Chapter 11.
-La vida no es fácil, Bella.- dijo suspirando.- En ocasiones sueños de años de construcción se derrumban frente a tus ojos una mañana cálida de Abril.- Sonrió sardónico.
-No quiero que te vayas…- murmuré sintiendo mis mejillas mojarse.- Me voy contigo.- dije convencida.
Sonrió, mirándome con todo el amor que podía en sus ojos, acarició mi mejilla y beso mi frente. Apretó sus brazos en mi cuerpo y me sostuvo, aunque según su peso parecía más cómo qué yo lo sostenía a él.
-No puedes dejar sola a tu madre, ella te ama.- susurró.- Necesito que te quedes con ella, que hagas lo que yo no podré hacer más.- dijo sujetando mi rostro y anclando nuestra mirada.- Perdonáme cariño.- me besó, por lo qué sentía una última vez.
-Papá.- dije intentando bajarme de la encimera. Mi madre decía que era peligroso subir, por lo que solo sucedía cuando ella o mi papá me ayudaban, pero después me cargaban hasta el suelo y besaban mi frente.
No podía bajar.
Mi corazón martilleaba como nunca, no podía tardarme, había algo que le tenía que preguntar a papá, ¿por qué se iba? ¿por qué no me había ayudado a bajar?.- Papá, por favor.- dije removiendo mi cuerpo para deslizarme por la encimera, estaba muy alto, necesitaba ayuda.
No yo podía hacerlo, tenía que hacerlo.
Sentí mi cuerpo flotar un breve momento y luego el dolor en mis rodillas, mis manos, mi cadera. Grité, sentí mi corazoncito romperse y me sentía sola, mi cuerpo me dolía ¿porqué papá no vino a ayudarme?
-PAPÁ!.- grité con todas mis fuerzas, sentí mi garganta lastimarse, y el dolor en mis rodillas aumentar. Los sollozos no me dejaban moverme, no veía nada, mis ojos no dejaban de mojar. La palabra "papá" salía de mi boca hasta convertirse en una sola letra, profunda, desde mi corazón.
-Dios Santo, cariño.- sentí como me levantaban y me apretaban en un cálido abrazo, pero yo ya estaba más allá del llanto.- Calmate, por favor.- susurró esa voz tan cálida que conocía de siempre, parecía a punto de llorar.
Me acunó en su pecho mientras me balanceaba en el aire, haciendo leves sonidos para calmarme mientras frotaba mi espalda.
-Todo va a estar bien, mi amor.- murmuró mientras tarareaba.- Lo prometo. Sentí como besaba mi cabeza y los temblores de mi llanto comenzar a aparecer.
-Quiero a mi papá.- murmuré entre hipidos. Ella me separó un poco para mirar mis ojos, y vi como algunas lágrimas caían de los suyos.- quiero a mi papá, mami.- murmuré.- Tráelo de vuelta.- sollocé.
-Shh.- beso mi cabeza.- Pronto todo pasará, bebé. Yo estoy aquí.- sentenció y volvió a acomodar mi cabeza en su cuello. No sabía si los temblores eran míos o de ella, sólo entendí que todo parecía vacío ahora, tenía miedo, como nunca antes.
_ [Fin Flashback]_
Abracé mi cuerpo con mis brazos, sentía el murmullo de mi madre a mi costado, rezando, Garret hablaba por teléfono frente a mí con Kate recargada en su hombro mientras abrazaba a mi sobrino dormido sobre sus piernas.
Los edificios se perdían en la ventana, estaba lloviendo, pequeñas gotas trazaban caminos nuevos, incluso cuando pensaba que las siguientes seguirían el camino ya marcado, había un punto en el que comenzaban uno nuevo.
Ironías.
Ahora Charlie estaba muerto, y yo con mi familia de camino al cementerio para darle el último adiós.
Cuando Garret había terminado de hablar por teléfono le habían informado que iban a conservar el cadáver para que pudiéramos llegar, mi madre ya se encontraba de camino, yo emprendí el viaje después de dejar a Edward depositar un beso en mi frente y despedirse por el ventanal del aeropuerto.
Garret no había dicho una palabra, se había despedido de Edward educadamente pero sin darle importancia, sabía que después de esto debía muchas explicaciones. No le di importancia, solo necesitaba aterrizar.
