DISCLAIMER: Ni Bleach ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Tite-Baka-Troll-sama Kubo, menos el fic, que fue creado por esta cabeza que pronto necesitará terapia XD.
Peleando por la vida.
Capitulo 10: Nuevos Aliados.
—Buenas tardes, Hinamori —saludó, asomando sus ojos bajo el enorme sombrero, con su siempre sonrisa tranquila y pinta extraña por no llevar haori o el simple traje que lo catalogaban.
Allí estaba, ante la sorpresa de todos…
—Entonces, ¿ustedes también?
Hinamori dejó la taza de té en la mesa. A su lado se encontraban Rukia y Tatsuki, serias, la primera con la taza entre sus manos y la última recargándose en sus brazos para atrás. Frente a ellas, la anterior teniente del octavo escuadrón asintió, teniendo en sus brazos a una de las razones de su huida.
—Ryosuke y Daisuke nacieron hace unas semanas. La mujer que vive aquí junto nos ayudó, no teníamos mucha idea de qué hacer —respondió, mirando con ternura al recién nacido entre sus brazos.
—Parece que a todos se nos ocurrió meter la pata —se burló Tatsuki—. Todos estamos en el mismo problema.
—Ise-san —llamó Rukia, dudando de hacer la pregunta con las manos sobre su vientre—. ¿Desde cuando usted y el capitán…? —La mujer comprendió la duda, volvió a mirar al bebé para pensar un poco.
—Ya no lo recuerdo muy bien. Tiempo —respondió, poniéndose de pie y caminando a una de las habitaciones para dejar al niño con su hermano.
—¿Mellizos? —preguntó Momo.
—Gemelos —le corrigió Nanao.
—Debió de ser duro —razonó la Arisawa, volviendo a sentarse hacia el frente, molesta por su poca movilidad.
—Fue sorpresa, ya que desde que estamos aquí no tuve ninguna manera de saber qué sería, o si sería más de uno.
Hubo un momento de silencio entre las embarazadas, donde llenaron sus expresiones de temor. No lo habían razonado ni un poco, ni las probabilidades de que sea solo uno ni tampoco que pudiese haber alguna enfermedad. Las tres eran novatas a la hora de embarazos, pero tenían en cuenta de las malas probabilidades.
Suspiraron a la vez, eliminando de alguna forma la frustración pero no las preocupaciones. Solo quedaba esperar al día…
—Arisawa-san, ¿cuánto tiempo tienes? —Nanao les interrumpió los pensamientos. La mencionada volvió a recostarse con pesadez hacia atrás.
—En dos semanas llego a fecha.
—Ya no falta tanto…
La morena asintió. La realidad era que todo aquello le resultaba un dolor de cabeza, ¿en qué pensaba su hormonada cabeza cuando decidió enamorarse de Renji? Claro, no solo estaba hormonada, no lo decidió y ya le era algo tarde dar marcha atrás.
—Entras en agosto —dijo Rukia, contando con los dedos los días. Quien llevaba el embarazo más adelantado le dio la razón a regañadientes—. ¿Dónde fueron Ichigo y los demás? Llevan horas fuera —se quejó.
—A verificar que no halla shinigamis dando vueltas.
—¿Vigilan aquí también? —exclamó la pregunta Hinamori, con sorpresa.
—No tanto como en otros distritos, pero sí. Y en nuestro caso lo mejor es estar precavidos. —Nanao sujetó su taza para beber, tantas preguntas que respondió le hicieron sentir seca la boca.
Habían ido a parar al distrito 78, donde la pobreza era notoria al igual que los robos, la humildad y las pocas revisiones de los shinigamis. Las casas estaban deterioradas, hechas a chapa y madera, elevadas a mano como sus dueños pudieron hacerlo. Aquel era uno de los peores distritos sin duda.
