndose y dejándose llevar por el momento, al diablo lo demás, ¿qué más daba si los descubrían? ¡Total, no que le importara dar a conocer su relación! Aunque tampoco era la idea darse a conocer a través de un escándalo de tal magnitud…

Y ahí estaba el lado sensato de Kagami volviendo a su consciente, el cual se perdió por varios minutos en ese beso que aún compartían. Fue hasta que pudo separar su boca que de nuevo trató de convencer al moreno, y quizás a sí mismo, de detenerse antes de que esto fuese demasiado tarde.

—…Ya es demasiado tarde, estás más duro que la pared Kagami, y yo también. ¿A qué le temes? —Aomine hablaba bajito mientras recorría sus besos por la piel del rostro, la mandíbula y seguía su camino hacia el cuello y la curva en dónde éste se unía a los hombros, ahí se detuvo más tiempo del necesario y mordió de forma suave, creando una marca que sería bastante complicada de ocultar por la zona en la que fue hecha—. No me gusta que tengas todas estas marcas a causa de aquel idiota —mencionó separando sólo un poco su rostro y señalando con una caricia uno de los moretones que el pelirrojo lucía en las costillas, ya se podía ver bastante difuminado, pero aún se notaba que había sido un buen golpe el que lo ocasionó.

Kagami ignoró su queja sobre sus marcas, tampoco mencionó algo sobre la que le acababa de dejar en el cuello, lo que más le preocupaba ahora era la situación y eso fue lo que le hizo saber.

—No es que le tema a… no tengo miedo, es sólo que no soy fanático del exhibicionismo. Alguien vendrá y…

Sus palabras se vieron cortadas cuando la mano de Aomine bajó y tomó su pene desde la base, creando un movimiento fuerte que le obligó a cerrar la boca antes de dejar salir un gemido involuntario, sus ojos también se cerraron debido al cúmulo de sensaciones tan repentinas en su cuerpo.

—Só-sólo haremos esto y… y después —Aomine creó un ritmo más rápido con su mano en el miembro contrario, sus labios mientras tanto se encargaban de morder parte de la clavícula y se dirigían a la zona tan sensible para el pelirrojo que Aomine conocía a perfección. Sus pezones.

Por alguna razón, Kagami disfrutaba bastante cuando Aomine se tomaba su tiempo en besar, morder y succionar esa área en particular. Justo como hacía ahora.

—¿Después qué? —Preguntó divertido ya que el pelirrojo no tuvo ni la fuerza de voluntad de terminar ese nuevo intento de negación.

—¡Al diablo! —Dijo elevando la voz por un segundo, después subió una de sus piernas para enredarla en la cadera del moreno y atraer así la parte pélvica de éste hacia la suya, ese repentino movimiento sólo creó un delicioso y más que placentero choque entre sus partes—. Hazme tuyo aquí mismo, Daiki, quiero que me penetres con todo lo que tienes —exigió, hablando sobre el oído del aludido que casi se venía como cualquier adolescente precoz, sólo por escuchar la voz tan decidida y demandante de su pareja.

Nunca le había escuchado así, era nuevo, pero no por ello desagradable.

—Taiga, Taiga… no sabes lo que me haces sentir sólo con ponerte así de mandón. Hazlo otra vez, anda dime, ¿qué quieres que te haga? —Pidió a riesgo de ser mandado al demonio por un bastante sonrojado Kagami.

Pero para sorpresa incluso del mismo pelirrojo, que había estado lamiendo la parte del cuello contrario, sólo subió en suaves mordidas hacia el oído para hablar sobre éste una vez más, sacando su lengua antes de decir nada y metiéndola repetidas veces en el oído ajeno como si estuviera penetrándole.

—¿Necesito ser más gráfico? —Cuestionó— Quiero que me lo hagas aquí mismo, y lo quiero ya —a pesar de ese repentino valor en sus palabras, si Aomine hubiera estado menos excitado y se hubiera detenido un segundo a ver el rostro de Kagami, habría notado que éste se encontraba más rojo que su mismo cabello, pero no fue así, quizás para suerte del pelirrojo.

