Reconciliación… Y revelación de sus ojos.

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–…Al final, era yo quien iba a caer por el barranco. Sesshomaru no tenía por qué hacerlo, ni siquiera sé por qué lo hizo, yo no se lo pedí nunca. –le seguía explicando Inuyasha a la chica que le veía sorprendida con labios entreabiertos y ojos que denotaban su sorpresa por lo relatado.

–Esa es la historia, ya te conté lo que pasó… Ahora puedes juzgarme, Kagome… –terminó viéndola momentáneamente para bajar su mirada.

–Inuyasha… yo… No puedo creerlo. –la azabache hablaba apenas. –… Él te salvó, te rescató, eso no es malo Inuyasha, al contrario.

–Hump. Es lo que tú crees.

–No, de verdad, es algo impresionante. Yo no me lo esperaba del joven Sesshomaru, ni tú tampoco… Él se… preocupó por ti.

El ambarino al oír eso volteo cuestionando lo que había dicho. Eran las palabras que menos se esperaba.

La chica estaba sorprendida de veras, tan solo imaginar todo lo que había pasado, pero pensó un momento y ahora entendía varias cosas… Incluso el injustificado distanciamiento de ambos hermanos, y ahora no estaba segura de que fuera responsabilidad de solo uno, o más bien, de la personalidad de solo uno. Ahora comprendía el sentido en las palabras del joven hace rato en su habitación. También la extraña preocupación de Inuyasha por sus avances, claro, era porque sentía culpa… eso último sí no lo entendía.

–El joven se preocupó por ti al salvarte de caer. Pero yo no comprendo entonces por qué te sientes culpable.

–No esperaba que lo entendieras como yo…

–No hay nada que entender, lo que entiendo es que ustedes necesitan hablar, ¡eso es! –la pelinegra dispuesta, tomó el brazo de Inuyasha para empezar a caminar hacia dentro de la casa. –Ven, lo mejor que se me ocurre es que tu propio hermano arregle tu confusión.

–Kagome, no entiendo qué dices, no sé qué cosas pasen por tu cabeza pero no tengo buena espina.

– ¿Qué dices?, no digas tonterías. Piensa que pudiste estar enyesado o peor justo ahora.

–Feh, no me recuerdes nada de eso… –se quejaba el peliplata mientras era llevado por la pelinegra, sin darse cuenta. –además, ahora que recuerdo esa estúpida potra no sirvió de nada al final, ni siquiera pudo sobrevivir después de que se cayó en el barranco.

– ¿Mm?–le chica le miró de reojo, otra vez estaba hablando tonterías, ¿cómo podía pensar en la desdicha de esa pobre yegua?

–Entei, el caballo de Sesshomaru en cambio sí sobrevivió, muy grave, pero sobrevivió, no como esa tonta de Kanta…

–En serio Inuyasha, sólo estás diciendo cosas que ni vienen al caso, aunque de hecho sí es impresionante que ese caballo haya sobrevivido pero... –la chica sacudió esos pensamientos sin importancia –Lo importante ahora es que conversen tú y el joven.

– ¿Q–qué dijiste?, no me vengas con eso Kagome –Inuyasha notó que subían las escaleras que lo llevarían a… –¿O–Oye Kagome a dónde nos dirigimos? –preguntó con voz temblorosa al ver a que habitación se acercaban.

– ¿Pues a que más?, es obvio que nos dirigimos a hablar con el joven Sesshomaru. Es importante que…

–Oye Kagome… –el joven la detuvo abruptamente casi al frente de la puerta de la habitación, la hizo voltear a mirarlo, estaba muy equivocada si creía que… –¿Acaso estás loca…?

– ¿Eh? –la pelinegra se sorprendió de su pregunta, pero más porque… recordó las veces que su paciente le había hecho aquella pregunta: Aquella vez que él la había sorprendido causando que la bandeja del desayuno se volteara ¿Estás loca?, ya se había acostumbrado… Sonrió ante sus recuerdos.

–Creo que no había estado más cuerda. –dijo determinada y sin más tocó la puerta.

–¿Q–qué? Kagome…

–Adelan… –el peliplata no pudo terminar de conceder la entrada cuando su enfermera abrió la puerta y pasó.

