LA CULPA LA TUVO EL AMOR

Por Mary Martín

Los personajes de Saint Seiya son propiedad de Masami Kurumada.

CAPITULO 11

SOLO

- 1 AÑO ANTES -

La imagen frente a él le provocaba un dolor inmenso. Ella, la madre de su hijo, el amor de su vida, era golpeada sin piedad justo frente a sus ojos y él sin poder ayudarla. Sentía como poco a poco la desesperación se iba haciendo mas grande cada vez. La deidad vuelve a hacerle la misma pregunta de antes pero ¿Cómo poder pensar siquiera en sacrificar a uno de los dos si los amaba más que a nada en el mundo?

– No... – susurró mientras cerraba los ojos por un momento para luego abrirlos de golpe con una expresión fría – ¡No pienso renunciar a ninguno de los dos! – Hizo un intento más de librarse de las cadenas a pesar de que sus ya muy lastimadas muñecas comenzaban a sangrar demasiado.

– ¿Qué? Es imposible – Perséfone no daba crédito a lo que veía, Shun comenzó a elevar su cosmo energía – su poder ha sido disminuido al mínimo ¿Cómo es que puede encender su cosmo?

– ¡No voy a dejar que me quites a mi familia!

Logró romper las cadenas haciendo que la Reina del inframundo retrocediera impresionada por su poder. Shun respiraba agitado ya que estaba haciendo un gran esfuerzo, sintiendo cómo la sangre resbalaba por sus manos.

– Ahora que sé quién eres y por qué nos has hecho daño todo este tiempo, no dejaré que mates a las personas que más quiero

– ¿Qué? ¿Acaso dejaste que mis guerreras te trajeran hasta aquí a propósito a pesar de que sabías que podrías perder la vida?

– Ya me cansé de tener que estar escondido todo el tiempo pensando en qué momento aparecerá alguien que quiera hacerle daño a mi hijo o a June

– ¡Tonto! Tú lo has querido así ¡Te arrepentirás! – intentó atacarlo pero se dio cuenta que a sus pies había algo que le impedía moverse libremente – ¿Pero qué rayos...?

– Esta es la corriente nebular, ha sellado tus movimientos por lo que no podrás atacar

Todo el lugar estaba cubierto con el cosmo magenta de Andrómeda. En verdad no quería atacarla pero no le quedaba de otra. La vida de June y la de su pequeño hijo estaba en juego y no podía tocarse el corazón.

– Shun, debo admitir que estoy muy impresionada por el poder que tienes... pero creo que se te está olvidando un pequeño detallito – dijo mientras esbozaba una sonrisa y avanzaba hacia él ante la sorpresa del Santo – soy una Diosa y tú un simple caballero de bronce

– No puedo creerlo – susurró para sí mismo – El vapor no la detuvo – apoyó una rodilla en el suelo ya que su cuerpo amenazaba con no ser un buen sustento

– Te voy a enseñar el poder de la Diosa del inframundo y pagarás muy caro tu osadía, Shun. A mi nadie me desprecia y mucho menos un caballerito de baja categoría.

– Por favor ¡Detente! No quiero hacerte daño, lo único que quiero es que nos dejes en paz

– ¿Qué dices? Si el que está gravemente herido eres tú, pero tranquilo, sólo deja que te mate y ya no sentirás más dolor

– ¡Espera! – ella ignoró sus suplicas e intentó lanzar un ataque por lo que Shun se vio obligado a defenderse – ¡Vapor nebuloso!

Extendió su mano en dirección a ella y la corriente nebular se hizo más y más fuerte obligando a la deidad a protegerse cruzando ambos brazos frente a su rostro para finalmente ser arrastrada hacia atrás hasta chocar con una columna la cual se cuarteó. Quedó sentada en el frío piso con la cabeza baja sintiendo algo que jamás creyó posible: dolor. Alzó la cabeza enfurecida sólo para toparse con esos hermosos ojos esmeraldas que la miraban indiferente. Shun se había arrodillado junto a ella pero mantenía su mano lista para un nuevo ataque. Los ojos de ella temblaron de rabia por un segundo.

