Actualidad.

Era casi media noche y seguía dando vueltas en la cama, sin lograr dormir. Todos esos sentimientos, emociones, que no sabía que era capaz de sentir por ciertas personas le estaban quitando la poca salud mental que le quedaba.

Para empeorar la situación, su memoria intentaba negarlo todo. Repetía que Emma tendría que haberle hecho algo a su corazón. Pero el maldito órgano sentía que estaba equivocada, que Emma sería incapaz de hacerle algo así.

Maldició. En su cabeza, en un murmullo, y luego en un grito ahogado por la almohada. Maldició a su memoria, a Emma, a esa maldita poción, a su corazón, a Snow, a sí misma... Porque, sí, se odiaba por sentir lo que sentía.

Con un gruñido, dió otra vuelta entre las sábanas, deseando tener magia para quitar la fuente de sus sentimientos de su pecho. Incontables hechiceros y brujas le advirtieron que ella sentía más profunda y fuertemente que los demás, pero eso se estaba volviendo ridículo.

Decir que sentía tanto que dolía era quedarse corta. No podía respirar. Tantos sentimientos juntos, y atropellados, la agobiaban. Era como si el aire se escapara de sus pulmones justo cuando creía que había conseguido inhalar un poco de oxígeno.

El sonido de la puerta principal siendo golpeaba con furia la sobresaltó. Era la mitad de la noche. Estamos todos locos, ¡todos! ¿A quién se le ocurre venir a esta hora? Se quejó, aunque no le importó realmente, ya que no podía dormir y estaba harta de rodar de un lado a otro sin lograr estar cómoda.

Bajó en pijamas, deseando tener magia para poder cambiarse en un segundo, y abrió la puerta que seguía siendo golpeada.

«¿Cómo diablos...?» musitó. «Hook».

«Su majestad» dijo con una sonrisa desagradable.

«¿Qué demonios haces aquí, a la mitad de la noche, siendo el grano en el culo que eres usualmente?».

«Veo que no dejó de ser grosera a pesar de haber perdido su memoria» comentó y ella arqueó una ceja. «Sí, sé lo que pasó. Pero no vine por eso».

«¿Entonces por qué estás aquí?» dijo juntando las cejas.

«Tú» dijo con una ira oculta.

La tomó del cuello y la empujó hasta la pared más cercana, presionando con cada vez más fuerza su garganta. Intentando ignorar su falta de aire, Regina ocultó su miedo, su pánico, no dejaría ver debilidad.

«Verás,» empezó el pirata. «aunque no lo recuerdes, me quitaste algo muy preciado para mí. Mi final feliz».

En la morena llegó una creciente ira, pero también preocupación. Si había algo que aprendió con todos los corazones aplastados y las maldiciones, era que no quería morir, no sin haber sido feliz, o recordarlo. Pensó en Henry, un gran amor crecía mientras los latidos de su corazón se incrementaban. Por un instante, la imagen de Emma apareció, las mechas rubias y la horrible chaqueta roja, lo que la hacía sentir en su pecho y abdomen bajo.

Sin notarlo en el momento, un enceguecedor az de luz blanca salió de su pecho, y Hook se disparó hasta la otra pared. Ella lo comparó con una cucharacha aplastada en su mente, para luego intentar recuperar su seriedad.

«Parece que Capitán Delineador dejó de cazar cocodrilos para empezar a mendigar por finales felices» se burló.

La imagen del pirata persiguiendo a Emma por todo Storybrooke como un patético perrito abandonado apareció con un segundo. Ignoró la rabia con la que el recuerdo venía.

«¿De verdad fuiste tan estúpido para atacar a la Reina Malvada?».

«Se supone que perdiste tus poderes» balbuceó sin aire. «Una vez que estuvieras fuera del medio, Emma volvería a mí».

«¿Por qué no lo intentas?» provocó empujando su pecho. «Me tienes aquí, "sin poderes". Sé un buen pirata y has el trabajo sucio».

«Con gusto» dijo con una sonrisa maliciosa, saliendo de su atontamiento.

Antes de que Regina pudiera reaccionar, el hombre colocó una pulsera en su muñeca. Ella quería reír. ¿Un pulsera? ¿Eso era todo lo que tenía? Movió la mano para deshacerse de él, pero... No había magia. No salía. Ese maldito brazalete estaba estrujando cada músculo mágico de su cuerpo.

Lo último que recordó antes de que todo se volviera negro, fue manos apretando su garganta, quitando el aire de sus pulmones, y el alivio de que Henry haya ido con Emma esa noche para no tener que presenciar tal escena y tal vez hasta verse en peligro. Y miedo, mucho miedo.