La casa donde ellos se encontraban ahora era amplia junto a muchas otras, tres habitaciones pequeñitas, una cocina al fondo con una puerta que daba a un jardín (pequeño también), una sala comedor y el baño, nada mucho más destacable. Ellas se encontraban en la sala, sentadas alrededor de la mesa.
—Puede sonar extraño… —susurró Momo, aún así llamando la atención de todas—. Pero no dejo de preguntarme cómo estarán todos tras los muros. —Se notó angustiada al pensar en la Sociedad de Almas, pero no podía evitar extrañar a los amigos hechos en aquel lugar.
..
Soun entró a la oficina del treceavo escuadrón, cabizbaja se tiró directamente en el sofá, frente a Kiyone, que se notaba con las mejillas algo coloreadas por su repentina aparición.
—Señorita Soun —La muchacha más joven entonces le prestó atención, llamándole la atención el que se encontrara sola. ¿Y el moreno que siempre estaba con ella compitiendo y peleando? ¿Su nombre? ¿Sentaro? Es maestra de primaria, a la vez es preceptora ^^U ¡Y de mi escuela! La tengo vigilandome todo el día...
—Kotetsu-san —le llamó la atención, dudosa—. ¿Dónde está su compañero? ¿Era Kotsubaki su nombre? —La rubia asintió.
—Sí. Él se encuentra enfermo en este momento.
—¿Enfermo? —preguntó con sorpresa, entonces la miró ciertamente alarmada—. ¿Y el capitán Ukitake? ¿En el cuarto escuadrón otra vez? —Un nuevo asentimiento, esta vez un nubarrón las cubrió a ambas.
Por un momento había olvidado a qué había ido, ya que siempre lo hacía hasta por naturaleza. Pero tenía la razón allí escondida ese día, seguramente el capitán le había mencionado su cita y lo olvidó por alguna razón.
—Sí… —tardó en responder su acompañante—. Estaba con sus análisis de la semana.
Era eso. —Espero que esa enfermedad pueda curarse, odiaría que él muriera por algo tan idiota —bufó antes de agregar—. Lo mismo va para la capitana Unohana.
Se puso en pie, dirigiéndose a la puerta para marcharse, pues al llegar allí lo que buscaba era hablar con Ukitake. Se volteó una vez giró el picaporte y empujó.
—Dejen de jugar a que soy el viejo que llega y los pilla. Sé que Kotsubaki está escondido en el armario —Cruzó y cerró, sonriendo burlona ante las caras que allí dentro debió haber dejado.
..
—¡Suéltala, maldito pervertido! —gritó Karin histérica al novio de su hermana.
Y es que la Kurosaki era más sobreprotectora con su hermana que con cualquier otra persona y, aunque fuesen gemelas y se tuvieran la mayor confianza, no podía tener esa confianza justo con él. Definitivamente tendría una larga charla con ella respecto a comenzar a elegir mejor, quizá hasta le haga comprarse anteojos.
—Ya, Karin-chan… —bufó la castaña—. No puedes ponerte así cada vez que nos veas besarnos —advirtió apenada, notando cómo su hermana corría de un lado a otro con una escoba a su novio.
—¡Es verdad! —dio la razón Jinta, aún corriendo de los escobazos—. ¡Para de una vez, Karin! ¡Actúas como sino la fuera a cuidar nunca! —recriminó, saltando a la mesa de la cocina y volviendo al suelo cuando la morena le siguió el paso.
—¡Cuidar es una cosa muy distinta a tocar! —gruñó ella, aún intentando dar golpes al muchacho que no se rendía. Los pasos llegaron donde ellos sin ser escuchados y, tocando el hombro de Yuzu al pasar por su lado, el recién llegado detuvo a Karin por los mismos.
—Ya basta —objetó Chad, quitando la escoba de las manos femeninas.
—¿Chad?, ¿qué haces aquí? —Karin se vio sorprendida.
— Urahara me mandó a llamar, además creí sentir el reiatsu de Ichigo.
—Estás en lo cierto —dijo Ururu, silenciosa, sentada junto a Yuzu en la mesa que antes el pelirrojo y la morena pasaron por encima.
