Capitulo 11. La Mansión de los Harrington.
Dos años después…
- Esta reunión es secreta y nadie puede divulgar lo que hablemos aquí, quien lo haga será castigado y considerado traidor al Ministerio y al mundo mágico. – Dijo el Ministro de Magia. – A ver Tannings, ¿qué has encontrado de nuevo?
- Hemos estado haciendo estudios y análisis los últimos cuatro años, desde el inicio de las muertes por beso de la serpiente. No hay una causa física demostrable, pero por casualidad hemos encontrado pequeños sucesos extraños en el pasillo prohibido, justo donde se encuentra el Velo.
- ¿El velo? – El Ministro Arthur Weasley tapó su boca sin entender, fingiendo que pensaba un poco. – Explícanos a todos nosotros.
- El beso de la serpiente no existe, es una energía oscura proveniente del Inframundo, descompone la carne y la pudre, quita la vida de los seres vivos. Es imposible de detectar y en su estado natural debería permanecer allí, detrás del velo. – Dijo Tannings tragando saliva.
- Pero un improvisto ha ocurrido. – Dijo el otro mago a su lado con un gesto nervioso. – El portal ha sido abierto, hay un puente de comunicación ilegal entre el mundo de los vivos y los muertos. No es algo accidental, es algo dirigido y con un propósito. La muerte se ha esparcido en nuestro mundo así como algo de vida ha pasado al inframundo.
- ¿Vida? – Bullstrode se levantó de su asiento. – Es imposible que algo en el inframundo logre vivir. No existe el tiempo, ni el espacio.
- Lo sabemos, era imposible. Hasta ahora. – Dijo Tannings. – Alguien ha logrado vencer las puertas entre la vida y la muerte. Alguien suponemos que desde un plano psíquico, ha hecho todo este mal y causado todas estas muertes. Uno de nosotros, un humano, probablemente mago, ha usado su poderosa mente desde el inframundo y ha logrado el intercambio de energía entre vivos y muertos. Esto ha causado un desequilibrio, la materia se está destruyendo y una especie de tormenta se acerca. No es una tormenta temporal, se acerca una explosión de fuego y ceniza, se espera que dentro de algunos años el mundo tal como lo conocemos haya desaparecido.
- ¿Porqué? – Preguntó el ministro. - ¿Qué va a ocurrir? Díganlo.
- El beso de la serpiente es energía oscura del inframundo la cual algún mago tenebroso utiliza para controlar quienes serán sus victimas. Esa energía que el inframundo ha perdido, necesita ser compensada. Por ello se avecina un suceso que destruirá la frontera entre nuestro mundo y el mundo detrás del velo. Seremos una sola dimensión, y eso no es algo que deba alegrarnos. En el inframundo no hay tiempo, no hay vida y tampoco hay espacio. Creemos que si las energías oscuras y las energías de la luz buscaran un nuevo punto de equilibrio, nosotros estamos en el medio… seríamos exterminados. Incluyendo a quien ocasionó esto y cualquier otro ser viviente, plantas, muggles, animales, magos y todo lo que nos rodea.
- ¿Qué quedaría entonces luego de la gran explosión? – Preguntó otro mago que estaba a cinco puestos de Bullstrode.
- Nada. No quedaría nada, no existiría el tiempo, no habrían fantasmas, ni vivos, ni siquiera quedarían evidencias de que alguna vez nuestro mundo o el mundo de los muertos existió. No habría nada, ni cuerpo, ni espíritu, ni vida, ni muerte. – Dijo Tannings. – Desde el inframundo se han comunicado repetidamente con nosotros este último año. Es extraño que algo así suceda, pero los murmullos tras el velo son cada vez más claros.
- No sabía que quienes están tras el velo pudieran comunicarse con nosotros ¿Cuál ha sido el mensaje? – Preguntó Artur Weasley con asombro.
- Sobre un forastero de mala sangre, que ha hecho cosas imposibles. La única salvación está entre nosotros, porque en el inframundo al no haber tiempo, las cosas ya han sucedido y un solo instante es toda la existencia de la humanidad. Mencionaron algo sobre Sirceadeo y el último heredero de la Oscuridad.
- ¿Sirceadeo? – Arthur Weasley no podía creerlo. – Sirceadeo es el Rey del Inframundo según cuentan las leyendas. No se que creer sobre vuestra fantástica historia.
