NdA: Éste es el penúltimo capítulo de "Avant Ce Soir"… De veras espero que todos hayáis disfrutado mi trabajo. Ha pasado de tener un argumento alegre a ser algo tan oscuro que me ha sorprendido a mí misma. Espero poder pagárselo a mis lectores con un final más que merecido y bien explicado. ¡Sería genial si dejarais un review cuando leáis el capítulo final! Éstas son las canciones que me han ayudado a escribir este capítulo. Os recomiendo que las escuchéis mientras leéis: "Thanks for the Memories" – Fall Out Boy, "Place Nearby" – Lene Marlin, "Until The End" – Breaking Benjamin, "Dance With The Devil" – Breaking Benjamin. Espero que todos lo disfrutéis. Lo que se dicen Kurogane y Fay lo he sacado de una de mis películas favoritas: 300. Ya sabréis dónde es.

NdT: Antes de empezar, quisiera responder al comentario enviado por honey modoki. Primero, este fic no es mío, ya que yo sólo me limito a traducirlo. Segundo, jamás se me ha pasado por la cabeza abandonar un fic, y menos éste, que ya casi está finalizado. Además, si una pausa de dos meses te parece larga, aún te falta mucha experiencia en FanFiction, créeme. Y tercero, la universidad da MUCHO trabajo y, desgraciadamente, es más importante que esto. El día que llegues a eso te darás cuenta de que tengo razón.

Dicho esto, yo también os recomiendo una canción: "Synchronicity" de Yui Makino (es la banda sonora de Tsubasa Tokyo Revelations). Os ayudará a meteros más en la lectura. A mí me funciona.

Capítulo once: Rêve en noir et blanc

PDV de Fay

"Una vez que rescate a Fay y deje este mundo… nunca podré regresar a casa…"

Me quedé sin aliento al ahogar un grito y sentí que mis párpados se cerraban un poco cuando clavé mi vista borrosa en Kurogane y nuestros ojos se encontraban. Noté que me temblaba un poco la barbilla mientras apretaba los labios, intentando contener el grito que deseaba soltar. Me sentí incapaz de hacer nada; ni siquiera de cerrar los ojos o girar la cabeza para apartar la mirada. Sabía que eso no tenía nada que ver con Ashura… simplemente no podía apartar la vista. Desde el momento en que había conocido a Kurogane, éste había estado resuelto a regresar a su mundo… era su única meta, lo único en lo que se habían empeñado su corazón y su mente. Todas esas veces que me había llamado cobarde… todas esas veces en que lo había sacado a colación… todas esas veces…

"Claro, ¿quiere hacerme un favor, señora? Entonces, ¿por qué no me envía de regreso al lugar del que provengo…?"

¿Por qué ahora? ¿Por qué había renunciado a eso tan fácilmente? La única cosa por lo que había renunciado a todo lo demás… ¿de repente, ya no le importaba? Sentí una repentina punzada de culpa al darme cuenta de que lo había hecho para recuperarme. Finalmente, pude cerrar los ojos y fruncí un poco el ceño. Ya no importaba el dolor que sentía en mi cuerpo; de hecho, ya me había acostumbrado. Ahora me resultaba difícil imaginar qué era vivir sin dolor… lo único en lo que podía pensar ahora era en Kurogane y en lo que había dado. Él me había reprendido por darle todo lo que tenía a la bruja como si no fuera importante… ¿acaso no acababa de hacer lo mismo? ¿Por qué lo había hecho? No lo entendía…

Noté como si unos dedos se hubieran enroscado en mi cintura, sintiendo la presión que causaban a pesar de ser invisible, pero de repente desapareció y caí, soltando un grito al golpear el suelo. Me quedé allí tumbado, aturdido y sin aliento. Oí que Kurogane me llamaba pero su voz me pareció un eco lejano, algo que no podía alcanzar, algo que no podía hallar. Solté un resoplido y me incorporé con el cuerpo tembloroso mientras me tocaba mi agredido cuello con los dedos. Siseé al notar un punzante dolor; sentía la piel en carne viva y tierna bajo mi ligero roce. Abrí un ojo y lo dirigí hacia Kurogane y Ashura. Kurogane aún tenía las manos sobre Ashura, pero lo sujetaba sin fuerza y había apartado la vista de él para clavarla en mí. Nunca lo había visto tan aterrorizado.

