Capítulo 10 – Grandes Ideas (?)
Las pasiones son como los vientos, que son necesarios para dar movimiento a todo, aunque a menudo sean causa de huracanes.
Bernard Le Bouvier de Fontenelle
Puta, otra vez.
Lavi revolvió su único ojo vigente, y miró acusatoriamente a su celular -que no paraba de sonar-, sin verdaderas ganas de seguir con este martirio, al final no tuvo más que levantarse de la cama, y decidir desviar la llamada, o confrontarse –por milésima vez-, con la reina de sus males.
No lo había esperado, es más, siquiera se le pasó por la mente de que eso pasaría. Pero una de sus tantas amantes-de una solo noche-, se estaba ocupando de joderle la vida todos los días. Sí, está bien, él obró a mal con ella y tal vez merecía una penitencia, sí, puede ser… pero la susodicha en vez de estar furiosa porque Lavi le haya engatusado para acostarse con ella una sola noche, parecía estar más a la caza del momento indicado para volver a enrollarse con él, bien… hasta ahí no sonaba tan mal, y en realidad Lavi ya había lidiado con ese tipo de casos –su promiscua forma de vivir, ya le venía dando experiencias varias-, solo ignorándolos, y en un principio no fue tan malo, hasta que ella supo su número de celular –cosa que él no le dio-, y no le dejó de atosigar con llamadas repetitivas que solo tenían como objeto el saber en dónde estaba, qué hacía, y con quién se encontraba en ese preciso momento. Con el pasar de los días el comportamiento de la mujer empezó a cambiar a peor, su manía controladora pasó a ser acoso, y el acoso poco a poco empezó a transmutarse en una actitud violenta, donde empezaba a hacer una escena histérica si le veía con otra chica. Y…
— ¡¿Qué quieres ahora?!
— ¿Por qué me contestas de esa forma estúpido?
Maldijo, mil y un veces su estupidez, al no haber leído el número de la llamada entrante, ya que esta persona era justamente la que menos quería se entere de lo que actualmente pasaba. Pero sin más, hizo un sonido ronco con la garganta, queriendo relajar su voz que hace un momento salió francamente irritada. Esta vez agradeció no tener que usar la voz alegre que acostumbraba.
— Oh, lo siento Panda, es que… me metí en un problema que… ya pienso arreglar.
— ¿En cuál?
— Uno… pues… ya sabes, tú me has dicho que pasaría…—intentó cambiar el tema—. ¿Para qué me llamas?
Bookman botó un suspiro, lo más seguro revolviendo los ojos, al mismo tiempo que se preguntaba la razón para haber elegido a este chico como su heredero de entre tantas personas.
— ¿Cómo van las cosas por ahí?
— Bien, como la anterior semana… creo que me estoy acostumbrando a esto.
— ¿Acostumbrando? Más te vale que no mucho, si es así te recomiendo que empieces a guardar distancia.
Lavi hizo una mueca en ese preciso instante. Él ya venía sabiendo muy bien que su apego por ese trío de individuos que él eligió como blanco –esos que no debían valer nada para él-, iba en constante ascenso –un ascenso no recomendable-, pero creía que podía lidiar con ello, así que desechó las palabras de su maestro, pero eso sí, tampoco refutaría en contra.
— Bien, como tú digas, ¿Algo más?
— No, creo que solo quería saber si seguías vivo, y…
Quien esperase un "cuídate" o algo por el estilo estaba muy equivocado. Bookman era un hombre poco sentimental, mucho menos demostrativo, y así mismo le parecían odiosas las muestras de cordialidad, este siempre iba al punto, no necesitaba más tertulias, y aunque Lavi sea su protegido, no tenía razón para cambiar su forma de actuar –y también todo se debía a que era un Bookman-, así que siguiendo su misma forma de obrar en la vida, dijo justamente lo que debía decir:
— No quiero que me vengas con que tienes "VIH" o algo por el estilo.
Abrió su ojo a más no poder, pero antes de que Lavi pudiese decir algo a su favor, escuchó el sonido de fondo que anunciaba el fin de la llamada. Hizo un mohín con los labios al notar aquello, y se sintió un tanto ofendido por el concepto –tan bajo- que tenía Bookman de él, pero así mismo encontró cierto chiste en su forma de verlo.
