Disclaimer: los personajes no me pertenecen, pero la trama si.

Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.

Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la distancia o por teléfono.

La historia está escrita desde el punto de vista de Rosalie.

Los personajes de esta historia son HUMANOS.

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11.

Una azafata me acompañó a mi asiento, en turista, y me acomodé en él. Estaba sentada al lado de la ventana y me volví hacia ella, empezando a sentir como si una mano invisible estrujara mi corazón. No podía dejar de llorar, pensando en Emmett y en el maravilloso gesto que había tenido de ir a buscarme al aeropuerto. Pero tal y como le había dicho a Alice, debía ser consecuente. Yo le había pedido a mi padre el traslado y, ahora que lo habían aceptado y que estaba todo tramitado y pagado, debía ir.

Al fin me quedé dormida, cansada de tanto llorar pero, cuando desperté y me di cuenta de la realidad, comencé a llorar de nuevo.

- Señorita. - dijo una voz de chico a mi lado.

- Déjala, Edward. ¿No ves que no se encuentra bien? - susurró una segunda voz, ésta de chica.

- Bella, por eso mismo.

- ¿Pero que no ves que está triste?

- Señorita, ¿se encuentra bien?

Me volví lentamente, ya que seguía de cara a la ventana, me puse las gafas de sol y miré a la pareja que había sentada a mi lado.

- Estoy bien. - mentí, y se me notó en la voz, que me salió bastante ronca. - Gracias por preguntar.

- De nada. - dijo el chico, que sonreía. - Aunque no te creo.

- Eso es porque he mentido descaradamente. - dije, devolviéndole la sonrisa. La chica pareció calmarse y también sonrió.

- Eso me pareció. Me llamo Edward, y esta es mi prometida Bella. - dijo, besando la mejilla de la chica.

- Yo me llamo Rosalie.

- ¿Por qué vas a Nueva Orleans, Rosalie? - preguntó la tal Bella.

- Voy a ir a la universidad. Dos meses para prepararme para el curso que viene.

- Nosotros tambien vamos a la universidad allí. Ahora volvemos de un viaje.

- ¿Vais a la universidad y ya estais prometidos? - no lo pude evitar. La verdad es que estaba sorprendida.

- Es una simple formalidad. - dijo Edward. - No casaremos en cuanto terminemos la universidad, tengamos un trabajo y una casa.

- Me parece un plan estupendo. - dije, entristeciéndome de nuevo, pensando en Emmett y en la estupidez que había hecho marchándome de su lado. Yo también quería un plan como ese en mi vida, junto a Emmett.

- No te pongas triste. - dijo Edward, acariciando mi mano.

- Es que acabo de dejar al chico que amo en el aeropuerto, y todo porque soy idiota.

- Cuéntanos.

- Edward! - exclamó Bella, golpeando a su chico en el brazo. - No seas tan cotilla.

- No pasa nada. Creo que solo podré sobrellevarlo si se lo cuento a alguien.

Y así lo hice. Les conté a esos dos desconocidos todo lo que había sentido desde que Emmett entró a formar parte de mi vida hasta que le había dejado en el aeropuerto. Bella echó a Edward de su asiento y se sentó ella. Estaba emocionada y me abrazó al momento.

- Gracias. - dije entre sollozos. - Necesitaba hablar de esto con alguien.

- Rosalie, puedes contar con nosotros para lo que necesites.

- Gracias. - repetí.

- Ya estamos llegando. - dijo Edward. - poneos los cinturos, que vamos a aterrizar. - dijo, sentándose.

Bella y yo nos abrochamos nuestros cinturones y nos quedamos quietas y en silencio hasta que el avión aterrizó.

Fui con Bella y Edward a buscar nuestras maletas, que llevó Edward, ya que yo me negaba a soltar mi caja. No me había acordado de abrirla estando en el avión, así que fingí necesitar ir al baño y fui hacia allí. Me encerré en uno de los lavabos y me senté sobre la tapa del retrete. Dejé la caja en mi regazo y la abrí.

Querida Rosie.

Si estás leyendo esto es que no he conseguido convencerte de que te quedes conmigo.

El beso ha sido maravilloso, aunque los de seguridad no me han dejado despedirme como Dios manda.

He pensado que, como vas a estar fuera varios meses, te gustaría tener esto.

Te amor, ahora y siempre.

Tu idiota.

Dejé la nota a un lado, con las mejillas bañadas en lágrimas, y saqué unas fotos que Emmett había puesto en unos marcos preciosos. En una salíamos mi padre, mi madre y yo. Otra de Alexandra y mi padre en el día de su boda. Otra de mi padre y yo, de hacía solo unos meses. Una de Jacob, Alice y yo. Una de Alexandra y yo de un viaje que hicimos a Florida las dos solas. Y la última era de Emmett y yo, la foto que nos hicieron en la boda de nuestros padres.

Debajo de las fotos habían algunas de mis chocolatinas favoritas y mi rosa blanca. Debajo de la rosa había una tarjeta hecho de cartulina violeta que ponía: VALE POR UN DÍA DE SERVIDUMBRE.