–Joven Sesshomaru, debemos hablar… Es necesaria una conversación. –dijo firmemente sorprendiendo a su paciente.

El ambarino alzó leve una ceja, curioso por la acción de ella. La enfermera le miraba fijamente diciéndole aquello con mucho coraje.

–Te escucho. –le concedió. La chica acomodó una pequeña sonrisa a medio lado, supo que su amigo no había entrado detrás de ella.

–Bien, pero no es conmigo con quien va a hablar. Es con su hermano, deben hablar sobre el accidente, ya le he dicho algo, y esto es absolutamente necesario. –decía Kagome con una determinación que era nueva ante su paciente, pero ella no se percató de ello.

El peliplata se sorprendió de sus palabras, y más cuando en la puerta vio parado a Inuyasha, este se veía algo cabizbajo.

Sesshomaru…

Kagome volteó a ver a Inuyasha detrás de ella y luego miró a Sesshomaru con una pequeña sonrisa –Verá usted, he hablado con Inuyasha sobre lo que dijo de su accidente, y él ya me contó lo que pasó. Y por sobretodo ya sé qué es lo que hace falta para remediar todo lo que está pasando…

–Kagome… –llamó Inuyasha tratando de que se callara.

–No, Inuyasha. –se negó ella rotundamente. El hermano mayor observó con interior asombro a la azabache. –¡De ninguna manera puedo permitir que sigan como hasta ahora! Joven Sesshomaru, es el único que puede hacerle ver a Inuyasha que él no tiene la culpa de su accidente.

Ambos hermanos callaban, meditando lo que la pelinegra quería, tenía razón, el mayor de los hermanos pensó que después de eso, si todo salía bien, debía hablar con su enfermera.

–Además… –quiso añadir Kagome. –Debes saber que el joven dijo algo que yo no te había dicho… –acomodó una pequeña sonrisa viendo a Inuyasha. –Él me dijo que no se arrepentía de haberte salvado.

Inuyasha volvió a sorprenderse, y como con deseos de comprobarlo, miró a su hermano que le devolvió la mirada… Él había dicho eso, no lo había negado… Entonces supo que su amiga sí tenía razón, tal vez no era tan descabellada su idea de juntarlos.

La pelinegra salió de la habitación, una vez afuera sonrió internamente, lo sabía, él también quería arreglar las cosas, su paciente sí había accedido a hablar con su amigo, y, a pesar de que Inuyasha no lo demostrara él también lo deseaba, pero aunque pareciera difícil de creer, era tímido para eso, para enfrentar a su hermano con un tema como ese.

Pero para eso estaría ella. Algo orgullosa se alejó de la habitación. Estaba segura que todo saldría bien. No sabía por qué, pero la confianza que tenía en ellos… en él, en su paciente… Era extraña.

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–Es alguien impredecible… me ha sorprendido… –dijo Sesshomaru viendo hacia la puerta, se refería a Kagome, Inuyasha le miró…

–Suele ser así… –habló en voz baja –a mí también me sorprendió, y aunque ya la conozco lo menos esperaba era que… –dijo lo último con algo reproche…

–Se lo agradezco… –interrumpió el mayor viendo algún punto en la habitación delante de él, Inuyasha le miró… "Se lo agradecía" –…De no haber actuado así, probablemente yo no sabría nada sobre… que te sientes culpable Inuyasha.

–Yo…

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La pelinegra después de bajar las escaleras se dirigió a la cocina, y al encontrarse a la cocinera no dudó en ayudarle. Pero también se le apeteció hacer una merienda para los hermanos, así que inició su cometido.

–Cuanto entusiasmo niña Kagome. Sigue así…

La chica rió ante el comentario de la anciana, era cierto, pero que más podía hacer si realmente no era común tener que esos dos estuvieran en la misma habitación… y hablando.

¿Cómo irán?...–se preguntó pasados los minutos…

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– ¡Actué como un inmaduro! Debí esperarte y no debí tomar a Kanta. –le decía el menor a su hermano que le miraba pensando que tal vez sí había tenido razón en lo que le había dicho hace un momento a su hermano: Él debió tratar antes de hablarle a Inuyasha y así aclararle aquello antes que nada.