Bien, su día comenzó... raro, raro, pero no insoportable, y eso era algo bueno, se dijo, y la acosadora seguía sin dar señales de vida… así que sí, ese día al parecer despertó del lado derecho de la cama.
-o-
Los ojos azules en un asiático suelen tener cierto atractivo, que los ojos negros no tienen, son… ¿exóticos?, ¿llamativos?, ¿se podrían nombrar simplemente como "lindos"?
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— Yu… me gustan tus ojos.
— ¿Qué mierda estás diciendo?
Alguien puede imaginarse que la sonrisa que Lavi daba a Kanda, siempre –pero siempre- que tocaba algún punto que no debería, era uno de los actos más audaces que uno podía cometer en vida. Y tal vez lo era, tal vez, en realidad había que aceptar que sí, pasar tantos límites con alguien así, era algo que hasta merecía halagos – y algo de ovaciones también-. Eso sí, Lavi no era tan valiente como aparentaba, él sabía de reglas, y asimismo sabía respetar su vida –aunque jugaba a que no-, y nunca se le pasó antes por la mente confesar tal cosa en voz alta, y que si bien, desde su primer encuentro pensó que Kanda tenía unos ojos preciosos, nunca pensó decirlo, solo que… Kanda no solo estaba frunciendo el ceño, y Lavi sabía leer mejor entre líneas que cualquiera. Nada se le escapaba. Nada.
Un tanto orgulloso de sí mismo, y este estúpido logro que en realidad nunca deseó, sonrió intentando no verse arrogante, y en cambio transmutó ésta a la de siempre, esa hecha para imitar al sol, y brillar, solo brillar. Kanda no dejaba de mirarlo, y con insistencia procuraba arrugar más el entrecejo… y francamente, ese acto ya no le salía como antes. Casi ríe ante estos cambios, casi.
— Que me gustan, no sé, los veo y me agradan — se llevó un poco de comida a la boca, y tomó su debido tiempo para masticar y tragar. Con la simple empresa de molestar—. Aunque eso sí, creo que si sigues arrugando tu frente tanto, esas gemas que tienes acabarán por ser opacadas. Ya sabes, las arrugas, debes cuidarte Yu.
El momento de aparente calma –bueno… no tanto así, ella siempre tenía que venir con esa agitación de siempre, que procuraba recomendarte que no arruines más las cosas-, fue truncado, cuando éste estrelló con rudeza los palillos que llevaba en manos, contra la mesa. Los -¡oh, tan lindos!- ojos del japonés se estrecharon, y como ya venía siendo frecuente en estas… ¿dos semanas?, esas orbes reflejaban no solo ira… era jodidamente interesante, y sinceramente, la belleza de esos ojos venía siendo lo legibles que eran –así, como las muecas en los labios de Allen, que te cuentan todo, sin decir nada- y… ¿en serio?... ¿en serio estaba pasando esto?
— Cierra la boca idiota. Además qué me dices de tu estúpida sonrisa, ¿no crearía lo mismo?
Lavi asintió solemne, bueno, lo más que se podía cuando se estaba agrandando los bordes de los labios hasta lo inimaginable.
— Sí, tienes razón, pero… son necesarios cuarenta músculos para arrugar una frente, pero sólo quince para sonreír*, o sea, yo creo que no estoy tan mal — rió bajito—. Aunque creo que yo pagaría una fortuna, con el solo hecho de verte sonreír… no, miento, quiero verte reír, apuesto que sería un espectáculo inolvidable.
Kanda hizo una mueca, estaba incómodo, era obvio, y éste con el simple hecho de deshacerse de su mismo estado. En serio, lo inimaginable estaba pasando. Dio una palmada –no fuerte, pero tampoco suave- a la cabeza de Lavi, y empezó a murmurar un millar de insultos en voz baja. Lavi no dejó de sonreír, y con una pregunta –que sobrepasaba todas las cosas estúpidas que uno podría decir en vida-, se decidió a hablar.
— Yu… — ¿desde cuándo te gusto?, se comió la verdadera pregunta —. ¿Te das cuenta de que si Lenalee se entera de que salimos a comer afuera, se hará otra historia rara?
Esperaba que Kanda lo dejase sin respuesta, pero este tras torcer sus labios en una mueca, un tanto intimidante, le dirigió la palabra:
— Tsk, no lo hará, si tú sabes guardar silencio. Estúpido conejo.