– Te lo pediré una vez más – habló suavemente ante la expresión expectante de Perséfone – Déjanos en paz, por favor. Ya no nos hagas más daño.

Por un segundo dudó conmovida por su mirada triste, pero luego volvió a su actitud habitual. Soltó una leve risa provocando el desconcierto de Shun.

– En serio me encantas Shun. Tu corazón es tan puro y noble que es capaz de cautivar al ser más duro y despiadado... pero desafortunadamente para ti eso te hace débil. Debiste matarme cuando pudiste

– Por favor ¡Basta!

– Está bien, los dejaré vivir – dijo tras soltar un gran suspiro como si se hubiera resignado

– ¿Es... es enserio? – preguntó sorprendido, nunca esperó que ella dijera algo como eso. Entonces apagó su cosmo pero aún continuaba incrédulo. Pensó entonces que algo debía estar tramando... y tenía razón

– En serio, pero escúchame bien – ella gateó un poco hasta quedar frente a Shun que todavía estaba arrodillado. Se acercó tanto a su rostro que él se hizo hacia atrás colocando una mano en el suelo para mantener el equilibrio – el día que menos lo esperes volveré y espero que para entonces ya hayas tomado una decisión y me entregues a ese niño, o ella lo pagará muy caro ya que pienso matarla muy lentamente

– ¿Qué? – dijo desconcertado sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho

– La vida de June está en tus manos. Pero para que veas que soy buena... si te quedas conmigo tal vez la deje vivir a cambio de que criemos juntos a ese niño como si fuera nuestro hijo, yo podría controlarlo ahora que todavía es pequeño y lo guiaría para que su increíble poder sea usado para el mal, así seríamos la hermosa familia que siempre quise y que Hades no pudo darme – Shun estaba impactado ante semejante argumento. Abrió la boca para decir algo pero ningún sonido salió de ella. Perséfone disfrutaba de verlo así y prosiguió – Así que tu decides, te daré algún tiempo... pero no lo pienses mucho ya que puedo cambiar de opinión y matarlos a ambos... ¿Qué vas a hacer, Shun?

Susurró contra sus labios los cuales rozó por un breve instante, hasta que de pronto la figura de ella se convirtió en una luz intensa que cegó por algunos segundos al muchacho. Lo único que alcanzó a escuchar fue su siniestra risa mientras todo desaparecía a su alrededor. De pronto se dio cuenta que estaba en el bosque sobre la tierra. La cabeza parecía que le explotaría en cualquier momento. ¿Qué había sido eso? ¿Acaso una ilusión? Se sentó con dificultad y miró las heridas en sus muñecas. Eso quiere decir que todo fue real. Desgarró un pedazo de su camisa para vendarse las manos mientras trataba de buscarle lógica a lo sucedido ¿Y Perséfone? ¿Qué era ese extraño lugar donde había estado? Sacudió la cabeza de un lado a otro. Eso no importaba ahora, tenía que ir con June y su bebé.

Minutos atrás, antes de que él regresara al bosque. Las guerreras de la Diosa seguían acatando las órdenes recibidas. June estaba a merced de Matcha, ella estaba a punto de cortarle la cabeza cuando repentinamente algo pasó volando y le provocó una profunda cortada en la mejilla. Se llevó una mano a dicho lugar mientras hacía un gesto de dolor y miraba a los alrededores tratando de encontrar al culpable. Bajó la guardia unos segundos por lo que June aprovechó para levantarse sorpresivamente y reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban lanzó un ataque a su oponente a quema ropa provocándole una herida fatal. Matcha quedó tendida en la tierra con la mirada perdida ante el asombro de las otras guerreras.

– Y bien, ahora ¿Quién sigue? – dijo tratando de permanecer en pie pues sus rodillas temblaban, pero no dejaría que le hicieran daño a su bebé aunque le costara la vida.