El golpe de la realidad me paralizó cuando entramos a la fría habitación dónde un féretro gris cobalto se encontraba rodeado de veladoras y flores blancas en todos los tamaños posibles de arreglos. Ahí estaba mi padre, ahí lo vería por última vez.
Mi abuela paterna alzó la vista y me sonrió, como una desconocida, habló al oído de mi tía Sue y luego frunció el seño, hacía mucho tiempo que la demencia la había alcanzado. Según me habían comentado, estaba ahí, pero ya había olvidado que era por la muerte de su primer hijo. No intenté acercarme, no quería que batallara más intentando recordar quien era yo y qué era lo que hacía ahí.
Mis padres se habían separado cuando yo tenía pocos años de nacida, Charlie se había ido de casa, después de una temporada repleta en discusiones, la última vez qué lo había visto y conversado con el personalmente era en la pequeña cena de mi graduación, cuando mi abuela materna falleció el había mandado muchas flores, hizo una video llamada y converso más tiempo que nunca con mi madre, me había dicho que pronto iba a viajar cuando estuviésemos instaladas, pero nunca paso.
El había dedicado toda su vida a su trabajo, desde que nuestros caminos se habían separado, mantenía contacto conmigo, claro, pero eran breves llamadas por teléfono, mensajes de texto ocasionales, regalos costosos en mi cumpleaños o un ramo de rosas rojas cada cumpleaños de mi mamá. A mi hermana le enviaba obsequios cada eventualidad, en su cumpleaños, y en ocasiones para mi sobrino igual.
Cuando había comenzado a trabajar me había marcado para cenar conmigo, se encontraba de viaje en Canadá y quería verme, accedí, me vestí lo mejor posible, me conduje al restaurant acogedor y privado en el centro de la ciudad y me senté en la mesa reservada a su nombre, había pasado un tiempo, en el qué estaba segura no iba a llegar, hasta que lo vi aparecer entre la gente, abriéndose paso en el angosto camino entre las mesas, se acercó, me abrazó y me sostuvo por lo que pareció una eternidad. Sentí mi cuerpo cálido y esponjoso, como si de nuevo tuviese 4 años, acabase de caerme y él había corrido a ayudarme.
La ocasión no duró mucho, al momento de ordenar recibió una llamada y disculpándose dijo que tenía que irse.
Suspiré y pedí solo un postre para llevar, lo acompañé a la puerta y me despedí, viendo como el caminaba en la dirección contraria a mí, como todo este tiempo.
Había pasado esa noche en mi habitación, contemplando videos de viajes en familia, fotografías de mis padres, de todos juntos, me había quedado dormida después de llorar desconsoladamente y una botella de vino.
Después de todo era mi padre, tenía vagos recuerdos de él caminando conmigo, enseñándome a andar en mis primeros patines, sosteniendo mi bicicleta para que pudiera empezar a practicar sin las rueditas, cada noche, se acercaba a mi cama mientras me abrazaba para que no tuviese miedo a la oscuridad, cantaba para mí, canciones de su adolescencia, en ocasiones eran canciones de cuna, melodías que hasta ahora llevo en el fondo de mi corazón, ya casi no recuerdo su voz, y una parte de mí sintió miedo, como esa vez que se fue, miedo de no poder recordarlo.
Escuché los sollozos de mi madre detrás de mí, su rostro estaba hundido en lágrimas, cada mirada que absorbía cada detalle, derramaba tres lágrimas más, mi hermana había vuelto, aparecido a su lado para sostenerla, yo no me sentía capaz de hacer eso. No me sentía capaz de nada más allá que dejar que los recuerdos de mi infancia breve a su lado inundarán mi cabeza.
Sentí mi pecho contraerse, solté un lastimero sollozó que alertó a mi familia, pero me contuve, puse mi mano en mi boca y solo dejé que las lágrimas nublaran mi vista, perdida entre las luces de las velas, la iluminación y el borroso féretro cobalto frente a mí, me acerqué a depositar un ligero beso en frente, sintiendo el frío cuerpo bajo mis labios, no podías más.
Necesitaba salir de ahí, sentía mi corazón sofocado, me faltaba el aire, mi cabeza parecía perderse en leves torbellinos.
El sentimiento de perdida que había tenido conmigo regresó, más fuerte que nunca y con la esperanza rota de algún día recuperar ese tiempo perdido.
