Advertencias: Ninguna
Nota de autor: Segundo capítulo de la maratón Lost en celebración del final de esta fantástica serie! :) Disfrutarlo mucho!
Capítulo 10: Lo que nosotros llamamos casa
Los días siguientes al incidente fueron bastante difíciles para ambos. Su relación se enfrió considerablemente, retrocediendo hasta el punto de tener incluso menos interacción entre ellos que la que tenían la primera vez que se encontraron tras el intento de fuga de James.
De no ser porque seguían compartiendo casa y todo el mundo los había visto, nadie podría a haber adivinado que James Ford y Juliet Burke se conocían e incluso habían llegado a ser mejores amigos, ya que ni siquiera se miraban y mucho menos se dirigían la palabra. Él estaba dolido porque ella se marchaba y ella esta dolida porque él no la había apoyado en su decisión, malgastando con su enfado sus últimos días juntos.
Al atardecer, Miles y Jin acompañaron a Juliet hasta el embarcadero de la Iniciativa Dharma, ayudándola con el escaso equipaje que iba a llevar con ella. La despedida de la rubia fue bastante emotiva a la vez que tensa, ya que aunque los tres querían aparentar la mayor normalidad posible, ninguno podía obviar la falta de cierto sureño que no se había dignado ni siquiera a darle un triste adiós a su amiga.
—No dejéis que haga nada demasiado estúpido—bromeó ella, ocultando a la perfección la tristeza que se había apoderado de su cuerpo. Miles rió suavemente, aunque verdaderamente no sintiera ganas de hacerlo. De lo único que el asiático tenía ganas en ese momento era de patearle el trasero a LaFleur por ser tan estúpido y actuar de una manera tan infantil.
—Dalo por hecho, seremos sus niñeras en tu ausencia—ahora fue el turno de Juliet para reír sin ganas. Finalmente, ella agarró sus maletas y comenzó a andar hacia el submarino.
—Juliet—la llamó Jin—No le guardes rencor a Sawyer… por no venir—ella asintió suavemente con la cabeza.
Mientras tanto, no muy lejos de allí, cierto rubio se encontraba sentado en la arena de la playa, frente al mar, mirando fijamente como con el paso de los minutos el cielo comenzaba a tornarse de un color anaranjado. Esto era algo que a James siempre le había fascinado de la isla, esos atardeceres que eran capaces de arrebatarte el aliento con que los miraras una sola vez.
Cuando era pequeño también solía pasar horas y horas sentado en el porche de su casa observando el atardecer en soledad, solo que en ese entonces, utilizaba la tranquilidad que le brindaba ese momento del día para pensar en como se vengaría del auténtico Sawyer por el daño que le había hecho a su familia.
Estaba bastante seguro de que su lugar no era estar ahí sentado mientras que Juliet se marchaba de la isla, pero simplemente no podía aceptar que la rubia se convirtiera en una más de esas personas a las que había dejado entrar en su vida para que luego se largaran, dejándole solo de nuevo.
La primera había sido su madre, cuando aún era un niño. Muchos años después fue Cassidy la que logró colarse en su corazón, aunque en esa ocasión, James se encargó de echarla antes de que ella lo hiciera con él.
La siguiente en su vida había sido Kate. Pecas. Con ella verdaderamente había llegado a ilusionarse, a sentir que por fin había encontrado su lugar en el mundo. Pero finalmente, también se había ido, porque ella amaba a Jack y James sintió la necesidad de saltar del helicóptero para permitir que al menos ella pudiese ser feliz, aunque eso significara dejarla marchar con otro hombre.
Y finalmente, llegó Juliet. La zorra del corazón de hielo. James nunca imaginó que pudiese odiar tanto a una persona a los cinco segundos de conocerla, pero es que una descarga eléctrica no era precisamente el saludo y la presentación que él estaba esperando cuando la vio por primera vez. Pero se equivocó al juzgarla, ya que con el paso de los meses, Juliet se había encargado de demostrarle que a veces las apariencias engañan. Y mucho. Porque sin darse cuenta, la rubia se había colado en su corazón. Y James la quería, tal vez no de la misma manera a como a había querido a las demás mujeres de su vida, pero la quería. Y ella se estaba marchando.
— ¿Mal de amores?—una voz sobresaltó a Sawyer, que se giró bruscamente, encontrándose con un hombre rubio que estaba parado detrás de él.
— ¿Perdón?
—Tu mirada—el hombre rubio avanzó un poco más. Su rostro no le era conocido, pero Sawyer estaba demasiado ocupado con sus propios problemas como para pararse a averiguar de dónde había salido—Esa melancolía solo puede estar provocada por una mujer.
— ¿Ah, sí? ¿Y qué más te dice mi mirada?—replicó con tono sarcástico.
—Qué si no haces algo por evitar que ella se vaya lo vas a lamentar el resto de tus días—respondió, como si tuviera pleno conocimiento sobre lo que estaba diciendo.
Ambos hombres intercambiaron una mirada significativa. James le observaba con una mezcla de escepticismo, diversión y desconcierto por sus palabras, mientras que el hombre rubio simplemente mantenía una sonrisa misteriosa en su rostro.
—Vale, ¿quién coño eres?
—Eso no importa. Lo que importa es que aún estás a tiempo de impedirlo—respondió el hombre mientras que se marchaba por donde había venido. Para cuando Sawyer quiso darse la vuelta ya no había nadie en la playa. Simplemente se había esfumado.
—Qué diablos…—maldijo en voz baja mientras que se ponía en pie rápidamente, observando frenéticamente a su alrededor sin demasiado éxito.
