Seducción a medianoche
Capítulo 11
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—¿Creéis que todavía hay fantasmas en la habitación? —susurró Hermione, rompiendo el inquietante silencio.
Miró con atención a sus tres invitadas a través de la semi-penumbra de la estancia. La débil llama de una vela colocada en el centro de una pequeña mesa redonda, alrededor de la cual estaban sentadas tan apretadas que hasta sus rodillas chocaban, era lo único que iluminaba la sombría oscuridad de la salita privada de Hermione.
El aliento que salió de sus labios al hacer la pregunta hizo titilar la llama que arrojó sombras sobrenaturales contra las paredes cubiertas de seda. La lluvia formaba riachuelos plateados sobre las ventanas azotadas por el viento que gemía a través del alero. Todo en el ambiente era siniestro. Y morboso… aunque morboso encajaba bastante bien con su estado de ánimo.
¿Cómo iba a contarles a sus amigas la decisión que había tomado su padre, una decisión de la que la había informado hacía tan sólo una hora? Apenas podía pensar en aquellas palabras, y mucho menos pronunciarlas en voz alta. Tenía que decirlo… pero por Dios que no quería.
—Odio ser la primera en tener que deciros esto —dijo Luna con un tono más fuerte que un susurro—, pero los fantasmas no existen.
Nada más decir las palabras, un relámpago iluminó la estancia seguido por un trueno ensordecedor.
—Parece que alguien no está de acuerdo contigo, Luna —dijo Pansy, con un deje de diversión en la voz—. Lo cierto es que lady Elaine nunca tuvo problemas para invocar a su amante fantasma Maxwell en una sesión de espiritismo como ésta.
—Obviamente, Maxwell era un fantasma más colaborador que el escurridizo fantasma que buscamos —murmuró Hermione.
Deslizó la mirada a la ventana, observando la oscuridad que había más allá del cristal mojado. ¿Estaría Harry allí fuera? Si no era así, lo estaría pronto. Odiaba pensar que estaría allí fuera bajo aquella tormenta, pero aun así, saber que estaba tan cerca, hacía revolotear su corazón. Pero también sentía otro tipo de revoloteo, el que le provocaba un nudo de nervios en el estómago. ¿Y si las cosas no iban según lo maneado? ¿Y si Harry descubría a Dobby durante su misión de esa noche? ¿Y si…?
Interrumpió aquella letanía de preguntas inútiles. Lo único que podía hacer era esperar a que todo saliera bien y confiar en que Dobby fuera tan ingenioso como ella creía. E igual de rápido.
—¿Estáis aquí, fantasma de Mayfair? —llamó Ginny con suavidad—. Si es así ¿podéis darnos una señal?
Cuatro pares de ojos recorrieron con rapidez la estancia, pero no hubo ninguna señal o respuesta.
Hermione frunció el ceño. Aquélla habría sido la oportunidad perfecta para que Dobby hiciera su papel. Quizá se lo había impedido el mal tiempo.
—Es evidente que nuestro fantasma no desea unirse a nosotras —dijo Pansy, lanzando un suspiro que casi apagó la vela.
—Quizá no se manifiesta porque anda despojando de sus joyas a otra familia inocente — dijo Luna—. Espero que no muera nadie la próxima vez.
—Oh, me pregunto quién será el siguiente —dijo Pansy, abriendo mucho los ojos.
—Mis padres van a acudir a la velada musical que lord y lady Black ofrecen ésta noche — dijo Hermione—. Lady Black posee una magnífica colección de joyas.
—Es cierto —convino Pansy—, la mayoría son, supuestamente, regalos de sus numerosos amantes.
— Deberías dejar de repetir cotilleos —la regañó Ginny, meneando el dedo juguetonamente para quitar hierro a la reprimenda.
—Yo jamás repito cotilleos… —dijo Pansy con una sonrisa maliciosa—. Yo los difundo.
Por lo que deberíais prestar atención la primera vez que lo digo.
Todas se echaron a reír.