Ashura giró un poco la cabeza para mirarme con una sonrisa en sus finos labios.

"Parece que nuestro querido Fay aún tiene fuerzas para luchar," dijo, en parte para Kurogane y en parte para mofarse de mí. Aplaudió con condescendencia. "Bravo, bravo, querido."

Vi cómo los ojos de Kurogane ardían de frustración mientras mantenía la mandíbula tan apretada que pensé que se rompería los dientes. Tenía un aspecto tan impotente, como si se estuviera hundiendo y no tuviera nada a lo que agarrarse. Lo entendí… no teníamos escapatoria. Ashura nos tenía acorralados y él lo sabía. No teníamos oportunidad de escapar, ni tampoco de salir ilesos de esa habitación. Era demasiado tarde para salir intacto, puesto que yo sufría una increíble agonía. También estaba preocupado por la angustia que sentía Kurogane, ya que sabía a ciencia cierta que estaba al límite y en cualquier momento estallaría y perdería toda razón. Actuaría llevado por las emociones en vez de pararse a pensar las cosas.

Era a mí al que tenía que ocurrírsele algo, y rápido.

"¡Eh, Ashura!" lo llamé con voz cansada y áspera, notando cómo mi garganta protestaba al usar mis cuerdas vocales. "¿Qué te parece si hacemos un pequeño trato?" La expresión de Ashura era de completa confusión y su sonrisa desapareció, mientras ponía se ponía las manos alrededor de la cintura para mostrar que me estaba escuchando. Mi vista se dirigió levemente hacia Kurogane, cuyos ojos estaban abiertos de par en par y cuya expresión gritaba: "No te atrevas a cometer ninguna imprudencia, mago". Habría sonreído, pero no pude a causa del gran dolor de mi rostro. Dirigí la mirada de nuevo hacia Ashura.

"¿Qué te parece si sueltas a Kuro-puu?" intenté, sabiendo que era una causa perdida, pero yo sabía algo que no podría rechazar. "Suéltalo y podrás hacer lo que quieras conmigo. No intentaré huir. Lo prometo. Kuro-puu deberá poder abandonar la fortaleza... y marcharse ileso junto con mi querido amigo Syaoran. No les pondrás un dedo encima ni tampoco los perseguirás."

El rostro de Kurogane se contrajo por la indignación mientras me lanzaba una mirada asesina.

Ashura pareció no darse cuenta de la reacción de Kuro, porque me sonrió con suficiencia. "¿Y por qué haría yo eso?" preguntó, alzando una ceja socarronamente. "Si tengo a dos personas con las que divertirme… nos estamos divirtiendo mucho, ¿no crees, mi querido Fay?"

Hice una pausa. No tenía ni idea de qué hacer… mi plan original era que aceptaría de buen grado. Me había quedado sin recursos… suplicar no había funcionado, y no estaba en condiciones de levantarme y ponerme a luchar contra él. Kurogane temía que Ashura me pudiera hacer daño, así que no se atrevería a levantar un dedo contra él. La situación no era más que un círculo vicioso; corríamos en círculos y con cada vuelta sólo conseguíamos sentirnos más mareados y confusos. Supuse que la única forma de salir de allí era luchando… atrayendo la atención de Ashura para darle a Kuro tiempo para golpearlo. Clavé mi mirada en la suya y entrecerré los ojos mientras movía la barbilla hacia abajo un centímetro y volviéndola a subir, haciendo un minúsculo y lento asentimiento. Le estaba dando mi permiso y esperaba que lo hubiese entendido.

Me sujeté el abdomen y me levanté, notando cómo mis miembros protestaban ante semejante movimiento, pero los ignoré. Gruñí mientras me ponía de pie; mi rodilla derecha cedió bajo mi peso pero conseguí mantener el equilibrio, enderezándome lentamente. Le devolví la sonrisa a Ashura mientras me limpiaba un poco de sangre con la manga, extendiendo el líquido carmesí por mi rostro.