- Es cierto. – Dijo una bruja alta y de cabello rizado. – Lo que ellos dicen es cierto. Esos susurros hablaron conmigo hace una semana.
- ¿Qué podemos hacer nosotros?
- Nosotros no podemos hacer nada. Se habla de Sirceadeo, su último heredero es nuestra salvación.
Florence miraba a Edward con frialdad, este se mostraba un poco incomodo. Todos se levantaron de sus asientos para abandonar la sala.
Un gran respiro y la vida pronto habían sido creada. Un Ser supremo hizo el tiempo y el espacio, otorgando dos poderes a sus dos primeras creaciones: resguardar la vida y resguardar la muerte. Galia encarnó como la primera mujer humana vulnerable pero a la vez fuerte, le fue otorgada la vida y su resguardo. Sería la madre de todos los que poblarían la Tierra. Sus ojos eran verdes y sus cabellos rojos como el fuego, con una sola mirada podía mover océanos y con sus manos podía crear maravillas. Sirceadeo fue creado para resguardar la muerte, cuando los hijos de Galia muriesen serían recibidos en su mundo, donde no habrían cuerpos sino solo almas: el inframundo. Sirceadeo tenía cabellos negros y sus ojos eran grises pálidos y con una sola mirada podía causar una explosión llena de fuego y ceniza. Nunca había visto a Galia pero había oído a sus hijos al llegar al inframundo hablar maravillas de ella.
Tanta era su curiosidad que decidió ir al mundo de los vivos a conocer a Galia. Encarnó en un hombre y al verla se enamoró de inmediato, sus ojos grises no podían apartarse de ella. Galia tampoco pudo resistirse a Sirceadeo, y unidos en el tiempo engendraron a un hijo. Al unir su alma en una sola, ocasionaron una gran catástrofe, nacieron gemelos, el bien y el mal habían sido creados. Galia murió y Sirceadeo volvió al inframundo con ella, pero prometió que algún día mandaría a su hijo a enmendar los males que él había causado al venir al mundo de la luz. Galia advirtió que llegado el momento su heredero también vendría a recibir al hijo de Sirceadeo y juntos reinarían como uno solo al culminar el desequilibrio entre ambos mundos causado por el bien y el mal. Los descendientes de Sirceadeo fueron vampiros, magos poderosos y hombres lobos. Los hijos de Galia habían sido hombres sin magia, magos sabios, unicornios y centauros. Los magos oscuros y de la luz se mezclaron, y las demás criaturas fueron por su lado. Pero solo un linaje pudo resguardar la sangre que alguna vez Sirceadeo tuvo y cuando llegue el momento y el mal lleve ventaja sobre el bien, allí aparecerá su descendiente y heredero para evitar otra gran catástrofe.
Los magos se unieron a algunos vampiros y también a algunos hombres lobos. Se cree que todos los seres humanos tienen en su sangre un poco de cada criatura ya que alguna vez tuvieron antepasados vampiros, magos y hombres lobos. Los hombres sin magia se multiplicaron por su parte y muy pronto olvidaron a los magos y la existencia de las demás criaturas.
La Navidad para los alumnos de quinto año había sido un tanto diferente, casi todos fueron a casa, la gente estaba paranoica por las medidas de seguridad inútiles, la gente seguía muriendo y sufriendo de locura. En Norte América había varias epidemias y muchas criaturas monstruosas atacaban fácilmente en Sur América. Aquella Navidad para Maynard fue algo diferente también. Se despertó en su habitación la mañana de Navidad, había soñado con la chica más hermosa que conocía: Martha Macinsale. Le gustaba mucho. Se levantó de su cama para comprobar que estaba nevando, se quitó su pijama para vestirse y encontró un sobre el escritorio al de su cama, junto a una nota que decía:
"Espero que me puedas acompañar. Florence".
Era una nota de Florence, Maynard fue a su baño y se lavó la cara y los dientes, pronto cumpliría 15 años y observaba como había crecido, era el más alto de los Gryffindor luego de Rowen. Con mucha paciencia para convencer a su padre, había logrado adquirir un estandarte de Gryffindor que colgaba de su puerta y con mucho asombro se dio cuenta que durante estos últimos años había crecido una cierta resistencia y rivalidad con los Slytherin (a pesar de que su familia eran Slytherin). A nadie le importaba que fuera hijo del Profesor Snape. Al terminar de lavarse la cara se miró al espejo del baño, dándose cuenta del par de ojos grises fríos que lo miraban y el cabello largo que caía por su cara, negro azabache y algo grasoso como el de su padre.
