Toushiro

Te encontraste entre dunas. Dunas que te rodeaban por doquier. Cada dirección era un camino ilimitado. Tu corazón actuó como una brújula sin norte. Sentías que debías buscar el camino, la senda correcta. Estabas helado. Hacía tanto frío que no podías moverte, no podías pensar, únicamente sentías esa angustia que presionaba por que te decidieses. Sólo una dirección entre infinitas posibilidades.

No había ninguna señal. Ni estrellas sobre tu cabeza, ni distinción entre un horizonte u otro. Solamente estaba el frío, las dunas y tú mismo, inmovilizado, solo y perdido.

Comenzaste a temblar espasmódicamente. Sentías como si fueses a desfallecer en cualquier momento. ¿Qué hacer? ¿A dónde ir?

Llamaste a todos los que querías. Imploraste su ayuda, pero nadie estaba ahí para ayudarte. De repente se formó una imagen en tu mente: Mayuri...

Una fina capa de hielo que envolvía tu cuerpo estalló en mil pedazos.

Mayuri.

Ya no te importaba el camino. Habías reaccionado. Ese hombre te había burlado y vencido. Tu orgullo se elevó junto con tu mirada. Ardiente y renovado te dispusiste a hacer lo que tenías que hacer...

-Venganza.

Aquella voz resonó por todo el desierto. Comenzaste a recobrar el sentido. Esto era un sueño, un sueño que ya habías tenido muchas veces.

No, esta vez era distinto.

Te dispusiste a dar el primer paso.

-¿Estas seguro?

La voz te interrumpió. Un majestuoso dragón de alas cristalinas y cuerpo y cabeza diamantinos descendió ante tu mirada. Su magnificencia y elegancia turbó tu mente durante un segundo.

-Tu camino no es la venganza, Toushiro. - Sus palabras calaban en tu mente como si tu mismo las dijeses. - Acepta la derrota. Mayuri ha sido más inteligente que tú; resígnate y aprende. Recuerda lo que te ha hecho porque ello te hará más fuerte y sabio.

Tu cerebro analizó punto por punto tu conversación con Mayuri. Cuando entraste en su despacho y cientos de diminutas bacterias se colaban por tus pulmones al respirar. Viste como al sentarte las bacterias reaccionaron a la aleación del material sobre el que te encontrabas.

Mayuri te tenía en sus garras.

Para cuando te habías levantado, no había parte de tu cuerpo que no se hallase repleta de microbios dañinos. Para cuando empezaste a andar, sólo hizo falta un gesto del capitán del 12º Escuadrón para que tomasen el control.

Volviste a oír entre el eco las palabras de su boca de acero:

-Lozz Kasiraghi. Él me da algo que quiero y yo le doy algo que quiere. El poder de ese Ryoka... pronto será mío. - De nuevo aquella risotada. Sin embargo, había algo más. Su mirada se desvió durante un milisegundo, Y viste el sobre, el sobre sobre su escritorio... - Yamamoto sólo quiere su katana legendaria. Eso me dará el espacio que necesito.

De pronto te encontraste en tu cuarto con Matsumoto y sus enormes pechos demasiado cerca de ti. Diste un respingo y ella estalló en carcajadas.

-¡Dios, Matsumoto! ¡No vuelvas a hacer eso!