… Lavi no sabía si esta situación era risible o peligrosa. Mientras tanto, ganaba más la primera opción.
-o-
Empezó desde lo de Lenalee...
Fue demasiado sorpresivo para Lavi, el hecho de encontrar a alguien que vive en este ambiente aparentemente "normal", dominado por la supremacía heterosexual, venir con idea semejante, y para colmo con la audacia de propagarla sin vergüenza. Y claro, si bien al principio le pareció una idea de lo más descabellada –hasta para él, que hacía cosas no del todo cuerdas-, en unos cuantos días le pareció que la chica debía de tener sus razones para decir tal cosa. Y otro día fue suficiente para que su misma curiosidad le tomara como presa, y lo dominase de tal forma que acabó por tocar la puerta de la china –por gracia divina, eso fue antes de que sea acosado-, con la simple razón, de sonsacarle información. Lo que le dijo Lenalee, no le bastó, y hasta lo decepcionó –hey, su ego también estaba en juego ahí-, ya que al parecer ella solo se hizo dichas ideas, por un; "se verían bien", y la aparente certeza de que una relación entre ellos funcionaría –ella estaba muy equivocada, al parecer de Lavi-, y bueno… se supone que ahí debía acabarse todo.
Pero no, la verdad es que no terminó, ese fue el comienzo.
Porque con ese simple suceso, Lavi estuvo más alerta de los cambios con respecto a Kanda, y por las simples ganas de molestar, hizo uno que otro movimiento atrevido que no debería –dime, ¿quién besaría a Kanda en la mejilla?-, y una que otra pregunta impropia. Así que el "¿Y si…?" llegó a ser una afirmación, y esta misma volvió a convertirse en una pregunta, y una recomendación: ¿Tenía que alejarse de Kanda?
En la lógica común de un Bookman –cosa que era él, antes que cualquier otra cosa-, pues sí, tenía que hacerlo. Sea que Kanda esté interesado en él de forma sexual, o romántica, no era bueno para él, era un impedimento, una valla que debía de saltar, y olvidar. Aquí no había lugar para preguntas, todo era simple y claro; tenía que alejarse. Y lo hubiera hecho, él era un Bookman, y seguía sin reclamos su código de conducta –por esa misma razón era un cabrón mentiroso, ¿no?-, pero… la verdad es que creía a esta una oportunidad de oro.
¿Cuántas veces en la vida alguien tiene el privilegio, de ser el objeto de deseo de un tipo como Kanda?
Lavi a pesar de haber tenido muchos amantes, que habían gustado al menos un poco de él, nunca –y en serio nunca-, se encontró con alguien tan "imposible" – ese tipo de personas que solo en sueños se fijaría en ti-, interesado en su persona, con el mínimo de esfuerzo. Era como la mejor cosa para su ego, y también –sin mentir-, veía cierto chiste en pavonearse frente a alguien que nunca dirá en voz alta, que se siente atraído. Además… mientras a Lavi no le interese involucrarse con Kanda, ¿Qué mal hacía estar cerca de él?
-o-
… tal vez sí había un poco de efectos colaterales.
Lavi se dio cuenta, cuando se encontró viendo –con, quizá, demasiado detenimiento-, los labios de Kanda. A su favor, tenía que decir que era invierno, y el frío de la época había hecho estragos con los labios del japonés, ellos estaban resecos, agrietados, e increíblemente rojos, y… fue inevitable que el aprendiz de Bookman desviase su mirada de vez en vez, a la boca de su –disque -, amigo. Bien… era una escusa no muy buena, pero podía ser cierta, solo que… Lavi por más que intentase mentirse, no era tan bueno en ello, y no podía lograr creerse cuando se decía eso. Supuso que esto se debía más a que estaba desesperado, bien, esa chica que le estaba siguiendo a todos lados, había cortado toda posibilidad de que Lavi pueda volver a acostarse con otra, y para colmo le sumó estrés suficiente, para que necesite más de un buen polvo –se tenía que entender, él no podía decir a nadie, cuán cansado estaba de mentir, y así mismo ahora estaba despertando su conciencia dormida, asiendo que esto empeore. Siendo que su única ayuda, era sexo sinsentido-, y asimismo, aunque el pelirrojo se deshiciese de ella, admitía que nunca más se arriesgaría con este tipo de cosas; en fin, entre todas esas quejas e impedimentos, él tenía que aceptar que estaba buscando otras vías, y estaba viendo más que de costumbre a su rededor, y… ahí estaba Kanda.