—¿Y qué fue lo que ocurrió? —El muchacho de gran tamaño bajó la mirada a la morena que aún mantenía en frente, pasando a referirse sobre el porqué de la pelea.
—¡Este pervertido se estaba pasando con mi hermana! —acusó, arrugando el cejo y señalando a Jinta. El chico cruzó sus brazos, altanero.
—Ya, Karin, como si tú y Sado no hicieran lo mismo —intentó burlarse.
Muy gran error. Recibió la mirada de terror de parte de Yuzu, una de completa pena por parte de Ururu, una gota de sudor reclamó el estado del Yasutora al saber lo que llegaba y, totalmente ruborizada pero completamente furiosa, Karin tomo nuevamente la escoba de las manos de su novio.
..
Ukitake y Unohana se encontraban en la oficina de ésta. Miraban una pantalla, serios y con la pena y resignación reflejada en el rostro. Era triste verse siendo acabados de tal forma por algo tan repentino y era penoso por el hecho de que la mejor curandera de toda la Sociedad de Almas no sobreviviría a ello.
—Parece que a fin de cuentas tendremos que elegir a quien tome nuestro lugar —suspiró el de cabellos blancos, parándose de la silla que estaba junto a Retsu, necesitaba despejarse un momento al menos y aprovechar que aún sus piernas respondían.
—Tristemente así será. —Le siguió los pasos, observándose las manos pálidas sin cura que en ese instante deseaba no haber metido en aquella prueba—. ¿Ya tienes pensado a alguien? —indagó la capitana, llevando las manos al frente y mirando directamente a su colega.
—Aún no… Pienso que la persona indicada todavía es muy joven, le falta graduarse de la academia, de hecho. —No podía contar a Rukia con lo que se encontraba pasando en tal momento, sería descabellado encargarle todo cuando se estuviese recuperando.
—¿Hablas de la niña que siempre está contigo? Su nombre es Ozu, ¿cierto?
—Sí… —asintió, volteándose a mirarla—. Soun Ozu. Y como dice su nombre: ella es una nube veloz —rió—. Logró darse cuenta de cosas que yo tarde años en reconocer. Y en la academia es una de las mejores alumnas, bastante holgazana y problemática, pero es una de las mejores al fin y al cabo.
—Me hace recordar a muchas de las personas que hoy componemos el Gotei 13 —rió la morena.
—Por eso mismo, creo que ella sería una excelente capitana. Pero aún no ha podido liberar su Zampakuto, siquiera.
Retsu se acercó hasta él, colocando una mano sobre su pecho con suavidad, mirándolo a los ojos con paciencia infinita y una tranquilidad digna de halagar.
—Todo a su tiempo, Jushiro. Recuerda que nunca es bueno precipitar las cosas. Deberías prepararla para cuando llegue el momento. Cuéntale como va esto y qué es lo que tienes pensado hacer. Si es como tú me lo cuentas, créeme que entenderá —aconsejó, siendo su mano cubierta por las dos del hombre.
—¿Y qué hay de ti? ¿Ya tienes pensado a alguien?
—La única persona que se merecería mi puesto está desaparecida y quien podría tomar su puesto está siendo perseguido por la teniente Kusajishi todo el tiempo.
—¿Yamada? —curioseó. Ella asintió.
—Se ha vuelto un gran shinigami médico, aunque no lo creas. En estos momentos y tiene una carta de amenaza de parte del capitán Zaraki y una de juego para todos los días de parte de la teniente del mismo, no se puede negar a ninguna —sonrió otra vez a su compañero.
Ukitake suspiró hondo, poniéndose serio y bajando la mirada. —Creo que mi pequeña se enojará por esto…
Unohana le elevó el mentón, aún con la sonrisa intacta y la paciencia infinita. Todo estaría bien, pues ese era el peor momento para comenzar a preocuparse en qué dirían los demás.
..