Sonreí al ver la tarjeta. "Este Emmett es de lo que no hay."

Me quedé en el lavabo hasta que Bella abrió la puerta y me encontró mirando la foto en la que salíamos Emmett y yo.

- ¿Que te pasa?

- Nada. Es que me han hecho un regalo repcioso y me he emocionado. - dije, guardando las cosas en la caja. - ¿He tardado mucho?

- Unos veinte minutos. Nos preocupamos.

- Lo lamento, Bella.

- No pasa nada. ¿Está lista para ir a la residencia?

- No, pero deberíamos irnos. - dije, poniéndome en pie.

- Ya verás como no te arrepientes de haber venido. - me cogió de la mano y fuimos hacia el taxi en el que nos estaba esperando Edward.

Fuimos juntos hacia la universidad, que era muy hermosa, y Edward fue tan amable de llevar mis maletas hacia el edificio en el que tenía que hacer los trámites para poder instalarme. Como era domingo, por allí no había nadie, salvo una chica que estaba detrás del mostrados de información.

- Buenos días. - dije, poniéndome nerviosa por momentos.

- Buenos días.

- Soy Rosalie Hale. Vengo de...

- Santa Mónica. Te estaba esperando. - dijo, cogiendo unos papeles y salió de detrás del mostrador. - Bella, ya me ocupo yo de Rose. - dijo, cogiéndome del brazo. - Vamos.

Me despedí de Bella con un breve abrazo y fui con la chica. Subimos cuatro pisos de escaleras y me llevó hacia la puerta cuarenta y cinco.

- ¿Recordarás el camino? - dijo, dándome una llave.

- Si.

- Adelante, entra.

Abrí la puerta con mi nueva llave y entré en una bonita habitación bastante amplia. Tenía dos camas, dos mesas de escritorio, un televisor con dvd, una nevera y un par de armarios.

- ¿Te gusta la habitación?

- Es más de lo que necesito. - dije, mirando cuanto había a mi alrededor. - Y no me gusta, me encanta.

- Me alegro, porque vamos a compartir habitación y no quiero verte aquí a disgusto.

. ¿Y puedo conocer el nombre de mi nueva compañera de habitación?

- Victoria Sutherland. - dijo, tendiéndome su mano.

- Rosalie Hale. - dije, estrechando su mano al momento.

- Ven, te ayudo. - cogió una de mis maletas, que había dejado Edward en el pasillo, y entramos en la habitación.

Guardé mis cosas en el armario y, cuando terminamos, ambas nos tumbamos en nuestras respectivas camas, como si hubiéramos hecho el mayor de los esfuerzos.

- ¿Que hay en esa caja que no has soltado en ningún momento?

- Cosas privadas. - dije, abriéndola. - aunque ya puedo sacarlas. - saqué las cosas de la caja y la dejé en el escritorio, de forma que pudiera verlas desde la cama.

- ¿Quien es ese tío bueno?

- La verdad es que no se lo que somos.

- Entiendo...

- Bueno, en realidad es mi hermanastro, pero...

- Ya...

- Voy a llamar a mis padres. - dije, yendo en busca de mi móvil, en un burdo intento de no hablar de mi "relación" con Emmett.

- ¿Quieres que te deje a solas?

- No, tranquila. Esta también es tu habitación.

Marqué el número de mi casa y respondió mi padre, que puso el manos libres y así pude hablar con él y con Alexandra. Les conté que ya en el avión había hecho amigos y que mi compañera de habitación parecía muy agradable. Yo también puse el manos libres y estuvimos un rato hablando los cuatro. Victoria les informó sobre la universidad y mis padres parecieron quedarse más tranquilos.

- Bueno, cuelgo ya. - dije, sintiendo como empezaba a quedarme dormida, y es que estaba hablando mientras estaba tumbada en la cama. - Voy a dormir un poco.

- Adiós cielo. Adiós Victoria.

- Que tengan un buen día, señores Hale.

Colgué el teléfono y me acomodé mejor en la cama. Victoria se estaba durmiendo y yo me dejé vencer por el sueño que ya me estaba atrapando en sus redes.

Desperté cuando Victoria me llamó para ir a cenar, pero yo no tenía hambre. Estaba demasiado nerviosa como para comer. En pocas horas me encontraría con el rector de la universidad y comenzarían mis clases.

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Había superado mi primera semana en la universidad con el ánimo por las nuves y, para mejorar las cosas, había conseguido el trabajo en la oficina.

Hablaba cada día con Alice y, esa misma mañana, había recibido un e-mail de Emmett, que me preguntaba como me había ido mi primera semana por Nueva Orleans.

Le respondí al e-mail contándole como me había ido por la universidad y la oficina, le pregunté como le iban a él las prácticas y le mandé un dibujo que había hecho para su futuro centro social. Cuando el e-mail estuvo enviado, cogí mis cosas y bajé al comedor, donde estaban Bella, Edward y Victoria ya con la comida en la mesa. Compré algo ligero para comer y me senté al lado de mi compañera de cuarto, que empezó a comer al momento. Al parecer, me habían estado esperando.

