Cap. 11: En camino

Lyra sintió el calor del sol y una suave brisa en el rostro. Estaba en medio de un plano camino de piedras, que se extendía más allá de lo que alcanzaba a ver. Habían campos con plantas a ambos lados. Y, por alguna extraña razón, a lo largo de toda la ruta había unos largos postes unidos con cuerdas negras. Lyra sintió un extraño olor en el aire, como a quemado, pero no pudo identificar de dónde venía.

Pero algo que llamó especialmente su atención fue un gigantesco cartel que había a un lado de la ruta.

¡El cereal es sólo para niños!

Estaba escrito en una letra legible, aunque la frase no tenía ningún sentido para ella. Lo que más extraño le pareció fue la imagen de un conejo blanco que estaba junto a la frase. Sin embargo, estaba parado como persona, y utilizaba ropa de humano. ¿Había sido enviada al mundo correcto? No veía a ningún humano cerca. ¿Y si Celestia había cometido un error?

Se alejó del letrero. Si había un camino, tenía que llegar a alguna parte, sólo debía seguirlo. Eligió la dirección que se alejaba del conejo y su cartel, y se puso a caminar.

Bajó la vista hacia sus pies, los cuales iban pisando una línea amarilla en el centro del camino. ¿Quién la habría pintado? Ojalá no un conejo gigante… Parecía ser tan larga como el mismo camino.

Hace sólo un momento estaba parada en el castillo de Canterlot. Ahora estaba… En algún lado. Los campos se parecían bastante a lo que había en Equestria, pero el camino, los extraños postes con las cuerdas – y el letrero del conejo – probaban que definitivamente estaba en otro mundo. Si era o no el correcto, estaba por verse.

Pasaron los minutos sin que sucediera nada. Entonces, hubo un ruido viniendo por detrás de ella. Se dio la vuelta y vio una especie de objeto que iba hacia ella. Se acercaba, cada vez más rápido. Lyra se quedó ahí parada, perpleja. La cosa pasó junto a ella, haciendo un sonido increíblemente fuerte como el de una trompeta, lo que la obligó a taparse los oídos. El olor a quemado se hizo más fuerte mientras pasaba.

¡Era uno de ellos!

¡Los carruajes de sus sueños! Como el que había intentado copiar con el carrito de Applejack. Y también había uno en la fotografía de sus padres. Los humanos los conducían, eran reales, y Lyra acababa de ver uno de verdad. Si bien había sido un poco aterrador, se sentía emocionada. ¡Podría haber un humano dentro de esa cosa! Lyra sonreía de oreja a oreja.

Iba en la misma dirección que ella, ahora era un pequeño punto en la distancia. Lyra se puso a un lado del camino. Si iban a venir más, no quería interferir en su camino. Sabía por experiencia propia lo difícil que era conducir uno de ésos.

Siguió caminando, y vio un cartel verde – que estaba al nivel de sus ojos, no era tan masivamente enorme como el del conejo – con unas pocas palabras en él. Se detuvo a leerlo.

DES MOINES 7 Km

¿Cómo se suponía que se pronunciaba eso? ¿Y qué era? Al menos el otro cartel estaba en el mismo idioma que el de Equestria, pero Lyra no tenía idea de qué significaba esto.

Mientras continuaba caminando, Lyra intentó pronunciar en voz alta "Des Moines". Pero no sonaba para nada bien. En fin, ya lo lograría.

Comenzó a divisar algo en la distancia. Un punto blanco, que comenzó a tomar la forma de una casa. No parecía muy diferente a las que había en Equestria. Cualquier edificio era una buena señal, alguien podría vivir ahí y darle algunas indicaciones.

A medida que se acercaba, vio uno de esos carruajes afuera de la casa – rojo, algo oxidado, y totalmente quieto. Lyra se acercó para investigar. No pasó nada, pero decidió mantener la distancia por si acaso.

Se alejó del camino y siguió por una senda de tierra que iba hacia la casa. Entones los vio.

