Bueno chicas, siento deciros que hasta el 26 estaré de vacaciones :(
Seguiré escribiendo pero no sé cuando podré subir los caps ya que donde estoy no hay internet (es lo que tiene ir a un pueblo perdido de la mano de dios xD)
Xebett sí, me he cargado a Gabrielle. Era eso o muerte natural (aunque también contemplé la idea de muerte por quiqui jajajaja)Espero que no me mates xD
Gracias por todos los reviews, os quiero! *.* (tengo que mirarme mis venas moñas, lo sé. Lo siento xDDD)
Allá vamos! :)
Capítulo 11
Regina salió a toda prisa de la habitación, dejando a la rubia perdida en sus propios pensamientos.
"Emma… Me ha llamado Emma y me ha cogido de la mano…" se repetía la Sheriff una y otra vez mientras entraba en el baño y se refrescaba un poco la cara.
Cuando salió y entró en la sala de estar sólo estaba Antíope.
- ¿Ya se han ido? - preguntó un poco decepcionada la rubia.
- Sí. Regina debe continuar con su entrenamiento - dijo la amazona. - y nosotras también.
Emma dio un pequeño asentimientos antes de seguir a la amazona arrastrando los pies. Estaba realmente agotada y todas sus articulaciones la dolían pero siempre había sido una luchadora. Su vida nunca fue fácil y jamás se rindió, no iba a hacerlo ahora.
"Cabezota" pensó Emma "Regina hubiera dicho que soy una cabezota." Una pequeña sonrisa se dibujó en su cara ante este pensamiento.
Como le había dicho a Regina, no eran las mejores amigas, es más, ni si quiera creía que fueran amigas pero todos los acontecimientos que habían pasado en los últimos días habían hecho que su confianza en la morena creciera notablemente.
Ello no significaba que confiara en ella al cien por cien, pero el hecho de que la "Reina Malvada" hubiera arriesgado su vida por todo el pueblo al que había maldecido ayudaba.
Emma había sido una niña problemática toda su vida. Era cierto que nunca había matado a nadie, salvo al dragón ese que resultaba ser la "amiga" de Regina, pero aun así ella había sido una persona de la que pocos confiarían. Y a pesar de ello, su hijo le había dado una oportunidad independientemente de lo que hubiera hecho en el pasado. Sus padres habían depositado toda su confianza en ella. ¡Por dios! Todo el pueblo de Storybrooke le había dado una oportunidad y habían confiado en ella a pesar de saber su turbio pasado, o al menos parte de él…
"Regina se merece una segunda oportunidad" pensó Emma. "Toda su vida ha estado manipulada por la gente que la rodeaba, escribiendo y dirigiendo su vida para sus propios propósitos sin importar los sentimientos que pudiera tener ella. Se merece la oportunidad de escribir su propia historia por una vez… Se merece un comienzo nuevo en el que todos sus errores sean perdonados… Se merece a alguien que confíe plenamente en ella y yo voy a intentar ser ese alguien." Decidió la Sheriff. "Incluso aunque me convierta en Cisne a la parrilla"
- Está bien. Creo que ya has tenido bastante resistencia por hoy. - explicó la amazona en el momento en que llegaron al centro del rectángulo de arena. - Ahora aprenderás a defenderte.
Emma levantó la ceja con incredulidad.
- No puedes atacar si no sabes defenderte. - Resopló la guerrera. - Defender es igual o incluso más importante que un buen ataque. Una buena defensa te ayudará a agotar todas las energías de tu enemigo y ello le conllevara a cometer algún error del que tú te beneficiaras. Además, la defensa te ayudara a conocer a tu contrincante, a anticipar sus ataques y a descubrir los puntos débiles de los que puedes favorecerte.
- Vale, vale. De acuerdo. - bufó Emma. - La defensa es muy importante. Lo tengo.
Antíope puso los ojos en blanco antes de continuar con la explicación.
- Bien. Te enseñaré cual es la postura correcta para que podamos empezar.
- ¿Postura correcta? - repitió Emma levantando las cejas. - ¿Postura correcta o postura que te gusta más? - guiñándola el ojo.
- Uhm… Postura correcta - susurró al oído de la rubia mientras colocaba una mano en su hombro izquierdo y la otra en su vientre plano y empujaba hasta que la espalda de Emma estaba en contacto con su torso. - … Y postura que más me gusta. - ronroneó mientras deslizaba sus manos por la espalda de Emma, haciendo su camino hasta los muslos internos de la rubia y les daba un empujón para separar sus piernas provocando un jadeo por parte de la Sheriff.
- Mantener esta postura es crucial. - explicó mientras se alejaba de Emma y se situaba en frente de ella. - Recuerda mantener siempre la espalda recta, los hombros cuadrados y las piernas ligeramente abiertas y en línea con los hombros. No abras demasiado las piernas o las tengas demasiado juntas ya que podrían causarte perder el equilibrio y le otorgarías a tu adversario una brecha en tu escudo. ¿De acuerdo?