– ¿Como un inmaduro?… Esas palabras me recordaron a una persona… Mi madre... –pensó lo último suponiendo que Irazue había tenido alguna conversación con Inuyasha. –Pero no debes disculparte por eso, tú no tenías la culpa de estar tanto tiempo sin siquiera ver a un caballo, y más a esa pequeña yegua a quien cuidaste cuando nació. Te comprendo… Sabes que yo también tenía una debilidad.

Inuyasha sabía a qué se refería. –Pero en tu caso eso no era ninguna debilidad Sesshomaru, eres un prodigio en el fútbol desde siempre.

–No me sirvió de mucho. –respondió casi con enfado. –No fue lo más importante para mí cuando mi padre quiso ayudarme… Hay cosas mucho más importantes que eso Inuyasha…–le miró. –Y tú… Eres importante para mí.

Inuyasha quedó paralizado ante tales palabras de quien creía que lo despreciaba, a quien veía como un hombre incapaz de decir tales cosas como una palabra de afecto… en todo caso hacía él… Aunque aquella impasibilidad no desapareciera de su rostro, no podía dudar de aquellas palabras, que nunca podrían ser una broma viniendo de quien venía.

Tal vez cualquiera pensaría que eran palabras vacías, pero hubo algo que le hizo dudar de aquello. La inexpresiva mirada de Sesshomaru no mostraba la frialdad con las que algunas veces le había mirado. Y la seriedad del propio peliplata constataba lo que decía.

Sesshomaru lo notó, tal vez fue algo predecible que su hermano no creyera en sus palabras, nunca se las había dicho, ni con palabras, ni con hechos… Hasta ese día que su vida estuvo en peligro. Sin embargo él no lo había sabido detectar.

–Oye Sesshomaru no tienes que decir esas cosas… Digo… –escondió su mirada a un lado.

–No te preocupes Inuyasha, si no las repetiré…

El ambarino menor le vio levantarse de la cama, caminó hacia la ventana que había permanecido cubierta por la gruesa cortina.

–Sólo no me retractaré. –continuó mientras levantaba con su mano la cortina, dejando ver tras ella los cristales de la ventana. –No las olvides.

Se volteó a verlo directamente. –Así como tampoco me retracto de haberte rescatado aquel día, eres el menor y yo soy tu hermano mayor. Como tal actué y actuaré siempre… Aunque tú no lo veas. –se giró dándole la espalda.

–Sesshomaru… –procesó Inuyasha las palabras del ambarino.


–Entonces… Supongo que ya todo está bien entre ustedes… -decía la pelinegra con un pequeño brillo en sus ojos.

La enfermera había tocado la puerta y pasado a la habitación donde aún se encontraban ambos hermanos.

–Kagome, no vayas a seguir con eso… –habló típicamente Inuyasha, pero fue interrumpido, la azabache sabía bien que él siempre lo negaría.

–Creo que voy a tomar eso como un sí. –habló con su mirada hacia el techo.

–Kagome, al menos no me interrumpas quieres, después de todo esto es tu culpa.

–Inuyasha, controla tus palabras sí… –el segundo ambarino notó su naciente exasperación –Había traído una merienda saludable para los dos, pero ahora dudo mucho que te la dé a ti –le decía con mohín.

– ¡Oye pero si yo no…!

– ¡No es necesario!, sé que vas intentar disculparte.

–Tampoco he dicho eso. –Inuyasha miro a su hermano para decirle eso. El mayor acomodó sus facciones en una pequeña muestra de burla.

–Aay, ahora ambos se están burlando de mí… Ooy si no fuera porque soy su enfermera ya no le diera nada a ninguno… Pero ya es tarde para decir eso. –bufó con expresión de abatimiento para extenderle a ambos la merienda.

– ¿Qué es esto?, ¿café?

La chica alzo su mirada asesina al ambarino. ¿Era una broma?

– ¡Es café con leche desnatada y galletas bajas en calorías!, este no es un café normal, no lo compares. –le recriminó fuertemente con una vena dibujada en su cabeza, el ambarino la ignoró.

Había obligado a Inuyasha a que no se saliera de la habitación y comiera ahí. Sonrió al saber y percibir el ligero, pero importante, cambio de atmósfera en el ambiente, la relación de los hermanos. No era que ahora conversarían seguido, pero para empezar, ahora ambos intercambiaban miradas, e Inuyasha no podía ocultar lo a gusto que se sentía con su hermano mayor.

