XI. A la luna se le ve el ombligo.

Hacía muy poco que Kuchiki Byakuya había recibido un mensaje urgente y personal del Comandante General Yamamoto, y sabía perfectamente de lo que se trataba, así que dejó todo lo que estaba haciendo para acudir a la llamada. Cuando llegó al primer escuadrón y entró al despacho del Capitán, no estaban solos, tal y como pensaba.

-Gracias por venir tan raudo Kuchiki Taicho –el aludido asintió con la cabeza- acabo de recibir un informe del Escuadrón Doce –no se andaba por las ramas- ha habido una importante subida de reiatsu desconocido en la zona 598 sector 8871 B.

"Rukia" pensó el Capitán del Sexto escuadrón.

-El shinigami sustituto Kurosaki Ichigo –siguió diciendo el Comandante General- estaba en la zona. El reiatsu desconocido disminuyó considerablemente en poco tiempo, así que he desechado la investigación.

-Entiendo.

-A no ser que haya otra subida de reiatsu, no tendré que mandar a nadie, Kuchiki Taicho.

-Gracias, Comandante General.

-En cambio, si lo hubiera, lo dejaría a cargo de su escuadrón, ya que el shinigami asignado en la zona le pertenece.

-No habrá problema.

En esa conversación tan escueta se habían dicho todo, por la hora y el lugar, tácitamente habían decidido ser discretos. Byakuya sabía perfectamente que no podía ir junto con su hermana en ese momento, sería extraño que el Capitán se ausentara otra vez en tan poco tiempo. Escuchar que Ichigo estaba con ella no fue una buena noticia, pero no era mala del todo. Supo en ese momento que no quedaba otra opción.

Llegó a su escuadrón lo más rápido posible y se dirigió directamente a su despacho, donde su Teniente estaba acabando de ultimar el papeleo correspondiente a los nuevos shinigamis que habían aceptado, era mala época para escaparse.

-Renji.

-¿Qué ocurre, Taicho?

-Necesito comunicarme urgentemente con el shinigami de la zona 598 sector 8871 B.

-Rikichi.

Ichigo y Rukia se habían pasado toda la tarde con Miyako buscando espíritus para que la niña viera que no eran peligrosos, ni malos y que se irían al cielo. Pronto no necesitó más pruebas y se quiso a ir a jugar a los columpios de un parque cercano. Así mientras la pequeña se divertía, los otros dos chicos la vigilaban desde un banco.

-Voy a quedarme en tu casa –dijo Ichigo rompiendo el hielo y la serenidad de Rukia.

-¿Qué? –se sorprendió- ¿y Tatsuki?

-Tatsuki ya estará en Karakura –dijo sin más mirando de reojo la reacción de Rukia, pero antes de que pudiera contestar, continuó hablando- y me voy a quedar a vigilar a Miyako, no quiero que le pase nada.

-Pero tú no…

-Vamos, acompáñame al hotel que recoja la ropa –le dio una palmada en la rodilla y se levanto para ir con la niña- si voy solo me perderé.

Rukia no quería, pero tampoco iba a impedir a Ichigo que se quedara, podía acostumbrarse a eso, podría acostumbrarse a estar con él, pero ¿y Ichigo? ¿y Miyako? No parecía buena idea incluirlo en su vida, si después él iba a desaparecer.

A la niña le encantó la idea de tener a Ichi-kun en casa, le caía bien el pelirrojo, mandaba a los espíritus al cielo ¿a quien no podría caerle bien? Además, su madre sonría mucho cuando estaba con él, y eso también le gustaba. La cena en su casa pasó divertida, era raro ver en ella a alguien que no fuese ni su tío, ni Rika, pero se acostumbró rápido a esa situación. La acostaron pronto, ya al día siguiente tenía clase. Kurosaki le leyó un cuento y le prometió que la llevaría al colegio al día siguiente.

Ichigo y Rukia pasaron gran parte de la noche contándose todo lo que había pasado en esos años sin verse, había alguna extraña razón que les hacía pensar que Byakuya nunca llegaría y que tenían todo el tiempo del mundo para explicárselo todo el uno a otro. Pero era mentira. Kurosaki no podía quedarse con ellas todo el tiempo que quisiera y Rukia todavía andaba algo reticente con él.

Esta vez si abrieron el sofá-cama y la chica le pidió disculpas por no decírselo antes. Esa noche, Ichigo durmió mucho mejor. Pero antes de dormirse pensó que podía acostumbrarse a estar así, le gustaba volver a tener contacto con Rukia y le gustaba Miyako. Quería protegerlas, y algo le decía que ése era su lugar. Estaba más que convencido de que Renji era el padre de la pequeña, pero ¿y si estaba equivocado? A la mañana siguiente se lo preguntaría directamente a Rukia, necesitaba saberlo.

