Capítulo 11
El dolor de su mano dentro de su pecho debilitó su cuerpo y su mente, aunque pensaba que estaba haciendo eso para volverse más fuerte. Regina arrancó de su propio pecho su corazón ennegrecido en el que apenas había una zona roja latiendo. El órgano fue colocado en una caja especial, en medio de tantos otros corazones aprisionados. Se acordó de lo que esa misma mañana le dijo a Emma Swan: "Mi deseo es arrancarte el corazón si pudiese, solo de esa manera dejarías de atormentarme" No era ese su verdadero deseo, no en ese momento en que aprisionó de nuevo lo que Zelena intentó coger una vez y fuera recuperado por Robin hacía un mes.
Regina no había visto más al arquero desde su última visita a su casa, cuando le reveló que iba a marcharse de Storybrooke con su esposa Marian, vuelta del pasado gracias a Emma. Ambas partes tomaron la decisión de no volver a verse, algo que al principio no agradó a Robin, pero que casi le suplicó la Reina Malvada. Por otro lado, la salvadora apareció suplicando su atención con respecto a sus sentimientos, lo que a la morena le pareció absurdo. Aún más absurdo por venir de una mujer, sería más fácil aceptar si una declaración de aquel tipo viniera de Archie o de David, o hasta del mismo Killian Jones, cualquiera de ellos no causaría mayor sorpresa, sin embargo, Regina percibía, en su carencia profunda, que ser amada de la forma en que Emma decía sentir era algo demasiado raro.
La aceptación de la realidad era dura, y para saber que no era una broma del destino por tener su corazón de vuelta en su pecho, prefería sacarlo para comprobar toda aquella confusión.
«Tal vez no sea el momento de mantenerlo en mi interior» dijo la alcaldesa cerrando la caja con su órgano.
Al colocarlo entre sus innumerables objetos, guardados en aquel mausoleo, Regina no se sintió aliviada, todo lo contrario, se había acostumbrado a sentirlo latir. De repente, todo fue extraño, pensaba ella, ¿cómo en tan poco tiempo se había vuelto a acostumbrar a tener aquel órgano de vuelta? La duda se quedó con ella todo el día.
Dispuesta a salir del monumento del cementerio, una voz familiar surgió.
«¡Mamá!»
Regina giró su rostro, encontrándose con Henry.
«¡Henry! ¿Qué haces aquí?»
«No te encontré en el ayuntamiento, me dijeron que te marchaste a casa, pero tampoco estabas allí, pensé que estarías aquí»
Ella cruzó los brazos y asintió.
«Sí…yo…yo necesitaba un momento a solas»
«Siempre estás sola cuando no estás conmigo, mamá» dijo él de manera cómica, cosa que no agradó a la alcaldesa.
«¿Qué quieres Henry?»
El muchacho se dio cuenta del mal humor de la madre.
«¿Qué pasó? ¿Estás enfadada?»
«No, ¿por qué?»
«Porque lo parece»
«Escucha Henry, tengo un terrible dolor de cabeza, ¿puedes decir ya lo que quieres?»
Él frunció el ceño mientras estudiaba a Regina que, en ese momento, recordaba mucho a la Reina Malvada del libro, a la que todos en Storybrooke estaban acostumbrados.
«Te extrañé, solo quería verte. Pero todo bien, es mejor que me vaya»
Se giró, con las manos en los bolsillos de la chaqueta gris que llevaba, estaba cabizbajo.
«¡Henry, espera!» lo llamó ella «Perdóname. Estoy un poco turbada, es eso…quédate»
Él se giró al oírla y sonrió aliviado.
«¡Menos mal! Pensé que estabas enfadada conmigo»
«Nunca, es que…algo pasó, pero bueno ya está» sonrió ella con no muchas ganas hacia el hijo.
«Fue por culpa de Emma, ¿no?»
Regina se quedó helada.
«¿Ella dijo algo?»
«No, lo dijo la abuela»
«¿Qué te dijo Mary Margaret?» se acercó a él, avanzando como apremiándole para que contestase
«Que tú y mi madre tenían cosas de que hablar, apuesto a que se quedó dormida otra vez sin darse cuenta» dijo él riéndose
La alcaldesa descruzó los brazos, asintió
«¡Sí! Exactamente. Ella se quedó dormida en el sofá»
A veces Henry parecía tonto. Todavía era un niño, no veía maldad.
El cementerio no era el lugar apropiado para conversar, Regina lo llevó de vuelta, caminaban por la calzada que llevaba a Granny's. El muchacho y la alcaldesa empezaron a hablar de algo que era tema de conversación de toda la ciudad.
«Mamá, ¿qué vas a hacer cuando el señor Gold sea alcalde?»
Regina lo miró mientras caminaba a su lado.
«Bien, creo que voy a continuar trabajando en la alcaldía.» dijo fingiendo seguridad.
«¿Vas a dejar de ser alcaldesa porque estás arrepentida?»
«¿De qué estás hablando Henry?»
«Arrepentida de haber sido durante todo este tiempo la villana» explicó
«Sí, creo que desde esa posición no soy la más digna. Es hora de librar al pueblo de mí, hasta en eso»
«No estoy de acuerdo. Necesitas aprender a separar las cosas, mamá. Reina Malvada y Alcaldesa son contrarias»
«No creas que es fácil, cariño. Me gustaría mucho»
«¿Y qué lo impide? ¿Mi madre, Emma?»