¿Qué se abrían dicho?... Sintió la curiosidad.

Volteó a ver a su paciente. Ese momento cambió entonces. Permaneció admirándolo solo a él mientras éste aún no se percataba de ello. Pero pensó que la emoción en su pecho ahora estaría más justificada. Estaba agradecida y satisfecha, contenta por lo que consiguió en el día con su paciente y su amigo. Ahora no podía verle como alguien indiferente e insensible, ahora de hecho pensaba que nunca lo había llegado a ver realmente como insensible.

Ahora quería decírselo, expresarle aquello que seguramente él no se había dado cuenta que ella descubrió. Era un buen hermano.

La pelinegra sumergida en pensamientos no se dio de cuenta que unos grandes y curiosos ojos dorados la miraban con atención. Para el dueño no pasaba desapercibido lo particular de la mirada de aquellos achocolatados… y lo que aquellos guardaban…


En otro lado del país… Cuidad Hiroshima

Yaken ya estará por llegar a Tokio. Eso es bueno… –pensaba la hermosa ex esposa de Taisho mientras cepillaba con sus manos su larga y perfecta cabellera plateada que estaba suelta.

Ya se iría a la cama, pero antes se tomaría un relajante té que la ayudaría a descansar y dormir. Después del incidente en casa de Taisho hace días no la había pasado muy bien en su trabajo, incluso su asistente le dijo que estaba algo estresada.

Se levantó alejándose del espejo de su peinadora, su pijama, de blusa y pantalón sofisticados, era cubierta por la bata de seda apenas puesta, salió de su habitación.

– ¿Señora Irazue desea que le prepare algo?

–Abi, yo solo he salido por mi té. –le dijo volteando a verla, la joven de abundantes cabellos negros, era su mano derecha en la empresa, y en parte, su compañera, atractiva sin duda pero de un malhumorado y huraño carácter, probablemente por eso le caía bien.

–Señora Irazue, tal vez no le va a gustar nada lo que le voy a decir pero tiene visita.

– ¿Visita? ¿A esta hora? –se detuvo ante sus palabras, eran pasadas las 8:30.

–Sí, le sorprenderá saber… que se trata nada más y nada menos que de su ex esposo, el Señor Taisho.

– ¿Qué? –frunció levemente el ceño preguntándose qué haría ahí ese hombre.

– ¿Diré que no lo dejen pasar, verdad? –supuso la chica que con el teléfono en la mano se disponía a dar la orden al vigilante.

La peliplata solo lo pensó unos momentos, obviamente no era tan rara la hora de esa visita, considerando lo ocupado que era su ex esposo. Sin embargo, ¿para qué estaría en su casa?, la última vez ella se había comportado vergonzosamente a su propia parecer… pensó la posibilidad de que quizás le reclame o cuestione. No.

–Espera Abi. Mejor déjalo entrar. –ordenó deteniéndola.

– ¿Pero a qué se debe eso? Pensé que…

–No sé qué pretende él viniendo aquí… Pero si llega a comportarse impertinente, me daré el lujo de correrlo. –expresó adentrándose en la cocina.

–Ya entiendo… En seguida vuelvo.

Irazue dejando el té en la sala entró en su habitación, se observó en el espejo, estaba en ropas de dormir, no era lo más adecuado pero ya no podía cambiarse. No imaginó la visita de Taisho, era inesperada, así que como tal lo atendería.

Apretó el cinturón de su bata ahora no tan holgada. Tomó la parte central de su flequillo con un gancho a lo alto de su cabeza, como siempre solía usarlo; dejando el resto de su cabello suelto se admiró por última vez antes de salir.

No tengo por qué preocuparme por eso…–después de todo ese hombre no tenía el derecho de venir a verla cuando quisiera y sin avisar, para qué se arreglaría ella… –Aunque sigo pensando que éste no es mi mejor color… –se quejó casi infantilmente tomando con sus dedos la tela colgante de su manga.

Elegantemente se adentró a la sala donde el empresario ya estaba, sin prestarle demasiada atención le miró de lado mientras rodeaba los muebles, él se puso de pie. –Buenas noches.