"Parece que voy a tener que luchar por su libertad, ¿eh, Ashura?" dije, apoyando las manos en mis caderas en una postura desenfadada (cosa que pareció molestar a Ashura). "Bien, pero si gano, serán libres. Si pierdo, podrás hacer lo que quieras. Suena justo."

"La vida no es justa, Fay," me espetó Ashura, irritado por mi actitud despreocupada, igual que Kurogane. Abandonó ese tono y se relajó mientras volvía a sonreír. "Pero vale, acepto el reto, visto que tienes las agallas de ponerte de pie. Lo reconozco. Y ahora, ¿te importaría decirle al bruto de tu novio que me suelte? Encuentro difícil luchar si un zoquete me está sujetando."

Me sonrojé ante la palabra 'novio', pero dejé que el calor de mi rostro se desvaneciera rápidamente. Asentí y me volví hacia Kurogane, dirigiéndole una mirada más tierna. "Suéltale, Kuro-gru," dije suavemente. "Y ven a mi lado. Me niego a perder sin una buena lucha..."

El apuesto rostro de Kurogane era una mezcla de expresiones. Alivio (por el hecho de que me mantenía de pie y parecía estar bien), enojo (por haber sido llamado bruto y zoquete) y furia (por haber ofrecido su libertad dejándome morir aquí solo). A pesar de la cantidad de emociones, soltó a Ashura al instante y corrió hacia mí a toda prisa, por si acaso Ashura decidía cambiar de idea de repente y lo atacaba por la espalda. Por suerte para Kuro, Ashura parecía estar dispuesto a jugar limpio, ya que simplemente lanzó su larga chaqueta a un lado, preparándose para luchar.

Tuve que contener el impulso de lanzar mis brazos alrededor del cuello de Kurogane y besarlo desesperadamente. Sentí que una oleada de emoción crecía en mi interior… estaba tan contento de verle. Me alegraba de que estuviera viniendo hacia mí y que pudiera tocarlo una vez más. Pero también sentía la misma frustración por el hecho de que hubiese renunciado a su posibilidad de volver a su mundo natal, aunque tenía algo planeado para eso…

Se detuvo ante mí, a un metro escaso, mirándonos el uno al otro, sin saber muy bien qué decir o hacer. Le sonreí, luchando contra la sensación picante de las lágrimas que amenazaban mis ojos. Los ojos de Kurogane escanearon los míos y luego mi cuerpo como si pretendiera examinarme con una simple mirada. Era una mirada tan física que sentí que me sonrojaba.

"¿En qué estabas pensado, Fay?" masculló, rompiendo la distancia para tocarme la cara. "De ningún modo me iría de aquí sin ti…"

Mantuve su mano allí, constantemente alerta por si acaso Ashura hacía algo. "¿Qué otra cosa podía hacer, Kurogane?" murmuré, notándome al borde de las lágrimas más que nunca. "Lo que intentado… y no ha funcionado, así que no te preocupes. Te voy a sacar de aquí con vida."

"Lo mismo te digo, mago," rezongó Kurogane, calando mis palabras e identificando al instante la palabra 'te'. "Pero aún estoy preocupado, como dices tú, porque vas a luchar en estas condiciones."

"¿En qué condiciones?" pregunté, embadurnando mi voz con un tono desenfadado. "Estoy bien. Mejor que nunca, de hecho. Y ahora, empecemos la batalla antes de que Ashura pierda la paciencia y decida jugar sucio."

Kurogane abrió la boca para protestar, pero antes de que pudiera decir una sola palabra pasé por su lado caminando (cojeando sería una palabra más adecuada, pero creo que lo disimulé bastante bien). Dejé que mi lado serio tomara el control. Mi agilidad sería mucho menor considerando cuán débil estaba, así que mis movimientos serían un poco lentos. Pero, con suerte, la de Kuro-nyu sería mejor, así que teníamos una buena oportunidad de ganar de rebote.