Ponis. Aunque se veían algo distintos a los que conocía. Sus pieles eran de tonalidades grises y marrones, y cuando se acercó, Lyra notó que no tenían cutie marks. Además, sus caras eran algo alargadas. Pero de todas formas era bueno ver a alguien con quien poder hablar.

Lyra se puso junto a una cerca blanca que los separaba, y apoyó los brazos en ella. "Uh, perdonen. ¡Hola!, soy nueva aquí, estoy buscando humanos."

Los ponis no dijeron nada. Uno de ellos movió la cola.

"Saben cómo son los humanos, ¿verdad? Ellos se ven… bueno, como yo…" La voz de Lyra se apagó. Algo aquí estaba mal. "¿Hablan Equestriano?"

Sin respuesta.

"Disculpe, ésta es propiedad privada."

Al principio, Lyra creyó que la voz venía de uno de los ponis, lo cual era raro porque ninguno había abierto la boca. Se dio la vuelta y vio a un humano, quien la miraba fijamente. Tropezó hacia atrás, golpeó la cerca y apoyó las manos sobre ella para no caerse.

El humano era un hombre – estaba casi segura. Su pelo era corto, le llegaba un poco más arriba de las orejas. Usaba una camiseta blanca y unos pantalones azul oscuro, y llevaba unos zapatos cubiertos de barro.

A Lyra le costó trabajo poder hablar. "Oh, yo… ¿lo es? Yo sólo…" La boca se le secó de repente. "Yo, uh, estoy buscando algún lugar con humanos. Humanos como nosotros." Sonrió nerviosa.

El hombre la miró como si hubiese dicho algo extraño. Levantó un brazo y apuntó hacia la dirección en la que Lyra había estado caminando. "La ciudad más cercana es Des Moines. Unos pocos kilómetros caminando hacia allá." Lo había pronunciado como 'dai moin'.

Los ojos de Lyra estaban pegados en la mano de él, en la manera que apuntaba con su dedo. "Oh… ¡Gracias!"

"No sé hacia dónde va, pero tengo que pedirle que se vaya. Está asustando a los caballos." Dijo el humano.

"S-sí… Lo siento…" Lyra estaba en shock. Bajó la vista a sus pies, los cuales no recordaba cómo usar – sólo mueve un pie, ahora el otro… "¡Gracias de nuevo!"

Lyra se dio la vuelta y salió corriendo de vuelta al camino con los brazos cruzados. Cuando se encontró a una buena distancia bajó la velocidad.

A pesar de lo terriblemente mal que había salido esa primera conversación. Lyra no pudo evitarlo, y se echó a reír a todo pulmón.

Acababa de hablarle a un humano real. Ella misma era un humano, pero de todas formas era grandioso. Por imposible que parecía, los humanos estaban vivos, sanos y salvos, y aún habían muchos más por ahí.

Sin embargo, tenía que asegurarse. Levantó una mano y se dio un pequeño golpecito en la cabeza. Volvió a hacerlo un poco más fuerte, pero nada. No estaba soñando. En cierta forma esperaba despertar, darse cuenta de que se había quedado dormida de aburrimiento en la Gala, y que todo esto había sido un sueño. Pero seguía ahí, siendo humana.

Le tomaría tiempo acostumbrarse al hecho de que los humanos eran comunes en este mundo. Siempre habían parecido tan lejanos e imposibles. Pero aquí deberían de haber miles de ellos.

"Des Moines…" Dijo Lyra en voz alta, intentando pronunciarlo como el humano lo había hecho. Probablemente sería importante saber cómo decirlo.

La próxima vez que viese un humano, tendría que mantenerse calmada. Era sólo una fase más en su investigación – observación de cerca. Le tomaría un tiempo aprender cómo funcionaba este mundo, y tendría que poner en práctica todo lo que sabía si iba a vivir ahí el resto de su vida.