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— Mierda está haciendo frío.
Abrazarse a sí mismo era una acción muy ridícula, pero una vez salieron del local, el frío le caló hasta los huesos, y no temiendo hacer un papelón – así era Lavi, ¿no?-, no vio qué más hacer para aminorarlo. Y… se encontró con que ese método no era demasiado funcional. Achicó su nariz –que estaba helada-, y miró a Yu, que andaba unos cuantos pasos por delante. Parecía inmutable ante la poca clemencia del ambiente.
— Yu, ¿no te estás congelando como yo?
No recibió respuesta, y Lavi hizo una mueca. Era precisamente por ese comportamiento tan cortante, que él se sentía atraído, eso sí, también era este la razón suficiente, para que su "atracción" –en el lado, que tenía mucho más que ver con su libido, que con su curiosidad- no llegase a más. Gracias Yu, gracias a que eres un cascarrabias, no dudaré ni un poco en solo hacerme al loco.
— Veo que otra vez hablaré solo… ¿Sabes?, a veces creo que…
— ¿Podrías dejar de hablar y apurar el paso?
Lavi rió en voz baja ante el evidente mandato. Caminó de forma aún más perezosa, y aumentó el volumen de su misma carcajada, cuando notó que Kanda no apuraba el paso y lo dejaba atrás.
— Cuando tengo frío suelo caminar lento.
El japonés volteó, tenía la frente arrugada, y sus labios apretados. Y Lavi pensó que a Kanda le apetecía, darle un puñetazo, dejarlo tirado en el suelo e irse, o… como al parecer no se iría sin él, temía que lo arrastrase de sus cabellos a su destino. Por un momento le dio miedo, lo que sea que desease hacer, y…
— Se está avecinando una tormenta imbécil. Deja de decir tus estúpidas bromas, y mueve tu trasero.
— ¿Se avecina qué?
— Una tor…
Y se escuchó el sonido del relámpago, y prontamente Lavi sintió una gota golpeando su rostro… una copiosa lluvia se propagó por el lugar. Para aminorar el mal momento –o tal vez empeorarlo- él exclamó: "¡Oh!"
-o-
— ¿Estás enojado?
Ambos estaban, medianamente secos, pero… atrapados, debajo de las calaminas de una tienda del barrio que estaba cerrada. Lavi intentó sonreír –sin ganas de admitir que a él tampoco le hacía ninguna gracia lo que estaba pasando-, y vio que cuando fijó su atención a Kanda, este apretaba más sus manos entorno a sus brazos, y desviaba su mirada a otro lado… captó al instante que todo este tiempo que se la pasó absorto en la caída de la lluvia, el japonés no despegó su mirada de él. Oh, interesante. Sonrió otro poquito más.
— ¿Tu silencio se debe a que piensas la mejor manera de cortarme la cabeza?
Podría jurar que a Kanda le causó gracia su comentario, pero solo vio que este enarcó una ceja y volvió su atención a él.
— Debería. No encuentro nada divertido, en estar parado aquí hasta quién sabe cuándo.
El vahó salió de los labios del pelinegro, y así mismo aunque este intentase disimularlo, estaba temblando, alguien que no viese todo con sumo detalle no lo hubiera captado, pero Lavi sí lo hacía –, se mordió los labios, y sin poder simular una sonrisa –pero sacando un tono amigable- dijo:
— Al menos tienes la fortuna de que soy una buena compañía.
— Tsk, en tus sueños.
Tal vez habría tenido que replicar, así, con una sonrisa resplandeciente en sus labios, y dramatizando el momento por mucho, tal vez. Pero Lavi estaba, en serio, con mucho frío, y se dio cuenta que sus labios no se podían mover para otra cosa que no sea tiritar; llevó sus heladas manos al cuello y se arrepintió mucho al no ponerse su común bufanda. Y después, sin poder evitarlo estornudó.
¿Cuándo acabará esta tormenta?, se preguntó, y después buscó entre sus bolsillos, y no encontró siquiera una moneda, que le sirviera para tomar un taxi, y hablando de eso…
— Conejo…
Desvió su mirada a Kanda, sus dientes seguían castañeando, y por primera vez el pelirrojo sabía que él sería quien hablaría menos entre ambos. Se sintió demasiado raro. Pero después de frotar su nariz con la mano, y buscar la voz escondida de entre su garganta –sin buenos resultados-, respondió:
— ¿Uh?