Me separé de la caja, me moví sin molestar a mi madre, sin atreverme a ver a nadie a los ojos, me encaminé a la salida de la habitación y encontré una salida de emergencia, daba a una pequeña terraza, parecía que la lluvia había menguado, charcos esparcidos por el suelo eran la prueba de la lluvia torrencial, trata de respirar, necesitaba aire como fuera posible, escuché el ruido d ella puerta al azotarse por el viento y me sobresalte, quedándome en un pequeño momento de estupor, mi llanto se había detenido con el susto, pero la desesperación en mi pecho no menguaba.
Está era la última vez que vería a mi papá, sin palabras, sin observar sus ojos, había sentido el frío cuerpo del hombre que tantas noches me había dado su cálido amor ahora extinguirse. No podía creer qué todo esto estuviese pasando.
No sabía que hacer, observé mis manos, tan parecidas a las de él, intenté recordar, borrar está sensación de perdida, las lágrimas comenzaron a aparecer de nuevo, lentamente, cómo si me costase llorar ya, cada gota que no se deslizaba por mi rostro, sólo chocaba contra las palmas de mi manos, sentí un ligero mareo y un escozor en mis rodillas, había caído al suelo. Me sujete al frío piso, sintiendo el cemento mojado en mi piel, el frío del piso compitiendo con mi propia temperatura.
Busqué a tientas aceptar mi mejilla caliente en el concreto, cerré los ojos, detenida por un breve segundo en qué mi mente cooperó y no pensó nada, solo existía, los temblores habían menguado pero mi cuerpo seguía adolorido. No sé con seguridad cuanto tiempo pasé ahí, me permití escuchar los murmullos del viento, el frío aire calando mi cuerpo, pero no me lastimaba, era liberador. Los sonidos de las calles, las personas que seguían su vida mientras yo estaba aquí, detenida, perdida, sollozando.
Escuché un golpe sordo, murmullos acercándose al pasillo, abrí los ojos y estaba más oscuro, me permití comenzar a moverme para intentar incorporarme, sentí mi cuerpo entumecido, el anterior estupor seguí ahí, no permitía ningún pensamiento, me concentraba en las acciones, en como mi cerebro parecía enviar las órdenes a mi cuerpo, insensible, objetivo.
No siendo participe del tiempo me encontraba de vuelta en la habitación, la familia se encontraba saliendo, mi madre me vio y quiso acercarse a mí, quién hasta ese momento me había dado cuenta que tenía mi abdomen sujeto en mis brazos, mi hermana a su lado la distrajo y la encaminó por el ascensor.
Las personas salían, seguramente amigos de mi padre, muchos se acercaban a mí murmurando, solo escuchaba leves "lo lamento", "cuentas con nosotros", pero después de las mismas frases decidí dejar de escuchar, me concentré en la caja cerrada que ahora era llevada por dos hombres, tal vez de la funeraria, amigos, no lo sé.
Lo vi pasar frente a mí y entrar en un elevador a un costado de la salida de emergencia, los amigos y familiares bajaban por el sentido contrario, me perdí hasta que las puertas se cerraron y dejé de ver el féretro, quise alcanzarlo, detenerlos de que no se lo llevaran, pero solo escuchaba los sonidos del aparato bajando al lobby.
Sentí algo cálido en mis hombros, me giré a buscar el origen y vi a Garret, besó mi frente y me había colocado mi abrigo, frotaba mis brazos dándome calor, sentí ligeros empujones, parecía querer llevarme a algún lado, sujeté mi abrigo lentamente y dejé que me moviera, léventeme como empujando nos había metido en la gran caja de metal, con otras personas a nuestro alrededor, no lograba entender nada.
Parpadeé dos segundos y ya me encontraba dentro de un coche, Garret estaba a mi lado, no podía ver a nadie más, solitarias lágrimas caían por mis mejillas, el mundo a mi alrededor se movía, todos seguían adelante, yo no sentía nada más.
Habíamos llegado a un campo abierto, rejas enormes se abrieron ante nosotros, había pequeñas lapidas esparcidas de forma ordenada, capillas elaboradas de familias acomodadas destacaban en el segundo grupo, el coche se metió dentro un estrecho sendero, se detuvo y escuche como todos comenzaban a bajar del auto.