Luego de volver a tomar los labios contrarios como si no hubiera un mañana, Aomine se recorrió una vez más en cortos besos y mordidas, agachándose hasta dejar su rostro frente al pene erecto de Kagami. Lo tomó de la base y lo dirigió a su boca, sacando primero la lengua para recibirlo con un movimiento rápido sobre la cabeza del pene, mismo que ocasionó una placentera sensación en el pelirrojo que sólo cerró los ojos y movió las manos llevándolas a los hombros de Aomine para detenerse de éstos.

El moreno continuó, lento como si lo estuviera torturando pero brindándole poco a poco ese placer que el pelirrojo le había casi exigido. Fue cuando lo tragó por completo, comenzando un vaivén rápido sacándolo y metiéndolo en su boca que Kagami llevó una mano al cabello empapado de Aomine, trataba de dejarle moverse a su ritmo pero sus caderas clamaban por moverse, y sin darse cuenta inició un suave y casi imperceptible movimiento como si embistiera la boca del moreno mientras detenía la cabeza de éste con una mano para que no se alejara.

Un lado sádico que quizás Kagami no había conocido hasta ese momento, quiso penetrar la boca del otro con fuerza, salir y entrar en esa cavidad que se movía con tanta destreza, pero hacerlo de una manera en que no le importaría si al otro le incomodaba o no, sólo pensando en su propio placer…

Descartó la idea cuando sintió la mano que antes le detenía de la base del pene recorrerse hasta sus testículos, mismos que masajeó muy suave, pero de forma suficiente para crear ese cosquilleo antecesor al orgasmo. Por ello trató de separarse, no quería llegar tan rápido, quería disfrutar más. Aunque no hubo necesidad de apartar al moreno ya que éste por sí mismo se separó y le miró sonriendo arrogante, amaba y al mismo tiempo odiaba esa sonrisa tan altanera.

Esa sonrisa que era una marca indudable del gran jugador Aomine Daiki. Mismo que tenía ahora hincado frente a él haciéndole una mamada. Una sonrisa se apoderó de los labios del pelirrojo, conectando su mirada con el otro.

—Gírate e inclínate —esas fueron las únicas palabras que Aomine casi deletreó para no hablar muy fuerte, aunque su tono fue bajo, también fue demandante y Kagami, en el calor del momento que compartían lo último que quería era pelear, sólo podía sentirse extasiado ante cada nueva acción y por ello hizo lo que se le pedía, abrió sus piernas y se giró, quedando de frente a la regadera la cual giró hacia un lado para que no cayera sobre el rostro contrario ya que su cuerpo no estaría para cubrirle. Se inclinó totalmente hacia enfrente sin doblar las rodillas, dejando su cuerpo en forma de L, y permitiendo así la exposición total de su entrada ante los ojos azules de Aomine.

El moreno al ver la nueva posición de Kagami no pudo evitar darle una nalgada mientras mordía la otra nalga, recibiendo por parte del pelirrojo que se movió un poco, una mirada de reprimenda. No era un lugar para hacer esa clase de cosas, no cuando una nalgada sonaba y los demás podían escucharles.

La frente de Kagami se pegó a la pared al igual que sus manos cuando sintió a su pareja separar sus nalgas y hundir su rostro en medio de ellas. La lengua de Aomine se movía de una forma inhumana sobre su entrada, paseándose no sólo por ese pequeño espacio, sino también viajando a lo largo de la separación de sus nalgas, las cuales con ambas manos se dedicaba a masajear, separándolas y uniéndolas en ocasiones cuando separaba su rostro.

Había tantas cosas obscenas que Aomine quería gritarle a Taiga mientras lo hacían, pero sabía que no era el sitio indicado, y debido a la actual posición, no era fácil que lo escuchara si sólo murmuraba, por lo que reprimió las mil cosas que se le venían a la mente en esos momentos, y se limitó a las acciones, menos palabras y más acción, o por lo menos eso pensó.