- Sí. - respondió Emma manteniendo la postura y tratando de olvidar la escena anterior con la guerrera.
- Bien. Prepárate.
Todos los músculos de Emma se tensaron esperando el ataque.
- ¡Ouch! - gritó la rubia cuando el puño de la amazona le acertó en la boca, dejando una fina línea de sangre descendiendo a lo largo de su mandíbula.
- Concéntrate. - regañó Antíope. - Y mantén la postura. Has bajado los brazos.
Emma se limpió la sangre con la manga de su blusa y volvió a colocarse de nuevo como le había enseñado la amazona. El siguiente golpe aterrizó en su estómago, haciendo que la Sheriff se doblara ante el dolor.
- ¿Y ahora que hice mal? - gimió Emma.
- No colocaste bien los pies.
- Pero…
- Perdiste el equilibrio, Emma. - espetó Antíope. - Las amazonas somos conocidas por ser buenas guerreras. Somos capaces de encontrar hasta el más mínimo error en nuestros adversarios.
- Esto es frustrante. - gruñó la rubia.
- Lo es, pero eres una mujer persistente que jamás se rinde. Es por eso que llegaras a ser una gran amazona - dijo la amazona con una suave sonrisa. - Permítete confiar en ti mismo, Emma. Por una vez déjate guiar por tus instintos y conseguirás convertirte en una gran guerrera que será capaz de proteger a su familia.
- Está bien. - suspiró. - Sigamos con esto.
"Está bien Regina, ¿Qué ha sido eso? ¿Por qué le has cogido de la mano a Emma?" se amonestaba la alcaldesa. "Esto no está bien. Ella no confía en ti. Ella te culparía a la primera de cambio ¿y la coges de la mano?"
Hippo y Regina habían salido de la cabaña tan pronto como la morena huyó de la habitación donde había estado con Emma. No sabía a donde se dirigían, ya que no habían tomado el camino hacia las caballerizas.
En su lugar se habían adentrado en el bosque y caminaban en silencio por uno de los caminos que estaba cubierto por grandes árboles que impedían el paso de la luz y grandes arbustos y plantas de las que no había oído nunca hablar.
Transcurrieron varios minutos antes de que llegaran a un claro. En el centro de este se encontraba un pequeño lago con nenúfares y otras plantas exóticas que le daban un aspecto mágico al entorno.
- Hippo, es precioso - suspiró la morena ante tal belleza.
- Es el lago sagrado de las reinas. - explicó la joven amazona. - Cada reina amazona tiene un lugar como este en el que vienen a descansar y a meditar. Es su santuario.
- ¿Cuántas reinas amazonas pueden haber a la vez? - preguntó Regina.
- Nuestro mundo alberga siempre dos reinas amazonas. Una de ellas se encarga de dirigir a las guerreras, que es la que al final tiene la última palabra; y la otra reina se encarga de dirigir el poblado donde se encuentran vuestros compañeros de viaje. - explicó Hippo.
- Hipólita es la reina de las guerreras. ¿Quién es la otra reina? ¿La conozco?
- Oh sí. - dijo la guerrera con una sonrisa en la cara. - Sí que la conoces. Sin embargo, - añadió antes de que la alcaldesa pudiera seguir con sus preguntas curiosas. - No te he traído aquí para hablar de las reinas de este mundo.
- ¿Qué debo hacer?
- ¿Por qué supones que debes hacer algo, joven reina? - preguntó Hippo con una ceja levantada.
- Es de eso de lo que se trata este entrenamiento. De ir poniéndome a prueba para que vaya superando mis miedos y cierre cada herida del pasado. Supuse que, ya que esta mañana estuve escuchando tu historia, seria hora de que me enfrentara a algunos de mis miedos.
La sonrisa de la amazona se profundizó mientras asentía levemente la cabeza.
- Tienes razón joven reina, se trata de una prueba. Ven - indicó la guerrera, moviéndose hacia la derecha. - Tengo que enseñarte algo.
Regina siguió muy de cerca a la amazona preguntándose qué era lo que la guerrera tendría que enseñarla.
No pasó mucho tiempo cuando se encontraron con un gran prado verde que tenía una pequeña porción del terreno rodeado por una cerca. En su interior, se localizaba un hermoso caballo de pura raza marrón con una gran mancha blanca que cubría todo el frente desde los ojos hasta el hocico.
Los pies de Regina se negaron a seguir caminando, su vista empezó a nublarse y su corazón latía tan fuerte que pensaba que podría salirse de su pecho.
- No puede ser… - susurró Regina mientras observaba al caballo. - ¿Rocinante?
Los pies de Regina comenzaron a moverse, corriendo hacia donde se encontraba el caballo. Su caballo.
"Es imposible…" pensó la morena mientras entraba dentro de la zona cercada y se dirigía hacia el caballo.
- ¡Rocinante! - gritó la alcaldesa llena de emoción.
- ¡Regina cuidado! - chilló Hippo tratando de detenerla. - ¡NOOO!
Demasiado tarde…