-OUAT-

Emma despertó. Su pecho agitado y el sudor recorriendo su frente. ¿Qué era ese dolor que sentía? No era suyo. Era una horrible punzada en el lado izquierdo del pecho, acompañado por un rostro, al principio lejano.

Miró su reloj. Era media noche. Se había sorprendido durmiéndose temprano. Pero no aliviaba el dolor que se expandía hasta su cabeza. Se sentía asfixiada, pero nunca sucedía del todo. La imagen en su cabeza se volvió nítida: Regina.

Tenía ese horrible sentimiento de que algo le estaba pasando a Regina. Tal vez era una exageración suya. No podía simplemente aparecer en su casa en plena madrugada, cuando ella seguro estaría durmiendo—como una persona normal.

Pero no podía arriesgarse. Luchó para entrar en sus jeans y desapareció en humo blanco aún con la camiseta del pijama y sin abrigo, a pesar de estar entrando en el invierno.

Estaba en el porche de la mansión Mills. Se sorprendió al ver la puerta abierta, sin señales de Regina cerca, ni despierta. Dió unos pasos adentro y... Wow, acababa de sentir el aura de una poderosa magia blanca. Era la primera vez que lo lograba sentir un aura mágico. Y no era de cualquier magia blanca, era la de Regina. Seguramente logró descifrarla ahora que tenía su corazón. Pero... ¿y si se salió de control y está en problemas?

Entró en la mansión y empezó a llamar a la mujer, que nunca se dignó en aparecer. No estaba allí. Y Regina no se iría simplemente, dejando todo, y la puerta abierta en la mitad de la noche.

Fue hasta el closet de la morena en su habitación, reprimiendo un hermoso recuerdo que la distraía en esa situación importante, y tomó un zapato de un par de tacones celestes. Por un momento, comparó a la morena con Cenicienta, pensando en que ella la mataría si lo supiera, pero no pudo evitarlo.

Tiró el tacón en el aire, lanzando un hechizo que la llevaría hasta Regina, y lo siguió.

-OUAT-

4 días antes.

Esa actitud, esa postura, esos ojos oscuros, ese cuerpo... ¿Por qué diablos tuvo que meterse con esa mujer? Ahora a cada lado que iba parecía encontrarla, cada persona que veía tenía algo que le recordaba a ella.

No pudo dormir. Los sueños no la dejaban tranquila, y no porque fueran pesadillas. Cada vez que la fantasía empezaba ella quería seguir, quería jugar, pero ella solo no podía. Estaba Killian.

Y allí estaba ese otro problema. Eso lo tenía claro, no podía continuar así. Por su bien, y por el de Hook. Desde que volvió se la pasó ignorándolo, intentando no vomitar cuando despertaba a su lado, y dando excusas baratas por las cuales no podía acostarse con él. Luego llegaba ella, y todo lo que sucedía con Hook desaparecía, sus problemas con él no los tenía con ella y lograba dejarse llevar.

Aunque fuera su alter ego, aún había una parte de Regina bien dentro suya, la Regina que le encantaba. Pero incluso Gin le gustaba al final, era una parte de ella. Solo que prefería que no se apodere de la morena.

Se sentó junto a sus padres y Hook en Granny's, al lado de Snow. Su favorito era queso a la parrilla, pero desde que Killian volvió empezó a ir por las ensaladas. Esta vez, pidió una hamburguesa completa.

Evitó la mirada del pirata mientras comía y no se unió a la conversación del matrimonio feliz. Necesitaba pensar en cómo iba a terminar todo y la persona involucrada frente a ella no lo hacía más fácil. De repente, escuchaba la voz de Snow llamándola. Había estado repitiendo su nombre por el último minuto y no consiguió su atención hasta ese momento.

«¿Estás bien?» preguntó, olvidando lo que iba a decir en primer lugar.

«Sí... Es que hace mucho que no comía una de estas. ¡Casi olvido lo riquísimas que son!» inventó, a pesar de ser verdad.

«Lo sé, ¿verdad?» escuchó la emocionada voz de Regina desde un taburete.

Miró a un lado y la morena la veía mientras le daba un mordisco a su hamburguesa y le guiñaba un ojo nada discretamente, causando que se acelerara su ritmo cardíaco.

Sintieron una garganta aclarándose. Era Hook. La rubia vio a Snow levantarse de su asiento y cambiar de lugar con el hombre. Cuando la cuestionó con la mirada ella solo le dió una sonrisa sabionda. Oh no, esto no parece bueno. Intentó ignorar al pirata, pero él la miraba demasiado fijamente, y terminó forzándose a prestar atención.