La mujer metió las manos en los bolsillos de su chaleco oscuro como sus cabellos y ojos, miraba a su hijo de soslayo mientras el paseo terminaba en la puerta del bar. La respuesta a la pregunta de Henry vino después de largos minutos de reflexión.
«Sí. Ella. Y no pienses que hemos hecho las paces, no quiero mentirte»
Él agarró una de sus manos, sacándola del bolsillo, para estrechársela.
«¿Por qué no le das una oportunidad?» él fijo su atención en la madre morena «Al igual que tú, ella necesitó cambiar, necesitó creer que todo era posible. Le enseñaste magia un día, hoy ella quiere ayudarte a ser alguien mejor, y mamá, sé que tú deseas ser alguien mejor, cambiaste, dejaste de ser la Reina de mi libro, hiciste eso por mí»
«Henry, entiendo que quieras a Emma, yo solo creo que ella y yo no tenemos nada en común aparte de ti. Podemos ser obstinadas, parecidas, pero ser su amiga es algo que no puedo garantizar»
«No estoy pidiendo que se hagan amigas, solo me gustaría que le perdonases lo que hizo. Ahora Robin tiene a su familia de vuelta, ¿qué harías si fueses él? ¿Estarías feliz o triste por eso?»
Ella suspiró pensativa, la mirada perdida se entregaba a la aflicción. "Es verdad, nunca me puse en la piel de Robin", pensó ella. Estaba confusa, pero a Regina le encantaría sentir el calor familiar y la felicidad de Roland. Cuando el pequeño le vino a la cabeza, decidió considerarlo.
Regina tocó el mentón de Henry, observando cuánto había crecido. Sintió orgullo por él y al mismo tiempo vergüenza por sí misma por creer que aquella era una misión casi imposible de cumplir, volverse la buena y amable Regina que él esperaba no parecía algo a su alcance. Quería contarle sobre sus sospechas, pero antes necesitaba confirmarlo. Sería una noticia que cambiaría por completo la vida del muchacho. Regina tampoco sabía si aquel era el momento apropiado para llenar la cabeza de Henry con el comportamiento extraño de su otra madre.
Ya entrado el día, Regina, sin Henry a su lado, caminaba por los alrededores de la comisaria. Estaba dispuesta a tener una conversación con Emma para sacar sus conclusiones, sería el momento perfecto para entenderse de una vez y necesitarían estar solas. Era eso o irse de Storybrooke.
La alcaldesa entró en el lugar sabiendo que Swan había retomado esa misma tarde su trabajo como sheriff al lado de su padre. Rezaba para que solo ella estuviera ahí, sentía mariposas en el estómago y hasta su pecho pareció latir a pesar de la ausencia del órgano vital, por esa misma razón Regina se extrañó, miró hacia sus manos, dándose cuenta de que las tenía sudadas, estaba casi temblando. Inspiró profundamente, de detuvo un momento antes de avanzar por el pasillo, hizo lo que sabía hacer con maestría cuando era necesario, fingir su estado emocional.
Cuando avanzó, tuvo que parar de nuevo, le pareció oír un sonido hueco, un choque.
«¿Swan? ¿Estás ahí?» preguntó dando unos pasos, encontrando el escritorio de Emma vacío «¿Emma? ¿Está todo bien? ¿Estás aquí?»
Avanzó un poco más, entre la zona de recepción y la primera celda.
El ruido continuaba, y parecía aumentar conforme la alcaldesa divisaba las esquinas de la comisaria. Le llevó algún tiempo, hasta que escuchó un nuevo barullo, semejante a una carcajada ahogada y algunas palabras juntas.
«No entiendes, Hook…y no necesito que comprendas, ahora vete, vamos, déjame salir»
Regina miró para una puerta a su lado, llevó su mano al picaporte y lo giró para encontrarse a Hook acorralando a la salvadora contra la pared de cristal de lo que era la sala de interrogatorio.
«¡Emma!» ella abrió los ojos de par en par, y dijo el nombre de la rubia, perpleja.
«¿Regina?» Emma tragó en seco tras el susto de verla allí.
«¿Qué significa esto?» la morena avanzó con paso seguro hasta el capitán grafio, lo sacó de encima de ella por el cuello de la camisa y lo lanzó en la otra dirección «¿Cómo te atreves?»
«Hey, calma…» Killian casi tiró al suelo una de las sillas que allí estaban.
«¡Sal de aquí inmediatamente!» casi gritó la mujer de negro para el capitán.
«Regina, ¿qué…?» fue interrumpido de nuevo por ella
«¡Márchate! ¿No has oído? Vete de aquí, o te transformó en una cucaracha y te aplastó sin piedad alguna, ¡que te marches!»
El hombre, desconcertado, obedeció refunfuñando, miró a Swan una última vez mientras salía por la puerta.
La sheriff estaba atónita. Parpadeó varias veces, se tenía que pellizcar, había sido increíble lo que acababa de presenciar.
«Emma…¿te ha hecho algo?» la morena intentó tocarla
«No…» Swan tenía ahora en la cara una mezcla de agradecimiento y de asombro «¡pero tú sí!»