Ashura no perdió el tiempo. Viendo que nuestra discusión había terminado, se lanzó contra mí. Su velocidad era relativamente mayor que la mía en condiciones normales, moviéndose con gracia y agilidad. No podía confiar en que diera un mal paso o algo parecido para hacerlo caer, así que lo único que pude hacer fue esquivarlo mientras hacía una mueca al tirón que dieron los músculos doloridos de mis costados y mis piernas. Pero no me dio tiempo a recuperarme, ya que se giró y volvió a la carrera. Volví a esquivarlo débilmente y me agarré los costados al sentir que el dolor se volvía casi insoportable.

Vi por el rabillo del ojo que Kurogane se había apresurado a desenvainar su espada y cada cinco segundos miraba por encima del hombro para ver si me encontraba bien. Le dirigí una débil sonrisa antes de volver a concentrarme en Ashura. No lo veía por ninguna parte. Maldije entre dientes. No debería haberle quitado la vista de encima a ese bastardo ladino. Estaba ganando velocidad rápidamente y no me iba a permitir que lo golpeara ni una sola vez. Empezaba a sentirme mareado y eso nunca era bueno en medio de una lucha. Vi un veloz movimiento borroso y enseguida supe quién era pero no reaccioné lo suficiente rápido, ya que noté que me golpeaban el estómago con fuerza. Volé por los aires y me estampé contra la pared que había a la derecha, haciendo que el yeso se rompiera por el impacto.

"Me estoy… haciendo… demasiado… viejo… para esto…" gemí mientras me alzaba del agujero que había creado al chocar contra la pared. Alcé la vista justo a tiempo para ver el puño de Ashura dirigiéndose hacia mí. Hice lo único que podía hacer… lo esquivé. Esta vez fui lo suficiente rápido… apenas, pero conseguí esquivarlo por pocos centímetros. Rodé hacía un lado de manera que quedé tumbado de espaldas y tuve que alzar los brazos para protegerme la cara casi al instante, ya que Ashura se había lanzado sobre mí, presionando mis doloridas costillas con la rodilla y mis brazos con los suyos, de manera que nuestros rostros quedaban separados por menos centímetros.

El rostro de Ashura estaba retorcido por la irritación, como si hubiera pensado que nuestra lucha acabaría en pocos segundos. Noté que su sudor me goteaba sobre la frente, mezclándose con el mío mientras trataba de compensar la presión que ejercía sobre mí para que no me aplastara por completo. Sus ojos se clavaron en los míos; nuestros brazos temblaban por el esfuerzo. Aunque él tenía ventaja, ya que me clavó la rodilla con más fuerza. Grité de dolor y cerré los ojos con fuerza, como si así pudiera librarme de ese dolor punzante.

"No… aguantarás… mucho más… Fay," escupió Ashura entrecortadamente mientras empujaba con más fuerza. "¿Por qué… no te rindes?"

Compensé su presión e intenté sobrepasarla mientras mis músculos latían de dolor. "Ahora no puedo… Ashura…" respondí, abriendo los ojos y entrecerrándolos. "Tengo… mucho que vivir…"

Levanté la parte inferior de mi cuerpo lo justo para doblar una pierna hasta que toqué su abdomen con el pie y lo golpeé con todo mi ser. Su presión disminuyó y lo aproveché para echar mi puño tan atrás como pude hasta que rocé el suelo con el codo antes de lanzarlo con todas mis fuerzas y estamparlo en la cara de Ashura con un golpe sordo. Ashura se tambaleó. Vi un borrón de color negro y lo reconocí como Kurogane, que había desenvainado su espada. Atacó a Ashura, pero éste fue demasiado rápido y la esquivó… por los pelos.

Rodé sobre mi estómago y me incorporé. Volví a gritar cuando el dolor me recorrió el cuerpo, casi haciéndome caer de nuevo. Me sobrepuse a la fuerza y me puse de rodillas. Me toqué la costilla y tomé una brusca bocanada de aire entre dientes cuando noté que el hueso se movía un poco. Estaba roto. Volví la cabeza y vi a Kurogane y a Ashura luchando, Kurogane atacando esta vez y el otro esquivando. Ashura no tardaría mucho en recuperarse de mi patada y entonces cambiarían las tornas. Tenía que intervenir y lo sabía. Me puse de pie, tambaleándome un poco y apoyando las manos sobre las rodillas para mantener el equilibrio.