—Si recordáis el libro, lady Elaine invocó a Maxwell provocando sus celos. Quizá tendríamos más suerte si hiciéramos lo mismo —dijo Luna después de que todas dejaran de reír.
Evidentemente se había involucrado en la sesión de espiritismo a pesar de no creer en fantasmas.
—Me temo que ninguna de nosotras posee una colección de joyas capaz de competir con la de lady Black. Será difícil despertar los celos del fantasma —dijo Ginny.
—¿Quién quiere perder el tiempo con un asesino fantasma cuando llamar a un amante fantasma es mucho más divertido? —preguntó Hermione—. ¿Qué podríamos decir para provocar sus celos?
—Describir a todos los maravillosos caballeros que nos acosan constantemente y que nos profesan su adoración eterna —sugirió Pansy.
—¿Y quiénes son esos caballeros, si se puede saber? —preguntó Hermione. Pansy miró al techo.
—De entre todas las mujeres, Hermione, eres la menos indicada para preguntarlo, teniendo en cuenta el número de pretendientes que compiten por tu mano.
—A lo único que han profesado una adoración eterna ha sido al dinero de mi padre. Yo no les importo en absoluto.
—Bueno, yo podría nombrar a Ronald que, por supuesto, me adora —dijo Luna—. Pero no creo que eso despierte los celos de nadie.
—A mí me pasa lo mismo con Neville —añadió Ginny.
Luna adoptó una mirada pensativa tras las gafas y se golpeó la barbilla ligeramente con el índice.
—Me pregunto si Ron se sentiría celoso si otro hombre me…
—¿Te besara? —interpuso Pansy—. Oh, se pondría verde como el césped en primavera.
—Es probable —dijo Luna, sin disgustarse ante la idea—. Aunque no es que vaya a dejar que me bese otro hombre. Ni que nadie quiera hacerlo.
—Draco Malfoy quiso hacerlo —le recordó Ginny en un tono provocador—. Estaba muy enamorado de ti antes de que te casaras.
—Éramos amigos y nada más —dijo Luna con aire remilgado. Luego arqueó las cejas en dirección a su hermana—. También estaba muy enamorado de ti antes de que te casaras.
—Quizás un poco —reconoció Ginny. Una sonrisita jugueteó en la comisura de sus labios—. Ya sospechaba que mi corazón pertenecía a Neville, pero no lo supe con certeza hasta que Draco me besó.
Hermione arqueó las cejas sorprendida ante las inesperadas palabras de Ginny. Por el rabillo del ojo observó que Pansy abría la boca, sorprendida.
—¿Draco Malfoy te besó? —La voz de Pansy se quebró en la última palabra.
—¿Y Neville no le hizo morder el polvo? —preguntó Hermione—. ¿O algo peor? Ginny se rió entre dientes.
—Sin yo saberlo, intercambiaron algunas palabras sobre ese incidente. Pansy, que parecía absolutamente atónita, miró a Luna.
—No pareces sorprendida por ésta revelación.
—Ginny me lo contó todo cuando ocurrió.
—Sí, y tú no perdiste tiempo en contárselo a tu marido —dijo Ginny, dirigiéndole a su hermana un fingido ceño fruncido.
—Bueno, por supuesto que lo hice —dijo Luna en su tono más remilgado—. Sabía que a Ron le faltaría tiempo para decírselo a Neville, y Neville tenía que saberlo. —La risa bailó en los ojos de Luna—. Al parecer no le hizo mucha gracia.
—Estoy segura —dijo Hermione—. ¿Qué fue lo que se dijeron Neville y el señor Malfoy? Ginny se encogió de hombros.
—Neville nunca me habló de ello y yo no le he preguntado.
—¿Y por qué no lo hiciste? —le preguntó Hermione—. Yo hubiera estado muerta de curiosidad.
—Creí que lo más prudente sería dejar pasar el tema. Si le hubiera preguntado, Neville podría haberme pedido detalles, y era mejor que no los conociera. Especialmente cuando él estaba considerando la idea de hacer negocios con Draco.