Se perdió una vez más entre aquellos músculos tan bien torneados, separando sin temor las nalgas y empujando su lengua dentro del ano de Kagami, no era mucho lo que podía penetrarle y por ello uno de sus dedos comenzó a colarse, metiendo sólo la punta y perdiéndose poco a poco en el interior del pelirrojo mientras era ensalivado como se debía gracias a la experta lengua de Aomine.

Kagami jadeó de forma involuntaria, aunque sabía lo que seguía, no lo había esperado tan pronto y por ello no previó, pero ahora mordía su labio inferior mientras sentía el dedo contrario retorciéndose en su interior. Era una sensación que en un principio sólo le incomodaba, pero algo en ese movimiento errático comenzó a enviarle una sensación gratificante, algo que le llevó a arquear su espalda un poco más con la intensión de que su acompañante entendiera el mensaje y le penetrara más profundo.

No necesitó de palabras, Aomine conocía la expresión corporal de su pelirrojo y por ello no perdió tiempo en comenzar a meter el dedo índice de su otra mano. Tenía ambos índices dentro del pelirrojo mientras los demás se encargaban aún de mantener separadas las nalgas para que no se interpusieran en su labor. De esa manera era más sencillo estirarle, así cada uno de sus dedos se movía poco a poco en direcciones opuestas y de formas aleatorias, los retorcía en ese esponjoso y caliente interior que le recibía con gusto. Incluso Kagami había comenzado a gemir de forma tan suave que estaba seguro que el ruido del agua era suficiente para amortiguarlos y que nadie excepto él que estaba tan cerca, pudiera escucharle.

Se asomó para ver al pelirrojo con la expresión digna de un artista porno aunque más genuina, su boca estaba entreabierta y sus ojos a medio abrir, su mirada cargada de pasión, parecía que no estaba en ésta dimensión, incluso podría jurar que eso que corría por entre sus labios era saliva y no sólo agua.

—Hazlo, tú… —pidió suave moviendo un poco su cuerpo tratando de ver al chico tras él.

—No comas ansias, te dolerá si no lo hago bien —comentó contra la piel del pelirrojo, besando la parte trasera de los muslos y dedicándose a su labor de preparar y estirar la entrada del ansioso chico.

Fue cuando Kagami comenzó a moverse de modo que buscaba una penetración más profunda con los dedos de Aomine, que éste decidió que era tiempo de ser él quien obligara al pelirrojo a moverse de esa forma. Se puso de pie y con una mano sobre la espalda del otro le mantuvo en la misma posición.

Con su mano libre llevó su erección más que endurecida hacia la entrada ya dilatada, metiendo sólo la cabeza para que el pelirrojo se acostumbrara, pero no contaba con que en su búsqueda por ser llenado, Kagami se movería de forma inesperada hacia atrás, clavándose por completo en el pene contrario y gruñendo como animal herido cuando sucedió. Aomine abrió la boca en busca del aire perdido ante la sensación entre dolorosa y placentera que sintió al ser apretado y jalado de esa forma.

Rodeó la cintura de Kagami desde atrás e inclinó su cuerpo al frente hasta quedar como piezas de rompecabezas, deteniendo cualquier nuevo movimiento del pelirrojo y hablándole al oído.

—Eres un idiota, de nada va a servir mi preparación gracias a tu genial idea —regañó preocupado por el pelirrojo, no importaba si no tenían juego ni entrenamiento al día siguiente, era su pareja y tampoco quería que debido a alguna lesión, sus actividades extras se vieran suspendidas. Además era la primera vez que compartirían esa unión, tampoco quería que el pelirrojo guardara un mal recuerdo de ella.

—No estoy quejándome, ¿cierto? Te pedí que me dieras con todo lo que tienes, ¿eso es todo? —Preguntó retándolo. Kagami conocía quizás mejor que nadie ese aspecto de Aomine, no por nada era igual de competitivo e idiota que su ahora pareja y estaba más que seguro que con esa frase y la última pregunta que soltó, Aomine lo dejaría sin poder caminar durante la siguiente semana.