–Buenas noches, Irazue. –saludó igual, pero no tan seco como ella.

–Supongo que por la hora serás breve. –tomó asiento alejada del hombre.

Taisho sonrió internamente ante la franqueza de la ambarina –Así es.

Ante la confirmación del hombre, la peliplata satisfecha cerró sus ojos, que no le habían visto fijamente hasta ahora. Más luego de unos momentos de solo silencio los abrió para ver con cuestionamiento al peliplata, ¿Acaso no le había dicho que iba a ser breve?, se encontró con su mirada puesta fijamente en ella.

Taisho no pudo evitar admirar por unos momentos a la mujer, recostada en el mueble con piernas cruzadas, el pantalón de algodón al igual que la bata en tonalidad de un pálido verde oliva le sentaban bien. Pero eso no tenía que sorprenderlo, Irazue era una reconocida diseñadora de moda, tanto como dentro y fuera de Japón, como también en Europa por sus diseños y su particular belleza, dueña de un estilo único que le había atraído en el momento que la conoció, algo que no era común en él.

Desde siempre había procurado usar solo lo mejor, lo que la hacía una de las mejores vestidas siempre, y aunque no parecía orgullosa de su ropa informal, aun así ahora se veía hermosa. Su cabello suelto, tanto tiempo sin verlo en toda su magnificencia.

– ¿Taisho, no dijiste acaso que serias breve? –le recordó delicadamente (Nótese el sarcasmo)

–Veo que me tienes rencor. –le dijo volteando al frente. –Nuestra última conversación me dejó inquietado.

La peliplata no demostró emoción en su rostro pero no le gustó nada el tema aunque ya se lo esperaba –Sé directo, dime lo que me quieres decir. Supuse que querrías hablar de eso, me imaginé que podrías cuestionármelo… Pero al final tú no harías eso. –dijo lo último apartando su mirada a un lado. Algo desanimada y apagada, Taisho reconocía bien esos gestos en ella, sólo los mostraba con él y con Sesshomaru.

–Eso es verdad, es bueno saber que aún me conoces.

La ambarina decidió ignorar sus palabras, era mejor –Eso no tiene importancia, Taisho, pero no te confundas, a mí ya no me afectan tus palabras. Por eso… –calló apartando su mirada.

Taisho la miró unos momentos… –Ya lo sé… –afirmó, y la manera en que lo hizo le hizo saber a Irazue que tal vez ese hombre no se creía del todo sus palabras. –Escucha Irazue, quiero que vayas a ver a nuestro hijo Sesshomaru.

La mujer creyó no escuchar bien, volteó a verlo cuando él se levantó del mueble y caminó serenamente para estar a unos dos pasos frente a ella, la peliplata lo miró hacia arriba fijamente con interna intriga, ¿se debía a un cambio de parecer repentino? Ella también se puso de pie.

–Me gustaría hablar contigo sobre este tema y otras cosas… –le decía tranquilamente. –también, es que no puedo ir a ver a Sesshomaru muy pronto… Pero para eso me gustaría que cenáramos.

Irazue hizo muda su pregunta, permaneció viéndole fijamente, tal vez encontrando la razón o la mentira en sus palabras, ¿una invitación?… –¿Una cena?

–Sí. –apartó su mirada –No es muy adecuado que te haga una visita a estas horas de la noche. Por eso creo que es mejor así, antes de que vayas a Tokio por supuesto. –volvió a verla solo para enfocarse nuevamente en sus intensos ojos dorados.

–Sobre eso… –ella bajó su mirada como pensándolo, dudando de esa propuesta, subió su mirada a su izquierda para ver al final del pasillo a su asistente en el interior de la cocina, ésta le veía interrogante, entrecerró levemente por unos instantes sus ojos para después observar a Taisho. –Está bien…

El peliplata tuvo la tentación de sonreír… Ella continuó –Pero solo que no sea en tu casa, Taisho. –pidió (u ordenó) la ambarina con decisión.

El hombre asintió –De acuerdo. –dio un paso hacia atrás girando a medias su cuerpo –Entonces supongo que reservaré en aquel restaurante. ¿El viernes?