—Ah —dijo Pansy, cruzando los brazos sobre el pecho con aire petulante—. Seguramente el señor Malfoy no besa muy bien. No puedo decir que me sorprenda.
—Al contrario —dijo Ginny, negando con la cabeza—. Besa de maravilla. —Incluso a la débil luz de la salita, Hermione detectó el rubor que cubría las mejillas de su amiga—. Como ya os he dicho, si mi corazón no hubiera pertenecido por aquel entonces a Neville… bueno, sólo os diré que Draco sabe, definitivamente, cómo besar excelentemente a una mujer. Y ése es el tipo de información que una sólo comparte con sus mejores amigas.
Pansy frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir con «excelentemente»?
—Quiero decir que cualquier mujer que sea besada por él disfrutará definitivamente de la experiencia. Y que quizá la eche a perder para quien venga después.
Pansy hizo un sonido despectivo y agitó la mano con desdén.
—Me resulta muy difícil creerlo. Realmente me escandaliza saber que no sintieras la necesidad de darte una buena ducha después de que te tocara ese americano tan grosero. ¿No es un poco excesivo eso de «excelentemente»? Y si vamos a eso, ¿cómo de excelente puede llegar a ser un hombre?
—Definitivamente excelente —dijo Luna.
—Maravillosamente excelente —contestó Ginny al mismo tiempo.
—Extraordinariamente excelente —dijo Hermione a la vez que sus dos amigas.
De inmediato se encontró siendo el objeto de la mirada sorprendida de sus tres amigas. El rubor inundó la cara de Hermione y Pansy entrecerró los ojos.
—¿Cómo has llegado tú a esa conclusión? No me digas que Draco Malfoy también te ha besado a ti.
—Caramba, no —dijo Hermione, pero el nerviosismo que denotaba su voz restaba credibilidad a sus palabras, aunque fueran ciertas.
—Pero alguien te ha besado —continuó Pansy—. Es evidente. Lo tienes escrito en la cara.
—Oh… bueno… —Santo Dios, ¿por qué no había mantenido la boca cerrada?
Luna y Ginny se habían inclinado hacia delante, claramente interesadas en oír la respuesta. Y por la mirada de Pansy estaba claro que jamás abandonaría el tema hasta que Hermione dijera lo que tenía que decir. Hermione barajó la posibilidad de mentir, pero sus amigas la conocían demasiado bien para saber cuándo lo hacía.
Inspiró hondo, y luego dijo a bocajarro:
—Sí, me han besado.
—¿Cuándo? —preguntó Luna. Ginny se inclinó hacia delante.
—¿Dónde?
—¿Y quién? —inquirió Pansy.
Las impacientes preguntas de sus amigas sonaron como disparos que abrieron heridas en la conciencia de Hermione. Odiaba mentir a sus queridas amigas, pero no podía decirles la verdad. Al menos no toda la verdad.
Después de tragar saliva para humedecerse la boca, repentinamente seca, Hermione dijo:
—Hummm, fue… hace algún tiempo. —Cierto, si una consideraba que había pasado algún tiempo desde la noche anterior. La verdad era que parecía que hacía años que Harry la había besado—. En cuanto a dónde… en un jardín. Y con respecto a quién… alguien a quien nunca olvidaré.
—Lo que quiere decir que recuerdas perfectamente su nombre —dijo Pansy, agitando la mano en un gesto impaciente para que Hermione continuara.
Perfectamente.
Harry le inundaba la mente de tal manera que temía farfullar su nombre cada vez que abría la boca.
—Por supuesto. Pero como ese caballero y yo estamos destinados a tomar caminos diferentes, preferiría no revelar su nombre.
Ginny y Luna parecieron decepcionadas. Pansy, por el contrario estaba alicaída y molesta por su negativa.
—Bueno, eso no es justo —dijo Pansy, apretando los labios con evidente irritación-—. Todas habéis experimentado unos besos maravillosos, esos que describen en El fantasma de Devonshire Manor. Todas salvo yo. Y tú… —En su hermoso rostro se dibujó un mohín mientras señalaba a Hermione con el dedo— ni siquiera quieres decirnos quién es ese caballero que besa tan extraordinariamente bien. Me siento muy sola y exasperadamente no besada.