—Llegamos. —Ichigo entró a la casa seguido de Toshiro, Renji y Kyoraku. Bostezando y quejándose del calor se dejó caer al suelo, ante la mirada de la única que se había quedado a esperarlos hasta entonces. Momo le sirvió a cada uno una taza de té frío, en espera de recomponerlos del clima exterior.
—¿Y bien? ¿Hay algo? —preguntó ella, volviendo a su lugar.
—No hay nada… —le tranquilizó Hitsugaya, tomando asiento junto a ella y llevando una mano con insistencia al vientre de la muchacha.
—¿Dónde están Tatsuki y Rukia? —Renji las buscó con la mirada sin resultados, bebiendo el té de un solo trago.
—Arisawa-san está tomando un baño y Rukia-chan se encuentra en el patio de atrás con Nanao-chan —explicó, moviendo de lugar las manos del muchacho para que sintiera mejor los movimientos del bebé. No pasó nada para que Abarai y Kurosaki salieran de la casa, dejando a la pareja más joven y al capitán del octavo allí.
— Con que… —les llamó la atención Kyoraku—. Pasaron ya por ese momento, ¿quién lo diría?, nadie se lo esperaría de ti, Toshiro —guiñó un ojo, hablando en tono burlón. Ante el furioso sonrojo de Hinamori y la cara de enojo del prodigio por molestarla—. Ya, no se enojen —los relajó—. Después de todo, ahora no solo son ustedes.
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La puerta de la habitación de abrió, para sorpresa del muchacho que en ese momento intentaba estudiar para el examen que ocurriría al día siguiente.
Ya casi se cumplía un año y medio desde la guerra y no todo estaba precisamente bien. Dos shinigamis fueron asignados a Karakura para protección: Kuchiki Rukia y Abarai Renji. Quienes eran de esperarse. Pero eso no era lo que estaba mal, lo que sí estaba, era la parte interior de cada uno, que no lograron dar a entender en completa entereza.
—¿Rukia?
La pequeña shinigami entró y se sentó en la cama, la cual estaba vacía y fría por más de ser verano.
—¿Estás bien, enana?
La pelinegra asintió, pero pronto se abrazo a si misma y comenzó a llorar. Ichigo se le acercó, sentándose a su lado. Hacía varios meses que la muchacha iba a su habitación solo para llorar sin más, dando a entender que solo frente a él mostraba ese lado débil que siempre intento ocultar.
A diferencia suya, que la escuela lo tenía ocupado y nada le causaba tanto efecto, ella debía pelear día a día con las pesadillas que, en realidad, no tenían nada que ver con la guerra. Se aferró a él en un abrazo tranquilo, buscando el consuelo en el mismo sin tener intensión alguna de separársele.
—Casi comienzo a creer que no te volvería a ver —le susurró, logrando que se estremeciera de la sola idea de vivir sin ella. Porque apenas entendía que estuvieron cerca de no volver a encontrarse por los problemas pasados. Entendió que, por más que ella le haya dicho aquello por el momento, sabía que era un agradecimiento interno.
Rukia había llegado para despertarlo muchas veces de su depresión y, esta vez, ella deseaba que él la ayudase a despertar.
Continuará…
..
cro-lb: muchas gracias por tu comentario, me hizo evitar eliminar esta historia en el momento que caía en depresión. XD Sabrás comprender que, si una escritora no recibe ayuda de los lectores que le animen a seguir, es imposible que quiera continuar, digo ¿cómo escribir algo que al parecer no gusta a más de una o dos personas? Eso no tiene ningún éxito en estos tiempos.
En fin, mis disculpas son dadas por tardarme, es que tenía laguna y además, como bien respondí en el comentario anterior, estuve a un click de volver a eliminar la historia, esta vez para no volver a publicarla.
Muchas gracias por sus comentarios anteriores, espero que este capítulo les haya gustado. No fue releído, así que disculpen errores gramaticales u ortográficos.
Un saludo, dejen sus comentarios.