Pero a pesar de lo extraño de la situación, las palabras del hombre se quedaron resonando en su cabeza con insistencia. A lo mejor él tenía razón. A lo mejor sí que se había equivocado al dejar marchar a Juliet. A lo mejor también era cierto que aún estaba a tiempo de evitarlo.
De lo único que Sawyer estaba seguro en ese momento, era que no iba a perder aún más tiempo del que ya había perdido. Tenía que luchar porque ella no se fuera, y si no lo conseguía, por lo menos podría estar orgulloso de haber hecho todo lo posible por intentarlo.
Sawyer echó a correr a toda velocidad en dirección al muelle. Tenía que llegar a tiempo. Tenía que impedir que Juliet se subiera a ese submarino, ahora lo veía claro.
El peso de la arena dificultaba la velocidad de sus pisadas, pero aún así, y haciendo un esfuerzo extra por correr, no disminuyó ni un poco el ritmo de su carrera.
Cuando a lo lejos pudo ver el cartel de bienvenida que la Iniciativa tenía instalado en el embarcadero corrió aún más deprisa, si es que eso era posible. El aire pasaba de manera errática por su nariz, sintiendo como le ardían los pulmones al respirar, mientras que su corazón latía frenéticamente debido al sobreesfuerzo. Y entonces la vio.
— ¡Juliet!
Ella ya estaba subiendo al submarino cuando el grito desgarrado interrumpió sus movimientos. Antes de girarse, la rubia ya sabía perfectamente quien la había llamado. Un nudo se le formó en la boca del estómago cuando se dio la vuelta y vio a James parado a unos cuantos metros de ella, sudoroso y respirando con dificultad.
Sus miradas se encontraron de nuevo, queriéndose decir tantas cosas pero sin encontrar las palabras exactas para hacerlo.
Sawyer comenzó a andar hacia ella, pasando por el lado de Miles y Jin, que observaban la escena en el más absoluto de los silencios.
Juliet imitó sus movimientos, y cuando por fin estaban a apenas unos centímetros de distancia, ella se tiró a sus brazos, abrazándole con toda la fuerza que pudo reunir en ese momento.
James la apretó contra su pecho, hundiendo la cabeza en el hueco de su cuello. Cualquiera diría que eso era una despedida más que suficiente, pero Sawyer tenía más que claro que no había venido solo a despedirse.
—No te vayas—su voz salió ronca y con cierta aspereza.
Juliet se alejó levemente, pero sin romper el contacto de sus cuerpos, solo lo suficiente como para poder mirar a su compañero a los ojos. Después de unos segundos bajó la mirada al suelo, mientras que su labio inferior comenzaba a temblar violentamente.
—Por favor, rubia—una lágrima solitaria cayó por la mejilla de Juliet. Sus sentimientos la traicionaban de nuevo—Por favor.
Ella logró rehacerse, conteniendo el líquido que amenazaba con seguir derramándose por su piel. Ella no iba a llorar. No otra vez.
— ¿Por qué?—murmuró con la voz temblorosa.
—No hay un porqué. Simplemente quédate—con el dedo índice le levantó la barbilla, forzando que sus miradas siguiesen en contacto—Quédate y olvídate de intentar cambiar las cosas que no puedes cambiar. Solo vive, vive y disfruta el presente. Y yo seguiré cubriendo tu espalda para asegurarme de levantarte cada vez que te caigas.
Ella asintió suavemente con la cabeza mientras que una sonrisa poco a poco se iba haciendo un hueco en su rostro, iluminando su mirada azul.
— ¿Seguirás tú cubriendo la mía?—fue la pregunta que Sawyer eligió para pedirle de nuevo que no se marchara en el dichoso submarino.
—Absolutamente.
Ambos volvieron a fundirse en un abrazo, bastante más corto y de menor intensidad que el primero, pero igualmente emotivo, ya que suponía la reconciliación definitiva de su amistad.
Miles y Jin, que se habían mantenido al margen durante toda la escena, chocaron sus manos antes de acercarse a la pareja, tosiendo intencionadamente. Ellos se separaron rápidamente, recuperando la serenidad y compostura, levemente avergonzados al percatarse de que los asiáticos habían observado todo el derroche de sentimientos que acaban de compartir de una manera bastante menos privada de lo que les habría gustado.
—Por un momento verdaderamente pensamos que ibas a ser tan estúpido como para dejarla marchar—regañó Miles golpeándole en el hombro con el puño.
— ¡Cierra el pico Bruce Lee!—gruñó malhumorado, devolviéndole el golpe. Pero entonces Sawyer recibió otro golpe por parte de Jin, mientras que Juliet observaba la escena con cara de incredulidad, negando suavemente con la cabeza— ¿Tú también Jin-Bo?
—Creo que es su manera de darte la enhorabuena, James—el tono usado por Juliet era exactamente el mismo que habría utilizado con un niño de cuatro o cinco años.
Ambos asiáticos rieron entre dientes mientras que el sureño se encargaba de lanzar un par de maldiciones al aire, golpeando de nuevo a Miles al tenerle más cerca.
Juliet les miró con cariño durante unos segundos, pensando en que tal vez se había equivocado al afirmar que no tenía nada por lo que quedarse, ya que al ver a los tres hombres frente a ella no podía evitar sentir una agradable sensación de calidez, algo que no había experimentado en casi tres largos años.
— ¿Sigues ahí rubia?—Sawyer le pasó un par de veces la mano frente a la cara, logrando sacarla de su ensimismamiento— ¿Nos vamos a casa?
Ella asintió un par de veces con la cabeza. Era perfectamente consciente de que no estaba volviendo a Miami, con Rachel y Julian, pero a pesar de eso, y por primera vez desde que estaba en la isla, verdaderamente se sentía como en casa. Su nueva casa y su nueva familia.
Continuará...