Ginny puso la mano sobre el brazo de Pansy.
—Algún día, estoy segura de que muy pronto, alguien te dará un beso maravilloso.
—Cuando menos te lo esperes, alguien te dará un beso maravilloso que hará que te enamores perdidamente —añadió Hermione.
Pansy apretó los labios.
—Haces que parezca muy obvio.
—Que rima con novio —dijo Luna con una amplia sonrisa—. Te besará, hará que te enamores perdidamente de él y muy pronto asistiremos a una boda.
—Bah. —Pansy se recostó en la silla. Luego un brillo travieso le iluminó los ojos—. Quizá sea yo quien lo bese, y sea él quien se enamore perdidamente de mí.
—Me apuesto lo que quieras a que él no tendrá ninguna posibilidad de resistirse —dijo Luna, riéndose.
—Sí, quizá fuera mejor que advirtamos al «pobre hombre» —continuó con la broma Ginny.
—Al menos deberíamos darle un poco de ventaja —añadió Hermione. En ese momento, decidió dar la noticia—. Hablando de bodas…, no quiero estropear la reunión, pero supongo que no hay razón para postergar más la noticia… —su voz se desvaneció, y miró fijamente la vela durante unos segundos, deseando con desesperación no tener que decir el resto, deseando que todo fuera una pesadilla de la que pronto despertaría—. Un poco antes de que llegarais, mi padre me dijo que ya me había elegido marido. Es el duque Riddle.
Pansy soltó una exclamación ahogada de sorpresa.
—¿Te vas a casar? —La palabra sonó como una maldición, y en lo que a Hermione concernía, así era.
—Aún no es oficial, pero según mi padre lo será la semana que viene. Mi madre y él piensan anunciarlo oficialmente durante el baile que ofrecerán. —Con el corazón en un puño, Hermione les contó que era expreso deseo del duque que la boda tuviera lugar antes de volver a Cornualles.
Durante varios largos segundos, sólo obtuvo silencio como respuesta. Entonces, Luna extendió la mano y tomó la de ella. Pansy y Ginny hicieron lo mismo, y Hermione se encontró aferrándose a sus amigas como si éstas fueran su salvavidas.
—¿Has tenido la oportunidad de pasar algún tiempo con el duque? —preguntó Luna, con los ojos llenos de preocupación.
Hermione soltó un sonido amargo.
—No mucho, pero eso será remediado dentro de dos semanas. A partir de entonces, pasaré con él el resto de mi vida. —Bajó la barbilla y clavó los ojos en la mesa—. Con un hombre que apenas conozco, y por el que no me siento atraída en absoluto. Un hombre que me llevará a Cornualles. —Las lágrimas le ardieron tras los párpados—. Un hombre al que no le importo nada.
—Bueno, yo no lo haría —dijo Luna, con una expresión tan afilada como su voz—. Me negaría a casarme con él. Seguro que hay alguien más. Alguien que te guste. Alguien que te quiera de verdad.
Hermione le dirigió a su amiga una amarga sonrisa.
—Eso da igual. Es al duque a quien mi padre ha escogido.
—Eres tú quien debería elegir —insistió Luna.
—Nosotras no pertenecemos a la aristocracia —le dijo Ginny a su hermana—. Las circunstancias de nuestros matrimonios han sido muy diferentes. Nuestro padre es médico, no conde.
—Pero Hermione es una mujer, no un mueble que se pueda vender al mejor postor.
—Me temo que las cosas no funcionan así en la aristocracia —dijo Pansy—. Vosotras formáis parte de ésta vida desde hace poco tiempo. Hay muy pocos matrimonios por amor. Si uno es muy, muy afortunado, el amor termina por aparecer.
—¿Y si no lo hace?
—Bueno, ése es el motivo de que exista la infidelidad.
Luna negó con la cabeza, y se le deslizaron las gafas por la nariz.