—Tú lo pediste, pediré una silla de ruedas para ti —alardeó.

Y entonces comenzó a arremeter contra el pelirrojo, no lo hacía con cuidado, sólo salía lo más que podía del chico y después entraba con más fuerza hasta tocar el punto perfecto en que volvería loco a su pelirrojo. Se irguió dejando su espalda por completo derecha, tomó la parte trasera de la rodilla de Kagami, levantándola lo más que pudo para abrir así la entrada que ahora profanaba.

Era un cambio sencillo pero que provocó que llegara un poco más adentro, rozando de manera continua la ya inflamada próstata. Sentía que poco le faltaba para terminar, pero su orgullo no le permitía ser él quien lo hiciera primero, no porque eso significara algo, sino porque entonces no lograría que Kagami tuviera su orgasmo anal y esa había sido la intención desde que entró a esa regadera sin importarle la gente que pudiera estar alrededor.

Golpeó una y otra vez, ensañándose en el mismo punto y llevando sus embestidas a un ritmo frenético en el que para el pelirrojo era casi imposible mantenerse callado, soltaba jadeos que trataba fueran lo más bajo para evitar que otros les escucharan, aunque a éstas alturas ya ni escuchaba sonido alguno además del agua que corría dentro del cubículo donde ellos estaban y el choque constante de sus pieles mojadas ante cada estocada del moreno, pero poco le importaba, sólo sentía que con cada nueva embestida iba perdiendo fuerza en sus piernas, incluso Aomine le rodeó con un brazo por el estómago para evitar que sólo se desplomara en el suelo.

Unos minutos más y ninguno de los dos fue lo suficiente fuerte para contener tremendo orgasmo. Ambos terminaron con un gruñido que fue un vano intento por callar el gemido que les sorprendió casi de forma simultánea, creado por un efecto dominó en el que Kagami alcanzó su orgasmo y sus paredes se contrajeron debido a ello, llevando de forma inmediata al moreno a terminar con la misma fuerza.

Aomine ayudó al pelirrojo a incorporarse, se recargó una vez más en la pared dirigiendo el agua a ambos para que limpiara los restos del sudor que incluso comenzó a perlar en sus cuerpos y el semen que escurría a través de su estómago y parte de su entrada.

—¿Así o con más fuerza lo querías? —Preguntó Aomine burlándose.

—Supongo que estuvo bien —dijo restándole importancia como si no hubiera sentido que tocaba el cielo cuando terminó gracias al constante golpeteo del pene de Aomine sobre su interior.

—Idiota, si gemías como actor porno y todavía lo niegas —recriminó divertido, sabía que se trataba de su pelirrojo siendo… su pelirrojo. Molestándolo como siempre y tratando de hacerle enojar.

—¿Sabes que los actores porno fingen todo, cierto? —Cuestionó con una sonrisa de triunfo brillando en su rostro.

—A la próxima te tomaré un video y lo subiré a internet, así por lo menos ganamos dinero con tus excelentes actuaciones —contestó siguiéndole el juego.

—Imbécil —regañó, llevó una mano a la mejilla contraria y de forma suave acercó sus labios hasta tomar los contrarios, depositando un beso lento, perezoso pero cargado de la pasión que en ambos se despertó debido al reciente momento que habían compartido.

—Te amo, Taiga.

—Nunca creí escucharte decir una línea tan cursi después de hacerlo.

—Deberías haber aprendido a no subestimarme.

—Yo también te amo, Daiki —mencionó saboreando el nombre entre sus labios, no siempre se llamaban por su nombre de pila, esto era nuevo, pero cuando lo hacían ambos se sentían más cercanos al otro, y por ello Taiga se permitía saborear entre sus labios ese nombre tan corto que comenzaría a mencionar con mayor frecuencia.

—Kagami, ¿estás bien? —Preguntaron tocando la puerta de su regadera. El pelirrojo entró en pánico, abrió sus ojos de más y tapó con la palma de su mano la boca contraria evitando que soltara algún comentario o sonido.