– ¡Maldita!

No sabía si iba a poder con todas ya que sus fuerzas se estaban agotando. Pero de pronto algo sucedió. Las guerreras se detuvieron en seco y parecieron buscar algo en el cielo. Era como si hubieran escuchado un llamado.

– Tuviste suerte – masculló una de ellas apretando los puños – pero esto no se va a quedar así

De inmediato se dispersaron hasta perderse de vista al tiempo que el cuerpo de Matcha se desvanecía. June no entendía que pasaba pero al fin cayó exhausta boca abajo. Shun llegó segundos después a ayudarla.

– ¡June!

Se tiró de rodillas a su lado y con sumo cuidado la giró hacia arriba para cerciorarse de que aún respirara.

– June por favor contéstame – la esperanza resurgió en él al sentir que ella se aferraba a su pecho

– ¿Shun?

– ¡Gracias a Dios! Pensé que te había perdido – besando sus cabellos mientras se mecía con ella suavemente

– ¿De qué hablas? Si yo les enseñe a esas quien manda aquí – intentó sonreír para que él estuviera más tranquilo – lo bueno que se fueron que sino no la contaban – tirando un par de débiles puñetazos al aire. Shun sonrió y la besó dulcemente – ¿Tu estás bien? ¿Que te pasó?

– Nada, no te preocupes. Ven, Yeiden debe estar muy asustado – Estaba muy lastimada por lo que la tomó en brazos. Ya se disponía a volver más de pronto tuvo una sensación extraña y volteó hacia atrás – No puede ser – susurró bajito pero June alcanzó a escucharlo

– ¿Qué pasa? – Intentando encontrar lo que había puesto a Shun tan extraño pero no veía absolutamente nada en la dirección en la cual él miraba

– No... no es nada, olvídalo – le sonrió para reafirmar sus palabras – vámonos ya

Volvió la vista al frente y siguió el camino a casa. Quedándose con esa sensación de nostalgia. Poco a poco se alejaron de ese lugar. Detrás de ellos, clavada en la tierra, oculta entre las hierbas, había quedado una pluma de fénix que es lo que había salvado a June de Matcha minutos antes.

- EN LA ACTUALIDAD -

Hyoga corría tratando de seguirle el paso a aquella mujer. La miraba con desconfianza. Todo lo que le había relatado sonaba más bien como la trama de una película de ciencia ficción y no sabía si era verdad o mentira, ni que era lo que pretendía con Ikki ¿Y si todo era una trampa? Lo había estado guiado por lugares que no conocía sin haber querido dar más explicación.

– ¡Espera! – gritó parando en seco provocando que ella se detuviera y volteara a verlo

– ¿Qué pasa contigo? ¿Acaso no escuchaste lo que dije? ¡No tenemos tiempo que perder! – el joven santo no sabía qué hacer, ella notó la duda en sus cristalinos ojos azules como el hielo – No me crees ¿No es cierto?

– Discúlpame pero debes admitir que todo esto suena como una locura

– Ok, la cosa esta así... o haces un esfuerzo en creer mis locuras, como tu las llamas, y encontramos a Ikki lo más pronto posible... o puedes quedarte ahí cruzado de brazos y dejar que Shun se muera. Tú decides – Se sentía entre la espada y la pared sin saber qué era lo correcto. Además no le gustaba el hecho de haber tenido que dejar a June sola en ese lugar – ¿Y bien? – preguntó impaciente

– Te juro que te vas a arrepentir si todo esto es mentira

– Créeme, nunca jugaría con algo así

Sin más remedio tuvo que seguirla a donde supuestamente estaba Ikki. Al mismo tiempo, en la cabaña de Saori, ella se encontraba recargada en el barandal del balcón con las manos entrelazadas, mirando al cielo mientras mentalmente recitaba una plegaria. No podía soportar la angustia de saber si Shun estaría bien o no y si debió haber hecho algo más por ayudarlo. Aunque estaba claro que le dijera lo que le dijera él estaba decidido a llegar hasta el final de las consecuencias.

