¡Hola a todos!
Perdón, perdón, perdón y perdón. Les ofrezco mis disculpas porque no tengo otra forma de remediarlo. El tiempo se me pasó volando y no tuve tiempo ni para existir. Estoy escapando furtivamente de mis obligaciones para dedicarme a este capítulo, que pueden criticar si quieren, admito que me vi corta de inspiración.
Aunque esta capítulo es bastante peculiar, ya no hablamos simplemente de hechos, ahora se involucran sentimientos. No quiero arruinarles la intriga así que los dejo con el capítulo.
Con las disculpas más sinceras de escritora a lectores,
Adalie May.-
11- ) No quiero que me creas
Despertó más temprano que de costumbre. Había dormido por el simple hecho de que no pudo resistir contra sus fuerzas. Estaba asustada; como nunca lo había estado. ¡Era responsable de las heridas de alguien! Se sentía tan humillada, tan débil.
No lo pensó dos veces; se vistió entre apuros, y abandonó su cuarto. Ya era martes. Creía que habían pasado unos cuantos meses, pero tan solo habían sido unos días. Hermione no detuvo el paso, no quería que nadie la encontrara por allí.
Llegó. Abrió la puerta con cautela, pues no quería despertarlo. Caminó con sigilo hasta llegar a la cama en donde reposaba. Tomó un banco, como ya lo había hecho, y se sentó a un costado. Lo miró descansar unos cuantos minutos. Quería saber que estaba bien, que iba a despertar y que todo iba a ser igual. Se contentaba con escuchar un "te odio", un "sangresucia", cualquier cosa relacionada con la cruel realidad.
Gimió. ¡Draco Malfoy gimió delante de ella! ¿Estaría despierto, o simplemente era un sueño? Poco a poco vio como iba a abriendo los ojos. Pensó en resbalar del banco, dar un giro de ciento ochenta grados y también taparle los ojos, pero era en vano. Draco Malfoy había abierto los ojos, y la había encontrado allí.
-¿Qué haces aquí? – preguntó él dolorido. Se movió entre las sábanas pero Hermione lo detuvo.
-Te lastimarás.- Le dijo en voz suave. Él la miró sorprendido, pero obedeció.
-Responde.
-Vine a ver como estabas.- Admitió Hermione. Esperaba que en cualquier momento él se pusiera a gritarle, o a culparla por lo que había sucedido.
-¿Dónde está Zabini? – escupió con odio.
-No sé qué ha pasado con él. Ayer yo estaba – interrumpió su frase- probablemente lo hayan suspendido.
-No antes de que lo mate a golpes a ese hijo de…
-Se encargarán de él. Ya hablé con Mcgonagall, Dumbledore y Snape. Conté lo que sucedió.
-¡Ja! El muy idiota no dejará que lo echen. No le conviene en absoluto.
Hermione no discutió. Era consciente que estaba manteniendo conversación con su peor enemigo, pero aún así no podría evitar la culpa que la carcomía. Quiso tener las fuerzas para decirle que lo sentía; que lo sentía aunque fuera él de quien se trataba. Pero, ¿qué recibiría a cambio? Un rechazo, una risa, un insulto.
-Oye…- Comenzó asustada. Definitivamente no podía. Malfoy la miró a los ojos. La taladró con sus ojos hielo profundos hasta que la hizo sentir tan pequeña, minúscula. Perdió el hilo de una charla que todavía ni había comenzado. Él la miró de un modo extraño, un tanto inquisitivo, quizás.- Eh…- balbuceó.
-Sería más interesante si lograras articular una frase completa.- Apuntó él. Recobrando la conciencia perdida hacia unos segundos, Hermione se incorporó.
-Oh, cierto.- Se detuvo.- Solo quería decirte que…
-¿Qué?
-Siento haberte metido en ese apuro, y de verdad…
-Oye…
-¡No! Déjame terminar. Ya sé lo que dirás. No me interesa que no lo hayas…
-Escucha…
-¡Basta! – reiteró Hermione.- Sé que no lo hiciste por mí, y te hubiera gustado verme muerta, pero de todos modos te lo agradezco.- Las palabras salieron de una corrida de su boca. No quería que Malfoy comenzara a insultarla por lo tanto no le quería dejar meter bocado alguno.
Él no contestó al instante, si no que se tomó su tiempo de reflexión, durante el cual Hermione sucumbió en una horripilante escena incómoda.