"Vamos, Fay…" me enderecé. Me giré a tiempo de ver a Kurogane acorralado contra la pared, siendo Ashura el que portaba la espada ahora y presionando ligeramente la punta contra su garganta, pero no lo suficiente para cortar la carne.

No me paré a pensarlo dos veces. Ni siquiera me molesté en pensar en las consecuencias. Lo único en lo que podía pensar era en la vida de Kurogane… cuán valiosa era para mí… cuánto la atesoraba. No podría soportar la idea de que me la arrebataran por mi culpa. Tenía una solución para todo eso… simplemente teníamos que terminar esta lucha contra Ashura. Dudaba que yo sobreviviera después de esto… pero sin importar cuánto me esforzara, no podía imaginar un mundo sin Kurogane… no podía imaginar un mundo sin su actitud de auto sacrificio, su silenciosa preocupación por los demás… el mundo necesitaba a Kurogane, el mundo necesitaba a gente como él. El mundo no necesitaba gente como yo… no se necesitan cobardes… no se necesita gente falsa… se necesita… gente verdadera.

Ashura hizo retroceder la espada. Se preparó para golpear. Kurogane entrecerró los ojos. Vi en su mirada que había aceptado el hecho de que iba a morir. Gané velocidad hasta casi alcanzar la usual. Ya no sentía dolor. Sólo la determinación de no dejar que la luz de Kurogane se apagara. Me puse delante de él. Levanté el brazo derecho para escudarme. Cerré los ojos cuando la hoja se clavó en la carne… la sangre manó…

Apreté los dientes y oí mi propia sangre salpicando el suelo. Resbalé un poco pero mantuve el equilibrio mientras cerraba mi puño derecho. La expresión de Ashura se derrumbó cuando me vio y se dio cuenta de que la espada que sujetaba me había golpeado a mí. Sorprendido, su agarre se hizo más débil y tomé ventaja. Cogí la empuñadura y me saqué la hoja del brazo, siseando al sentir que la sangre manaba aún más rápido ahora que el objeto que me había penetrado la carne había sido retirado. Sentí frío casi al momento, como si me hubieran lanzado un cubo de agua helada, y violentos escalofríos comenzaron a recorrerme la espalda y se arremolinaron en mi estómago. Mi vista empeoró y oí mi pesada respiración mientras la pérdida de sangre hacía mella en mí. La espada me pareció extraordinariamente pesada cuando la levanté y todo pareció suceder a cámara lenta mientras veía cómo la expresión de Ashura cambiaba drásticamente, abriendo y cerrando la boca, gritando palabras que me parecían zumbidos. Golpeé y di en el blanco.

Ashura se tambaleó; había un corte desde su hombro derecho hasta su cadera izquierda. Me mantuve de pie, encorvado mientras lo miraba y nuestros ojos se encontraron.

"Lo siento… Ashura…" dije entrecortadamente por culpa de mis muecas de dolor. "Tenía que… hacerlo…"

Ashura no respondió. No esperaba que lo hiciera. Ambos caímos de rodillas al mismo tiempo y mantuve la vista clavada en él mientras caía de costado y se desvanecía con un resplandor blanco. Miré a través de la luz con los ojos entornados, incapaz de apartar la mirada de allí donde había caído y su sangre manchaba el suelo. Me agarré el brazo, notando que mi cuerpo se tambaleaba hacia atrás y era sujetado por unas manos firmes…