– No te puedes morir, Shun. Si no todo habrá sido en vano

– ¿Por qué tan nerviosa? – Sintió un escalofrío recorrer su espalda al reconocer esa voz. Aquella persona había estado sentada en el árbol cruzado de brazos observándola por algún tiempo hasta que decidió romper el silencio – Hasta parece que hubieras hecho algo malo, Saori

De un salto se colocó detrás de ella que hasta el momento no se había atrevido a mirarlo. Si Ikki estaba aquí eso significaba que no había podido evitar que Shun fuera a ese plano. Su corazón se estremeció de solo pensarlo. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la enérgica voz del fénix.

– Quiero que me digas la verdad ¡Ahora!

Ella se volteó tratando de permanecer serena. Solo le sostuvo la mirada indagando en sus pensamientos. A pesar de que sus ojos destellaban fuego puro, no se inmutó en lo más mínimo y prosiguió con calma.

– No sé de qué me hablas, Ikki

– No quieras verme la cara de imbécil, niña. Habrás podido engañar al ingenuo de Hyoga pero a mi no. Dime por qué lo enviaste a ese lugar sabiendo que Shun no estaba ahí – hacía todo lo posible por permanecer indiferente pero la noticia de que no lo habían encontrado fue terrible, si no estaba ahí ¿Entonces dónde? Tenía que deshacerse de Ikki para ir a buscarlo ella misma

– Él vino pidiéndome que le diera cual quier indicio de su paradero y le dí la información que sé. No le aseguré que iba a estar ahí, sólo le di una idea de donde podría hallarlo.

– ¡Basta de mentiras! Tú sabes donde está y además sabías que iba a intentar de nuevo ir a ese plano y aún así no dijiste nada a pesar de que lo más seguro es que no regrese con vida.

De pronto se escuchó en el interior de la casa como si algo de cristal se hubiera roto. Saori palideció y contuvo el aliento al notar que eso provenía de la habitación. Esto no pasó desapercibido para el fénix.

– ¿Qué fue eso? – Ikki de inmediato se dirigió a dicho lugar a paso firme intrigado por el extraño cosmo que sintió

– ¡Espera, Ikki! – intentó alcanzarlo pero el caballero se le adelantó – ¿Qué esperas encontrar ahí? Estoy sola ¡Ikki!

No pudo evitarlo. El fénix abrió la puerta de golpe sólo para constatar que en efecto no había nadie ahí... o por lo menos eso parecía. Inspeccionó el lugar con la vista, todo parecía normal por lo que sospechó aún más. Se introdujo en la habitación y se agachó para revisar los pedazos de vidrio del florero que se había caído. Saori por su parte miraba preocupada lo que sucedía, estaba detrás de Ikki por lo que él no pudo ver la expresión de angustia en su rostro. Trató de disimular lo más que pudo cuando se volteó hacia ella.

– ¿Qué estás ocultando, Saori? ¿O debería preguntar... a quién?

– Estás loco, Ikki, ya te dije que estoy sola

– Ah, entonces esto se cayó solo ¿No?

– Tal vez una ardilla se metió por la ventana o qué se yo ¿Por qué mejor no te vas a buscar a Shun, que eso es lo que realmente importa en este momento y dejas de estar indagando cosas que no existen? Él podría estar en grave peligro y tú aquí perdiendo el tiempo – se acercó a ella furioso por lo que instintivamente retrocedió un par de pasos

– No me gusta que jueguen conmigo. Más te vale estar diciendo la verdad porque de no ser así no me voy a tocar el corazón ¿Entiendes? No me importa si alguna vez tu fuiste la diosa a la que protegí con mi propia vida. Si algo malo le llega a pasar a Shun y me entero que pudiste hacer algo para evitarlo y no lo hiciste, vas a pagarlo muy caro, Saori – Se retiró del lugar y fue hasta entonces que ella pudo respirar un poco más tranquila

– Pequeño ¿Dónde estás? – De inmediato comenzó a buscarlo casi con desesperación. Primero en el armario, luego en el baño del cuarto, hasta que lo halló debajo de la cama asustado y con ojitos llorosos

– ¿El hombre malo se fue? – preguntó un tanto agitado

– Sí, pequeño, ya no está – lo ayudó a salir y él de inmediato se refugió en sus brazos.