El resto de su vida… Éste era su hogar ahora. Miró alrededor, aunque el paisaje no había cambiado mucho. Parecía tan pacífico. No había nada de qué preocuparse. El mundo humano sería grandioso.

Aun así… algo le era muy extraño. Los ponis no le habían contestado. Aunque no se veían exactamente como ponis; tenían algunos rasgos faciales diferentes. Pero de todas formas se parecían mucho a los ponis con los que vivía…

Lyra movió la cabeza. No había que preocuparse por eso. Era una humana ahora. Ya no había razón para preocuparse por ponis.

Comenzó a sentir los pies adoloridos. Le impresionaba lo fácil que era caminar en dos piernas, pero aun así le era raro. La única vez antes que había hecho esto, había sido en sus sueños.

Intentado no pensar en el dolor de los pies, comenzó a examinar sus manos. Tocó los dedos de una mano con la otra, sintiendo la piel y la estructura ósea que había debajo. Estudió las curiosas líneas de sus palmas. Esto era algo que no tenía en las manos que se había hecho con magia.

Pero la mejor parte era que estas manos eran para siempre. Bon-Bon no podría decirle que se deshiciera de ellas, eran una parte integral de lo que eran los humanos.

"Y tú creías que no existíamos." Dijo en voz alta, sonriendo. "Si pudieras verme ahora, Bon-Bon…"

Se detuvo en seco. Porque repentinamente se dio cuenta de que no podría ver a Bon-Bon nunca más. Lyra probablemente nunca más hablaría con otro pony – los que había visto antes no contaban porque parecían no poder hablar. Recién ahora comenzaba a darse cuenta de lo mucho a lo que había renunciado para poder ser humana.

Pero no era tan malo, ¿verdad? Había deseado esto desde que era potranca. Era un mundo habitado por las criaturas de las que había leído por tanto tiempo – y había resultado que era su propia especie. Eso la hizo sonreír de nuevo.

Pasaron varios carruajes más durante las siguientes horas, y Lyra los miraba a todos con interés. ¿Cómo se movían si los humanos no podían hacer magia? Eran mucho más rápidos que los carruajes tirados por ponis. Uno de los que pasaron era enorme, con varios pares de ruedas y una especie de gran caja en la parte de atrás. Tenía algo escrito, pero había pasado demasiado rápido como para leerlo.

Estaba bastante segura de que no podían hacer magia, al menos. Lyra vio una botella de vidrio al otro lado del camino, y se concentró en ella. Intentó levantarla en el aire… Sin embargo, nada.

Lyra levantó la vista, y vio varios edificios que se levantaban en la distancia. Un grupo de casas muy juntas. Probablemente el pueblo que había estado buscando. Ésta era su meta, y verla le dio un estímulo de energía. Habría muchos otros humanos allí. Quizás incluso sus padres.

Caminar en dos piernas se había vuelto algo inconsciente. Estaba concentrada en los edificios. Pasó otro carruaje, haciendo que el pelo se le pusiera sobre la cara. Lo corrió con sus dedos – eran muy útiles. A medida que se acercaba a la ciudad, las estructuras comenzaban a tomar una verdadera forma.

Ya no estaba tan lejos.


Finalmente comenzó a adentrarse en la ciudad. Las casas de campo de la periferia formaban una especie de barrio de unas pocas pequeñas casas. Pero mientras caminaba, comenzaban a haber más cantidad de casas y de mayor tamaño, hasta que llegó a unas enormes torres. Aquel lugar debía ser el centro del mundo humano. O al menos del país en el que se encontraba.

Lyra se quedó mirando el más alto de los edificios. Debía tener por lo menos treinta pisos, y sobre él había una especie de pirámide. Estar tan cerca de aquella construcción le causaba escalofríos.

Había visto muchísimos edificios altos en Equestria. Pero éstos… Eran absolutamente impresionantes. Cuando los había visto de lejos había notado que eran altos, pero definitivamente eran más grandes que cualquier cosa en Manehattan, y incluso podrían haber sido más altos que el mismo Castillo de Canterlot.