Sus padres la miraban como si estuvieran a punto de llorar de emoción. Se giró a Killian que le guiñó un ojo, sin obtener el encantador efecto de Regina, y, antes de que pudiera predecir nada, ella quería que la tierra la tragara.

Hook estaba arrodillado, al lado del asiento de la rubia, sosteniendo una cajita abierta con un simple joya. Pero no estaba viendo el anillo, ni a Killian, ni a sus padres... No, ella estaba viendo a Regina, antes de que la mujer saliera precipitadamente de la cafetería.

Quería correr tras ella, saber que le sucedió. Porque no podía haberle afectado. Regina no sería capaz de tener algún sentimiento por ella, y mucho menos como Gin. Estaba segura que para la alcaldesa lo de ellas fue un rollo sin importancia. Ella no se dejaría atar como muy estúpidamente lo hizo Emma. Aunque la mujer le dijo lo contrario, pero ¿cómo a una mujer como Regina podría gustarte ella? Así que ahora deseaba desaparecer en humo y aparecer en la bóveda de Regina, dónde sabía que estaría ella.

Pero no lo hizo. Se quedó viendo perdida la pequeña cajita una vez que no había belleza digna de ser admirada en la cafetería. Oyó la voz de Killian llamando a su nombre pero la ignoró. Se sintió en cólera. Creyó que era bastante claro que las cosas no estaban funcionando entre ellos. El pirata tendría que haber tenido un colapso mental para creer que el matr- eso era una buena idea.

Y Emma... Bueno, ella tendría que haber estado en una situación aún peor para haber dicho que sí.

Pero afortunadamente, no lo hizo.

«Killian... no» musitó.

«¿Qué?» dijo cambiando su expresión.

Emma no lo veía, pero estaba segura que sus padres estaban también decepcionados, como si hubieran sido los rechazados allí. Killian, sin embargo, no estaba solo decepcionado, y triste. Tenía esa expresión de perrito abandonado, mezclada con... ¿ira?

«No».

«¿Qué? Pero eres mi final feliz, Swan. ¿Por qué no? Nos amamos».

«No» repitió. «Lo siento, Killian. Pero creí que era obvio que ya no éramos una pareja. Nos estabamos alejando».

«Por eso, tal vez esto es lo que necesitamos para acercarnos de nuevo».

«Estas completamente loco. Las cosas no se arreglan con matrimonio».

«Vamos, Swan. Estamos enamorados, ¿no merecemos un intento?» dijo insistente, a Emma se le acababa la paciencia.

«Lo siento, pero no».

«¿Qué intentas decir?» su voz se tornó un poco más oscura.

«Creo que no te amo».

«Y yo creí que había logrado pasar por tus muros» replicó molesto.

«Eso es lo que hago, derribar un muro. No te amo, Killian. Y realmente lo siento por ti, pero detente, no puedes forzarme a casarme contigo» lo cortó.

«¿Entonces, ya está, se terminó?» dijo haciendo un puchero, moviendo exageradamente los brazos. Estaba haciendo una escena.

«Sí» suspiró, y sintió que liberó un peso de su pecho.

Parecía que él estaba a punto de insistir aún más, pero en cambio salió de Granny's sin decir una palabra más.

Se había terminado. Al fin.

-OUAT-

Actualidad.

Su puño contra su cara. Ignoró el dolor mientras consideraba arrancar su corazón y aplastarlo, después de torturarlo gravemente. Cuando se metían con su morena, su lado oscuro salía a la luz.

El Jimmy Choo de Regina la llevó hasta el Jolly Roger. Sin pensarlo dos veces, había entrado y encontrado al bastardo. Por lo que vió, había agarrado uno de los libros de hechizos de Regina, e intentaba que la mujer la ayude a buscar un hechizo para hacer que la Salvadora la ame. Pero ella se negó. Lo último que vió fue a Killian acercándose peligrosamente a ella, escuchó un grito y luego la mujer estaba inconsciente.

La ex reina había sido torturada, lo notaba en los multiples golpes en su rostro, piernas y costillas. Ahora estaba inconsciente, y Emma estaba segura de que eso era malo.

Llamó a una ambulancia y a David para que lleve al pirata esposado a la comisaría. Emma se encargaría más tarde de él, pero en ese momento, Regina merecía toda su atención.

«Resiste, Regina. No me dejes ahora, por favor. No cuando justo acababa de encontrarte».