Al leer la carta contenida dentro del sobre en su escritorio, se dio cuenta que era una invitación a una fiesta. ¿Qué clase de persona podría organizar una fiesta en aquel momento de tensión en la sociedad?
"Para: La Familia Snape
De: Kyle Harrington
La Familia Harrington tiene el agrado de invitarle a su trigésima sexta edición de su reunión Navideña. Donde las familias más exclusivas nos reuniremos a pasar un rato ameno y respirar un poco de nuestra difícil situación actual.
La cita es en la Mansión Harrington, via #56 en las afueras de Londres. Este Sábado 25 de Diciembre.
Kyle Harrington"
- ¡No puede ser! Tio Kyle y sus reuniones navideñas. – Dijo Maynard a si mismo. Se dirigió al comedor donde su madre estaba revisando una serie de cartas y pergaminos, su padre no estaba en casa en ese momento.
- Buenos días Maynard Elias. – Dijo Florence sonriéndole con sus anteojos para leer. – Tu desayuno está en la cocina. Huevos revueltos, jugo de calabaza, queso de hipogrifo y pan dulce de elfo. Tus favoritos.
- Gracias, mamá. – Dijo Maynard dirigiéndose a la cocina, luego de buscar su plato de comida se sentó en la mesa al lado de su madre.
- Maynard, se que te parecerá mañoso de mi parte, pero creo que deberías cortarte el cabello. – Dijo Florence quitándose los anteojos, Maynard agradecía que su madre no estuviera transformada en su alter ego Marie "Pechugas" L'Obiello (así le decían sus compañeros de Gryffindor). – Tu cabello está demasiado largo y se ve grasoso, además tu cabello siempre cubre tu frente y ojos.
- Siempre me dices lo mismo. – Dijo Maynard resoplando. – Esperaba dejar crecerlo para que fuera como el de papá. Algún día la gente me confundirá con él.
- No lo creo, no heredaste su nariz. – Florence estalló en risas y Maynard también. La puerta se abrió y Severus Snape acababa de llegar en su capa de viaje negra. Su esposa e hijo menor lo saludaron.
- Me enteré de buena fuente de tu descabellada idea de ir a la fiesta de los Harrington. Yo no iré a ese circo de payasos. – Dijo Snape decidido. Su mujer lo miró desafiante.
- Tengo casi dos años que no veo a mi familia, sería preciso visitarlos. – Dijo Florence exponiendo sus motivos. – Además fuimos invitados, sería descortés no asistir. La invitación decía Familia Snape.
- Toda la alta sociedad que quiso mandarme a Azkaban por ser un peligro para la comunidad mágica estará alla y tu padre también. – Dijo Snape. – Además será una fiesta pomposa de gente rica.
- No será la primera vez que vaya a algo así. – Dijo Florence recordando las aburridas fiestas de su infancia en casa de sus padres.
La puerta se volvió a abrir y Eileen llegó a la casa, ante la mirada escéptica de sus padres. Estaba algo ebria, llevaba su varita en mano echando chispas y reía contundentemente.
- Hola mamá, Hola Papá. Que excelente llegar a este basurero una vez más. – Dijo Eileen tambaleándose y sujetándose a las paredes. – La magia no resuelve tus problemas, pero un buen polvo si. Oh por Dios, nunca había pasado una noche tan fantástica.
Maynard ya tenía 15 años y a sus padres no les importaba que el chico presenciara tales escenas, descubrieron para su alivio que Maynard no estaba interesado en los temas que apasionaban a Eileen (sexo desenfrenado). Severus se quedó en su lugar y Florence avanzó hasta ella para ayudarla a caminar.
- Está ebria de nuevo. – Dijo Florence, pero Severus Snape la sujetó bruscamente y con un encantamiento la empujó hacía las escaleras. Eileen se detuvo sujetándose del pasamano y volteó a ver a su familia.
- Es genial, tener a dos hombres en la cama contigo. – Dijo Eileen hipando mientras terminaba de contar su noche. - De un lado Darren con su dulzura besándome y del otro lado Manley con su poder sometiéndome. Ambos tratándome como a la mujer más afortunada, ambos para mí.
- Bien, es suficiente por hoy. – Dijo Snape apuntándole con la varita, un rayo rojo la hizo desmayar y subió flotando hasta su habitación.