PDV de Kurogane

Mi mente reaccionaba con lentitud; todo cuanto pasaba ante mí y a mi alrededor se negaba a tomar sentido. Era como si estuviera teniendo una experiencia extracorporal, siendo testigo de las cosas que les ocurrían a otras personas, viendo una figura rubia cayendo al suelo agarrándose un brazo que sangraba profusamente. La figura de cabello negro que había tras él lo observaba todo con expresión estúpida. Tardé un rato en darme cuenta de que el de pelo negro era yo y que el rubio era Fay. Ashura había sido derrotado… el alivio me recorrió las venas como si de otro tipo de sangre se tratara, aunque no aportaba calor ni oxígeno. Me sentí como si me estuvieran aplastando los pulmones, impidiéndome respirar. Reaccioné rápidamente y alcé las manos para sujetar a Fay por los hombros mientras me arrodillaba y lo colocaba en mi regazo. Tenía los ojos cerrados y su respiración era superficial. No pude evitar quedarme mirando la enorme herida de su antebrazo. Lo rocé ligeramente con los dedos y Fay soltó un jadeo de dolor en respuesta.

Lo miré a la cara, apartando algunos mechones de sus ojos y las pequeñas gotas de sudor de su piel. Su rostro estaba fruncido por un dolor que apenas podía imaginar y respiraba por la boca, perdiendo rápidamente el poco color que tenía.

"Fay…" murmuré, acunando su cabeza para levantarla. "Tenemos que sacarte de aquí, ¿entendido? No tenemos mucho tiempo…" sentí un estruendo por encima de mí y solté una maldición. Ashura ya nos había tendido una trampa… la había preparado en caso de ser derrotado para que nos hundiéramos con él. Pedazos del techo empezaron a derrumbarse, cayendo a nuestro alrededor. Estiré más a Fay hacia mí y rompí un trozo de la pernera de mis pantalones para envolver la herida de su brazo. Hizo una mueca al apretarlo y lo único que pude hacer fue susurrarle palabras tranquilizadoras. Empecé a preguntarme dónde estaría el chico y si habría conseguido salir bien parado, pero ese pensamiento fue rápidamente reemplazado por mi preocupación por Fay.

"Idiota..." mascullé, preparándome para cogerlo en brazos. "De veras que eres idiota. ¿Por qué has…?"

"Kuro… gane…" dijo Fay con una voz que era apenas un susurro áspero mientras abría los ojos. "Déjame… sal de aquí… ¿vale?"

Sentí ganas de sacudirlo pero me arriesgaba a herirlo aún más, cosa que no quería hacer.

"¿Te has golpeado la cabeza, mago?" pregunté. "Te prometí que te sacaría de aquí a salvo. Ahora concéntrate sólo en ti e intenta relajarte…"

"Kuro-puu…"

"¿Cuántas veces tengo que decirte que no me llames así? ¡No quiero volver a oírlo!"

"Sonabas como… un padre justo ahora… Kuro…" soltó un suspiro y cerró los ojos mientras una pequeña sonrisa curvaba sus labios. "Por favor… estoy tan cansado… déjame aquí, ¿vale? No pasa nada… si me dejas… aún podrás regresar a tu hogar…"

Parpadeé, quedándome helado agachado y con el mago en mis brazos.

"¿Qué? No, Fay, le di eso a la bruja…"

"Si te vas de aquí conmigo…" Fay abrió los ojos un poco para mirarme, sonriendo aún. "Si te vas sin mí… existe la esperanza de que puedas regresar a tu mundo… ése era el trato… y nunca… me perdonaría si te quitara tu hogar…" gruñó y cerró los ojos mientras la sangre escapaba del patético intento de vendaje.

Lo abracé con más fuerza. "¡Fay, la razón por la que renuncié a mi hogar fue para encontrarte! ¡No habría renunciado a ello si no quisiera hacerlo! Yuuko me dio dos opciones. O no volver jamás a mi hogar o compartir el mismo destino que el chico y su princesa. Que perdieras todos tu recuerdos de mí… no podía elegir eso, Fay. Mi mundo no significa nada si no puedo volver allí junto a ti… juntos… no podría soportar que me olvidaras. Es egoísta… pero no podía elegir eso… Puedo construir un nuevo hogar contigo… un hogar que jamás perderé. Sí, echaré de menos mi mundo… pero no tanto como te echaría de menos a ti y a tu estupidez. ¿Me entiendes?" alcé la voz. "¡Te amo, idiota! ¡Y vamos a salir de aquí juntos! Y que Dios me ayude, porque si cierras los ojos y dejas de respirar, te seguiré y te patearé el culo en el más allá… como ya te prometí."