Tal como la Princesa había dicho, estos humanos estaban mucho más avanzados que los humanos de Equestria.

Caminaba con la cabeza en alto, intentando ver todos los edificios que la rodeaban, y chocó con un humano.

Saltó sorprendida. "D-disculpe…" Tartamudeó Lyra.

"Fíjate por dónde vas." El hombre, quien llevaba un traje con corbata, continuó caminando apresurado en otra dirección.

Había cientos de ellos. Humanos por todas partes. Los había de muchos colores – pero como Lyra se lo esperaba, sólo variaban desde café oscuro a rosa claro (como ella). Había un poco más de variaciones en el color de pelo. Había mucho castaño y negro, pero también algunos rojos, amarillos y grises.

Lyra estaba consciente de su cabello verde. Nadie parecía darle demasiada importancia, pero algunos pocos la miraban curiosos. Quizás era un color bastante raro para los humanos. Al igual que Rainbow Dash, quien era la única poni que conocía que tenía la melena multicolor.

Era una de las muchas dudas que tenía. Esta ciudad era idéntica a la de sus sueños. No reconocía nada en específico, pero era extremadamente similar. Indudablemente, éste era el lugar de donde había venido. Era emocionante.

Apenas lo sentía real. Lyra estaba en medio de una ciudad humana, rodeada de ellos, y ella encajaba allí. Era una de ellos. Había sido criada por ponis, pero era humana de corazón.

Había tanta energía ahí. Ponyville era un pueblo tan tranquilo… La mayoría de los días, al menos. Pero aquí, un día común y corriente estaba lleno de vida. Humanos caminando en todas las direcciones, brillantes luces intermitentes como si fuese un festival…

¡Y pasaban carruajes por entremedio de los edificios! Al parecer, podían bajar la velocidad y ser controlados con precisión en estos pequeños caminos. Cualquiera que fuese la magia que usaban los humanos, tenían un excelente control sobre ella. Era la única explicación que tenía sentido.

Lyra miraba a los humanos que la rodeaban, pero ninguno de ellos parecía estar usando magia. Llevaban todo en sus manos. Pero claro que si pudiesen elegir entre llevar algo con su mente, o un peso sólido y físico en sus manos, la respuesta era bastante obvia. Seguía sin tener idea de cómo los humanos hacían funcionar sus carruajes y sus luces si no usaban magia.

Se quedó parada en una esquina, esperando para cruzar. Lyra decidió que lo mejor sería hacerlo en grupo. En estas intersecciones, habían una especie de luces, que tenían la imagen de personitas verdes y manos rojas. Luego de observar el comportamiento de los humanos, llegó a la conclusión de que la mano roja significaba quedarse quieto, y el hombrecito verde significaba cruzar. Sin embargo, lo mejor sería seguir a otros humanos por si acaso.

Uno de los carruajes paró, quedando en frente de la esquina. Había una especie de música viniendo de su interior. Bueno, más bien eran unos ritmos extraños que parecían hacer temblar el suelo. Lyra comenzó a cruzar y se giró para mirar, y vio a un humano sentado en el asiento delantero, tamborileando con los dedos al ritmo. ¿Pero de dónde venía la música?

Lyra continuó adentrándose más en la ciudad, y se sentía cada vez más perdida. La red de edificios y calles parecía un laberinto sin fin, y no estaba segura de hacia dónde iba. Sólo quería verlo todo.

Habían carteles y palabras por todas partes, aunque algunos no parecían tener mucho sentido. ¿Qué se suponía que significaba 'Ceda el paso' y 'Estacione aquí'? Y estaba bastante segura de que 'Quizno's' no era una palabra. O quizás lo era. Tal vez no sabía tanto del mundo humano como creía.