- Bien, ya sabemos demasiado. – Dijo Florence. – Si Darren ya conoce a Manley y comparten muchas cosas, me imagino que deben llevársela bien.
- ¿Por qué la vida me ha castigado con una hija así? – Snape se dio media vuelta para irse a su despacho. Florence miró a Maynard
- Hijo, come algo. Estás con cara de asco. – Dijo Su madre mientras Maynard apartaba el plato.
- Eileen hablando con aliento a alcohol narrando sus aventuras sexuales, me ha quitado el hambre. – Dijo Maynard levantándose de la mesa. – Está bien, iré a la reunión familiar.
Nadie sabe como, pero Severus al final decidió acompañar a su esposa a aquella reunión aristocrática. Florence había adoptado la apariencia rubia de Marie L'Obiello, Maynard llevaba una túnica de gala gris y su madre había cortado su cabello. Eileen también quiso ir, luego de que en la tarde se levantara sin recordar lo sucedido en su borrachera. Allí iba la familia Snape, rumbo a la mansión de los Harrington, una familia imperfecta como cualquier otra. Donald estaba detrás de esta reunión, pero al haberse retirado había dejado a Kyle al cargo de todas sus finanzas y como defensor del honor familiar.
Al llegar a la mansión, Florence guardó su varita y comprobó que todo estuviera en orden, Severus se había puesto su túnica de gala negra y Eileen lucía hermosa con sus 22 años, pero su mentalidad aun de adolescente parrandera sin responsabilidades. Maynard había escuchado que los Macinsale estarían allí y se había arreglado pensando que quizás podría ver a Martha.
Lo primero que vieron al entrar al Salón fue al hijo de Kyle, Robert hablando con Harry Potter quién llevaba una elegante túnica escarlata y su esposa Ginny un vestido turquesa, quizás Rowen y Harriet también vendrían. El salón amplio de mármol blanco, tenía una inmensa fuente en el medio. En otro rincón estaba Kyle Harrington, junto a Ralph y Tim, que sostenían sus copas de vino de elfo, rodeado de colegas de la alta sociedad y aun lado Hamilton Macinsale conversaba en un sillón junto a Donald Harrington. Allí estaban tres generaciones distintas de los Harrington. Los invitados seguían llegando. Y Florence se dirigió a saludar a su padre.
- ¡Marie! – Dijo Donald alzando la voz, reconociendo que era su hija detrás de esa apariencia rubia. – Cada día estás más hermosa niña. Y más joven.
- Buenas noches Señor Harrington, Señor Macinsale. – Dijo Florence con una sonrisa fingida, mientras Maynard detrás de ella comenzaba a bostezar. Hamilton se disculpó y fue buscar más ponche.
- Florence, hija mía. No has aprendido a fingir una buena sonrisa ni siquiera con esa apariencia falsa. – Dijo Donald gruñendo pero dejando a su paso una sonrisa. - ¿Dónde está el semivampiro que tienes por marido?
- Un placer verle esta noche. – Dijo Snape estrechando su mano y deseándole la muerte a aquel anciano con la mirada.
- Snape, Snape, cambias de mujer pero tu… jamás- Donald paseó su mirada por los dos hijos del matrimonio. – Vaya, tanto tiempo sin saber de ustedes, mis nietos favoritos. Maynard y Eileen, vengan a darle un abrazo al abuelo Donald. Sus primas Rita y Kathy preguntaban por ustedes.
Maynard y Eileen abrazaron brevemente a su abuelo y este les dio un galeón en cada mano. Snape tomó del hombro a Florence.
- Han crecido bastante. Eileen, debes estar trabajando, ¿no? – Dijo Donald mientras su nieta asentía.
- Soy la encargada de atender una pequeña tienda de libros. Papá me ayudó a conseguir trabajo. – Dijo Eileen sin mucho entusiasmo
- ¿Eso es todo lo que le ofreces a tu hija Snape? Y tu Maynard, estás en quinto año de Hogwarts, ¿Tan rápido? un verdadero Gryffindor. Ustedes son todos unos Harrington ejemplares.
- Si, ehm… eso parece. – Dijo Maynard sin saber que agregar. Pero su padre Severus le palpitaba la vena de la sien.
- Mis hijos están lejos de ser unos Harrington echones e inutiles, llevan mi apellido. – Dijo Severus con el orgullo herido. – Ellos son Snape.