-Bueno.- Concluyó. Hermione lo miró sorprendida. No sabía distinguir verdaderamente qué era lo inverosímil de la situación. ¿Estaría esperando su salta de insultos, o se decepcionó por la apatía que el muchacho demostró ante sus palabras?
-¿Eso es todo? – preguntó esperanzada. No debería haber articulado esa pregunta.
-Pues, ¿qué pretendes que te diga?
Ella lo miró con entendimiento. En verdad, no estaba segura de lo que en realidad quería que le dijera. Se limitó a encogerse de hombros, y se dispuso a levantarse cuando Draco Malfoy la tomó de la muñeca. Hermione sintió un cosquilleo que recorrió todo su cuerpo. No pudo evitar sentirse plena por dentro y fuera. Tuvo que soltarse con brusquedad para no someterse a ese cruel contacto.
-¿Por qué has venido hasta aquí? – le preguntó una vez más, pero esta vez con un sentido más profundo, que Hermione no pasó por alto.
-¿Culpa? – preguntó en un intento pésimo de excusa.
-Ah…- exclamó él poco convencido.
-Pues, ¿qué pretendes que te diga? – imitó ella con evidente ironía.
-Nada. Eso es todo. Puedes irte.
Hermione sabía que ese "nada" era algo más, pues ella había solicitado algo similar. Pero, ¿qué podía decirle? "Malfoy, esperaba tener una charla civilizada contigo sin que tu estúpido ego se entrometiese, ¿es posible?". Atolondrada se levantó de un salto. Él sintió un leve escalofrío recorrer su espalda. Ella no pudo evitar mirarlo a los ojos antes de abandonar la habitación. Cuánto escondían aquellos. Más de lo que podría llegar a imaginar. Él notó su reacción repetida y sostuvo la mirada intacta. No parpadeó porque en eso estaba entrenado. Se limitó a mantenerse inexpresivo por un buen rato; un rato que pudo a ver durado un segundo, o miles.
- ¿Siempre eres así? - inquirió él ignorando la situación tan poco común.
- ¿Tan cómo?
- Tan patéticamente racional. ¿No te permites utilizar la intuición, no es cierto? Tan solo la razón...
Ella no respondió porque no tenía nada que objetar. ¿Qué tenía de malo ser tan racional? ¿Acaso no era una ventaja?
- Tengo que irme.
- Ve.- Avivó él.
Hermione supo que esa era la oportunidad que tenía para hacerle esa pregunta. No quiso esperar más tiempo.
- ¿Sabes que no me creo nada de lo que dices ni haces? Ese juego que pretendes jugar, el del ser el tenebroso, yo no me lo creo. No te subestimo, Malfoy, sé que eres capaz de algo mejor que eso.
- No pretendo ser algo mejor, no lo necesito.
- No te creas. El hombre no es hombre hasta que no descubre al amor, y déjame decirte Malfoy que te considero bastante hombre.
Él no respondió a esto. No quiso decir que era imposible porque sabía que su voz no iba a sonar tan estrecha como hubiera querido, por lo tanto dejó que el comentario flotara en el aire. Ella se fue interrumpiendo ese momento tan peculiar. No supo si fue en forma de escudo o qué, pero no quiso voltearse una vez más. Cerró la puerta con los ojos entornados, y partió de allí con un paso muy acelerado.
¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué se estremecía en torno a su mirada? ¿Por qué no podía evitar sus ojos, que tanta maldad cargaban? ¿Por qué no podía apreciar nada más que agonía en su observar, y no es rencor que solía demostrar? ¿Por qué se sumergía en su esencia si ella no quería creerle?
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-Profesor Snape, en verdad tengo que agradecerle.- Repetía una y otra vez Zabini en un intento de acaparar su atención.
-Déjame en paz, Zabini. Que tu estupidez no va a ser encubierta por mí muchas veces más. Limítate a existir, que ya bastante cuesta.- Escupió el profesor, abandonándolo en un corredor vació.
"No soy Malfoy. Exacto. Mi gratitud es pena para él. Pero no por mucho tiempo. Oh, no. Ya todos me reconocerán como el grande entre los grandes. El verdadero fiel vasallo del Señor Tenebroso".
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¿Los decepcioné demasiado?
¡Díganme que opinan!