—Lo- lo siento, me sentía muy cansado pero ya voy a salir, estoy bien —mencionó, si no estaba mal, la voz pertenecía a Otsubo, su capitán.

—Te escuché quejarte, pensé que quizás algo andaba mal, ¿quieres que te espere? Parece que Aomine se marchó, o eso me dijo Wakamatsu hace un momento.

Ambos chicos abrieron los ojos sorprendidos, ¿Wakamatsu había estado ahí?

—No sé dónde esté él ahora, quizás se quedó con el entrenador —mencionó Kagami fingiendo demencia.

—Bueno, no lo sé. Wakamatsu dijo algo que no comprendí del todo pero supongo tienes razón… te dejo para que termines, apresúrate, ya se fueron casi todos.

—O-Otsubo, ¿qué fue lo que te dijo…? —Preguntó sin poder contener su curiosidad. Aomine frunció el ceño molesto porque detuviera más tiempo ahí al otro chico.

—Estoy seguro que sólo quería molestar, pero mencionó algo de tener unas fotografías vergonzosas de Aomine… no, no creo que ellos estén, no quiero insinuar eso pero eso es lo que él quiso decir. Parecía muy contento cuando salió de los vestidores.

—¡¿Y qué hacía ese tipo aquí?! —Gritó molesto.

—Es parte del equipo, Kagami, no lo olvides. Te dejo y… me gustaría que saliéramos un día, si quieres claro —se apresuró en comentar.

Aomine estuvo a punto de hablar cuando escuchó eso pero Kagami le selló los labios con su propia boca y después se separó, manteniéndolo callado con un dedo y una expresión que dejaba en claro que lo mataría si hablaba.

—Nos vemos después —fue lo único que atinó a decir, sin saber cómo rechazar a alguien que acababa de invitarlo a salir, ni siquiera estaba seguro de que hubiera sido con esa intención.

—Sí, así lo espero.

Y tras ello escucharon los pasos alejándose del chico y la puerta principal de las regaderas al cerrarse.

—¿Qué rayos fue eso? "Nos vemos después" —dijo Aomine imitando la voz de Kagami— ¿Qué quieres decir con eso? ¿Por qué no le dijiste que ya estás saliendo con alguien?

—Aomine, ese es el menor de los males, además ni siquiera sé si lo preguntó de ese modo, no estés de celoso —contestó divertido con la actitud y el ceño aún fruncido del moreno—. ¿Qué no escuchaste lo que dijo? ¡Wakamatsu estuvo aquí!

—Ese idiota merece que me encargue de él, me lo va a pagar, ahora sí —dijo molesto, no le importó su desnudez o si en realidad estaban solos, abrió la puerta saliendo de la regadera y tomó la toalla que había dejado colgada afuera…

Su toalla.

¿Acaso Wakamatsu conocía su toalla? La de Kagami también estaba ahí pero estaba casi cubierta por la suya así que no había gran problema en ello.

Envolvió su cuerpo en la toalla y caminó determinado hacia los vestidores. Se lo había ganado, lo mataría si se atrevía a publicar algo sobre ellos dos.

:—Continúa—:

—¤Žhena HîK¤—

"Y me percaté que en vez de una, mi cuerpo tenía dos sombras, la mía y la de tus recuerdos"
—Víctor de la Hoz

Ahora sí. Agradecería conocer su opinión, quizás no es lo que esperaban, y aunque había dicho que faltaban dos capítulos sin contar éste, creo que quizás ahora sí me falten dos capítulos... ya ni sé, pero, ya estamos casi al final xD jajaja soy mala calculando, luego mi mente me lleva por lugares extraños que no planeaba, como el final de éste capítulo.

Jajaja recuerden dejarme sus preguntas y dudas sobre la historia en algún mensaje, ya se viene el final y aunque leí la historia para tratar de resolver todo, siempre se me va algo, si me dejan saber sus dudas, será más sencillo para mí despejarlas.

¡Gracias de antemano por la espera y por comentar!