- Que lamentable, se que no estabas orgulloso de tu difunto Padre. Pero es el pasado. – Dijo insolentemente el viejo Donald y Florence sintió como Severus sujetó su varita tensamente.
- Voy a saludar a mis hermanos. – Dijo Florence tomando del brazo a su marido. Maynard se dio cuenta que su hermana se perdió a hablar con unos chicos guapos de bastante dinero. Los había conocido en el colegio. Pasados pocos minutos, miró a Martha que estaba al lado de sus padres sonriendo, estaba hermosa con un vestido negro y su cabello lacio. Lo llamó con una seña y Maynard la saludó.
- Hola Macinsale, veo que has decidido venir a pasar un rato ameno. Es agradable conseguirte por estos lugares. – Dijo Maynard, mientras Martha lo abrazó y besó en la mejilla, dejando frío al chico que no se acostumbraba a los gestos afectivos que no fueran de su madre.
- Estoy peleada con Dan. – Dijo Martha sin importarle mucho. – Quise venir a entretenerme un rato. Esto es como un respiro a toda esta locura. Por cierto Feliz Navidad.
- Oh si, Feliz Navidad. – Dijo Maynard.
- Si hubiera muerdago te besaría. Eres un buen chico. – Dijo Martha de nuevo dándole un abrazo. – Tienes peinado nuevo, te cortaste el cabello. Te ves tan sensual e interesante.
- ¿Bromeas? Mi hermana dice que me veo más cabezón. – Dijo Maynard mientras Martha reía diciendo que se veía "divino". La verdad a Maynard le incomodaba un poco tantos halagos juntos.
Momentáneamente todos voltearon para observar como una hermosa chica entraba al salón. Maynard la miró y le pareció la chica más hermosa que jamás hubiese visto, llevaba un vestido color melón, al atravesar el salón daba pasos cortos y por fin volteó buscando algo, desde lejos en su cara sus dos ojos verdes brillaban y su cabello rizado rojo era sedoso y bien arreglado, la cara ovalada de aquella chica le daba un aspecto dulce.
- Nunca la había visto aquí. Debe tener nuestra edad. – Dijo Martha celosa percatándose de la chica que acababa de entrar.
- Quizás, debe ser extranjera o nueva en este lugar. – Dijo Maynard sin quitarle los ojos de encima.
- Es un poco rellena y… por no decir gorda - Dijo Martha. Pero a Maynard no le pareció eso. A los pocos instantes reconoció a un chico a lado de aquella hermosa pelirroja, un chico de poco agrado para él: Rowen Potter.
- Vaya, es amiguita de Potter. Seguro desistió en seguir acosando a Daeva Malfoy y ahora se ha conseguido esa novia. – Dijo Martha con sorna, pero ella no entendía lo que pasaba por la mente de Maynard quién avanzó hasta ellos dispuesto a satisfacer su curiosidad sobre la chica misteriosa. El salón era muy largo, a medida que se acercaba al otro extremo la podía detallar más. Su rostro le pareció conocido y cuando estaba a 10 metros de alcanzarla se dio cuenta que él conocía muy bien a aquella chica.
- ¿Harriet? – Maynard se quedó atónito. No la había reconocido, ya que jamás en su vida había visto que Harriet se arreglara para ninguna ocasión. Pero sintió que lo dijo muy duro, porque los hermanos Potter que hablaban voltearon a verlo.
Allí estaba el joven Snape, en medio del salón avergonzado, frente a un chica que había detestado por algún tiempo, ahora se daba cuenta que habían pasado dos años. No se le ocurrió más que alzar el brazo y saludar.
Rowen le hizo una seña en forma de saludo y Harriet dio una sonrisa poco sincera, estaba un poco extrañada por haberse encontrado con el chico Snape.
- ¿Qué hace este aquí? – Preguntó Rowen extrañado. Maynard se había volteado y desaparecido.
- Es nieto de Donald Harrington. Recuerda que su difunta madre era hija de Donald. – Dijo Harriet recordando. – Florence Harrington.
- Tenía cara de idiota. – Dijo Rowen. – Con ese corte se ve cabezón.
- ¿Todavía le haces la vida imposible? – Preguntó Harriet.
- No tanto. Estamos en tregua. – Dijo Rowen. – Tuvimos una tregua una noche que me sorprendió teniendo sueños con Daeva y se burló cruelmente de mi. Me chantajeó con decirle a Daeva y yo le amenacé con decirle a Martha lo que él habla con Charlie, Ted y Sean.