—Pues bien, eso es, simplemente, inaceptable. Me mantengo en lo dicho. Yo no lo haría. No podría hacerlo. No podría compartir las intimidades del matrimonio con alguien que no amara.
Ginny rodeó con el brazo los hombros de Hermione y frunció el ceño mirando a su hermana.
—Con eso no ayudas, Luna. ¿Cómo podría el duque, o cualquier otro hombre, no adorar a nuestra querida Hermione?
—Sería un tonto si no lo hiciera —convino Luna—. Pero ¿qué pasa con los sentimientos de ella? ¿O con la falta de ellos? —Antes de que ninguna le respondiera, se giró hacia Pansy.
-¿Y tú? ¿Tampoco esperas casarte por amor?
Durante un buen rato, Pansy bajó la vista y jugueteó con el encaje que adornaba su vestido de muselina. Luego alzó la barbilla.
—Siempre he tenido esa esperanza, pero me temo que mi situación es muy similar a la de Hermione. Mi padre ha sufrido algunos contratiempos… económicos. Aunque no me ha dicho nada aún, sospecho que anda buscando un hombre rico para mí. Un hombre muy rico.
—¿Y si no amas a ese hombre tan rico? —preguntó Luna.
—El amor no tiene nada que ver con eso —respondieron a la vez Hermione y Pansy—. Al menos en lo que respecta a nuestros padres —añadió Hermione, incapaz de ocultar la desilusión en su voz—. Me siento feliz de haber podido disfrutar ese beso maravilloso —continuó con suavidad—. En realidad, estuve muy tentada de robar algo más que un beso.
—No te culpo —dijo Luna—. Lady Elaine también tenía que casarse con otro hombre, pero con Maxwell compartió besos y mucho más…
—Con eso no ayudas, Luna —repitió Ginny, volviendo a fruncirle el ceño a su hermana.
Luna se aclaró la garganta, como si se hubiera tragado las palabras que tenía en la punta de la lengua, luego volvió su mirada preocupada a Hermione.
—¿Podemos hacer algo? Habiéndome casado por amor, no puedo soportar que no disfrutes de la misma suerte.
—¿Visitarme en Cornualles? —sugirió Hermione, intentando no sonar tan derrotada como se sentía.
Sus tres amigas acordaron al instante que lo harían. Pero en su corazón, Hermione sabía que una vez que se casara con el duque, nada volvería a ser lo mismo.
—Debe de haber algo más que podamos hacer—insistió Luna.
Hermione negó con la cabeza y luchó contra las lágrimas que se le agolparon en los ojos.
—No hay nada que pueda hacer salvo prepararme para la boda. —Sintió las palabras como si tuviera serrín en la boca.
Luna murmuró algo que sonó como «siempre hay algo que se pueda hacer». Luego se aclaró la garganta y dijo en voz alta:
—Quizá podría secuestrarte un amante fantasma como Maxwell.
Hermione le brindó una débil sonrisa ante la caprichosa sugerencia. Ojalá pudiera ser raptada. No por un fantasma, sino por un hombre de verdad. El único hombre que querría que lo hiciera.
Harry.
La reunión terminó poco después, y tras despedirse de sus amigas desde la ventana del vestíbulo, azotada por la lluvia, Hermione se dirigió a su dormitorio. En cuanto entró en la habitación, su mirada cayó sobre el encuadernado de piel de El fantasma de Devonshire Manor que había dejado sobre el tocador antes de reunirse con sus amigas. Lo había estado hojeando entonces, y ahora, tras cerrar la puerta, cogió el libro y pasó la yema de los dedos por la inscripción dorada de la portada.
—Fuiste un auténtico demonio, ¿verdad, Maxwell? —murmuró.
Pasó varias páginas, escogió una al azar y comenzó a leer. Ah, sí, ésa era una de sus escenas favoritas, donde Maxwell se esmeraba en seducir a lady Elaine, y la dama intentaba por todos los medios resistir la tentación. Pero al final el fantasma había conseguido vencer su resistencia. Sólo con pensar en la escena que tenía delante se le ruborizaban las mejillas. Por supuesto, lo que Maxwell hacía resultaba ser muy placentero. Tanto para él como para lady Elaine.