La mujer volvió a meditarlo, esta vez unió sus manos a la altura de su estómago, donde su cintura empezaba a mostrarse envuelta por la estreches del cinturón –Supongo, me iré el sábado a Tokio… Y por cierto, no es necesario que me busques, solo dime la dirección y…

Taisho no dijo nada, en ese momento hubo un pequeño silencio entre ambos que sólo se miraban, el hombre negó con la mirada a la petición, la mujer no se intimidaría por su insistente mirada, pero aun así aceptó que ese hombre había ganado, pasaría por ella, como si aún fueran algo… El hombre mostró una pequeña sonrisa ante la ya pactada futura reunión, habló –Bien, es hora de irme.

La mujer miró la puerta y después volteó a llamar con la mirada a la pelinegra curiosa que enseguida salió de la cocina y se dirigió a la puerta. Ya no habiendo nada más que decir o hacer solo fijó su mirada en su ex esposo.

Curioso, cualquiera diría que había incomodidad en ellos… Taisho se volteó hacia ella y le indicó con la mirada hacia el sofá donde había estado sentado, la mujer bajó su vista a la dirección indicada pero no había nada, solo el mueble vacío, volvió a fruncir la mirada y le miró nuevamente, esta vez él estaba avanzando hacia ella. –Irazue le avisaré la hora a tu asistente… –la peliplata notó la cercanía que tomaba pero no hizo ningún movimiento.

Taisho se acercó a ella e inesperadamente, le dio un beso en la mejilla, un roce de duración más larga de lo que debería.

–Adiós. –se despidió, y sin inmutarse se dio la vuelta para alejarse, inclinar su cabeza antes de salir hacia la pelinegra que igualmente le reverenció, y cerró la puerta una vez hubo salido el empresario, que imperceptible a ellas, sonreía.

Irazue pestañeó un par de veces, había abierto más sus ámbares ojos, estuvo segura de que Taisho pudo notar su asombro cuando le había visto por última vez a los ojos, y ni siquiera podía asegurar que más había visto en sus amarillos ojos.

– ¿Qué… es lo que pretende? –pregunto casi para ella, se llevó una mano a la misma mejilla que había rosado el hombre. ¿Acaso quería que ella deseara su contacto?

–Creo que mejor vaya a descansar, debe meditarlo usted. –le dijo su acompañante –Yo me iré a dormir. Con permiso.

Irazue decidió hacerle caso, algo inquietada se encaminó atravesando la sala.


Kagome se bajó del auto, ya no estaba en casa Taisho, había regresado ya a su departamento por fin, un poco más temprano pero eso no era tan malo, descansaría y estaría con Rin.

Algo distraída subió los escalones y abrió la puerta… Gracias a Kami que no había sido interceptada por sus cachorros… Detuvo sus pasos y suspiró, miró a varios lados y unió sus manos… esa era una muestra de cómo estaba: Preocupada… angustiada. Algo desorientada. ¿Era para menos?

Inuyasha lo notó… Inuyasha se dio de cuenta que algo… Está pasando conmigo… –pensó el motivo de su estado…

Se lo había dicho, su amigo antes de que ella se fuera de la casa le había detenido para preguntarle aquello…

Flash-back

–Kagome, quiero preguntarte algo…

La azabache se detuvo en la puerta y se giró levemente ante la solicitud del peliplata.

– ¿Sí, Inuyasha?

–No quiero involucrarme en tus asuntos… Es algo que supuse hace un rato cuando te vi pero…

– ¿Es algo malo, Inuyasha...? –preguntó lo que le parecía, el joven hacia largas pausas al hablar.

–No lo sé… –otra pausa... –Kagome, ¿sientes algo por Sesshomaru?

La chica abrió más los ojos ante la pregunta. Su corazón se aceleró al oírla, y de quien la oía. –Pero qué…

–Qué… ¿qué te hace pensar eso?... –preguntó con voz temblorosa… –No esperaba que me preguntaras una cosa como esa. –apuñó su mano.

–Yo tampoco pero… Puedes decírmelo, fue por tu mirada allá arriba…

–Yo… –sus ojos temblaron mientras comenzaban a humedecerse. –No he… yo he tratado de que no sea así…


Continuará…


Corrección del capítulo 11 UP!

-Dulcechiiel