- ¿Qué habla Snape con los Gryffindor? – Harriet estaba extrañada y curiosa.
- Ehm… ya sabes, cosas de hombres. – Dijo Rowen algo apenado. – No querrás saber.
- Quiero saber. – Insistió su hermana para obtener una respuesta.
- Dicen quienes son las chicas más hermosas y de mejor cuerpo de Hogwarts, confiesan sus fantasías con ellas. También nos burlamos de las chicas feas. PERO… hay una simple regla al comienzo, nadie, NADIE habla de mi hermana.
- Grandioso, ustedes son unos cerdos. – Dijo Harriet. - ¿Quiénes son las chicas feas?
- Bueno, muchas Slytherin. – Dijo Rowen. – Sobre todo Cassandra Nott y Hanna Patrick.
- Cassie no es fea. Tiene un corazón grande y muy valioso, es una gran persona en comparación con la despreciable, anorexica, quisquillosa, dramática y engreída Martha Macinsale, que por cierto es un costal de huesos. – Dijo Harriet algo acalorada.
- Hermanita, no te enojes. – Dijo Rowen. – Por cierto Martha Macinsale está mirándote. Creo que estás muy hermosa hoy, nunca había visto a Maynard Snape babeando por alguien que no fuera Martha.
Harriet volteó para observar como Martha ocasionalmente volteaba a verla con recelo, parece que aun no estaba convencida de que era ella misma.
- No seas tonto. Maynard no babeaba cuando me vio. – Dijo Harriet. – Gracias por el cumplido. – Harriet besó dulcemente a su hermano en la mejilla. Rowen miró a todos lados.
- ¡Harriet! No hagas eso, ¿qué dirán de mi si me ven tratando afectuosamente a mi hermana? – Preguntó Rowen. – Será una raya para mi.
Kyle Harrington se paró al lado del árbol de Navidad y pidió la atención de todos, la musica se detuvo y todos se acercaron. En aquella concurrida reunión todos estaban metidos en sus asuntos, hablando, comiendo y bebiendo hasta que Kyle comenzó a hablar.
- Es un orgullo tener esta bella noche nevada para pasar un rato ameno. Es de incalculable valor tenerlos aquí reunidos. Recordando a mi difunta hermana Florence, le hubiera gustado estar aquí. Propongo un brindis por los que se han ido y otro brindis por nosotros, que aun estamos aquí para seguir luchando las fuerzas misteriosas del mal. ¡Salud!
Todos alzaron sus copas y Kyle volvió a tomar la palabra. La gente miraba ansiosa.
- Es bastante agradable ver como los años pasan y nuestros hijos son nuestro relevo. Mi hijo Robert, pronto tomará el mando de nuestra empresa. Así como veo cada uno de ustedes, con unos hijos ejemplares y de notable mención. Mis sobrinos menores, Maynard y Eileen, cada vez con más responsabilidades luego de la muerte de su madre. ¡Salud! También, miren a los Macinsale, tienen a Daeva y a Martha como ejemplo de bellas señoritas que nos cautivan. Los Longbottom, con su inteligente hijo Clifford, un ejemplo a seguir. Y como podría olvidar a los Potter, grandes amigos de mi Padre Donald desde hace décadas, miren como los gemelos Potter llaman nuestra atención: Rowen por sus chistes tan apropiados y Harriet, que niña tan hermosa y dulce con tan hermosos ojos, igual de hermosa que su madre y abuela. Todos ustedes y mucho más aun…
Todos comenzaron a murmurar cuando en ese momento la puerta se abrió a la fuerza, un mago había entrado enmascarado. Severus Snape se dio cuenta que Florence ya no estaba a su lado. Harriet miró a su hermano y a sus padres sin saber que ocurría, y Kyle detuvo su discurso por un momento.
- ¿Qué significa esto? – Preguntó Kyle, cuando el mago enmascarado dejó su rostro al descubierto, sus ojos eran grises y su cabello rubio. Era alto y vestía elegantemente una túnica: Manley Malfoy hacía una entrada triunfal.
- Buenas noches, Harrington. No era mi intención interrumpirte, se me hizo algo tarde. – Dijo Manley Malfoy con una sonrisa. – Se que no estaba invitado, pero no pude evitar perderme esta gran fiesta y presentarme. Sigue, Kyle, sigue tu discurso.