- Lamento el retraso.

- ¿Ha ocurrido algo?

- Estaba respondiendo a un e-mail importante.

- O lo que es lo mismo, al fin Emmett le ha enviado un e-mail. - dijo Victoria, poniéndose a reír.

- Pues si.

- ¿Y por qué no le llamas? - dijo Bella.

- Porque no me atrevo a hablar con él. Seguro que me pongo a tartamudear o algo así. - dije, empezando a comer. - Paso de parecer idiota.

- Pero... - empezó a decir Edward, pero le interrumpí.

- Paso.

- Vale, vale. Relájate. - dijo Edward, reciviendo el ataque de nuestros bollos de pan. - Cuanta violencia dialéctica.

- No le hagas caso. - dijo Bella, cogiéndome de la mano. - ¿Salimos esta noche?

- No me encuentro bien para salir. - dije, comiendo como si me fueran a quitar la comida.

- Tienes que dejar de pensar en...

- No es eso. - interrumpí a Victoria. - de verdad que me encuentro un poco mal.

Y era cierto. Hacía un pas de días que no me encontraba bien. Sabía que solo eran nervios, pero lo únicco de lo que tenía ganas era de estar en la cama, viendo la televisión o leyendo, aunque lo único que hacía era hacer planos y dibujos para enviárselos a Emmett.

- Seguro que son nervios. - dijo Edward, sacándome de mi ensoñación.

- Es probable. - murmuré.

- Ya salndrás con nosotros la semana que viene. - dijo Edward, guiñándome un ojo con disimulo.

El día anterior, Edward y yo habíamos estado hablando y, entre muchas cosas, le comenté que no me gustaba ir de discotecas, que prefería quedarme en casa con los amigos. Gracias a Dios que él me ayudaba a escabullirme de muchos de los planes nocturnos de las chicas.

- Bueno, pues la semana que viene. - dijo Bella, que ya estaba recogiendo su plato. - Yo me voy a trabajar. - besó a Edward y se marchó despidiéndose de nosotras con la mano.

- Si, yo también me voy a... bueno, a conectarme un rato.

- A ver si Emmett está conectado. - susurró Victoria, por lo que recibió un puñetazo en el hombro de mi parte.

- Adiós. - recogí mi plato y me fui.

Cuando entré en mi habitación, encendí el ordenador y me senté con él en la cama. Me entristecí al ver que Emmett no estaba conectado. No lo podía evitar.

Ansiaba con toda mi alma y mi corazón hablar con él, oír su voz, pero no sabía como podría reaccionar ante una llamada mía. A pesar de lo ocurrido en el aeropuerto, no sabía lo que podía sentir despues de haberle dejado tirado.

Cerré el chat y cogí los apuntes que Victoria me había prestado. Aun los estaba leyendo cuando Victoria entró en la habitación.

- ¿Aun estás tirada en la cama? - dijeo, yendo hacia su armario.

- Tampoco llevo tanto rato. - dije sin dejar de leer.

- Llevas desde las dos.

- ¿Y que hora es? - dije, quitándome las gafas. Empezaban a picarme los ojos.

- Las siete.

- No jodas! - exclamé, mirando el reloj del ordenador. - Cinco horas y tus apuntes no se terminan. - Dije, provocando que Victoria se pusiera a reír. - ¿Os vais ya?

- Vamos a cenar y después a la discoteca.

Me levanté de la cama, dejé los apuntes de Victoria sobre su escritorio y fui a ponerme el pijama. No tenía ninguna intención de bajar a cenar, y así también me aseguraba que Victoria no empezara a intentar convencerme para que saliera.

- Que te hayas puesto el pijama no significa nada. - dijo, sentándose a mi lado en la cama. "Como me conoce la jodía." - Venga, vente. - dijo con tono cantarín, abrazándome. - nos lo pasaremos muy bien.

- No me encuentro bien.

- ¿En serio?

- Si, en serio.

- ¿No es una excusa?

- No.

- Bueno, pero la semana que viene si, no? - dijo, mirándome a los ojos, sin dejar de abrazarme. - Eh?

- Ya veremos. - dije, sin comprometerme a nada.

- Venga... va... que será mi cumple...

- Eso no es cierto. - dije, mirándola yo ahora.

- Bueno, vale. Mi cumpleaños es dentro de dos meses.

- Ya veremos, vale?

- Vale. - se rindió, aunque sabía que más adelante volvería a insistir. - Bueno, pues yo me marcho ya. Nos vemos mañana. - besó mi mejilla y se fue a buscar su móvil y su bolso. - Buenas noches, Rose.

- Disfruta de la noche, Victoria.

- Lo haré. - Me guiñó un ojo y se fue.

Solo hacía seis días que conocía a Victoria, pero sentía como si le conociera de toda la vida. Al igual que a Edward y Bella. "En el fondo no ha sido mala idea venir a Nueva Orleans. El destino me tenía preparados buenos amigos."

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Hola, hola.

¿Que os ha parecido el capi?

Espero que os haya gustado.

Y espero que me deis vuestra opinión al respecto.

Besitos.