Un edificio muy grande con unas letras rojas parecía llamarse 'Marriott'. Aparentemente era un hotel. Eso le recordó que necesitaba un lugar donde quedarse. Pero no podía hacer eso sin tener dinero. Lo que fuese que los humanos usaran como moneda, no tenía nada. Además, aquel hotel parecía demasiado lujoso. Por lo que vio del lobby, supuso que las habitaciones probablemente serían más bonitas que una suite privada en el Castillo de Canterlot.

A lo lejos, vio una librería que mostraba algunos libros en la vidriera. Lyra se acercó a mirar. Eran distintos a los libros de Equestria. Las portadas eran llamativas, con muchos colores y fotografías, y eran apenas más gruesas que las páginas. Habían algunos libros de tapa dura, pero eran muy pocos.

Lyra entró para echar un vistazo, una campanita sonó al abrir la puerta. Habían algunas mesas con libros en el centro, y más atrás unas cuantas estanterías.

"Hola, ¿puedo ayudarte?" Un humano que estaba en el mostrador se acercó a ella – probablemente el dueño. Era un hombre con unos gruesos anteojos cuadrados.

"Estoy bien…" Dijo Lyra.

"Dime si necesitas algo."

"Gracias." Se dirigió a los estantes de la parte de atrás sin mirarlo.

Había intentado sonar lo más casual posible. Siendo poni hubiese actuado de la misma manera, pero esto era diferente. Era un humano. Una criatura que repentinamente había salido de un libro y que ahora le estaba hablando. Le sería difícil acostumbrarse.

La tienda estaba muy tranquila, y el olor a papel le recordó a su casa. Era bueno ver que los humanos valoraban los libros tanto como los ponis.

Lyra pasó los dedos por su pelo, disfrutando de la sensación mientras revisaba los libros. Unos cuantos estaban puestos mostrando la portada en vez del lomo. Algunos de los nombres de los autores estaban escritos más grandes que los títulos de los libros – Robert Jordan, Steven Erikson, Thomas Michelakos… Los humanos tenían nombres tan interesantes.

Sacó uno de los libros del estante. Se sentía pesado sobre sus manos, pero era una sensación agradable. Los humanos que aparecían en ese libro se parecían a los que había visto en sus propios libros, por el estilo de la ropa. Mirándolo más de cerca, se dio cuenta de que eran dibujos, no fotos. Las casas se parecían a las que había en Ponyville, pero en vez de ponis, habían humanos – vestidos con armaduras y llevando espadas y hachas.

Regresando el libro al estante, vio que había un pequeño cartelito arriba de todo. ¿Así que ésta era la sección de 'fantasía'? Pero… Esto era lo único que se veía parecido a lo que ya había visto de los humanos. Y de hecho, lo que había ahí afuera parecía más de fantasía.

Lyra dio un par de vueltas más por la librería. La mayoría de los libros eran historias ficticias. Aun así, todos eran acerca de humanos, así que todos le eran fascinantes. Sólo le habría gustado saber cómo funcionaban las cosas en el mundo humano. Se sentía perdida allí.

No podía permitirse sentirse abrumada. Lo primero que debía hacer era ganar algo de dinero. Luego se preocuparía de encontrar un lugar donde dormir y de conseguir algo para comer. Y de repente, Lyra comenzó a darse cuenta de que estaba bastante hambrienta – después de todo, había estado caminando por horas.

Salió de la tienda, y continuó caminando. La cantidad de humanos era asombrosa. En Ponyville, conocía a todos los ponis. Canterlot era un poco más grande. Pero aquí debían de haber cientos de humanos.

Los edificios daban paso a un gran parque verde. Era asombroso lo mucho que se parecía al parque de Ponyville. Había pasto, muchos árboles, un jardín bien mantenido… Habían humanos caminando por ahí, por lo que tendría audiencia. Parecía ser un parque importante.

Lyra se sentó en una banca, tal como lo hacía en casa. Sacó la lira de su bolso, colocó el estuche abierto a un lado, y comenzó a tocar.