- ¿Malfoy? – Donald avanzó con su bastón hasta Malfoy. - ¿Qué haces aquí?
- Usted debe ser Donald Harrington, orgulloso padre de una de las mortífagas más temidas en su tiempo y de una traidora de la Orden Tenebrosa. He venido por un solo motivo, admirar mi creación, "Beso de la Serpiente" e imaginar que si todos ustedes aquí presentes mueren en este instante, terminar de conquistar al mundo y tenerlo a mis pies, será pan comido. Pero eso será un placer que me reserve hasta el final.
Momentáneamente Manley observó detenidamente a los hermanos Potter y luego pasó su mirada hasta Maynard. Entre la multitud de invitados, Eileen avanzó hasta Manley y este la vio, quedó sorprendido y la miró fijamente por 30 segundos, ellos no tenía necesidad de hablar para comunicarse, habían encontrado otras maneras de hacerlo. "¿Qué haces aquí mi preciosa florecilla?" Preguntó Manley sin mover sus labios y Eileen parpadeó, contestándole de la misma manera telepáticamente "Vine a acompañar a mi familia. ¿Qué se supone que harás?", Manley dejó de mirarla y le respondió: Yo hago las preguntas aquí.
- Bien, ¿No es esta una hermosa noche para celebrar? Para mi si, quiero que sepan que detrás de cada muerte misteriosa estoy yo y mis seguidores. La Orden Tenebrosa no está acabada, está más viva que nunca y tarde o temprano cada uno de ustedes, caerá, así como mi cobarde padre, Draco, cayó. – Dijo Manley. – No puedo morir como un simple mortal y ustedes no pueden detener el fin aunque lograran asesinarme.
Todos miraban con cierto temor, rumoreando entre ellos. Aquella noche algunos miembros de la Orden del Fénix estaban allí también. Ron, Hermione, Ginny y Harry sacaron sus varitas, apuntando a Manley en el corazón.
- Que adorable, los Potter y los Weasley desafiando mi poder. – Dijo Manley – Bien, así como vine en paz, en más me iré. Eileen ven conmigo, mi dulzura.
Eileen fue al lado de Manley y este la llevó del brazo. Harry y compañía se sentían algo confundidos, pero los dejaron ir. Florence quién había presenciado todo, corrió tras ellos sin importarle más nada. En ese momento temía por su hija y todos asustados se preguntaban que había sido aquello. En el bosque cercano de la mansión, tras la laguna una discusión se llevaba a cabo.
- ¿Por qué tenías que venir? – Preguntó Malfoy. – Arruinaste el plan que llevaba planificando tantos meses.
- Manley, es mi familia. Estás loco. – Dijo Eileen llorando. – No puedes venir a asesinarlos.
- Si que puedo, lo único que me impidió hacerlo fuiste tu. O morían todos o no pasaba nada y tú estabas allí. – Dijo Manley sujetando a Eileen fuertemente de su brazo.
- Déjame ir, tengo miedo de ti. – Dijo Eileen. - ¿Porqué eres así?
- Siempre he sido así, sin corazón. Sin sentir dolor. – Manley abofeteó a Eileen. – Ahora vienes tu, mi debilidad por ti. Debatiéndome si debería matarte o violarte. ¿Qué sería más excitante para ti?
- Déjala ir, Manley. – Dijo Florence apareciendo detrás de ellos apuntando con su varita, no le había importado revelarse con su apariencia normal, de cabellos negros y ojos peligrosamente fijos en su objetivo. El fuego salía de los ojos.
- Tenemos compañía. – Dijo Manley lanzando a Eileen al suelo.
- Mamá, déjanos solos. – Dijo Eileen llorando.
- ¿Tu madre? – Manley parecía estar completamente emocionado. – Qué hermoso placer. Tú estás muerta, Florence Harrington ha muerto.
- Si, soy un fantasma quizás. – Dijo Florence. – He esperado el momento para hacerte pasar al mundo de los muertos. – Dijo Florence. Pero Maynard no parecía estar sorprendido.
- ¿Quieres ver como un fantasma muere? Mira como de repente se va deteniendo tu respiración. – Dijo Manley mientras reía, Florence sintió como un frío la invadía, y su respiración se hacía dificultosa, dejó caer su varita.