Me ha invitado a ser peor de lo que soy. Pero prefiero dar lo mejor de mí.
Las palabras que el propio Harry le había dicho esa misma tarde resonaron en su cabeza. El rubor le encendió la cara y luego descendió rápidamente por todo su cuerpo. Había estado a un suspiro de besarla. Y si sus planes para esa noche hubieran salido tal y como estaba previsto, él estaría ahora dentro de la casa en vez de fuera.
Dejó el libro en el suelo y se paseó por la habitación, llena de pensamientos negativos. En ese momento no estaba tan preocupada por su inminente compromiso y boda como por una pregunta que llevaba rondándole la cabeza toda la tarde. ¿Qué le había sucedido a Dobby ?
No había visto al joven mozo que repartía el carbón desde esa mañana cuando habían cerrado el trato. Desde entonces, él había cambiado los planes sustancialmente. Primero había dejado aquella nota en su dormitorio, luego no había hecho los ruidos fantasmales acordados durante la sesión de espiritismo. Santo Dios, esperaba que no le hubiera ocurrido nada malo al muchacho. Esperaba que la ausencia del joven fuera debida sólo al mal tiempo.
Un mal tiempo que Harry estaría sufriendo en ese momento mientras protegía la casa. Si no tronara, ella…
¿Serías capaz de salir para verle?, le preguntó la vocecita interior con mordaz desaprobación. Sí. Eso era exactamente lo que haría.
Su sentido común la reprendió. Le decía que debería darle gracias a Dios por la lluvia que la mantenía en el interior. Su corazón, por el contrario, le decía que no estaba hecha, de algodón de azúcar y que, por lo tanto, no se desharía si se mojaba.
No, no se desharía, pero ¿sería lo suficientemente valiente para aventurarse a solas en la noche tormentosa?
No estaría sola. Harry está ahí fuera.
Cierto, pero el perímetro de la mansión era grande. ¿Y si no podía encontrarlo? ¿Y si, mientras lo buscaba en la parte de atrás de la casa, él se encontraba en la parte delantera? No sabía cuánto tiempo estaría sola en la oscuridad.
Quizá podría convencerle de que entrara para calentarse junto al fuego y secara sus ropas. Podría ofrecerle algo de beber. Y unas deliciosas galletas de la cocinera. Se le aceleró el corazón ante la perspectiva.
Se acercó a la ventana más próxima a la cama, apartó a un lado la pesada cortina de terciopelo y frunció el ceño. Estaba tan oscuro allí fuera, que todo lo que podía ver era su propio reflejo en los cristales. Se acercó más a la ventana, intentando ver algo más allá del balcón, al suelo de abajo y apoyó la mano contra el cristal. El frío penetró en su piel, y se le encogieron las entrañas al pensar en Harry allí fuera frío, mojado y solo.
Un relámpago surcó el cielo, y Hermione parpadeó ante la repentina claridad. El trueno resonó no mucho después mientras una serie de rayos iluminaron los jardines traseros de la casa. Hermione miró la claridad, y se le heló la sangre.
Justo delante de ella había una figura encapuchada que sujetaba un enorme cuchillo con una mano enguantada.
Hermione abrió la boca, estupefacta.
La figura levantó la otra mano y agarró la manilla de la puertaventana. La puerta traqueteó.
El relámpago se desvaneció, dejando la habitación a oscuras.
Hermione gritó y corrió, con el sonido traqueteante de la puerta resonando en sus oídos.
Continuara…
N/A: antes que nada un agradecimiento a todos los que siguen y comentan esta historia, así como una disculpa por la tardanza pero pase por tiempos difíciles últimamente que me arrebataron mucho tiempo, sin embargo a esta historia quiero darle termino este año, especialmente planeo subir el ultimo capitulo el mismo día que la publique así que espero que la sigan leyendo atte. MikoDark