– Tengo miedo

– No te preocupes, bebé, yo te protegeré, no dejaré que nada malo te pase – susurró amablemente mientras lo cargaba en sus brazos

– Quiero a mi mami y a mi papi – comenzando a llorar con mucho sentimiento, que hizo estremecer a la joven que alguna vez fue una diosa

– Lo sé bebé, lo sé. Pronto todo esto terminará, lo prometo.

- EN EL OTRO PLANO -

Quería llorar, quería gritar, quería morirse de una maldita vez o lo que sea que fuera necesario para dejar de sentir tanto y tanto dolor. Pero no podía, ni siquiera eso podía permitirse. Debía permanecer fuerte para ella. Trataba de protegerla con su cuerpo de los pedazos de escombro que volaban por doquier y de la violenta ventisca que azotaba sus cuerpos arrastrándolos poco a poco al agujero negro que ya había absorbido algunas paredes y gran parte del bosque. Pero no buscaba cómo consolarla, no había nada que pudiera hacer o decir que hiciera menos horrible todo lo que pasaba. Podía sentir su cuerpo temblar y estremecerse entre sus brazos. Su camisa ya estaba empapada por las lágrimas de ella, daría lo que fuera por no verla así, y se le partía el corazón al escuchar su llanto mientras le preguntaba por el niño.

– ¿Dónde... dónde está?

– June, él... él... – y ya no pudo decir más. No fue necesario escucharlo, ella lo supo al ver su mirada triste

– No ¡No!... mi bebé no... por favor, dime que no es cierto, te lo ruego

– No he podido encontrarlo, no siento su cosmo, ella tampoco lo tiene, me niego a creer que ya no esté pero no sé qué más hacer – apretando los puños de rabia e impotencia

– Tienes que encontrarlo, tienes que ir por él – lo mira suplicante mientras estruja su camisa

– Sí, pero...

– No, yo no importo, déjame aquí ¡Sálvalo! – Se incorpora con dificultad por lo que él la imita.

– No me pidas eso, no me digas que renuncie a ti que no lo haré

– Shun ¡Tienes que irte antes que sea demasiado tarde!

– Pero ¿Y tú? ¿Qué pasará contigo si me voy?

– ¡Que te vayas! – empieza a golpearle el pecho con ambas manos – ¡Vete! ¿Qué esperas?

– June...

– No quiero que vuelvas aquí ¡Tienes que dejarme ir! Debes seguir sin mi por nuestro hijito

– No puedo, no quiero estar sin ti, amor. Si regreso tú vendrás conmigo – dijo abrazándola mientras veía como prácticamente todo había desaparecido

– Es tarde para eso, Shun, mi tiempo ya se terminó. No desperdicies mi muerte, no te lo perdonaría nunca, si no salvas a Yeiden nada de esto habrá valido la pena.

– Por favor, trata de entenderme. No puedo simplemente resignarme a que todo termine así... no es justo ¡No es justo! – apretando los puños – ¿Por qué tuvo que ser así? No nos merecíamos algo como esto... y yo... yo no pude...

– Shun, mírame, no es tu culpa ¿Entiendes? – susurró mientras le acariciaba la mejilla – no había forma de evitarlo, era imposible ganar esta batalla

– Si tan sólo hubiera...

– Hiciste lo correcto y yo lo entiendo, pero desde antes mi destino ya estaba escrito... ahora vete... por favor, amor...