Maynard dentro del salón, sintió un vuelco al corazón, observaba como la gente se había calmado pero el seguía inquieto. La fiesta había acabado y todos se disponían a volver temerosos a sus casas. Su padre buscaba a su madre, hasta que Maynard cerró sus ojos uy vio a su madre agonizando, vio exactamente donde estaba, aquel era un extraño presentimiento.
- ¡Severus! Mamá está en problemas. – Dijo Maynard casi gritando.
- ¿Cómo lo sabes? – Severus lo miró seriamente y con la ayuda de la Legeremencia supo lo que su hijo había sentido. Un extraño presentimiento.
- Lo vi todo.
Severus Snape y Maynard, se aparecieron en el bosque y encontraron a Manley torturando a Florence. Maynard tomó su varita pero su padre lo hizo retroceder de un empujón, avanzando sin temor.
- ¡Sectusempra! – Dijo Snape sin importarle evocar las antiguas artes oscuras. Manley cayó de rodillas, se reía y la sangre brotaba de su rostro. Florence se levantó algo débil. Manley se levantó inmediatamente y volteó hacía Snape dispuesto a matarlo. Pero detuvo su mirada en Maynard.
- ¡Tu! – Dijo Manley con heridas abiertas bajando su varita. No sentía ningún dolor ninguno. – ¡Eres tu! Lo sabía. Puedo matarte chico, pero me serás útil más adelante. Qué linda familia que son.
- ¡Crucio! – Florence conjuró la maldición imperdonable, mientras que un halo de fuego rodeaba a Manley, al tiempo que se retorcía a carcajadas.
- No es el fin, no es el fin… No puedo sentir dolor. Volveré por tus hijos, Snape. – Dijo Manley quemándose vivo. Eileen gritaba asustada y la gente de la mansión corrió a ver lo sucedido.
- ¡Maldito Bastardo! – Dijo Florence respirando agitada. El fuego se consumió inmediatamente y el cuerpo incinerado de Malfoy quedó boca arriba con una sonrisa.
- ¡Mamá! Lo mataste. – Eileen empujó a su madre llorando con mucho dolor. Florence enfurecida le dio tres bofetadas a su hija para hacerla reaccionar.
- No te atrevas a reclamar haber asesinado a un hombre que intentó matar a tu madre. – Dijo Florence. Mientras Eileen gritaba alterada. Maynard tenía un mal sabor en la boca y vio que su madre volvía a su rubia apariencia, ya que las personas curiosas se acercaban y pronto comenzaron a llegar. Los aurores se llevaron el cuerpo de Manley y las personas no paraban de hablar entre ellos. Aquella Navidad había resultado muy diferente a las demás.
- Maynard, ¿estás bien? – Martha abrazaba a Maynard. Mientras este mirada perdida a sus padres que parecían guardar con el, el macabro secreto de aquella noche.
El profeta cubrió el Asesinato de Manley Malfoy con mucho detalle. A pesar de ello, oficialmente el incidente había sido reportado como un accidente, Florence supo como resguardar lo que había hecho, después de todo trabajaba en el departamento de Misterios. Las cosas en el mundo no se calmaron, las muertes misteriosas seguían y la comunidad mágica desechó a Manley como el causante de todas aquellas muertes y tragedia, pero en la mente de Florence corrían las palabras dichas por Manley. "No puedo morir como un simple mortal y ustedes no pueden detener el fin aunque lograran asesinarme."
Florence se mataba la cabeza por averiguar el significado de las palabras de Manley, sabía que las cosas empeorarían. Eileen dejó la casa y no le quiso hablar más a su madre por el incidente ocurrido. Las cosas no iban nada bien, y no iban a mejorar en un buen rato.
Fin del Capitulo
Lia Du Black: Con Snape, se me hace imposible dejar el humor a un lado. Aunque luego de una buena dosis de humor, siempre algo oscuro sigue, como este capítulo. El quinto año será una gran locura. Si, esa charla de "Las novias de mi padre" ha sido memorable. Por ahora Martha es muy caprichosa en cuanto a chicos se refiere, pero con respecto a Maynard las cosas tomarán un rumbo muy particular. Harriet le queda mucho por transformar (para bien o para mal), y con estos dos años ha aprendido a estar más segura, pero ella está convencida que no es bonita, así que ya veremos que sucede. Florence tiene ahora muchas cosas que investigar, pero estoy segura que aun queda mucho por luchar y que la acción apenas está comenzando. Un saludo muy cordial para ti querida Lia.