Los ojos de Fay se volvieron a abrir lentamente, brillando por las lágrimas que los inundaban. Le toqué la mejilla mientras mi mente se mantenía lejos del edificio que caía a nuestro alrededor. Me mostraba ajeno a cuanto me rodeaba… los únicos signos de que realmente estaba allí eran los pequeños trozos de yeso que pasaban junto a mí y el hecho de que mi ropa y mi pelo se movían cuando un pedazo caía y hacía vibrar el suelo debajo de mí.

"¿Sabes…? Si no conseguimos salir de aquí…" susurró Fay, alzando temblorosamente el brazo bueno para acariciarme el rostro con los dedos. "Es un honor morir en tus brazos… a tu lado…"

Dejé que las lágrimas que me inundaban los ojos cayeran sobre su rostro y las sequé cuando presioné mis labios contra los suyos por un momento. Cuando me separé, apoyé mi frente contra la suya, cerré los ojos y respondí: "Y es un honor… haber vivido al tuyo, Fay-chan…"

"¡Fay-san! ¡Kurogane-san!"

Alcé la vista al oír esa voz familiar, sin atreverme a creer a mis ojos o mis oídos cuando vi a Syaoran allí de pie, con unos cuantos rasguños. Abrí la boca para decirle que huyera cuando vi a la Princesa junto a él con Mokona en sus brazos; tenía una mancha de suciedad en la mejilla y Mokona estaba sorprendentemente sucia. Corrieron hacia nosotros mientras los trozos de edificio, cada vez más grandes, caían más rápido, y Syaoran apenas pudo esquivarlos.

"¿C-cómo habéis…?" exclamé, mirándolos como si fueran un espejismo.

"Masquerade me atacó," explicó Syaoran rápidamente, estremeciéndose cada vez que un trozo del edificio caía cerca de nosotros. "Pero vinieron Sakura y Mokona. Resulta que Masquerade no es tan poderosa como Yuuko. Mokona pertenece a Yuuko, así que cada vez que está cerca, ella se debilita." Se encogió de hombros. "No acabo de entender cómo funciona exactamente, pero no tenemos tiempo. Mokona," se volvió hacia el manju blanco. "¡Sácanos de aquí!"

"¡Guay!" exclamó Mokona, sorprendentemente contenta a pesar de la situación en la que estábamos. "¡Allá vamos!"

Las brillantes luces giraron a nuestro alrededor, actuando casi como un escudo, convirtiendo en polvo el yeso cuando éste tocaba la luz. Bajé la mirada hacia Fay, cuyos ojos estaban ahora cerrados y su respiración era superficial pero regular. Lo besé en la frente y lo atraje más hacia mí.

"Gracias, chico," mascullé lo suficiente alto como para que el chico me oyera. "Te debo una."

Syaoran sonrió tímidamente y se sonrojó ante el cumplido. Asintió y se giró hacia la princesa, sosteniéndole la mano con fuerza mientras ella intentaba curarle los rasguños. Ya no sentía esa punzada de celos cuando los veía actuando de modo afectuoso. Ahora yo mismo tenía eso… lo tenía en Fay D. Fluorite…

NdT: Llegados a este punto, me gustaría aclarar una duda que tengo, y para eso necesito vuestra ayuda. Bien, como algunos ya sabréis, esta historia tiene una secuela. Pedí permiso para traducirla también, y la autora me dio luz verde. El problema es que la secuela aún no está acabada, y Doodle hace meses que no la actualiza, así que la pregunta es ésta: ¿queréis que la empiece a traducir de todas formas, en cuanto acabe esta historia, o preferís que espere hasta que Doodle la haya acabado? A mí me da igual, tengo otros fics con los que entretenerme, así que aburrida no voy a estar, eso os lo aseguro. Sea cual sea vuestra respuesta, hacédmela saber y, en función de lo que digáis, escogeré qué hacer y os lo comunicaré en la NdT del siguiente capítulo.