– No, June, si lo hago lo más probable es que ya no pueda regresar aquí contigo – no pudo más. El sentimiento fue más fuerte y al fin se permitió llorar tratando de sacar con cada lágrima aunque sea un poco del dolor que lo estaba matando

– Lo sé – respondió con un nudo en la garganta

Las palabras sobraron en ese instante, muy despacio lo atrajo hacia ella, besó su labios y no quería separarse de ellos pues bien sabía que al hacerlo nunca más volvería a sentirlos, y le dolía y sin embargo no había otra salida. Debía renunciar a él, resignarse a perder el calor de su cuerpo que la envolvía dulcemente, a nunca más oír su voz... y al hacerlo, se quedaría ahí ella sola, en la nada, en el vacío... sin él... ni su hijo.

– Te amo – dicho esto, le clavó en el estómago un cuchillo que había tomado del suelo

– No... June...

Su mirada estaba llena de tristeza y desesperación, una vez más tendría que perderla como muchas otras veces, solo que ahora podría ser definitivo y no podía hacer nada para evitarlo. June lamentó infinitamente tener que llegar a eso, para ella fue muy difícil hacerle daño al amor de su vida, pero tenía que hacerlo volver de un modo u otro, no había tiempo que perder

– Perdóname, pero es por tu bien... adiós mi amor... – dijo en un hilo de voz mientras lo miraba por ultima vez

Sacó violentamente el arma de su cuerpo por lo que él cayó de rodillas con una expresión de dolor y posteriormente se desplomó en el suelo mientras la imagen de ella se desvanecía, todo a su alrededor volviéndose oscuridad.

- EN LA ACTUALIDAD -

En el mundo real, tan sólo habían pasado un par de minutos siendo que el tiempo corría diferente en el otro plano, por lo que aquella mujer aún no había completado su tarea. Sin saber lo que ocurriría, se alejó un poco de la cápsula donde estaba el cuerpo de Shun y se dirigió a su verdadero objetivo: la máquina. Empuñando la daga en lo alto, se dispuso a clavarlo justo en el centro de una pequeña esfera de cosmo que era el motor que permitía que funcionara. Titubeó un poco ya que no sabía si mataría a Shun con esto o no. Pero estando a escasos centímetros algo pasó, la máquina emitió un sonido extraño y taladrante, mientras en el monitor se detectaron unos débiles latidos que poco a poco se hicieron mas intensos

– ¡Maldición! – notó que él movía una mano. Si había vuelto, ya no podía cumplir su misión así que retrocedió, salió por la ventana observando lo que sucedía en el interior.

La cápsula se abrió automáticamente al detectar que había signos vitales. Shun abrió los ojos de golpe, se incorporó un poco mientras tosía y se quitaba los cables. La maquina estaba programada para inyectar a su cuerpo una sustancia verde que era lo que le permitía seguir vivo después de haber estado en el otro plano. Pero como no se había cumplido el tiempo estipulado, eso no pasó. Se bajó de la cápsula con cuidado pero estaba muy débil y tropezó. Le costaba mucho trabajo respirar pero trató de concentrarse y logró sentarse en el suelo unos segundos para luego hacer un esfuerzo y tomar una jeringa que estaba sobre el escritorio. Con cuidado se inyectó el contenido en el brazo y poco a poco sus sentidos estuvieron al cien por ciento. Fue hasta entonces que se dio cuenta de algo, quizá fue por la adrenalina en ese momento que no lo notó al principio, pero sintió un dolor agudo proveniente de su abdomen. Se llevó la mano a dicho lugar mientras cerraba los ojos y apretaba los dientes para no gritar. Se sorprendió enormemente al notar que tenía una grave herida que sangraba desmedidamente.

– No... puede ser...

Por increíble que pareciera, la herida que le había hecho June en el limbo para que regresara, ahora era real. Era imposible que fuera cierto, pero lo era. De inmediato pasó por su mente la idea de que Perséfone tenía algo que ver. Ahora Shun estaba gravemente herido, débil, nadie sabia que estaba ahí, estaba completamente solo.

– Esto no puede estar pasando... no... – terminó de decir justo antes de que la sangre empezara a brotar de entre sus labios

Continuará...