Era una respuesta digna de un niño, y hasta se podría tomar como tierna, o al menos sacaría una pequeña risa –o sonrisa-, de muchas personas, pero como Kanda era… Kanda, él puso los ojos en blanco, y tras torcer la boca, prosiguió.
— Hay que irnos.
— ¿Dónde?
El siseo del japonés vino conjunto al estornudo de Lavi.
— Nos vamos a quedar toda la noche aquí, si esperamos a que acabe esta jodida lluvia. Debemos irnos.
— ¿Estás loco? Yu, admiro lo intrépido que eres, en serio, per… —volvió a estornudar, y un escalofrío recorrió su cuerpo entero. Mierda, no quería enfermarse —, pero, yo no pienso moverme de aquí con este clima. Vamos a llegar empapados, no, creo que hasta ese término será poco.
— ¡¿Entonces qué sugieres?! Deja de comportarte como un jodido niño, si no vienes conmigo me iré solo, no soy tu niñero imbécil.
Irascible como siempre, Kanda salió a la lluvia sin temer ni un poco de ella, y tras darle una mirada despectiva, irguió más su cuerpo y se dispuso para dejarlo, pero… al dar unos cuantos pasos rumbo a su destino, a mucho pesar del japonés, volteó la mirada.
— ¿Vendrás o no?
Lavi seguía temblando, pero la acción de Kanda le pareció tan divertida, que no pudo evitar reír, recostándose un poco más en la pared. El vaho seguía presente, y hacía ver como si fuese humo lo que salía de su garganta.
— ¿Sabes?, tiendo a resfriarme con facilidad, y… si me mojo en la lluvia, no habrá forma de que me salve de caer en uno.
— ¿Entonces te quedarás?
Sus ojos viajaron al cielo, y vio a las tantas gotas suicidas que caían al suelo, siendo ahí donde encontraban su fin, y… estaba divagando, perdiendo muchos segundos innecesarios en nada, y… tal vez –solo tal vez-, Kanda tenía razón, y solo estaba siendo un estúpido al quedarse ahí . Ya apostaba que este al no tener una respuesta, y ser deliberadamente ignorado, Kanda ya lo había dejado. Frunció los labios, y sintió un vacío con esa suposición… sinceramente, a pesar de ser un Bookman, él no sabía estar solo. Y es por eso que le pareció sorpresivo ver como el japonés, seguía ahí de pie. A su espera.
Había una ligera neblina en el rededor, y con las nubes que tapaban en su totalidad al sol, era difícil verlo bien, pero Lavi podría jurar que esos ojos azules brillaban. Y el gusto que tenía por esos orbes de hielo, se acrecentó de un momento a otro. Pero al estar frente a frente al japonés, sus sentidos se armonizaron, y no, definitivamente, no le gustaban solo esos penetrantes ojos, era el todo condensado –todo lo apreciable a la vista, pero no Yu… nunca tendría que ser Yu en sí-, y a pesar que, como se dijo, tendría que escapar pues… vio un mayor encanto al simple hecho de tropezar –y había que culpar todo a su celibato impuesto por una chica que se acostó con él una sola vez-.
Así que agarró su celular y sus temblorosos dedos escribieron un corto mensaje, lo más rápido posible. Era un simple "Quiero hablar contigo", para la reina de sus males. Sonrió, mientras Kanda retomaba su camino a raudos pasos.
¿Qué perdía sucumbiendo otra vez al deseo? A su ver nada de nada.
Ahora, tantantan, ya empezó. Se podría decir que a partir de aquí el desarrollo de la pareja en sí, es mucho más fácil. Si bien, hasta ahora Lavi solo siente deseo, y Kanda está entre la negación, la aceptación, y no saber bien qué pasa, ya está a la vuelta de la esquina cosas que supongo les gustarán más, y eso…
Siento mucho la demora, como dije quería hacer algo para mi cumpleaños, pero me sentí un poco desanimada al ver que no había comentarios, y… en sí costó el episodio, pero en fin, dejemos las quejas. Y alguien sabe que este mes se cumple un año de la historia? Yo estoy de lo más feliz con ese hecho, jajaja
¿A alguien le gustó el episodio?