Por su parte, la ex shinigami, al igual que la noche anterior, le costó mucho trabajo dormir. Tener a Ichigo en la habitación de al lado era la única cosa que podía poner tan nerviosa. Sólo pensar en todo lo que había pasado le daba vértigo, aún no había asumido el cambio que estaba dando todo. Lo que más le preocupaba era Miyako, ahora tenía reiatsu, ella ya no podía protegerla y Kurosaki no se iba a quedar toda la vida ¿o si? La sola idea le gustaba, pero no estaba segura de qué pensaba el chico de todo eso. Ella le había dejado claro mediante todos los medios que tenía, durante la última conversación, lo bien que estaba con él, y estaba segura de que él lo había captado. Pero ella no sabía si había hecho bien. Él tenía pareja, y su novia era amiga suya ¿qué estaba haciendo? Ya no era una cría para actuar así, no debía meterse en la vida de nadie. Así que cambió de postura en la cama e intentó dormirse.

Escuchó las cuatro de la mañana en el reloj del salón, y aún no había podido pegar ojo. Vueltas y más vueltas a lo largo del colchón. No podía dormir. Decidió levantarse sin hacer mucho ruido para prepararse alguna infusión, ahora tenía a dos personas durmiendo en su casa y no podía permitirse el lujo de despertarlas, a una porqué tenía colegio y al otro. Bueno, el otro era otra historia para Rukia. Kurosaki Ichigo había sido su primer y único amor, y ahora estaba durmiendo en el salón de de su casa. A esas horas de la noche se permitió el lujo de relajarse y suspirar mientras calentaba agua, a oscuras para que ninguna luz perturbara su sueño. ¿Qué diablos estaba haciendo? ¿era necesario seguir con todo?

Estaba tan embelesada discutiendo consigo misma sobre si estaba haciendo lo correcto, que no pudo parar dos manos que se colocaron en su cintura. Del susto pegó un brinco, pero Ichigo hizo el típico sonido para que no dijera nada, la niña dormía en su habitación.

-¿No puedes dormir? –le susurró a la chica, ella negó con la cabeza- yo tampoco –mentira, Rukia le había despertado.

Como el agua comenzaba a hervir, la chica rápidamente cortó el fuego. Era extraño, hacía años que no estaba en una situación parecida, se sentía como sino hubiera pasado el tiempo desde la última vez que estuvo bien con Ichigo, al menos el chico se comportaba igual. Ella se giró para verle y regañarle por pegarle tremendo susto, pero no pudo articular palabra, ya que él la besó. Y aunque en un primer momento se dejó llevar, al poco tiempo se separó de él, lo que estaban haciendo no estaba bien.

-¿Y Tatsuki? –le reprochó mientras le miraba inquisitorialmente.

-Yo no salgo con ella Rukia –comenzó a rascarse la cabeza- yo tan sólo te hice creerlo.

-¿Por qué? –estaba enfadada pero aún así la conversación se desarrollaba entre susurros para no despertar a Miyako.- ¿Por qué lo hiciste?

-No lo se –todavía tenía su mano derecha encima de su cabeza, a modo de niño pequeño- quise ponerte celosa, quise que sintieras lo mismo que yo cuando te vi con Renji.

-¿Qué? –le hubiese encantado gritar, pero no podía y reprimirse le hacía estar más enfadada aún.- Eres un crío Ichigo, ¿qué querías conseguir con darme celos? Si ni tan siquiera sabías si yo te seguía queriendo.

-¡Yo que se Rukia! –intentó explicarse, pero fue peor.- No sabía que hacer, fue como ver un fantasma, tenía que hacer algo y sólo se me ocurrió hacer eso.

-¿Cuántas veces vas a vengarte por lo de Renji? –le preguntó quedamente, no estaba enfadada, estaba harta.- Eres un chiquillo, Ichigo, nunca crecerás.

-Lo siento.

Rukia lo miró con lástima, por lo que pudieron haber tenido y por lo que ambos habían hecho para conservarlo. Pero Ichigo no es una persona que se de por vencida rápidamente, así que la paró y volvió a besarla. Pero está vez fue distinto, ella sabía que no estaba mal, y que quizás él, con el tiempo, podría olvidar todo lo que ocurrió con Renji.

Estuvieron así un buen rato, pero al poco tiempo decidieron irse a dormir, no podían permitirse el lujo de que Miyako los encontrara así y después de tanto tiempo separados, unas horas no eran tanto, al día siguiente, más tranquilos aclararían su situación. Esta vez no estaban los dos solos, había una niña de por medio.