No había visto a mi madre en ningún momento, en el momento que Garret bajó, algo en mi lo detuvo, sujeté su mano desesperada, observé como todos comenzaban a acomodarse rodeando algo, observé como llegaba una pequeña camioneta, que lograba subir la colina en la que todos se habían reunido, había menos personas que en el edificio, abrieron la parte de atrás y vi la caja.
Todo encajó de repente, me giré rápidamente a observar a Garret, quién me veía triste, sentí su mano sobre la mía y dijo algo, qué no logré entender. Se movió hacía atrás tirando de mí, me resistí, no sentía mis piernas moverse, Garret volvió a tirar de mí y cuando me di cuenta estaba fuera del vehículo, sentí sus brazos rodearme y sostenerme con fuerza, me perdí en su abrazo y recargué mi cabeza en su hombro.
-Si deseas irte, entenderan.- susurró sin apartarse, acarició mis cabellos y mi espalda intentando calmarme.
No sabía que debía hacer, no quería dejar a Charlie, no así, quería despedirme de él, pero dentro de mí sabía que eso ya no iba a ser posible, no escucharía su voz, sus bromas poco graciosas, no escucharía ningún comentario sarcástico o vería la picardía en sus ojos.
No me había despedido de mi padre y eso nadie podía cambiarlo ya.
Me alejé de Garret, componiendo mi vestido, me di cuenta de leves raspaduras en en mis rodillas, me ocuparía más tarde. Me encaminé del brazo de mi amigo, temiendo lo que pudiese llegar a encontrar, nos acercamos hasta el borde de las personas, que rodeaban un hueco en la tierra, estábamos todos detenidos en una pequeña capilla de marfil, todos estaban acomodados de tal forma que dieran paso al féretro y las personas que ayudarían a cargarlo, lo colocaron en unas poleas y se retiraron un poco. Un sacerdote, dijo unas palabras, tiró restos de agua con una pequeña cuchara en el hueco abierto, sobre el féretro y sobre los asistentes, no veía nada más que el agujero, dijeron algunas palabras, escuché a mi tía Sue hablar y agradecer la presencia de todos, la miré a los ojos por breves segundos y me volví a perder en la caja.
Lentamente, tanto que parecían años pasar frente a mis ojos, observé como de apoco la caja se iba adentrando más en el hueco, mi madre no podía dejar de sollozar en alguna parte, algunas otras personas lloraban quedamente, otros se habían acercado a aventar algo de la tierra a un costado a su caja, yo solo lo vi bajar, recuerdos de su risa, aparecieron en mi mente, cuando disfrutaba del sol de la mañana los domingos, los desayunos que preparaba en ocasiones para nosotras en fin de semana, verlo reducir un puro mientras escuchaba música en su despacho, limpiar las peques estatuillas de caballos que había conseguido a lo largo del tiempo, había visto tantas veces su figura recorrer la cocina en la noche para subir un pedazo de pastel de chocolate y un vaso de leche, para los dos, decía que era nuestro secreto y qué más me valía dormir después de terminar, porqué si no mi madre nos iba a regañar.
Lágrimas gruesas se derramaron de mis ojos por lo que sentí la millonésima vez en el día, las personas empezaban a convertirse en un borrón, sentía que me llamaban, pero yo no dejaba de ver como cubrían el hueco de a poco con la tierra.
Coloraron los grandes adoquines de marfil cuando terminaron, acomodaron los arreglos y veladoras encima para acompañar, todos se habían ido hace tiempo, estaba sola en esa capilla, con mi mente en mis recuerdos y las lágrimas emborronando la tumba frente a mí.
Miré las letras, sentí mi cuerpo resbalarse al suelo y me permití acariciar las letras de su nombre, la leyenda que lo acompañaba, esperaba que donde sea que estuviese ahora pudiera verme, deseaba tanto escucharlo de nuevo.
Me abracé a la fría lapida en el piso y sentí los temblores atacar mi cuerpo, me sentía débil, desolada, solo deseaba poder sacar todo el dolor que había en mí, que todo terminara, que pudiese abrir los ojos y encontrarlo a él ahí.
Deseaba volver a verlo sonriéndome una vez más.
-De nuevo no te despediste papá.- sollocé mientras me perdía en el hueco de mi pecho.
-Así es la vida, Bella.- recordé mientras todo se tornaba negro.
